Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Antología poética
Ardiente jinete
XV
XVII
Canciones
La madre
[A mí me ha sucedido muchas veces]
Elegía
Al dulce son de Dios
[¡Qué hermoso nacer para esto que nacemos!]
El Cristo de Velázquez
Paso de Dios
Sonetos de amor por un autor indiferente
Esta adivinación de tu figura
Yo te daría, amor, yo te daría
Abril del alma
XII
[Ya no sé desear más que la vida]
Dedicatorias y divertimentos
Miguel
A mi hermano Juan
Cancionero de la Casería
Altos mayos. VII
Olivos
Las cosas del campo
Tierra eterna
Cantos a Rosa
Rosa de siempre
XXX
Consolaciones
[Decir es siempre hermoso]
Lugares del corazón en nueve sonetos que lo celebran
[Tengo el recuerdo aquí. La luz aquella]
Oscuridad adentro
Tiempo y hombre
Espejo interior
Tu oficio, poeta...
Olor a jazmines
Objetos perdidos
IV
XXIII
Entre otros olvidos
[De puntillas ha entrado en mi alma]
[Siempre está lo inexpresable]
La voz que me llama
[Jugando con palabras siempre estoy]
[Siempre espero que se abra la ventana]
[Quiero las anchas tardes]
Rescoldos
Sueño adentro
A lo de siempre vuelvo desde siempre:
A mí me ha sucedido muchas veces
Ahora que tantas cosas están perdiéndoseme,
Amor, es necesario desear algo,
Como el viento en los trigos por abril, tu recuerdo
De puntillas ha entrado en mi alma
Decir es siempre hermoso.
Esta adivinación de tu figura,
Hay palabras que se unen y crean.
He entrado en la casa deshabitada de todo,
Hoy ya que sólo queda la sombra y el recuerdo,
Inmóvil y perfecto, estás clavado.
Jugando con palabras siempre estoy
No puedo negar amor a estos cabellos perecederos,
¡Oh, no te muevas, Rosa! Queda siempre,
Para que algo quede de este latir,
¡Qué hermoso nacer para esto que nacemos!
Querido Juan, el tiempo que nos tiene
Quiero las anchas tardes
Rosa, mi corazón, mi latifundio,
Señor, ¡cómo has venido azul sobre la tierra,
¡Si no tuviera la voz
Siempre espero que se abra la ventana,
Siempre está lo inexpresable
Tengo el recuerdo aquí. La luz aquella
Tú de verdad, y para ti mi vida.
Tú, mejor que nadie, a tus alturas,
Una vez más, Señor, me condenas perdiéndome
Va siendo ya para la voz cansada
Vosotros sin olor, duros olivos,
Y la madre soñaba oscuramente:
Ya no sé desear más que la vida,
Yo quiero que seas todas las cosas,
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Créditos