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El tan traidor como desvergonzado mercachifle y putrefacto saltimbanquis político don Francisco Romero y otras yerbas, que como orador es un sacamuelas de aldea, ha dicho al Heraldo de Madrid que mi información sobre su charlatanismo en París «no tiene el carácter de noticia, sino el de investigación policiaca.»
En efecto: cuando el exsátrapa de las colonias sale de España, la policía extranjera le sigue los pasos...
El señor Romero niega que derramó una lágrima recordando la muerte de Rizal, vilmente asesinado por su compinche Cánovas.
Yo vi que el señor Romero después de ahuecar la voz por querer expresar una emoción que no sentía, derramó algo en el mantel.
¿No fue una lágrima? Pues entonces fue una gota de las catorce mil que el señor Romero lloriquea a diario por la nariz que le pusieron en Berlín recortándola del trasero de un hulano.
Por lo cual el señor Romero debiera abstenerse de exhibirse en público para moquear tantas vulgaridades y necedades. Porque política y físicamente da ganas de vomitar; y después de oírle, las gentes salen exclamando:
Tapa!... ¡Tapa!...