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Bilis / Luis Bonafoux

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Loubet en el pudridero

     Hace tres días, un periódico parisién que vive de embustes sensacionales, voceó un atentado contra el presidente Loubet en Madrid e involuntariamente recordé este epigrama de Crécelle:

Hélas, il pleut! de soleil, tu te bombes!
Soupire Alphonse. -Ah! fait le bon Loubet,
Mieux vaut de l'eau, m'est avis, que des bombes
Comme à París, sur nous, il en tombait!


     Porque el atentado contra M. Loubet no era dinamitero, como suponía el aludido periódico, sino grosero. La bomba no estaba cargada de dinamita, sino de mala crianza, y bien puede decir M. Loubet que hay cariños que matan, recordando aquellos de que fue víctima en Madrid y que parecen urdidos por la malévola intención de los vaticanistas.

     Sacar de un tren a un anciano, y por añadidura fatigadísimo por largo viaje, para meterlo en el pudridero de El Escorial, haciéndole contemplar tumbas y oír relatos fúnebres; recibirle con un repique de palmaditas en la espalda, à la mode du pays, y sin darle punto de reposo emprender con él caminatas y excursiones; recordarle, con alusiones, que Francia fue vencida el año 70, y que Francisco I, prisionero de las tropas españolas, dejó sus armas en la Armería real de Madrid; obsequiarle, contra su voluntad, con una corrida de toros; vitorearle con aullidos de gentes que comían higos y cacahuetes; zarandearle de aquí para allá, custodiado, como si fuese un reo de muerte, por imponentes fuerzas de orden público, impidiendo que se le acercase el pueblo y le echase flores; ¡qué de patanerías, expresivas de la ordinariez en que ha caído el carácter nacional!...

     Leo que periodistas y fotógrafos franceses fueron víctimas de las caballerías de la guardia civil; que en recuerdo de que Barrés cantó a Toledo figuró en el menu del Ayuntamiento un «filete de cerdo a lo Maurice Barrés»; que para celebrar la llegada de Loubet había en el hotel de la infanta Eulalia un negro, vestido con calzón encarnado y chaleco azul; que monsieur Blanco Ibáñez -dice Le Gaulois-, orateur, ecrivain, homme d'action (!), une sorte de Gambetta (!¡) avant 1870, disparó un manifiesto contra Loubet; que otro literato dijo:

     «España no recibe solamente como jefe de Estado a monsieur Loubet, sino también como mensajero del alma de Víctor Hugo, que viene a confundirse, en estrecho y amoroso abrazo, con el alma de Cervantes.»

     Il ne faut pas en rire, ha dicho esta Prensa, mordiéndose los labios. No hay que reír, no, que da mucha pena...

     ¡Qué modo de perder la chabeta! Hasta Kasabal, tan mesurado al hablar de las damas de alto copete, escribió yéndosele el santo al cielo:

     «En el mundo oficial hay muchas damas de primera... No estamos mal por este lado (¿por cuálo, Kasabal), y hay que esperar que nuestros ilustres huéspedes queden complacidos.»

     ¡Demonio! Eso es faltar a las damas de primera.

     Y como si fuese poco, añadió Kasabal:

     «Hagámoslo todos lo mejor que podamos.»

     ¡Carracoles! -como dicen que exclama la señora del Gas, o madame du Gast-. Eso es faltar al otro lado.

     ¡Qué diferencia entre la recepción ceremoniosa, al par que grotesca y ordinaria, de Madrid, y la recepción elegante, aunque popularísima, de Lisboa! Todas las clases y todos los partidos políticos vitoreando la República francesa, cuya Marsellesa fue cantada a coro por 1.500 niños, acompañaron paso a paso la carroza de Loubet, perdida amorosamente en la multitud. La lluvia de cieno en Madrid fue lluvia de flores en Lisboa, y como la reina Amelia está educada a la inglesa -lo cual quiere decir que es una reina bien educala y chic- dispensó a Loubet, cansado y apestado de Madrid, de hacerla inmediatamente después de haber llegado, la visita de rigor.

     ¡Cuántos rasgos delicados, finos, exquisitos, contrastando con cuántas latas, ordinarieces y rufianerías!...

     Menos mal los personajes franceses, que saldrían consolados con las placas de Alfonso XIII y de Carlos III: pero los franceses que no son personajes, y que fueron apabullados por los cascos de la guardia civil, habrán salido haciendo fu y llevando por todo recuerdo otras placas, de las que dan, por cualquier lado, golfas de primera...

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