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ArribaAbajo Las cien invenciones de «Demetrio»: reivindicación de un dibujante olvidado

José Luis Molina


Demetrio López Vargas nace en Lorca (Murcia) el 9 de mayo de 1887. Ya en Madrid ejerce primero de bohemio y más tarde de ferroviario, aunque por poco tiempo. Su duende procedente de los azahares de la huerta lorquina comienza a desarrollarse en La hoja de parra en 1912. Era una revista festiva semanal dirigida por Carlos Miranda. Estaba dentro del género «sicalíptico», que algunos consideraban pornográfico, y en ella colaboraron Hoyos y Vinent, Villaespesa, J. Octavio Picón, Pérez Galdós, Zamacois, Felipe Trigo, Dicenta, Tapia, J. Francés y otros. Ilustraban Tovar, Cyrano, Robledano, Alfonso, Santisteban, Bartolozzi y alguno más.

Interviene también con sus propias historietas en La libertad de Joaquín Aznar. Más tarde Muchas Gracias, revista satírico-cómica de Artemio Precioso en la que desarrolla unos dibujos de mujeres en actitud provocativa, con cierta erótica procedente de la rotundidad de las curvas femeninas, sobre todo con la idealización de las piernas («tiene piernas de Demetrio», se decía en el habla coloquial); eran mujeres exuberantes, precedentes de las orondas marquesas de Serafín. Ilustra, además, en la aventura de la novela corta: «El libro popular», «La Novela de Hoy», «La Novela de Noche», conocen sus dibujos. Pero el éxito más clamoroso lo conoce en Crónica, alentado por su director Antonio G. de Linares.

El 29 de junio de 1930 aparecen sus personajes que le harían famoso: LOLÍN Y BOBITO. Son historias de niños para mayores: «el resultado de conocer íntimamente a los niños. Me hago enseguida amigo de ellos. Empiezo a contarles unos cuentos... que estoy seguro son lo mejor de mi obra. Invento las más extrañas historias que se me olvidan al marcharse ellos. Y de esta forma, todos los actos de Lolín y Bobito son una realidad». Jaime García Padrino afirma que «Lolín y Bobito» nunca tuvieron intención verdaderamente infantil.

Ya en Informaciones, año 1931, Demetrio inicia la serie «CIENCARAS Y MARUJITA», dentro de una sección en la que escribía, desde Cartagena, Carmen Conde. Se titulaba «Las mujeres y los niños» ilustrando personalmente «Los cuentos de la abuelita». Por estas fechas firmaba con Demetrio o Díaz Antón.

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Lolín y Bobito, por «Asirio», en suplemento infantil del diario Informaciones, núm. 2, Madrid, 14 enero de 1954.

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«El dibujante Demetrio -escribe Eduardo Haro Tecglen- fue popular como un torero en el Madrid pueblerino de antes de la guerra; al entrar en un café el día de un dibujo feliz, la gente le aplaudía.» «No era un buen dibujante en el sentido artístico ni en el académico. Era otra cosa: una persona que dibujaba aquello que amaba para poseerlo más y mejor. No tuvo más que dos grandes temas en su vida: la mujer y los niños.»

Las peripecias desafortunadas de la Guerra Civil -en postguerra estuvo preso acusado de masón (fue iniciado en 1933 en la logia Conde de Aranda), de participar en una revista del Cuerpo de Carabineros, de su dedicación a la pornografía y de vivir con una mujer con la que no estaba casado- le amargaron la vida. Cuando salió de la cárcel, otra vez en Informaciones, cambió su nombre por «ASIRIO» y aun firmó con «DELOYVAR» (Demetrio López y Vargas).

En 1954, desde el día 14 de enero, «ASIRIO», «DÍAZ ANTÓN» o «DEMETRIO» realiza un nuevo suplemento infantil, esta vez perfectamente concebido y en exclusiva para los niños, no un relleno. Repite la fórmula de Crónica, perfeccionada, y crea nuevos personajes: «BIZCOCHITO», «ESCUELA DE LEONES», «EL PROFESOR ORIFICIO»... Con el número 13, el 8 de abril, concluye esta aventura. Escribía los cuentos, trece, la maravillosa Concha Castroviejo, otra arqueología olvidada de la Literatura Infantil. «Era -me dice en una cariñosa carta- un profesional notabilísimo, así como un hombre encantador. Había un concurso que se llamaba de ‘los cinco puntos’ (los chicos enviaban una cuartilla con cinco puntos en un orden cualquiera). Demetrio era capaz de convertir aquellos cinco puntos en menos de un minuto en una figura llena de vida. Era un espléndido dibujante que quizá no llegó a donde merecía llegar.»

Enfermo de miedo -«la adrenalina se le derramaba ante cada pequeña emoción»- congestionado, con los ojos más allá de las gruesas gafas, sabiendo que la muerte era inminente, se recluyó en su piso, sin apenas hablar, convertido en un salvaje sentido de conservación, hasta el 3 de noviembre de 1960, fecha de su fallecimiento.

Como otros ilustradores de la época no dibujó para ningún libro típicamente infantil. Sin embargo, a lo largo de su vida, como fórmula periodística, tuvo a su cargo en distintos periódicos una sección de carácter infantil, que repetía según el momento y especialmente dirigida a los más pequeños de la casa.

José Luis Medina.
Profesor de EGB. Coordinador de las Muestras Municipales
del Libro Infantil y Juvenil, de Lorca (Murcia)