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No descansa el estudioso viajero que visita la Ciudad de los Obispos después de evocar los recuerdos de su gloriosa historia y de admirar los primores del arte antiguo en los variados monumentos de su recinto. Sabe que nuevas emociones le esperan en el cercano monte de Naranco, á cuya falda se asienta Oviedo, en la mitad de aquella colina, que pinta la tradición cubierta de umbrosa arboleda, pero hoy escueta y pelada, mostrando rocas de caliza y las abiertas heridas por donde la bienhechora industria saca la roja vena del hierro.
Allí están los famosos monumentos que levantó en lejana centuria la piedad del temido Vencedor de los Normandos, del justo Ramiro I que, si no fuera memorable por su feliz aunque breve reinado, el arte peregrino de sus iglesias de San Miguel y Santa María de Naranco, de igual manera se encargaría de ensalzar para siempre su nombre esclarecido. Allí están todavía: son páginas elocuentes y abiertas para quien lee la historia, tanto como en el libro, en los variados y vivos testimonios que dejaron tras de sí las generaciones que pasaron, porque es, sin duda, preferible beber el agua virgen y pura en el prístino manantial, antes que, después en su curso, se adultere y confunda con aguas de diversa procedencia.
Cuanto debió decirse de aquellas bellísimas iglesias
por sabios y entusiastas amadores de nuestras antigüedades, no
hemos de repetirlo nosotros ahora. Un asturiano ilustre las
pintó con gráficas
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No
dedicada al culto, pero bien conservada después de varias,
obras en 1850 y en años sucesivos por la provincial
Comisión de Monumentos históricos y artísticos
de Oviedo, se conserva gallarda la basílica del arcangel San
Miguel con caladas ventanas y trabajados ajimeces, y poco
más abajo, al otro lado del arroyo que divide la
montaña, está la iglesia de Santa María, hoy
parroquial de Naranco, de planta y disposición bien
diferentes del anterior, pero que no la cede en belleza y
aún la aventaja en la pureza de la conservación. Una
y otra fueron siempre señaladas, cual ya lo indicamos, como
fundación religiosa del sucesor de D. Alfonso el Casto, y en
las viejas crónicas primero y después por ilustrados
escritores de la historia y del arte de España, no se puso
en tela de juicio el santo destino de aquellas construcciones. Y
quienes en su contemplación y examen se detuvieron como
Morales, Carballo, Risco, Trelles, Jovellanos, Caveda, Caunedo,
Quadrado, Rada12
y otros varios hablaron con deleite
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Cómo fué recibido y es considerado semejante trabajo,
no hemos de decirlo nosotros, faltos de competencia para juzgar
á quien tenía tantos merecimientos y porque,
además, en mucho respetamos el recuerdo del finado
académico que nos honró con su amistad en vida desde
los primeros años de nuestra niñez. Esto, no
obstante, si hemos de confesar que nunca nos convencieron sus
argumentos en lo que á la Iglesia de Santa María de
Naranco se refiere y que, antes bien nos parecieron deficientes
á veces y en ocasiones hasta aventurados. El tiempo, que
todo lo pone en claro, se encargó de derramar luz sobre la
materia, pero luz intensa y diáfana como hemos de
acreditarlo, si tenemos fortuna, en la presente Memoria. Se redacta
por encargo de esta Comisión Provincial de Monumentos
históricos y artísticos y con especial auxilio del
Sr. D. José Braulio González Mori, vice-presidente, y
de los vocales D. José María Florez y González
y D. Ciriaco Miguel Vigil, éste miembro honorario, porque si
personalmente no asiste á los capítulos de la Junta
Arqueológica Asturiana, siempre en ella se cuenta con su
consejo; y en sus valiosos trabajos, desgraciadamente
inéditos sobre Epigrafía y Diplomática del
Principado, hay riquísimo venero de datos para esclarecer
los anales de este país. En el curso de este trabajo se
verá de cuánto sirvió la cooperación de
unos y otros, sin que esto estorbe á las atinadas
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Antes de todo cumple hacer aquí una manifestación importante, como explicación suficiente de muchas cosas que pasaron hasta los comienzos del año presente, y punto de origen para los sucesos que después vinieron.
En
Santa María de Naranco, joya de inestimable mérito
arqueológico, no fácilmente pudo ejercer su
acción esta Comisión Provincial de Monumentos desde
su creación en 1844. Poco después de 1823
entró á regir la misma parroquial el Sr. D. Rafael
García del Valle: hombre de carácter fuerte y
receloso, de ánimo enérgico, siempre inclinado
á la oposición y controversia, si bien de fondo
bondadoso y dispuesto con liberalidad á ser padre de los
pobres, se mostró incesantemente refractario á toda
innovación é ingerencia extraña para su
iglesia. Poco amigo de las bellas artes y menos conocedor de su
historia, si bien entendido en los derechos de su ministerio, cual
lo manifestó en azarosas ocurrencias13,
resistió siempre con tenacidad las indicaciones de sus
superiores y las de esta Junta para toda obra que se refiriese
á modificar en más ó en menos su querido
templo. Cuando en 1856 vino á tierra la antigua
espadaña de Santa María, sin participar á
ningún Centro semejante ocurrencia, hizo construir otra
nueva, muy á su gusto y la colocó cautelosamente
sobre la puerta de la iglesia, contestando con evasivas a esta
Comisión provincial
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Se opuso igualmente el Sr. Valle al reconocimiento de los trozos inscripcionales empotrados en el altar mayor de la parroquial y así continuaron las cosas hasta que en 1882, bien sentido y llorado de sus feligreses, dejó esta vida el honrado y nonagenario párroco, siendo reemplazado con el carácter de Ecónomo por el joven y estudioso presbítero D. Leoncio Camblor.
Entonces la Comisión de Monumentos se dirigió
á la Real Academia de San Fernando, solicitando su concurso
para emprender obras conducentes á la restauración
del notable monumento de Santa María de Naranco como las que
en 1856 proyectara el entendido Sr Parcerisa en la carta que,
dirigida al Sr. Quadrado, figura en el libro de «Recuerdos y
bellezas de España».14
Mientras que dicha Real Academia evacuaba el correspondiente
informe, propuso á nuestra Comisión su Vicepresidente
D. José González Mori15,
se diesen los pasos conducentes con el M. I. señor Vicario
capitular de la diócesis D. Pedro Moreno, para obtener el
oportuno permiso y reconocer los restos de la curiosa lápida
coetánea de la renovación de la iglesia. No se hizo
esperar la autorización solicitada16,
que fué en seguida concedida á este Centro para que,
en unión del señor canónigo magistral Dr. D.
José María de Cos ó del señor Cura
ecónomo, se procediese al estudio y restauración, en
su caso, de la interesante inscripción del altar mayor,
haciendo en este las obras necesarias al efecto. A este fin se
eligió una subcomisión compuesta de los Sres. Mori,
Florez y el que suscribe, los que realizaron su encargo pasado el
período
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Los vocales comisionados llenaron su cometido el día 15 de Setiembre del año que termina, acompañados del arquitecto provincial Sr. D. Javier Aguirre, del académico correspondiente de la Historia, en Posada de Llanes, D. Sebastián de Soto Cortés, del Excmo. Sr. D. Bonifacio Cortés Llanos, Consejero de Estado jubilado, y de D. Juan María Acebal, inspirado poeta en el dialecto bable.
Separadas que fueron las maderas del frontal y lados del altar, se vieron los cuatro trozos de inscripción como aparece en el grabado que acompaña al artículo del Sr. Amador de los Ríos con el siguiente equivocado titulo: «Primitiva inscripción del vestíbulo, desordenadamente empotrada en la mesa del altar mayor.»
Parecía decir el primer fragmento, principiando por la derecha:
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ORVM QVI VIVIS ET REGNAS PER INFINITA SECVLA |
Seguía en el segundo del frente:
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ESSVS SINE CORRVPTIONE QVI PER FAMVLVM. |
Continuaba en el otro siguiente:
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É MARIAE INGRESSVS ES SINE HV |
Y terminaba, dando vuelta por el lado de la Epístola:
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MANA CONCEPTIONE ET EGR |
En el lado del Evangelio aparecieron otros tres nuevos y siguientes fragmentos:
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TVVM RANIMIRVM PRINCIPE GLORIOSVM CVM PA HABITALVM MINE VETVSTATE CONCEPTVM É SIONIS GLORIOSAE SANCTAE MARIAE IN LOCVM HVNC SANTVM EX |
Y, por último, levantadas las cubiertas del altar y escarbadas las junturas de argamasa, que unían las porciones de un ara de caliza blanca y blanda, se halló el complemento de la inscripción con tres nuevos letreros que decían:
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NA RE... Á CONJVGE RENOVASTI É EIS AEDIFICASTI HANC HARAM BE.... COELORVM HABITACVLO TVO ET DIMI..... |
El ara forma un paralelepípedo rectangular que mide por los lados A y C 105 á 106 mm. y por los B y D 0,80 mm., variando la altura de la piedra en sus cuatro caras entre 0,156 á 0,183; y está adornada en el plano superior por una graciosa greca que la limita por todas partes, á excepción de la del costado B y principio del A, escarbados para colocar otra ara superpuesta. Tiene en el centro del costado C de la greca, una cruz á manera de la ovetense de Alfonso el Casto é igual á la que está labrada en diferentes partes y labores de la misma iglesia de Santa María, pero en la greca sin el alfa y la omega que en aquellas se señalan.
No
es fácil a quien esto redacta, describir aquí y
aquí trasladar, tal como entonces se sintió, la
entusiasta satisfacción de todos los presentes ante tan
importante y trascendental hallazgo. Ajustadas las diferentes
partes del ara y, puestas en orden y perfecta relación los
trozos, que antes ocultaba la argamasa, dió por resultado la
inscripción completa, como aparece en el dibujo; aunque
faltando un pequeño trozo de 0,37 mm. de largo en el
comienzo. La lápida había sido bárbaramente
rota, tal vez en principios del pasado siglo, y de un modo
irregular por su centro á impulsos de un fuerte instrumento
contundente. Deshecho el altar en días consecutivos para
buscar el perdido fragmento, resultó infructuoso trabajo,
cuando otra vez se personaron en aquel sitio los
señores
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Aparecen los letreros en las cuatro caras del ara grabados clara y profundamente con caracteres latinos, no faltan las siglas y nexos, y aquellos están limitados en tres de las caras, que tienen uno ó dos renglones, por dos orlas compuestas de una sencilla y prolongada palmeta, empleada con frecuencia en los monumentos latino-bizantinos y que revelan á primera vista su origen griego, como indica el Sr. Amador.
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Dice la inscripción en su frente:
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En el costado derecho:
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MANA CONTEMPTIONE ET EGRESSVS SINE CORRVPTIONE QVI PER FAMVLVM |
En la parte posterior:
Y en el costado izquierdo donde concluye:
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ORVM QVI VIVIS ET REGNAS PER INFINITA SECVLA SACVLARVM AMEN. (DI)E VIIII.º KALENDAS IVLIAS ERA DCCCLXXXVI.A |
De
su examen gramatical resulta, que consta la inscripción de
siete oraciones de las llamadas de relativo que, aunque no expreso
á veces, está la conjunción que lo suple. El
latín de la redacción, si no clásico, como no
podría serlo en aquellos tiempos, no es bárbaro, ni
mucho menos. La traducción pudiera ser la siguiente,
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«Cristo, hijo de Dios que.............. y entraste en María sin concepción humana y saliste sin detrimento, que por medio de tu siervo Ramiro, Príncipe glorioso y de la reina Paterna su consorte, renovaste esta habitación deteriorada por su excesiva vetustez y les edificaste este altar de bendición para honra de la gloriosa Santa María, en este lugar santo, desde la mansión de los cielos tu morada y para perdón de sus pecados. Que vives y reinas por los infinitos siglos de los siglos. Día 23 de Junio del año 848»18.
Por las razones aducidas en la nota, así fué la primera lectura del ara inscripcional. Su importancia llevó tras de sí en Oviedo el inteligente interés de los amantes de la historia, y de la discusión y variadas conversaciones fué brotando luz para ver y leer mejor. Mucho debimos en este punto á nuestros buenos amigos el Sr. D. Ciriaco Miguel Vigil, ya mencionado, y mucho también al Sr. Ldo. D. Manuel Fernández Castro, celoso Rector del Seminario Conciliar y Canónigo Penitenciario de la Santa Iglesia Catedral Basílica, quienes con su ilustración, bien acompañada por la bondad y modestia de su carácter, nos ayudaron para resolver dificultades y suplir lo que en la piedra falta por saltos y roturas.
Los nuevos trabajos dieron por resultado las siguientes variantes en la lectura, que ponemos á continuación de la anterior, para que de la comparación de ambos estudios resulte la genuina interpretación:
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(Frente A)
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(Costado derecho B)
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MANA CONTEPTIONE ET EGRESSVS SINE CORRVPTIONE QVI PER FAMVLVM |
(Cara posterior C)
(Costado izquierdo D)
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(TA E)ORVM QVI VIVIS ET REGNAS PER INFINITA SECVLA SECVLORVM AMEN (DI)E VIIIIº KALENDAS IVLIAS ERA DCCCLXXXVL A |
En el frente A se suplieron las palabras IN VTERVM, porque las pide el verbo INGRESSUS ES y se han añadido los adjetivos VIRGINALE BEATAE, porque en el trozo que falta procede la colocación de algunas palabras más y ningunas más propias que estas.
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El
demostrativo directo HOC, tiene espacio al final del renglón
primero de la cara posterior C. Se lee en el segundo
renglón (PRO) EIS y no EIS, porque allí faltan letras
y porque los altares no se dedicaban á los hombres sino por
estos ó en sufragio de ellos, y porque hay más abajo
otro dativo (Gloriosae Sanctae
Mariae), en cuyo honor está dedicada el ara. Al
terminar la misma línea se corrigió más la
primera interpretación. PROPITIATIONIS leyó
primeramente el Sr. Fernández Castro, aduciendo que es el
término teológico que se aplica á los altares
y porque veía PR en el desconchado de la piedra, cuando en
esta y, por lo tanto, en el exactísimo calco se fija muy
clara la B comenzando la siguiente letra en forma de E. Así
allí leyeron los más la palabra BE(NEDI)-TIONIS,
significando lo mismo que consecrationis y en este sentido, en que se toma
en las cartas de San Pablo y en los Santos Padres, la palabra es
propia. En la línea siguiente se intentó la
resolución de más dificultades. Bien se ve que esta
Cara C está rota de arriba abajo en dos pedazos: la
rotura hizo desaparecer casi cuatro letras en el primer
renglón, en PA(TER)NA y otras cuatro en el segundo E(T PRO)
EIS; por consiguiente deben faltar otras tantas en el tercer
renglón, siguiendo el EX que se lee con toda claridad: la
palabra que sigue es EOS, acusativo y, por lo tanto, debe leerse
EXAVDI. Admitido esto, la conjunción ET, que está
más adelante, debe ligar el EXAVDI con otro imperativo, y
así procederá leer ET DIMI(TTE PECCATA E)ORVM. El
sentido entonces es perfecto y la oración votiva ó
súplica completa, pero no dejó de objetarse que son
muchas las letras suplidas, que podría suprimirse, sobren
tendiéndose, peccata ó buscar otra palabra que ligase
con el ORVM del costado izquierdo D. A estos reparos
contestaba acertadamente el ilustrado canónigo penitenciario
Sr. Fernández Castro: «Aunque la palabra PECCATA
podría sustituirse por debita y también por proenas, es más propio la primera;
y, si á primera vista parece que falta espacio, debe
repararse que el grabador sabía escribir muchas letras en
espacio limitado, poniendo por ejemplo QVI PER FAMVLVM, trece
letras en el sitio de cinco. El espacio al terminar el lado
posterior, debe buscarse en la misma cara C y al
principio del costado izquierdo D.» «Ahí va un
croquis, nos decía en
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La versión literal resulta ahora de esta manera, que nos parece muy aceptable, si no segura:
«Cristo, hijo de Dios, que en el vientre virginal de la Bienaventurada María entraste sin humana concepcion y saliste sin corrupcion: que por tu siervo Ramiro, Príncipe glorioso, con Paterna, Reina, su mujer, renovaste este templo por su excesiva antigüedad consumido y por ellos edificaste esta ara de bendicion á la Gloriosa Santa María en este lugar santo, óyelos desde tu habitacion de los cielos y perdona sus pecados. Que vives y reinas por infinitos siglos de los siglos. Amen. A 9 días de las Kalendas de Julio de la Era 886.»
Tal es, en lo principal, ahora casi completa la antes truncada y faltosa inscripción de Santa María de Naranco, que no vacilamos en calificar de votiva y de verdadera importancia para la historia y para el arte; para la historia porque rectifica y aclara la vida de Ramiro I, insigne monarca llamado Vara de la justicia, y para el arte, porque resuelve la cuestión planteada por el señor Amador al dar carácter civil á la construcción religiosa, que el nieto de D. Fruela levantó cuando la basílica de San Miguel de Lino.
Sobre estos puntos haremos algunas consideraciones en demostración de dichas tesis.
Entre los elementos auxiliares de la historia, todos los escritores
de crítica consignan que, después de la
tradición, son las inscripciones los medios que con
más fijeza y seguridad suministran datos para la historia
antigua, cuando dichas inscripciones son auténticas y
fidedignas. Y que la presente tiene aquellos caracteres no
podrá dudarse, siendo, por tanto, más digna de
crédito en
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Refieren los historiadores que D. Alfonso II el Casto,
asoció á su gobierno al príncipe D. Ramiro,
hijo de D. Bermudo el Diácono y que, cuando murió
aquel victorioso monarca en 842, fué aclamado por rey de
Asturias el dicho D. Ramiro, suceso que Mariana coloca un
año más tarde, siguiendo la Crónica del Magno
y apartándose del catálogo compostelano20.
Estaba entonces el nuevo rey, dicen los cronistas, en tierra de
Castilla para casarse con Urraca por hallarse viudo de su primera
mujer Paterna, madre de Ordoño I, y de esta manera refieren
sus dos matrimonios, escribiendo tambien que la segunda esposa
fué espléndida
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El padre Florez en sus Memorias de las Reinas católicas lo escribe de este modo:
«Había ido (se refiere á D. Ramiro cuando
murió D. Alfonso II) á la tierra de Burgos á
casarse. La novia dicen el Tudense y D. Rodrigo que se llamaba
Urraca: el Chronirón de Sebastian la nombra Paterna. D. Luis
de Salazar lo compone, dándola los dos nombres de Urraca
Paterna. Otros lo descomponen para asegurarlo mejor, diciendo que
son nombres de dos mujeres que el Rey tuvo, una Paterna, otra
Urraca; y esto es lo que se debe anteponer, por cuanto el hijo
sucesor del Rey no nació de la mujer con quien se fué
á casar al tiempo en que murió el Rey Casto, esto es,
en el año de 842, pues á los ocho años
siguientes le sucedió su hijo D. Ordoño, comandando
por sí la tropa con felicidad, lo que no podía hacer
si fuera hijo del matrimonio contraído ocho años
antes, pues solo tendría edad de siete, incapaz de gobernar
ejército; y en aquel tiempo sabemos que no admitían
por reyes á los niños. Es, pues, forzoso decir que el
hijo sucesor de D. Ramiro nació de matrimonio
contraído antes de la muerte del Rey Casto: y esto se
convence tambien, porque entonces tenía ya D. Ramiro
más de 50 años, (pues más de cincuenta
hacía desde la muerte de su padre) y quien se criaba para
suceder en la Corona, no había de estar cincuenta
años sin casarse. Según esto había enviudado
D. Ramiro cuando murió el Rey Casto en el 842 y ya
había nacido su hijo primogénito
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De
todo se deduce, que no están ni exactos ni claros los
cronistas. Es seguro que Ordoño I nació en vida del
Rey Casto, cuando su padre era tan solamente un asociado regio,
pero tambien resulta más claro, por un monumento fehaciente,
que su madre doña Paterna vivía dos años antes
de la fecha probable de la muerte de su marido D. Ramiro. Solo
puede suponerse, por lo tanto, que este, muerta doña Paterna
después de la fecha de la inscripción, 848, pudo
casarse con doña Urraca, cosa nada extraña porque en
regios matrimonios andan con prisa las razones del Estado y no
sobraba por entonces la amistad con el condado de Castilla, de
donde fué la princesa, que dicen sobrevivió á
su esposo once años. Es esto más verosímil que
la suposición del Sr. Amador, que á la dicha
doña Urraca la figura viviendo con su regio cónyuge
en uno de los por él llamados camarines del palacio
de Naranco, mientras resulta que, habiendo vivido doña
Paterna cuatro años después de los 842, si en esta
fecha estaba D. Ramiro
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Finalmente, por ver en la inscripción de Santa María rotas, saltadas y borradas letras de las palabras PATERNA Y REGINA (aquí como con cincel) alguno supuso con desconfianza que la renovación de Santa María fué un voto hecho en vida por doña Paterna, pero que, como ya no vivía en 848, se borraron aquellas palabras. No parece esto probable y sí casual la rotura de la piedra en aquella parte y el salto de letras y siglas del nombre y regia dignidad, lo cual no es extraño porque el ara fué maltratada y rota con ignorante desprecio al empotrarla en trozos en el altar.
¿Puede, pues, rectificar la actual historia de la mujer ó mujeres de Ramiro I la inscripción ahora aumentada y reconstruida de Santa María de Naranco?...
Con abundancia de datos, que su indisputable ilustración le sugería, adujo el Sr. Amador de los Ríos razonamientos variados para demostrar que la iglesia de Santa María de Naranco, fué palacio allí levantado por el sucesor de Alfonso II.
Los testos concisos ó vagos de los cronistas en relación con documentos y citas de historiadores posteriores, los apuntes breves de Morales, de Carballo y de Risco y otras consideraciones artísticas y epigráficas, parece que vienen en apoyo de la aventurada tesis del diligente historiador de la literatura española.
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El carácter de la presente Memoria no permite seguir al detalle la monografía sobre el supuesto palacio de D. Ramiro I en los Monumentos arquitectónicos de España, ni tanto pudiera conseguir el que con otros fines y analizando brevemente una inscripción, á su sentido debe atenerse sobre todo. Sin embargo, como están ambos puntos íntimamente enlazados, no es posible tratar este sin que al primero dediquemos también alguna atención.
¿Pudieron convencer á los entendidos en el arte
antiguo los distintos razonamientos del Sr. Amador de los
Ríos? La omisión del Obispo Sebastián, que no
menciona á San Miguel de Lino y habla de Santa María,
de admirable belleza y perfecto ornato24,
¿es motivo bastante para quitar autoridad á su texto
y darla al Silense, por escribir que el palacio levantado en
Naranco por Ramiro I, fué convertido en iglesia y consagrado
á Santa María?25
La crónica de Sebastián es tenida generalmente por
más antigua que la del Monge de Silos y, por tanto,
más próxima á la construcción de los
dos monumentos religiosos. La omisión de la de San Miguel
por el Salmanticense es una de tantas como se han notado en todas
las crónicas de la Edad Media, con frecuencia corregidas en
posteriores descubrimientos. Cita, en cambio, el palacio y los
baños, no muy distantes de la dicha iglesia26,
mientras que otro cronista, el Albeldense, menciona efectivamente
la iglesia de San Miguel de Lino y el Palacio, omitiendo la de
Santa María y los baños27,
y el Sr. Amador bien pronto explica la omisión de la casa
balnearia, porque el de Albelda, dice, la tomó como parte
integrante del palacio, que todos los escritores citan como obra
separada y diferente, pero sin justificar el silencio de la de
Santa
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No
satisfecho, sin duda, el Sr. Amador con lo aseverado
rápidamente y en medio de grandes omisiones por los
cronistas, dice que resuelve la cuestión del palacio,
convertido en templo, la carta testamento de Alfonso el Magno
á la iglesia de Oviedo en 15 de Enero de 905, donde se cita
la iglesia del Arcangel en Lino, el Palacio y los Baños,
omitiendo á Santa María31.
Sin tener nosotros por sistema apreciar como deficiente la
diplomática de la Edad Media, notaremos cuán
fácil pudo ser la voluntad del Monarca no incluir la iglesia
de Santa María, y si en tal documento están
separadamente el Palacio y los Baños, hay aquí un
reparo contra la exactitud del Albeldense que, como ya escribimos,
pasó estos en silencio. Pero avanza más el
señor Amador porque con dicho diploma quiere acreditar error
en la escritura de asignación de iglesias á los
obispos convocados á concilio y refugiados en Asturias, en
901, esto es, cuatro años antes de la carta testamento dicha
y en donde se señalaban
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¿No están aquí mencionadas las dos iglesias? pues, no obstante, el ilustrado autor de la Memoria, á que nos referimos, pretende desposeer á Oviedo del nombre histórico de Ciudad de los Obispos con que fué siempre nombrada por la tradición y las crónicas como refugio de los prelados perseguidos, y de sus iglesias separados por los enemigos de la patria. Si no es apócrifo tal documento es incompleto y defectuoso, añade el diligente académico, porque es error grosero é inconcebible suponer que el ilustrado y magno Alfonso ignoraba al donar á la iglesia de San Miguel que á su lado existía la de Santa María. Sin ser error, decimos nosotros, bien pudo ser un acto voluntario del Monarca.
¿No vió el Sr. Amador de los Ríos otro
documento anterior á la que podemos llamar escritura
episcopal de 901? Si le vió ¿le tuvo tambien por
falsificado? De D. Ordoño I, hijo de D. Ramiro es el
documento de la iglesia de San Salvador de Oviedo, en el que aquel
rey, padre de las gentes como le llama el de Albelda, dona
al obispo Serrano y á la iglesia la mitad del portazgo de la
ciudad, calumnias de su mercado y varios templos entre
ellos San Miguel, y Santa María de Naranco citados clara y
distintamente. Es el tal diploma de 21 de Abril de 85833,
esto es, nueve años después de la fecha inscripcional
de Santa María y cuarenta y ocho antes de la decantada
escritura testamento de D. Alfonso el Magno. El valor
histórico para el punto que se ventila, de esta escritura de
D. Ordoño I, padre de Alfonso III, no puede desconocerse y
creemos que, á mayor abundamiento, combate al Sr. Amador
cuando supone que el palacio se convirtió en iglesia en el
período de 905 á 1065 (eras 943 á 1103)
ó desde la carta del Magno á la conversión
indicada por el Silense. El P. Risco examina este punto con su
acostumbrada claridad34
y viene por tierra lo que dijeron
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En el viaje de Ambrosio de Morales, se describe rápidamente la iglesia de Santa María: «es la misma, dice, que edificó allí el rey D. Ramiro I;» «es grande para hermita y chica para iglesia,» añade, y en semejantes palabras se detiene el Sr. Amador como para indicar la extrañeza del famoso cronista creyendo que por su pequeñez no fué para iglesia el primitivo destino del edificio. ¿Lo sería para palacio? preguntamos nosotros ¿Son mucho mayores las proporciones de San Miguel de Lino? ¿Es más grande la iglesia de Santa María, hoy Cámara de las reliquias de Oviedo, levantada en el reinado anterior á D. Ramiro? ¿Es tanta la diferencia dimensional de Santa María de Naranco comparada con tantas iglesias asturianas, joyas del arte latino bizantino, harto raducidas casi todas?
Con
igual extrañeza aduce el Sr. Amador lo que el diligente P.
Carballo escribió sobre los palacios en Naranco del
Vencedor de los Normandos «no hay rastro de ellos en
nuestros días, escribió, que parece que estos reyes
edificaban los templos perpetuos y los palacios de por vida.»
No indican seguramente estas frases que, al no hallar el Padre
Alfonso los restos del alcázar (que citó Morales),
fué por su conversión en iglesia de Santa
María. No es nuevo, decimos nosotros, y en todos los pueblos
es hecho constantemente acreditado, que con frecuencia quedan en
pié las casas levantadas para morada de Dios, permaneciendo
guardadas por religioso y general respeto, mientras que vienen
á tierra
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Consta aquí de un modo terminante la existencia del palacio al lado de la iglesia de la Virgen.
Excavando muchas veces por sitios próximos á Santa María, se hallaron con frecuencia restos arquitectónicos que no acusaban estilo y destino religioso. «Los palacios ricos y muy celebrados en nuestra historia, dijo el citado Morales, que el Rey Don Ramiro también labró aquí cabe estas dos iglesias, están por tierra, solo quedan rastros de ellas. Así parece bien cuanto más cuidado ponía el Rey y mandaba poner en labrar los templos que no en su casa. Aquellos duran enteros y con buena firmeza y está la casa ya caida36.»
Combatiendo al Sr. Quadrado, porque dijo que la iglesia de Santa
María tenía forma de cella, el Sr. Amador
analiza esta palabra en su acepción arquitectónica y
viene á darla, cual no podía menos, sentido y destino
religiosos, que en nada figuran con el de Santa María para
ser lugar de recogimiento y oración. Aún presenta
nuevos razonamientos el infatigable académico,
asegurando
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Extrañamos la afirmacion que, respecto a la orientación de Santa María de Naranco consigna el Sr. Amador de los Ríos, pues que, a semejanza de iglesias construidas en aquella época, tales como San Tirso y San Juan de Oviedo, Santullano (San Julian de los Prados) y San Miguel de Lino, el ábside se halla dirigido al Oriente sin que obste la colocación del ingreso ó puerta que no es la que determina la orientación del edificio sino el eje de la nave principal: porque el ingreso podía obedecer á circunstancias especiales del terreno; como para la iglesia de Santa María hace notar el erudito Sr. Caveda37, mientras que el señor Amador no pudo menos de confesar también, que el vecino templo de San Miguel de Lino no obedecía «con entera exactitud» á la prescripción usual.
Por otra parte, no debe darse demasiada importancia á la exactitud matemática de la orientación en aquellas centurias en que no se contaba con instrumentos precisos.
Por lo que toca á su planta, no muy desemejante se presenta la iglesia de Santa María, hoy Cámara santa de las reliquias de Oviedo, trazada por Tioda, maestro de obras del segundo Alfonso, y no es de olvidar tampoco que el destruido cuerpo arquitectónico de la fachada N. del pretendido palacio de Naranco, respondía perfectamente al actual vestíbulo de ingreso por el mediodía, y ambos daban al edificio planta de cruz.
La
novedad y primores con que fué construida la iglesia,
sin igual en España38
según expresión de Sebastián, fueron causa de
admiración y variados comentarios para todos los
inteligentes antiguos y modernos. Dando vuelo á la
imaginación pudo haber exagerado con ciertas apreciaciones
el artista Parcerisa en su carta
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En lo que al decorado se refiere, hace notar que en los relieves de San Miguel de Lino, «á pesar de cierto recuerdo gentílico» hay espíritu esencialmente religioso, lo que no sucede con los discos de Santa María, que respiran idea y sentimientos profanos. No reparó que esta Iglesia tiene en diferentes sitios grabado el signo de la redención humana ó la cruz del Casto Alfonso con alfa y omega, símbolos de la divinidad. Esto se ha comprobado más con las recientes obras del económo Sr. Camblor, que poco á poco va descubriendo arcos y columnas ocultas, pero señalados y adivinados siempre por inteligentes artistas.
Apunta igualmente, ocupándose de la espadaña
«construída por el celo indiscreto y la ignorante
osadía del cura párroco», cómo es muy
probable, examinadas las formas del anterior
campanario39
que fuese levantado al transformarse el palacio en iglesia, porque
su fábrica más acusaba á los tiempos de
Alfonso VI que no los del siglo IX. En tanto no repararon Morales,
Carballo y Risco y otros que la vieron; y aunque la
suposición del señor Amador fuese cierta, no es de
callar que en Asturias, y particularmente en las iglesias de
lugares altos ó de montañas, cayeron y se levantaron
sucesivamente por distintos accidentes las espadañas,
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A propósito, después de tan prolijas observaciones dejamos para este lugar la parte más interesante, volviendo á tratar de la inscripción de Santa María de Naranco, verdadera clave del asunto, guía segura y cierta para resolver con confianza el problema, si aun alentara la duda en algunos de los puntos tratados; y más aun, es la inscripción origen y fundamento para nuevos temas, á cual más importantes. Si por los escasos fragmentos pudo decir el Sr. Amador «que no era su examen indiferente para el estudio que realizamos», ¿qué podemos decir nosotros que vemos casi completa la piedra inscripcional?
Cuando en 1571 visitó el perspicuo Morales las antiguas construcciones de Naranco, apuntó que «la iglesia de Nuestra Señora estaba encalada de nuevo por de dentro, y esta de San Miguel por defuera, y así creo que se han tapado las letras que ambas tenían». No pudo, pues, el regio cronista decirnos nada de la inscripción, y tampoco la menciona el autor de las Antigüedades de Asturias. Risco, en cambio, da cuenta sucinta, pero clara, de los trozos inscripcionales ajustados en el altar, aunque refiriéndose á dos lápidas, leyendo en una:
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«INGRESSVS ES SINE HVMANA CONCEPTIONE ET EGRESSVS SINE CORRVPTIONE» |
y, suponiendo que se confiesan siervos de Dios el rey y la reina, cuyos nombres estaban borrados, consigna la fecha de renovación del altar y templo de la bienaventurada Virgen María40:
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«QVI VIVIS ET REGNAS PER INFINITA SAECVLA SAECVLORVM. VIIII KLDS. JVLIAS. ERA DCCCLXXXVI.» |
Antes de pasar adelante observaremos los siguientes extremos ó que el sabio agustino ordenó á su modo los restos inscripcionales, que nosotros vimos en otra colocación, y omitió el texto de algunas palabras, á que sólo hace referencia y traducción, ó se atuvo á copia incompleta que le facilitaron de las lápidas, tal vez el insigne Jovellanos, el secretario de la diputación Sr. Ecosura ú otras personas ilustradas que le ayudaron en los tomos de Asturias de su preciosa obra; pero siempre resulta que no vió los nombres de los príncipes, pues no hubiera dicho que estaban borrados, cuando el de RAMIRO se lee ahora perfectamente, el de PATERNA bien se adivina, y fácilmente se colocan las letras que á Regina faltan.
Veamos ahora el examen de la inscripción por el Sr. Amador, adelantando que no estuvo acertado en lo que escribió del P. Risco en texto y nota, porque primeramente ha resultado muy exacto lo que con la ingenuidad de los buenos historiadores dijo y supuso el muy docto continuador de la España sagrada, y en segundo lugar, ningún despropósito y anacronismo resulta de aceptar sus aseveraciones, tal como las combate el moderno y competente académico de la Historia y Bellas Artes de San Fernando, porque después ha parecido verídica la participación de PATERNA en la obra renovada en 848.
Equivocado, aunque con laudabilísimo celo, en las anteriores conjeturas, no es de extrañar que al hacer otras de nuevo se perdiera con apreciaciones desposeídas de sólido fundamento y aun hiciera más, que radicalmente se han visto negadas de un modo absoluto.
Describiendo la puerta de ingreso de Santa María de Naranco,
alterada en el siglo XIII, dice que «la inscripción
latina que hubo de ilustrar la obra de Ramiro I, como ilustraron
otras análogas las áulas regias construidas por
diferentes reyes asturianos, fué trasladada al interior del
monumento, hasta ser colocada de un modo poco artístico
dentro del departamento occidental, que
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Aseguró el padre Risco que eran dos las lápidas, y el Sr. Amador rectifica añadiendo dos más, refiriéndose á los cuatro trozos desordenados en el altar y cubiertos modernamente con maderas. No pudo entonces suponer, quizá por su breve examen de las piedras, que estas eran tres, formando una ara con siete letreros en las cuatro caras, no descubriéndose a la sazón ni el comienzo de la inscripción ni la parte más nutrida de lectura en el lado posterior. No juzgó, además, propia del altar la colocación de la «inconexa é incompleta» inscripción que debió «aparecer en sitio público y preferente» «por la devota costumbre á la sazón preponderante de invocar el favor divino sobre con títulos piadosos», costumbre que «no debió ser desconocida al Vencedor de los normandos», como sucedió después en el palacio de Alfonso el Magno, en Oviedo. Aun expuso, si bien refiriéndose á los cuatro fragmentos que figuran en el dibujo de los Monumentos arquitectónicos de España, «que no existían ni podían existir los nombres de los reyes», y concluye esta parte interesante con las siguientes palabras: «No cabe duda que los fragmentos de la inscripción formaron parte del alquitrave de la puerta principal de ingreso del palacio, cobijado bajo un arco de igual altura y dimensiones que el frontero del vestíbulo, hasta que sustituida aquella por la romano-ojival del siglo XIII no tuvieron mejor aplicación que la de coronar el altar levantado junto al muro occidental del palacio42 por muy distinto arte del que erigió una y otra vez las aras asturianas». Nada más lejos de la verdad.
Las
investigaciones realizadas por esta Comisión provincial de
Monumentos históricos y artísticos el día 15
de Setiembre del presente año destruyeron todos estos
cálculos, como la lectura de
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Vamos á verlo.
Es tan claro, tan explícito el texto de la inscripción que no deja lugar á duda sobre su sentido, así como del mismo se deducen y se desprenden sin violencia otras consideraciones de la mayor importancia.
Como todos los reyes asturianos, celosos en levantar ó reconstruir los templos de la fe cristiana, el primero de los Ramiros mandó edificar las dos iglesias de Naranco, y la que nos ocupa, «para honra de la gloriosa Santa María,» cuya pura Concepción aclama indirectamente con su mujer Paterna, confesando así un dogma siempre sentido y respetado en nuestro pueblo, antes de su definición solemne en el presenta siglo. Es, pues, la inscripción, nuevo testimonio del antiguo asentimiento español al dogma de la Concepción pura y sin mancha de la Santa Virgen, y adquiere así un mérito religioso que más avalora la lápida, con los otros aspectos histórico y artístico y epigráfico, con que puede ser considerado tan preciado monumento del siglo IX43.
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La inscripción completa, alrededor del ara, niega rotundamente que fuera su destino la puerta de ingreso del pretendido Palacio, como intentó demostrar el Sr. Amador, y el nombre de los príncipes, que apareció ahora perpetuando su piadoso pensamiento, acabó por destruir toda conjetura del inolvidable académico.
Los príncipes, siervos de Dios, levantan el altar de su Madre Santa María, y lo que es más, renuevan otro templo antiguo en aquel mismo sitio, LOCVM SANCTUM. La dicha renovación consta de un modo terminante en la lápida:
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RENOVASTI HABITALVLVM NIMIA VETVSTATE CONSVMPTVM |
HABITACULUM, esto es, habitación, empleando en sentido
figurado el nombre general por el particular, como se dice por la
Iglesia domus Dei,
casa de Dios; HABITACULVM, con la terminación que indica
diminutivo, ó lo que es lo mismo, habitación
pequeña para la grandeza divina, para morada de Cristo, Hijo
de Dios, y ara dedicada especialmente á su Madre, concebida
sin humana mancilla. Allí se renovó el templo que el
excesivo y largo espacio de tiempo había consumido ó
devorado, NIMIA VETUSTATE CONSUMPTUM, y cómo en este punto
nace una cuestión sumamente curiosa, hasta ahora por ninguno
indicada, es materia que no se ocultará seguramente á
los que favorezcan con su lectura esta Memoria, ó se limiten
tan solo á la interpretación independiente de la
inscripción de Santa María. No faltó quien
dijo en estos días, conjeturando sobre el destruido
edificio, que renovó la piedad de Ramiro, príncipe
glorioso y de la reina Paterna su mujer, que á este templo
debieron pertenecer los arquitectónicos restos de
carácter romano, traídos al Museo de Oviedo desde
Naranco y á esta montaña desde Lucus Asturum
ó Lugo de Llanera. Los mencionados materiales latinos es
posible que se emplearan en las nuevas iglesias de Naranco, y por
esto, tal vez, escribió el P. Carvallo, hablando de la de
San Miguel de Lino y de sus columnas de mármol y jaspe:
«Que debieron venir, dice, de las ruinas de la antigua ciudad
de Lugo, ó haberse sacado de los
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Los doctos resolverán este y otros problemas que la inscripción inicia, al mismo tiempo que contradice lo aseverado por el señor Amador de los Rios, porque el ara pertenece al templo, y con este destino se levantó el edificio de Santa María de Naranco EN LUGAR SANTO. ¿Hubo allí antes otro templo cristiano?... Nosotros contestaríamos afirmativamente45.
Damos aquí por terminada nuestra tarea con ingenua desconfianza de no haber llenado el cometido á nosotros confiado. La inscripción fué nuestra guía con el erudito discurso del Sr. Amador de los Rios. Le impugnamos en cuanto alcanzaron nuestras débiles fuerzas, y si pudimos conseguir nuestro intento, en nada empece á su respetable memoria académica un equivocado concepto, tras de difíciles estudios en un incompleto monumento de los primeros siglos de la reconquista, periodo tan cubierto por densa bruma, que impide caminar con seguro paso. Para quien como el Sr. D. José Amador de los Rios contó en su laboriosa vida con tantos merecimientos: quien de sus brillantes dotes dejó tan indelebles huellas en ricas y apreciables producciones de historia, literatura y arte antiguo y más ramos del humano saber, poco significa una equivocación padecida en un trabajo tan breve como notable.
Para terminar el humildísimo nuestro, nada más oportuno que repetir aquellas sentidas palabras de Quadrado:
«¡Santa María de Naranco y San Miguel de Lino!
¡Monumentos inapreciables que ilustran un mismo suelo, una
misma
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FERMÍN CANELLA SECADE.
Oviedo, 15 de Noviembre de 1883.