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II. El Valle de Arán

Cesáreo Fernández Duro


El que sin previa consulta de la historia examina el mapa de los montes Pirineos y sigue con la vista la línea quebrada de las cumbres que sirve de frontera hispano-francesa, no encuentra explicación á las interrupciones de esa línea que la naturaleza tenía fijada al parecer con puntos indelebles. Por un lado se abre hacia el Sur el valle de Andorra, separado de Francia por las crestas, enclavado en el territorio de Cataluña, y sin embargo no pertenece á España. Por otro lado entra en Francia el valle de Arán, cuenca de río francés, apartada de España por una barrera punto menos que infranqueable y no obstante el valle es español.

La anomalía de los dos territorios, extensiva á otros por franceses dentro de Cataluña, no es añeja. El perfil culminante de las montañas, lejos de separar estados distintos, constituyó la parte media de la región pirenáica en toda su extensión española en las épocas gótica y árabe, como en la de los reinos cristianos trabajosamente formados en el período de la reconquista. Cataluña y Navarra se extendían por una y otra falda de los montes,

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alcanzando hasta las aguas del Adur y teniendo por centros á Barcelona y Pamplona.

Vino á modificar la línea de los términos con Francia la fuerza de las armas que dió á Luís XIII la victoria en las guerras del siglo XVII. Las tierras, situadas al Norte de la cordillera y aun la vertiente de aquel lado, pasaron á ser propiedad de los franceses por gaje de paz impuesto en el tratado Mazarino, quedando á cargo de Comisión mixta el señalamiento de puntos principales de la divisoria. Un artículo complementario, firmado en la isla de los Faisanes el 31 de Mayo de 1660, fijó la base de las operaciones, por las cuales, y por falta de conocimiento exacto del terreno, se cercenaron á España treinta y tres pueblos de la Cerdaña, dejándole en cambio el valle de Arán que está al lado de Francia.

Pedro de Marca, arzobispo de Tolosa, y después de Paris, Intendente de Cataluña por Luís XIII desde 1644 á 1651, autor de la Marca Hispánica, conocedor profundo de las cuestiones pirenáicas, fué Presidente de la Comisión francesa, y responsable, á juicio de sus compatriotas, del defectuoso trazado en que se supone influyó el amor propio de los plenipotenciarios, más que la razón ó la conveniencia, por más que el propio Marca razonara el reconocimiento español del valle de Arán por los antiguos títulos548.

De todos modos, ni en Francia ni en España se ha concedido gran importancia á la posesión, ni siquiera á la existencia de ese valle escondido entre picos y breñales: si por allá se tienen noticias de generalidad por las obras regionales de Castillón (Histoire des populations Pyrénéennes) ó de Cénac Moncaut (Histoire des Peuples et Etats pyrénéens), no está citado el valle en las geográficas de la importancia de la de Malte-Brun, ó en las históricas de la nombradía de la moderna de Henri Martin. Acá se podrán ver referencias aisladas en las crónicas, anales é historias de Pujadas, de Zurita, de Zayas, (Balaguer (D. Víctor) y Bofarull (don

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Antonio), sin que la bibliografía especial mortifique tampoco mucho á los que hayan necesidad de estudiarla. Puede condensarse en estas pocas indicaciones.

«Relacion al Rey don Phelipe III, Nuestro Señor, del nombre, sitio, plantas, fertilidad, poblaciones, castillos, iglesias y personas del valle de Arán, de los Reyes que le han poseido, sus conquistas, costumbres, leyes y gobierno», por el doctor Juan Francisco de Grasia de Tolba, assessor del Condado de Ribagorza, por el Rey Nuestro Señor y visitador real en Valle de Arán, Impressa en Huesca por Pedro Cabarte, impresor de la Universidad. Año 1613. En 4.º, 108 páginas. Se cita otra edición de 1752.

La descripción es bastante minuciosa: abraza la administración en todos sus ramos, dedicando á la historia un capítulo formado con los datos de Zurita en su mayor parte.

Otra Memoria administrativa, de origen oficial, se redactó é imprimió el año 1770, con motivo de ciertas reclamaciones hechas al Gobierno por los habitantes del Valle.

El Diccionario geográfico-histórico de D. Pascual Madoz dedica al Valle de Arán un artículo más extenso que á otras localidades, por circunstancias que hacían su memoria grata al director de la publicación. Madoz fué Gobernador del Valle el año de 1835, en momentos en que la guerra civil lo convirtió en teatro de ocurrencias excepcionales.

Acaba la enumeración española con la Memoria acerca del Valle de Arán, por D. Manuel Márquez Pérez de Aguiar. Segunda edición. Gerona, imprenta de Puigblanquer, 1878, 4.º, 142 páginas.

El autor estuvo empleado allí por los años de 1870, recogió los datos que de viva voz se conservan, y pudo disfrutar de dos manuscritos que cita, el uno histórico, redactado en el siglo anterior por el presbítero P. Aumós, residente en Vilamós549.

Un inglés, Mr. Arthur Young, aumentó el contingente con relación de impresiones de viaje, no há mucho traducidas al francés

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por M. Lesage con el título de Voyage en Italie et en Espagne, 1778-1780. París, 1860, continuando la serie extranjera M. Maurice Gourdon, miembro de la Sociedad Ramond y de la Geológica de Francia, que dedicó una parte de su actividad al vallecillo, ejercitando al tiempo mismo que la pluma el lápiz y la cámara fotográfica.

Se titula su libro À travers l'Aran, Itinéraire d'un touriste, París, G. Charpentier et Compagnie, editeur, 1884: describe y pinta al pormenor las bellezas físicas en su rica variedad, y da á conocer las altitudes de los picos situados en el mapa complementario de la obra.

No es, pues, Arán, según se ve, de aquellas localidades que obliguen al estudioso á contentarse con observaciones propias: aunque sean pocos los elementos descriptivos, abrazan en gran parte las ramas principales del conocimiento que un nuevo libro acrecienta ahora bajo el punto de vista de los monumentos ocultos en ese rincón montañoso.

La Sociedad arqueológica de Francia, á que tengo la honra de pertenecer, se había propuesto desde el año de 1884, esto es, en el tiempo mismo de las investigaciones de M. Gourdon, una excursión por el Valle, como las que verifica por otras regiones periódicamente. M. Palustre, Director por entonces de la Asociación, y el Sr. Conde de Marsy, que lo es actualmente, con algunos otros miembros emprendieron el viaje, provistos de aparatos fotográficos; pero un temporal de aguaceros se opuso obstinadamente á la realización del programa, obligando al cuerpo observador á retirarse á cuarteles de invierno, no sin tal cual hoja de recuerdo. Emprendió más tarde la exploración (1885) el Secretario general de la Sociedad arqueológica M. de Laurière, y esta vez fué el éxito completo.

Por resultado de la expedición ha salido á luz el libro que es Objeto de la presente noticia, Promena de archéologique dans le val d'Aran, por J. de Láurière. Caen. Impr. Le Blanc-Hardel, 1887, 8.º, 129 páginas, primorosamente adornado con láminas fotográficas y heliográficas, reproducción de los excelentes clichés del mismo M. de Laurière.

Procurando reconocer este literato todo cuanto anteriormente

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se ha escrito del Valle; haciendo somero resumen de lo que importa al punto de vista general, entra de lleno en el objeto especial del trabajo que se propuso, corriendo de pueblo en pueblo las veredas que los enlazan entre precipicios, copiando aquí una inscripción, dibujando allá un crismón notable, un tímpano que vale la pena de detener los caballos, ó el detalle de un herraje artístico; y no faltan en verdad por aquellas alturas, solitarias de peritos, objetos múltiples con que deleitar la vista en magnífico panorama.

Sin contar las huellas que han dejado celtas y romanos, de la población cristiana quedan restos de castillejos ó de casas señoriales; los pueblos de Galardú, Uña, Tredos, Gesa, Arties, Betren, Bazergues, poseen iglesias de los siglos XII y XIII que traen á la memoria las portadas y los ábsides de las de Zamora, bien que las del valle se atribuyen á los templarios. En la primera un Santo Cristo, ofrece muestra de las más curiosas é interesantes esculturas del arte cristiano, por su estilo arcáico; en la de Tredos luce la cruz procesional de plata, una de las más bellas y elegantes obras que haya producido la escuela de Arfe; repartidas en las otras hay casullas y capas de riquísimo bordado; figuras de marfil, pinturas de extraña originalidad: objetos litúrgicos escapados hasta ahora á la codiciosa rebusca de vendedores anticuarios.

Todo ello lo describe y estampa M. de Laurière examinando críticamente las circunstancias que ayudan á la deducción de la época y las de comparación con objetos semejantes, clasificados y expuestos en los museos. De su enumeración citaré por la originalidad del trazo y dibujo primitivo la lápida tumular encontrada en las ruinas de Castell León conservada al presente en la iglesia de Bordas y que parece ser de uno de los castellanos del siglo XIV á juzgar por la túnica sin pliegues, hasta media pierna, el calzado puntiagado, la forma de la espada y el león heráldico en que apoya los pies. La inscripción reza:

imagen550



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Dos lápidas romanas han debido ilustración á los estudios analíticos de nuestro compañero D. Fidel Fita y Colomé, en el cuaderno del tomo III del BOLETÍN académico (páginas 134-136), correspondiente al mes de Agosto de 1883, incluyendo el fotograbado de la segunda inscripción cuyo valor lingüístico es en efecto notable.

Cerca de Gesa, entre las ruinas de la capilla románica dedicada á San Martín, que destruyó una avalancha, halló M. Gourdon en 1882 la primera. Es el fragmento inferior de un ara de mármol blanco en cuya parte alta debió de estar grabado el nombre de la divinidad, quedando visibles las letras551.

L · POM
PAVLINIA
NVS · V · S · L · M.



El mismo explorador halló en las inmediaciones de Arties un resto de ara votiva ó cipo funerario en que únicamente se leía552 la palabra

SABIN



Es posible que el trozo corresponda al encontrado en el mismo sitio hace veinte años por M. Sacaze en que claramente se veía

NIMP (his?)



En uno de los contrafuertes de la iglesia de Escuñau había otro fragmento de cipo de mármol con la inscripción

ILVRBERRIXO
ANDEREXO



Lo adquirió M. Gourdon y envió su fotografía al Sr. Fita, el cual la dió á conocer en el mencionado Cuaderno del BOLETÍN de nuestra Real Academia. Salió después á luz en la citada obra de Gourdon553 y en el Bulletin de la Société Ramond.



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M. Sacaze coincidiendo en el fondo con las explicaciones del arqueólogo español la relaciona con otra inscripción de Tibiran ILVBE (r) IXON (i), y con los nombres de deidades tales como Iluro, Ilumber, Ilixo Baicorrixo suponiendo que ILVRBERRIXO es nombre en dativo de una divinidad local y ANDEREXO nombre en nominativo del dedicante.

Casau ha dado contingente en otro fragmento de cipo dedicado por el devoto Chrysippus y descrito por M. Sacaze en su Épigraphie de Luchon, donde ahora se encuentra, dice:

RY
IPPV
V · S · L · M ·



El inventario romano se acaba con otras tres inscripciones descubiertas en Les, pueblo erigido en baronía por el rey Fernando el Católico, en premio de servicios de uno de sus capitanes, Benito Marco. También han sido publicadas por. M. Gourdon como sigue.

NIMPHIS
PRO SALVT
LEXEIAE
V · S · L · M

______

LEXI
DEO
C · SABI
HORT · F

______

NYMP
IVLIA
· · · IORTIF
PAVLINA
V · S · L · M





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Ligero apunte del territorio que abraza el libro de M. de Laurière hará mejor comprender el interés que encierra.

El valle de Arán, á contar desde el Puente del Rey sobre el Garona, que sirve de frontera con Francia, tiene sobre 55 km. de longitud por 41 de latitud máxima. Cuenta unos 12.000 habitantes distribuídos en 36 pueblos y caseríos; el principal de ellos ó cabeza del valle, Viella. Comunica con Francia por dos caminos carreteros que conducen respectivamente á Saint Béat y á Bagnères-de-Luchon, sin hacer cuenta de veredas ó senderos de caballerías y peatones. Con España no tiene acceso más que por los puertos de Benasque y de Viella, tan difícil uno como otro en la buena estación, de modo que en atravesarlos emplea cinco días el encargado del correo oficial. En invierno, ó mejor dicho, durante siete de los meses del año las ventiscas y los torbellinos cierran ambos pasos, dejando aquellos pueblos á más distancia de la capital de su provincia (Lérida), que lo están en realidad los que forman la de las islas Canarias.

Sin remontar más las referencias de la historia, pertenecía el valle en los principios del siglo XII al Condado de Cominges, feudo del reino de Aragón. Alfonso I el Batallador, lo donó en perpetuidad á Centulio II, conde de Bigorra por privilegio del año 1119554, pero al volverlo Alfonso II en dote á su prima Petronila, hija del conde de Cominges y descendiente de Centulio en el momento de casarse con Gastón de Moncada, vizconde de Bearne, en 1192, se reservó la propiedad, según se advierte por

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el contrato de matrimonio citado por Pedro de Marca y algunos otros historiadores del Bearn555.

El rey Jaime I otorgó á los habitantes del valle exenciones y privilegios que los constituía en estado casi independiente; solo por reconocimiento de señorío se reservó el tributo anual de una medida de trigo llamada galín del Rey; con todo, las guerras entre Felipe el Hermoso de Francia y Jaime II de Aragón acabaron con la tranquilidad que allí se disfrutaba.

Invadido el valle, pidió el rey de Francia al Papa Bonifacio VIII la confirmación de la propiedad del territorio, que de hecho y por las armas tenía; el Pontífice quiso oir á la otra parte interesada, poniendo la prenda disputada en las manos neutrales del rey de Mallorca y el litigio en las del cardenal de Tusculum, ó Tusculano, Juan Buccamara, que falló en 1303 declarando la pertenencia en favor de Aragón.

No menos raro suceso ocurrió en le reinado de D. Pedro IV. Agobiado este príncipe por falta de recursos enajenó el valle al conde de Pallars que naturalmente trató de tomar la posesión. Los araneses la resistieron con las armas, rechazando victoriosamente á los soldados invasores; y añadiendo la magnanimidad al heroismo, con el sacrificio de las joyas y adornos de las mujeres vendidos en Francia, reunieron la cantidad de dos mil florines, entregándola al rey para anulación de la venta y conservación de su nacionalidad aragonesa556.

En gracia á tan señaladas marcas de fidelidad otorgó el rey D. Juan I á los habitantes del valle nuevos privilegios, no interrumpidos ni modificados al acordar las Cortes de Monzón en 1389 la agregación del territorio al principado de Cataluña.



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Por los años de 1470 volvieron á invadir el valle los franceses, y entonces dirigió valientemente la defensa el capitán Benito Marco, recompensado por Don Fernando el Católico con el señorío de Les.

Con esta campaña cesó por entonces la pretensión que los reyes de Francia fundaban en la soberanía de Cominges agregada á aquella corona. Un acta de Luis XII, firmada en Blois á 18 de Diciembre de 1512, reconoció la naturaleza española de los valles de Arán y Andorra, lo mismo que la declaración de privilegios á la región fronteriza hecha por Francisco I en Moulins en 1537, y la de Luis XIII extendida en Saint-Germain en Laye el 21 de Junio de 1634557.

Dicho queda como el Presidente de la Comisión de límites Pedro de Marca mantuvo las tradiciones después del tratado Mazarino y adición de 1660. Felipe III había mirado con predilección al valle de Arán, enviando como comisario regio que estudiara sus necesidades al Dr. D. Francisco de Gracia, autor de la primera Memoria histórico-descriptiva. Carlos III concedió mayores exenciones, una la del uso del papel sellado, disfrutándolas hasta la invasión de los republicanos franceses al acabar el siglo XVIII.

Restituído el valle en virtud de las cláusulas generales del Tratado de Basilea (1795), Napoleón I lo dió por agregado al distrito francés de Saint-Gaudens, en la campaña de 1808, mientras el tratado general de 1815 no vino á restutuirle la nacionalidad española que siempre ha sostenido.

Cambiaron mucho, sin embargo, las circunstancias que daban al valle especialidad, pues durante la guerra habían decretado las Cortes de Cádiz la abolición de privilegios; y uno solo, el de exención del uso del papel sellado se reconoció á los habitantes. Alguna vez, en 1856, por ejemplo, por causa de calamidades públicas se le han hecho concesiones en punto á la importación de Francia de artículos de primera necesidad, mientras se abre la carretera que ponga en comunicación directa á las poblaciones con las de Cataluña; pero al escribir el Sr. Márquez Pérez la memoria

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que queda citada (1878) la carretera no existía, siendo por este y otros conceptos poco satisfactoria y digna de seria atención la existencia de los araneses558.

En tiempos antiguos gobernaban el valle los condes de Ribagorza, descendientes del infante D. Alfonso de Aragón, por medio de un teniente, castellano de Castell-León, que prestaba pleito homenaje. El conde D. Martín de Aragón renunció su derecho en favor de la Corona el año 1574; desde el cual nombraron los Reyes un gobernador político-militar, que ejercía al mismo tiempo la jurisdicción civil y criminal, teniendo asesor letrado. En Bordas subsiste inscripción que conmemora uno de estos gobernadores, el capitán Miguel Ferrer, restaurador del castillo en 1585 ó 1589 (hace dudosa la última cifra el estado de la lápida). La iglesia de Viella tiene memoria más completa en lápida funeraria que dice:

SEPVLCRO DEL CONDE
DE FRIDBERG GOBERNADOR
DEL VALLE DARÁN AÑO 1746.



Por otra de las anomalías del valle, dependía en la jurisdicción eclesiástica del obispo de Cominges en virtud de concordato con los reyes de Aragón que data de 1192. El obispo mantenía un provisor, natural del valle, de cuyas sentencias podía apelarse directamente al metropolitano de Auch, sosteniéndose tal estado hasta 1802 en que entró el territorio en la jurisdicción del obispo de la Seo de Urgel. En lo civil depende hoy de la provincia de Lérida; en lo militar de la Capitanía general de Cataluña.

Hablan los araneses un dialecto especial, de que dará idea el cuaderno de constituciones ó mandamientos del obispo de Cominges, impreso en 1724 á dos columnas en francés y aranés, que se conserva, aunque falto de algunas hojas, en la iglesia de Bosot. El título es Ourdenansos Hetes per Monseignou de Comenge Entra la Baley d'Aran qués en soun Diocese, encare sie

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dependente de la Bisite generale qu'et á hete en la dite Baleye et deu Synode qu'et y a tengut.

Los epígrafes de los capítulos son: Quant a r'instruccion de ra hé (instrucción de la fe); De l'administracion dets Sacramens; De re Mise (de la Misa); Deu Dret deu Patronnati; De las Couhraires (cofradías).

En este documento curioso para el conocimiento de las costumbres del valle, se prohibe á los clérigos beber en las tabernas á menos de una legua de distancia del domicilio, comer en las iglesias y cementerios, bailar en público, jugar á los bolos, cartas ó dados; portar armas; cazar jabalíes y otras bestias salvajes; asistir á los festines de bodas en que las conversaciones suelen ser libres y acabar con borracheras, y á los convites mortuorios cuyo final es semejante; hacer media de aguja fuera de casa; tener en brazos los niños pequeños mientras las madres van al trabajo; arar, cortar leña, apacentar ó conducir ganados, ni aun en tierras propias y para uso del domicilio, así como toda suerte de trabajos serviles; por fin, ausentarse del valle sin licencia para pedir limosna por los pueblos de España. Como no á todos ha sido concedido el don de la palabra, recomienda el señor obispo á los curas que se provean de libros aprobados de homilías, para explicar en la lengua del país y al alcance de la inteligencia del auditorio los Santos Evangelios, exortando al pueblo la supresión de los festines que se acostumbran en los entierros. El prelado presume que la predicación anda un tanto descuidada, porque ningún predicador ni misionero ha solicitado las licencias necesarias al cumplimiento de este sagrado ministerio; y á fin de proveer á la necesidad proporcionando á los araneses el pasto espiritual, ordena que de los productos de fábrica se destine cierta cantidad anual á la subsistencia de predicadores que se encarga de enviar. En punto á materias puramente eclesiásticas, administración de Sacramentos, celebración del Santo sacrificio de la misa parroquial, deberes de los clérigos, conservación de los ornamentos en la sacristía, observación de las fiestas, confirma y corrobora las instrucciones y ordenanzas dadas en 25 de Setiembre de 1646 por su antecesor Mon. Gilbert de Choiseuil.

M. de Laurière copia in extenso el documento en el libro que

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motiva esta reseña, al que acompaña en reproducción el mapa del valle trazado en el siglo anterior por el ingeniero Roussel.

París 15 de Setiembre de 1887.

CESÁREO FERNÁNDEZ DURO.



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