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31

Dice el original si potevano leggere le lettere. Respeto la atinada alteración de J. M. Estrada, pues si se tradujera exactamente «se podían leer las cartas», parecería referirse a las de navegación, cuando no fue ese el propósito del P. Cattaneo.

 

32

Pese a la desfiguración, es fácil reconocer aquí al tan común bagre de nuestro río máximo. Por quién sabe qué error, en la edición de la Revista de Buenos Aires, tomo IX, pág. 75, dice rapros, lo que carece evidentemente de sentido.

 

33

Así en el original.

 

34

En mal castellano en el original.

 

35

En el original se lee Rio Jeneyro.

 

36

En el siglo XVIII se llamaba presidio a toda plaza fortificada. Recién cuando los españoles tomaron la costumbre de enviar delincuentes a sus fortines del África, la palabra cobró su sentido actual.

 

37

La reducción de San Ignacio de Zamucos, en Bolivia.

 

38

En la traducción francesa, por cierto bastante arbitraria por no decir incorrecta, le llama don Bruno de Zavola.

 

39

Por error evidente, dice Fiume Uraguai en el original. En la libérrima traducción francesa, este párrafo, como tantos otros, está suprimido.

 

40

En las tinieblas y en las sombras de la muerte. (Himno de Zacarías, v. 12). Nota de J. M. Estrada.