Escena
II
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Llegan tres jóvenes
ESTUDIANTES montados en un petiso muy
flaco.
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ESTUDIANTES.-
¡Felises tardes, paisanos!
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EZEQUIEL.-
Muy güenas.
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VARIOS.-
Apiensé, mosos.
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SILVESTRE.-
(Riendo.) Se compuso el
baile... aí train el arpa.
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ESTUDIANTE 1º.-
(En el mismo tono.)
¿Arpa?... ¿No ve que este parejero se ha pasado de
compostura?
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SILVESTRE.-
¡De hambre... es lo que está pasao!
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PULPERO.-
¡Ah, condenaus! Ya creiba que nu venían. Dense
contra el suelu, muchachus, que allá adentru les tengu encerrau un
—85→
rudeito de vaquillonas que da calor.
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(Los
ESTUDIANTES se bajan.)
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SILVESTRE.-
¡Como pa echarles... un pial de volcao y aflojarles
tuito el rollo!
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ESTUDIANTE 2º.-
Parese que le han llenado el ojo, por las
ponderasiones.
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SILVESTRE.-
¿Qué ponderasiones?... Ya les van a ver la
pinta... Si han caido unas puebleras con más moñas que una
virgen; y de las campiriñas, no le digo nada.
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ESTUDIANTE 3º.-
Pues yo me voy a ver las muchachas.
(Se dirige a las casas.)
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PULPERO.-
Buenu; dejensé de meniar taba, y vamus a ver la
carrera que ya están haciendo partidas. ¡Eh, muchu oju los
rayerus!
(Se dirigen al fondo y miran hacia el
lado donde van a correr la carrera.)
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EZEQUIEL.-
Meniá los pichicos, rosillito; no me vas a dejar
como avestrús contra el cerco.
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ESTUDIANTE 1º.-
Va a comer cola, paisano.
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SILVESTRE.-
Ya le tengo los sinco en el tirador; si el bayo es como
rejusilo.
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ESTUDIANTE 2º.-
No fasilite tanto; mire que el rosillo no es petiso
barrilero.
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—86→
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RAYERO.-
(Con entusiasmo.)
¡Ahijuna! Se vienen pegaitos los costillares y los corredores con los
rebenques alsaos, taloniandolós no más... ¡Lindos
fletes!
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ESTUDIANTE 2º.-
Ahora castigan, y el rosillo parese que hace punta.
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EZEQUIEL.-
(Alegre.) ¡Se viene el
rosillo derechito como lista de poncho!
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SILVESTRE.-
Sí; en la raya tocame un... triunfo; ya verás
la atropellada del bayo.
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PULPERO.-
¡Veinte pesus a que gana!
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ESTUDIANTE 1º.-
(Sonriendo.) Al que gana...
¡Mire qué grasia, don Ramón!
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PULPERO.-
No; diju a que gana mi juachito.
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ESTUDIANTE 2º.-
¡Ah! Ése es otro cantar; nosotros
también vamos al bayo.
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RAYERO.-
(Gritando.)
¡Ganó el bayo, cortao!
(Cruzan los caballos
corriendo.)
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ESTUDIANTE 1º.-
Lo felicito, don Ramón; tiene usté un pingo
de mi flor.
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PULPERO.-
Me alegru que le haiga justau; está a su
disposición.
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(Entra el
CORREDOR en pelos, con vincha, arremangado, y
dice:)
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—87→
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CORREDOR.-
¡Aquí está el ganador!
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PULPERO.-
Buenu, amigus; sirvansé de algu, que el gastu
está pagu.
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(Se acercan a la reja y piden
copas.)
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SILVESTRE.-
¡A mí, un ticholo!
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Escena III
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Un
PAISANO con el caballo lujosamente aperado se
acerca a la reunión, al tranco.
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CALANDRIA.-
¡Güenas tardes, amigos!
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TODOS.-
Adiós, amigaso Calandria.
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SILVESTRE.-
Aparcero, ¿diánde sale?
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CALANDRIA.-
Al olor de los pasteles; nianque no me han convidao.
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PULPERO.-
(Alegre.) ¡Oh,
matreru! Bagate y si trais platita te la vamos a pelar al truco.
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CALANDRIA.-
Como gustés, galleguito; casualmente vengo medio
enrialao, pues el otro día me desplumé a unos chilenos
troperos.
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PULPERO.-
¿A la baraja, che?
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—88→
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CALANDRIA.-
Sí; al monte, al truco y al siete y medio.
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PULPERO.-
Entunces te juegu a la taba.
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CALANDRIA.-
(Sonriendo.) Me vas a
ganar... ¡Hasde ser muy clavador!
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SILVESTRE.-
(Riendo.) De cabesa, cuando
se le espanta el mancarrón.
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EZEQUIEL.-
O en las cuentas, cuando agarra a un sonso.
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PULPERO.-
Dejensé de chinjoliadas y vayan formando los que
tengan platita; porque a la taba nun fío.
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CALANDRIA.-
(Bajándose del
caballo.) Alcansen el güeso, amigos.
(Se ponen frente, delante de la raya
que hace
SILVESTRE; los
PAISANOS al costado, haciendo
apuestas.) ¿Querés tirar primero?
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PULPERO.-
Tirá no más.
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CALANDRIA.-
Vamos dies pesos cada suerte y el que eche c... ontrario
paga veinte.
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PULPERO.-
Buenu y asigurate el chiripá.
(Tira
CALANDRIA y echa suerte.)
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VARIOS.-
¡Suerte!
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EZEQUIEL.-
Ya desembuchó mis sinco.
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—89→
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PULPERO.-
Nun cacariés jallitu, que aura me tuca a mí.
(Tira y yerra.)
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CALANDRIA.-
(Riendo.) ¡Cu...
así la parás, hermano!
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SILVESTRE.-
(En el mismo tono.) De... los
burros, sacan lonjas.
(Tira
CALANDRIA y echa suerte.)
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VARIOS.-
¡Suerte!
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EZEQUIEL.-
Ya entró a perder hasta la carrera.
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SILVESTRE.-
(Estorbándole el
tiro.) No vas a culanchar, que estoy jugando a tus manos...
¡sucias!
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CALANDRIA.-
(Riendo.) ¡No lo
estorben que esa es... suerte!
(Tira
RAMÓN y pierde.)
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PULPERO.-
(Riendo.) ¡Pa vos,
condenau!, que te me alsás cun cuarenta latas.
(Le entrega el dinero, entre las
bromas de los concurrentes.)
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ESTUDIANTE 1º.-
(Mirando desde el fondo, hacia la
izquierda.) ¡Adiós, diablo! Se nos aguó la
fiesta.
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SILVESTRE.-
¿Qué dise, mosito?
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—90→
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ESTUDIANTE 1º.-
Que por la cuchilla he divisado al guaso de Masacote con
dos polisianos, y como Calandria no hade querer encontrarse con él, nos
va a faltar esta buena pierna para el baile.
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CALANDRIA.-
Si es por eso, la cosa tiene fásil remedio; me
escuendo un rato, y en cuanto Masacote le está pegando a la
giñebra y a la sin güeso, muento, lo toreo y me aprieto el gorro; y
a la noche caigo otra vez, porque él no se va a quedar ni por un queso.
(Riendo.)
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ESTUDIANTE 2º.-
Sí; pero con los soldados tal vez quiera hacerse el
guapo, y ellos de vergüenza lo acompañen y tengamos un batuque del
demonio.
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SILVESTRE.-
¡No me jo... robe, cuñao, si es más
flojo que tiento de oveja!
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CALANDRIA.-
Es sierto; en cuanto al sargento Flores, es mi amigo y no
me pelea ni aunque lo reyunen, y el pobre soldao se hade de reir de la cosa
porque todos lo aborresen a Masacote.
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SILVESTRE.-
(Con tono resuelto.) Del
melico yo me encargo; ¡en cuanto quiera encogerse, lo dejo sestiando de
un taleraso en medio de las guampas!
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CALANDRIA.-
¡Ah, mi aparsero Silvestre! Si es más
servisial que un yesquero.
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ESTUDIANTE 2º.-
Entonces escondasé, que ya viene costeando la
chacra, cerquita de la tranquera.
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—91→
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PULPERO.-
Metete con el caballu en el jalpón, que pur
ahí nun va nunca ese mamanga.
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(Vase
CALANDRIA.)
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Escena
IV
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Llegan
MAZACOTE,
EL SARGENTO FLORES y un
SOLDADO.
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MAZACOTE.-
(Al pulpero con
altanería.) ¿Qué tal va la riunión?...
¿No hay algún chupao?... ¿Y estos cajetillas, qué
andan hasiendo pa juera?
(Señalando a los
estudiantes.)
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PULPERO.-
Culegiales del Uruguay, amigus que vienen a divertirse;
como hoy es el santo de mi custilla...
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MAZACOTE.-
¡Hum!... ¡Colegiales!... ¡Buena manga de
langosta... pa la fruta pintona!... Farristas y amigos de armar titeo cuando
andan en cuadrilla... ¡Pero conmigo no juegan, de miedo a la
felpiada!
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ESTUDIANTE 1º.-
(Aparte, sonriendo.)
¡Otra cosa es con guitarra!
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MAZACOTE.-
¿Qué está resongando, che?
¡Hable juerte y sabrá quién es Callejas!
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ESTUDIANTE 2º.-
(Sonriendo y con aire
humilde.) Decíamos... que si gustaba servirse de algo...
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MAZACOTE.-
(Muy amable.) ¡Ah!...
Lo que ustedes tomen, amiguitos, pa no desairarlos.
(Se baja.)
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—92→
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ESTUDIANTE 1º.-
Una ginebra para todos, pulpero.
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SARGENTO.-
A mí, con un chorrito de hespeledina.
(Les sirven y beben.)
¡A su salú mosada!
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VARIOS.-
A su salú.
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SARGENTO.-
(Mirando a donde están las
mujeres.) ¿Y diánde ha rejuntao, pulpero, este ganao
rabón? ¡Sabe que son güenas mosas! ¡Ah, mis tiempos!
¡Cuando me solía dormir escobillando un malambo de sol a
sol!...
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SILVESTRE.-
¡Oh! Y si lo desea, ¿por qué no les
hase una entradita? Aura no más empiesa el baile.
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SARGENTO.-
De ganas se me están desortijando las tabas y me
cosquillean los caracuses; ¡pero ya no le quedan más que las
posturas a este bichoco viejo! Escarseo al ñudo, Silvestre.
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SILVESTRE.-
¿No quiere que vamos a verlas?
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SARGENTO.-
Vamos, amigaso.
(Se van.)
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ESTUDIANTE 1º.-
(Con aire picaresco.)
¿Qué noticias tiene de Calandria, señor comisario?...
¿No disen que ha caido al pago?
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MAZACOTE.-
¡Mentira! ¡Qué va cair!...
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—93→
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ESTUDIANTE 2º.-
Pero si la otra noche anduvo gritando entre una
manifestación gubernista, en la plaza del Uruguay, cerquita de la
jefatura.
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MAZACOTE.-
¡Mentira! Algún mamao que quiso hacerse el
diablo y fue a dormir la mona en la tipa.
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ESTUDIANTE 1º.-
(Sonriendo.) Si nosotros lo
vimos cuando disparó y a los polisianos que lo seguían de...
lejos.
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MAZACOTE.-
(Con tono bravucón.)
¡Como anda bien montao! ¡Pero a mí no me torea porque si lo
agarro lo via haser bailar a sintarasos!
(Acariciando el puño de la
espada.)
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ESTUDIANTE 2º.-
No fasilite, señor comisario...
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MAZACOTE.-
¡Bah!, si es un flojaso que dispara siempre de la
partida; ¿por qué no la pelea ya que es tan toro?...
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ESTUDIANTE 1º.-
Porque ésa es su diversión: pifiarla,
sorprenderla, desparramarla y huir después para empezar al día
siguiente la aventura. ¡Y para este jueguito bárbaro se necesita
algo más que un buen parejero!
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MAZACOTE.-
¡Vaya, vaya! ¡Me están pintando ustedes
un tigre de lo que no es más que un venao!... Guapo era el Boyero, el
tapesito que lo acompañaba; ése sabía boliar el anca y
peliar.
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ESTUDIANTE 3º.-
(Que llega con
SILVESTRE.) Así lo mataron por
confiado: creía que no le entraba la bala.
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—94→
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SILVESTRE.-
(Con tono despreciativo.) A
cuchillo, contra siete armados de garabina, no es hasaña.
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EZEQUIEL.-
¡Y tuavía le pegaron de atrás!
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MAZACOTE.-
Murió en su ley. Ya quisiera ser como el Boyero,
ese... espanta viejas... ¡Ja, ja, ja!...
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Escena
V
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Aparece con las boleadoras en la mano
derecha, el ponchillo en la izquierda y atropella a
MAZACOTE diciéndole:
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CALANDRIA.-
¿Con que espanto viejas, no?... Y conversadores como
vos, también. Traguesé la lengua con esa giñebra y
mandesé mudar al pueblo ligerito, a echar balacas.
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MAZACOTE.-
(Retrocede tartamudeando.)
¡Me... mató... el punto; cómo hade... ser!
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CALANDRIA.-
(Amenazándole la cabeza con
las boleadoras.) Los yaguaneces es lo que te via matar por
compadre.
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MAZACOTE.-
(Monta de un salto y al alejarse
dice con tono sentencioso.) ¡Me apretó la batea... pero en
el mundo andamos!
(Castiga y dispara.)
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CALANDRIA.-
(Gritándole entre
carcajadas.) ¡Ya que hablás de batea, no dejés de
pegarte una buena jabonada en el arroyo antes de entrar al pueblo!
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—95→
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ESTUDIANTE 1º.-
(Riendo.) Para que las moscas
no te coman el... Mazacote.
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SILVESTRE.-
(En el mismo tono.)
¡Che!... ¡Che!... Y comprate un paine pa desenredarte la
chasca.
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SARGENTO.-
(Saliendo con el
SOLDADO.) ¡Si había sido
más flojo que tabaco patria!... Y tener uno que andar arrastrando la
charrasca detrás de esta basura...
(Al soldado.) Muente,
compañero, y vamonós a dar lástima a otra parte...
Adiosito, mosada, que se diviertan.
(Se van.)
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SILVESTRE.-
Adiós, ño Flores.
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CALANDRIA.-
Adiós, viejo sorro.
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ESTUDIANTE 1º.-
(Canta con tono
burlón.) ¡Puro corte con quebrada!...
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ESTUDIANTE 2º.-
¡Pura porra enaseitada!...
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CALANDRIA.-
(Sonriendo.) Y purita espuma
como carne de chajá.
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PULPERO.-
Buenu, amigus, me parece que ya es tiempo de hacerles unas
entraditas a las empanadas de mi patrona.
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SILVESTRE.-
Y que sircule el carlón.
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—96→
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PULPERO.-
Alcanzará para todos, si nu atropellan.
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CALANDRIA.-
(Riendo.) Veanló al
galleguito, compadriando.
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SILVESTRE.-
(En el mismo tono.) Pero no
tiene dedos pa guitarrero, ni es pa todos la bota de potro.
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PULPERO.-
(Lo empuja suavemente.)
Callate, callate mamadu.
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SILVESTRE.-
Mentís, nación; aura no estoy más que
medio puntiao; pero en cuanto pestañés, me vas a encontrar con la
damajuana prendida como botón!...
|
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PULPERO.-
¡A cumer! ¡Y después metanlé
farra, muchachos, hasta que las velas nu ardan!
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(Se dirigen a las casas y salen con las
muchachas del brazo; los
GUITARREROS van delante tocando un
pericón.)
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SILVESTRE.-
(Se acerca a una mujer que ha
quedado junto a la puerta; es una china fea y por eso nadie le ha hecho caso;
le ofrece el brazo y dice alegremente.) ¡Comensó la
trilla!
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ESTUDIANTE 2º.-
(Bromeando.)
¡Peludo!
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EZEQUIEL.-
(En el mismo tono.)
¡Largá la mona!
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SILVESTRE.-
(Tironeando a la china que quiere
meterse adentro al ver que los burlan.) No te encojás, chinonga;
si no es pa vos ese aguasero...
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(Se oyen cohetes adentro.)
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Escena
I
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LUCÍA.-
¡Si vendrá Servando!... Me escribió que
lo aguardara esta noche, que tenía nesesidá de hablarme a
solas... ¿Qué le pasará?...
(Vuelve a escuchar un
instante.) Parese que se siente el tranco de un caballo... Sí;
aí ha gritao una lechusa junto al chiquero.
(Se oye el silbido de una persona que
llega a caballo, al paso.) ¡Ah! ¡Ésa es la
señal!
(Corre a la puerta y la abre; luego,
bajando la voz.) ¡Aquí estoy, Servando!
|
|
CALANDRIA.-
(Entrando.) ¡Mi
prenda! ¡Cuánto tiempo sin verte!
(Mira por la rendija de la puerta y
apaga la luz.)
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LUCÍA.-
(Temerosa.)
¿Cómo has podido llegar cuando hay tanta partida
rastriandoté?...
|
|
—98→
|
|
CALANDRIA.-
Jugandolés changüí, como siempre. Ayer a
la tardesita, en un boliche de Villaguay sorprendí a los soldados
desplumandosé a la baraja. Estaban tan entretenidos que no me sintieron
llegar; entonces me refalé al corralón donde tenían los
matungos y se los acollaré bien de la cola. Salí, monté y
atropellando a la puerta les grité de pronto: «¿Quieren
jugar un truco con Calandria?».
|
|
LUCÍA.-
¡Qué loco!
|
|
CALANDRIA.-
Por supuesto, se alborotó el avispero; los melicos
maniandosé con los sables dispararon al corralón; y lo que
montaron pa perseguirme, comensaron a dar güeltas tironiandosé de
atrás como ternera que garronean los perros...
(Riendo.) mientras yo desde
la esquina les hacía: «¡Chumalé,
chumalé!...». Después gané Montiel al tranquito y en
cuanto serró la noche rumbié pa tu rancho.
|
|
LUCÍA.-
(Anhelosa.) ¿Y no te
seguirán el rastro?
|
|
CALANDRIA.-
¡Qué esperansas! No son capaces de pegar una
galopiada semejante.
|
|
LUCÍA.-
Y ¿qué querías desirme?...
|
|
CALANDRIA.-
¡Que vengo a robarte, mi alma!
|
|
LUCÍA.-
(Con
sorpresa.) ¡Estás loco! ¡Cómo voy a dejar sola
a mamita aura que nos falta tata!...
|
|
—99→
|
|
CALANDRIA.-
Tendrá que conformarse a lo que ya no tiene remedio,
y nos perdonará.
|
|
LUCÍA.-
(Llorando.) ¿Por
qué me exigís esta nueva prueba?
|
|
CALANDRIA.-
(Con pasión.) Porque
ya no puedo aguantar esta vida... porque la soledá, la tristesa, la
falta de tu cariño -único bien que le queda a este desgrasiao- me
van matando lentamente!... Por eso vengo a pedirte que nos vamos lejos, a la
tierra Oriental, donde no nos faltará un alero pa guaresernos, y a
mí, trabajo pa que no pasés necesidades.
|
|
LUCÍA.-
No; yo no le doy esa pena a mama...
|
|
CALANDRIA.-
(Con amargura.)
¡Desí más bien que ya no me querés!...
|
|
LUCÍA.-
(Abrazándolo
desesperada.) ¡Con todita el alma!... Pero, no me pidás
eso... ¡es imposible!
|
|
CALANDRIA.-
(Separándose de sus
brazos.) ¡Adiós, entonces! ¡Pero sabelo: aura mismo
voy a buscar a la partida, y donde la encuentre boleo la pierna, le pego un
lasaso al caballo pa que no me quede ni la esperansa de salvarme, y me hago
descuartisar a puñaladas!...
|
|
LUCÍA.-
(Lo retiene enloquecida y exclama con
un grito de pasión.) ¡Soy tuya hasta la muerte! Vamos.
(Cae desvanecida en brazos de
CALANDRIA, que la estrecha con ternura un
instante.)
(Al mismo tiempo se ve llegar un grupo de
gente con ponchos y
—100→
pañuelos que les cubren la cara; el
que los manda se acerca a la puerta y sintiendo que el matrero está
dentro, exclama con voz de mando.)
|
|
SALDAÑA.-
¡Rodén el rancho, que el pájaro
está adentro!
|
|
CALANDRIA.-
(Con desesperación, alzando
las manos al cielo.) ¡Maldita sea mi estrella!
|
|
LUCÍA.-
(Abre la ventana y le dice con voz
apagada.) ¡Por aquí, Servando, dispará!
|
|
CALANDRIA.-
(Salta a la ventana, se desata un
pañuelo del cuello y se lo alcanza diciéndole.) ¡Mi
vida, pa recuerdo por si muero!
|
|
LUCÍA.-
(Cayendo de rodillas delante de la
Virgen, se cubre el rostro lloroso con el pañuelo y exclama
suplicante.) ¡Virgen bendita, salvalo!
|
Escena I
|
|
SALDAÑA.-
(Con tono de burla.)
¡Al fin cáiste!
|
|
FLORES.-
¡Entreguesé, amigo!
|
|
SILVESTRE.-
Es al ñudo resistirse; venimos bien montaos y no se
miá dir sin que le faje las patas.
(Lo amenaza con las
boleadoras.)
|
|
CALANDRIA.-
(Con el facón en la derecha y
el poncho en la izquierda, atropella a
SILVESTRE.) No cantés vitoria,
que tuavía no me han ganao la partida.
(Le tira un hachazo a la cabeza, que
el otro para con el rebenque.) ¡Atajate ésa!
|
|
FLORES.-
(Lo atropella, diciéndole con
voz de burla.) ¡Aura vas a saber, bandido, quién es
Masacote!
|
|
—102→
|
|
SALDAÑA.-
¡Me la pagaste, matrero!
|
|
CALANDRIA.-
(Reconociéndolos con mucha
sorpresa.) ¡¡Ustedes!!...
|
|
SILVESTRE.-
(Riendo a carcajadas.)
¡Te pitamos, hermano!
|
|
CALANDRIA.-
¿Pero qué es esto?...
|
|
SALDAÑA.-
Yo te lo viá a esplicar, resertor. Pero
aserquemonós al fogón; y vos, Calandria, dame aquel mate que te
mandé sebar en la costa de Gualeguay... ¿Te acordás?
|
|
CALANDRIA.-
(Sonriendo.) ¡Ya lo
creo!
(Se acerca al fogón y
CALANDRIA ceba rápidamente el mate,
para lo cual el fuego debe estar encendido bajo la ramada, y la pava con agua
caliente como se usa en Entre Ríos en donde la leña abunda y los
gruesos tizones están encendidos siempre para tomar mate o churrasquear
en cualquier momento.)
|
|
FLORES.-
(Riendo.) Si cuando la seca
es larga, no hay matrero que no caiga.
|
|
CALANDRIA.-
(Alcanzándole el mate con el
sombrero en la mano.) ¡Sirvasé, mi capitán!
|
|
SALDAÑA.-
(Señalando las presillas de
mayor.) ¡Alsá la prima, recluta!
|
|
CALANDRIA.-
(Se cuadra y le dice
alegre.) ¡Mi mayor... no había reparao!
|
|
—103→
|
|
SALDAÑA.-
Estás disculpao por tu jefe.
(Devolviéndole el
mate.) Y perdonao por el gobierno, también: aí
tenés el indulto.
(Le da un papel.)
|
|
CALANDRIA.-
(Dudando.) ¡Yo
indultao!...
(Examinándolo a la luz del
fogón.) ¡¡Si parece que estoy
soñando!!...
|
|
SILVESTRE.-
¡Y tuavía falta lo mejor!
|
|
FLORES.-
Suelte el rollo, pues, ño Saldaña.
|
|
CALANDRIA.-
¡Sí, mayor, desembuche, por su madresita, que
me está comiendo la curiosidá!...
|
|
SALDAÑA.-
¡Alguna ves había de echar suerte la taba!
Pues un día cayó a mi rancho un pueblero muy ladino
pidiendomé que lo apadrinara con mi gente, que andaba por ser diputao.
Me gustó la pinta del pollo, convidé a los amigos del pago,
juimos a las votasiones y aunque nos quisieron jugar susio los del gobierno,
¡jué pucha!, se las ganamos sin castigar.
|
|
CALANDRIA.-
(Con interés
creciente.) Siga, mayor...
|
|
SALDAÑA.-
Que no se durmió en las pajas el mosito. Al poco
tiempo no más lo hisieron menistro, ai juntó platita y aura
quiere haserse estansiero.
|
|
FLORES.-
¡Es un criollo... ansí! ¡Parejito como
tiento de laso desde la argolla a la presilla! Una ves le fí a llevar
unas sandías
—104→
que le mandaba ño Saldaña, y me
resibió tan lindamente que hasta matiamos juntos; y a la noche me
mandó a los volantines con un cuñao.
|
|
SILVESTRE.-
(Mostrándole un rico
puñal de plata.) Che Servando, fijate en este envenaito con que
me osequió porque le domé un bagual pa su silla; de revés
corta un pelo en el aire, y de punta es capás de bandiar un
ñandubay.
|
|
SALDAÑA.-
Ése es el patrón de la estansia que voy a
poblar como mayordomo... ¿Querés ser mi puestero?... Todos
éstos me acompañan...
|
|
CALANDRIA.-
(Alegre.)
¡Llevemé ni aunque sea pa descascarriar ovejas!... Pero...
¡cómo han podido boliarme tan fieramente!...
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SALDAÑA.-
(Sonriendo.) ¡Bah!,
campiándote en la querensia...
(Señalando a
LUCÍA y la
MADRE que presencian la escena desde la puerta
del rancho.)
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SILVESTRE.-
Sabíamos por Lusía que habías de venir
y dende ayer te estamos bombiando en ese chañaral.
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FLORES.-
(Riendo.) Sí,
pastoriando la vaca el ternero no se va.
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CALANDRIA.-
¡Mayor, a usté le debo tanta
felisidá!
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SALDAÑA.-
No; a Flores, que siempre andaba atrás de mí
pa que me empeñase con el menistro.
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—105→
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CALANDRIA.-
(Abre los brazos para
estrecharlo.) ¡Gracias, viejo gaucho!
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FLORES.-
(Rechazándolo suavemente y
señalando a LUCÍA que con la
MADRE se van acercando al grupo.) A
mí no; a esa mosa que bastantes veces me ha estrujao el corazón
al verla llorar por vos. ¡No sabés lo que vale la prenda!...
(Con reproche
cariñoso.) ¡Y te la ibas a alsar esta noche como a oveja
ajena!
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CALANDRIA.-
¡Qué quiere, ño Flores! ¡La
desesperación me había enloquecido; pero le juro que no le
faltao!...
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Escena
II
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ÑA TRIFONA.-
(Se adelanta y presenta a
LUCÍA de la mano.) Es tuya
Servando.
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FLORES.-
¡Mas enantes tenés que arreglarte con el
flaire, como manda la lay! ¡Ya sabés que dende que murió mi
compadre Damasio, yo saco la cara por su familia!
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CALANDRIA.-
(Separándose de los brazos de
LUCÍA.) ¡Mayor,
usté me vuelve la vida; con qué le pagaré lo que le debo,
si mi corazón no es bastante grande pa enserrarlos a tuitos los que me
han favoresío en la desgrasia!
(Vacila un instante, luego se dirige
al caballo que está en el fondo, lo acerca al grupo poniéndole la
mano en la cruz como para montar, cuando le gritan alarmados.)
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FLORES.-
¡Oh, y este loco está por juir otra ves!
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—106→
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SILVESTRE.-
¡Aparsero!...
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LUCÍA.-
¡Servando!...
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ÑA TRIFONA.-
¿Qué vas haser?...
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CALANDRIA.-
(Como si no los hubiera oído,
desdobla el cojinillo, saca una daga que lleva entre las caronas, la mira un
instante como despidiéndose para siempre de aquella fiel
compañera de tantas aventuras, y sacudiendo la cabeza la clava cimbrando
en el suelo, de un golpe de revés, y exclama con
resolución.) ¡Estoy vencido!...
(Toma el caballo del cabestro y
acercándose a SALDAÑA se lo presenta diciéndole.)
Mayor: después de mi Lucía, ésta es la prenda que
más apreseo; se la ofresco en cambio del parejero con que me le
alsé aquella mañana.
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SILVESTRE.-
(Con entusiasmo.) ¡Y
es un flete soberano!
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FLORES.-
¡Como pa alsar en las ancas a la más linda
pueblera!
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SALDAÑA.-
Lo estrenaré con mi ahijada.
(Señalando a
LUCÍA.) El día del
casorio en la estansia, pa cuya fiesta pienso echar el resto.
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(Todos aplauden y felicitan a la pareja que
está al centro, estrechándose la mano.)
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ÑA TRIFONA.-
(Alegre.) ¡Viva el
padrino!
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TODOS.-
¡Viváaa!
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—107→
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SALDAÑA.-
Gracias. ¡Vivan los novios!
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TODOS.-
¡Viváaa!...
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SILVESTRE.-
¡Que viva Calandria!
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| CALANDRIA.- | | No: | | Ya ese pájaro murió | | | | en la jaula de estos brasos, | | | (A
LUCÍA.) | | pero ha nasido, amigasos, | | | | ¡el criollo trabajador!... | | |
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Buenos Aires, marzo 25 de 1896. |
Escena
I
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Personajes:
RUFINA, negra de 40 años, y
ROSA y
MARÍA, dos muchachas de la
estancia.
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RUFINA, muy atareada,
arreglando las macetas con flores y los asientos para los convidados. Las
muchachas la ayudan en la tarea riendo gozosas.
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RUFINA.-
A ver gurisas si se apuran que aurita nomás empiesan
a cair los convidaos como moscas a la cuajada.
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ROSA.-
(Anudándose una cinta en las
trenzas y alisándose la pollera.) A la fija que va a estar linda
la reunión porque el patroncito sabe agasajar a sus amigos.
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MARÍA.-
(Mirando una sortija de compromiso
que lleva en el dedo del corazón.) Ya lo creo. ¡Qué
fiesta la de la yerra pasada, en que bailamos de sol a sol! ¿Te
acordás? Pero esta vez como
—110→
mi consentido está
ausente
(Mirando la sortija) , de
seguro que via planchar.
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RUFINA.-
(Sentenciosa.)
¿Planchar? ¡Mirala! Decí más bien que le vas a dar
calabazas a tu consentido. Si sos más enganchadora que alfiler pa las
mojarritas.
(Riendo.)
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(Una voz burlona canta entre los
árboles.)
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| [VOZ.-] | | | A los blancos hizo Dios, | | | | a los mulatos San Pedro | | | | y a las negras hizo el diablo | | | | para tizón del infierno. | | |
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| RUFINA.- | |
(Burlona.)
¡Salí payador mentao! Oiga y aprienda esta otra copla.
(Canta.) | | El ser negra no es afrenta | | | | ni es color que quite fama, | | | | el zapato negro luce | | | | en el pie de cualquier dama. | | | Pobre viejo Calisto. No le doy corte y por eso me anda
tirando siempre de la lengua. ¡Hum! Como si fuera manda.
(Riendo a carcajadas.) Bueno,
gurisas. ¿Ya terminaron de arreglar? |
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LAS MUCHACHAS.-
Ya acabamos doña Rufina.
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RUFINA.-
Vamos a empaquetarnos entonces pa la fiesta, que ya siento
por el camino sonidos de guitarra. ¡Cómo va rabiar mi Calisto
cuando le diga que tengo compromiso pa tuitos los bailes!
(Riendo.)
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Escena
II
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El
PATRÓN. Joven pueblero muy elegante, de
bota de charol, pantalón blanco, saco de lustrina negra, tirador con
botones y rastra de plata y un pañuelo celeste de golilla, aparece en el
corredor y dirigiéndose a
RUFINA que se aleja, le dice:
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[PATRÓN.-]
Está todo bien arreglado, Rufina. ¿No
faltará nada?
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RUFINA.-
No, mi patroncito. El patio barrido, colgadas las flores y
encendidos los farolitos, y en el comedor está listo el beberaje.
Sólo faltan los bailarines, pero se me hace que ya vienen llegando.
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(Por el camino se sienten sones de guitarra
y voces alegres de las parejas que llegan.)
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(Mirando en dirección al camino
de donde viene el rumor, exclama con honda emoción:) |
| Van cayendo a la ramada | | |
| en los pingos de mi flor | | |
| los gauchos de tirador | | |
| y espuela destalonada. | | |
| Los de la frente tostada | | |
| por los soles y el pampero, | | |
| los de mirada de acero | | |
| y de palabra serena | | |
| que ocultan ¡guapos! la pena | | |
| con el desdén altanero! | | |
PATRÓN.-
¡Pobres criollos! Tan sufridos, tan leales y
desinteresados. Vienen contentos después de las rudas faenas a revivir
un rato las alegrías de sus sencillas fiestas del pasado, que al fin se
irán como se van extinguiendo ellos sin dejar más que un dulce
recuerdo.