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ArribaAbajo- VIII -

En la pulpería


 

Pulpería de campo con ventana de reja, a la izquierda; delante del cerco, grupo de PAISANOS conversando con el gallego PULPERO, tipo muy acriollado; en las casas, a la derecha, varias mujeres paquetas andan en los arreglos para la fiesta. Al fondo se ven los postes del andarivel donde ha de correrse una carrera. Al caer la tarde.

 

Escena I

EZEQUIEL.-  ¡Voy sinco pesos al rosillo!

SILVESTRE.-    (Medio ebrio, bromeando.)  ¡Pa... vo!

EZEQUIEL.-   (Riendo.)  ¿Pavo?... Tu agüela.

SILVESTRE.-  ¡Pago, hombre! ¿Querés jugar otros sinco? Voy al clinas ruanas del pulpero.

RAYERO.-    (Riendo.)  Ya lo llamaste caballo a ño Ramón.

EZEQUIEL.-  No tengo más plata, cuñao.

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SILVESTRE.-  ¡Por tu hermana, que por la mía no hay cuidao!

EZEQUIEL.-  Salí; ¿quién va remontar esa tarasca?

SILVESTRE.-   (Señalando a una chinita.)  ¿Tarasca?... Mirala, ¡si se te anda caindo la baba por la china!..., pero se me ase que esa lechiguana no es pa tu... trompa!...



Escena II

 

Llegan tres jóvenes ESTUDIANTES montados en un petiso muy flaco.

 

ESTUDIANTES.-  ¡Felises tardes, paisanos!

EZEQUIEL.-  Muy güenas.

VARIOS.-  Apiensé, mosos.

SILVESTRE.-   (Riendo.)  Se compuso el baile... aí train el arpa.

ESTUDIANTE 1º.-    (En el mismo tono.)  ¿Arpa?... ¿No ve que este parejero se ha pasado de compostura?

SILVESTRE.-  ¡De hambre... es lo que está pasao!

PULPERO.-  ¡Ah, condenaus! Ya creiba que nu venían. Dense contra el suelu, muchachus, que allá adentru les tengu encerrau un   —85→   rudeito de vaquillonas que da calor.

 

(Los ESTUDIANTES se bajan.)

 

SILVESTRE.-  ¡Como pa echarles... un pial de volcao y aflojarles tuito el rollo!

ESTUDIANTE 2º.-  Parese que le han llenado el ojo, por las ponderasiones.

SILVESTRE.-  ¿Qué ponderasiones?... Ya les van a ver la pinta... Si han caido unas puebleras con más moñas que una virgen; y de las campiriñas, no le digo nada.

ESTUDIANTE 3º.-  Pues yo me voy a ver las muchachas.  (Se dirige a las casas.) 

PULPERO.-  Buenu; dejensé de meniar taba, y vamus a ver la carrera que ya están haciendo partidas. ¡Eh, muchu oju los rayerus!  

(Se dirigen al fondo y miran hacia el lado donde van a correr la carrera.)

 

EZEQUIEL.-  Meniá los pichicos, rosillito; no me vas a dejar como avestrús contra el cerco.

ESTUDIANTE 1º.-  Va a comer cola, paisano.

SILVESTRE.-  Ya le tengo los sinco en el tirador; si el bayo es como rejusilo.

ESTUDIANTE 2º.-  No fasilite tanto; mire que el rosillo no es petiso barrilero.

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RAYERO.-   (Con entusiasmo.)  ¡Ahijuna! Se vienen pegaitos los costillares y los corredores con los rebenques alsaos, taloniandolós no más... ¡Lindos fletes!

ESTUDIANTE 2º.-  Ahora castigan, y el rosillo parese que hace punta.

EZEQUIEL.-    (Alegre.)  ¡Se viene el rosillo derechito como lista de poncho!

SILVESTRE.-  Sí; en la raya tocame un... triunfo; ya verás la atropellada del bayo.

PULPERO.-  ¡Veinte pesus a que gana!

ESTUDIANTE 1º.-   (Sonriendo.)  Al que gana... ¡Mire qué grasia, don Ramón!

PULPERO.-  No; diju a que gana mi juachito.

ESTUDIANTE 2º.-  ¡Ah! Ése es otro cantar; nosotros también vamos al bayo.

RAYERO.-    (Gritando.)  ¡Ganó el bayo, cortao!  (Cruzan los caballos corriendo.) 

ESTUDIANTE 1º.-  Lo felicito, don Ramón; tiene usté un pingo de mi flor.

PULPERO.-  Me alegru que le haiga justau; está a su disposición.

 

(Entra el CORREDOR en pelos, con vincha, arremangado, y dice:)

 
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CORREDOR.-  ¡Aquí está el ganador!

PULPERO.-  Buenu, amigus; sirvansé de algu, que el gastu está pagu.

 

(Se acercan a la reja y piden copas.)

 

SILVESTRE.-  ¡A mí, un ticholo!



Escena III

 

Un PAISANO con el caballo lujosamente aperado se acerca a la reunión, al tranco.

 

CALANDRIA.-  ¡Güenas tardes, amigos!

TODOS.-  Adiós, amigaso Calandria.

SILVESTRE.-  Aparcero, ¿diánde sale?

CALANDRIA.-  Al olor de los pasteles; nianque no me han convidao.

PULPERO.-    (Alegre.)  ¡Oh, matreru! Bagate y si trais platita te la vamos a pelar al truco.

CALANDRIA.-  Como gustés, galleguito; casualmente vengo medio enrialao, pues el otro día me desplumé a unos chilenos troperos.

PULPERO.-  ¿A la baraja, che?

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CALANDRIA.-  Sí; al monte, al truco y al siete y medio.

PULPERO.-  Entunces te juegu a la taba.

CALANDRIA.-   (Sonriendo.)  Me vas a ganar... ¡Hasde ser muy clavador!

SILVESTRE.-    (Riendo.)  De cabesa, cuando se le espanta el mancarrón.

EZEQUIEL.-  O en las cuentas, cuando agarra a un sonso.

PULPERO.-  Dejensé de chinjoliadas y vayan formando los que tengan platita; porque a la taba nun fío.

CALANDRIA.-   (Bajándose del caballo.)  Alcansen el güeso, amigos.  (Se ponen frente, delante de la raya que hace SILVESTRE; los PAISANOS al costado, haciendo apuestas.)  ¿Querés tirar primero?

PULPERO.-  Tirá no más.

CALANDRIA.-  Vamos dies pesos cada suerte y el que eche c... ontrario paga veinte.

PULPERO.-  Buenu y asigurate el chiripá.  (Tira CALANDRIA y echa suerte.) 

VARIOS.-  ¡Suerte!

EZEQUIEL.-  Ya desembuchó mis sinco.

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PULPERO.-  Nun cacariés jallitu, que aura me tuca a mí.  (Tira y yerra.) 

CALANDRIA.-    (Riendo.)  ¡Cu... así la parás, hermano!

SILVESTRE.-   (En el mismo tono.)  De... los burros, sacan lonjas.  (Tira CALANDRIA y echa suerte.) 

VARIOS.-  ¡Suerte!

EZEQUIEL.-  Ya entró a perder hasta la carrera.

SILVESTRE.-    (Estorbándole el tiro.)  No vas a culanchar, que estoy jugando a tus manos... ¡sucias!

CALANDRIA.-   (Riendo.)  ¡No lo estorben que esa es... suerte!  (Tira RAMÓN y pierde.) 

PULPERO.-    (Riendo.)  ¡Pa vos, condenau!, que te me alsás cun cuarenta latas.  (Le entrega el dinero, entre las bromas de los concurrentes.) 

ESTUDIANTE 1º.-    (Mirando desde el fondo, hacia la izquierda.)  ¡Adiós, diablo! Se nos aguó la fiesta.

SILVESTRE.-  ¿Qué dise, mosito?

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ESTUDIANTE 1º.-  Que por la cuchilla he divisado al guaso de Masacote con dos polisianos, y como Calandria no hade querer encontrarse con él, nos va a faltar esta buena pierna para el baile.

CALANDRIA.-  Si es por eso, la cosa tiene fásil remedio; me escuendo un rato, y en cuanto Masacote le está pegando a la giñebra y a la sin güeso, muento, lo toreo y me aprieto el gorro; y a la noche caigo otra vez, porque él no se va a quedar ni por un queso.  (Riendo.) 

ESTUDIANTE 2º.-  Sí; pero con los soldados tal vez quiera hacerse el guapo, y ellos de vergüenza lo acompañen y tengamos un batuque del demonio.

SILVESTRE.-  ¡No me jo... robe, cuñao, si es más flojo que tiento de oveja!

CALANDRIA.-  Es sierto; en cuanto al sargento Flores, es mi amigo y no me pelea ni aunque lo reyunen, y el pobre soldao se hade de reir de la cosa porque todos lo aborresen a Masacote.

SILVESTRE.-    (Con tono resuelto.)  Del melico yo me encargo; ¡en cuanto quiera encogerse, lo dejo sestiando de un taleraso en medio de las guampas!

CALANDRIA.-  ¡Ah, mi aparsero Silvestre! Si es más servisial que un yesquero.

ESTUDIANTE 2º.-  Entonces escondasé, que ya viene costeando la chacra, cerquita de la tranquera.

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PULPERO.-  Metete con el caballu en el jalpón, que pur ahí nun va nunca ese mamanga.

 

(Vase CALANDRIA.)

 


Escena IV

 

Llegan MAZACOTE, EL SARGENTO FLORES y un SOLDADO.

 

MAZACOTE.-    (Al pulpero con altanería.) ¿Qué tal va la riunión?... ¿No hay algún chupao?... ¿Y estos cajetillas, qué andan hasiendo pa juera?  (Señalando a los estudiantes.) 

PULPERO.-  Culegiales del Uruguay, amigus que vienen a divertirse; como hoy es el santo de mi custilla...

MAZACOTE.-  ¡Hum!... ¡Colegiales!... ¡Buena manga de langosta... pa la fruta pintona!... Farristas y amigos de armar titeo cuando andan en cuadrilla... ¡Pero conmigo no juegan, de miedo a la felpiada!

ESTUDIANTE 1º.-    (Aparte, sonriendo.)  ¡Otra cosa es con guitarra!

MAZACOTE.-  ¿Qué está resongando, che? ¡Hable juerte y sabrá quién es Callejas!

ESTUDIANTE 2º.-    (Sonriendo y con aire humilde.)  Decíamos... que si gustaba servirse de algo...

MAZACOTE.-    (Muy amable.)  ¡Ah!... Lo que ustedes tomen, amiguitos, pa no desairarlos.  (Se baja.) 

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ESTUDIANTE 1º.-  Una ginebra para todos, pulpero.

SARGENTO.-  A mí, con un chorrito de hespeledina.  (Les sirven y beben.)  ¡A su salú mosada!

VARIOS.-  A su salú.

SARGENTO.-    (Mirando a donde están las mujeres.)  ¿Y diánde ha rejuntao, pulpero, este ganao rabón? ¡Sabe que son güenas mosas! ¡Ah, mis tiempos! ¡Cuando me solía dormir escobillando un malambo de sol a sol!...

SILVESTRE.-  ¡Oh! Y si lo desea, ¿por qué no les hase una entradita? Aura no más empiesa el baile.

SARGENTO.-  De ganas se me están desortijando las tabas y me cosquillean los caracuses; ¡pero ya no le quedan más que las posturas a este bichoco viejo! Escarseo al ñudo, Silvestre.

SILVESTRE.-  ¿No quiere que vamos a verlas?

SARGENTO.-  Vamos, amigaso.  (Se van.) 

ESTUDIANTE 1º.-    (Con aire picaresco.)  ¿Qué noticias tiene de Calandria, señor comisario?... ¿No disen que ha caido al pago?

MAZACOTE.-  ¡Mentira! ¡Qué va cair!...

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ESTUDIANTE 2º.-  Pero si la otra noche anduvo gritando entre una manifestación gubernista, en la plaza del Uruguay, cerquita de la jefatura.

MAZACOTE.-  ¡Mentira! Algún mamao que quiso hacerse el diablo y fue a dormir la mona en la tipa.

ESTUDIANTE 1º.-    (Sonriendo.)  Si nosotros lo vimos cuando disparó y a los polisianos que lo seguían de... lejos.

MAZACOTE.-   (Con tono bravucón.)  ¡Como anda bien montao! ¡Pero a mí no me torea porque si lo agarro lo via haser bailar a sintarasos!  (Acariciando el puño de la espada.) 

ESTUDIANTE 2º.-  No fasilite, señor comisario...

MAZACOTE.-  ¡Bah!, si es un flojaso que dispara siempre de la partida; ¿por qué no la pelea ya que es tan toro?...

ESTUDIANTE 1º.-  Porque ésa es su diversión: pifiarla, sorprenderla, desparramarla y huir después para empezar al día siguiente la aventura. ¡Y para este jueguito bárbaro se necesita algo más que un buen parejero!

MAZACOTE.-  ¡Vaya, vaya! ¡Me están pintando ustedes un tigre de lo que no es más que un venao!... Guapo era el Boyero, el tapesito que lo acompañaba; ése sabía boliar el anca y peliar.

ESTUDIANTE 3º.-   (Que llega con SILVESTRE.)  Así lo mataron por confiado: creía que no le entraba la bala.

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SILVESTRE.-    (Con tono despreciativo.)  A cuchillo, contra siete armados de garabina, no es hasaña.

EZEQUIEL.-  ¡Y tuavía le pegaron de atrás!

MAZACOTE.-  Murió en su ley. Ya quisiera ser como el Boyero, ese... espanta viejas... ¡Ja, ja, ja!...



Escena V

 

Aparece con las boleadoras en la mano derecha, el ponchillo en la izquierda y atropella a MAZACOTE diciéndole:

 

CALANDRIA.-  ¿Con que espanto viejas, no?... Y conversadores como vos, también. Traguesé la lengua con esa giñebra y mandesé mudar al pueblo ligerito, a echar balacas.

MAZACOTE.-    (Retrocede tartamudeando.)  ¡Me... mató... el punto; cómo hade... ser!

CALANDRIA.-    (Amenazándole la cabeza con las boleadoras.)  Los yaguaneces es lo que te via matar por compadre.

MAZACOTE.-    (Monta de un salto y al alejarse dice con tono sentencioso.)  ¡Me apretó la batea... pero en el mundo andamos!  (Castiga y dispara.) 

CALANDRIA.-    (Gritándole entre carcajadas.)  ¡Ya que hablás de batea, no dejés de pegarte una buena jabonada en el arroyo antes de entrar al pueblo!

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ESTUDIANTE 1º.-    (Riendo.) Para que las moscas no te coman el... Mazacote.

SILVESTRE.-    (En el mismo tono.)  ¡Che!... ¡Che!... Y comprate un paine pa desenredarte la chasca.

SARGENTO.-    (Saliendo con el SOLDADO.)  ¡Si había sido más flojo que tabaco patria!... Y tener uno que andar arrastrando la charrasca detrás de esta basura...  (Al soldado.)  Muente, compañero, y vamonós a dar lástima a otra parte... Adiosito, mosada, que se diviertan.  (Se van.) 

SILVESTRE.-  Adiós, ño Flores.

CALANDRIA.-  Adiós, viejo sorro.

ESTUDIANTE 1º.-    (Canta con tono burlón.) ¡Puro corte con quebrada!...

ESTUDIANTE 2º.-  ¡Pura porra enaseitada!...

CALANDRIA.-    (Sonriendo.)  Y purita espuma como carne de chajá.

PULPERO.-  Buenu, amigus, me parece que ya es tiempo de hacerles unas entraditas a las empanadas de mi patrona.

SILVESTRE.-  Y que sircule el carlón.

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PULPERO.-  Alcanzará para todos, si nu atropellan.

CALANDRIA.-    (Riendo.)  Veanló al galleguito, compadriando.

SILVESTRE.-    (En el mismo tono.)  Pero no tiene dedos pa guitarrero, ni es pa todos la bota de potro.

PULPERO.-    (Lo empuja suavemente.)  Callate, callate mamadu.

SILVESTRE.-  Mentís, nación; aura no estoy más que medio puntiao; pero en cuanto pestañés, me vas a encontrar con la damajuana prendida como botón!...

PULPERO.-  ¡A cumer! ¡Y después metanlé farra, muchachos, hasta que las velas nu ardan!

 

(Se dirigen a las casas y salen con las muchachas del brazo; los GUITARREROS van delante tocando un pericón.)

 

SILVESTRE.-    (Se acerca a una mujer que ha quedado junto a la puerta; es una china fea y por eso nadie le ha hecho caso; le ofrece el brazo y dice alegremente.)  ¡Comensó la trilla!

ESTUDIANTE 2º.-    (Bromeando.)  ¡Peludo!

EZEQUIEL.-    (En el mismo tono.)  ¡Largá la mona!

SILVESTRE.-    (Tironeando a la china que quiere meterse adentro al ver que los burlan.)  No te encojás, chinonga; si no es pa vos ese aguasero...

 

(Se oyen cohetes adentro.)

 



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ArribaAbajo - IX -

La fuga


 

Interior del rancho de LUCÍA; puerta a la izquierda, ventana al fondo, varios bancos; en un rincón, sobre una mesa, una imagen de la Dolorosa con una vela que la alumbra. LUCÍA está de pie junto a la ventana, escuchando muy triste los rumores del campo; viste de luto riguroso. Noche de luna.

 

Escena I

LUCÍA.-  ¡Si vendrá Servando!... Me escribió que lo aguardara esta noche, que tenía nesesidá de hablarme a solas... ¿Qué le pasará?...  (Vuelve a escuchar un instante.)  Parese que se siente el tranco de un caballo... Sí; aí ha gritao una lechusa junto al chiquero.  (Se oye el silbido de una persona que llega a caballo, al paso.)  ¡Ah! ¡Ésa es la señal!  (Corre a la puerta y la abre; luego, bajando la voz.)  ¡Aquí estoy, Servando!

CALANDRIA.-    (Entrando.)  ¡Mi prenda! ¡Cuánto tiempo sin verte!  (Mira por la rendija de la puerta y apaga la luz.) 

LUCÍA.-    (Temerosa.)  ¿Cómo has podido llegar cuando hay tanta partida rastriandoté?...

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CALANDRIA.-  Jugandolés changüí, como siempre. Ayer a la tardesita, en un boliche de Villaguay sorprendí a los soldados desplumandosé a la baraja. Estaban tan entretenidos que no me sintieron llegar; entonces me refalé al corralón donde tenían los matungos y se los acollaré bien de la cola. Salí, monté y atropellando a la puerta les grité de pronto: «¿Quieren jugar un truco con Calandria?».

LUCÍA.-  ¡Qué loco!

CALANDRIA.-  Por supuesto, se alborotó el avispero; los melicos maniandosé con los sables dispararon al corralón; y lo que montaron pa perseguirme, comensaron a dar güeltas tironiandosé de atrás como ternera que garronean los perros...  (Riendo.)  mientras yo desde la esquina les hacía: «¡Chumalé, chumalé!...». Después gané Montiel al tranquito y en cuanto serró la noche rumbié pa tu rancho.

LUCÍA.-    (Anhelosa.)  ¿Y no te seguirán el rastro?

CALANDRIA.-  ¡Qué esperansas! No son capaces de pegar una galopiada semejante.

LUCÍA.-  Y ¿qué querías desirme?...

CALANDRIA.-  ¡Que vengo a robarte, mi alma!

LUCÍA.-    (Con sorpresa.) ¡Estás loco! ¡Cómo voy a dejar sola a mamita aura que nos falta tata!...

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CALANDRIA.-  Tendrá que conformarse a lo que ya no tiene remedio, y nos perdonará.

LUCÍA.-    (Llorando.)  ¿Por qué me exigís esta nueva prueba?

CALANDRIA.-    (Con pasión.)  Porque ya no puedo aguantar esta vida... porque la soledá, la tristesa, la falta de tu cariño -único bien que le queda a este desgrasiao- me van matando lentamente!... Por eso vengo a pedirte que nos vamos lejos, a la tierra Oriental, donde no nos faltará un alero pa guaresernos, y a mí, trabajo pa que no pasés necesidades.

LUCÍA.-  No; yo no le doy esa pena a mama...

CALANDRIA.-    (Con amargura.)  ¡Desí más bien que ya no me querés!...

LUCÍA.-    (Abrazándolo desesperada.)  ¡Con todita el alma!... Pero, no me pidás eso... ¡es imposible!

CALANDRIA.-    (Separándose de sus brazos.)  ¡Adiós, entonces! ¡Pero sabelo: aura mismo voy a buscar a la partida, y donde la encuentre boleo la pierna, le pego un lasaso al caballo pa que no me quede ni la esperansa de salvarme, y me hago descuartisar a puñaladas!...

LUCÍA.-   (Lo retiene enloquecida y exclama con un grito de pasión.)  ¡Soy tuya hasta la muerte! Vamos.  (Cae desvanecida en brazos de CALANDRIA, que la estrecha con ternura un instante.) 

 

(Al mismo tiempo se ve llegar un grupo de gente con ponchos y   —100→   pañuelos que les cubren la cara; el que los manda se acerca a la puerta y sintiendo que el matrero está dentro, exclama con voz de mando.)

 

SALDAÑA.-  ¡Rodén el rancho, que el pájaro está adentro!

CALANDRIA.-   (Con desesperación, alzando las manos al cielo.)  ¡Maldita sea mi estrella!

LUCÍA.-   (Abre la ventana y le dice con voz apagada.)  ¡Por aquí, Servando, dispará!

CALANDRIA.-    (Salta a la ventana, se desata un pañuelo del cuello y se lo alcanza diciéndole.)  ¡Mi vida, pa recuerdo por si muero!

LUCÍA.-    (Cayendo de rodillas delante de la Virgen, se cubre el rostro lloroso con el pañuelo y exclama suplicante.)  ¡Virgen bendita, salvalo!




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ArribaAbajo- X -

Redención


 

Al costado del rancho de LUCÍA, varios hombres emponchados han rodeado a CALANDRIA y le provocan burlándolo, porque le han quitado el caballo y no puede huir.

 

Escena I

SALDAÑA.-    (Con tono de burla.)  ¡Al fin cáiste!

FLORES.-  ¡Entreguesé, amigo!

SILVESTRE.-  Es al ñudo resistirse; venimos bien montaos y no se miá dir sin que le faje las patas.  (Lo amenaza con las boleadoras.) 

CALANDRIA.-    (Con el facón en la derecha y el poncho en la izquierda, atropella a SILVESTRE.)  No cantés vitoria, que tuavía no me han ganao la partida.  (Le tira un hachazo a la cabeza, que el otro para con el rebenque.)  ¡Atajate ésa!

FLORES.-    (Lo atropella, diciéndole con voz de burla.)  ¡Aura vas a saber, bandido, quién es Masacote!

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SALDAÑA.-  ¡Me la pagaste, matrero!

CALANDRIA.-    (Reconociéndolos con mucha sorpresa.)  ¡¡Ustedes!!...

SILVESTRE.-    (Riendo a carcajadas.)  ¡Te pitamos, hermano!

CALANDRIA.-  ¿Pero qué es esto?...

SALDAÑA.-  Yo te lo viá a esplicar, resertor. Pero aserquemonós al fogón; y vos, Calandria, dame aquel mate que te mandé sebar en la costa de Gualeguay... ¿Te acordás?

CALANDRIA.-    (Sonriendo.) ¡Ya lo creo!  (Se acerca al fogón y CALANDRIA ceba rápidamente el mate, para lo cual el fuego debe estar encendido bajo la ramada, y la pava con agua caliente como se usa en Entre Ríos en donde la leña abunda y los gruesos tizones están encendidos siempre para tomar mate o churrasquear en cualquier momento.) 

FLORES.-    (Riendo.)  Si cuando la seca es larga, no hay matrero que no caiga.

CALANDRIA.-    (Alcanzándole el mate con el sombrero en la mano.)  ¡Sirvasé, mi capitán!

SALDAÑA.-    (Señalando las presillas de mayor.)  ¡Alsá la prima, recluta!

CALANDRIA.-    (Se cuadra y le dice alegre.)  ¡Mi mayor... no había reparao!

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SALDAÑA.-  Estás disculpao por tu jefe.  (Devolviéndole el mate.)  Y perdonao por el gobierno, también: aí tenés el indulto.  (Le da un papel.) 

CALANDRIA.-    (Dudando.)  ¡Yo indultao!...  (Examinándolo a la luz del fogón.)  ¡¡Si parece que estoy soñando!!...

SILVESTRE.-  ¡Y tuavía falta lo mejor!

FLORES.-  Suelte el rollo, pues, ño Saldaña.

CALANDRIA.-  ¡Sí, mayor, desembuche, por su madresita, que me está comiendo la curiosidá!...

SALDAÑA.-  ¡Alguna ves había de echar suerte la taba! Pues un día cayó a mi rancho un pueblero muy ladino pidiendomé que lo apadrinara con mi gente, que andaba por ser diputao. Me gustó la pinta del pollo, convidé a los amigos del pago, juimos a las votasiones y aunque nos quisieron jugar susio los del gobierno, ¡jué pucha!, se las ganamos sin castigar.

CALANDRIA.-    (Con interés creciente.)  Siga, mayor...

SALDAÑA.-  Que no se durmió en las pajas el mosito. Al poco tiempo no más lo hisieron menistro, ai juntó platita y aura quiere haserse estansiero.

FLORES.-  ¡Es un criollo... ansí! ¡Parejito como tiento de laso desde la argolla a la presilla! Una ves le fí a llevar unas sandías   —104→   que le mandaba ño Saldaña, y me resibió tan lindamente que hasta matiamos juntos; y a la noche me mandó a los volantines con un cuñao.

SILVESTRE.-    (Mostrándole un rico puñal de plata.)  Che Servando, fijate en este envenaito con que me osequió porque le domé un bagual pa su silla; de revés corta un pelo en el aire, y de punta es capás de bandiar un ñandubay.

SALDAÑA.-  Ése es el patrón de la estansia que voy a poblar como mayordomo... ¿Querés ser mi puestero?... Todos éstos me acompañan...

CALANDRIA.-    (Alegre.)  ¡Llevemé ni aunque sea pa descascarriar ovejas!... Pero... ¡cómo han podido boliarme tan fieramente!...

SALDAÑA.-   (Sonriendo.)  ¡Bah!, campiándote en la querensia...  (Señalando a LUCÍA y la MADRE que presencian la escena desde la puerta del rancho.) 

SILVESTRE.-  Sabíamos por Lusía que habías de venir y dende ayer te estamos bombiando en ese chañaral.

FLORES.-    (Riendo.)  Sí, pastoriando la vaca el ternero no se va.

CALANDRIA.-  ¡Mayor, a usté le debo tanta felisidá!

SALDAÑA.-  No; a Flores, que siempre andaba atrás de mí pa que me empeñase con el menistro.

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CALANDRIA.-   (Abre los brazos para estrecharlo.)  ¡Gracias, viejo gaucho!

FLORES.-    (Rechazándolo suavemente y señalando a LUCÍA que con la MADRE se van acercando al grupo.)  A mí no; a esa mosa que bastantes veces me ha estrujao el corazón al verla llorar por vos. ¡No sabés lo que vale la prenda!...  (Con reproche cariñoso.)  ¡Y te la ibas a alsar esta noche como a oveja ajena!

CALANDRIA.-  ¡Qué quiere, ño Flores! ¡La desesperación me había enloquecido; pero le juro que no le faltao!...



Escena II

ÑA TRIFONA.-    (Se adelanta y presenta a LUCÍA de la mano.)  Es tuya Servando.

FLORES.-  ¡Mas enantes tenés que arreglarte con el flaire, como manda la lay! ¡Ya sabés que dende que murió mi compadre Damasio, yo saco la cara por su familia!

CALANDRIA.-    (Separándose de los brazos de LUCÍA.)  ¡Mayor, usté me vuelve la vida; con qué le pagaré lo que le debo, si mi corazón no es bastante grande pa enserrarlos a tuitos los que me han favoresío en la desgrasia!  (Vacila un instante, luego se dirige al caballo que está en el fondo, lo acerca al grupo poniéndole la mano en la cruz como para montar, cuando le gritan alarmados.) 

FLORES.-  ¡Oh, y este loco está por juir otra ves!

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SILVESTRE.-  ¡Aparsero!...

LUCÍA.-  ¡Servando!...

ÑA TRIFONA.-  ¿Qué vas haser?...

CALANDRIA.-    (Como si no los hubiera oído, desdobla el cojinillo, saca una daga que lleva entre las caronas, la mira un instante como despidiéndose para siempre de aquella fiel compañera de tantas aventuras, y sacudiendo la cabeza la clava cimbrando en el suelo, de un golpe de revés, y exclama con resolución.)  ¡Estoy vencido!...  (Toma el caballo del cabestro y acercándose a SALDAÑA se lo presenta diciéndole.)  Mayor: después de mi Lucía, ésta es la prenda que más apreseo; se la ofresco en cambio del parejero con que me le alsé aquella mañana.

SILVESTRE.-    (Con entusiasmo.)  ¡Y es un flete soberano!

FLORES.-  ¡Como pa alsar en las ancas a la más linda pueblera!

SALDAÑA.-  Lo estrenaré con mi ahijada.  (Señalando a LUCÍA.)  El día del casorio en la estansia, pa cuya fiesta pienso echar el resto.

 

(Todos aplauden y felicitan a la pareja que está al centro, estrechándose la mano.)

 

ÑA TRIFONA.-    (Alegre.)  ¡Viva el padrino!

TODOS.-  ¡Viváaa!

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SALDAÑA.-  Gracias. ¡Vivan los novios!

TODOS.-  ¡Viváaa!...

SILVESTRE.-  ¡Que viva Calandria!

CALANDRIA.-

No:

Ya ese pájaro murió
en la jaula de estos brasos,

 (A LUCÍA.) 

pero ha nasido, amigasos,
¡el criollo trabajador!...

Buenos Aires, marzo 25 de 1896.






Abajo

Del tiempo viejo

Boceto campestre



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La escena representa el patio de una estancia antigua con plantas y arcos de follaje en el corredor, y en los árboles guirnaldas de flores con farolitos de colores, preparados como para una fiesta. Paisaje de luna clara.

 

Escena I

 

Personajes: RUFINA, negra de 40 años, y ROSA y MARÍA, dos muchachas de la estancia.

 
 

RUFINA, muy atareada, arreglando las macetas con flores y los asientos para los convidados. Las muchachas la ayudan en la tarea riendo gozosas.

 

RUFINA.-  A ver gurisas si se apuran que aurita nomás empiesan a cair los convidaos como moscas a la cuajada.

ROSA.-    (Anudándose una cinta en las trenzas y alisándose la pollera.)  A la fija que va a estar linda la reunión porque el patroncito sabe agasajar a sus amigos.

MARÍA.-    (Mirando una sortija de compromiso que lleva en el dedo del corazón.)  Ya lo creo. ¡Qué fiesta la de la yerra pasada, en que bailamos de sol a sol! ¿Te acordás? Pero esta vez como   —110→   mi consentido está ausente  (Mirando la sortija) , de seguro que via planchar.

RUFINA.-   (Sentenciosa.)  ¿Planchar? ¡Mirala! Decí más bien que le vas a dar calabazas a tu consentido. Si sos más enganchadora que alfiler pa las mojarritas.  (Riendo.) 

 

(Una voz burlona canta entre los árboles.)

 
[VOZ.-]
   A los blancos hizo Dios,
a los mulatos San Pedro
y a las negras hizo el diablo
para tizón del infierno.

RUFINA.-

  (Burlona.)  ¡Salí payador mentao! Oiga y aprienda esta otra copla.  (Canta.) 

El ser negra no es afrenta
ni es color que quite fama,
el zapato negro luce
en el pie de cualquier dama.

Pobre viejo Calisto. No le doy corte y por eso me anda tirando siempre de la lengua. ¡Hum! Como si fuera manda.  (Riendo a carcajadas.)  Bueno, gurisas. ¿Ya terminaron de arreglar?


LAS MUCHACHAS.-  Ya acabamos doña Rufina.

RUFINA.-  Vamos a empaquetarnos entonces pa la fiesta, que ya siento por el camino sonidos de guitarra. ¡Cómo va rabiar mi Calisto cuando le diga que tengo compromiso pa tuitos los bailes!  (Riendo.) 


  —111→  

Escena II

 

El PATRÓN. Joven pueblero muy elegante, de bota de charol, pantalón blanco, saco de lustrina negra, tirador con botones y rastra de plata y un pañuelo celeste de golilla, aparece en el corredor y dirigiéndose a RUFINA que se aleja, le dice:

 

[PATRÓN.-]  Está todo bien arreglado, Rufina. ¿No faltará nada?

RUFINA.-  No, mi patroncito. El patio barrido, colgadas las flores y encendidos los farolitos, y en el comedor está listo el beberaje. Sólo faltan los bailarines, pero se me hace que ya vienen llegando.

 

(Por el camino se sienten sones de guitarra y voces alegres de las parejas que llegan.)

 

  (Mirando en dirección al camino de donde viene el rumor, exclama con honda emoción:) 


Van cayendo a la ramada
en los pingos de mi flor
los gauchos de tirador
y espuela destalonada.
Los de la frente tostada
por los soles y el pampero,
los de mirada de acero
y de palabra serena
que ocultan ¡guapos! la pena
con el desdén altanero!

PATRÓN.-  ¡Pobres criollos! Tan sufridos, tan leales y desinteresados. Vienen contentos después de las rudas faenas a revivir un rato las alegrías de sus sencillas fiestas del pasado, que al fin se irán como se van extinguiendo ellos sin dejar más que un dulce recuerdo.