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Campañas de Salmanasar III

Pilar Rivero

Julián Pelegrín



Durante el reinado Salmanasar III (858-824 a. C.) y mediante campañas anuales los ejércitos asirios llegaron a controlar el valle del Éufrates hasta Babilonia, pero en los territorios occidentales no pudieron vencer a una coalición internacional formada por Damasco, Hamath e Israel, y apoyada por Egipto. La batalla de Qarqar (853 a. C.) supuso un freno a la expansión asiria ya que, a pesar de lo afirmado por la propaganda oficial -según recoge el texto seleccionado-, en los años posteriores los asirios continuaron en sus intentos por controlar esta región.





«En el año de (el epónimo) Daian-Ashur, en el mes Aiaru, el día 14, partí de Nínive. Crucé el Tigris y me aproximé a las ciudades de Giammu, junto al río Balih. Quedaron despavoridos a causa del terror que emana mi posición de señor supremo, así como a causa del esplendor de mis violentas armas, y maté a su señor Giammu con sus propias armas. Entré en las ciudades de Sahlala y Til-sa-Turahi y llevé mis dioses/imágenes a sus palacios. Abrí (su) tesoro, inspeccioné lo que había ocultado; transporté como botín sus posesiones, trasladándo(las) a mi ciudad Ashur. De Sahlala me fui y me acerqué a Kar-Salmanasar. Crucé el Éufrates otra vez durante su crecida en almadías (que flotaban por medio) de pellejos de cabra. (hinchados). En Ina-Ashur-utir-asbat, que las gentes de Hattina llaman Pitru, al otro lado del Éufrates, en el río Sagur, recibí tributo de los reyes del otro lado del Éufrates, esto es, de Sanagara de Karkemish, Kundaspi de Commagene, de Arame, hombre de Gusi, de Lalli de Melitene, de Haiani, hijo de Gabari, de Kalparuda de Hattina (y) de Kalparuda de Gurgum (que consistió en): plata, oro, estaño cobre (o bronce), recipientes de cobre.

Partí de las riberas del Éufrates y me acerqué a Alepo. Ellos (esto es, los habitantes de Alepo) temieron luchar y cogieron mis pies (en sumisión). Recibí plata y oro por tributo suyo y ofrecí sacrificios ante el Adad de Alepo. Partí de Alepo y me aproximé a las dos ciudades de Irhuleni de Hamat. Conquisté las ciudades Adennu, Barga (y) Argana, su residencia real. Transporté de ellas su botín (y) sus posesiones personales.

Incendié sus palacios. Partí de Argana y me aproximé a Karkara. Destruí, derribé e incendié Karkara, su residencia real. Trajo para ayudarle 1.200 carros de guerra, 1.200 jinetes, 20.000 infantes de Adad-idri de Damasco, 700 carros, 700 jinetes, 10.000 infantes de Acab, el Israelita, 500 soldados de Que, 1.000 soldados de Musri, 10 carros, 10.000 soldados de Irqanata, 200 soldados de Matinu-balu de Arwad, 200 soldados de Usanata, 30 carros, 1 [...]000 soldados de Basa, hijo de Ruhubi, de Ammón- (en conjunto) éstos fueron doce reyes. Se levantaron contra mí [en una] batalla decisiva. Luché con ellos con (el apoyo de) las poderosas fuerzas de Ashur, que Ashur, mi señor, me ha dado, y con las fuertes armas que Nergal, mi guía, me ha donado (y) les infligí una derrota entre las ciudades de Karkara y Gilzau. Maté 14.000 soldados suyos con la espada, al caer sobre ellos como Adad cuando envía un aguacero. Esparcí sus cadáveres (por doquier), llenando la llanura con sus diseminados soldados (fugitivos). Durante la batalla hice correr su sangre por el hur-pa-lu del distrito. El llano resultó demasiado pequeño para que (todas) sus almas descendieran (al mundo inferior), el vasto campo se agotó (cuando hubo que) enterrarlos. Con sus cadáveres llegué a uno y otro lado del Orontes antes de que hubiera un puente. Incluso durante la batalla les arrebaté sus carros, sus caballos habituados al yugo».


(Traducción de F. Marco, Narciso Santos, Textos para la Historia del Próximo Oriente Antiguo, Oviedo, 1980, vol. II, pp. 56-57, a partir de la versión inglesa publicada por James B. Pritchard (ed.), Ancient Near East Text Relating to the Old Testament, Princeton, 1955 (2.ª edición), pp. 277-281.)                






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