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Descripción del padre Recio

Tomada del libro: Compendiosa Relación de la Cristiandad en el Reyno de Quito con la precisa breve descripción de sus tierras, Moradores, Usos y Costumbres, lo raro de sus aves, cuadrúpedos, plantas y frutas, lo extraño de sus acaecimientos y muy particularmente las cosas de edificación, aumento de la Santa Fe y culto divino. Todo a honra y gloria de Jesucristo. Dispuesta por un misionero ex-jesuíta venido de aquellas partes, y la dedica al glorioso Santo Tomás, Apóstol de la India. Año 1773, En Gerona.- Tomo I.


Esta Relación se halla inédita en la Real Academia de la Historia. Sin embargo el «Tratado Segundo», lo publicó en la Revista Católica de Cuenca, en el Ecuador, el año 1924, el padre José Félix Heredia, S. J.

El padre Bernardo Recio fue un jesuita español que vivió muchos años en Quito en donde trabajó como gran misionero desde 1749-1766. Tuvo la suerte de acompañar al obispo de Quito, don Juan Nieto Polo del Águila, en su visita pastoral por todo el territorio de su obispado. En 1766, fueron nombrados él y el padre Larraín, procuradores de la provincia jesuítica de Quito y con este cargo pasaron a Roma, en donde les tomó el decreto de expulsión decretado por Carlos III. Su relación la escribió a raíz mismo de la supresión de la Compañía de Jesús por Clemente XIV; por eso la firma como ex jesuita, en 1773.

He aquí los diversos párrafos que en su libro consagra el padre Recio a la iglesia de la Compañía de Quito:

2.º.- La Compañía, aunque sin curatos, con su buen gobierno, tenía una iglesia que parecía un templo de Salomón. Todo una ascua de oro. Cuando yo salí de Quito se acabó el frontispicio de la iglesia con estatuas y columnas de la mayor magnificencia, en que resaltaba brillantemente lucido el nombre de Jesús.



El capítulo IV de la Relación está consagrado exclusivamente a la descripción «De la iglesia y colegio de la Compañía». Transcribimos los párrafos pertinentes a nuestro objeto:

41.- Aunque todas las iglesias de las regulares de Quito son bien singulares, como ya insinué, y sus conventos grandes auxiliares de la sede episcopal, pero merece particular loa y atención dicha iglesia y colegio. Habiendo visto la belleza de nuestras iglesias en Barcelona, Zaragoza, Valladolid, Salamanca, Madrid, Sevilla, aunque noté alguna ventaja, ya en esto, ya en aquello, o por lo grande o por lo alta, o por lo clara; pero realmente el complejo de la de Quito en ninguna otra se halla, a todas excede. Consta de tres naves, con su hermoso crucero y cimborio, todo adornado de altares pero muy lucidos. En el mayor, que junta con gran majestad el mayor esplendor, campea en lucido trono Nuestra Señora del Pilar, a devoción de D. Juan de Clavería, aragonés, su fundador. Fuera de los altares, que en las solemnidades se aparamentan   —76→   con bellas alhajas de plata y reliquias, toda la bóveda, paredes y capillas está dorado todo, mezclados con y por variedad, algunas finas pinturas. Lucen en el hueco de los arcos de las capillas los sagrados profetas de muy selecto pincel. Y aun sobre las cornisas de los arcos se miran grabados de bello relieve, algunos pasos de la Sagrada Escritura, como la historia de Sansón y dos sucesos del patriarca José. Añaden adorno y esplendor hermosos y grandes espejos, colocados a trechos. Entre altar y altar hay hermosos lienzos de los misterios y santos de mayor devoción, con unos marcos y talla dorada, que compite con gallardía con el pincel.

43.- Pudo la Compañía sin curatos y sin tener muchos mayores posesiones, que algunos otros regulares, llevar a tan sublime perfección esta gran casa de Dios, con su buen gobierno y economía logrando así los bellos efectos de la vida común y aplicando a tan piadoso y digno empleo las sobras de sus precisas necesidades. Concurrió también el celo de los Padres Capellanes, ya dedicando a tan santa obra los regalos y saines que allí llaman de los sermones, ya solicitando y recibiendo limosnas de los afectos, que muy liberales mostraban su complacencia en ver lucir con esplendor sobre los altares el obsequio de su devoción.

44.- Después de la casa de Dios, se aplicó todo el cuidado de los Rectores al aumento de la casa de los siervos de Dios, que cierto era verdaderamente regia.