Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
Indice


 

1

Solución radical o extrema a la que se recurre cuando se manifiesta evidente para el que experimenta las vivencias místicas la imposibilidad de una comunicación de las mismas. Incluso, el místico puede considerar al lenguaje como un instrumento capaz de falsear la propia experiencia. San Juan de la Cruz alude a este hecho explícitamente cuando intenta expresar los estados cimeros del proceso místico: «A esta última (bodega) y más interior pocas llegan en esta vida, porque en ella es hecha la unión perfecta con Dios que llaman matrimonio espiritual... Y lo que Dios comunica al alma en esta estrecha junta totalmente es indecible y no se puede decir nada». (Cántico Espiritual, 26, 3). Para otros contextos en los que se alude a la inefabilidad, ver J. Farrés Buisán, «Testimonios de San Juan de la Cruz sobre la inefabilidad», en M.ª Jesús Mancho (Ed.), La espiritualidad española del siglo XVI. Aspectos literarios y lingüísticos, Salamanca, Ed. Universidad y UNED Ávila, 1990, pp. 143-154. «Quand il n'est pas possible d'établir une connexion entre la masse amorphe du réel et celle des moyens d'expression -"trop de choses" et "pas assez de formes", disait Flaubert- on peut chercher refuge dans la fuite qui peut aboutir, dans sa forme extrême, au mutisme, à l'abandon définitif de la parole, par le retrait total» (Pierre van den Heuvel, Parole, mot, silence, París, José Cortí, 1985, p. 84). Este autor ofrece una clasificación del «silencio» desde la teoría lingüística y literaria (Ibídem, pp. 65-85). En concreto, afirma: «Dépassant l'ordre du langage visible, le silence remplace alors ce que la langue ne permet pas d'exprimer et devient une figure spéculative, servant a communiquer l'incommunicable grâce à ce que Genette appelle "la vertu heuristique de la case vide"» (Ibídem, p. 81).

 

2

Esta opción incide en la pretensión de comunicar, no un referente lógico, sino la propia situación psicológica del sujeto partícipe de la experiencia. Lingüísticamente esto se reflejará en el empleo de recursos característicos de la función expresiva, entendida ésta de acuerdo con la conocida formulación de R. Jakobson: «La fonction dite "expressive" ou "émotive", centrée sur le destinateur, vise à une expression directe de l'attitude du sujet à l'égard de ce dont il parle. Elle tend à donner l'impression d'une certaine émotion vraie ou feinte... La couche purement émotive, dans la langue, est présentée par les interjections» (R. Jakobson, «Linguistique et poétique», en Essais de linguistique générale, Paris, Minuit, 1963, p. 214). San Juan de la Cruz, como en otros casos, es consciente de la necesidad de la utilización de estos procedimientos. Así, en el comentario a la 2.ª canción de la Llama, dice: «Siendo, pues, este cauterio tan suave como aquí se ha dado a entender ¿cuán regalada creeremos que estará el alma que de él fuere tocada?; que queriendo ella decir, no lo dice, sino quédase con la estimación en el corazón y con el encarecimiento en la boca por este término ¡oh!» (Llama de amor viva, 2, 5).

En otro contexto perteneciente también a la Llama, san Juan hace una referencia explícita a la utilización de interjecciones, como medio de hacer patente lingüísticamente la emotividad que embarga al hablante o escritor: «Para encarecer el alma el sentimiento y aprecio con que habla en estas cuatro canciones, pone en todas ellas estos términos: ¡Oh! y ¡cuán!, que significan encarecimiento afectuoso; las cuales cada vez que se dicen dan a entender del interior más de lo que se dice por la lengua...; y sirve el ¡oh! para mucho desear y para mucho rogar persuadiendo, y para entrambos efectos usa el alma dél en esta canción, porque en ella encarece e intima el gran deseo, persuadiendo al amor que la desate». (Llama de amor viva, 1, 2).

En esta misma línea incide el Santo al referirse a fórmulas del tipo «balbuceo», «no sé qué» y otras:

«Pero el alma que lo experimenta, como ve que se le queda por entender aquello de que altamente siente, llámalo un no sé qué; porque así como no se entiende, así tampoco se sabe decir; aunque (como he dicho) se sabe sentir. Por esto dice que le quedan las criaturas balbuciendo, porque no lo acaban de dar a entender; que eso quiere decir balbucir, que es el hablar de los niños, que es no acertar a decir y dar a entender qué hay que decir» (San Juan de la Cruz: Cántico Espiritual, 7, 10, O. C., 723).

 

3

Como afirma Baruzi, «L'ineffabilité ne vaut en effet, que si elle ne parachève un effort d'expression puissant et désespéré» (J. Baruzi: Saint Jean de la Croix et le problème de l'expérience mystique, París, Alcan, 1931, p. 623).

 

4

«No basta vivir la experiencia inefable. Esta es la cuestión: no es un místico mudo, sino un escritor» (G. Celaya: «La metapoesía en Gustavo Adolfo Bécquer», en Exploración de la poesía, Barcelona, Seix-Barral, 1971, p. 86).

 

5

Pierre Guiraud, «Pour une sémiologie de l'expression poétique», Actes du VIII Congrès de la Fédération Internationale des Langues et Littératures Modernes, Université de Liège, 1961, p. 127.

 

6

E. Orozco ha puesto de manifiesto la interpenetración estrecha entre la experiencia mística y el desahogo poético: «En el caso, pues, del místico poeta, el trance místico puede llevar muchas veces al trance poético, y en un tránsito inmediato que hace que el alma de su estado de interiorización extrema de la unión pase a otro grado de interiorización del que sale o termina teniendo como punto de reencuentro con el mundo de la realidad la objetivación en la palabra... Como fenómeno expresivo su valor estético dependerá de la capacidad artística del sujeto, de sus dones estéticos y no de sus dones místicos» (E. Orozco, «El goce místico y los dones poéticos», en Poesía y mística, Madrid, Guadarrama, 1959, pp. 68-69).

 

7

R. Herrera. «Conocimiento y metáfora en San Juan de la Cruz», Revista de Espiritualidad, 101, 1966, p. 598.

 

8

C. Cuevas. «El "Cántico" como glosa. Relaciones entre prosa y verso», en Cántico Espiritual. Poesías, Madrid, Alhambra, 1979, pp. 31-32.

 

9

Véase F. Urbina, La persona humana en San Juan de la Cruz, Madrid, Instituto León XIII, 1956. Por su parte, C. P. Thompson distingue tres niveles estilísticos en la prosa del Cántico Espiritual: «Un impulso lírico, en el cual poema y comentario se hallan más próximos; una función interpretativa, que a veces explica las imágenes y a veces las interpreta como parte de la vida espiritual; y el enfoque sistemático en el cual el comentario va más allá del poema y podía haberse escrito por separado» (El poeta y el místico. Un estudio sobre el «Cántico Espiritual» de San Juan de la Cruz, San Lorenzo del Escorial (Madrid), Swan, 1985, p. 163 [Subrayado del autor]).

 

10

C. Cuevas, «Estilo y retórica», en Op. cit., p. 52.

Indice