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51

«A los principios comúnmente no siente este amor, sino la sequedad y vacío que venimos diciendo» (INoche, 11, 2).

 

52

«Porque el Amado no se halla sino solo, afuera, en la soledad, que por eso la Esposa le deseaba hallar solo» (IINoche, 14, 1). «Y así, esto hecho, te hallase yo solo afuera, esto es, fuera de todas las cosas y de mí misma, en soledad y desnudez de espíritu» (CánticoB, 22, 8). Cf. la estrofa 35 del Cántico en que se repite obsesivamente este término: «En soledad vivía/ y en soledad ha puesto ya su nido / y en soledad la guía / a solas su querido / también en soledad de amor herido».

 

53

«En aquel sosiego y silencio de la noche ya dicha... echa de ver el alma una admirable conveniencia y disposición de la Sabiduría en las diferencias de todas sus criaturas y obras» (CánticoA, 14, 25). «Y llama a ésta música callada, porque es inteligencia sosegada y quieta, sin ruido de voces, y así se goza en ella la suavidad de la música y la quietud del silencio» (CánticoA, 14, 25). «Cualquiera cosa de pensamiento o discurso o gusto a que entonces el alma se quiera arrimar la impediría, desquietaría y haría ruido en el profundo silencio que conviene que haya en el alma, según el sentido y el espíritu, para tan profunda y delicada audición» (LlamaA, 3, 34).

 

54

«Para poder entrar en esta oscuridad interior, que es la desnudez espiritual de todas las cosas...» (IISubida, 1, 1). «Estas tres virtudes ponen al alma en oscuridad y vacío de todas las cosas» (IISubida, 6, 1).

 

55

«Por dos cosas es esta divina sabiduría, no sólo noche y tiniebla para el alma, mas también pena y tormento: la primera es por la alteza de la sabiduría divina, que excede el talento del alma, y en esta manera le es tiniebla» (IINoche, 5,2).

 

56

«La fe, que es nube oscura y tenebrosa para el alma..., con su tiniebla alumbra y da luz a la tiniebla del alma» (IISubida, 3, 5).

 

57

«De cuánto bien de luz divina los priva esta ceguera que les causan sus aficiones y apetitos» (ISubida, 8, 6).

 

58

«De la misma manera acaece en la vista del alma» (IISubida, 14, 10).

 

59

«Esta es la causa por qué al principio no siente sino tinieblas y males; mas después de purgada con el conocimiento y sentimiento de ellos, tendrá ojos para que esta luz la muestre los bienes de luz divina» (IINoche, 13, 10); «En decir que miremos a la fe... es decir que nos quedemos a escuras, cerrados los ojos a todas esotras luces» (IISubida, 16, 15).

 

60

«Hay otra más principal causa por qué aquí el alma a escuras va segura, y es de parte de la dicha luz o sabiduría escura, porque de tal manera le absorbe y embebe en sí..., que le ampara y libra de todo lo que no es Dios» (IINoche, 16, 10).

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