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61

«Las cuales puede ver el alma... mediante cierta lumbre sobrenatural derivada de Dios, en la cual puede ver todas las cosas ausentes del cielo y la tierra» (IISubida, 24, 1).

 

62

«Acabadas ya estas tres partes de la Noche..., ya va Dios ilustrando el alma sobrenaturalmente con el rayo de su divina luz (lo cual es el principio de la perfecta unión que se sigue pasada la tercera noche)» (IISubida, 2, 1).

 

63

«El fuego de amor que habemos dicho, que, a manera de el fuego material en el madero, se va prendiendo en el alma en esta noche de contemplación penosa» (IINoche, 11, 1).

 

64

«Se va viendo el alma aficionada e inflamada en amor de Dios, sin saber ni entender cómo y de dónde le nace el tal fino amor; sino que ve crecer tanto en sí (a veces) esta llama en inflamación, que con ansias de amor desea a Dios» (INoche, 11, 1).

 

65

«Esta es una inflamación de amor en el espíritu» (IINoche, 11, 1).

 

66

«Mas el calor y fuerza y temple y pasión de amor o inflamación, como aquí la llama el alma, sólo el amor de Dios que se va uniendo con ella se le pega» (IINoche, 11, 2).

 

67

«Esta sabiduría mística... algunas veces de tal manera absorbe al alma y sume en su abismo secreto, que el alma echa de ver claro que está puesta alejadísima y remotísima de toda criatura» (IINoche, 17 6). «Hasta que el Señor dijo: Fiat lux (Gén. 1, 3), estaban las tinieblas sobre la haz del abismo de la caverna del sentido del alma» (LlamaA, 3, 71).

 

68

«En lo cual parece al alma que todo el universo es un mar de amor en que ella está engolfada, no echando de ver término ni fin donde se acabe ese amor, sintiendo en sí, como habemos dicho, el vivo punto y centro del amor» (LlamaB, 2, 10).

 

69

«Le parece [al alma] que la colocan en una profundísima y anchísima soledad, donde no puede llegar alguna humana criatura, como un inmenso desierto, que por ninguna parte tiene fin, tanto más deleitoso, sabroso y amoroso, cuanto más profundo, ancho y solo» (IINoche, 17, 6).

 

70

La puerta, símbolo ambivalente, en San Juan es utilizado como comienzo de la salida, es decir, del camino espiritual, que seguirá una progresión interiorizadora: «para entrar el alma por esta puerta de Cristo, que es el principio del camino...» (IISubida, 7, 2). «La angosta puerta es esta noche del sentido, del cual se despoja y desnuda el alma para entrar en ella... para caminar después por el camino estrecho, que es la otra noche del espíritu» (IINoche, 11, 4).

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