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ArribaAbajoAnimales viajeros

14 versiones y variantes


Cuentos del 612 al 625


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612. Los animales viajeros

SALTA

Diz que eran unos viajeros que se quedan a dormir en el campo. Estos viajeros eran un gato, un pato, un gallo, y un burro y un carnero.

Diz que había óido el gato que los iban a comer a estos animales. Y diz que 'taba oyendo el gato y li había contau al burro. Y diz que después al pato. Y diz que después al gallo. Y diz que después al carnero.

Diz que han dicho los dueños:

-'Mos criau estos animalitos y no tenimos otro pegadero87, los tenimos que comer. Áura los vamos a comer.

Diz que entonce si han ido de compañeros. Diz que habían llegau a una cumbre y despué diz que habían visto un jueguito bien lejo. Y diz que áhi habían llegau los animales. Y que había juego y cosas para comer. Y ellos si han subíu a los montes, cuando han sentido gente que venían.

Y diz que han venido unos gauchos.

Y diz que a la medianoche muy oscuro han disparau los animales por encima de los hombres. Y el burro les ha pegau patadas, y el carnero los ha topau, y el gato los ha arañau, y ha cantau el gallo y ha clavau la chuza88, y el pato que hacía su ¡cuá!, ¡cuá! y ¡pagrecito!, han disparau los gauchos.

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Y diz que allá lejo han dicho los gauchos que unos gauchos muy malos le han clavau clavos, y les han pegau con martillo, y con macetas. Y que uno avisaba, ya es de día, y otro era más matón que decía:

-¡Dejemelón pa mí! ¡Dejemelón pa mí! -y era el pato.

Y diz que han dejau plata y todo y han disparau.

Pascual Cardoso, 12 años. Las Chacras. Las Víboras. Anta. Salta, 1952.

Muchacho campesino, muy rústico. Tiene vocación de narrador.



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613. El burro, el chancho y el gallo

JUJUY

El burro, el chancho y el gallo, los tres conversaban en el patio. S'iban al chiquero, el burro y el gallo a visitar al chancho.

El chancho le tenía rabia al gallo porque siempre 'taba cantando. Al burro todos los días lo cargaban los dueños. Lo llevaban al campo y lu hacían sacar la leña, lo cargaban con leña.

Entonces, qui un día les dice el chancho:

-¡Ah!, sí, yo soy el más dichoso que todos ustedes, porque yo como di arriba y yo no trabajo.

-No sé -que dice el gallo-. El comer y el dormir, y no trabajar, a dónde vienen a parar.

-Así, a vos también, cuando se le dé la gana a tu amo te va a torcer el cogote y te va echá a l'olla.

-¡Ah!, nu importa, todo eso lo sé. Qui a mí me van echar a l'olla, eso lo sé. Pero primero a vos.

Bueno... Llega un día domingo y dice el dueño a la señora d'él:

-Ahora vamos acarriar leña, vieja, para que matemos al chancho, porque ya 'tá comiendo de más, 'tá muy gordo y puede venir el calor y después se muere de cualquier cosa.

Ahora 'tán acarriando leña en el burro.

-Ya te 'tán haciendo acarriar leña -le dice el chancho.

-¡Ah!, pero vos no sabís la que te espera -le dice el burro.

Y llega el domingo. Y dice el dueño:

-Vayan no más a sacalo al chancho.

-¡Ucha! -dice el chancho-. Pa qué me sacarán.

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-Pa que vaya a pasiar -le dice el gallo-. Vamos a ir a pasiar los tres.

Ya lu iban sacando maniau di adentro al chancho, y le dice el gallo al burro:

-Ahora me toca a mí. Porque cuando ya acaben de comer al chancho me van a comer a mí. La cuestión es que pa que te dejen de cargar a vos como legítimamente a burro, se vamo a mandar mudar. ¡Qué 'tán crendo! ¿No? Porque a mí también me van a comer. Y a vos todo el tiempo ti hacen trabajar y no te dan ni de comer. Vamos a ir a otra parte. Áhi nos van a cuidar a los dos.

Si han mandau a mudar, pues, los dos, el gallo con el burro. A eso de las diez si han ido. Y ya han andado mucho y que dice, el burro:

-¿Adónde vamos a ir?

-Allá, en aquella casa, en aquel palacio del Rey.

El gallo sabía qui áhi vivía un Rey que tenía una hija renga y qui había echau un bando que decía que el que le diga coja a la hija, lo iba a matar, pero si le decía sin que se diera cuenta, lu hacía casar con ella.

Y ya llegaron al palacio y el gallo le dice:

-¿Sabés lo que voy hacer yo? Voy hacer un jardín muy lindo para vendele las flores al Rey, y entonce yo voy a cargar las flores en vos y se las voy a ir a vender.

Y así fue. Y la hija del Rey era renga, coja. Va llegando el gallo:

-¡A las flores!, señor. ¡Vendo flores!

-¡Ah! -dice la Princesa renga igual que yo89-. ¡Qué lindas flores! Venga, venga señor, con las flores. Traiga.

-Sí, aquí hay flores de todas las que a usté le gustan. Entre las flores hermosas, usté escoja, mi reina, escoja.

Y le decía el gallo, coja, y requete coja, y no se daba cuenta la Princesa, claro.

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Y el burro le decía:

-No le digás coja porque te va hacer matar.

Y dice el gallo:

-Yo le digo coja y requete coja, y no me va matar. A mí me van a dar un premio con testigos y todo.

No sabían que era gallo. Y le volvía a decir:

-Entre las flores hermosas, usté escoja, mi reina, escoja.

Ella creía que le decía que escoja, pues. Y era que le decía que era coja, ella. Cuando se dio cuenta el Rey que li ha dicho a la hija:

-¡Ay, juna, grandísima!... -que dice-. ¡Va ver ese tipo que ti ha dicho coja! Ahora vos te tenís que casar con el que ti ha dicho coja -le dijo el tata.

Bueno, porque el Rey había dicho que al primero que le diga coja a la hija había qui hacerlo pillar y matalo.

-Bueno, ti ha dicho más de cuarenta veces coja. Ahora usté se casa con el que li ha dicho coja.

Áhi no más han hecho el casamiento, pues.

Y efectivamente, dueño del palacio s'hizo el gallo. Porque él lo pronosticó así, que tenía que triunfar en la vida.

Él tenía la forma di una persona, porque como los animales hablaban, tenía la potestá de trasfigurarse en lo que ellos querían. Pero él no era gallo, era un joven que 'taba encantado en forma de gallo y que 'taba pronosticado que cualquier día tenían que torcerle el cogote y echarlo a l'olla, pero no fue así. Ya 'taba marcau el tiempo de qu'él s'iba a sacar la piola90. Entonce fue y se casó con la coja. Pero la coja era multimillonaria. Era la hija del Rey.

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Si hicieron el baile, había banquete. Yo cociné, pues, áhi pa que coman los novios.

Así me contaba mi agüelita. Y terminó.

Sixta Castro de Guerrero, 53 años. Tilcara. Jujuy, 1968.

En el cuento se observa la curiosa interpolación de un motivo de cuento maravilloso.



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614. Los animales viajeros

CATAMARCA

Qui había un viejo con una vieja que tenían un carnero, un burro, un gato, un gallo y un pato. Qu'eran muy pobres.

Y un día no tenían qué comer. A la noche le dice el viejo a la vieja que tenían que carniar el gallo. Y el gato, que estaba en las conchanas91 del juego, había óido y se va y les cuenta a todos. Entonce los animales dicen:

-¿Se mandemos a mudar esta noche? ¡Porque te van a matar! -le dice al gallo.

Y se 'bían ido los animales por áhi. Por áhi lo que 'bían ido, 'bían hallao una cabeza de tigre. La 'bían alzao. Y después 'bían hallao otra y la 'bían alzao también, y las 'bían echao en un costal. Y lo 'bían cargao en el burro al costal. Por áhi lejos, los animales se 'bían sentao a descansar, y llega un tigre a ver si qué andaban haciendo. Entonce el gato le dice al gallo:

-Che, sacá una cabeza, le convidemos al amigo.

El gallo saca la cabeza y el gato le dice:

-Sacá otra más grande, ésa no va alcanzar para todos, somos muchos.

El gallo saca la otra y el gato le dice:

-Otra más grande.

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Entonces el tigre le da miedo y dice:

-No se moleste, ya me voy -y se va disparando y les avisa a los otros tigres que hay una gente mala áhi.

Entonce uno de los tigres dice:

-¡Qué van hacer esos pobres!

Y se viene y se enfrenta con el gallo y el gato lo salta y le clava las uñas. Y viene el burro y lo agarra a patadas, y el gallo a chuzazos, el carnero a moquetes, y el pato que daba 'güelta diciendo:

-Dejenmelón pa mí, dejenmelón pa mí.

El tigre se 'bía podido librar milagrosamente y se 'bía disparao, y se 'bía ido a parar en la casa. Y les contó a los otros tigres que 'bían sío muy malos. Y que 'bía un peticito que parecía más malo, y ése decía:

-Dejenmelón pa mí -y menos mal que no me dejaron que sinó no vuelvo.

Después han seguido viaje y se les 'bía hecho de noche. Y 'bían subío a un árbol todos, menos el burro, que 'bía quedao comiendo palos de jarilla. Como a la media noche 'bían venío unos ladrones, y que 'taban abajo 'el árbol con grandes cantidades de plata robada, contando.

Y en eso que el gallo no podía más, le dice al carnero:

-Che, carnero, mi han dao ganas de mear. Echate, te vuá mear las lanitas.

El carnero bárbaro si había echao abajo, y cái al suelo, en medio de los ladrones, y éstos, asustaos, han dicho:

-Que 'tá lloviendo carneros -y se van dejando toda la plata.

Inmediatamente se bajan y lo curan al carnero que si había lastimao un poco, y cargan la plata y se van a la casa del viejo y de la vieja. Llegan al patio y se sacuden y cae la plata a montones. Y quedan ricos los viejitos y corren a comprar de todo.


Y pasó el burro por áhi,
y se dejó un atau de máiz.



Evaristo Guitián, 25 años. Ovejería. Santa María. Catamarca, 1952.

El narrador es pastor en esta meseta situada a 4500 m sobre el nivel del mar.



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615. Los cinco hermanados

LA RIOJA

Eran cinco hombres muy pobres. Vivían como hermanados. Uno tenía un burro, otro un perro, otro un gato, otro un carnero y otro un gallo. Una noche se pusieron a conversar de su pobreza, y discurrir, porque al otro día no tenían qué comer, ni de dónde sacar nada. Entonces, después de un rato de pensar y cavilar, dice uno:

-Yo hi de matar mi burro.

Y dijeron los otros:

-Yo hi de matar mi perro.

-Yo hi de comer mi gato.

-Yo hi de comer mi carnero.

Como el gato y el perro no saben faltar de las orilla de las piedras del juego92, oyeron la conversación y allí no más jueron y le repartieron la voz a todos.

Entonces se quedaron pensando y dijo uno de ellos:

-¿Pórque no los ausentamos mañana?

-¡Claro! -dijeron todos.

-Y cómo 'mos de hacer.

-El gato y el gallo que suban sobre el burro, y seguimos huella.

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-¿Y qué vamos a comer por áhi? No llevamos nada.

-Lo que cace el gato y el perro, le convidan al gallo. Y el carnero y el burro que coman pasto -dijeron.

Bueno... Y van y llegan a una encrucijada donde estaba un camino muy viejo. Estaban pensando y no hallaban por dónde irse, si por el camino viejo o el nuevo, y dice el burro:

-Saben decir que no hay que despreciar lo viejo por lo mozo, ni lo cierto por lo dudoso.

Eran consejos del burro. Bueno y toman por el camino viejo. No habían sabido ir por áhi porque los tigres habían sabido comer toda la gente y llegaron a la primera casa. No se vía más qui una qui otra cabra y oveja. Lo qui habían dejado los tigres, la poca hacienda que quedó.

Dice uno:

-Aquí no más los vamos alojar.

Y dice otro d'ellos:

-Aquí no hay más que güellas de tigre. Aquí los van acabar esta noche.

Y otro dice:

-No los han de hacer nada. Los quedamos.

Se quedaron. Cuando s'entró el sol, venían bramando los tigres. Ya se oía el bramido. Entonces el gallo dice:

-El carnero que se ponga al frente pa que a él lo vea el tigre y entre diretamente a él. Y el burro y el perro, se pongan de cada lado de la puerta para cazarlo de la nuca y no largarlo cuando entre el tigre.

Bueno, ya llegó el tigre más grande y s'entró, pero el burro lo agarró de la nuca, y el perro de una oreja, y claro, abría la boca el tigre, y el gato le arañaba los ojos y la lengua, y el carnero retrocedía y le daba unos botes al tigre y lo hacía quejar. Y los otros no lo largaban. Y el gallo estaba arriba de la muralla y cantaba.

-¡Dejemelón pa mí! ¡Dejemelón pa mí!

Ya le habían dado una paliza enorme al tigre, pero se les escapó y había ganao el campo.

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Éste, en el camino encontró otros tigres y les dice:

-Vuelvansén porque áhi hay unos hombres que parecen muy malos, parecen herreros. Me han agarrau con las tenazas -ése era el burro y el perro- y otro mi ha dau unos combazos en la frente -era el carnero- y si me largan, para ese otro, que pedía me dejen para él, tal vez me matan -era el gallo.

Y así se quedaron los cinco hermanados a vivir porque no volvieron los tigres a vivir áhi.

Y así termina el cuento.

Laureano de la Fuente, 80 años. Piedras. Castro Barros. La Rioja, 1950.

Campesino. Buen narrador.



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616. Los animales viajeros

LA RIOJA

Éste que era un gato, un gallo y un burro, muy viejos los tres y como ya no podían ser útiles para nada, los maltrataban en la casa. Por esto un buen día resolvieron salir a rodar tierra.

Caminaron tanto, tanto, hasta que se les hizo la noche. Habiendo columbrado a lo lejos una lucecita se allegaron y comprobaron que se trataba de una luz que salía de la ventana de una casa. Luego resolvieron mirar por la ventana y ver lo que ocurría adentro. Para esto se puso el burro abajo, el gato encima y el gallo más encima. El gallo vio por la ventana que en el interior había unos ladrones contando dinero. Luego se bajó y les contó lo que había visto. Entonces resolvieron apoderarse de la casa y del dinero de los ladrones a fin de pasar mejor vida. Convinieron en que el gallo se coloque en la ventana, el burro en la puerta y el gato entrara y se colocara en un rincón.

Uno de los ladrones creyó que los ojos del gato eran brasas y quiso prender el cigarro y el gato lo arañó. Al mismo tiempo el gallo cantó.

Cuando sintieron cantar al gallo, creyeron que era la policía y que el sargento les decía:

-¡Traimeló aquí! ¡Tarimeló aquí!

Los ladrones dispararon, se toparon con el burro, quien les daba patadas. A la noche siguiente volvió el jefe de los ladrones a ver si estaba la policía, y le pasó lo mismo que la noche anterior.   —173→   Entonces los ladrones resolvieron abandonar la casa para no volver nunca. Así el burro, el gato y el gallo quedaron de dueños de casa y vivieron muy felices.


Zapato roto,
lleno de porotos,
que mi mamita
me cuente otro.



Josefa Páez, 52 años. Distrito Pueblo. Sarmiento. La Rioja, 1950.

Lugareña semiculta.



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617. Los viajeros

LA RIOJA

Éste qu'era un burro, un carnero, un gato, un chiñi93, un pavo y un gallo que salieron de viaje. Al burro le pusieron unos yoles94. Fueron por áhi. Hallaron una cabeza de tigre, vieja ya. Se agachó el gallo, la alzó y la echó a las árganas. En la noche, hicieron noche muy cerca de la casa de unos tres gauchos.

Bueno... Llegaron, le sacaron las árganas al burro. Hicieron juego porque hacía un frío bárbaro esa noche. Cenaron y después el burro y el chiñi se jueron a andar. El pavo y el gallo se subieron a un arbolito. Y el gato con el carnero se quedaron en la oría del juego. Bueno... que dice uno de los gauchos, el más cobarde:

-Voy a ir a ver qué dicen esos amigos que están áhi.

Se jue. Llega y dice:

-Buenas noches.

-Buenas noches -le contestaron el gato y el carnero.

Le pusieron asiento. Se sentó. Que le dice el carnero al gato:

-Poné esa cabeza de tigre que se ase, pa que le hagamos cariño a este amigo.

Entra la manito el gato a los yoles y saca la cabeza de tigre y dice:

-¿Ésta?

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-No, es' otra más grande.

Cuando dijo esto el carnero, el gaucho se las echó. Llegó sin respiración a la casa y los compañeros le dicen:

-¿Qué te pasa que volvís tan ligero?

-Callensén, parecen que son muy malos. Tienen unos yoles llenos de cabezas de tigre.

-¡Pero, hombre, que sos cobarde! -le dicen.

-Yo me voy a ir -dice otro y se fue.

El gato y el carnero estaban sentaos a la oría del juego. Llega éste y dice:

-Buena noche.

-Buena noche le contestan.

Le pusieron asiento. Se sentó. Áhi no más lo vuelve a mandar el carnero al gato:

-Sacá una cabeza de tigre, asala pa que le hagamos cariño a este mozo.

Mete la manito el gato al yole, la agarra con las uñas y levanta la cabeza y dice:

-¿Ésta?

-No, es'otra más grande.

La baja y la vuelve a levantar.

-¿Ésta?

-No, es' otra más grande, te digo.

Cuando dijo esto el carnero, el gaucho buscó la puerta. Entonces el carnero le alcanzó a dar un bote y lo tiró pal lau de ajuera de la casa. Jue a dar lejos. Llega a la casa y le dicen:

-¿Qué te pasa, hom? ¿Qué te pasa?

-Pucha, qui 'bían síu malos. Tienen los yoles llenos de cabezas de tigre. Ese mozo, poncho blanco, mi ha dau un sopapo que mi ha tirau lejos.

-Pero, que son flojos y cobardes -que les dice el más malo de los gauchos-. Yo me voy ir.

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Y el otro se quedó sobando el golpecito. Se jue. Cuando llegó dijo:

-Buena noche.

El gato estaba cabeciando en la oría del juego y el carnero medio dormido. Y áhi no más lo encararon:

-¡Eya, vieja!

Y lo agarró el carnero; le pegó un bote y lo largó patitas arriba. Y jue el gato y le clavaba las uñas. Y ya vino el burro y lu agarró a mordizcones y patadas. Y ya llegó el chiñi y lo mió bien miado. El tipo que no se podía escapar. El pavo que gritaba: ¡Páu, páu, pacencia! Y el gallo que cantaba: ¡Tengamelón áhi no más!

Por fin se pudo escapar, pero más golpiau que membrillo en árgana.

Y cuando llega le dicen los compañeros:

-¿Cómo ti ha ido, hom? ¿Cómo ti ha ido, hom?

Y él le dice:

-¿No me ven en el estau que vengo? ¡Ta, caramba! ¡Mozos qui habían síu malos! Ve, cuando hi llegau un mozo poncho blanco mi ha dau un sopapo y mi ha voltiau. Y ha veníu un mozo poncho amarillo, con alesnas y me picaba por todas partes. Agora, un mozo poncho plomo qui ha traido un martillo y tenazas y miren cómo mi ha dejau, todo machucau. Después un mocito poncho overo a listas, traiba una loción que mi ha echau que casi m'hi muerto de la fragancia -era el chiñi-. Otro mozo poncho cari, ése parecía más bueno, ése les gritaba: ¡pacencia! Pero, otro mozo poncho colorau, ése parecía que era el más malo, gritaba: Que me lo tengan áhi no más.

Entonce que dicen:

-¡Lo que es yo, no me quedo más aquí! ¡Ni yo tampoco!

Ninguno se quiso quedar. Esas mismas horas, tomaron las de Villadiego. Cuando jueron pasando por frente donde estaban los viajeros, que canta el gallo, y que dice el gaucho golpiau:

-¡Oh, ése es el que decía que me tengan!

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Áhi no más le apretaron los talones a los chuzos. ¿Estas horas dónde irán?


Salté por un zapato roto,
que unté me cuente otro.



José G. Roldán, 59 años. Tasquín. Vélez Sarsfield. La Rioja, 1950.

Ganadero. Buen narrador.



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618. Los animales que salen a rodar tierra

MENDOZA

Que era un matrimonio que tenían un gallo, un gato y un burro. Resulta que esperaban visitas. Y el gato oía la conversación de los dueños de casa que decían que para hacerle una cazuela a las visitas iban a matar el gallo. Bueno... Y resulta que el gato le avisó al gallo lo que había oído. Y resuelven mandarse a cambiar y le comunican esto al burro. Así resuelven tarde la noche ir a la despensa y cargan unas árganas con toda clase de provisiones. Y muy temprano emprenden viaje. Ya iban el gato, el gallo y el burro. Más allá se encuentran con un pato y les dice:

-¿Dónde van ustedes?

-Vamos a rodar tierra.

-¿Por qué no me llevan?

-Si querís nos podís acompañar.

-Bueno -dice, y sigue con ellos.

Carga el burro y sube el gallo, el gato y el pato. Y emprenden viaje. Al poco trecho se encuentran con un carnero. Y lo invitan también a rodar tierra. Y se va con ellos. Al poco andar se encuentran con un chiñe95, que también los acompaña. Habían andado mucho y se les hace la noche. Se quedan a dormir en un bosque. Eligen un lindo lugar. Había sido áhi la guarida de varios liones. Hacen fuego, preparan la comida, comen, y cada uno se va a dormir. El gallo se trepa a un árbol,   —179→   y cada uno de los otros animales se buscan un lugar bien seguro. Y se duermen.

Tarde la noche llega uno de los liones. El primero en despertar fue el chiñe. Y le orinó la vista al lión. Éste quedó ciego de dolor y no pudo defenderse. Imediatamente se despierta el gato y lo rajuña por todo el cuerpo al lión. El burro empezó las patadas y el carnero a toparlo con todas sus fuerzas. El gallo decía di arriba 'el árbol. ¡Cococó, cocó! ¡Cococó, cocó! Al lión le parecía que decía: ¡Dejenmelón a mí! ¡Dejenmelón a mí! Y el pato andaba de un lado para otro con su grito: ¡Pah, pah! ¡Pah, pah!

El lión maltrecho huyó y se juntó con los compañeros y les contó todo lo que había pasado. Y les dice:

-Huyamos, porque nos han invadido nuestra casa. Y es gente muy mala la que está. Hay uno viejo que tira agua caliente a la vista y quema muy mucho. Otro con un cuchillo muy agudo me lastimaba. Otro, grande que parece boxeador, me daba golpes muy fuertes. Otro me dio muy muchos golpes. Pero al que tenía mucho miedo era al que estaba arriba del árbol y parecía decir: ¡Dejenmelón a mí! ¡Dejenmelón a mí! Y al que li agradezco mucho es a un señor petizo que parece el jefe de todos y que decía: ¡Paz! ¡Paz! ¡Paz! ¡Paz!

Los liones se fueron lejos, disparando de miedo, y no volvieron más a la guarida. Y así se salvaron los viajeros.

Alberto Acevedo, 46 años. Rivadavia. Mendoza, 1951.

Trabaja en las bodegas de la región. Buen narrador.



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619. El gallo, el pato y el gato

MENDOZA

Salieron a rodar tierra un gallo, un pato y un gato. Y toman los campos y encontraron una vivienda sola. Y se posesionaron allí. Pero esa vivienda había sido de dos tigres y un burro. Ya vienen los dueños. En eso que ven que hay gente en la vivienda de ellos, no llegaron, estuvieron en parlamento.

-¿Qué será? ¿Qué gente será?

Dispusieron los tigres que juese el burro por tener los pasos más lentos. Di allá la otra gente ya los estaba vichando96 también. Entonces se prepararon. Dispusieron que el gato se iba a poner encima de la puerta con el oujeto, cuando entrara, l'iba abrochar los ojos con las uñas. Y así lo hizo. Entonce el gallo se subió encima del lomo del burro y le comenzó a dar con las espuelas. El pato que no tenía defensa ninguna, andaba asustado, los ijaridos, y decía:

-¡Cuá, cuá! ¡Cuá, cuá!

El gallo lo había espoliau al burro. Le había sacau el lomo listimandoló a chuzazos con las púas desde la cola hasta las orejas. Que era una sola sangre no más lo que lo había lastimau. Después de un largo rato, le aflojó las uñas de los ojos el gato, y el burro se las echó, se las espiantó97. Llegó ande estaban los tigres y los pasó no más, con el dolor que llevaba. Entonce los   —181→   tigres lu alcanzaron deseosos de saber qué gente era la que había en la posesión de ellos. Bueno... Entonce les dice el burro:

-¡Es una gente malísima! Cuando yo quise entrar, en ese momento, un joven me cosió los ojos, que parece un zapatero, sí, pues. Luego otro joven que parece ser domador, se subió en mi lomo y me comenzó a dar con las espuelas. Y si no es por un joven petizo que andaba ahí, que le decía: ¡Basta! ¡Basta!, me matan.

Los tigres no quisieron saber nada de la casa y se mandaron a cambiar y no volvieron más.

Ramón Tapia Ponce, 71 años. Rivadavia. Mendoza, 1951.

Trabaja en los viñedos de la región. Buen narrador. Variante del cuento tradicional.



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620. Los animales domésticos que salen a rodar tierra

MENDOZA

Eran animales de una casa de familia y 'taban aburridos porque los trataban mal. Dispusieron irse lejos. Dice el gato al pato:

-Che, vamolós a rodar tierra. Vamos a invitar a los otros compañeros. Vamos a invitar al burro, le pegan todos los días, le dan palos, azotes, y no le dan casi qué comer.

El burro se va con los amigos. Pasan a otra casa de familia. Lo invitan a un gallo que 'taba todo arruinau. Y van cuatro. Van a otra casa ande había un cordero criau guacho98, que ya 'taba hecho un carnero. Se hizo la reunión de los estropiaus. Se van al campo. El gato y el pato le dicen al burro:

-Vos vas a ser el carguero. Vas a llevar todo. Los vamos a juntar esta noche.

Se juntaron esa noche y lo cargaron al burro con provisiones. Y ya van con rumbo al campo. Iban por el campo y por áhi pegaban unos gritos. El gallo cantaba y balaba el carnero. Y le dicen al burro:

-Sería bueno que vos pegués un grito.

Por allá se encuentran con el lión y el tigre. Y los invitan. Se juntan y se van. Estos animales tenían unas cabezas de otros   —183→   tigres y liones qui habían muerto y las llevan. Cuando anduvieron un tiempo devisaron unas casas. Era ya muy de noche.

-Vamos a llegar a una familia que son bastantes malos -dice uno.

Llegan y se van rumbo a las casas onde había tres gigantes. Y se adelanta el gato. Y llega el gato. Saluda y dice si le pueden dar una mesa, un poco larga para comer, que son unos cuantos pasajeros qui andan de paso.

Uno de los gigantes le dice al pión que tenían:

-Facilitales una mesa.

Llega el burro a la mesa y saca de las cargas las cabezas de tigre y de lión que llevaban. Entonces dice:

-Éste es el fiambre que traimos.

Les dio miedo a los gigantes esta gente que parecían cazadores de tigres y liones. Y en l'oscuridá óiban el aullido del gato y la voz del gallo y del pato y no sabían quénes eran.

El gato les dice a los gigantes si les pueden dar posada esa noche para él y sus acompañantes. Y les pide una proporción99 para hacer fuego. El gigante que los atendía se negó. Entonce se quedaron en un corral viejo. Más tarde el gato va a dar una vuelta por la casa y dice:

-El chalé de los gigantes los tiene que quedar para nosotros. Se lo vamos a quitar. Los vamos a ganar a la cocina.

Y se fueron a la cocina el gato y el gallo.

-Yo me voy a enterrar en la ceniza de la cocina. Y vos te ponís encima de la puerta de la cocina -le dice al gallo-. Y vos te ganás en la represa100 -le dice al pato-. Que el carnero se quede por áhi, ajuera, y que el burro s'eche también por áhi cerquita.

El tigre y el lión se quedaban a la guardia, ande no los vieran, junto a las casas.

Como a las once de la noche, el pión quiso fumar. Era muy vicioso y no tenía fóforos. Se viene a la cocina a encender el   —184→   cigarro. Y ve las lucecitas de los ojos del gato y cre que es juego. Y dice:

-¡Ve, qué bien, hay juego!

Y al ir a encender el cigarro lu agarra el gato con las uñas y los rasguña101 por todos lados. Y se le descuelga el gallo y lo espuelia con toda la furia. Y si allega el carnero y le da topetazos. Y se levanta el burro y le da un gran mordiscón. Y el pato venía gritando pero nu alcanzó a llegar.

El pión gritaba y manotiaba, hasta qui al fin pudo escapar, y jue a darles parte a los gigantes de lo que li había pasado. Y les dice:

-Uno parece sastre, pincha con una punta de áujas como si cosiera. El otro señor parece domador, tiene espuelas y saca los pedazos a espuelazos. El otro parece carpintero, pega tan fuerte como si pegara con el combo. El otro señor que llevaba las alforjas -que era el burro- parece herrero, lleva unas tenazas muy grandes y mi había agarrau de las espaldas que casi me revienta. Ahora, el último que venía, un señor petizo, que no alcanzó a llegar, que decía: ¡Dejenmelón! ¡Dejenmelón! ¡Dejenmelón!, ése debe ser el más peligroso.

Ese último era el pato.

Los gigantes tuvieron miedo de esta gente tan mala y no quisieron peliar. Así es que los gigantes les dejaron la casa y se jueron calladitos. El tigre y el lión 'taban de más también y se despidieron. Y los animales que salieron a rodar tierra se hicieron dueños de la casa y todavía 'tarán viviendo áhi.

Máximo Reyes, 68 años. Las Cuevas. Tupungato. Mendoza, 1951.

Muy buen narrador.



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621. Los animales viajeros

SAN LUIS

Había una vez un burro que ya 'taba muy achacoso y no podía trabajar. El dueño lo echó de la casa y él agarró para el monte, para morirse por áhi. En lo que iba, encontró en el camino un perro, que 'taba muy triste, porque el dueño lo echaba, porque ya 'taba muy viejo y no servía para nada. Los dos se contaron las penas y resolvieron seguir juntos. Siguieron camino y al poco andar encontraron una casa y si allegaron. Se han encontrau con un gato y se pusieron a conversar. Había un gallo en la casa que 'taba dele cantar. Entonce el gato les contó que el gallo 'taba cantando porque se 'taba despidiendo, porque habían resuelto irse de viaje. Le preguntaron que porque s'iban y el gato les dijo que como era el día de la dueña de casa él había oído decir que lo iban a carniar al gallo, y que como eran muy amigos, li había aconsejado que salieran los dos de viaje para salvarse. Entonce le dijieron que podían ir juntos porque ellos iban tamién de viaje. Entonce el gato le dijo al gallo y salieron todos juntos.

Cuando ya habían andado mucho, encontraron una casa sola. Si asomaron y vieron que 'taba servida la mesa, pero no encontraban a nadies. Como ya se 'taba haciendo de noche y sintieron que venía gente, se escondieron unos en una parte y otros en otra. En eso entraron unos gauchos asaltantes que venían con una gran carga de plata. La pusieron en el suelo a la plata, en un poncho. Áhi 'taban ya por repartirse, cuando todos los animales a un tiempo golpearon con las patas y las alas y gritaron. Como hicieron un ruido tan grande, los ladrones   —186→   salieron disparando creyendo que era una cosa del otro mundo. Por allá lejos se juntaron a conversar qué sería eso. Entonce resolvieron volver. Ya si había hecho una noche muy oscura. Uno entró a la cocina y vio dos cosas brillantes como brasas, creyó que eran brasas y fue a encender el cigarro y el gato lo saltó y lo rajuñó, y el hombre disparó. Otro si arrimó ande 'taba el perro, y el perro lo mordió y disparó. Otro se llevó por delante el burro, el burro lo agarró a patadas, y disparó. Otro si allegó al gallo y el gallo se le fue encima y lo picó y lo espuelió, y el hombre disparó. Así dispararon todos. Ya lejos se juntaron y empezaron a decir que qué gente mala y fuerzuda era la que si había acomodado en la casa:

-A mí me tajió uno con cuchillos -era el gato.

-A mí me pegó otro con un martillo muy grande -era el burro.

-A mí me molió otro con unas tenazas con clavos -era el perro.

-A mí me chució otro con unos puñales muy puntudos -era el gallo.

Y ya se fueron y no volvieron más.

Los animales que salieron de viaje quedaron ricos y dueños de una fortuna.

Gabriela Romero, 64 años. El Sauce. Chacabuco. San Luis, 1950.

Campesina. Buena narradora.



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622. El burro, el gato, el pato, el gallo y el mono

Los animales viajeros


CORRIENTES

Esto animale se habían ido de la casa porque habían oído que lo iba a comer a uno y a otro lo trataba mal.

Caminaron todo el día en un campo grande. Y depué, a la noche, llegaron en un rondadero102. Se fue en ese rondadero, en casa de uno tigre muy malo. No 'taba lo tigre y ello se quedó no má.

El burro que era el capatá. Lo otro era peone. Y dijo el burro:

-Yo voy a dormir en esta portada porque soy delicado de mosquito.

Y dijo el pato:

-Yo voy a dormir cerca de esta laguna porque toda la noche voy a tomá agua.

Dice el gato:

-Yo voy a dormir al lado de este fuego porque voy a tener frío toda la noche.

Y dice el mono:

-Yo voy a dormir en esta ramada porque voy a jumar103 toda la noche.

  —188→  

Dice el gallo:

-Yo voy a dormir encima de esta casa porque voy a cantar toda la noche.

Y a la media noche, muy oscuro, vino lo tigre. Y lo tigre se acomodó cerca del fuego y no vio lo otro animale.

Y depué se apagó un poco el cigarro del mono y se jue a encendé más en el fuego. Y vio una brasita. Él creía que era una brasita y era el ojo de un tigre. Y arrimó el cigarro por él. Y lo quemó al tigre, y el tigre pegó un grito y echó a dispará. Y lo otro tigre se enojó y el gato saltó y le rajuñó. Y el burro le pateó. Y cantó el gallo: ¡Tococoroó! y el pato decía: ¡Jo!, ¡jo!, ¡jo!...

Y ya se fue lejo y ello decía que era gauchillo104 eso que 'taban en la casa, y dijo uno:

-¡Aay, che rapî! (¡Aay, me ha quemado!)

-¡Aay, che machete'á! (¡Aay, me ha machetado!)

-¡Aay, che garrote'á! (¡Aay, me ha garroteado!)

Y dice que uno que 'taba arriba de la casa, llamaba a todo lo gauchillo para peliá. Y ése era el gallo. Que el má malo era ése que le quería matá y decía:

-¡Mamó pa ra'é ojhó! ¡Mamó pa ra'é ojhó! (¡Hacia dónde se fue! ¡Hacia dónde se fue!) -ése era el pato.

Y ello 'taba contento, que se salvó la vida.

Y así quedó dueño de la casa lo animale amigo que salió de viaje.

Antonio Rodríguez, 12 años. Arroyo Balmaceda. Loreto. Corrientes, 1959.

Niño que concurre a la escuela del lugar. Muy buen narrador.



  —189→  
623. Los animales domésticos y el tigre

CORRIENTES

Una señora vieja, que tenía una hija que tenía cuatro animales, que era un cabro, un gato, un gallo y un pato.

La muchacha todos los días salía en busca de trabajo y a la vuelta traía diferentes cosas para comer. Le decía a la madre:

-Guardá un poco, mamá, para mañana.

Pero la madre no quería atender a la hija. Comía todo. Si era cosa de comer decía:

-¡Vamo a comé!

Si es yerba decía:

-¡Vamo a tomá mate!

Un día dijo:

-Hoy vamo a comé todo. Mañana hemos de matá tu gallo.

-Pero, tiene, mamá, que aprendé a guardá -dice la muchacha.

Despué la muchacha le dice al gallo:

-Andate, mi hijo, en el monte, porque tu agüela te amenaza con matate mañana.

Se levanta la vieja y le dice a la muchacha:

-Vamo a matá tu gallo.

Se levanta la muchacha y va en busca del gallo. No lo encuentra y le dice a la vieja:

-¿No ve, mamá?, Dios nos castiga. Se perdió el gallo porque le amenazó al animalito.

  —190→  

Entonce la madre le dice:

-Andate a buscá trabajo, entonce.

Se va la muchacha. Todo el santo día trabaja sin tener descanso. Viene por la noche recién y trae de todo a la vieja, y le dice:

-Guarde un poco, mamá, para mañana.

La vieja le dice:

-Vamo a tomá mate y a comé, que mañana hemo de comé tu pato.

Se levanta la pobre muchacha a la noche y le dice al pato:

-Andate, hijo, a onde 'tá tu hermano, que tu agüela amenaza matate.

Temprano se levanta la vieja y le dice:

-Andá matá tu pato.

Se hace la muchacha que no sabe nada. Lo busca y no lo encuentra. Entonce le dice:

-¿No ve, mamá? Todos los animalitos se van a dir por culpa suya, porque usté lo amenaza.

Entonce ella le dice:

-Güeno, andate a trabajá, entonce.

-Güeno, mamá -le dice.

Todo el día trabaja la pobre muchacha. A la noche le trae de diferente cosa para comé. Le dice:

-Acá le traigo, mamá. Pero no coma todo. Dejamo un poco para mañana.

-Comemo todo, no dejamo nada, que mañana comeremo tu cabro.

La muchacha va y le dice a la noche al cabro:

-Andate, mi hijo, a onde 'tan tus hermanos, que tu agüela te amenaza matate.

Se levanta temprano la vieja y le dice:

-Andá traé tu cabro.

  —191→  

Se fue la muchacha a buscá el cabro. Viene y le dice:

-¡Pero, mamá!, por culpa suya se me van mi animalito. Entonce la vieja le dice:

-Güeno, andate a trabajá, entonce.

Al otro día sale a trabajá la pobre muchacha. A la noche le trae para comé y le dice:

-¡Pero no coma todo, mamá! Deje un poco para mañana, que yo estoy cansada de trabajá.

La vieja le dice:

-¡Qué mañana, ni qué nada! ¡Mañana comeremo tu gato!

La pobre muchacha se levanta a la noche y le dice al gato:

-Andate, mi hijo a onde 'tán tus hermanos, que tu agüela te va a matá.

Al otro día se levanta temprano la vieja y le dice:

-Andá traé tu gato.

La muchacha sale a buscá el gato. Viene y le dice a la vieja:

-¿No ve, mamá, que por usté me quedé sin ninguno de mis animalitos?

Se jueron por fin los cuatro animalito. Se encontraron en un tapera. Se hicieron gauchillos los cuatro. Se jueron a onde era la posada de dos tigres.

Llegó la noche. Dijo el gallo:

-Yo voy a dormí allá arriba, en aquella ramada, porque muy pronto, temprano, suelo cantar.

Dice el pato:

-Yo voy a dormí cerca de esa laguna porque pronto me suelo bañar.

Dice el gato:

-Yo voy a dormí cerca del juego, porque pronto me suelo calentar.

  —192→  

Dice el cabro:

Yo voy a dormí en aquel chiquero porque pronto suelo estar de cuerpo.

Por la noche se arrimaron los dos tigres. El gato estaba durmiendo cerca del juego. Los tigres empezaron a soplar el juego queriendo distinguí éste que estaba ahí, durmiendo. En una de ésas se despertó el gato, y en la oscuridá le pegó por la cara al tigre, le hacheó105 con la uña. Y disparó el tigre y le dice al otro tigre:

-Vamo, compañero, porque acá hay gauchillos. Uno me cortó en la cara.

Al pasar por abajo de la ramada cantó el gallo. Más juerte dispararon. Pasaron por cerca del chiquero. Salió el cabro. Le atracó un bote y patadas. Más juerte dispararon. Pasaron por cerca de la laguna, y el pato dijo: ¡cuá!, ¡cuá!, ¡cuá!, y ellos oyeron que decía:

-¡Acá se va! ¡Acá se va! ¡Acá se vá!

Salieron disparando los tigres; más fuerte se ían106.

Al otro día el señor cabro salió en busca de hojas para comer y se encontró con una osamenta de tigre. Y se le ocurrió ensartar por l'asta y la trajo a la tapera. Y vinieron los tigres a la tarde siguiente y encontraron ahí el cadáver del otro tigre. Ellos creyeron que eran los gauchillos que estaban ahí, que lo mataron al tigre. Entonce salieron disparando de miedo. Creyeron que eran los gauchillos que fundieron al tigre y que los ían a fundir a ello también. Y se quedaron dueño de la casa lo animalito.

Bernardina Fernández, 71 años. Villa Pellegrini. Iberá. San Martín. Corrientes, 1952.

Campesina rústica. Muy buena narradora.



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624. Los animales viajeros

LA PAMPA

Un chacarero tenía un chancho engordando en un chiquero. Y tenía un burro que trabajaba todo el día, haciendoló trair leña. Y también un gato, un gallo, un pavo y un pato.

El chancho 'taba sin trabajar y comiendo todo el día. Cada vez que pasaba al lado del chiquero el burro, se reía y le decía:

-Pero, compadre, parece que a usté lo hacen trabajar, y yo tengo la vida de regalón.

Entonce el burro le decía:

-¡Ah!, eso de comer y no trabajar, en algo viene a parar.

Entonce, sucedió un día que todos los de la casa fueron a ver al chancho. Y entonce el hombre le dijo a la mujer que fuera a preparar los tachos107 con agua caliente para carniar al chancho. Y el chancho sintió todo. Y en la noche, aprovechó la noche para romper el chiquero y irse al monte.

Entonces vino la casualidá que al burro le habían encajado una paliza, y resolvió también mandarse a mudar.

Esa noche, mientra preparaban los cuchillos y los tachos con agua caliente, oyen los otros animales la conversación de que 'taban por matar el chancho. Y ellos vieron que lo mismo les iba a pasar a ellos, y también resolvieron irse. Bueno...   —194→   y se fueron en la noche. Y luego en la madrugada se juntaron en el monte108. Y el burro le pregunta al chancho:

-¿Qué le pasa, compadre?

-Y -dice el chancho-, parece que me iban a carniar hoy, y me disparé a tiempo.

-¿No le decía, compadre, que eso de comer y no trabajar en algo viene a parar? -le dice el burro.

-¿Y usté, compadre?

-A mí me dieron una paliza que me han lastimado por todas partes, y no me quise quedar más.

Y también los otros animales dijeron que habían sentido109 que lo iban a comer al chancho, y que eso mismo les iba a pasar a ellos, y resolvieron irse.

Todos los animales hicieron una compañía para salir todos juntos. Y siguieron camino en el monte. Hasta que por ahí llegó la noche. Iban la bulla conversando en el monte. Y ellos tenían miedo a los tigres. Y entonces dicen cómo van hacer para correr a los enemigos. Entonce cada uno tiene su parte para hacer ver que eran muy malos.

Y siguieron. Y ya llegaron a un lugar donde había tigres cerca. Y el gallo subió a un árbol y empezó a cantar arriba y a gritar como valiente. El gato agarró y empezó a rajuñar110 los árboles, con toda su fuerza. El burro rebuznaba y pegaba patadas por todos lados. El chancho se revolcaba y gruñía. El pavo gritaba y iba di un lado para otro.

Entonce esta bulla y ruido se oía de donde 'taban los tigres. Y el tigre más viejo lo manda al zorro que era su sobrino que viera qué gente estaba ahí y qué hacía.

-Te voy a mandar a ver quiénes son ésos -le dice el tigre.

-Bueno -dice el zorro.

Y agarró el zorro y fue despacito al ruido de la bulla. Y llegó entre los pastos despacito. Y vio el zorro todo lo que hacían estos viajero y estaba muy sorprendido de verlos que parecían   —195→   tan malos. Y en eso lo vieron al zorro y lo sacaron corriendo, que ya lo mataban. Y el zorro pegó unos saltos y hizo unas cuantas gambetas entre los montes hasta que se libró de los perseguidores, y llegó a la casa de los tigres, que ya no podía más.

-¿Qué te pasa, sobrino, que venís tan asustado? -le dijo el tigre.

-¡Usté no sabe, tío, lo que hay ahí! -le dice el zorro-. Hay un ejército de gente muy mala.

Y el tigre le preguntó qué había visto, y entonces él le contó:

-Hay uno que parece un general, que está arriba del árbol, con una gorra colorada, echando pecho. Ése canta y manda para todos lados, y mira si lo obedecen. Se ve que es muy malo y mandón.

Ése era el gallo, que siempre estaba en el árbol para ver si había algún peligro.

-Abajo hay un hombre con una punta de cuchillos en cada mano. Y los afila y los está probando en los árboles, para matar al que se acerque.

Claro, ése era el gato que sacaba las uñas y rajuñaba las ramas y los yuyos.

-Y hay un hombre gordo y de mucha fuerza, que insulta y que atropella para pisotear y matar al que agarre a mano. Ése es un hombre feroz que deshace todo.

Ése era el chancho que se revolcaba y atropellaba para acá: y para allá.

-Hay un hombre grande, que se ve que tiene muchísima fuerza y pega unos gritos muy feos y golpea con unas mazas muy pesadas que hace polvo todo lo que golpea.

Éste era el burro que andaba rebuznando y las patadas y los manotazos de aquí para allá.

Hay otro hombre más chico que anda echando más pecho que el general, que se ve que es muy atrevido, y ése debe ser el más malo. Cuando me vieron y me sacaron corriendo, ése gritaba:

-¡Larguemelón para mí! ¡Larguemelón para mí!

Claro, éste era el pavo.

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-Cuando me alcanzaron a ver me sacaron corriendo que ya me alcanzaban. Me pude escapar agata111 porque soy corredor, que si no me matan entre todos. Ésa es gente muy mala que van a matar a todos los que viven en estos lugares.

Y los tigres estaban tan asustados con lo que contaba el zorro, que agarraron y se mandaron mudar de la zona para siempre. Y dejaron todos los víveres y los agarraron los animales viajeros. Y se quedaron a vivir tranquilos en ese lugar hasta que se murieron.

Cirilo Bustamante, 38 años. Chacharramendi. La Pampa, 1955.

Trabajador rural. Oyó contar éste, y otros cuentos, a un viejecito de Limay, de donde el narrador es originario.



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625. El león, el tigre, el perro y el chivo

CORRIENTES

El león, el tigre, el perro y el chivo se salieron de una cárcel y se internaron en un monte. Como el león es el rey de la selva, se hizo capitán de la banda.

El primer día después de la evasión, dice el león:

-Tigre, vos tenés que traer la comida para hoy, que debe ser una vaquilla112, porque nosotro todo somo carnívoros, y el que vuelve sin presa va a ser devorado.

Salió el tigre. Regresó con un ciervo.

Comenzaron a comer todos, y el chivo, como no es carnívoro, quedó mirando. Y le dice el tigre:

-Y vo, ¿por qué no te arrimá a comer?

-¡Estoy de mal humor! -le dice el chivo.

Depué le tocó salir al perro. Volvió con un guazuncho113. Como siempre, siguen el festín, y el chivo, como no es carnívoro, quedó mirando.

Le dice el tigre:

-Y vo ¿por qué no te arrimá?

-Yo, cuando me pongo nervioso no suelo comer -y se paró en las dos patas y comenzó a afilar los cuernos por un tronco.

  —198→  

Al otro día dijo el león:

-Si el chivo sigue enojado me toca a mí en la cacería.

Salió el león y trajo una vaquilla. Como siempre, siguieron el festín. Y le invitó al chivo, y el chivo le contestó:

-Ya le he dicho que ando nervioso y no me moleste -y en eso se retiró y se internó un poco al monte.

Cuando quedan solo el león, el tigre y el perro, dijo el león:

-Hasta hoy no salvamo nosotro de que séamo devorado. Vamo a ver qué trae el señor nervioso, que le toca a él mañana la cacería.

Al tocarle el turno al chivo, salió muy de madrugada. Caminó por dentro el monte y en la costa de un cardal vio un bulto tendido en el suelo. Se le arrimó con mucho cuidado y vio que era un león que se encontraba muerto. Después de cerciorarse bien que se encontraba muerto, le hincó las astas en el cuello. Cuando el león empezó a desangrarse, él se manchó todo el cuerpo con la sangre.

Y cuando no regresaba el chivo y era muy tarde, resolvió el león de ir en compañía del tigre y del perro en busca del chivo. Le encontró por el ruido que hacía entre los cardos, creyendo que éste se estaba ocultando. Cuando el chivo vio la presencia de éstos que lo buscaban, se paró en dos patas y le dijo al león:

-Venga a comer a éste que de la mañana temprano lo ando persiguiendo y recién termino de darle muerte.

Con esto, y el león muerto, se quedaron indecisos el león, el tigre y el perro, que ya venían a comer al chivo. Entonce el chivo procedió a topetazos para que se arrimaran a la pieza.

Entonce le dijo el león a los compañeros:

-Aquí tenemo que huir, porque mató a mi hermano rey de la selva, y nosotro que lo teníamo de menos, y lo teníamos de presa segura, no va a matar también.

Y éstos huyeron, y se salvó de que lo comieran, el chivo.

Desde entonce el chivo quedó con su compadrada habitual y usa chiva para que lo respeten.

Alfredo Melgarejo, 37 años. San Luis del Palmar. Corrientes, 1959.

El narrador es oficial de Policía y nativo de la región.

Variante del cuento tradicional.



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ArribaAbajoNota

Nuestro cuento de Los animales viajeros tiene una gran difusión en Occidente y se conocen versiones de Oriente. En general presenta un gran número de variantes. Nuestras versiones contienen, entre otros, los siguientes motivos:

Difusión geográfica del cuento

Difusión geográfica del cuento

A. Varios animales domésticos se marchan de la casa porque los van a matar o porque los amos los echan por viejos e inútiles. Excepcionalmente figura entre los animales uno silvestre.

B. Los animales encuentran una o dos cabezas de tigre; y fingen que ellos los han muerto cuando se acercan tigres al grupo; éstos huyen.

C. Los animales llegan a una casa ocupada por ladrones y consiguen ahuyentarlos.

D. Los animales se trepan a un árbol, y   —200→   cuando llegan ladrones dispuestos a repartir sus dineros los ahuyentan y se quedan con una fortuna.

E. Los animales atacan a los hombres con sus maneras propias, pero las víctimas las cuentan exageradamente fantaseadas.

Estos motivos figuran entre los que Espinosa (III, p. 386 y sigs.) señala para el prototipo europeo que él ha determinado y que conserva con mayor fidelidad la tradición hispánica, continuadora de la antigua tradición medieval.

El tema ha sido tratado ampliamente en el famoso trabajo Die Tiere auf der Wanderschaft por Anti Aarne (FFC, L, N.º 11).

Por algunos de sus motivos pertenece a los tipos 125, 130 y 210 de Aarne-Thompson.





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