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ArribaAbajo El Herrero Miseria. El herrero es más listo que el diablo. San Crispín y el diablo

3 versiones y variantes


Cuentos del 943 al 945


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943. El Herrero Miseria

LA RIOJA

Éste que era un viejo que tenía una herrería, pero era tan pobre que todo cuanto encontraba llevaba a su herrería para cuando le fuera útil. Como era tan juntador de cachivaches se le denominaba Herrero Miseria.

Un día Nuestro Señor salió a conquistar almas acompañado de San Pedro. Iban acompañados en un burro. De repente éste pierde la herradura. Entonces San Pedro le dice a Nuestro Señor:

-Ahí hay una herrería, vamos a pedirle al herrero que le coloque la herradura al burro para poder continuar viaje. Llegaron y cuál no fue el asombro de los dos viajeros cuando pasaron a la herrería. Todo era miseria. El viejo herró al burro y cuando terminó los viajeros le pidieron precio, a lo que el viejo respondió que no valía nada.

-Bueno -le dijo Nuestro Señor-, para retribuir su generosidá le concederé tres gracias. Pidamé lo que quiera.

Entonces San Pedro corrió procurando colocarse detrás de Nuestro Señor, para hacerle seña al herrero que pida el cielo. El viejo no le hacía caso y pidió lo que a él le pareció mejor.

La primera gracia: «Que todo el que se siente en la silla de su casa no se levante más sin su permiso».

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-Concedida -dijo Jesús.

-«Que todo el que suba en su nogal que se quede pegado hasta que él lo mande a bajar».

-Concedido -dijo Jesús.

-«Que donde él se siente, nadie lo haga levantar».

Una vez concedidas las tres gracias, los viajeros siguieron su camino.

Un buen día llegó a la casa de Miseria el diablo mayor a llevarseló. El dueño de casa estaba muy ocupado y por eso le dijo al visitante que se sentara hasta que termine el trabajito. Pasó un rato y el diablo cansado de esperar quiso pararse para irse y no pudo; estaba pegado a la silla. Entonces Miseria le dijo:

-Si prometes no volver más a molestarme te dejaré ir, de lo contrario, allí permanecerás pegado.

El diablo prometió no molestarlo, y así pudo salir.

Después vinieron otros diablos a quererlo llevar a la fuerza, pero Miseria tranquilamente les dijo que era necesario llevar provisión y les dijo que fueran al nogal a juntar nueces. En el acto obedecieron y se pusieron a comer nueces. Una vez hartos quisieron bajar y no pudieron, pues estaban pegados. Entonces el herrero les hizo prometer que se irían de inmediato para dejarlos bajar. Así lo prometieron y se fueron.

Cuando Miseria murió y se fue a golpear la puerta del cielo, sale San Pedro. Reconoció en seguida al herrero y dice:

-¿Qué buscás, viejo?

Fue a consultar al libro de las obras buenas y aprovechando que la puerta del cielo quedó abierta, el viejo Herrero entró y se sentó rápido en la silla de San Pedro.

Cuando San Pedro volvió a decirle a Miseria que no estaba anotado, lo encontró muy sentado en su silla...

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Disjustado fue a darle parte a Dios, y Nuestro Señor le dice:

-¿Y qué, no recuerdas la tercera gracia que pidió Miseria? Ahora, Pedro, si Miseria se sentó, no hay quien lo haga levantar...

Así el viejo se quedó en el cielo sin haberlo pedido directamente.

Antonia Ercilia Páez. Alto Bayo. General Roca. La Rioja, 1950.

La narradora es maestra de escuela. Oyó el cuento a campesinos de la comarca.



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944. Un trato con el diablo

MISIONES

Éste era un hombre con mucha familia y que con el trabajo no le alcanzaba para mantené la familia. Ante pagaban muy poco por el trabajo de hachero. Este hombre era hachero en estos montes donde se sacaba como ahora mucha madera.

Un día desesperado dice que si tiene que vendé el alma al diablo, al diablo se la iba a vendé.

Y entonce un día jue al monte, bien adentro del monte que nadie sepa y gritaba a voces:

-Si esiste el diablo que venga, yo quiero hablá con el diablo.

Vino el diablo como un hombre, y le habló diciendolé que él le vendía el alma para que le diera con qué dar de comé a su familia. Que no le faltara nunca nada. Y el diablo le dijo que sí, que él le iba a da provista de todo. Y convinieron el día que él tenía que vení a llevá su alma. Y se fue, y el hombre desesperado se volvió a su casa. Pero este hombre era cristiano y tenía miedo por lo que había hecho y se fue al pueblo para confesarse con el cura, con el padre, y le pidió una ayuda para salvarse.

El cura del pueblo lo conocía a este hombre, sabía que era bueno y que había hecho eso desesperado. Entonce le   —623→   aconsejó y le dijo que él lo iba ayudá. Le dijo que deje no má que el diablo le traiga la provista, y que en seguida plante cerca de la casa, a la entrada al monte, una planta de higo, una higuera, y que abajo ponga un banco, y le dio un par de alpargatas que tenían la virtú de dispará más que el viento y el diablo. Entonce le esplicó lo que tenía que hacer y que cada cosa de ésa tenía un poder que le dio Dió porque él le había pedido, porque él se había arrepentido.

El hombre tenía provista abundante para toda la familia hasta que llegó la fecha que el diablo tenía que venía llevalo. Que el diablo llegaba siempre a la doce del día, a la siesta y que sabía el lugar para encontrarse.

Llegó el día. El hombre lo esperaba. Al momento llegó el diablo y le dijo que le entregue el alma. El hombre le pidió por favor que le deje comé, que es el último día con la familia. En eso el diablo miró para arriba de la higuera y vio un higo muy maduro y muy lindo. Y al diablo le gustan mucho los higos. Y entonce le dijo al hombre que vaye a comé con su familia que él va a comé un higo que había madurado arriba de la higuera. Y subió arriba, trepó al árbol y comió el higo. El hombre terminó de comé con su familia y volvió y le dijo:

-Mientra usté se baje, yo me acuesto a dormí.

Sólo se podía bajá si el hombre le permitía. El hombre se puso a dormí. Se levanta más tarde y el diablo siempre estaba arriba de la higuera, todavía no se baja. Entonce el hombre a la oración le hace seña que se baje y se vaya. El diablo se baja golpeandosé, acalambrado, y se va.

Al otro día viene otro diablo. El hombre le pide que lo deje comer con la familia como último día. El diablo enseñado por el que vino ante, sabe que no hay que trepá por la higuera, pero se sentó en el banco.

El hombre terminó de comé, vino y le dice:

-Bueno, ya estoy listo, vamos.

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El diablo se quiso levantá, pero no podía levantarse del banco. Hacía fuerza, pero no podía. Y nada, estaba pegado el diablo en el banco. Entonce el hombre le dice que él va a dormí la siesta mientra él se levanta. Durmió, se levantó y nada, el diablo estaba pegado. En la oración, le hace seña el hombre al diablo que se levante y se vaya. El diablo se levanta todo encogido de tantas horas de estar sentado y se va.

Al otro día viene otro diablo. El hombre le pide que lo deje comer con la familia como última vé, y le dice que no. Éste venía enseñado y no trepó a la higuera ni se sentó en el banco. Entonce el hombre se pone las apargata, y le dice al diablo:

-Bueno, vamo por fin.

Pero el hombre con las apargata salió caminando y cada paso que daba era una legua, y en seguida se perdió del diablo y no lo vio má. Y así ganó el hombre.

Paulino Silvano Olivera, 59 años. Eldorado. Iguazú. Misiones, 1961.



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945. El diablo y San Crispín

CORRIENTES

Dice que el diablo nunca entra por una herrería. Dice que suele dispará de la herrería por el caso que le pasó una vé.

Dice que el diablo andaba por conquistá l'alma de una mujer que vivía en una herrería. Una linda guaina268 era. Él en forma de un lindo hombre, bien vestido y que parecía rico, visitaba, po, a la guaina esa. Y ya tenía mucha confianza en la casa. Pero sucedió que llegó San Crispín en esa herrería para hacé arreglá una crú de fierro. Cuando vio la crú, el diablo, no sabía por dónde esconderse. La mujer entonce le hizo seña que había una bolsa. Entonce San Crispín dijo que iba a volvé despué, y que se iba a llevá no má la crú. Entonce le pidió a la guaina que le preste esa bolsa que 'taba áhi, para envolvé la crú, que era muy pesada. La guaina no le pudo negar. Entonce San Crispín sacó la bolsa que tenía el diablo, y entonce dice:

- 'Tá sucia la bolsa, yo la voy a limpiá, yo la voy a sacudí.

Alzó la bolsa y la puso por el yunque y con el martillo la empezó a sacudí. El diablo no podía dispará porque San Crispín la tenía agarrada por la boca. Y dice que le pegó   —626→   tanto martillazo que lo dejó molido al diablo. Y dice que la tiró a un rincón, y dice:

-'Tá muy sucia esta bolsa. Me voy con la crú no má.

Y así se salvó la guaina por San Crispín. Y desde entonce el diablo tiene miedo de entrá a la herrería. Y cuando ve una herrería sale huyendo de miedo que le sacuda con el martillo otra vé.

Juan Sanabria, 68 años. Mercedes. Corrientes, 1959.

El narrador aprendió el cuento de la abuela, que sabía muchos cuentos antiguos.



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ArribaAbajoNota

Los tres cuentos aquí reunidos presentan motivos del tema general muy conocido en la tradición europea y americana. El primero, El herrero Miseria es el que responde al esquema típico: Un pobre herrero coloca la herradura que falta al asno de Jesús que viaja con San Pedro. El Señor le otorga tres gracias: quien se siente en su silla no podrá levantarse sin su permiso; quien trepe a su nogal quedará pegado; nadie podrá levantarlo de la silla en la que él se siente. Con ello el herrero se defiende del diablo y entra al cielo. Una versión muy completa figura en Don Segundo Sombra de Güiraldes. En el segundo cuento un buen hombre hace, por necesidad, trato con el diablo; gracias semejantes le otorga el cura del lugar en nombre de Jesús y con ellas se salva. En el tercer cuento San Crispín, en una herrería, hace entrar al diablo en una bolsa, para defender a una joven, y lo muele a golpes sobre el yunque.

El cuento de El herrero Miseria corresponde al N.º 81 de Grimm y ha sido clasificado por Aarne, Aarne-Thompson y Boggs como el Tipo 330. Sus motivos aparecen también en otros cuentos tradicionales. Véase el estudio de Espinosa, III, pp. 140-150 y el de Pino Saavedra, I, pp. 388-389.





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ArribaAbajo La suegra del diablo

2 versiones


Cuentos del 946 al 947


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946. La suegra del diablo

TUCUMÁN

Diz que era una viejita orgullosa. Esta viejita que tenía una hija. Y diz que decía que su hija se iba a casar sólo con un hombre que tenga dientes de oro, la cola de plata, las muelas blancas y las orejas negras, y que tenga una montura bien chapeada.

Bueno. Que se presentó el hombre a la casa. Que era de dientes de oro, cola de plata, las muelas blancas y las orejas negras, y tenía una montura bien chapeada. Y era el diablo.

Y ya se casó la niña. Y que al principio ha andado todo bien, pero pronto ha comenzado a hacer picardías. 'Taba sentado en la mesa, se hacía perro, se hacía un burrito, y otros animales. Y ahi comenzó a pensar la vieja, y se dio cuenta que era el diablo. Entonce ella preparó una botella y un poco de cera virgen. Entonce se puso a conversar con él y le dijo:

-¿A que no es capaz de hacerse una hormiguita y meterse en la botella?

-¡Cómo no! -que ha dicho, y se ha hecho una hormiguita y se ha metido en la botella.

Áhi no más que la suegra ha tapau la botella con un poco de cera virgen. Y que ha ido y lo ha colgado en un monte269.

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Y que ha ido por áhi un leñador y no vía la botella, pero sentía decir:

-Sacame, te voy a dar todos los dones que queráis.

Y vio la botella y lo sacó. Y para cumplir, le dijo el diablo que se haga curandero, que él le iba a producir una gran picazón a la hija del Rey.

Se enfermó la hija del Rey y nadie la podía curar. Se presentó el curandero a la ciudá y le dijo que él era capaz de curarla a la hija del Rey. Y el Rey lo hizo llamar y le preguntó si era capaz de curar a la hija.

-Pero, ya sabes que te va en ello la vida -le dijo.

Él dijo que era capaz de curarla. Y al día siguiente la curó. Y el Rey le dio una gran cantidá de plata.

Y entonce ya se va el diablo y le provoca otra enfermedá a la hija de otro Rey. Se le metió en la cabeza. La hija del Rey se moría de dolor. Entonce le manda avisar el otro Rey que había un curandero que curaba todo. Y el Rey lo hace llamar. Y la curó a la hija y cobró una gran cantidá de plata.

Pero resulta que el diablo ya se cansó. Y a la tercera vez va y se mete el diablo en el oído de la mujer del Rey y le produjo un dolor terrible. Y que va el curandero a curar la Reina y el diablo no quería salir. Y el curandero le decía que saliera y él le decía:

-Es mejor que te vas porque yo estoy por llevarte al infierno por ambicioso.

Y no quería salir el diablo. Y como el diablo no quería salir y la Reina estaba cada vez pior, idió el curandero de que viniera mucha gente y que hicieran ruido cerca de la puerta en donde estaba la reina. Entonces el diablo saca la cabeza del oído de la Reina y le pregunta:

-Che, ¿qué pasa?

-Áhi viene tu suegra -le dice.

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Y salió disparando inmediatamente el diablo, y sanó áhi no más la Reina.

Y el otro dejó de ser ambicioso y se fue a vivir tranquilo para gozar de su plata.

Miguel Cano, 50 años. Amaicha del Valle. Tafí. Tucumán, 1951.

El narrador es Director de la escuela local. Lo oyó contar a campesinos de esta comarca muy conservadora de la Provincia.



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947. La viejita de la botija o el doctorcito chico

ENTRE RÍOS

Ésta era una vieja que tenía una hija. Que dice que había dicho ella que no s'iba a casar hasta que encontrara un hombre que tuviera todos los dientes de oro. Entonce dice que oyó el señor viejo270 ese, el demonio, el diablo, y se presentó a la casa. Y en un pingo bien ensillau, bien herrau271. Y llegó y saludó, y lo hicieron bajar:

-Abajesé. Pase adelante.

Se bajó, dice, y dentró adentro. Y empezó a conversá y se raiba, y le brillaban los dientes. Y dice que así empezó. Y empezó a venir días seguidos hasta que entró en amores con la muchacha ésa. Y entonce al poquito tiempo no má se casó.

Y áhi dice que a la noche, cuando él se dormía, la cama era una sola llamarada no má. Y ella no podía dormir. Y que un día no podía má de susto y de sueño y que le dice a la madre:

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-Pero mamá, yo no sé quién es éste mi marido. Yo no puedo dormí de noche, la cama si arde, es una sola llamarada toda la noche.

Y entonce que le dice la madre:

-Esta noche dejame la puerta un poco abierta. Yo voy a mirar.

Y jue a la noche la vieja y ella le dejó la puerta media abierta. Y la vieja bichó272 por la hendija de la puerta. Y vio que se ardía la cama, que eran llamaradas no má. La vieja tenía unas velas y agarró y marchó pa l'iglesia a hacela bendecí.

Y güeno, al otro día dice que se levantó ella tapada con un rebozo273 grandote. Traía la vela y tenía una botija áhi. La había traído, a la botijita y la puso áhi cerca. Bien se dice que sabe el diablo por diablo, pero más sabe por viejo.

Y entonce, ya de día, se levantó él, y vino a la cocina ande 'taba la suegra. Y la suegra le dijo que ella l'iba a prepará el almuerzo274, y que le dice:

-¿A que mi yerno no hace pruebas?

-¡Qué no! -que dice él.

-¿A que no baila de cabeza?

-¡Qué no! -que dice él y áhi no más se puso a bailá.

Y bailaba con una pata, bailaba con una mano y bailaba de cabeza, de toda forma bailaba el diablo.

Entonce que dice:

-¿A que mi yerno no se mete dentro de esa botijita?

-¡Qué no me voy a meter! -dice.

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Y que pegó unas vueltas y unos saltos y se metió en la botijita. Entonce la viejita le chantó la vela y le tapó la boca con la vela bendita. Y agarró la botijita, la puso abajo del rebozo y marchó. Y llegó al río y la tiró al río. Y en eso lo deja áhi, en l'agua. Y áhi quedó el diablo encerráu y en l'agua.

En esos días que andaba un muchacho cuidando unas ovejitas. Y andaba mirando por el costau del río, curiosiando. Entonce sintió que le habló:

-¡Che! -que le dice.

El muchacho si asustó y disparó un poco. Después volvió a ver qué era eso. Y lo volvió a hablar:

-¡Che!, ¡sacame!

-¿Y adónde 'tás? Yo no te veo -que le dice.

-¿Y no me ves? Ese pico de botella que 'tá áhi, eso soy yo.

Entonce el muchacho lo sacó.

-Sacale eso que tiene la botija en el pico, limpiala bien, bien. Que no quede ni un chiquito de vela.

-'Tá que sos delicau. Qué te va ser un chiquito de vela.

-No, che, sacala bien, por favor.

Y güeno, cuando 'tuvo bien limpio el pico de la botija pegó un salto y salió.

Y cuando vio el muchacho que era un hombre grande que dijo:

-¡Al diablo, qui habías sido grande y tan chiquito que habías sido adentro! ¿Qué 'tabas haciendo adentro de esa botija?

-Mi suegra me embotijó, me echó adentro y no pude salir. Y me echó al río.

-¿Y no vas a volver a la casa de tu suegra?

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-No, que se vaye quién sabe adónde275 con hija y todo. Yo no voy más áhi. Yo te voy a ayudar a vo por lo que mi has salvado. Andá llevá esas ovejas a la casa de tu patrón. No vaye a trabajá má.

Y va el muchacho y le entrega las ovejas al patrón y le dice:

-No voy a trabajá má con usté. Encontré otro trabajo mejor. Así que me voy. Me paga los días que quiera sinó me voy lo mismo.

-Y güeno, si te conviene en otro lado... -y le pagó, le dio las gracias y se jue.

Y en tal lugar li había dicho el otro que lo esperaba. Y áhi lu esperó. Entonce le dio plata y le dijo:

-Tomá esta plata, andá a tal parte y te comprá un traje de dotor. Una levita, una galera y un bastón. Y en tal parte te comprá un caballo y una montura. Y despué te comprá una valija chiquita de dotor. Y depué te vas a tal parte, al hotel que siempre va el Rey. Y yo voy a ir y me voy a meter entre l'hija de la Reina. Cuando el Rey vaye, le vamo a preguntá por l'hija, cómo 'tá, y cuando él diga que 'tá pior, vo decí que ti animá a curala. Y entonce vo esuchá el pecho d'ella, como lo dotore que ponen l'óido, pa óir el corazón. Yo te voy a decir di adentro lo que vas hacer.

Entonce jue, se empilchó276 bien, compró todo y se jue. Y dice que 'taba comiendo en el hotel y llegó el Rey y entonce le preguntaron por la hija. Y el Rey dijo:

-Sigue pior, pior, no se sabe qué hacer. No se salva, 'tá muy mal. Tengo la casa llena de dotore y no le hacen nada.

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Entonce el muchacho dice:

-Perdone, señor Rey, ¿me permite una palabra?

Y el Rey lo atendió y él le dice:

-Yo me comprometo a curaselá.

-¿Usté si animará a curala?

-Cómo no.

-Bueno, pero si se compromete y no la cura, yo le voy hacer cortá la cabeza.

-Y bueno, salgamo -y salieron a toda carrera.

Y güeno, llegaron allá. Había una sala llena de dotore. Y todos se ráiban cuando lo vian a este dotorcito.

-Qué va curar éste -decían-. No la curamos nosotros, qué va curá este pobre muchacho.

Y jue, vio la muchacha, le puso el óido en el pecho y el diablo que 'taba adentro le dijo:

-Hacele que le den un baño con agua tibia, y que l'envuelvan bien, y que le den un té de yuyos y l'hagan acostar.

Cumplieron las órdenes y al ratito ya no más quedó dormida y se dispertó sanita. Que había 'tau en un grito, que se torcía y no podía dormir, lo que había teníu al diablo adentro277.

Y güeno, se tranquilizó y sanó. Los otros dotores esperaban que le cortaran la cabeza al muchacho, y 'taban mirando todos, los ojos como dos di oro, y lo que vieron que se sanó la muchacha, salieron despacito, que no lo vieran la servidumbre de miedo que le haga cortar a ellos la cabeza el Rey.

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Y áhi el Rey mandó que lo atendieran muy bien al dotor. Que se quedó a dormir áhi y a la mañana mandó que le dieran de almorzar.

Y el dotorcito siguió curando. Y cuando s'enfermaba alguien a él no má lo llamaban. Y se puso muy rico, ya tenía mucha plata.

Y güeno, al mucho tiempo, dice que un día le dijo el diablo:

-Bueno, che, no quiero que curé má. Ya tenés demasiada plata. Yo no te ayudo más.

-Yo voy a seguir curando no más.

-Te digo que no curés más.

-Voy a curá, no más.

-Te voy hacer cortá la cabeza con el Rey. Me voy a meter entre la Reina. Ahora vas a ver.

Y se metió y la Reina se enfermó de má. Y lo llamaron al dotorcito y va y pone l'óido en el pecho de la Reina y siente que le dice el diablo di adentro:

-Te voy hacer cortá la cabeza con el Rey.

-Salí di áhi, hijo 'e gran puta.

-Te voy hacer cortá la cabeza con el Rey.

Y áhi 'taban dele alegar y la Reina seguía muy mal. Y ya pasaron la noche. Y ya llegó la madrugada. Y el cura de esa ciudá comenzó a tocar las campanas de l'iglesia, y dice el diablo:

-¿Qué es eso, che? ¿Qué es eso, che?

-'Hora278 cuando llegue más cerca te voy a decir.

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Y las campanas sonaban más fuerte y el diablo volvió a preguntar:

-Decime, che, ¿qué es eso? ¿Qué es eso?

-Cuando venga más cerca te voy a decir.

Y áhi volvió a tocar el cura más fuerte las campanas. Y el diablo más asustado le decía:

-Decime, che, ¿qué es eso?

-Y güeno -le dice-, si es tu suegra que viene con una botija y una vela bendita a embotijarte. 'Hora vas a ver. Le voy a decir adónde 'tás. ¡Puna gran puta!

-No, no, no quiero saber nada de mi suegra. Me voy, me voy. ¡Chau! ¡Chau!279

Y salió el diablo y sanó en seguida la Reina.

Y al otro día el muchacho juntó todas sus cosas y se las tomó, se juyó. Y todo s'taban desesperados porque se desapareció el dotorcito tan güeno que tenían.

Dora Pasarella, 30 años. Villaguay. Entre Ríos, 1959.



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ArribaAbajoNota

Son muy semejantes las dos versiones aquí reunidas del genio encerrado en una botella, a pesar de ser de dos regiones alejadas. Una joven se casa con un hombre porque tiene la dentadura de oro y aparenta ser muy rico. Muy pronto ocurren cosas muy raras en la casa. La suegra se da cuenta de que su yerno es el diablo y trata de atraparlo. Con gran habilidad consigue que se introduzca en una botella o en una botijilla, que tapa con cera virgen o una vela bendita. La cuelga en un árbol o la tira al río. La encuentra un muchacho campesino. Lo libera al diablo quien lo recompensa; le da el don de curar. El muchacho hace milagros. Un día el diablo metido en el cuerpo de la Reina o la Princesa, les agrava la enfermedad y le prohíbe al muchacho que siga curando. Éste le anuncia que viene la suegra; el diablo huye y la enferma sana.

El tema está en cuentos de Europa y América; es el cuento 99 de Grimm. Es el Tipo 340 de Boggs y de Hansen y variante del 331 de Aarne-Thompson. Ver el estudio de Pino Saavedra, I, 389-390.





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ArribaAbajo La muerte madrina. El don de ser médico

5 versiones y variantes


Cuentos del 948 al 952


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948. La muerte, la persona más justa

LA RIOJA

Había una vez un hombre que quiso hacer compadre o comadre a la persona más justa que encontrase.

Salió en busca de ella y en el camino se encontró con un viejito. Al saludarse, el viejo le preguntó qué buscaba y el viajero le dijo que deseaba conocer a la persona más justa que hubiera para padrino o madrina de su hijo.

El viejito se le ofreció pero cuando le dijo que él era Dios, no quiso, porque no le parecía justo Dios.

Caminó más allá y se encontró con una mujer. Ésta le preguntó a quién buscaba y le contestó que a la persona más justa que hubiera para padrino o madrina de su hijo.

-¿Puedo servile yo? -le dijo la desconocida.

-¿Y quién es usté?

-La muerte.

-¡Ah! -dice el hombre-, ésa me gusta, viene por todos, sin hacer diferencia.

-Bueno, compadre -le dice la muerte-, yo le daré un don para ayuda y bien de mi ahijado. A toda persona enferma usté podrá curarla con cualquier remedio, pero siempre que cuando usté entre a ver el enfermo, yo estuviera sentada en los pies. Si me ve en la cabecera del enfermo, retiresé sin   —646→   hacer remedio, porque ese enfermo no tiene cura y se tiene que morir.

El compadre de la muerte muy contento empezó a obrar prodigios y muy pronto se corrió la fama de este curandero. La mujer y los hijos mejoraron la situación.

Así se presentó el caso de un Rey que tenía su hija muy enferma y había desparramado noticias por todo el reino que daría lo que pidieran si le sanan la hija.

Así trajeron médicos, adivinos y ninguno podía acertar el remedio. Llegó a oídos del Rey la fama del curandero que vivía lejos de ahí. Lo mandó traer. Al penetrar en el aposento vio a su comadre sentada en la cabecera.

-Bueno señor Rey -le dijo el médico-, acá nada puedo hacer; su hija no tiene remedio.

-Pero, señor -le suplica el Rey-, no se retire usté sin curar a mi hija. Algún remedio dele.

-No se puede, señor Rey.

Vuelve a insistir el Rey suplicandolé que le cure la hija y él daría cuantas cargas de oro quisiera.

Hasta el fin, accedió el curandero y le hizo una toma para la enferma.

Inmediatamente la muerte se retiró de la cabecera y la enferma recobró la salud.

Contentísimo el Rey le dio valiosos regalos.

El médico se fue para dejar a su mujer la carga de oro que llevaba, pero en el camino la comadre muerte lo esperaba, sentada en una piedra.

-¿Qué ha hecho, compadre? -le dijo la muerte-. Acá lo estoy esperando. Ya sabe, usté me eligió por justa y como me ha desobedecido, tengo que llevarlo a unté en remplazo de la enferma que curó.

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-Comadrita... por favor -le dice el compadre- dejemé llegar a mi casa para entregar a mi hijo y mi mujer esto.

-Bueno, vaya y en seguida estaré yo en su casa.

Llega el hombre con la noticia a la mujer y ésta, queriendoló salvar, le dice:

-Mirá... hagamos esto: te voy a pelar, bien peladito. Ni cabello, ni cejas, ni pestañas que te queden. Y así te vas al pueblo y te entrás adonde hubiera mucha aglomeración de gente. Tu comadre no te conocerá.

Bueno, hicieron así, y cuando el hombre se fue, llegó la comadre a preguntar por él.

-¿Y mi compadre?

-No está.

-Bueno, iré a buscarlo.

Entró adonde estaba, y como nadie le dio noticia de su compadre, dijo:

-Me llevo este pobre pelao.

Y se lo llevó.

Antonia Ercilia Páez. Alto Bayo. General Roca. La Rioja, 1950.

La narradora es maestra de escuela.



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949. La soberbia

LA RIOJA

Que era una niña muy pobre y muy soberbia. No creía en nada ni en nadie. Se casa con un joven tan pobre como ella. Tienen un hijo y no quiere hacerlo bautizar.

Manda Dios a la muerte, para que la engañe en alguna forma y consiga hacerlo cristianar. Viendo Dios que la mujer no le hace caso a la muerte, viene él y tampoco consigue nada. Le dice la madre del niño que él es un injusto, que da al rico y al pobre no, que ayuda al que tiene y al que necesita no le da nada. Por eso no iba hacer bautizar el hijo, porque no hay justicia.

Como no consigue nada y el niño ya está grande, la manda de nuevo a la muerte, que le prometa darle una virtú al esposo, con la condición que haga bautizar el niño.

La muerte le dice que la virtú será de sanar a todo enfermo por más mal que esté, siempre que ella no esté en la cabecera. Que si la ve a la derecha, izquierda, o a los pies del enfermo, que lo cure con la seguridá que sanará.

La mujer aceta, hace bautizar el niño y la elige de madrina a la muerte. El hombre empieza a curar, y la familia mejora la situación.

Cierto día, en un pueblo distante, una niña de familia rica está muy enferma. Ningún médico le encuentra el mal.   —649→   El padre que sabe que hay un curandero muy bueno, viene a buscarlo y le ofrece doscientos pesos. El hombre va y se da con la muerte en la cabecera, pero como desea ganar a toda costa esa cantidá de plata, cambia la posición de la cama, la cura y sana.

Muy contento vuelve a la casa y se encuentra con la muerte, que le dice que por qué ha desobedecido.

Lo hace entrar a una pieza y le enseña dos velas, una grande, y la otra chica. Le dice que la grande era la vida de él y la chica de la niña que sanó, que al sanarla había cambiado su vida por la de ella.

El hombre se acercó y le dio un puntapié y dijo que para vida poca, más vale nada. Se apaga la vela y cae muerto de espalda.

Clorinda de Flores, 45 años. Catuna. General Ocampo. La Rioja, 1950.

Oriunda de la región. Buena narradora.



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950. La persona más justa del mundo

SAN LUIS

Había una vez un matrimonio que tenía un hijo. Sus padres querían que el padrino o la madrina de éste fuera la persona más justa del mundo. Con este fin salió un día a buscarla por el mundo. Así, andando, encontró un viejito, que después de saludarlo y preguntarle qué andaba haciendo, le dijo:

-Busco para mi hijo un padrino o una madrina que sea la persona más justa del mundo.

Al oír esto el viejito dijo:

-Yo puedo ser el padrino de tu hijo, pues soy San Antonio.

Al oír este nombre el buen hombre se retiró diciendolé:

-No es el padrino que necesito para mi hijo, pues a pesar de ser enviado por Dios no creo sea la persona que busco.

Así andando, encontró otro viejito al cual le dijo las mismas palabras que al anterior. Éste dijo:

-Yo puedo ser el padrino de tu hijo, pues soy Dios.

-¡Oh, no!, no siempre es tan justo -dijo el hombre, y se alejó.

Más adelante encontró a una señora viuda a quien también le dijo lo que andaba buscando. Ésta le dijo:

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-Yo puedo ser la madrina de tu hijo, pues soy la muerte.

-¡Por fin encontré a quien busco!, pues usté será la madrina de mi hijo.

La llevó a la casa, donde la muerte pudo ver que se trataba de una persona muy pobre. Después de la ceremonia del bautismo, la muerte siguió su camino.

Pasaron algunos años. La posición del humilde hombre había cambiado. Ahora era rico y poderoso.

En cierta oportunidad, la muerte o sea la comadre, lo invitó a su casa. Al llegar a ésta, fue recibido por varios sirvientes que lo hicieron pasar, y después de atravesar varios salones llegó a presencia de la comadre quien lo hizo pasar a un salón donde había infinidá de velas encendidas, las cuales eran de diferente tamaño. Al ver esto preguntó qué significaba aquello, a lo que la muerte respondió:

-Cada una de estas velas representa la vida de cada persona. Las más pequeñas son las que están más cerca de la muerte.

El compadre al ver una pequeña preguntó a quién pertenecía, a lo que la muerte respondió:

-Es la suya, compadre.

Al ver que tenía tan poca vida le pidió que le agrandara la vela.

-No puedo -dijo la muerte-. Del contrario no hubiese podido ser la madrina de su hijo.

Después de esto se despidieron, y al separarse la muerte le dijo:

-Arregle no más todo en su casa y esperemé tranquilo, que yo iré en seguida a buscarlo.

Cuando el hombre arregló todo en su casa cayó muerto, como le había dicho la comadre.

Inocencio Correa, 76 años. El Chañar. Pringles. San Luis, 1950.



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951. La persona más justa del mundo, la muerte

SAN LUIS

Había un joven y una niña que se casaron y eran muy pobres. Tuvieron un niñito, y el padre salió a buscar una comadre o un compadre para el muchachito, que sea una persona justa.

Se jue, el padre, y encontró a un rico, y que le dice:

-¿Quí anda haciendo mi amigo?

-Ando buscando a alguien que sea muy justo para qui alce280 m'hijito.

-Yo seré, amigo.

-No, señor, usté no es justo, nunca da de lo que tiene.

Siguió. Encontró un viejito, y que le dice:

-¿En qué anda, amigo?

-Hi salíu a buscar una comadre o compadre que sea muy justo.

-Seré yo, amigo, soy Dios.

-No, señor, usté a veces no es muy justo.

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Y siguió. Y que por áhi encuentra a una señora viuda, y que le dice:

-¿Quí anda buscando?

-Ando buscando una comadre que sea muy justa.

-Yo puedo ser, amigo, soy la muerte.

-¡Ah, usté sí puede ser, porque usté es justa! ¡Usté sí que es igual con todos!

Y ya la llevó para que viera el niñito, y después lo oliaron. Ya la muerte siempre venía a ver el ahijau.

-Güeno -dice un día-, le voy a dar una virtú, compadre, pa que pueda criar al niñito y pa que pueda vivir. Va a ser médico y va a curar. Yo le voy a ayudar. Pero no vaya a ser porfiau, porque si porfea, ese día va a ser perdido, va a morir. Usté tiene que dar cualquier remedito de poleo, tomillo con sal, cualquier remedio. Cuando vaya a curar yo voy a 'star áhi, pero sólo usté me va a ver. Cuando 'sté a los pieses del enfermo, usté puede asegurar qui el enfermo va a sanar. Cuando yo 'sté en la cabecera, no dé ninguna esperanza, el enfermo es perdido. Digalé no más que va a morir prontito.

Y ya el compadre s'hizo médico y ganó muchísima plata. De todos lados lo llamaban. Y la muerte, la comadre, 'staba siempre en los pieses, y todos los enfermos, aunque 'stuvieran moribundos, sanaban prontito.

Y un día lo mandaron a llamar de un enfermo muy rico, que ofertaba un millón de pesos. Y ya jue el médico contento con lo que iba a ganar. Va y ve a la muerte sentada en la cabecera.

Él no sabía qué hacer, y pensaba y pensaba. Entós pidió quedar solo con el enfermo que 'taba muy mal. Y agarró a la muerte de un brazo y la sentó en los pieses. Y la muerte se volvió a la cabecera. Y la agarró otra vez y la sentó en los pieses. Y así 'tuvo toda la noche. Y se le cansó   —654→   el brazo tanto ponerla a la muerte en los pieses, y ella que venía no más a la cabecera. Y ya venía el día. Hasta que al último la muerte se quedó áhi, en los pieses. Y sanó el enfermo y el médico ganó el millón de pesos.

Bué, al otro día se juntaron con la muerte, y que le dice:

-Venga para acá, compadre. Vamos para mi casa un ratito -y se jueron, y llegaron, y que había en la casa de la muerte muchísimas velas encendidas, unas más largas, otras cortitas, unas recién prendidas, otras que ya si apagaban.

Entós que le dice el compadre:

-Y esto, comadre, ¿qué contiene tanta velería?

Entós que le dice la comadre:

-Ésta es la vida de todos los vivientes del mundo.

Y había una velita muy cortita, ya que se apagaba ya que se apagaba, y el compadre le preguntó:

-¿Y esta velita, comadre?

Y ella que le dice:

-Ésta es la vida suya, compadre, que se 'stá por acabar porque usté ha síu muy porfiau. Yo le dije que si iba a morir cuando porfée, y es así.

Y él que se enojó y dice:

-Para vida corta más vale nada. Y le pegó con la punta 'el pie, y se terminó.

Lo que sí, el hijo quedó grande y rico.

María Luisa de Castro, 48 años. Los Cajones. Junín. San Luis, 1947.

Campesina rústica. Muy buena narradora.



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952. La muerte, la más justa

SAN LUIS

Que era un hombre pobre y viejo, así como yo, que se ocupaba de vender leña con unos burritos. Y éste tenía poco con qué comer.

Una vez llega este hombre pobre a la casa di un rico que estaba comiendo una gallina y no le convidó nada. Resulta que el hombre dijo:

-Yo voy a vender esta leña, voy a comprar una gallina y la voy a comer solo, y no voy a convidar a nadie.

Entonce vendió la leña y compró una gallina. La cocinó y se jue a cargar leña. Cuando hachó un poco 'e leña se puso a comer la cazuela281. Vino entonce un hombre a caballo muy bien vestido, blanco en plata, y le dijo que lo convidase con la cazuela. Entonce dijo él que no convidaba a nadie. Y entonce le preguntó:

-¿Por qué no convida?

-Porque no es justo que un podre convide a un rico.

Bué... Entonce se jue. Este hombre rico era el mal espíritu282. Y áhi se jue.

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Sigue, entonce, comiendo la cazuela el hombre. Al ratito llega un viejito muy pobre. Llega ande él está y le dice que tenía una gran necesidá, que le convide. Y él dice que no. Y le pregunta quién era. Y le dice el viejito que era Dios.

Bueno, entonce le dice que no era justo que él, un pobre le dé a Dios nada. Bueno, entonce se jue el viejito. Y claro a veces Dios no es muy justo, les da a los que no merecen y les quita a los que más necesitan.

Y siguió comiendo. Ya llegó una viuda de negro, y le dijo que le convidase, que andaba perdida en los campos. Le preguntó quién era. Le dijo que era la muerte. Entonce dijo el hombre:

-A usté sí le voy a convidar porque usté es justa. Usté lleva al grande, al chico, al pobre, al rico. Y con todos es igual. Ya se sabe que la muerte no hace diferencias con nadie.

Entonce la viuda comió, y cuando ya terminaba de comer la cazuela, le dijo que ella le iba a dar una virtú para que se hiciera rico. Que la virtú que le iba a dar era para que curara enfermos con yuyos y con palabras. Y le dijo que cuando lo vinieran a llamar pa ver un enfermo, que juera, y cuando viera la muerte en la cabecera del enfermo, era porque no tenía remedio, y cuando estuviera en los pieses, aunque estuviera en agonía el enfermo, con cualquier cosa iba a sanar. Pero que no juera a ser porfiado, porque le iba a costar a él la vida. Cuando ella dijiera que iba a morir una persona, tenía que morir, porque ella era justa.

Y bué... Se jue, y comenzó a sanar enfermos. A los que estaban morimundos283 los salvaba. Siempre, cuando entraba, vía a la muerte a los pieses. Ya era famoso. Lo mandaban a buscar de todos lados, ricos, pobres, reyes muy ricos,   —657→   y a todos los sanaba. Hasta que al fin estaba muy rico. Un día lo mandó a llamar un rey que estaba morimundo. Ya cuando llegó, el Rey que le dijo que si no lo sanaba lo iba a matar, y que si lo sanaba le iba a dar la mitá de su fortuna.

Ya llegó y vio que la muerte 'taba en la cabecera. Él no sabía qué hacer. Entonce lo que hizo, dio güelta al enfermo y la muerte quedó a los pieses. Y el Rey sanó y le dieron miles y miles de pesos y se jue. Salió y se jue.

Al rato di andar, lo alcanzó la muerte.

Le pregunta por dónde andaba. Le dijo lo del Rey. Entonce la muerte le dice que eso no es justo y que tiene que morirse él, entonce. Y áhi no más lo hizo morirse. Y como es justa hizo justicia.

Ella se jue pa la casa de ella y nohotros los vinimos pa acá.

Bonifacio Rodríguez, 56 años. El Durazno. Pringles. San Luis, 1945.

El narrador es un campesino nacido en el lugar, en donde ha pasado toda su vida. Tiene el poder de curar de palabra a los animales enfermos y a los sembrados atacados de ciertas plagas. En la actualidad va a vender a la Ciudad Capital hierbas de remedio que transporta en sus burros cargueros. Variante del cuento tradicional.



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ArribaAbajoNota

Un hombre da de ahijado a su hijo a la muerte por considerarla más justa que Dios. La muerte le da el don de curar y de verla. Le advierte que cuando ella esté a los pies de la cama del enfermo éste sanará con cualquier remedio; cuando esté a la cabecera morirá y que no intente contrariarla. El hombre se hizo famoso como médico. En una oportunidad en la que encontró a la muerte a la cabecera del enfermo trató de desalojarla, y la muerte apagó la luz de su vida trocándola por la del enfermo. En una variante un hombre reparte su comida con la muerte por ser la más justa.

El tema es muy conocido en la tradición hispánica. Es el Tipo 332 de Aarne-Thompson.