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No sé si ya
se ha observado que la imagen de la «atalaya» tiene un
carácter defensivo, de previsora vigilancia, muy conforme
con el predominio de la intención crítica y
pragmática en el ánimo de Mateo Alemán. En la
Parte I, Guzmán advierte que «la
hacienda se ha de dar para no cobrar un enemigo, porque es una
atalaya que con cien ojos vela, como el dragón
sobre la torre de su malicia, para juzgar desde muy lejos nuestras
obras»
(II, 68). En todo caso «atalaya de la vida»
no es lo mismo
que «espejo de la vida»
. El
espejo refleja: la atalaya otea y previene.
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«Mas, como el fin que llevo es fabricar un
hombre perfeto, siempre que hallo piedras para el edificio, las voy
amontonando»
(III, 187).
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He aquí una
expresión típica del primer Guzmán: «¡Qué mal supe conservar aquel bien
ni merecer el que con aumento esperaba y sin duda recibiera!
¡Qué desconocido anduve al regalo con que fui curado!
¡Qué olvidado de la solicitud con que fui
administrado! ¡Qué ingrato a la caridad con que fui
servido!»
(II, 287; comp. también II, 222,
lín. 9, y III, 11,
lín. 20). En la Parte
Segunda, el mea
culpa se extiende y dramatiza: «Considerad pues agora de todo lo dicho
¿qué puedo aquí tener y qué me falta,
sin libertad y necesitado»
(III, 90); «¡Miserable y desdichado aquel que por
más fausto del mundo...!»
, etc. (III, 266). Comp. también: IV, 79,
lín. 14; IV, 203,
lín. 13; IV, 239,
lín. 23, y, en general,
los seis últimos capítulos de la obra.
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Más
testimonios de la intención crítico-educativa: se ha
de tomar oficio propio y dejar los ajenos (II, 33-35), necesidad de
conocerse a sí mismo (II, 75), el vicio nace de un rebelde
deseo de libertad y desobediencia (III, 76), Guzmán aspira a
dejar al lector «instruido en las
veras»
(III, 81), deberes de padres y maridos (III,
104-106), obligaciones de los príncipes III, 183), «No les falte (a cada uno) gana de remediar lo
que importare al servicio de Dios y de su rey, siendo bien
universal de la república»
(IV, 230), «Que como verdaderamente son verdades las que
trato, no son para entretenimiento, sino para el sentimiento, no
para chacota, sino para con mucho estudio ser miradas y muy
remediadas»
(IV, 233). Y bien significativo de su
pretensión satirizadora es el regodeo con que Guzmán
se apronta a ridiculizar y censurar: «¿Queréisme dar licencia que les
dé (a los mohatreros) una gentil barajadura?»
(IV,
238); «Amas dije. ¿No
sería bueno darles una razonable barajadura o siquiera un
repelón?»
(V, 31).
25
En: Á. Valbuena, La novela picaresca española, Madrid, Aguilar, 1956 (3.ª ed.), p. 670 b.
26
E. Terzano y J. F. Gatti, Mateo Luján de Sayavedra y Alejo Vanegas, en RFH, V, 1943, pp. 251-263.
27
Por toda la Parte
II de Alemán se encuentran alusiones a Luján y su
continuación. Cito sólo algunas que se refieren
concretamente al protagonista, no a Luján: «Una sola (vida) he vivido y la que me achacan
es testimonio que me levantan»
(III, 80).- «Mas no fuera posible juzgar... que fuera
ladroncillo, cicatero y bajamanero»
(III, 200).- «No andes a raterías, hurtando cartillas,
ladrón de coplas., que no se saca de tales hurtos otro
provecho que infamia»
(IV, 15).- «¿Piensan por ventura que no hay
más que decir ladrón quiero ser y salirse con
ello?...»
, etc. (IV,
41-42).- «Donde yo anduviere, bien
podrán los (ladrones) de vuestro tamaño bajar el
estandarte»
(IV, 74).- «Si
tú, Sayavedra, como te precias fueras, ya hubieras llegado a
Génova y vengado mi agravio; mas forzoso me será
hacerlo yo, supliendo tu descuido y faltas»
(IV, 77).
Recuérdese que este reproche ya lo hace Alemán en el
prólogo.- «En oyendo (Sayavedra)
a el otro prometerse a Monserrate, allá me llevaba. No
dejó estación o boda, que conmigo no anduvo.
Guisábame de mil maneras...»
(IV, 141)
Alemán se duele aquí del giro superficial y
frívolo que la vida de su héroe había tomado
en manos del continuador. La romería a Monserrate y las
bodas de Valencia debían de parecerle, con razón, dos
de las novedades más impertinentes ingeridas por
Luján en la historia del galeote.
28
El amor en la novela picaresca española, El Haya, 1958, p. 133. Del mismo G. Álvarez hemos consultado con agrado la biografía Mateo Alemán, Buenos Aires, 1953.
29
Américo Castro anunció hace tiempo que dejaba para otro lugar una comparación detallada entre Alemán y los ascetas coetáneos (España en su historia, Buenos Aires, 1948, p. 578, n. 2). Lamentamos seguir desconociendo los resultados a que haya llegado.- J. A. van Praag rastrea muy bien todo aquello que en la obra maestra de Alemán puede ser, en lo explicitado sobre fe y doctrina cristianas, actitud conformista o de disimulo cara a los censores (Sobre el sentido del Guzmán de Alfarache, en «Estudios dedicados a Menéndez Pidal», V, 1954, pp. 283-306).- Acerca de la conveniencia de abordar el pensamiento de Alemán plurilateralmente, teniendo en cuenta su raza, su clase social y su posición respecto al cristianismo, da sensatas razones A. del Monte en su Itinerario del romanzo picaresco spagnolo, Sansoni, Firenze, 1957, p. 66 y ss.
30
Citado por M. Serrano y Sanz, Autobiografías y Memorias (NBAE, 2, Introducción, p. XCV).