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ArribaAbajoLa maestra rural

A Federico de Onís.



La maestra era pura. «Los suaves hortelanos»,
decía, «de este predio, que es predio de Jesús,
han de conservar puros los ojos y las manos,
guardar claros sus óleos, fiara dar clara luz».

   La Maestra era pobre. Su reino no es humano.  5
(Así en el doloroso sembrador de Israel).
Vestía sayas fardas, no enjoyaba su mano
¡y era todo su espíritu un inmenso joyel!

   La Maestra era alegre. ¡Pobre mujer herida!
Su sonrisa fue un modo de llorar con bondad.  10
Por sobre la sandalia rota y enrojecida,
tal sonrisa, da insigne flor de su santidad.

   ¡Dulce ser! En su río de mieles, caudaloso,
largamente abrevaba sus tigres el dolor!
Los hierros que le abrieron el pecho generoso  15
¡más anchas le dejaron las cuencas del amor!

   ¡Oh, labriego, cuyo hijo de su labio aprendía
el himno y la plegaria, nunca viste el fulgor
del lucero cautivo que en sus carnes ardía:
pasaste sin besar su corazón en flor!  20
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   Campesina, ¿recuerdas que alguna vez prendiste
su nombre a un comentario brutal o baladí?
Cien veces la miraste, ninguna vez la viste
¡y en el solar de tu hija, de ella hay más que de ti!

   Pasó por él su fina, su delicada esteva,  25
abriendo surcos donde alojar perfección.
La albada de virtudes de que lento se nieva
es suya. Campesina, ¿no le pides perdón?

   Daba sombra por una selva su encina hendida
el día en que la muerte la convidó a partir.  30
Pensando en que su madre la esperaba dormida,
a La de Ojos Profundos se dio sin resistir.

   Y en su Dios se ha dormido, como en cojín de luna;
almohada de sus sienes, una constelación;
canta el Padre fiara ella sus canciones de cuna  35
¡y la paz llueve largo sobre su corazón!

   Como un henchido vaso, traía el alma hecha
para volcar aljófares sobre la humanidad;
y era su vida humana la dilatada brecha
que suele abrirse el Padre para echar claridad.  40

   Por eso aún el polvo de sus huesos sustenta
púrpura de rosales de violento llamear.
¡Y el cuidador de tumbas, cómo aroma, me cuenta,
las plantas del que huella sus huesos, al pasar!



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ArribaAbajoLa encina

A la maestra señorita
Brígida Walker.




I

   Esta alma de mujer viril y delicada,
dulce en la gravedad, severa en el amor,
es una encina espléndida de sombra perfumada,
por cuyos brazos rudos trepara un mirto en flor.

   Pasta de nardos suaves, fasta de robles fuertes,
le amasaron la cante rosa del corazón,
y aunque es altiva y recia, si miras bien adviertes
un temblor en sus hojas que es temblor de emoción.

   Dos millares de alondras el gorjeo aprendieron
en ella, y hacia todos los vientos se esparcieron
para poblar los cielos de gloria. ¡Noble encina,

   déjame que te bese en el tronco llagado,
que con la diestra en alelo, tu macizo sagrado
largamente bendiga, como hechura divina!


II

   El beso de los nidos, ¡fuerte!, no te ha agobiado.
Nunca la dulce carga pensaste sacudir.
No ha agitado tu fronda sensible otro cuidado,
que el ser ancha y espesa fiara saber cubrir.
—72→

   La vida (un viento) pasa por tu vasto follaje
como un encantamiento, sin violencia, sin voz;
la vida tumultuosa golea en tu cordaje
con el sereno ritmo que es el ritmo de Dios.

   De tanto albergar nido, de tanto albergar canto,
de tanto hacer tu seno aromosa tibieza,
de tanto dar servicio, y tanto dar amor,

   todo tu leño heroico se ha vuelto, encina, santo.
Se te ha hecho en la fronda inmortal la belleza,
¡y pasará el otoño sin tocar tu verdor!


III

   ¡Encina, noble encina, yo te digo mi canto!
Que nunca de tu tronco mane amargor de llanto,
que delante de ti prosterne el leñador
de la maldad humana, sus hachas; y que cuando
el rayo de Dios hiérate, para ti se haga blando
y ancho como tu seno, el seno del Señor!



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ArribaAbajoEl corro luminoso

A mi hermana.



   Corro de las niñas,
corro de mil niñas
a mi alrededor:
¡oh Dios!, yo soy dueña
de este resplandor!  5

   En la tierra yerma,
sobre aquel desierto
mordido de sol,
¡mi corro de niñas
como inmensa flor!  10

   En el llano verde,
al pie de los montes
que hería la voz,
¡el corro era un solo
divino temblor!  15

   En la estepa inmensa,
era la estepa yerta
de desolación,
¡mi corro de niñas
ardiente de amor!  20
—74→

   En vano queréis
ahogar mi canción:
¡Un millón de niños
la canta en un corro
debajo del sol!  25

   En vano queréis
quebrarme la estrofa
de tribulación:
¡el corro la canta
debajo de Dios!  30

imagen



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ArribaAbajoEl himno cotidiano

A la señorita Virginia Trewhela.



En este nuevo día
que me concedes ¡oh Señor!
dame mi parte de alegría
y haz que consiga ser mejor.

   Dame Tú el don de la salud,  5
la fe, el ardor, la intrepidez,
séquito de la juventud;
y la cosecha de verdad,
la reflexión, la sensatez,
séquito de la ancianidad.  10

   Dichoso yo si, al fin del día,
un odio menos llevo en mí;
si una luz más mis pasos guía
y si un error más yo extinguí.

   Y si por la rudeza mía  15
nadie sus lágrimas vertió,
y si alguien tuvo la alegría
que mi ternura le ofreció.
—78→

   Que cada tumbo en el sendero
me vaya haciendo conocer  20
cada pedrusco traicionero
que mi ojo ruin no supo ver.

   Y más potente me incorpore,
sin protestar, sin blasfemar.
Y mi ilusión la senda dore,  25
y mi ilusión me la haga amar.

   Que dé la suma de bondad,
de actividades y de amor
que a cada ser se manda dar:
suma de esencias a la flor  30
y de albas nubes a la mar.

   Y que, por fin, mi siglo engreído
en su grandeza material,
no me deslumbre hasta el olvido
de que soy barro y soy mortal.  35

   Ame a los seres este día;
a todo trance halle la luz.
Ame mi gozo y mi agonía:
¡ame la prueba de mi cruz!



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ArribaAbajoPiececitos...

A Jorge Guzmán Dinator.



   Piececitos de niño,
azulosos de frío,
¡cómo os ven y no os cubren,
      ¡Dios mío!
   ¡Piececitos heridos  5
por los guijarros todos,
ultrajados de nieves
      y lodos!

   El hombre ciego ignora
que por donde pasáis,  10
una flor de luz viva
      dejáis;
   que allí donde ponéis
la plantita sangrante,
el nardo nace más  15
      fragante.

   Sed, puesto que marcháis
por los caminos rectos,
heroicos como sois
      perfectos.  20

   Piececitos de niño,
dos joyitas sufrientes,
¡cómo pasan sin veros
      las gentes!



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ArribaAbajoManitas...



   Manitas de los niños,
manitas pedigüeñas,
de los valles del mundo
       sois dueñas.

   Manitas de los niños  5
que hacia el árbol se tienden,
por vosotros los frutos
      se encienden!

   y los panales llenos
se vierten y se hienden.  10
¡Y los hombres que pasan
      no entienden!

   Manitas blancas hechas
como de suave harina,
la espiga por tocaros  15
      se inclina.

   Manitas extendidas
manos de pobrecitos,
benditos los que os colman
       ¡benditos!  20

   Benditos los que oyendo
que parecéis un grito,
os devuelven el mundo
      ¡benditos!



  —81→  

ArribaAbajoNubes blancas...



   Ovejas blancas, dulces ovejas de vellones
que se inflan como un tul:
asomáis, cual mujeres, los rostros preguntones
tras la colina azul

   Se diría que el cielo o el tiempo consultarais,  5
con ingenuo temor,
o que, para avanzar, un mandato esperarais.
¿Es que tenéis pastor?

   -Sí que tenemos un pastor:
el viento errante. Él es.  10
Y una vez los vellones los trata con amor,
y con furia otra vez.

   Y ya nos manda al norte o ya nos manda al sur.
Él manda y hay que ir...
Pero es, por las praderas del infinito azar,  15
sabio en el conducir.

   -Ovejas del vellón nevado,
¿tenéis dueño y señor?
Y si me confiara su divino ganado,
¿no me querríais por pastor?  20
—82→

   -Claro es que la manada bella
su dueño tiene, como allá.
Detrás del oro trémulo de la trémula estrella,
pastor, dicen que está.

   El seguirnos por este valle tan dilatado  25
te puede fatigar.
Son también tus ovejas de vellón delicado
¿Las vas a abandonar?



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ArribaAbajoMientras baja la nieve



   Ha bajado la nieve, divina criatura,
      el valle a conocer.
Ha bajado la nieve, esposa de la estrella
      ¡Mirémosla caer!

¡Dulce! Llega sin ruido, como los suaves seres  5
      que recelan dañar.
Así baja la luna y así bajan los sueños.
      ¡Mirémosla bajar!

¡Pura! Mira tu valle cómo lo está bordando
      de su ligero azahar.  10
Tiene unos dulces dedos tan leves y sutiles
      que rozan sin rozar.

¡Bella! ¿No te parece que sea el don magnífico
      de un alto Donador?
Detrás de las estrellas su ancho pelo de seda  15
      desgaja sin rumor.

Déjala que en la frente te diluya su pluma
      y te prenda su flor.
¡Quién sabe si no trae un mensaje a los hombres,
      de parte del Señor!  20



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ArribaAbajoPlantando el árbol



   Abramos la dulce tierra
con amor, con mucho amor;
es éste un acto que encierra,
de misterios, el mayor.

   Cantemos mientras el tallo  5
toca el seno maternal
Bautismo de luz da un rayo
al cono piramidal.

   Le entregaremos ahora
a la buena Agua y a vos,  10
noble Sol; a vos, señora
Tierra y al buen Padre Dios.

   El Señor le hará tan bueno
como un buen hombre o mejor:
en la tempestad sereno,  15
y en toda hora, amparador.

   Te dejo en pie. Ya eres mío,
y te juro protección,
contra el hacha, contra el frío
y el insecto, y el turbión.  20

   A tu vida me consagro;
descansarás en mi amor.
¿Qué haré que valga el milagro
de tu fruto y de tu flor?



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ArribaAbajoHimno al árbol

A D. José Vasconcelos.



   Árbol hermano, que clavado
por garfios pardos en el suelo,
la clara frente has elevado
en una intensa sed de cielo:

   hazme piadoso hacia la escoria  5
de cuyos limos me mantengo,
sin que se duerma la memoria
del país azul de donde vengo.

   Árbol que anuncias al viandante
la suavidad de tu presencia  10
con tu amplia sombra refrescante
y con el miedo de tu esencia:

   haz que revele mi presencia,
en las praderas de la vida,
mi suave y cálida influencia  15
sobre las almas ejercida.

   Árbol diez veces productor:
el de la poma sonrosada,
—86→
el del madero constructor,
el de la brisa perfumada,  20
el del follaje amparador;

   el de las gomas suavizantes
y las resinas milagrosas,
pleno de tirsos agobiantes
y de gargantas melodiosas:  25

   hazme en el dar un opulento.
¡Para igualarte en lo fecundo,
el corazón y el pensamiento
se me hagan vastos como el mundo!

   Y todas las actividades  30
no lleguen nunca a fatigarme:
¡las magnas prodigalidades
salgan de mí sin agotarme!

   Árbol donde es tan sosegada
la pulsación del existir,  35
y ves mis fuerzas la agitada
fiebre del siglo consumir:

   hazme sereno, hazme sereno,
de la viril serenidad
que dio a los mármoles helenos  40
su soplo de divinidad.

   Árbol que no eres otra cosa
que dulce entraña de mujer,
—87→
pues cada rama mece airosa
en cada leve nido un ser:  45

   dame un follaje vasto y denso,
tanto como para de precisar
los que en el bosque humano -inmenso-
rama no hallaron para hogar!

   Árbol que donde quiera aliente  50
tu cuerpo lleno de vigor,
asumes invariablemente
el mismo gesto amparador:

   haz que a través de toda estado
-niñez, vejez, placer, dolor-  55
asuma mi alma un invariado
y universal gesto de amor!



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ArribaAbajoPlegaria por el nido



   ¡Dulce Señor, por un hermano pido,
indefenso y hermoso: ¡por el nido!

   Florece en su plumilla el trino;
ensaya en su almohadita el vuelo.
¡Y el canto dices que es divino  5
y el ala casa de los cielos!

   Dulce tu brisa sea al mecerlo,
dulce tu luna al platearlo,
fuerte tu rama al sostenerlo,
bello el rocío al enjoyarlo.  10

   De su conchita delicada
tejida con hilacha rubia,
desvía el vidrio de la helada
y las guedejas de la lluvia;

   desvía el viento de ala brusca  15
que lo dispersa a su caricia
y la mirada que lo busca,
toda encendida de codicia...
—89→

   Tú, que me afeas los martirios
dados a tus criaturas finas:  20
al copo leve de tos lirios
y a las pequeñas clavelinas,

   guarda su forma con cariño
y pálpala con emoción.
Tirita al viento como un niño;  25
¡es parecido a un corazón!



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ArribaAbajoDoña primavera



   Doña Primavera
viste que es primor
de blanco, tal como
limonero en flor.

   Lleva por sandalias  5
unas anchas hojas,
y por caravanas,
unas fucsias rojas.

   Salid a encontrarla
por esas caminos.  10
¡Va loca de soles
y loca de trinos!

   Doña Primavera,
de aliento fecundo,
se ríe de todas  15
las frenas del mundo...

   No cree al que le hable
de las vidas ruines.
¿Cómo va a entenderlas
entre sus jazmines?  20
—91→

   ¿Cómo va a entenderlas
junto de las fuentes
de espejos dorados
y cantos ardientes?

   De la tierra enferma  25
en las hondas grietas,
enciende rosales
de rojas piruetas.

   Pone sus encajes,
prende sus verduras,  30
en la piedra triste
de las sepulturas...

   Doña Primavera
de manos gloriosas,
haz que por la vida  35
derramemos rosas:

   Rosas de alegría,
rosas de perdón,
rosas de cariño
y de abnegación.  40



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ArribaAbajo¡Echa la simiente!



   El surco está abierto, y su suave hondor
bajo el sol semeja una cuna ardiente
¡Oh, labriego, tu obra es grata al Señor!
      ¡Echa la simiente!

   Nunca, nunca, el hambre, negro segador,  5
a tu hogar se llegue solapadamente.
Para que haya pan, para que haya amor,
      ¡echa la simiente!

   La vida conduces, rudo sembrador.
Canta himnos donde la esperanza aliente;  10
burla a la miseria y burla al dolor:
      ¡echa la simiente!

   El sol te bendice, y acariciador
en el viento Dios te besa la frente.
Hombre que echas grano, hombre creador,  15




ArribaAbajoPromesa a las estrellas



   Ojitos de las estrellas,
abiertos en un oscuro
terciopelo; desde lo alto,
       ¿me veis puro?

   Ojitos de las estrellas,  5
prendidos en el sereno
cielo, decid: desde arriba,
       ¿me halláis bueno?

   Ojitos de las estrellas,
de pestañita dorada,  10
os diré: ¡tenéis muy suave
       la mirada!

   Ojitos de las estrellas,
de pestañitas inquietas,
¿por qué sois azules, rojos  15
      y violetas?

   Ojitos de la pupila
curiosa y trasnochadora,
—94→
¿por qué os borra cosa sus rosas
      la aurora?  20

   Ojitos, salpicaduras
de lágrimas o rocío,
cuando tembláis allá arriba,
      ¿es de frío?

   Ojitos de las estrellas,  25
postrado en la tierra, os juro
que me habéis de mirar siembre,
      siempre puro.




ArribaAbajoVerano



   Verano, verano rey,
obrero de mano ardiente,
sé para los segadores
¡dueño de hornos! más clemente.

   Inclinados sobre el oro  5
áspero de sus espigas,
desfallecen. ¡Manda un viento
de frescas alas amigas!

   Verano, la tierra abrasa:
llama tu sol allá arriba;  10
llama tu granada abierta;
llama el labio, llama viva!

   La vid está fatigada
del producir abundoso.
El río se fuga, lánguido,  15
de tu castigo ardoroso.
   Echa un pañuelo de nube,
de clara nube extendida
sobre la vendimiadora  20
de la mejilla encendida.
—96→

   Soberbio verano rey,
el de los hornos ardientes,
no te sorbas la frescura
era los labios de las fuentes...  25

   Gracias por la fronda ardida
de fruto en los naranjales
y gracias por la amapola
que te incendia los trigales.




ArribaAbajoHablando al padre



   Padre: has de oír
este decir
que se me abre en los labios como flor...
Te llamaré
Padre, porque  5
la palabra me sabe a más amor.

   Tuya me sé
pues que miré
en mi carne prendido tu fulgor.
Me has de ayudar  10
a caminar,
sin deshojar mi rosa de esplendor.

   Me has de ayudar
a alimentar
como una llama azul mi juventud,  15
sin material
basto y carnal:
¡con olorosos leños de virtud!

   Por cuanto soy
gracias te doy:  20
—98→
porque me abren los cielos su joyel,
me canta el mar
y echa el pomar
para mis labios en sus pomas miel.

   Porque me das,  25
Padre, en la faz
la gracia de la nieve recibir
y por el ver
la tarde arder:
¡por el encantamiento de existir!  30

   Por el tener
más que otro ser
capacidad de amor y de emoción
y el anhelar
y el alcanzar,  35
ir poniendo en la vida perfección.

   Padre, para ir
por el vivir,
dame tu mano suave y tu amistad,
pues, te diré,  40
sola no sé
ir rectamente hacia tu claridad.

   Dame el saber
de cada ser
a la huerta llamar con suavidad,  45
llevarle un don,
mi corazón,
¡y nevarle de lirios su heredad!
—99→

   Dame el pensar
en Ti al rodar  50
herida en medio del camino. Así
no llamaré,
recordaré
el vendador sutil que alienta en Ti.

   Tras el vivir,  55
dame el dormir
con los que aquí anudaste a mi querer.
Dé tu arrullar
hondo el soñar.
¡Hogar dentro de Ti nos has de hacer!  60



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ArribaAbajoEl ángel guardián




I

   Es verdad, no es cuento.
Hay un Ángel Guardián
que ve tu acción y ve tu pensamiento,
que con los niños va doquiera van.

   Tiene cabellos suaves
de seda desflocada,
ojos dulces y graves
que dan la paz con sólo la mirada.
¡Ojos de alucinante claridad!
(No es un cuento, es verdad).

   Tiene una mano hermosa
para proteger hecha.
En actitud de defender piadosa
levantada, acecha.
¡Mano grácil de suma idealidad!
(No es un cuento, es verdad).

   Tiene pie vaporoso.
El aura hace más ruido
que su andar armonioso.
Va sobre el suelo, pero no a él unido.
(No es un cuento, es verdad).
—101→

   Bajo su ala de seda,
bajo de su ala azul, curva y rizada,
todo su cuerpo cuando duermes queda
y aspira una tibieza perfumada.
¡Ala que es congo un gesto de bondad!
(No es un cuento, es verdad).


II

   Hace más dulce la pulpa madura
que entre tus labios golosos estrujas;
rompe a la nuez su tenaz envoltura
y es quien te libra de gnomos y brujas.

   Gentil, te ayuda a que cortes las rosas;
vuelve más dura la linfa en que bebes;
te dice el modo de obrar de las cosas:
las que tú atraigas y las que repruebes.

   Llora si acaso los nidos desojas,
y si la testa del lirio mutilas,
y si la frase brutal que sonroja
su acre veneno en tu boca destila.

   Y aunque ese lazo que a ti le ha ligado
al de la carne y el alma semeja,
cuando su estigma te pone el pecado,
presa de horror y llorando se aleja.

   Es verdad, no es un cuento.
Hay un Ángel Guardián
que ve tu acción y ve tu pensamiento,
que con los niños va doquiera van!



  —102→  

ArribaAbajoCaperucita roja



   Caperucita Roja visitará a la abuela
que en el poblado próximo postra un extraño mal.
Caperucita Roja, da de los rizos rubios,
tiene el corazoncito tierno como un panal.

   A las primeras luces ya se ha puesto en camino  5
y va cruzando el bosque con un pasito audaz.
Le sale al paso Maese Lobo, de ojos diabólicos.
«Caperucita Roja, cuéntame a dónde vas».

   Caperucita es cándida como los lirios blancos...
-«Abuelita ha enfermado. Le llevo aquí un pastel  10
y un pucherito suave, que deslíe manteca.
¿Sabes del pueblo próximo? Vive a la entrada de él».

   Y después, por el bosque discurriendo encantada,
recoge bayas rojas, corta ramas en flor,
y se enamora de unas mariposas pintadas  15
que le hacen olvidarse del viaje del Traidor...

   El lobo fabuloso de blanqueados dientes,
ha pasado ya el bosque, el molino, el alcor,
y golpea en la plácida huerta de la abuelita,
que le abre. (A la niña ha anunciado el Traidor).  20

   Ha tres días el pérfido no sabe de bocado.
¡Pobre abuelita inválida, quién la va a defender!
—103→
...Se la comió sonriendo, sabía y pausadamente
y se ha puesto en seguida sus ropas de mujer.

   Tocan dedos menudos a la entornada puerta.  25
De la arrugada cama dice el Lobo -«¿Quien va?»
La voz es ronca. Pero la abuelita está enferma,
la niña ingenua explica. -`De parte de mamá».

   Caperucita ha entrado, olorosa de bayas.
Le tiemblan en la mano gajos de salvia en flor.  30
«Deja los pastelitos; ven a entibiarme el lecho».
Caperucita cede al reclamo de amor.

   De entre la cofia salen las orejas monstruosas.
«¿Por qué tan largas?», dice la niña con candor.
Y el velludo engañoso, abrazado a la niña:  35
«¿Para qué son tan largas? Para, oírte mejor».

   El cuerpecito rosa le dilata los ojos.
El terror en la niña los dilata también.
-«Abuelita, decidme: ¿Por qué esos grandes ojos?»
-«Corazoncito mío, para mirarte bien...».  40

   Y el viejo Lobo ríe, y entre la boca negra
tienen los dientes blancos un terrible fulgor.
-«Abuelita, decidme: Por qué esos grandes dientes»
-«Corazoncito, para devorarte mejor...»

   Ha arrollado la bestia, bajo sus pelos ásperos,  45
el cuerpecito trémulo, suave como un vellón;
y ha molido las carnes, y ha molido los huesos,
y ha exprimido como una cereza el corazón...



  —104→  

ArribaAbajoA Noel



   ¡Noel, el de la noche del prodigio,
Noel de barbas caudalosas,
Noel de las sorpresas delicadas
y las sandalias sigilosas!

   Esta noche te dejo mi calzado  5
colgando en los balcones:
antes que hayas pasado frente a ellos,
no viertas tus bolsones.

   Noel, Noel, te vas a encontrar húmedas
mis medias de rocío,  10
mirando con ojitos que te atisban
las barbazas de río...

   Sacude el llanto y deja cada una
perfumada y llenita,
con el anillo de la Cenicienta  15
y el lobo de Caperucita...

   Y no olvides a Marta. También deja
su zapatito abierto.
Es mi vecina, y yo la quiero, desde
que su mamita ha muerto.  20

   Noel, dulce Noel, de las manazas
florecidas de domes,
de los ojitos pícaros y azules
y la barba en vellones!...



  —105→  

ArribaAbajoCaricia



   Madre, madre, tú me besas;
pero, yo te beso más.
Como el agota en los cristales
son mis besos en tu faz.

   Te he besado tanto, tanto,  5
que de mi cubierta estás
y el enjambre de mis besos
no te deja ya mirar...

   Si la abeja se entra al lirio,
no se siente su aletear.  10
Cuando tú al hijito escondes
no se le oye respirar...

   Yo te miro, yo te miro
sin cansarme de mirar,
y qué lindo niño veo  15
a tus ojos asomar...

   El estanque copia todo
lo que tú mirando estás;
pero tú en los ojos copias
a tu niño y nada más.  20

   Los ojitos que me diste
ya los tengo que gastar
en seguirte por los valles
por el cielo y por el mar...



  —106→  

ArribaAbajoDulzura



   Madrecita mía,
madrecita tierna,
déjame decirle dulzuras extremas.

   Es tuyo mi cuerpo
que hiciste cual ramo.  5
Deja revolverlo
sobre tu regazo.

   Juega tú a ser hoja
y yo a ser rocío:
sobre tus dos brazos  10
tenme suspendido.

   Madrecita mía
todito mi mundo,
déjame decirte
los cariños sumos.  15



  —107→  

ArribaAbajoObrerito



   Madre, cuando sea grande
¡ay! qué mozo el que tendrás!
Te levantaré en mis brazos,
como el viento alza el trigal.

   Yo no sé si haré tu casa  5
cual me hiciste tú el pañal
o si fundiré los bronces,
los que son eternidad.

   Qué hermosa casa ha de hacerle
tu niñito, tu titán,  10
y qué sombra tan amante
el alero le va a dar.

   Yo te regaré una huerta
y tu falda he de colmar
con las frutas perfumadas:  15
pura miel y suavidad.

   O mejor te haré tapices
y la juncia he de trenzar;
o mejor tendré un molino,
el que canta y hace el pan.  20
—108→

   ¡Ay! qué alegre tu hombrecito
en la fragua va a cantar
o en la rueda del molino
o en las jarcias y en el mar.

   Cuenta, cuenta las ventanas  25
que estas manos abrirán;
cuenta, cuenta las gavillas
si las puedes tú contar...

   (Con la greda purpurina
me enseñaste tú a crear,  30
y me diste en tus canciones
todo el valle y todo el mar...)

   ¡Ay, qué hermoso niño el tuyo
que jugando te pondrá
en lo alto de las parvas  35
y en las olas del trigal!...




ArribaAbajoRondas de niños

A D. Enrique Molina



   Las madres contando batallas
sentadas están al umbral.
Los niños se fueron al campo,
la roja amapola a cortar.

   Se han puesto a jugar a los ecos  5
al pie de su cerro alemán.
(Los niños del lado de Francia
rompieron también a cantar).

   El canto los montes pasaba.
(El mundo parece cristal).  10
Y a cada canción las dos rondas
han ido acercándose más.

   La frase del cauto no entienden,
mas luego se van a encontrar,
y cuando a los ojos se miren  15
las manos tejiéndose irán...

   Las madres saldrán en su busca
y en lo alto se van a encontrar,
—110→
y al ver la viviente guirnalda,
su llanto va a ser manantial!  20

Los hombres saldrán en su busca,
y el corro tan ancho será,
que siendo vergüenza romperlo
riendo en da ronda entrarán...

   Después bajarán a las eras  25
a hacer sin sollozos su pan.
Y cuando la tarde se apague,
la ronda en lo alto estará...



  —111→  

ArribaAbajo¿En dónde tejemos la ronda?




I

   ¿En dónde tejemos la ronda?
¿La haremos a orillas del mar?
El mar danzará con mil olas,
haciendo una trenza de azahar.

   ¿La paremos al pie de los montes?
El monte naos va a contestar.
¡Será cual si todas quisiesen,
las piedras del mundo, cantar!

   ¿La haremos mejor en el bosque?
Él va voz y voz a mezclar,
y cantos de niños y de aves
se irán en el viento a besar.

   ¡Haremos la ronda infinita:
la iremos al bosque a trenzar,
la haremos al pie de los montes,
y en todas las playas del mar!


II

LA MARGARITA


   El cielo de Diciembre es puro
y la fuente mana, divina,
y la hierba llamó temblando
a hacer la ronda en la colina.
—112→

   Las madres miran desde el valle,
y sobre la alta hierba fina,
ven una inmensa margarita,
que es nuestra ronda en la colina.

   Ven una margarita blanca
que se levanta y que se inclina,
que se desata y que se anuda,
y que es la ronda en la colina.

   Era este día abrió una rosa
y perfumó la clavelina,
nació en el valle un corderillo
e hicimos ronda en la colina...


III

INVITACIÓN


   ¿Qué niño no quiere a la ronda
que está en las colinas venir?
   Aquellos que se han rezagado
se ven por la cuesta subir.

   Vinimos los niños buscando
por viñas, majadas y hogar.
Y todos cantando se unieron
y el corro hace el valle blanquear...


IV

DAME LA MANO


   Dame la mano y danzaremos;
dame la mano y me amarás.
Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más...
—113→

   El mismo verso cantaremos,
al mismo paso bailarás.
Como una espiga ondularemos,
como una espiga, y nada más.

   Te llamas Rosa y yo Esperanza;
pero tu nombre olvidarás,
porque seremos una danza
en la colina, y nada más.


V

LOS QUE NO DANZAN


   Una niña que es inválida
dijo: -«¿Cómo danzo yo?»
Le dijimos que pusiera
a danzar su corazón...

   Luego dijo la quebrada:
-«¿Cómo cantaría yo?»
Le dijimos que pusiera
a cantar su corazón...

   Dijo el pobre cardo muerto:
-«¿Cómo, cómo danzo yo?»
Le dijimos: -«Pon al viento
a volar tu corazón...»

   Dijo Dios desde la altura:
-«¿Cómo bajo del azul?»
Le dijimos que bajara
a danzarnos en la luz.

   Todo el valle está danzando
en un corro bajo el sol,
y al que no entra se le hace
tierra, tierra el corazón.
—114→


VI

LA TIERRA


   Danzamos en tierra chilena,
más suave que rosas y miel,
la tierra que amasa a los hombres
de labios y pecho sin hiel...

   La tierra más verde de huertos,
la tierra más rubia de mies,
la tierra más roja de viñas,
¡qué dulce que roza los pies!

   Su polvo hizo nuestras mejillas,
su río hizo nuestro reír,
y besa los pies de la ronda
que la hace cual madre gemir.

   Es bella, y por bella queremos
su césped de rondas albear;
es libre y por libre queremos
su rostro de cantos bañar...

   Mañana abriremos sus rocas,
la haremos viñedo y pomar;
mañana alzaremos sus pueblos:
¡hoy sólo sabemos danzar!


VII

JESÚS


   Haciendo la ronda,
la montaña no arde.
El sol ha caído;
se nos fue la tarde.
—115→

   Pero la ronda seguirá,
aunque en el cielo el sol no está.

   Danzando, danzando,
la viviente fronda
no lo oyó venir
y entrar en la ronda.

   Ha abierto el corro, sin rumor
y al centro está hecho resplandor.

   Callando va el canto,
callando de asombro.
Se oprimen las manos,
se oprimen temblando.

   Y giramos a Su redor
y sin romper el resplandor.

   Ya es silencio el coro,
ya ninguno canta:
se oye el corazón
en vez de garganta.

   ¡Y mirando Su rostro arder,
nos va a hallar el amanecer!


VIII

TODO ES RONDA


   Los astros son ronda de niños,
jugando la tierra a mirar...
Los trigos son talles de niñas
jugando a ondular... a ondular...

   Los ríos son rondas de niños
jugando a encontrarse en el mar...
Las olas son rondas de niñas,
jugando este mundo a abrazar...



  —116→  

ArribaAbajoHimno de la escuela Gabriela Mistral



   ¡Oh! Creador, bajo tu luz cantamos
porque otra vez nos vuelves la esperanza.
Como los surcos de la tierra alzamos
la exhalación de nuestras alabanzas.

   Gracias a Ti por el glorioso día  5
en el que van a erguirse las acciones;
por la alborada llena de alegría
que baja al valle y a los corazones.

   Se alcen las manos, las que Tú tejiste,
frescas y vivas sobre las faenas.  10
Se alcen los brazos que con luz heriste
en un temblor dorado de colmenas.

   Somos planteles de hijas todavía;
haznos el alma recta y poderosa
Para ser dignas era el sumo día  15
en que seremos el plantel de esposas.

   Venos crear a tal honda semejanza,
con voluntad insigne de hermosura;
—117→
trenzar, trenzar, divinas de confianza
el lino blanco con la lana pura.  20

   Mira cortar el pan de las espigas;
poner los frutos en la clara mesa;
tejer la juncia que nos es amiga;
¡crear, crear, mirando a tu belleza!

   El hijo nuestro encontrará extendido  25
ya su pañal con suavidad de luna;
el hijo nuestro va a encontrar henchido
el labio ardiente de canción de cuna.

   ¡Oh!, Creador de manos soberanas,
sube el futuro en la canción ansiosa,  30
que ahora somos el plantel de hermanas,
pero seremos el plantel de esposas.

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