Dos escritos programáticos de la
vanguardia en Venezuela
Patrizia Spinato
C.N.R. - Centro per lo Studio
delle letterature e delle culture delle Aree Emergenti - Università
di Milano
[279]
La segunda década
del siglo XX revistió especial importancia para las letras
hispanoamericanas puesto que consiguió descargarse de la retórica
modernista y poner las bases para una escisión con el pasado
reciente: se quiso de este modo renovar las expresiones artísticas
institucionalizadas y, por supuesto, mejorarlas. Incluso los
artistas americanos manifestaron la necesidad de superar las
categorías éticas, estéticas y gnoseológicas tradicionales con
acciones provocadoras. Como observa Verani, sobre todo la poesía de
este período desconcertó al público por la voluntad constructiva
que suplantó al orden impresionista, emotivo y espiritual del
mundo, y por la ambición de renovar el lenguaje y los fines de la
poesía tradicional (1).
Aunque aparecieron
de manera absolutamente autónoma y original en los diferentes
países, los ecos de las vanguardias se manifestaron en América
entre 1916 y 1935 y tuvieron su apogeo aproximadamente en 1922
(2). Cada realidad nacional absorbió
y elaboró diferentemente y con ritmos específicos los fermentos
europeos y americanos que así se diversificaron y adquirieron una
fisonomía propia: en general se trató de movimientos programáticos,
difícilmente homogéneos, exceptuando la típica actitud de rechazo y
la frecuente politicización que caracterizaban su ideología global
(3).
Las inquietudes
intelectuales de los estudiantes venezolanos de los primeros
treinta años del siglo inicialmente llevaron a la formación de
grupos culturales [280]
espontáneos, como el que con mucho entusiasmo se reunía en Caracas,
en una cervecería en frente de la plaza Bolívar, alrededor de
Alfredo Arvelo-Larriva, Jacinto Fombona Pachano, Andrés Eloy
Blanco, José Antonio Ramos Sucre y otros intelectuales prestigiosos
para informarse de las novedades literarias.
Otro centro de
agregación de la capital estuvo ubicado en las piezas de la
Tipografía Vargas, gracias al mecenazgo del propietario, Juan de
Guruceaga: aquí confluían, en los fines de semana, intelectuales de
diferentes generaciones y opuestas tendencias, como Guillermo
Meneses, Enrique Bernardo Núñez, Rómulo Gallegos, para hablar de
actualidad y de literatura. Entre los más jóvenes se encontraba
Arturo Uslar Pietri, que así comenta su incipiente actividad
intelectual (4):
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La
Tipografía [...] Servía de ateneo, de club, de cueva de
conspiradores, de mentidero literario y político, y de facultad de
letras. Hacia el final de la mañana iban llegando a su acogedor
recibo, entre el ruido de las prensas y los linotipos y el ajetreo
de los tipógrafos, numerosos escritores y artistas. Guruceaga nos
acogía y nos alentaba. Su revista Elite nos servía de instrumento de
difusión. Por entonces la dirigía aquel personaje singular y
truculento, violento, generoso y apasionado que fue Raúl Carrasquel
y Valverde. Al fondo estaba la redacción de la revista
Caricaturas de Rafael Rivero
y Alejandro Alfonso Larrain (Alfa), adonde íbamos con frecuencia
[...] a inventar leyendas para las caricaturas que a todo vapor
producían los dos apresurados humoristas (5). |
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Empezó a
concretarse incluso el torrente cultural representado por las
revoluciones vanguardistas, con los movimientos dadaísta,
imaginista, expresionista, ultraísta, surrealista, etc. En
realidad, los fermentos innovadores habían empezado a manifestarse
desde 1909, con la publicación del artículo anónimo El
Futurismo de Marinetti (6). Sin
embargo las reacciones literarias de ruptura con la tradición
académica tardaron en seguir el ejemplo de las artes plásticas:
parece casi como si se esperara la gradual formación de la nueva
sensibilidad cultural, en Venezuela como en Europa necesariamente
sujeta a las transformaciones económicas y políticas. De la
publicación del manifiesto de Le Figaro a la nota de
El Cojo Ilustrado corrieron solamente tres meses; por eso,
aun reconociendo la relativa facilidad con la que llegaban las
noticias (7), hay que tomar
[281] en cuenta el talante
crítico mostrado por unos años de parte de los intelectuales del
país con respecto a las nuevas tendencias europeas. Las escasas
alusiones eran irónicas y despectivas: Jesús Semprum los rechazó de
las páginas del semanario satírico Fantoches, y hasta
Gallegos, apreciado y respetado por los vanguardistas, inicialmente
manifestó su reluctancia por la poética de las nuevas
tendencias.
Perteneciente
histórica y culturalmente a la primera posguerra, en concomitancia
con las manifestaciones de la vanguardia europea, los nuevos
escritores se identificaron comúnmente como «Generación de 1928»,
según una determinación cronológica de su agrupación, o «Generación
de vanguardia», considerando las innovaciones programáticas que
representaron. En efecto, inclusive a Venezuela llegaron los ecos
de las inquietudes sociales y políticas que revolvieron el orden
europeo después del primer conflicto, los fermentos de las
revoluciones mexicana y rusa, y dieron nuevos impulsos estéticos y
filosóficos. Los literatos, en su ansiosa búsqueda de novedades, se
inclinaron otra vez a rechazar la evasión, a liberarse de los
elementos culturales y tradicionales de origen psicológico y
social, prefiriendo aquéllas que, en su opinión, podían
considerarse como las auténticas responsabilidades del escritor,
como la evocación lírica de la historia nacional o el problema de
la originalidad del arte americano, sobre todo con respecto a
Europa. En otoño de 1928, por ejemplo, una agrupación de jóvenes
intelectuales cubanos puso en circulación un cuestionario bajo la
pregunta: «¿Qué debe ser el arte americano?». El evento documenta
la existencia efectiva y generalizada de este tipo de inquietudes
espirituales en los artistas del nuevo continente:
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lª. - ¿Cree usted que la obra del
artista americano debe revelar una preocupación
americana? |
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2ª. - ¿Cree usted que la
americanidad es cuestión de óptica, de contenido o de
vehículo? |
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3ª. - ¿Cree usted en la
posibilidad de caracteres comunes al arte de todos los países de
nuestra América? |
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4ª. - ¿Cuál debe ser la actitud
del artista americano ante lo europeo? (8). |
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Aunque no tuvo una
finalidad exclusivamente política, la nueva literatura venezolana
tropezó muy pronto con los límites impuestos por el régimen
dictatorial vigente; los líderes del movimiento, estudiantes de la
Universidad Central de Caracas, se dieron cuenta de que Juan
Vicente Gómez tenía responsabilidades no solamente políticas, sino
también económicas y sociales: reunidos en la Federación de
Estudiantes de Venezuela (FEV) -fundada en 1918 y
reconstituida [282] en 1927-,
lucharon en favor de la democracia, de la economía nacional, de la
justicia social. En febrero de 1928 se verificó el primer desafío
al régimen cuando los estudiantes, aprovechando el carnaval,
empezaron a prorrumpir en invectivas políticas y a alabar a la
libertad (9):
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Bajo una inofensiva apariencia de fiesta de
carnaval, engalanada de carrozas, desfiles y discursos, entre los
cuales destacó sobremanera uno de Jóvito Villalba ante el Panteón
Nacional, comenzaron los festejos de la «Semana del Estudiante».
Vinieron después los poemas de Pío Tamayo a la Reina Beatriz I y
las vibrantes palabras de Joaquín Gabaldón Márquez y Rómulo
Betancourt (10). |
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Sin embargo, las
reiteradas alusiones a la libertad provocaron la reacción del
gobierno, que respondió con el encarcelamiento de los jefes del
movimiento en el Cuartel El Cuño. Esto produjo una huelga
estudiantil a nivel nacional y una imponente manifestación popular
de protesta en la capital, que consiguió la liberación de
Betancourt, Villalba, Tamayo, Guillermo Prince Lara y otros. La
continuación del movimiento opositor a través de la conspiración
militar desencadenó la represión policial: se dispersó a la
muchedumbre con las armas, se cerraron las universidades y se
condujeron los estudiantes a la Cárcel de La Rotunda y al Castillo
de Puerto Cabello, donde fueron sometidos a trabajos forzados en
las carreteras.
Por lo menos hasta
este punto, la Generación del 28 reveló cierta uniformidad no tanto
a nivel ideológico, como en los planteamientos políticos: casi
todos se percataron de la necesidad de oponerse al gobierno de
Gómez y, además, percibieron la amenaza del imperialismo para un
equilibrado desarrollo del país. Los límites de la censura no
desmoralizaron a los jóvenes artistas venezolanos que, en la
mayoría de los casos, completaron su formación en la clandestinidad
(11) y reflejaron sus
preocupaciones políticas, filosóficas y literarias en forma
diferente en su producción (12):
algunos de ellos, por el abierto tono anti-dictatorial, se vieron
obligados al exilio; otros, más prudentes, atenuaron [283] sus voces de protesta, logrando de
este modo convivir con el régimen. La diáspora de los dirigentes
aceleró el proceso de su diferenciación ideológica; Domingo Miliani
pone de relieve la sustancial incoherencia de una generación que,
por sus ideas y actitudes heterogéneas, determinó la confusión
política actual: «En lo literario, como en lo ideológico, 1928
congregó visiones muy distintas. En lo político, engendraron los
partidos del status actual» (13).
A los
vanguardistas, en efecto, les faltó un líder carismático que diera
cohesión al grupo y a los estilos expresivos, y las revistas que
soportaban el movimiento no tuvieron suficiente poder de difusión.
Como subrayó Jorge Mañach en un artículo aparecido el 25 de marzo
de 1927 en la Revista de avance, resulta fundamental que
los primeros, fáciles entusiasmos de un grupo con respecto a un
mito inconcreto se fijaran sucesivamente en conceptos claros, en
precisos convencimientos, para que un movimiento innovador no
dispersase sus fuerzas creativas. Una vez proclamada la ruptura con
las academias, escribía, «ya no es posible tolerar más la vaguedad
inicial de doctrina. Vaguedad; es decir, puras negaciones o simples
sugerencias positivas. El ISMO es un compromiso múltiple que exige
su credo diáfano: una responsabilidad a la cual le urge precisar
sus condiciones» (14).
Mientras realismo
y criollismo culminaron como contrapartidas del cosmopolitismo
modernista, en general las vanguardias trataron de incorporar la
especificidad venezolana en un contexto universal, basándose en lo
que había decretado Guillermo de Torre en su libro Literaturas
europeas de vanguardia, en 1925. Sin embargo, la pobreza
cultural del país no facilitó un intento real de renovación.
Recuerda Uslar Pietri, que figuró entre los ideólogos de la
vanguardia:
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Aquí no llegaba ninguna de las revistas del
surrealismo francés. No llegaron jamás. Llegaban tipos de revistas
un poco mundanas como La
ilustración francesa. La primera noticia que nos llegó a
nosotros sobre lo que estaba pasando en las literaturas del mundo
fue el libro de Guillermo de Torre. Ese libro fue para nosotros una
revelación. Porque coincidía con nuestro deseo de hacer otra cosa.
Aquí las novedades literarias más grandes que llegaban eran unos
cuentos de Paul Morand [...] Alguna vez llegaba una de las revistas
vanguardistas sudamericanas. Allí leíamos algunos ejemplos o
modelos de una nueva forma de poesía (15). |
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Las influencias
procedieron directamente de Europa: se leyeron con avidez, pero a
menudo de manera superficial y desordenada, los realistas rusos
publicados por Espasa Calpe, los españoles de la generación del 98,
sobre todo Guillermo [284] de
Torre, Unamuno, Ortega y Gasset y Azorín. Las tertulias literarias
representaron la ocasión más inmediata para intercambiarse los
últimos números de Cruz y Raya, la Gaceta
literaria, Literaturas europeas de vanguardia, la
Revista de Occidente, Mediodía, Revista de
Indias, Litoral. Las revistas del movimiento
vanguardista de la capital, como Elite (1925-1932) y
válvula (1928), contenían textos de ruptura que podían ser
considerados proclamas de las nuevas generaciones y recogían lo
mejor de la producción breve de esos escritores, acomunados por el
deseo de renovar las categorías literarias oficiales.
Ramos Sucre, por
fecha de nacimiento, debería incluirse en el grupo de la generación
anterior (16). Sin embargo, nada lo
acomunaba con esos escritores, tanto por la diferente formación,
como por los resultados artísticos. Colaboró con un texto de corte
clásico en la redacción de válvula, pero existen unos
escritos suyos, que pueden considerarse auténticas proclamas de las
nuevas inquietudes intelectuales venezolanas. Posteriormente
reunidos bajo el título de Granizada, estos textos
salieron a lo largo de cuatro años en las revistas caraqueñas
Elite y La Universidad, en particular entre el 10
de Octubre de 1925 y el 7 de septiembre de 1929. Ramos Sucre, a
través de la larga lista de aforismos, proponía un concepto general
de la vida fundamentalmente anticonformista, en el intento de
extirpar los lugares comunes y focalizar la atención en todos los
aspectos que el hábito vacía por completo de contenidos. El
aforismo, texto breve y doctrinal, a menudo con un matiz
provocador, resultó particularmente apto para expresar la actitud
de rechazo y de ruptura típica de toda vanguardia; en particular,
al poeta venezolano le sirvió para condensar su escéptica visión de
la vida. En efecto, este género literario, que conjuga especulación
filosófica y función poética, se sirve del corte lúdico, los
procedimientos retóricos, la parodia, las referencias, las
oposiciones y las contradicciones, el humorismo, las inversiones de
términos, para lograr precisos efectos irónicos, que el
destinatario del texto percibe gracias a cierto grado de
connivencia cultural (17).
En las expresiones
de Ramos Sucre predominaba un tono de desconfianza y de amargura,
con evidentes ecos senequianos, leopardianos y nietzscheanos por el
pesimismo con el cual juzgaba la existencia (18)
: «La vida es un despilfarro. [285] / La vida es una afrenta; el
organismo es una red de emuntorios. / Vivir e s morirse» (19). Se quejaba de la falta de acreditados
puntos de referencia, sin embargo él mismo no se animó a hacer
ninguna propuesta constructiva:
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La
ignorancia nos lleva derecho al escepticismo, que es la actitud más
tolerante de nuestra mente. |
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|
[...] |
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Las
reputaciones impedirían el progreso sí no existieran los
murmuradores. |
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|
[...] |
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Los
modales sirven para disimular la mala educación. La urbanidad
consiste en el buen humor. [...] |
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La
incertidumbre es la ley del universo. (20) |
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Como ya hizo
Filippo Tommaso Marinetti en su manifiesto del futurismo, en Le
Figaro del 20 de febrero de 1909, Ramos Sucre se arrojó en
contra del moralismo, las vilezas oportunistas y utilitarias.
Además, el escritor venezolano tenía hondas motivaciones
personales, que te llevaban a arremeter contra esas falsas
convenciones sociales que le impedían vivir a su gusto. Siendo
nieto de Antonio José de Sucre, prócer de la Independencia (21), según su madre debía actuar
dignamente, en conformidad con su nombre y su altura social. Eso
vino a ser para él un gran peso, sobre todo a la luz de las
desgracias económicas que siguieron (22):
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La
aristocracia de nacimiento es una autosugestión. Por eso, nadie
cree en el linaje de otro. |
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La
democracia es la aristocracia de la capacidad. Los apellidos
ilustres son patentes de corso. |
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|
El
dinero no sirve sino para comprar. |
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Los
burgueses se caracterizan por el miedo de aparecer corno
burgueses. |
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|
[...] |
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|
La
familia es una escuela de egoísmo antropófago (23). |
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|
[...] |
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|
La
sociedad aprovecha con los grandes hombres menos de lo que pierde
con la calamidad de sus descendientes. |
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Con el machismo
volvía el tema de la misoginia de Marinetti, aunque el italiano
prefería a la mujer la contemplación de la manufactura industrial,
y afloraban un generalizado malestar y alguna que otra
contradicción con respecto al problema racial hispanoamericano:
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El
concubinato merece bien de la República. Ha acelerado la fusión de
las razas venezolanas. |
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|
En
Venezuela no hay ni puede haber conflicto de razas, porque la gente
de color aspira a ser blanca. |
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|
[...] |
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|
El
matrimonio es un estado zoológico. |
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|
El
matrimonio es el camino por el cual dos personas llegan más
fácilmente a odiarse y a despreciarse. |
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|
El
matrimonio: azotes y galeras (24). |
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|
Enamorarse es una
falta de amor propio. |
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|
[...] |
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|
Las
mujeres se dividen en bellas y feas. Las mujeres son botín de
guerra. |
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|
[...] |
|
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Los
clérigos abominan la mujer, agente de la naturaleza
herética. |
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|
Las
señoras son los alguaciles de la burguesía dogmática y
panzuda. |
|
|
[...] |
|
|
Los
hombres deben pagar el privilegio de haber nacido varones (25). |
|
Sin embargo, aún
más que los moralistas franceses de los siglos XVII y XVIII
(26), y anteriormente a los textos
futuristas arriba mencionados, la paradoja y el espíritu de
contradicción ya caracterizaron el estilo de los aforistas vieneses
(27), cuya obra destacó por su afán
de desmistificar las tajantes afirmaciones manifestadas
[287] a través de sentencias,
máximas, adagios, proverbios, reflexiones, pensamientos y otros
aforismos acumulados por la sabiduría popular o por los
intelectuales de la tradición moralista. Autores como Karl Kraus,
Hugo von Hofmannsthal, Atrhur Schnitzler, Richard von Schaukal,
Karl Heinrich Waggerl, Marie von Ebner-Eschenbach, Robert Musil,
Egon Friedell, Elias Canetti rompieron con los textos breves de la
producción anterior, bien por el contenido psicológico y moral,
bien por las modalidades mismas de la expresión literaria,
anunciando la estética del riesgo y la discordancia con respecto a
los surrealistas. Numerosos son los puntos de contacto en el
artista venezolano, que conocía la lengua y dispuso de muchos
textos alemanes en las bibliotecas donde estudió: a falta de
elementos objetivos que prueben todas sus lecturas y de este modo
demuestren la directa filiación, se puede hablar por lo menos de un
fenómeno paralelo. El escaso aprecio por el género femenino, el
desprecio por la historia (28), las
contradicciones sociales, son características de su producción
aforística.
Incluso la
Granizada de Sucre se opuso radicalmente a una sociedad en
crisis: contra las certezas y la buena conciencia común, el
aforismo le permitió esquivar un mundo que se percibía en pleno
deterioro también en el ámbito literario, sin condenarse a un
silencio suicida. Con respecto a Marinetti, el arte no constituía
para él un vehículo privilegiado de regeneración humana y, además,
faltaban en el texto venezolano cualquier paralelismo entre
literatura y política, y la estética de la modernolatría. La
exaltación de la tecnología y el delirio innovador de Boccioni,
Apollinaire y Marinetti se encontraban, en cambio, en el grito de
protesta de Rafael Angarita Arvelo. Sucre trataba las artes y las
ciencias de manera mordaz e irreverente:
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Leer es un acto de
servilismo. |
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|
[...] |
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|
El derecho y el arte son una enmienda del hombre
a la realidad. |
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[...] |
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|
Es buen escritor el que usa expresiones
insustituibles. |
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Los escritores se dividen en aburridos y amenos.
Los primeros reciben también el nombre de clásicos. (29) [288] |
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Las personas de temperamento clásico elevan el
caso a ejemplo y el ejemplo a regla. |
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Lo único decente que se puede hacer con la
historia es falsificarla. |
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La historia no sirve sino para aumentar el odio
entre los hombres. |
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Hay que desechar la historia, usar con ella el
gesto de la criada, que, al amanecer de cualquier día, despide con
la escoba el cadáver de un murciélago, sabandija negra, sucia y mal
agorera (30). |
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|
[...] |
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|
Dos médicos no pueden mirarse a la cara sin
reírse (31). |
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|
[...] |
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|
Todo varón debe ignorar y
maldecir la literatura. Leerla es una disipación digna, a lo sumo,
de las odaliscas mentirosas y de los eunucos perversos del
harem. |
|
|
[...] |
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|
La sociología es la torre de Eiffel de la
estupidez. |
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[...] |
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|
La literatura siempre merece elogio. Es cuando
menos un derivativo; el sujeto que la ejerce podría molestarnos con
otra actividad más deplorable. |
|
Nelson Osorio
evidencia que, en realidad, es la revista válvula la que
coordinó la primera acción colectiva con una explícita voluntad
vanguardista de ruptura, más allá de los límites estrictamente
literarios (32). En ella se
reprodujo la fusión marinettiana, y parcialmente surrealista, entre
literatura y política: la vanguardia artística vino a coincidir con
la protesta contra la dictadura de Gómez.
Si bien el tono
general de la vanguardia venezolana se redujo a una protesta
formal, a menudo estéril -característica bastante típica de la
mayoría de las corrientes vanguardistas-, su proyecto no supuso una
vuelta a las condiciones de partida, sino tuvo como consecuencia,
según la perspectiva de Peter Bürger, un cambio parcial de la
«institución arte» (33). El estilo
de los vanguardistas en general resultaba audaz, lleno de metáforas
estrafalarias, de imágines rebuscadas. Pedro Díaz Seijas considera
que, examinando las realizaciones estéticas de la generación,
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|
en cada uno de los géneros
tradicionales se opera un cambio radical. La prosa de vanguardia se
despoja de los oropeles que todavía hacían valer los últimos
rezagados del modernismo. Las frases se hinchan de contenido. Se
prefiere el adjetivo audaz. El período se acorta. Priva el rotundo
punto y seguido. De esta manera en géneros como la novela y el
cuento se observan cambios fundamentales, tanto de forma como de
contenido, en relación con la obra de escritores de generaciones
anteriores (34). [289] |
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Adquirió
significativa importancia incluso el ensayo, que se llenó de la
gran cantidad y variedad de ideas que circulaban en este período.
Sin embargo, la expresión lírica fue la que presentó la mayoría de
las renovaciones, tanto a nivel métrico como a nivel estilístico y
de contenido. Luis Rafael Castro, por ejemplo, en válvula,
expresó la angustia existencial de todo el continente. Sintetiza
Millani:
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aquella tendencia que despuntaba
el año 28 consistió en lograr la expresión trascendente de lo
cotidiano universal, como valor opuesto a la monumentalidad de un
muralismo parroquiano. Se restauró a la realidad su propia
condición de objeto seleccionable y combinable en planos,
fragmentable en visiones intuitivas y, en ellas, lograr la
revelación del misterio oculto tras los rasgos aparentes del
objeto. Fue una manera de escribir [...] que supo guardar una doble
distancia: respecto al realismo costumbrista y al sensualismo
epidérmico de los modernistas. De aquellas concepciones surgió un
relato más sobrio en su lenguaje, afincó la atención en la imagen y
en la vertiginosa relación metafórica en lugar de la prolija
descripción estática de paisajes donde los personajes quedaban
disueltos. (35) |
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Data del 7 de
enero de 1928 la presentación en Caracas del primer y único número
de la revista válvula que, con sus veintinueve eclécticas
contribuciones literarias (36),
marca el nacimiento oficial de la generación vanguardista
venezolana; «fue un desafío a la modorra y al retraso ambientes
[sic] y un manifiesto de rabiosa innovación» (37):
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Vivíamos en una
época caracterizada por una situación política represiva, en la
cual las posibilidades de manifestarse eran limitadas y riesgosas.
La falta de aire y de espacio para moverse originó el nombre,
obvio, pues era eso: una espita por donde dar salida a aquella
serie de inquietudes que todos compartíamos. (38) |
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Uslar Pietri
(39) es el autor del editorial
(40), de las anotaciones y de
algunos versos: mientras que los poemas aparecieron bajo el
seudónimo de «Antonio Clavo», el editorial, que se convirtió en
manifiesto del movimiento, no llevaba [290] ni una firma, con la intención de
afirmar una voluntad colectiva. Uslar Pietri llegó a ser el vocero
de Gonzalo Carnevali, Fernando Paz Castillo, Leopoldo Landaeta,
Nelson Himiob, José Salazar Domínguez, Pedro Sotillo, Rafael
Rivero, Eduardo Frías, Agustín Díaz, Miguel Otero Silva y los demás
fundadores de la agrupación y reivindicó con impetuosa
espontaneidad el derecho a renovar y crear las formas expresivas
sugiriendo sintéticamente recorridos interiores, independientemente
de rígidas categorías preconstituidas, en nombre de un arte nuevo.
Se evidencian aquí las analogías sobre todo con los manifiestos
futuristas de Marinetti, aunque Uslar Pietri se mantuvo siempre un
tono mesurado, a diferencia del estilo más impetuoso adoptado por
Ramos Sucre en su documento de 1925.
El texto de
válvula se abría y se cerraba con una frase que fundía la
paráfrasis evangélica con la lección nietzschiana, «Somos un puñado
de hombres jóvenes con fe, con esperanza y sin caridad» (41), reveladora del estado de ánimo de una
generación que se sentía lista para elegir en completa autonomía.
Mejor dicho, más que una potencialidad decisional, los jóvenes
artistas expresaban una rotunda voluntad de ruptura. Con el mismo
ímpetu vanguardista de Marinetti, advertían la obligación de
«renovar y crear» (42), de demoler
para reconstruir lo que habían supinamente heredado de la
tradición, aunque el rechazo del pasado fue sobre todo un violento
gesto de carácter simbólico (43). A
pesar de la incertidumbre con respecto a los resultados del
esfuerzo creativo, ellos deseaban concentrar todas sus energías en
la esperanza de recibir por lo menos el aprecio de las generaciones
futuras: eran expresión de su tiempo y por eso rechazaban toda
etiqueta o clasificación. En efecto, «el arte nuevo no admite
definiciones porque su libertad las rechaza, porque nunca está
estacionario» (44) y la única
estrategia que podía expresar sin compromisos todos los fines de
los nuevos módulos expresivos era la sugerencia (45), evidente filiación de las analogías
marinettianas:
|
|
Su
último propósito es sugerir, decirlo todo con el menor número de
elementos posibles (de allí la necesidad de la metáfora y de la
imagen duple y múltiple) o en síntesis, que la obra de arte, el
complexo estético, se produzca [...] más en el espíritu a quien se
dirige que en la materia bruta y limitada del instrumento
(46). [291] |
|
La sugerencia y la
síntesis de las imágenes les servían para devolver la libertad a la
sensibilidad humana para transmitir integralmente «un estado de
alma» (47) único e irrepetible: «En
resumen, a dar a la masa su porción como colaboradora en la obra
artística, o a que la obra de arte se realice en el espíritu con la
plenitud que el instrumento le niega» (48).
Los vanguardistas
venezolanos se dieron perfectamente cuenta de la exigüidad de sus
reivindicaciones y de los límites paródicos de sus textos
programáticos, sin embargo no renunciaron por lo menos al intento
de expresar lo que seguía permaneciendo en la sombra: sin medias
palabras, entre las posibilidades de callar o de gritar, eligieron
la segunda, como válvula de escape de una gran máquina cultural.
Con la fuerza de la fe en sus propios convencimientos y con la
virtud de la esperanza, reconocieron ya sólo en el esfuerzo
innovador una motivo digno por el que morir y sacrificar su «carne
nueva» (49): «estamos dispuestos a
torturar las semillas, a fatigar el tiempo, porque la cosecha es
nuestra y tenemos el derecho de exigirla cuando querramos
[sic]» (50). Este es el
comentario de Uslar Pietri, a distancia de casi cincuenta años:
|
|
Válvula fue una gran empresa de
esperanza, de reunión, de toque de llamada. Allí convergieron
gentes de muchas generaciones. Había gente mayor que nosotros.
Estaban Fernando Paz Castillo, Leopoldo Landaeta, que eran de
generaciones muy anteriores, pero coincidían con nosotros en lo
esencial: la necesidad de darle otro rumbo a la literatura
venezolana; salir de aquel charco de modernismo delicuescente y
buscar algo que significara otra cosa, no sólo por una preocupación
literaria, sino nacional. (51) |
|
Obviamente la
revista causó bastante sensación: si algunos expresaron su simpatía
y su interés respecto al movimiento, otros lo atacaron y lo
ridiculizaron, como si se tratara de la obra de bárbaros
irrespetuosos hacia las tradiciones.
El editorial de
válvula, más allá de las vagas manifestaciones
programáticas, se revela interesante también en la economía de la
producción artística de Arturo Uslar Pietri, En efecto, esta
espontánea reivindicación de los derechos de las nuevas
generaciones, es una declaración de principios excepcional por la
naturalidad y la pasión de la prosa, poco controlada desde el punto
de vista racional, como realmente suele suceder en este tipo de
textos. Uslar Pietri parece abandonarse al transporte de los
ideales juveniles, sin medir, ponderar, [292] limar. Aunque con toda probabilidad
el manifiesto fue concebido y madurado en una situación colegial,
deja vislumbrar una personalidad artística viva y original,
diferente de la que los acaecimientos sucesivos plasmaron, como el
mismo autor ha confesado, después de haber vuelto a leer
Barrabás y otros relatos: «El hombre que soy ahora
conserva pocas cosas de aquella impetuosa e iluminada hora»
(52).
Sin embargo, la
inocente atracción del joven en una órbita que no se limitó a la
protesta literaria, indujo su familia a alejarlo de la vida
cultural caraqueña (53). Temerosos
de que su actitud pudiera afectar al respeto y las cargas de que
gozaban muchos de sus familiares (54), sus padres hicieron que se le enviara
a Francia como Agregado Civil de la Legación Venezolana. De este
modo Arturo Uslar Pietri se sustrajo a las represiones y a los
encarcelamientos de los meses sucesivos, como hicieron Enrique
Bernardo Núñez y Julio Garmendia, que se fueron también al
extranjero con modestos cargos diplomáticos.
Somos y
Granizada constituyen dos diferentes ejemplos de la que
Saúl Yurkievich define como estrategia «agonista» de la vanguardia
(55): en un contexto histórico
difícil y violento, en un entorno social tradicionalista y
estático, dos jóvenes de las más ilustres familias venezolanas
sintieron la obligación y se arriesgaron a manifestar su absoluto
rechazo de las convenciones vigentes. Estructurados de maneras
completamente diferentes, estos textos programáticos expresaron una
angustia ejemplar, si bien no lograron dejar profundas huellas
debido a la represión del gobierno de Gómez y a la consiguiente
diáspora. Ramos Sucre, Uslar Pietri y todos los jóvenes artistas
que colaboraron al esfuerzo de renovación literaria, tuvieron sin
embargo el mérito de concertar el arte local con el internacional y
de proyectar a Venezuela en ese clima lleno de estímulos que
sacudió la mayoría de los países europeos y americanos en las
primeras décadas del siglo XX.
1.
Hugo J. Verani, Las
vanguardias literarias en Hispanoamérica, Roma, Bulzoni, 1984,
p. 10 y ss.
2.
A propósito de la vanguardia en
América, véanse: Roberto Fernández Retamar, «Sobre la vanguardia en
la literatura latinoamericana», Casa de las Américas, 82,
1974, pp. 119-121; Luis Sáinz de Medrano, «La poesía
hispanoamericana tras las vanguardias históricas», en AA.VV.,
Las Vanguardias tardías en la poesía hispanoamericana
(edición al cuidado de L. Sáinz de Medrano), Roma, Bulzoni, 1993,
pp. 11-12.
3.
Como el futurismo, en efecto,
estos movimientos abarcaban los campos artísticos y
extra-artísticos. Cf. Luciano de Maria, «Esprit nouveau e
modernolatria futurista», en AA.VV., Apollinaire e
l'avanguardia (a cura di P. A. Jannini), Roma-Paris,
Bulzoni-Nizet, 1984, p. 50.
4.
En esta tipografía Uslar Pietri
incluso publica su primera obra narrativa, la colección de cuentos
Barrabás y otros relatos, considerada la primera expresión
de la vanguardia venezolana..
5.
Arturo Uslar Pietri, Mi
primer libro, en Barrabás y otros relatos, Caracas,
Monte Ávila, 1978, pp. 29-30.
6.
Véase el importante contributo
crítico de Nelson Osorio, Antecedentes de la Vanguardia
literaria en Venezuela (1909-1925), Hispamérica, 33
(1982), pp. 3-30.
7.
Rubén Darío fue, oficialmente,
el primero en América Latina que dio informaciones, en La
Nación, acerca de la operación futurista, a menos de dos meses
del documento de Filippo Tommaso Marinetti (Le Figaro,
20.II.1909).
8.
Miguel Ángel Asturias, «'1928'
habla», en París 1924-19-33. Periodismo y creación
literaria, Madrid, Colección Archivos, 1988, p.
298.
9.
Ya en 1912 los estudiantes
habían manifestado su disenso con respecto al régimen: en esa
ocasión Gómez había encarcelado al fundador de la Sociedad de
Estudiantes de Derecho, Leopoldo Ortega Lima, y cerrado la
Universidad por ocho años.
10. Gehard Carta y
Ramírez, Política y partidos modernos en Venezuela,
Caracas, Ediciones Centauro, 1983, pp. 25-26.
11. Circularon, por
ejemplo, los pamphlet de Pedro María Morantes en contra de
Castro y Gómez, las obras de Rufino Blanco Fombona y de Pío Gil,
las Memorias de un venezolano de la decadencia de
José Rafel Pocaterra. Mariano Picón Salas, Formación y
proceso de la literatura venezolana, Caracas, Monte Ávila,
1984, p. 164.
12. Recuerda Uslar
Pietri (Mi primer libro, cit., p. 28): «Venezuela era un
país increíblemente aislado del mundo. Las cosas importantes
pasaban lejos y su eco nos llegaba tarde y de manera incompleta. El
régimen político y la pobreza se unían para rodearnos de un ancho
foso asordinado que los libros, las informaciones y los viajeros
atravesaban con dificultad».
13. Domingo
Miliani, «Barrabás, cincuentenario», en A. Uslar Pietri,
Barrabás y otros relatos, cit., p. 11.
14. Jorge Manach,
«Vanguardismo», en H. J. Verani, op. cit., p.
124.
15. Es una cita de
una entrevista a Uslar Pietri, parcialmente inédita, de 1976,
insertada por D. Miliani en su prólogo «Barrabás, cincuentenario»,
cit., pp. 21-22.
16. José Antonio
Ramos Sucre nació en 1890 en Cumaná y murió suicida en Ginebra en
1930. Poeta ignorado en su tiempo por el hermetismo de su
escritura, publicó Trizas de papel (1921), Sobre las
huellas de Humboldt (1923), La torre de Timón (1925),
El cielo de esmalte (1929) y Las formas del fuego
(1929).
17. Raras son las
combinaciones de metáfora y humor, que permitirían acercarlos al
ramonismo, tan apreciado y difundido en América. Cf. Juana Martínez
Gómez, «Algunos aspectos de la proyección de la greguería en
Hispanoamérica», en AA.VV., Las Vanguardias tardías en la
poesía hispanoamericana, cit., pp. 293-309.
18. Su difícil
experiencia vital le llevó a acercarse al espíritu de Giacomo
Leopardi, por el aislamiento y los sufrimientos, como muchos
críticos no han dejado de subrayar. Cf, entre otros, a: Vilma
Vargas, «Giacomo Leopardi y José Antonio Ramos Sucre: una misma
visión del mundo», Africa. America Asia Australia, 21
(1998), pp. 21-29; Víctor Bravo, «José Antonio Ramos Sucre: poeta
del dolor», Actual, 34 (1996), pp. 7-32; Martha Canfield,
«Las estructuras poéticas de José Antonio Ramos Sucre», Studi
di letteratura ispano-americana, 11, 27 (1996), pp. 17-99;
Dario Puccini, «Ramos Sucre: una cultura para la innovación»,
Letterature d'America, 1 11 (1982), pp. 9-33.
19. Es evidente
aquí incluso la referencia a los Sprüche und Widersprüche
(1909) de Karl Kraus. José Antonio Ramos Sucre, Granizada,
en obra completa, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1980, p.
423.
20.
Ibidem, pp. 423, 424,
427.
21. Antonio José de
Sucre fue mano derecha de Simón Bolívar y liberó Ecuador y Bolivia
de los españoles.
22. A los diez
años, sus padres tuvieron que dejarlo en manos de un tío Obispo, en
Carúpano, en cuya rica biblioteca estudió incesantemente hasta
formarse una cultura insólita para sus coetáneos.
23. J. A. Ramos
Sucre, Granizada, cit., pp. 424, 425, 427.
24. Acerca del
estado matrimonial, Ramos Sucre está muy cerca de Kraus, cuando
afirma que el matrimonio es una mésalliance o que la
habitación matrimonial es la convivencia de brutalidad y
martirio.
25. J. A. Ramos
Sucre, Granizada,
cit., pp. 424-425.
26. Recuerdo,
entre otros, a La Rochefoucault, Vauvenargues, Chamfort.
27. La escuela
de los aforistas vieneses fue un original movimiento, intelectual y
artístico al mismo tiempo, que se desarrolló en Viena entre 1890 y
1914. Escribe Jacques Dugast («Le parodie dans les textes des
aphoristes viennois», en AA.VV., Parodia, pastiche,
mimetismo, a cura di P. Mildonian, Roma, Bulzoni Editore,
1997, p. 238): «Les aphoristes de l'école viennoise se rejoignent
tous dans le procès qu'ils mènent contre l'esprit de certitude et
la bonne conscience des systèmes de pensée. [...] Expression d'un
moment particulièrement critique de la civilisation européenne, ils
s'inscrivent de manière souterraine dans la tradition ancienne de
l'esprit parodique en s'infiltrant de manière souvent insolite dans
un tissu littéraire apparemment codifie auquel ils tendent le
miroir de l'ironie».
28. Una voz
disonante estaba representada, en este caso, por Hoffmansthal, que
en su Buch der Freunde afirmaba que una época que no juzga
interesante ocuparse del eterno presente expresado del pasado, sólo
manifiesta su gran desolación.
29. Aquí Ramos
Sucre recuerda mucho a Musil cuando sentenciaba que la inmortalidad
de las obras de arte residía en su carácter indigesto.
30. En los
Sprüche und Widersprüche de Kraus se lee que a menudo el
historiador es solamente un periodista vuelto atrás, y que escribe
demasiado mal para colaborar con un periódico; además, si el
periodismo ha corrompido el mundo con el talento, el historicismo
lo ha hecho sin ni siquiera eso.
31. J. A. Ramos
Sucre, op. cit., pp. 423-425, 427.
32. N. Osorio,
art. cit., p. 3.
33. Peter
Bürger, Teoria dell'avanguardia, Torino, Bollati
Boringhieri, 1990, p. 5.
34. Pedro Díaz,
Seijas, «Tres generaciones literarias venezolanas», Revista
Shell, 45 (1962), p. 6.
35. D. Miliani,
Barrabás, cincuentenario, cit., pp. 22-23.
36. Se trataba
de dieciocho poemas y once textos en prosa. Cf Jorge Schwartz,
Las vanguardias latinoamericanas, Madrid, Cátedra, 1991,
p. 200.
37. A. Uslar
Pietri, Mi primer libro, cit., p. 28.
38. A. Uslar
Pietri en la entrevista de D. Miliani, Barrabás,
cincuentenario, cit., p. 12.
39. Arturo Uslar
Pietri, nacido en Caracas en 1906, es narrador, poeta, ensayista de
fundamental importancia en el panorama cultural venezolano de este
siglo. Participó activamente en la vida política del País, pero
nunca se apartó de la literatura. Entre sus obras más importantes,
recordamos Las lanzas coloradas (1931), Oficio de
difuntos (1976), La visita en el tiempo (1990) y los
cuentos de Barrabás (1928), Red (1936), Los
ganadores (1980).
40. Lo afirma
claramente en D. Miliani, Imagen remota y actual, cit., p.
15.
41. Anónimo,
Somos, en H. J. Verani, op. cit., pp.
177-178.
42.
Ibidem, p.
177.
43. L. De Maria,
art. cit., pp. 52-53: «L'odio del passato, il far tabula
rasa, il cassare, rimuovere interamente la tradizione, cosí
tipici del futurismo, sono in realtà, per Marinetti un violento
gesto simbolico, volontaristico, del tutto consapevole».
44. Anónimo,
Somos, cit., p. 177.
45.
Ibidem.
46.
Ibidem.
47.
Ibidem, p.
178.
48.
Ibidem.
49.
Ibidem. Incluso Uslar
reconoce que el manifiesto «No decía lo suficiente, pero expresaba
nuestra desazón, nuestro repudio a la hora y al ambiente y nuestra
aspiración de salir del pasado y abrir un nuevo tiempo». A. Uslar
Pietri, Mi primer libro, cit., p. 29.
50. Anónimo,
Somos, cit., p. 178.
51. Entrevista
de D. Miliani, Barrabás, cincuentenario, cit., pp.
11-12.
52. A. Uslar
Pietri, Mi primer libro, cit., p. 33.
53. «Cuando el
movimiento tomó un cariz político, a mí se me planteó un problema:
¿debía seguir, sabiendo que esto le iba a ocasionar a mi padre, que
era funcionario del gobierno en Aragua, problemas graves y de
consecuencias impredecibles? [...] era preferible cargar con la
responsabilidad de abstenerme. Entonces, me aparté. No caí preso y
continué mi carrera en la universidad hasta finalizarla». A. Uslar
Pietri, en Margarita Eskenazi, Arturo Uslar Pietri: muchos
hombres en un solo nombre, Caracas, Editorial Caralex,
1988.
54. El abuelo
Juan Pietri, por ejemplo, fue uno de los más entusiastas
partidarios de Gómez, de quien fue vicepresidente hasta su muerte,
ocurrida en 1911.
55. Para una
clasificación de los movimientos vanguardistas americanos, véase
Saúl Yurkievich, «Los avatares de la Vanguardia», en Cedomil Goic,
Historia y crítica de la literatura hispanoamericana,
Barcelona, Editorial Crítica, 3, pp. 51-57.
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