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Nota 25.- Lorenzo Pérez

     BOTICARIO toledano, que floreció en el siglo XVI. Era un culto humanista y botánico perspicaz. Después de haber aprendido correctísimamente el griego, el latín y cuanto se había publicado de estudio de las plantas hasta su tiempo, viajó por nuestro país, Italia y Asia, para ver vivas muchas de las plantas que describieron y a veces confundieron los antiguos autores.

     Aunque no conoció con exactitud la sexualidad de los vegetales, dio importancia a la observación detallada de la organografía y fijose, muy especialmente, en los frutos para caracterizar las plantas.

     Combatió muchos errores divulgados en su época, en cuanto a distinción y aplicaciones de los seres del mundo vegetal.

     Sus obras no se hacen notar por su extensión, pero sí por las descripciones exactas y precisas de las plantas y por que se establece en ellas la correspondencia entre la nomenclatura científica y vulgar de las mismas.

     Es notable su Libro de la Theriaca, limpio de los errores hasta nuestros tiempos en ella cometidos y utilísimo para preparar y corregir muchos simples y compuestos, cada día recibidos en el uso de Medicina.

     Lorenzo Pérez, Boticario, vecino de Toledo, autor.

     Dirigido al Ayuntamiento de Toledo.

     En Toledo 1575.

     Describe en esta obrita, muy curiosa y buscada, en 8.º menor, muchas plantas, indicando en todas, los nombres vulgares castellanos y en gran número de ellas, las localidades donde moran.

     Indignado Lorenzo Pérez por el poco amor al estudio y exceso de codicia que se observaba en muchos boticarios de su tiempo, aunque era comedido en sus censuras escribió en De la Theriaca.

          «Si la vigilancia y cuidado que tienen los Boticarios en acumular dineros, tuviesen en componer sus medicamentos, muchos impropios simples, que usan en lugar de los verdaderos, desterrarían de su común uso.»

     En su publicación estimable De medicamentorum simplicium et compositorum hodierno ævo apud nostros pharmacopolas extantium delectu &.ª, impresa en Toledo en 1590, brillan a un tiempo la exactitud de su observación y lo concreto de las denominaciones; lástima que no vayan en esta obra, añadidos a cada planta, los datos de su distribución geográfica.

     Leyendo cuidadosamente ambos libros de L. Pérez se ve con cuánta razón escribía de él nuestro gran botánico Cavanilles:

          «Fijó con exactitud, la nomenclatura vegetal en latín y castellano, que deben consultar nuestros escritores como a fuente pura, si quieren trabajar en beneficio de la Ciencia.»

     Dedicó La Gasca a Lorenzo Pérez el género Perezia, rico en especies, distribuidas en toda la extensión del Nuevo Mundo.



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Nota 26.- El Licenciado Bernardo de Cienfuegos

     DE este notable botánico, hábil artista y culto erudito, se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, sábese que nació en Tarazona a mediados del siglo XVI y a fines del mismo estudió Medicina, en la Universidad de Alcalá de Henares.

     Versado en varios idiomas y dotado de apasionamiento por la Botánica, descuidó ejercer su carrera, para dedicarse a su estudio favorito.

     Herborizó por distintas regiones de nuestro país, coleccionando datos numerosos de usos, nombres y localidades de plantas españolas, dibujando con sus colores los vegetales, y aunque los contornos los copió muchas veces de láminas y dibujos anteriormente publicados, el colorido casi siempre está observado por él.

     Reunida su labor de observación propia a sus pacientes estudios de todo lo publicado hasta entonces por los botánicos de la antigüedad y por sus contemporáneos, escribió en Madrid su inédita y no concluida obra sobre la Historia de las plantas, que consta de siete gruesos tomos en folio. En el principio de cada tomo contiene Índices con nombres de las especies en castellano, catalán, valenciano, portugués, latín, griego, hebreo, árabe, morisco, alemán, flamenco, etc.

     También hay tablas de los autores consultados, pues a pesar de la abundante labor personalísima, el noble autor manifiesta que su obra es una compilación de lo anteriormente publicado.

     Algunos pocos dibujos los dejó sin iluminar y ellos acreditan lo perfecto y minucioso de la factura de Cienfuegos.

     La profusión de conocimientos de la literatura de varios países, que poseía, se ve en su elegante modo de escribir, traduciendo versos escritos en distintos idiomas, siempre que se ocupasen de sus queridas plantas.

     Cuando en la Biblioteca Nacional he hojeado, con religiosa admiración, los manuscritos de Cienfuegos, pensaba con tristeza, que si el docto licenciado que vivió pobrísimamente, según confiesa con amargura, hubiese alcanzado protectores que le ayudasen a completar, terminar y publicar su Historia de las plantas, el nombre de Cienfuegos habría logrado la notoriedad merecida.

     Cavanilles, en su admirable estudio de los botánicos españoles del siglo XVI, prodiga cumplidos elogios a Bernardo Cienfuegos y le dedicó el género Cienfugosia: el eminente Willdenou le consagró el género Cienfuegia, el gran Jussieu el género Fugosia; muchos botánicos actuales incluyen estos tres géneros en el Fugosia.



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Nota 27.- Tournefort

     JOSÉ Pitton de Tournefort, uno de los más ilustres botánicos franceses, nació en 1656 en Aix (Provenza).

     Estudió Medicina en Montpellier y sintiendo vocación irresistible por el conocimiento de las plantas, herborizó en las montañas del Delfinado, Saboya, el Rosellón y Cataluña.

     Su entusiasmo por la observación de las especies vegetales no tuvo límites, y cuando en el campo divisaba alguna planta, que llamaba su atención, dentro de algún huerto o jardín, saltaba la cerca de la finca y se iba rápidamente a contemplar el objeto que le atraía; esto le ocasionó no pocos sinsabores, pues alguna vez fue perseguido a pedradas por habérsele creído un ladrón audaz.

     En 1683 fue nombrado en París profesor del Real Jardín de Plantas.

     Viajó después por España, Portugal, Inglaterra y Holanda.

     Durante dos años (1700 a 1702) hizo una exploración científica a Oriente, llevando como dibujante a Aubret, a quien dedicó el género Aubrietia, y visitó Constantinopla, Grecia, la isla de Candia, Armenia, etc.

     Tomando como fundamento muchas de las ideas y observaciones de Gesner y Cesalpino, creó los géneros sobre bases imperecederas y esto constituye el mayor mérito de la obra botánica de Tournefort, haciendo su memoria inmortal en los fastos de la Fitografía.

     Publicó su clasificación (sistema corolista) en sus Elementos de Botánica o Método para conocer las plantas, que se imprimieron en 1694, en francés, constituyendo tres tomos en 8.º con 451 láminas.

     Más tarde tradujo Tournefort dicha obra al latín, aumentándola hasta constituir tres volúmenes en 4.º con 476 láminas. Esta traducción notable se publicó en 1700 con el siguiente título:

Institutiones rei herbariæ.

     En la edición de 1694, como se ha consignado, escrita en francés, campea el clasicismo del lenguaje, como en todas sus obras escritas en dicho idioma, lo cual impone que se le considere no sólo como insigne hombre de ciencia, sino también como un hablista y literato de primer orden.

     En 1698 dio a la luz pública un tomito en 12.º, que contiene la Historia de las plantas de los alrededores de París.

     En 1703 apareció su Corolarium institutionum rei herbariæ, en 4.º, ilustrado con 13 láminas. En este trabajo se dan a conocer algunas de las plantas descubiertas por él en su viaje de 1700 a 1702.

     Después de la muerte de Tournefort, acaecida en 1708, se publicaron su Viaje a Oriente, en dos volúmenes, en 4.º, 1717, y un Tratado de materia medicinal, en dos tomitos, en 12.º, impresos también en 1717.

     Aunque en su clasificación botánica conservó las erróneas agrupaciones primarias de árboles, arbustos, matas y yerbas, aunque combatió la sexualidad de las plantas, que ya observaran y aceptaran sabios que vivieron muchísimo tiempo antes que él, su precisión y exactitud en la característica de los géneros, y la forma clásica y brillante de sus escritos, unidas a los importantes descubrimientos que hiciera en sus peregrinaciones científicas, lograron que prevaleciese su sistema, casi en el transcurso de un siglo.

     Se le dedicó el género Tournefortia, y seguramente su trabajo imperecedero le hará ser, aun para los tiempos futuros, una de las figuras de más prestigio en la historia de los progresos y divulgación de la Fitografía.



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Nota 28.- Carlos Linneo

     EL inmortal naturalista, filósofo, médico y literato, que motiva esta nota, nació en Roshult (Suecia) en 1707, fue hijo de un pobre cura rural protestante. Desde su más temprana niñez tuvo extraordinaria afición al estudio de las plantas, pero la penuria económica de la casa paterna, hizo que le pusiesen a aprender el oficio de zapatero.

     El médico Rothman, vecino y cliente de dicho zapatero, tuvo ocasión de apreciar algunas veces la clara inteligencia de Linneo y se encargó de darle lecciones de Botánica, Zoología y Medicina.

     Cuando contaba veinte años de edad ingresó en la Universidad de Lunden, siendo allí un escolar aventajado, pero su escasez pecuniaria le obligó hasta utilizar el calzado viejo de sus condiscípulos, el cual arreglaba Linneo, utilizando las nociones del modesto oficio que ejerciera en su infancia.

     El sabio K. Stobée, compadecido de su miseria y admirado de su aplicación, llevole a su casa y puso a su disposición su biblioteca, sus colecciones y su saber, enseñando a Linneo la Fitografía.

     Tranquilo en cuanto a su subsistencia material, ante el Museo de su protector, vio Linneo renovarse y acrecentarse su entusiasmo por las ciencias sublimes que estudian la obra del Creador.

     Linneo pasó más tarde a la Universidad de Upsal, pero perseguido por su extrema pobreza, no hubiera podido permanecer allí si el insigne naturalista sueco O. Celsio no le acogiera como K. Stobée en su propia casa, facilitándole los poderosos medios científicos que poseía.

     Tal protección dio prontamente los resultados que eran de esperar y a los veinte y tres años Linneo sustituía interinamente en la cátedra a su anciano maestro O. Rudbeck, sabio botánico a quien se dedicó el género Rudbeckia.

     En 1731, en su Hortus Uplandicus, se publicó un ensayo de su sistema sexual, clasificandose las plantas por la disposición y número de sus estambres y pistilos.

     En 1732 hizo un viaje a la Laponia, y en las Memorias de la Academia de Upsal (años de 1732 Y 1737) se imprimió su Florula Lapponica. También en ella se encuentra la noción de su sistema o clasificación sexual.

     Pasó a Holanda el año 1735, donde sin dejar sus indagaciones botánicas, pensó en doctorarse en Medicina, pero como le faltaba el dinero necesario paya pagar los derechos del Doctorado, la Providencia le deparó su amistad con el eminente botánico holandés Boërhaave, a quien Cavanilles dedicó la preciosa Boerhaavia plumbaginea Cav.

     Dicho sabio, buscole un protector rico y culto, que le pusiese al abrigo de toda penuria y le publicase algunas obras. Este nuevo protector de Linneo fue Jorge Clifford, el cual cultivaba en un soberbio jardín de su propiedad las más peregrinas especies de plantas que conocían en aquel tiempo los floricultores.

     Clifford nombró Director de este jardín interesantísimo, al botánico que le recomendara Boërhaave.

     Entonces pudo tranquilamente el inmortal Linneo, consolidar sus ideas, ampliarlas y formar con ellas un cuerpo de doctrina, no sólo en la Botánica, sino en la Mineralogía y Zoología, en las cuales era también sobre todo en esta última, una estrella de primera magnitud.

     Uno de los méritos primordiales de Linneo, tanto en Botánica como en Zoología, consiste en haber creado las especies y la Nomenclatura Linneana para su designación; súmase a esto el lenguaje preciso y poético empleado en sus obras, concisión y claridad extremadas, que se aúnan en sus escritos y maravillan hasta a los profanos en las Ciencias Naturales.

     En 1735 se publicaba en Leyden la primera edición de su Systema naturæ, en forma de 12 grandes cuadros sinópticos en folio.

     De 1788 a 1793 se imprimió la edición latina 13.ª de dicha obra, que consta de 10 volúmenes en 8.º y se tradujo en casi todas las naciones cultas a su idioma respectivo. En ella Linneo soluciona el problema de clasificar, por primera vez, todos los seres naturales hasta entonces conocidos.

     En sus Fundamentos de la Botánica (Fundamenta Botanica), cuya primera edición se publicó en Amsterdam en 1736, expuso en forma de aforismos las bases de la Ciencia objeto de su predilección.

     Esta obra, aumentada y corregida, apareció en Stokolmo en 1751 con el titulo de Philosophia botanica; dio lugar a numerosas ediciones y traducciones a diversos idiomas.

     Es este libro una revelación del genio y espíritu de observación de Linneo, no menores que su originalidad maravillosa y la incomparable elegancia de su estilo. En la Philosophia Botánica se condensan materiales suficientes para escribir muchos volúmenes.

     El año 1737 publicose en Amsterdam su Hortus Clifflortianus, que contiene el estudio de las más curiosas plantas, que se cultivaban en el jardín de su protector.

     En el mismo año añade, revisa y corrige su antigua Florula Lapponica y la convierte en la preciosa Flora Lapponica, impresa en Amsterdam en 1737 y más tarde en 1747, y en Londres en 1792.

     Finalmente en el mismo año 1737 se imprime en Leyden su famosísimo Genera plantarum, que alcanzó numerosísimas ediciones.

     En la 1.ª edición de 1737 se describían 935 géneros; en la edición de Francfort, terminada de publicar en 1791, después de muerto el autor, se describen 1.767 géneros de plantas.

     En su Crítica botánica, que se imprimió en Leyden también en 1737 y en Lion en 1787, y en su Classes plantarum, publicada en Leyden, 1838, y Hale, 1747, expone sus ideas sobre el método natural, y dotado de ese extraño don profético que el Divino Hacedor concede a los grandes genios y a los grandes reformadores de todos los tiempos y todos los países, no sólo pronosticó la futura importancia del Método natural; consignó que aquel que lo descubriese sería para él un Apolo.

     Como ensayo del Método natural nos legó 68 fragmentos, algunos se conservan intactos como actuales familias; así las Orquidæ son las Orquidáceas de hoy, las Umbellatæ, las Umbelíferas actuales, las Asperifoliæ son las Borragináceas, etc., etc.

     Entre las Criptógamas tuvo el acierto de establecer los Filici (Helechos) y Fungi (Hongos), que se han conservado también en la Botánica moderna.

     Después de haber visitado Inglaterra, Francia, Alemania y Dinamarca, volvió a su país en 1738.

     En Suecia, más que en ninguna otra nación, los envidiosos se transformaron en impugnadores de su ciencia, pero gracias al apoyo protector de Clifford y demás amigos holandeses, ni su reputación, ni sus medios de vida pudieron anularse.

     A la Divina Holanda, a la nación cuyos sabios actualmente conquistan tantos premios Nobel, se debe el que Linneo, escaso de bienes de fortuna y no bien conocido, saliese de allí con vida próspera y la frente ornada con los laureles obtenidos en la publicación de inmortales obras.

     En 1739 fue nombrado Presidente de la Real Academia de Stockolmo y poco antes fue agraciado con el honroso título de Botánico del Rey de Suecia.

     En 1741 reemplazó definitivamente a su antiguo maestro Rudbeck en la cátedra de Botánica de Upsal.

     En Holanda y en Leyden, el año 1745 apareció la 1.ª edición de la Flora Suecica y después se publicó la Fauna Suecica.

     El Hortus Upsaliensis se imprimió en Stockolmo en 1748 y su Materia medica è regno vegetabile en 1849, Stockolmo.

     La 1.ª edición de su admirable Species plantarum, que tantas ediciones posteriormente había de alcanzar, contiene la descripción y área geográfica de dispersión, de todas las especies vegetales, hasta entonces conocidas y vio la luz pública en Stockolmo en 1753.

     En 1755 publicó en Upsal dos libros que por sí solos bastarían para hacer una reputación: Metamorphoses plantarum y Somnus plantarum.

     Es genialísimo y resume observaciones numerosas e interesantes su Calendarium Flora, impreso en Upsal en 1756.

     Las dos últimas producciones botánicas de Linneo fueron Prælectiones in ordines naturalis plantarum, que apareció en Hamburgo en 1792, y su Lachesis Lapponica, impresa en Londres en 1811.

     El inmortal Linneo, uno de cuyos primeros trabajos fue la Florula Lapponica, se despidió de este mundo, lanzando sobre aquellas heladas regiones los últimos rayos del sol poniente de su divina inteligencia, así como al comienzo de sus tareas científicas los había bañado con los albores de sol matutino, que brillaba en sus creaciones juveniles.

     Linneo, que a su elevado espíritu unió una robustez corporal a toda prueba, resistió en sus últimos años dos ataques de apoplejía, y desde 1776 hasta su muerte en 1778 padeció una hemiplejía.

     Aunque fue de pequeña estatura, era su cuerpo fornido y de recia complexión. De carácter vivo, soportaba difícilmente que se le contradijese, pero si era rápido en indignarse, más súbitos eran su aplacamiento y olvido de las ofensas que lanzaba o recibía.

     Su alma era tan infantil que aun en su edad madura tomaba parte en los juegos de los niños.

     A su muerte se le hicieron exequias fúnebres propias de un Monarca.

     Un soberbio mausoleo funerario se le erigió en la Catedral de Upsal, donde reposa el ANTIGUO APRENDIZ DE ZAPATERO, el pobrísimo estudiante en el comienzo de la vida; EL SUBLIME MAESTRO DESPUÉS.

     Su sabiduría y su gloria, como las de Newton, Owen, Sprengel, Lindley, Sachs, Cuvier, Lamarck, Mutis, Cavanilles, Hooker, Darwin, Humboldt, De Candolle, Boissier, Schimper, Willkomm, Strasburger, Pasteur y tantos otros genios, no pertenecen a una nación determinada, son patrimonio sagrado de la Humanidad.

     El hijo de Linneo, que también se llamaba Carlos, fue un insigne hombre de ciencia, a quien se deben las Plantarum rariorum Horti Upsaliensis, un Supplementum plantarum, las Dissertationes botanicæ, la Dissertatio de Lavandula, Dissertatio ilustrans novæ Graminum genera y el Methodus Muscorum illustrata.

     Dotado de una escasa salud murió en 1783, a los cuarenta y dos años de edad. Heredó un nombre glorioso, que supo conservar dignamente.



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Nota 29.- De Jussieu

     EL apellido De Jussieu constituyó en Francia, como el de Hooker en Inglaterra, una verdadera dinastía de botánicos eminentes en los fastos de la Ciencia mundial.

     El primero de los cinco sabios De Jussieu fue el botánico insigne, sacerdote y médico Antonio De Jussieu, que nació en Lion en 1686 y murió en 1758.

     Sucedió a Tournefort como profesor de Botánica en el Real Jardín de Plantas. Sin dejar de ocuparse de la Flora exótica, recorrió Bretaña, Normandía, España y Portugal, dando a conocer algunas especies nuevas de la Flora de dichos países.

     En las Memorias de la Academia de Ciencias de París, publicó numerosas Dissertationes sobre varias plantas.

     En 1714, imprimió, ordenando los materiales reunidos por el P. Barrellier, una obra que se intitula:

     R. P. Barralieri, plantæ per Galliam, Hispaniam et Italiam observatæ.

     Las láminas de este libro se caracterizan por una facies del natural que asombra, dada la época en que se hicieron y la sencillez del dibujo, que es de contornos solamente.

     Muchas especies españolas, la mayoría de las cuales hoy tienen otros nombres, han sido figuradas por primera vez en esta obra, que tendrá siempre un interés relevante para los botánicos de nuestro país.

     Su Discurso sobre los progresos de la Botánica vio la luz publica en 1718. Una disertación notabilísima, en la que expone las analogías entre los vegetales y animales apareció en Londres en 1721, y en 1719 había publicado una edición de las Institutiones rei herbariæ, de Tournefort, enriquecidas con un interesante apéndice.

     El médico distinguido y el sacerdote cristiano, tuvieron en Antonio De Jussieu un representante, no sólo del saber, sino de la virtud, pues el gran botánico ejerció siempre gratuitamente la Medicina y a los enfermos pobres socorría con largueza, a la par que curaba.

     La última obra de A. De Jussieu, fue un Tratado de materia médica, procedente del reino vegetal, que se publicó en 1772, después de su muerte, con el siguiente título:

Traité des vertus des plantes.

     Vemos, pues, que la dinastía científica de los De Jussieu se inauguró con un hombre santo y sabio; enumeremos ahora sus dignísimos sucesores.

     Bernardo De Jussieu, lionés también como su hermano mayor Antonio, de cuya valía nos hemos ocupado anteriormente, nació en 1699. Fue discípulo de su hermano. Recibió el título de Doctor en Medicina en Montpellier en 1720 y en París en 1721, pero no ejerció la carrera. Acompañó a su hermano en el viaje a España y Portugal, herborizando más tarde en los alrededores de Lion.

     Bernardo De Jussieu concibió la idea de un método natural común a todas las Ciencias Naturales.

     Al encargarle el Rey de Francia que organizase la Escuela Botánica del Jardín de Trianón, aplicó su método en el Catálogo de dicho Jardín, pero legó a su sobrino Antonio Lorenzo la gloria de darlo a conocer detenidamente y de modificarlo.

     Murió el fundador del primer Método natural, establecido sobre bases realmente científicas, en 1777.

     José, el menor de los hermanos De Jussieu, nació en Lion en 1704. Ingeniero eminente, botánico y médico, pasó a América, como astrónomo y naturalista, de la Comisión que fue al Perú a efectuar la medición geodésica de un arco del meridiano. Permaneció en América desde 1735 a 1771, recorriendo la América meridional, para hacer observaciones y recolecciones de objetos de Historia Natural, sobre todo plantas y semillas.

     Descubrió el Heliothropium Peruvianum, que es el Heliotropo cultivado en los jardines, planta de adorno tan estimada por su exquisito perfume y delicado color.

     Murió José De Jussieu en 1779 a consecuencia de las fatigas y dolencias, que quebrantaron su salud, en el continente americano.

     Antonio Lorenzo De Jussieu, sobrino de los tres De Jussieu anteriormente biografiados, nació en Lion en 1748. Estudió en París bajo la protección y dirección de su tío Bernardo. Su discurso o Memoria del Doctorado en Medicina, fue sobre una tesis de que se ocupó su tío Antonio De Jussieu y que él amplió bajo diferentes conceptos: De la estructura y funciones de los vegetales comparadas con los fenómenos de la vida animal, París, 1770. A los veinte años había sido nombrado profesor de Botánica en el Jardín Real.

     Publicó en las Memorias de la Academia de Ciencias de París en 1773 su notabilísimo Examen de la Familia de las Ramanculáceas.

     También en las Memorias de la Academia apareció la Exposición de un nuevo orden de plantas, adoptado en las demostraciones del Jardín Real, 1774, donde se manifiestan, con amplitud de detalles, las bases del Método natural. Durante cinco años se ocupó en pulir y modificar dicho Método y dio principio a la impresión de su imperecedero Genera plantarum, que inmortalizó su Método natural y dio nuevos rumbos a la Fitografía, dando ocasión al triunfo de dicho método, sobre otra suerte de clasificaciones.

     Numerosas e interesantísimas Memorias Fitográficas, publicó en los Anales del Museo de Historia Natural de París y en las Memorias de la Academia de Ciencias, siendo su obra póstuma una Memoria sobre la familia de las Rubiáceas.

     Falleció a los ochenta y ocho años y conservaba su energía espiritual, de tal modo, que la muerte le sorprendió, reuniendo y revisando materiales, para una nueva edición de su Genera plantarum; pero desde 1826 legó la cátedra de Botánica a su hijo Adriano.

     Adriano De Jussieu nació en París en 1797. Desde su más temprana edad, se distinguió por su amor intenso al estudio, basado sobre un extraordinario talento natural. También siguió la carrera de Medicina, pero su tesis del Doctorado en dicha Facultad versó sobre

     Consideraciones sobre la Familia de las Euforbiáceas (1823), trabajo que completó con otro sobre el mismo asunto, en 1824. En este año también publicó su Revisión de los géneros y especies de la familia de las Ternstroemiáceas y una Nota sobre el género Francoa.

     Entre sus posteriores estudios descuella la admirable Monografía de las Malpigiáceas (1841).

     Su Curso elemental de Botánica, que vio la luz pública de 1843 a 1844 fue traducido a casi todos los idiomas europeos.

     En 1845 fue nombrado catedrático de Organografía vegetal, pues, además de sus trabajos fitográficos, publicó interesantísimas Memorias y notas, que revelan sus profundos conocimientos en la Anatomía y Fisiología de las plantas.

     Como ejemplo de estos curiosos trabajos, citaré su Memoria sobre los embriones monocotiledóneos (1839), Nota sobre llores monstruosas del Acer laciniosum (1841), y en este mismo año se imprimió su Memoria sobre los lados de diversas lianas.

     Murió Adriano De Jussieu, el último sabio, pero no el menos famoso, de la dinastía botánica de su apellido, en 1853.

     El género Jussieua, que estableció Linneo, perpetúa en la ciencia mundial el glorioso apellido de los De Jussieu.



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Nota 30.- Loeffling

     EL insigne botánico sueco Pedro Loeffling, tal vez el discípulo más querido de Linneo, nació en 1729.

     En 1743 pasó a estudiar a la Universidad Upsaliense, donde desde un principio manifiesto su afán de saber y su predilección por la Botánica.

     No hubiera podido terminar su carrera a causa de la escasez pecuniaria de sus padres; pero Linneo, acordándose sin duda de lo que a él le acaeció en los comienzos de su carrera científica, alojó a Loeffling en su propia casa y le nombró ayo y preceptor de su hijo.

     Los progresos que Loeffling hizo en la Botánica, siguiendo los impulsos de su afición y las lecciones continuas del inmortal Linneo, fueron rapidísimos.

     Linneo, que envió a distintas regiones del globo sus más aventajados y predilectos discípulos, para que estudiasen las Floras de los más varios países, designó a Loeffling para que recorriese España y Portugal.

     Coincidiendo con este deseo del inmortal maestro, el secretario de Estado de S. M. Católica pedía a Linneo, que un discípulo suyo, viniese a estudiar la rica y admirable Flora de nuestro país.

     El 16 de Mayo de 1751 partió Loeffling para España, ignorando que no volvería a ver a su amada Suecia.

     Son por extremo notables las instrucciones que Linneo dio a Loeffling sobre el modo de estudiar nuestra Flora. Transcribiré algunas:

     2.ª Obsérvese el lugar en que viven todas las plantas.

     3.ª Obsérvese la clase de tiempo en que crece cada planta, así como si se desarrolla en terrenos incultos o en los que se cultiva todos los años o cada dos.

     4.ª El nombre que den a los vegetales los habitantes de las diferentes regiones o localidades.

     5.ª Se dará la descripción exacta de cada planta... procurando al hacerla que no pasen inadvertidos sus menores detalles.

     6.ª Se anotará el día en que cada especie de árbol eche la hoja y empiece a florecer, haciéndose lo mismo para la época de floración de todas las plantas, indicándose hasta el momento del día en que se verifique.



***

     8.ª Mírese qué plantas son utilizadas para alimentos de los ganados y cuáles no.

***

     10. Anótese escrupulosamente la aplicación que dan los españoles a cada planta y respecto a las que no se empleen qué aplicaciones podrían tener.

***

     22. Se observara qué vegetales, sin excluir las malas yerbas, crecen en cada clase de tierra y época del año y las condiciones especiales de la localidad.

***

     Apenas desembarcó Loeffling en Portugal, cuando descubrió la Sibthorpia y la Omphalodes, que no habían sido vistas por ilustres botánicos, que habían recorrido aquellos territorios, y escribe el gran Linneo:

          «No bien llegó a las fronteras de España, cuando comenzó a caminar por un país admirable, parecido a un jardín dispuesto por la Naturaleza, adornado de Narcisos, Leucojos, Ornithogalos, Scillas y Gamones; en cuya atmósfera se respiraba continuamente la fragancia de los Espliegos, Salvias, Hinojos, Romero, Tomillos y Cantuesos y todo él a manera de un frondoso bosque compuesto de Olivos, Jazmines, Adelfas, Lentiscos y Arrayanes.»

     No es posible describir de un modo más elegante y preciso la modalidad de muchas de nuestras formaciones vegetales.

     Asegura Linneo, que Loeffling quedó sorprendido al encontrar en España «cuatro hombres memorables, que a más de ser eminentes en sus respectivas profesiones, tenían particular inclinación a la Botánica». Eran éstos José Minuart, José Ortega, José Quer y Cristóbal Vélez, los cuales recibieron a Loeffling con júbilo, poniendo a su disposición sus bibliotecas, sus herbarios y su conocimiento de las localidades españolas.

     Agradecido Loeffling, dedicó a estos ilustres botánicos españoles, los preciosos géneros Ortegia, Queria, Velezia y Minuartia.

     Organizose bajo la iniciativa de Carvajal, apoyado por el Marqués de la Ensenada, una expedición a América, cuyo jefe Botánico había de ser Loeffling.

     Esta expedición partió de Cádiz el 15 de Febrero de 1754. El 11 de Abril del mismo año desembarcó en Cumaná, el ilustre sueco y herborizó en aquellos territorios, durante seis meses. Hizo después un viaje a la Guayana y allí enfermó gravemente en el pueblo de Murucuri; de allí lo llevaron a Caroní, donde murió el 22 de Febrero de 1756, cuando contaba veintisiete años.

     El inmortal Linneo, cuando tuvo noticia de su fallecimiento, llorole amargamente y escribió:

          «Jamás la Botánica y el mundo literario experimentaron mayor pérdida...»

***

«Ninguna cosa pudo serme más sensible, que la perdida del mejor y más amado de mis discípulos.»

     Dedicole Linneo el género Loefflingia, y esta planta tan española, y otras descubiertas en nuestro país, por el propio Loeffling, hacen que eternamente su nombre vaya unido a joyas preciadas de nuestra Flora.

     Loeffling publicó en Upsal su libro Gemmæ arborum, en 1749, y Linneo publicó en Stockolmo y en sueco, los descubrimientos que en España y América, hiciera su inolvidable discípulo, obra que se tradujo en dos ediciones alemanas, y que nuestro gran naturalista y cultísimo filólogo Ignacio Asso, tradujo a nuestro idioma.

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