Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
ArribaAbajo

El Abencerraje

de Antonio de Villegas.

En Medina del Campo impresso, por Francisco del Canto. Año de M. D. L. X. V.

Con Previlegio.

Vendese en Medina del Campo, en casa de Matheo del Canto.



ArribaAbajo

El Abencerraje

De Antonio de Villegas, Dirigi

do a la Magestad Real del Rey Don

Phelippe, nuestro señor.

Año de M. D. L. X. V.

Este es un vivo retrato de virtud, liberalidad, esfuerço, gentile[z]a y lealtad, compuesto de Rodrigo de Narvaez, y el Abencerraje, y Xarifa, su padre, y el rey de Granad[a d]el qual, aunque los dos formaron y dibuxaron todo el cuerpo, los demas no dexaron de illustrar la tabla, y dar algunos rasguños en ella. Y como el precioso diamante engastado en oro, o en plata, o en plomo, siempre tiene su justo y cierto valor, por los quilates de su oriente: assi la virtud en qualquier dañado subjecto que assiente, resplandesce y muestra sus accidentes: bien que la esencia y efecto de
ella es como el grano que cayendo
en la buena tierra, se acrescien
ta, y en la mala se
perdio.


     Dize el cuento, que en tiempo del infante don Fernando, que gano a Antequera, fue un cavallero que se llamó Rodrigo de narvaez, notable en virtud, y hechos de armas. Este peleando contra moros hizo cosas de mucho esfuerço: y particularmente en aquella empresa, y guerra de Antequera hizo hechos dignos de perpetua memoria: sino que esta nuestra España tiene en tan poco el esfuerço (por serle tan natural y ordinario) que le paresce, que quanto se puede hazer es poco: no como aquellos Romanos, y Griegos, que al hombre que se aventurava a morir una vez en toda la vida le hazian en sus escriptos inmortal, y le trasladavan en las estrellas. Hizo pues este cavallero tanto en servicio de su ley, y de su Rey, que después de ganada la villa, le hizo alcayde d'ella: para que pues auia sido tanta parte en ganalla lo fuesse en defendella. Hizole tambien alcayde de Alora, de suerte que tenía a cargo ambas fuerças, repartiendo el tiempo en ambas partes, y acudiendo siempre a la mayor necessidad. Lo mas ordinario residia en Alora, y alli tenia cinquenta escuderos hijosdalgo a los gages del Rey, para la defensa y seguridad de la fuerça: y este numero nunca faltava, como los immortales del rey Dario, que en muriendo uno, ponian otro en su lugar. Tenian todos ellos tanta fee y fuerça en la virtud de su Capitan, que ninguna empresa se les hazia dificil: y assi no dexavan de ofender a sus enemigos, y defenderse dellos, y en todas las escaramuças que entravan salian vencedores, en lo qual ganavan honra y provecho, de que andavan siempre ricos. Pues una noche acabando de cenar, que hazia el tiempo muy sossegado, el alcayde dixo a todos ellos estas palabras.

     Paresceme hijosdalgo (señores y hermanos mios) que ninguna cosa despierta tanto los coraçones de los hombres, como el continuo [e]xercicio de las armas: porque con el se cobra experiencia en las proprias, y se pierde miedo a las agenas. Y desto no ay para que yo traya testigos de fuera: porque vosotros soys verdaderos testimonios. Digo esto, porque han passado muchos dias que no hemos hecho cosa que nuestros nombres acresciente, y seria dar yo mala cuenta de mi y de mi oficio, si teniendo a cargo tan virtuosa gente y valiente compañia dexasse passar el tiempo en balde. Paresceme (si os paresce) pues la claridad y seguridad de la noche nos combida, que sera bien dar a entender a nuestros enemigos, que los valedores de Alora no duermen. Yo os he dicho mi voluntad, hagase lo que os paresciere. Ellos respondieron, que ordenasse, que todos le seguirian. Y nombrando nueve dellos, los hizo armar: y siendo armados, salieron por una puerta falsa que la fortaleza tenia, por no ser sentidos: porque la fortaleza quedasse a buen recado. Y yendo por su camino adelante; hallaron otro que se dividia en dos. El alcayde les dixo, Ya podria ser, que yendo todos por este camino, se nos fuesse la caça por este otro. Vosotros cinco os yd por el uno, yo con estos quatro me yre por el otro: y si acaso los unos toparen enemigos que no basten a vencer, toque uno su cuerno, y a la señal acudirán los otros en su ayuda. Yendo los cinco escuderos por su camino adelante, hablando en diversas cosas, el uno d'ellos dixo. Teneos compañeros, que o yo me engaño, o viene gente. Y metiendose entre una arboleda, que junto al camino se hazia, oyeron ruydo. Y mirando con mas atencion, vieron venir por donde ellos yvan un gentil moro en un cavallo ruano: el era grande de cuerpo, y hermoso de rostro, y parescia muy bien a cavallo. Traya vestida una marlota de carmesi, y un albornoz de damasco d'el mismo color, todo bordado de oro y plata. Traya el braço derecho regaçado y labrada en el una hermosa darna, y en la mano una gruessa y hermosa lança de dos hierros. Traya una darga y cimitarra, y en la cabeça una toca tunezi, que dandole muchas bueltas por ella, le servia de hermosura y defensa de su persona. En este habito venia el moro, mostrando gentil continente: y cantando un cantar que el compuso en la dulce membrança de sus amores, que dezia:

                Nascido en Granada,
criado en Cartama:
enamorado en Coyn,
frontero de Alora.

     Aunque a la musica faltava el arte, no faltava al moro contentamiento: y como traya el coraçon enamorado, a todo lo que dezia dava buena gracia. Los escuderos trasportados en verle, erraron poco de dexarle passar, hasta que dieron sobre el. El viendose salteado, con animo gentil bolvio por si, y estuvo por ver lo que harian. Luego de los cinco escuderos los quatro se apartaron, y el uno le acometio: mas como el moro sabia mas de aquel menester, de una lançada dio con el y con su cavallo en el suelo. Visto esto de los quatro que quedavan los tres le acometieron, paresciendoles muy fuerte: de manera que ya contra el moro eran tres Christianos, que cada uno bastava para diez moros, y todos juntos no podian con este solo. Alli se vio en gran peligro: porque se le quebro la lança, y los escuderos le davan mucha priessa: mas fingiendo que huya, puso las piernas a su cavallo, y arremetio al escudero que derribara: y como una ave se colgo de la silla, y le tomo su lança, con la qual bolvio a hazer rostro a sus enemigos, que le yvan siguiendo (pensando que huya) y diose tan buena maña que a poco rato tenia de los tres los dos en el suelo. El otro que quedava, viendo la necessidad de sus compañeros, toco el cuerno, y fue a ayudarlos. Aqui se travo fuertemente la escaramuça: porque ellos estavan afrontados de ver que un cavallero les durava tanto, y a el le yva mas que la vida en defenderse dellos. A esta hora le dio uno de los dos escuderos una lançada en un muslo, que a no ser el golpe en soslayo, se le passara todo. El con rabia de verse herido, bolvio por si: y diole una lançada, que dio con el y con su cavallo muy mal herido en tierra.

     Rodrigo de Narvaez, barruntando la necessidad en que sus compañeros estavan, atravesso el camino, y como traya mejor cavallo se adelanto: y viendo la valentia del moro quedo espantado porque de los cinco escuderos tenia los quatro en el suelo y el otro casi al mismo punto. El le dixo. Moro vente a mi, y si tu me vences yo te asseguro de los demas. Y començaron a travar brava escaramuça: mas como el alcayde venia de refresco, y el moro y su cavallo estavan heridos, davale tanta priessa, que no podia mantenerse: mas viendo que en sola esta batalla le yva la vida y contentamiento, dio una lançada a Rodrigo de Narvaez, que a no tomar el golpe en su darga, le huviera muerto. El en rescibiendo el golpe, arremetio a el, y diole una herida en el braço derecho, y cerrando luego con el, le travo a braços: y sacandole de la silla, dio con el en el suelo. Y yendo sobre el, le dixo. Cavallero, date por vencido, si no matarte he. Matarme bien podras, dixo el moro, que en tu poder me tienes: mas no podra vencerme, sino quien una vez me vencio. El alcayde no paro en el mysterio con que se dezian estas palabras, y usando en aquel punto de su acostumbrada virtud, le ayudo a levantar porque de la herida que le dio el escudero en el muslo, y de la del braço, aunque no eran grandes, y del gran cansancio y cayda, quedo quebrantado: y tomando de los escuderos aparejo, le ligo las heridas. Y hecho esto, le hizo subir en un cavallo de un escudero, porque el suyo estava herido: y bolvieron el camino de Alora. Y yendo por el adelante hablando en la buena disposicion y valentia del moro, el dio un grande y profundo sospiro: y hablo algunas palabras en Algaravia, que ninguno entendio. Rodrigo de Narvaez yva mirando su buen talle y dispusicion, acordavasele de lo que le vio hazer: y pareciale que tan gran tristeza en animo tan fuerte no podia proceder de sola la causa que alli parescia. Y por informarse del, le dixo. Cavallero, mirad que el prisionero que en la prision pierde el animo, aventura el derecho de la libertad. Mirad que en la guerra los cavalleros han de ganar y perder: porque los mas de sus trances estan subjectos a la fortuna: y paresce flaqueza que quien hasta aqui ha dado tan buena muestra de su esfuerço, la de aora tan mala. Si sospirays del dolor de las llagas, a lugar vays do sereys bien curado? Si os duele la prision jornadas son de guerra a que estan subjectos quantos la siguen. Y si teneys otro dolor secreto fialde de mi, que yo os prometo como hijodalgo de hazer por remediarle lo que en mi fuere. El moro, levantando el rostro, que en el suelo tenia, le dixo. Como os llamays cavallero que tanto sentimiento mostrays de mi mal. El le dixo, A mi llaman Rodrigo de Narvaez, soy Alcayde de Antequera y Alora. El moro tornando el semblante algo alegre, le dixo. Por cierto aora pierdo parte de mi quexa: pues ya que mi fortuna me fue adversa, me puso en vuestras manos, que aunque nunca os vi, sino aora gran noticia tengo de vuestra virtud y expiriencia de vuestro esfuerço: y porque no os parezca que el dolor de las heridas me haze sospirar y tambien porque me paresce, que en vos cabe qualquier secreto, mandad apartar vuestros escuderos, y hablaros he dos palabras. El Alcayde los hizo apartar: y quedando solos el moro arrancando un gran sospiro, le dixo.

     Rodrigo de Narvaez, alcayde tan nombrado de Alora, esta[te] atento a lo que te dixere, y veras si bastan los casos de mi fortuna a derribar un coraçon de un hombre captivo. A mi llaman Abindar[r]aez el moço, a diferencia de un tio mio hermano de mi padre, que tiene el mismo nombre. Soy de los Abencerrajes de Granada, de los quales muchas vezes avras oydo dezir: y aunque me bastava la lastima presente, sin acordar las passadas, todavia te quiero contar esto.

     Huvo en Granada un linage de cavalleros, que llamavan los Abencerrajes, que eran flor de todo aquel reyno: porque en gentileza de sus personas, buena gracia, disposicion, y gran esfuerço, hazian ventaja a todos los demas, eran muy estimados del rey y de todos los cavalleros, y muy amados y quistos de la gente comun. En todas las escaramuças que entravan, salian vencedores: y en todos los regozijos de cavalleria se señalavan. Ellos inventavan las galas y los trages. De manera que se podia bien dezir, que en exercicio de paz y de guerra, eran regla y ley de todo el reyno. Dizese, que nunca huvo Abencerraje escasso, ni covarde, ni de mala disposicion. No se tenia por Abencerraje el que no servia dama, ni se tenia por dama la que no tenia Abencerraje por servidor. Quiso la fortuna enemiga de su bien, que de esta excelencia cayessen de la manera que oyras. El Rey de Granada hizo a dos de estos Cavalleros, los que mas valian, un notable & injusto agravio, movido de falsa informacion, que contra ellos tuvo. Y quisose dezir (aunque yo no lo creo) que estos dos, y a su instancia otros diez, se conjuraron de matar al Rey: y dividir el Reyno entre si, vengando su injuria. Esta conjuracion, siendo verdadera, o falsa, fue descubierta: y por no escandalizar el Rey el reyno, que tanto los amava, los hizo a todos una noche degollar: porque a dilatar la injusticia, no fuera poderoso de hazella. Ofrescieronse al Rey grandes rescates por sus vidas: mas el aun escuchallo no quiso. Quando la gente se vio sin esperança de sus vidas, començo de nuevo a llorarlos. Lloravanlos los padres que los engendraron, y las madres que los parieron; lloravanlos las damas(1) a quien servian, y los cavalleros con quien se acompañavan. Y toda la gente comun alçava un tan grande y continuo alarido, como si la ciudad se entrara de enemigos: de manera que si a precio de lagrymas se huvieran de comprar sus vidas, no murieran los Abencerrajes tan miserablemente. Vees aqui en lo que acabo tan esclarescido linage, y tan principales Cavalleros como en el avia: considera quanto tarda la fortuna en subir un hombre y quan presto le derriba. Quanto tarda en crescer un arbol, y quan presto va al fuego. Con quanta dificultad se edifica una casa, y con quanta brevedad se quema. Quantos podrian escarmentar en las cabeças destos desdichados: pues tan sin culpa padecieron con publico pregon, siendo tantos y tales y estando en el favor del mismo rey, sus casas fueron derribadas, sus heredades enajenadas: y su nombre dado en el reyno por traydor. Resulto deste infelice caso, que ningun Abencerraje pudiesse vivir en Granada, salvo mi padre y un tio mio que hallaron innocentes deste delicto: a condicion, que los hijos que les nasciesse[n] embiassen a criar fuera de la ciudad: para que no bolviessen a ella, y las hijas casassen fuera del reyno.

     Rodrigo de Narvaez, que estava mirando con quanta passion le contava su desdicha, le dixo. Por cierto cavallero, vuestro cuento es estraño, y la sinrazon que a los Abencerrajes se hizo fue grande, porque no es de creer que siendo ellos tales cometiessen traycion. Es como yo lo digo, dixo el. Y aguardad mas y vereys como desde alli todos los bencerrajes deprendimos a ser desdichados.

     Yo sali al mundo del vientre de mi madre y por cumplir mi padre el mandamiento del Rey, embiome a Cartama al Alcayde que en ella estava, con quien tenia estrecha amistad. Este tenia una hija, casi de mi edad, a quien amava mas que a si(2): porque allende de ser sola y hermosissima, le costo la muger que murio de su parto. Esta, y yo, en nuestra niñez, siempre nos tuvimos por hermanos (porque assi nos oyamos llamar). Nunca me acuerdo aver passado hora que no estuviessemos juntos. Juntos nos criaron, juntos andavamos, juntos comiamos y beviamos. Nascionos desta conformidad un natural amor que fue siempre creciendo con nuestras hedades. Acuerdome que entrando una siesta en la huerta, que dizen de los jazmines, la halle sentada junto a la fuente, componiendo su hermosa cabeça. Mirela vencido de su hermosura, y paresciome a Salmacis: y dixe entre mi. O quien fuera Trocho para parescer ante esta hermosa diosa. No se como me peso de que fuesse mi hermana: y no aguardando mas fuyme a ella: y quando me vio, con los braços abiertos me salio a rescebir, y sentandome junto a si, me dixo. Hermano, como me dexastes tanto tiempo sola? Yo la respondi, Señora mia: porque ha gran rato que os busco, y nunca halle quien me dixesse do estavades, hasta que mi coraçon me lo dixo. Mas dezidme aora, que certinidad teneys vos de que seamos hermanos? Yo, dixo ella, no otra, mas del grande amor que te tengo, y ver que todos nos llaman hermanos. Y si no(3) lo fueramos, dixe yo, quisierasme tanto? No ves, dixo ella, que a no serlo, no nos dexara mi padre andar siempre juntos y solos. Pues si esse bien me avian de quitar, dixe yo, mas quiero el mal que tengo. Entonces ella encendiendo su hermoso rostro en color, me dixo. Y que pierdes tu en que seamos hermanos? Pierdo a mi y a vos, dixe yo. Yo no te entiendo, dixo ella, mas a mi me paresce que solo serlo, nos obliga a amarnos naturalmente. A mi, sola vuestra hermosura me obliga, que antes essa hermandad paresce que me resfria algunas vezes. Y con esto baxando mis ojos, de empacho de lo que le dixe, vila en las aguas de la fuente al proprio como ella era: de suerte que donde quiera que bolvia la cabeça hallava su imagen, y en mis entrañas la más verdadera. Y deziame yo a mi mismo (y pesarame que alguno me lo oyera) Si yo me anegasse aora en esta fuente, donde veo a mi señora, quanto mas desculpado moriria yo que Narciso! Y si ella me amasse como yo la amo, que dichoso seria yo! Y si la fortuna nos permitiesse vivir siempre juntos, que sabrosa vida seria la mia. Diziendo esto levanteme, y bolviendo las manos a unos jazmines, de que la fuente estava rodeada, mezclandolos con arrayan, hize una hermosa guirnalda, y poniendola sobre mi cabeça me bolvi a ella coronado y vencido. Ella puso los ojos en mi (a mi parescer) mas dulcemente que solia, y quitandomela, la puso sobre su cabeça. Paresciome en aquel punto mas hermosa que Venus, quando salio al juyzio de la mançana, y bolviendo el rostro a mi, me dixo. Que te paresce aora de mi Abindarraez? Yo la dixe Paresceme que acabays de vencer el mundo, y que os coronan por reyna y señora del. Levantandose me tomo por la mano, y me dixo. Si esso fuera hermano no perdierades vos nada. Yo sin la responder la segui hasta que salimos de la huerta. Esta engañosa vida traximos mucho tiempo, hasta que ya el amor por vengarse de nosotros nos descubrio la cautela, que como fuymos creciendo en edad ambos acabamos de entender que no eramos hermanos. Ella no se lo que sintio al principio de saberlo: mas yo nunca mayor contentamiento recebi aunque despues aca lo he pagado bien. En el mismo punto que fuymos certificados desto, aquel amor limpio y sano que nos teniamos, se començo a dañar y se convertio en una raviosa enfermedad, que nos durara hasta la muerte. Aqui no huvo primeros movimientos que escusar, porque el principio destos amores fue un gusto y deleyte fundado sobre bien: mas despues no vino el mal por principios, sino de golpe y todo junto, ya yo tenia mi contentamiento puesto en ella, y mi alma hecha a medida de la suya. Todo lo que no via en ella me parecia feo escusado y sin provecho en el mundo. Todo mi pensamiento hera en ella. Ya en este tiempo nuestros pasatiempos heran differentes; ya yo la mirava con recelo de ser sentido, ya tenia invidia del sol que la tocava. Su presencia me lastimava la vida, y su ausencia me enflaquescia el coraçon. Y de todo esto creo que no me devia nada, porque me pagava en la misma moneda. Quiso la fortuna, embidiosa de nuestra dulce vida, quitarnos este contentamiento en la manera que oyras.

     El Rey de Granada, por mejorar en cargo al alcayde de Cartama, embiole a mandar, que luego dexasse aquella fuerça, y se fuese a Coyn (que es aquel lugar frontero del vuestro) y que me dexasse a mi en Cartama en poder del alcayde que a ella viniesse. Sabida esta desastrada nueva por mi señora y por mi, juzgad vos (si algun tiempo fuystes enamorado) lo que podriamos sentir. Juntamonos en un lugar secreto a llorar nuestro apartamiento. Yo la llamava, señora mia, alma mia, solo bien mio (y otros dulces nombres que el amor me enseñava.) Apartandose vuestra hermosura d'mi, terneys alguna vez memoria deste vuestro captivo? Aqui las lagrymas y sospiros atajavan las palabras. Yo esforçandome para dezir mas, malparia algunas razones turbadas de que no me acuerdo: porque mi señora llevo mi memoria consigo. Pues quien os contasse las lastimas que ella hazia (aunque a mi siempre me parescian pocas.) Deziame mil dulces palabras, que hasta aora me suenan en las orejas: y al fin porque no nos sintiessen, despedimonos con muchas lagrymas y solloços, dexando cada uno al otro por prenda un abraçado, con un sospiro arrancado de las entrañas. Y porque ella me vio en tanta necessidad y con señales d'muerto(4) me dixo. Abindarraez a mi se me sale el alma en apartarme de ti: y porque siento de ti lo mismo, yo quiero ser tuya hasta la muerte, tuyo es mi coraçon, tuya es mi vida, mi honra, y mi hazienda: y en testimonio desto llegada a Coyn, donde aora voy con mi padre, en teniendo lugar de hablarte, o por ausencia o indisposicion suya (que ya desseo) yo te avisare. Yras donde yo estuviere, y alli yo te dare lo que solamente llevo conmigo, debajo de[l] nombre de esposo, que de otra suerte ni tu lealtad, ni mi ser lo consentirian, que todo lo demas muchos dias ha que es tuyo. Con esta promessa mi coraçon se sossego algo y besela las manos por la merced que me prometia. Ellos se partieron otro dia, yo quede como quien caminando por unas fragosas y asperas montañas, se le eclypsa el sol. Comence a sentir su ausencia asperamente buscando falsos remedios contra ella. Mirava las ventanas do se solia poner, las aguas do se vañava, la camara en que dormia, el jardin do reposava la siesta. Andava todas sus estaciones y en todas ellas hallava representacion de mi fatiga. Verdad es, que la esperança que me dio de llamarme, me sostenía: y con ella engañava parte de mis trabajos, aunque algunas vezes de verla alargar tanto me causava mayor pena, y holgara que me dexara del todo desesperado: porque la desesperacion fatiga hasta que se tiene por cierta, y la esperança hasta que se cumple el desseo. Quiso mi ventura, que esta mañana mi señora me cumplió su palabra, embiandome a llamar con una criada suya, de quien se fiava: porque su padre era partido para Granada, llamado del rey para bolver luego. Yo resuscitado con esta buena nueva apercebime: y dexando venir la noche por salir mas secreto, puseme en el habito que me encontrastes, por mostrar a mi señora el alegria de mi coraçon: y por cierto no creyera yo que bastaran cient cavalleros juntos a tenerme campo, porque traya mi señora comigo, y si tu me venciste, no fue por esfuerço (que no es possible) sino porque mi corta suerte, o la determinación del cielo, quisieron atajarme tanto bien. Assi, que, considera tu aora, en el fin de mis palabras, el bien que perdi, y el mal que tengo. Yo yva de Cartama a Coyn breve jornada (aunque el desseo la alargava mucho) el mas hufano Abencerraje que nunca se vio, yva a llamado de mi señora, a ver a mi señora, a gozar de mi señora, y a casarme con mi señora. Veome aora herido, captivo, y vencido: y lo que mas siento que el termino y coyuntura de mi bien se acaba esta noche. Dexame pues Christiano consolar entre mis sospiros, y no los juzgues a flaqueza: pues lo fuera muy mayor tener animo para sufrir tan riguroso trance.

     Rodrigo de Narvaez quedo espantado y apiadado del estraño acontescimiento del moro: y paresciendole que para su negocio, ninguna cosa le podria dañar mas que la dilacion, le dixo. Abindarraez, quiero que veas que puede mas mi virtud, que tu ruyn fortuna. Si tu me prometes como cavallero de bolver a mi prision dentro de tercero dia, yo te dare libertad para que sigas tu camino: porque me pesaria de atajarte tan buena empresa. El moro quando lo oyo, se quiso de contento echar a sus pies, y le dixo. Rodrigo de Narvaez, si vos esso hazeys, avreys hecho la mayor gentileza de coraçon, que nunca hombre hizo, y a mi me dareys la vida. Y para lo que pedis, tomad de mi la seguridad que quisieredes, que yo lo cumplire. El Alcayde llamo a sus escuderos, y les dixo. Señores fiad de mi este prisionero, que yo salgo fiador de su rescate. Ellos dixeron que ordenasse a su voluntad. Y tomando la mano derecha entre las dos suyas al moro, le dixo. Vos prometeysme como Cavallero de bolver a mi castillo de Alora a ser mi prisionero dentro de tercero día? El le dixo. Si prometo. Pues yd con la buena ventura, y si para vuestro negocio teneys necessidad de mi persona, o de otra cosa alguna, tambien se hara. Y diziendo que se lo agradescia, se fue camino de Coyn a mucha priessa. Rodrigo de Narvaez y sus escuderos se bolvieron a Alora, hablando en la valentia y buena manera de el Moro. Y con la priessa que el Abencerraje llevava, no tardo mucho en llegar a Coyn, yendose derecho a la fortaleza, como le era mandado, no paro hasta que hallo una puerta que en ella avia: y deteniendose alli, començo a reconoscer el campo, por ver si avia algo de que guardarse, y viendo que estava todo seguro, toco en ella con el cuento de la lança, que esta era la señal que le avia dado la dueña. Luego ella misma le abrio, y le dixo. En que os aveis detenido señor mio? que vuestra tardança nos ha puesto en gran confusion. Mi señora ha rato que os espera: apeaos y subireys donde esta. El se apeo, y puso su cavallo en un lugar secreto, que alli hallo. Y dexa[n]do lança con su darga y cimitarra, llevandole la dueña por la mano, lo mas passo que pudo, por no ser sentido de la gente del castillo, subio por una escalera, hasta llegar al aposento d'la hermosa Xarifa (que assi se llamava la dama.) Ella que ya avia sentido su venida, con los braços abiertos le salio a rescebir. Ambos se abraçaron, sin hablarse palabra, del sobrado contentamiento. Y la dama le dixo. En que os aveys detenido, señor mio? que vuestra tardança me ha puesto en gran congoxa y sobresalto. Mi señora, dixo el, vos sabeys bien que por mi negligencia no avra sido: mas no siempre succeden las cosas como los hombres dessean. Ella le tomo por la mano, y le metio en una camara secreta. Y sentandose sobre una cama que en ella avia, le dixo. He querido Abindarraez, que veays en que manera cumplen las captivas de amor sus palabras porque desde el dia que os la di por prenda de mi coraçon, he buscado aparejos para quitarosla. Yo os mande venir a este mi castillo a ser mi prisionero, como yo lo soy vuestra, y hazeros señor de mi persona, y de la hazienda de mi padre, debaxo de nombre de esposo, aunque esto, segun entiendo, sera muy contra su voluntad, que como no tiene tanto conoscimiento de vuestro valor y experiencia d'vuestra virtud como yo quisiera darme marido mas rico: mas yo, vuestra persona y mi contentamiento tengo por la mayor riqueza del mundo. Y diziendo esto baxo la cabeça, mostrando un cierto empacho d'averse descubierto tanto. El moro la tomo entre sus braços, y besandola muchas vezes las manos por la merced que le hazia, la dixo. Señora mia, en pago d'tanto bien como me aveys ofrescido, no tengo que daros que no sea vuestro, sino sola esta prenda, en señal que os rescibo por mi señora y esposa. Y llamando a la dueña se desposaron. Y siendo desposados se acostaron en su cama, donde con la nueva experiencia encendieron mas el fuego de sus coraçones. En esta conquista passaron muy amorosas obras y palabras, que son mas para contemplacion, que para escriptura. Tras esto al moro vino un profundo pensamiento, y dexando llevarse del dio un gran sospiro. La dama no pudiendo sufrir tan grande ofensa d'su hermosura y voluntad con gran fuerça de amor le bolvio a si, y le dixo. Ques esto Abindarraez? paresce que te has entristecido con mi alegria: yo te oyo sospirar rebolviendo el cuerpo a todas partes: pues si yo soy todo tu bien y contentamiento, como me dezias por quien sospiras? y si no lo soy, porque me engañaste? si has allado alguna falta en mi persona, pon los ojos en mi voluntad, que basta para encubrir muchas: y si sirves otra dama dime quien es para que la sirva yo: y si tienes otro dolor secreto de que yo no soy ofendida, dimelo, que o yo morire, o te librare del. El Abencerraje corrido de lo que avia hecho, y paresciendole que no declararse, era ocasion d'gran sospecha, con un apassionado sospiro la dixo. Señora mia si yo no os quisiera mas que a mi, no huviera hecho este sentimiento: porque el pesar que comigo traya, sufriale con buen animo, quando yva por mi solo: mas aora que me obliga a apartarme d'vos no tengo fuerças para sufrirle, y assi entendereys que mis sospiros se causan mas de sobra de lealtad que de falta della. Y porque no esteys mas suspensa sin saber de que, quiero deziros lo que passa. Luego le conto todo lo que avia succedido: y al cabo la dixo. De suerte señora que vuestro captivo lo es tambien del alcayde de Alora, yo no siento la pena de la prision, que vos enseñastes mi coraçon a sufrir: mas vivir sin vos, tendria por la misma muerte. La dama con buen semblante, le dixo. No te congoxes Abindarraez, que yo tomo el remedio de tu rescate a mi cargo: porque a mi me cumple mas. Yo digo assi, que qualquier cavallero que diere la palabra de bolver a la prision, cumplira con embiar el rescate que se le puede pedir: y para esto ponedle vos mismo el nombre que quisierdes, que yo tengo las llaves de las riquezas de mi padre, yo os las porne en vuestro poder, embiad de todo ello lo que os paresciere. Rodrigo d'naruaez es buen cavallero, y os dio una vez libertad, y le fiastes este negocio, que le obliga aora a usar de mayor virtud: yo creo que se contentara con esto, pues teniendoos en su poder ha de hazer lo mismo. El Abencerraje la respondio: bien parece señora mia que lo mucho que me quereys nos(5) dexa que me aconsejeys bien por cierto no cayre yo en tan gran yerro porque si quando venia a verme con vos que yva por mi solo estava obligado a cumplir mi palabra, aora que soy vuestro se me a doblado la obligacion. Yo bolvere a Alora y me porne en las manos del Alcayde della y tras hazer yo lo que devo, haga el lo que quisiere, Pues nunca Dios quiera dixo Xarifa, que yendo vos a ser preso quede yo libre, pues no lo soy, yo quiero acompañaros en esta jornada que ni el amor que os tengo, ni el miedo que he cobrado a mi padre de averle offendido me consentiran hazer otra cosa. El moro llorando de contentamiento la abraço y le dixo siempre vays señora mia acrescentandome las mercedes hagase lo que vos quisierdes que assi lo quiero yo y con este acuerdo aparejando lo necessario. Otro dia de mañana se partieron llevando la Dama el rostro cubierto por no ser conoscida. Pues yendo por su camino adelante hablando en diversas cosas, toparon un hombre viejo la dama le pregunto donde yva. El la dixo. Voy a Alora a negocios que tengo con el alcayde della, que es el mas honrado y virtuoso cavallero que yo jamas vi. Xarifa se holgo mucho de oyr esto, paresciendole que pues todos hallavan tanta virtud en este cavallero, que tambien la hallarian ellos que tan necessitados estavan della. Y bolviendo al caminante, le dixo. Dezid hermano, sabeys vos d'esse cavallero alguna cosa que aya hecho notable? Muchas se, dixo el, mas contaros he una por donde entendereys todas las demas. Este cavallero fue primero alcayde de Antequera, y alli anduvo mucho tiempo enamorado de una dama muy hermosa, en cuyo servicio hizo mil gentilezas que son largas de contar: y aunque ella conoscia el valor deste cavallero amava a su marido tanto, que hazia poco caso del. Acontescio assi, que un dia de verano acabando de cenar, ella y su marido se baxaron a una huerta que tenia dentro de casa: y el llevava un gavilan en la mano, y lançandole a unos paxaros, ellos huyeron, y fueronse a socorrer a una çarça, y el gavilan, como astuto, tirando el cuerpo afuera, metio la mano, y saco y mato muchos dellos. El cavallero le cebo, y bolvio a la dama, y la dixo, Que os paresce señora del astucia con que el gavilan encerro los paxaros, y los mato? pues hagoos saber, que cuando el alcayde de Alora escaramuça con los moros, assi los sigue, y assi los mata. Ella fingiendo no le conoscer, le pregunto quien era. Es el mas valiente y virtuoso cavallero, que yo hasta oy vi. Y començo a hablar del muy altamente, tanto que a la dama le vino un cierto arrepentimiento, y dixo. Pues como! los hombres estan enamorados deste Cavallero, y que no lo este yo de el, estandolo el de mi! Por cierto yo estare bien disculpada de lo que por el hiziere pues mi marido me ha informado de su derecho, otro dia adelante se ofrescio que el marido fue fuera de la ciudad y no pudiendo la dama sufrirse en si embiole llamar con una criada suya. Rodrigo de Narvaez estuvo en poco de tornarse loco de plazer aunque no dio credito a ello acordandosele de la aspereza que siempre le avia mostrado. Mas con todo esso a la hora concertada muy a recado fue a ver la Dama que le estava esperando en un lugar secreto y alli ella echo de ver el yerro que avia hecho y la vergüença que passava en requerir aquel de quien tanto tiempo avia sido requerida pensava tambien en la fama que descubre todas las cosas temia la inconstancia de los hombres y la offensa del marido y todos estos inconvenientes (como suelen) aprovecharon de vencerla mas, y passando por todos ellos le rescibio dulcemente y le metio en su camara donde passaron muy dulzes palabras, y en fin dellas le dixo. Señor Rodrigo de Narvaez, yo soy vuestra de aqui adelante sin que en mi poder quede cosa que no lo sea, y esto no lo agradezcays a mi que todas vuestras passiones y diligencias falsas, o verdaderas, os aprovecharan poco comigo, mas agradesceldo a mi marido que tales cosas me dixo d'vos que me han puesto en el estado en que aora estoy. Tras esto le conto quanto con su marido avia passado y al cabo le dixo y cierto señor vos deveys a mi marido mas que el a vos: Pudieron tanto estas palabras con Rodrigo de Narvaez que le causaron confusion y arrepentimiento del mal que hazia a quien del dezia tantos bienes y apartandose afuera, dixo. Por cierto señora yo os quiero mucho y os querre de aqui adelante mas nunca Dios quiera que a hombre que tan afficionadamente ha hablado en mi haga yo tan cruel daño. Antes de oy mas he de procurar la honra de vuestro marido como la mia propria pues en ninguna cosa le puedo pagar mejor el bien que de mi dixo. Y sin aguardar mas, se bolvio por donde avia venido. La dama devio de quedar burlada: y cierto (señores) el cavallero, a mi parescer uso de gran virtud y valentia, pues vencio su misma voluntad. El Abencerraje y su dama quedaron admirados del cuento: y alabandole mucho, el dixo, que nunca mayor virtud avia visto d'hombre. Ella respondio, Por dios señor yo no quisiera servidor tan virtuoso: mas el devia estar poco enamorado, pues tan presto se salio afuera: y pudo mas con el la honra del marido que la hermosura de la muger. Y sobre esto dixo otras muy graciosas palabras. Luego llegaron a la fortaleza: y llamando a la puerta, fue abierta por las guardas, que ya tenian noticia de lo passado. Y yendo un hombre corriendo a llamar al alcayde le dixo. Señor en el castillo esta el moro que venciste, y trae consigo una gentil dama. Al alcayde le dio el coraçon lo que podia ser: y baxo abaxo. El Abencerraje tomando su esposa de la mano, se fue a el, y le dixo. Rodrigo de Narvaez, mira si te cumplo bien mi palabra, pues te prometi de traer un preso, y te trayo dos, que el uno basta para vencer otros muchos. Ves aqui mi señora, juzga si he padescido con justa causa. Rescibenos por tuyos, que yo fio mi señora y mi honra de ti. Rodrigo de Narvaez holgo mucho de verlos, y dixo a la dama. Yo no se qual de vosotros deve mas al otro: mas yo devo mucho a los dos. Entrad y reposareys en esta vuestra casa: y tenelda de aqui adelante por tal, pues lo es su dueño. Y con esto se fueron a un aposento que les estava aparejado y de ay a poco comieron: porque venian cansados del camino. Y el alcayde pregunto al Abencerraje. Señor que tal venis de las heridas? Paresceme señor que con el camino las trayo enconadas, y con algun dolor. La hermosa Xarifa muy alterada, dixo. Que es esto señor, heridas teneys vos de que yo no sepa? Señora, quien escapo de las vuestras, en poco terna otras: verdad es que de la escaramuça de la otra noche saque dos pequeñas heridas, y el camino y no averme curado me avran hecho algun daño, Bien sera dixo el Alcayde, que os acosteys y verna un çurujano que ay en el castillo, Luego la hermosa Xarifa le començo a desnudar con grande alteracion y viniendo el maestro y viendole, dixo que no hera nada, y con un ungüento que le puso le quito el dolor y de ay a tres dias estuvo sano. Un dia acaescio que acabando de comer el Avencerraje dixo estas palabras. Rodrigo de Narvaez segun eres discreto en la manera de nuestra venida entenderas lo demas, yo tengo esperança que este negocio que esta tan dañado se ha de remediar por tus manos: esta dueña es la hermosa Xarifa de quien te huve dicho es mi señora y mi esposa no quiso quedar en coyn, de miedo d'aver offendido a su padre todavia se teme deste caso, bien se que por tu virtud te ama el Rey, aunque eres Christiano, suplicote alcances del que nos perdone su padre, por aver hecho esto sin que el lo supiesse, pues la fortuna lo traxo por este camino. El Alcayde les dixo, Consolaos, que yo os prometo de hazer en ello quanto pudiere. Y tomando tinta y papel, escrivio una carta al Rey, que dezia assi.



Carta de Rodrigo de Nar-
vaez Alcayde de Alora, para el
Rey de Granada.

     Muy alto y muy poderoso rey de Granada Rodrigo d'Narvaez, alcayde de Alora tu servidor, beso tus reales manos: y digo assi, Que el Abencerraje Abindarraez el moço, que nascio en Granada, y se crio en Cartama en poder de el Alcayde de ella, se enamoro de la hermosa Xarifa su hija. Despues tu por hazer merced al alcayde, le passaste a coyn. Los enamorados por assegurarse, se desposaron entre si. Y llamado el por ausencia del padre, que contigo tienes, yendo a su fortaleza, yo le encontre en el camino, y en cierta escaramuça que con el tuve, en que se mostro muy valiente, le gane por mi prisionero. Y contandome su caso, apiadandome del le hize libre por dos dias: el se fue a ver con su esposa, de suerte que en la jornada perdio la libertad, y gano el amiga. Viendo ella que el Abencerraje bolvia a mi prision se vino con el y assi estan aora los dos en mi poder. Suplicote que no te ofenda el nombre de Abencerraje, que yo se que este y su padre fueron sin culpa en la conjuracion que contra tu real persona se hizo: y en testimonio dello viven. Suplico a tu real alteza, que el remedio destos tristes se reparta entre ti y mi. Yo les perdonare el rescate, y les soltare graciosamente. solo haras tu que el padre della los perdone y resciba en su gracia. Y en esto cumpliras con tu grandeza, y haras lo que de ella siempre espere.

     Escripta la carta, despacho un escudero con ella, que llegado ante el rey, se la dio: el qual sabiendo cuya era, se holgo mucho, que a este solo Christiano amava por su virtud y buenas maneras. Y como la leyo, bolvio el rostro al alcayde de Coyn, que alli estava y llamandole a parte, le dixo. Lee esta carta, que es del alcayde de Alora. Y leyendola, rescibio grande alteracion. El rey le dixo. No te congoxes, aunque tengas porque, sabete que ninguna cosa me pedira el alcayde de Alora que yo no lo haga. Y assi te mando que vayas luego a Alora y te veas con el, y perdones tus hijos, y los lleves a tu casa, que en pago deste servicio a ellos y a ti hare siempre merced. El moro lo sintio en el alma: mas viendo que no podia passar el mandamiento de el Rey, bolvio de buen continente, y dixo, que assi lo haria como su alteza lo mandava. Y luego se partio a Alora donde ya sabian del escudero todo lo que avia passado, y fue de todos rescebido con mucho regozijo y alegria. El Abencerraje y su hija parescieron ante el con harta vergüença, y le besaron las manos. El los rescibio muy bien, y les dixo. No se trate aqui de cosa passada, yo os perdono averos casado sin mi voluntad, que en lo demas, vos hija escogistes mejor marido, que yo os pudiera dar. El alcayde todos aquellos dias les hazia muchas fiestas: y una noche acabando de cenar en un jardin, les dixo. Yo tengo en tanto aver sido parte para que este negocio aya venido a tan buen estado, que ninguna cosa me pudiera hazer mas contento: y assi digo, que sola la honra de averos tenido por mis prisioneros quiero por rescate de la prision. De oy mas vos señor Abindarraez soys libre de mi para hazer de vos lo que quisierdes. Ellos le besaron las manos por la merced y bien que les hazia: y otro dia por la mañana partieron de la fortaleza, acompañandolos el Alcayde parte del camino. Estando ya en Coyn gozando sossegada y seguramente el bien que tanto avia desseado. El padre les dixo. Hijos aora que con mi voluntad soys señores de mi hazienda, es justo que mostreys el(6) agradescimiento que a Rodrigo de Narvaez se deve, por la buena obra que os hizo: que no por aver usado con vosotros de tanta gentileza ha de perder su rescate, antes le meresce muy mayor. Yo os quiero dar seys mil doblas zaenes, embiadselas, y tenelde de aqui adelante por amigo, aunque las leyes sean diferentes. Abindarraez le beso las manos y tomandolas con quatro muy hermosos cavallos y quatro lanças con los hierros y cuentos de oro, y otras quatro dargas, las embio al alcayde de Alora, y le escrivio assi.



Carta del Abencerraje Abin-
darráez, al Alcayde de Alora.

     Si piensas Rodrigo de Narvaez, que con darme libertad en tu castillo, para venirme al mio, me dexaste libre: engañaste, que quando libertaste mi cuerpo, prendiste mi coraçon (las buenas obras, prisiones son de los nobles coraçones). Y si tu por alcançar honra y fama acostumbras hazer bien a los que podrias destruyr: yo por parescer a aquellos donde vengo, y no degenerar de la alta sangre de los Abencerrajes, antes coger y meter en mis venas toda la que dellos se vertio, estoy obligado a agradescerlo, y servirlo. Rescibiras de esse breve presente la voluntad de quien le embia, que es muy grande y de mi Xarifa: otra tan limpia y leal, que me contento yo de ella. El alcayde tuvo en mucho la grandeza y curiosidad del presente: y rescibiendo del los cavallos ,y lanças, y dargas, escrivio a Xarifa assi



Carta de el Alcayde de
Alora, a la hermosa
Xarifa

     Hermosa Xarifa. No ha querido Abindarraez dexarme gozar de el verdadero triumpho de su prision, que consiste en perdonar y hazer bien: y como a mi en esta tierra nunca se me ofrescio empresa tan generosa, ni tan digna de Capitan Español, quisiera gozarla toda y labrar della una estatua para mi posteridad y descendencia. Los cavallos y armas rescibo yo para ayudarle a defender de sus enemigos. Y si en embiarme el oro se mostro cavallero generoso, en rescebirlo yo paresciera cobdicioso mercader: yo os sirvo con ello en pago de la merced que me hezistes en serviros de mi en mi castillo. Y tambien señora yo no acostumbro robar damas, sino servirlas y honrarlas. Y con esto les bolvio a embiar las doblas. Xarifa las rescibio, y dixo. Quien pensare vencer a Rodrigo de Narvaez, de armas, y cortesia, pensara mal.

De esta manera quedaron los unos de los
otros muy satisfechos y contentos, y
travados con tan estrecha amistad,
que les duro toda la
vida.
    
    
Impresso en la noble
villa de Medina del Campo,
por Francisco del
Canto
Año. M. D. L. X. V.
Arriba