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Escena VI

 

LA TÍA MÓNICA, FERMINA.

 
TÍA MÓNICA
No hay que dudar, él está 495

  (Se pasea con inquietud, interrumpe o acelera el discurso, según lo indican los versos.)  

perdido de amor por ella,
es claro, es claro... ¡Y el otro
picaruelo!... Como vuelva,
ni de noche, ni de día,
a hacernos la centinela 500
yo le aseguro... ¡Qué dicha!
¿Pero, quién me lo dijera
dos meses ha? ¿Quién? Y ahora,
las señoronas de Illescas,
las hidalgotas, que son 505
más vanas, y... ya me llega
mi tiempo a mí... ¡Presumidas!
Rabiarán cuando lo sepan.
Fermina.
FERMINA
Señora.

 (Responde desde adentro y sale después.) 

TÍA MÓNICA
¿En dónde
está Isabel?
FERMINA
En la pieza
510
de comer.
TÍA MÓNICA
¿Sola?
FERMINA
Solita.
TÍA MÓNICA
¿Y qué hace allí?
FERMINA
Se pasea
de un lado al otro, suspira,
llora un poquito, se sienta,
se queda suspensa un rato, 515
se pone a coser, lo deja,
vuelve a llorar...
TÍA MÓNICA
¿Y a qué es eso?
FERMINA
A que no está muy contenta.
TÍA MÓNICA
¿Por qué?
FERMINA
Porque... Yo no sé
porque... Locuras, rarezas, 520
juventudes.
TÍA MÓNICA
¿Con que tú
no sabes de qué procedan
esa inquietud y esos lloros?
FERMINA
Yo sí.
TÍA MÓNICA
Pues dilo, ¿qué esperas?
FERMINA
Que me prometáis oírme 525
con mucho amor.
TÍA MÓNICA
No me tengas
impaciente.
FERMINA
Que si digo
alguna cosa que escueza,
no me pongáis como un trapo...
TÍA MÓNICA
Vamos.
FERMINA
Que no haya quimeras
530
y...
TÍA MÓNICA
Despacha.
FERMINA
Y venga yo
a pagar culpas ajenas.
TÍA MÓNICA
¿Has acabado?
FERMINA
Ya empiezo,
puesto que me dais licencia.
El mal que tiene es amor; 535
y ya que explicarme deba
claramente, vos tenéis
la culpa de su dolencia.
TÍA MÓNICA
¿Yo?
FERMINA
Sí, señora; Leonardo...
TÍA MÓNICA
No me le nombres, no quieras 540
que me irrite.
FERMINA
Bien está;
si os enfada, no se vuelva
a mentar. Aquel mocito,
hijo de Doña Manuela,
que en otro tiempo os debió 545
mil cariños y finezas;
aquel, como ya se ve,
tiene bonita presencia,
es halagüeño y cortés,
y sabe explicar sus penas, 550
prendó a la niña... Esto es cosa
muy regular y muy puesta
en razón, y el que lo extrañe
poco entiende la materia.
¡Ahí es nada! Juventud, 555
discreción, obsequio, prendas
estimables, juramentos
de amor y constancia eterna;
y esto ¿no ha de enamorar?
¿Pues, digo, somos de piedra? 560
Después...
TÍA MÓNICA
No me digas más.
FERMINA
Callaré como una muerta;
y si los demás callaran
también; pero, sí, ya es buena
la gente de este lugar. 565
TÍA MÓNICA
¿Pues qué?
FERMINA
Nada.
TÍA MÓNICA
No me vengas
con misterios.
FERMINA
Como hay tantos
bribones, malas cabezas,
dicen que... Pero, chitón.
No quiero ser picotera. 570
TÍA MÓNICA
¿Qué dicen?
FERMINA
Esta mañana,
ahí al lado de la iglesia
cierto conocido vuestro...
El nombre nada interesa
para el caso. Me llamó, 575
y me dijo: picaruela,
que no nos has dicho nada...


Escena VII

 

PASCUAL, LA TÍA MÓNICA, FERMINA.

 
TÍA MÓNICA
¿A qué vienes tú? ¡No es buena
 

(PASCUAL sacará en la mano un pequeño envoltorio de papel. A las primeras palabras de LA TÍA MÓNICA, hace ademán de volverse por la puerta que entró.)

 
la gracia! Sin que te llamen
ya te he dicho que no vengas. 580
¿Lo entiendes?
PASCUAL
Muy bien está.
TÍA MÓNICA
Para eso tienes la pieza
de los perros.
PASCUAL
Bien está.
TÍA MÓNICA
Y que nunca te suceda
subir cuando yo esté hablando 585
con alguien, cuenta con ella.
PASCUAL
Bien está.
TÍA MÓNICA
¡No es mala maña!
PASCUAL
Bien, yo, como...
TÍA MÓNICA
Oyes, ¿qué llevas?
PASCUAL
Un rebujo.
TÍA MÓNICA
¿Qué?
PASCUAL
Un papel.
TÍA MÓNICA
Pero quien... Llámale, lerda. 590
 

(FERMINA va hacia la puerta para detener a PASCUAL.)

 
¿Qué es eso?
PASCUAL
Es un cucurucho
de papel.
TÍA MÓNICA
¡Mira que flema!
A ver.
PASCUAL
Me voy con los perros.
TÍA MÓNICA
Yo he de perder la paciencia.
¿No te le ha dado mi hermano? 595
PASCUAL
Sí, señora.
TÍA MÓNICA
¿Pues, qué esperas?
Dámele acá, y vete.

 (Quitándole el papel de la mano. Aparte, al tiempo de irse.)  

PASCUAL
Siempre
se enfada, cuando...
TÍA MÓNICA
¿Qué rezas?
PASCUAL
Cuando... Si por más que uno
quiere... nada, nunca acierta. 600


Escena VIII

 

LA TÍA MÓNICA, FERMINA.

 
TÍA MÓNICA
Prosigue.
FERMINA
Pues me decía,
¿conque la boda está hecha
de El Barón y Isabelita?
Yo, señor, de esa materia
no sé nada, dije yo. 605
¡Que no sabes a tu abuela!
Tú callas, porque conoces
el disparate que piensa
tu señora; pero ya
por todo el lugar se suena. 610
Todos dicen que a su hija
la esclaviza, la violenta
llevada del interés.
¿De dónde la vino a ella,
la locona, emparentar 615
con marqueses, ni princesas?
¿De dónde? ¿No han sido siempre
en toda su parentela,
alta y baja, labradores?
¿Pues qué más quiere? ¿Qué intenta? 620
¿Por qué no casa a Isabel
con un hombre de su esfera,
que la pueda mantener
con estimación, que sea
hombre de bien, que el honor 625
vale por muchas grandezas,
y no entregarla a un bribón,
que nadie sabe en Illescas
quien es, ni de donde vino,
ni a dónde va, ni qué espera? 630
¡Galopín, que ha de ser él
Barón como yo Abadesa!
¡Desarrapado! Que vino
sin calzones y sin medias,
y heredero de tu amo, 635
con poquísima vergüenza,
de galas que no son suyas
adornado se presenta
por el pueblo. ¡Badulaque!
¡Ay! ¡Si alzara la cabeza 640
el que pudre, y en su casa
tantos desórdenes viera!
¡Pobrecito! No murió
de gota, murió de aquella
maldita mujer que fue 645
su purgatorio en la tierra,
ridícula, fastidiosa,
atronada, tonta y vieja...
TÍA MÓNICA
Vamos, calla, bueno está,
y que digan lo que quieran, 650

 (Paseándose con inquietud.)  

eso es envidia y no más.
FERMINA

  (Aparte.) 

¡No has llevado mala felpa!
Ya se ve, todo es envidia.
TÍA MÓNICA
Yo haré lo que me parezca.
FERMINA
Ya se ve.
TÍA MÓNICA
No necesito
655
que ninguno de ellos venga
a gobernarme.
FERMINA
Seguro.
TÍA MÓNICA
Si están que se desesperan,
los picarones... En fin,
querrá Dios que yo los vea 660
confundidos, que me aparte
de ellos, y que nunca vuelva
a este maldito lugar.
FERMINA
¿Sí? ¡Válgame Dios, qué buena
determinación, señora! 665
¿Y a dónde iremos?
TÍA MÓNICA
¡Qué necia
eres! A Madrid.
FERMINA
¡Qué gusto!
A Madrid... ¿Con que, de veras,
a Madrid? ¿Con El Barón?
TÍA MÓNICA
Pues ya se ve.
FERMINA
¡Qué contenta
670
se pondrá la señorita!
¡Qué felicidad la nuestra!
¡A Madrid!

 (Aparte.) 

Pobre Isabel,
ya está dada tu sentencia.
El Barón, señora.
TÍA MÓNICA
Vete...
675
¡Ah! mira: sacude aquella
ropa y avisad al sastre.


Escena IX

 

LA TÍA MÓNICA, EL BARÓN. Sale muy pensativo con unos papeles en la mano.

 
TÍA MÓNICA
Vaya, me alegro. ¿Qué nuevas
tenemos? ¿No respondéis?
¡Ay, señor!
BARÓN
¡Cómo se mezclan
680
entre las mayores dichas,
los cuidados y las penas!
Aquel sujeto, de quien
os dije veces diversas,
que va a Madrid disfrazado, 685
y allí examina y observa,
ve a mis gentes, y conduce
toda la correspondencia;
ya llegó.
TÍA MÓNICA
¿Sí? ¿Y ha traído
alguna noticia buena? 690
BARÓN
Esa es carta de mi hermana.
Si queréis, podéis leerla.

 (La da uno de los papeles, y lee LA TÍA MÓNICA.)  

TÍA MÓNICA

Mi querido hermano: he recibido la última tuya, y la sortija de diamantes que me envías de parte de esa señora, a quien darás en mi nombre las más atentas gracias, asegurándola de los vivos deseos que tengo de conocerla, y diciéndola también que no la envío por ahora cosa ninguna, para que no juzgue que aspiro a pagar sus expresiones, y la merced que te hace, con dádivas que, por muy exquisitas que fueran, siempre serían inferiores al cordial afecto que la profeso. Nuestro primo el arzobispo de Andrinópoli ha escrito desde Cacabelos, y parece que dentro de pocos días llegará a su diócesis. Mil expresiones del condestable, y del marqués de Famagosta su cuñado. Ya puedes considerar cuál habrá sido nuestra alegría, al ver aclarada tu inocencia y castigados tus enemigos. El Rey desea verte, lo mismo tus amigos y deudos, y más que todos, tu querida hermana. La Vizcondesa de Mostogán.

¡Válgame Dios, qué fortuna!

  (Volviéndole la carta.) 

Os doy mil enhorabuenas.
Gracias a Dios.
BARÓN
¡Ay, señora!
695
TÍA MÓNICA
¿Qué pesadumbre os aqueja,
en tanta felicidad?
BARÓN
La mayor, la más funesta
para mí... Ved esa carta
y hallaréis mi muerte en ella. 700

 (Da otro papel a LA TÍA MÓNICA, que ella lee.)  

TÍA MÓNICA

En efecto, amado sobrino: tus cosas se han compuesto, como deseábamos. Ayer se publicó la resolución del Rey: declara injustos cuantos cargos se te han hecho, y el conde de la Península, tu acusador, está sentenciado a prisión perpetua en el castillo de las Siete Torres. Quedo disponiendo a toda prisa los coches y criados que deben conducirte y, entretanto, no puedo menos de recordarte que tu boda con Doña Violante de Quincoces, hija del marqués de Utrique, capitán general de las islas Filipinas y costa Patagónica, concluido este asunto que la retardó, no tiene al presente ninguna dificultad. El caballero Wolfanlgo de Remestein, jefe de escuadra del Emperador (que se halla en Madrid, de vuelta de los baños de Trillo) será el padrino, y esperamos con ansia ver efectuado este consorcio, en que tanto interesan las dos familias. Recibe por todo mis enhorabuenas, y manda a tu tío que te estima. El Príncipe de Siracusa.

¿Conque según esto?
BARÓN
¿Veis

 (Toma el papel, y se lo guarda con los demás.) 

cómo se tratan y acuerdan
entre los grandes señores
cosas de tal consecuencia?
Porque lleva en dote cinco 705
villas y catorce aldeas,
porque es única, y porque
nuestro sucesor pudiera
añadir a mis castillos
de plata, y mis bandas negras, 710
dos águilas, siete grifos
verdes y nueve culebras;
¡Por eso yo he de perder
mi libertad!... Si pudiera
resolver... ¿Y por qué no? 715
Piense lo que le parezca,
el de Siracusa, y diga
el senescal lo que quiera;
mi elección es libre... Pero,
¿qué he de hacer en tan estrecha 720
situación? En un lugar
miserable... Ni hay quien tenga
comercio, ni hay corredores,
ni se pueden girar letras,
ni... ¡Vaya, es cosa perdida...! 725
Si a lo menos conocieran
mi firma, yo libraría
sobre Esmirna o Filadelfia
diez mil rixdalers, y entonces...
TÍA MÓNICA
¿Y entonces?
BARÓN
Yo resolviera.
730
Yo evitara que me hallasen
aquí; dejara dispuestas
las cosas, me marcharía
con la mayor diligencia
a Montepino, que dista 735
unas diez y siete leguas.
Ibais allá, y un domingo
en mi capilla secreta
nos desposábamos.
TÍA MÓNICA
¿Quién?
BARÓN
¿Pues, no adivinas quién sea 740
el objeto de mi amor?
Isabel.
TÍA MÓNICA
¡Señor!...
BARÓN
Por ella
todo lo despreciaré.
TÍA MÓNICA
Permitid.

 (Quiere arrodillarse y EL BARÓN lo estorba.) 

BARÓN
¿Qué hacéis?
TÍA MÓNICA
Quisiera
hablar, y no puedo hablar, 745
porque es tanta la sorpresa
y el gozo... ¡Bendito Dios!
BARÓN
No os admire la violencia
de mi pasión. Tanto pueden
la hermosura y la modestia. 750
Pero, ¿ha llegado a entender
Isabel, cuanto la aprecia
su huésped? ¿Ha conocido
cuanto su favor desea?
¿Sabe acaso...?
TÍA MÓNICA
Ella, Señor,
755
no tiene pizca de lerda,
y aunque nunca lo haya dicho,
sino, así, por indirectas...
Ya se ve, no era posible
menos, sino que advirtiera 760
grande inclinación en vos.
BARÓN
¿Y vuestro hermano qué piensa
de mí? ¿Qué dice? ¿Ha sabido
algo?
TÍA MÓNICA
A lo menos sospecha
mucho, porque es malicioso... 765
¡Vaya!... Pero no hay quien pueda
contar con él para nada;
siempre estamos de contienda,
y, ya lo veis, es muy rara
la vez que pisa mis puertas. 770
Hombre extravagante, y...
BARÓN
Pero,
es vuestro hermano, y no fuera
justo pasar adelante
en ello, sin darle cuenta.
Además que yo conservo 775
una especie... y no debierais
olvidarla vos. Me acuerdo
que una vez, hablando en estas
cosas, dijisteis: que quiere
mucho a Isabelita, piensa 780
darla en dote... ¿Cuánto?
TÍA MÓNICA
Puede
darla mucho, si él quisiera.
¡Oh! si...
BARÓN
¿Pues, qué? ¿No querrá?
TÍA MÓNICA
Si es muy bruto.
BARÓN
Eso me llena
de admiración. ¿No querrá? 785
Pues cuando Isabel no muestra
repugnancia, cuando vos
entráis en ello contenta,
¡Cuando quiero yo!
TÍA MÓNICA
Señor
no os alteréis, son rarezas; 790
cosas suyas.
BARÓN
Pues, no importa,
es menester lo sepa.
TÍA MÓNICA
Inútil será.
BARÓN
¿Por qué?
Conviene que yo le vea,
yo le hablaré.
TÍA MÓNICA
Bien está;
795
pero no esperéis que ceda.
Es muy cabezudo.
BARÓN
Y cuando
ese temor nos detenga,
¿Qué os parece que podemos
hacer? Suponed que llega 800
mi tren; que se llena el pueblo
de látigos y libreas;
que mi primo el archiduque,
no habrá remedio, me lleva
a la corte... ¿Y Isabel? 805
¿Y mi amor?... ¡Cuando se encuentra
un gran señor sin dinero,
que chiquito que se queda!
¡Maldito dinero! Amén.
TÍA MÓNICA
Si para la fuga vuestra 810
bastaran... Ello es tan poco
que casi me da vergüenza
ofrecéroslo. Aquí tengo
cien doblones, si os sirvieran...

 (Saca el papel que la dio PASCUAL, le toma EL BARÓN y le guarda.) 

BARÓN
A verlos... ¿Y en oro? Bien... 815
Muy bien... Iré como pueda.
En una mula... Al instante
doy allá mis providencias
para que mi mayordomo
traiga un coche, que se queda 820
en la ermita, y llegará
cuando todo el mundo duerma.
Viene, os avisa, estaréis
prevenidas, de manera
que salís de aquí a las dos 825
de la noche, con la fresca.
Y reventando seis tiros
estáis a las ocho y media
en Montepino. Nos dice
una misa muy ligera 830
mi capellán, nos desposa,
y si es menester nos vela,
y a las diez ya sois mi madre.
TÍA MÓNICA
Pero, señor...
BARÓN
¿Qué os inquieta?
TÍA MÓNICA
Nada... ¿Es un sueño?
BARÓN
Conviene
835
que dispongáis cuanto sea
necesario. Por mi parte
no omitiré diligencia...
Y, adiós.
TÍA MÓNICA
Bien está...

  (Aparte, al tiempo de irse.) 

No sé
lo que me pasa. Estoy fuera 840
de mí... Loca, loca... y tiemblo
toda, de pies a cabeza.
BARÓN
Cansado estoy de mentir

 (Paseándose.)  

por más que diga esta vieja...
Sí, yo he de verle... Si al cabo 845
ha de darla el dote, venga,
que estoy de prisa... Se toman
los cuartos y, adiós Illescas,
adiós tontos, que me voy
a donde jamás os vea. 850
Sí... ¡Caramba!... Y este nuevo
amante, que nos acecha,
no me gusta, no.


Escena X

 

EL BARÓN, FERMINA.

 
 

Saca FERMINA varios vestidos de mujer, que pondrá sobre una silla; se acerca a la puerta de la derecha, y llama.

 
FERMINA
¡Pascual!
BARÓN
¡Oiga! ¿Qué galas son esas?
FERMINA
Son vestidos de mi ama, 855
que con suma ligereza
se han de achicar, alargar,
aforrar, tapar troneras,
guarnecer, desfigurar,
de tal modo que parezcan 860
nuevecitos... y empeñada
su merced en que lo hiciera
yo... ¡Buena droga! ¿Pues, qué,
no hay sastres? ¡Cómo receta!
BARÓN
¡Pobre Fermina!
FERMINA

 (Llama.)  

Pascual.
865
¡Eh! Se estará en la bodega
estudiando a Carlo Magno.
Pascual.

 (Llama.) 

BARÓN
Le diré que venga.
FERMINA
No, señor, yo.
BARÓN
Si voy
a salir, nada me cuesta 870
decírselo.
 

(Al irse EL BARÓN sale PASCUAL por la misma puerta.)

 
FERMINA
Muchas gracias.


Escena XI

 

EL BARÓN, FERMINA, PASCUAL.

 
BARÓN
Dime, Pascual; ¿será esta
buena ocasión para ver
a Don Pedro?
PASCUAL
De manera
que como suele acostarse 875
después de cenar, y cena
unas veces tarde, y otras
presto, y otras... Ello, buena
hora es de verle.
BARÓN
¿Sí?
PASCUAL
Digo,
como él esté ya de vuelta 880
en su casa, entonces... Pero
si no ha vuelto; de por fuerza
él...
BARÓN
Ya estoy.
PASCUAL
De juro...
BARÓN
Adiós.
¡Famosas explicaderas!

 (Vase.)  

PASCUAL
¿Me llamabas?
FERMINA
Sí; al instante,
885
aprisa, de una carrera,
has de ir a casa del sastre.
PASCUAL
Allá voy.

 (Hace que se va y vuelve.)  

FERMINA
Oyes, badea.
Si no te he dicho el recado
que le has de dar ¿a qué es esa 890
locura?
PASCUAL
A que no me digan
que soy sosonazo y pelma.
FERMINA
Dile que venga al instante,
al instante, que le espera
el ama. ¿Lo entiendes?
PASCUAL
Sí.
895
FERMINA
Pues anda, y mueve esas piernas.


Escena XII

 

ISABEL, FERMINA.

 
ISABEL
Fermina, Leonardo viene,
le he visto desde la reja,
y va a subir. Quiero hablarle;
quizá por la vez postrera. 900
Mi madre, que está rezando
en su cuarto, nos franquea
la ocasión. Tú... sí, Fermina,
débate yo la fineza,
si me quieres bien... En ese 905
pasillo estarás, y observa
si sale mi madre o llama,
o alguno viene de afuera,
y avísame, no nos hallen
juntos, y todo se pierda. 910
¿Lo harás por mí?... Pero, él viene...
Amiga, no te detengas,
Adiós.
FERMINA
Voy allá.


Escena XIII

 

LEONARDO, ISABEL.

 
LEONARDO
Isabel.
ISABEL
¡Leonardo, quién lo dijera!...
¡Leonardo!
LEONARDO
¿Y quién, al dejarte
915
tan cariñosa y tan tierna,
debió temer que hallaría
tantos males a su vuelta?
¡Este breve tiempo ha sido
bastante!...
ISABEL
¡Fatal ausencia
920
la tuya!
LEONARDO
En fin, sepa yo
de una vez cuál es mi pena,
cuál es mi suerte... Disipa
las dudas que me atormentan.
¿Dime si puede ser cierto 925
lo que ya todos recelan...,
si esas lágrimas me anuncian
amor, si debo creerlas?
ISABEL
Leonardo, no es ocasión
de que los instantes pierdas, 930
burlándote de mi fe
con dudas, que son ofensas.
No es ocasión. Si lo fuese
mucho decirte pudiera,
pero ¡donde el tiempo falta 935
están por demás las quejas!
Yo te he querido, y te quiero...
Sabe Dios cuánta violencia
padezco al decirlo, y cuánto
sufre una mujer honesta, 940
si lo que debe al silencio
tiene que decir la lengua.
Te quiero... y voy a perderte.
LEONARDO
¿Eso dices?... ¿Nada esperas
de mí?
ISABEL
Si lo que hasta ahora
945
fue temor, ya es evidencia.
Si mi madre al escuchar
tu nombre, toda se altera,
si no quiere que atravieses
los umbrales de mis puertas, 950
si manda que sus criados
ni aun te saluden siquiera,
y... ¿Pero qué más? Si ahora
acaba de darme cuenta
de ese enlace aborrecido... 955
¡Mísera yo!
LEONARDO
Nada temas.
ISABEL
Y ha de ser pronto, según
pude alcanzar... Está ciega,
fuera de sí... ¿Qué podemos
hacer? ¿Qué esperanza resta? 960
LEONARDO
Pero, Isabel, dueño mío.
¡Qué extraño dolor te aqueja!
¿Tú infeliz, viviendo yo?...
No así de temores llena
me quites todo el valor; 965
que mal tenerle pudiera
viéndote desconsolada
en triste llanto deshecha.
Veré a tu madre, y si tienen
las pasiones elocuencia, 970
yo la sabré reducir,
o cuando burladas viera
mis esperanzas, amor
muchos ardides inventa,
y nada me detendrá 975
como tú, Isabel, me quieras.
ISABEL
¿Resuelves hablarla?
LEONARDO
Sí.
ISABEL
¿Qué has de decirla que sea
bastante al fin que procuras?
LEONARDO
¿Qué la diré? Que si piensa 980
hacerte infeliz, venderte
a una soñada opulencia,
dar tu mano a un impostor,
faltar a tantas promesas,
perderme, burlarme a mí... 985
Cosa difícil intenta.
La diré que tú eres mía;
que al bárbaro que pretenda
privarme de ti, rompiendo
los nudos que amor estrecha, 990
sangre ha de costarle y muerte.
Si a tanto aspira, prevenga
el pecho a mi espada, y juzgue
que para usurpar la prenda
de mi cariño, no basta 995
que engañe, seduzca y mienta;
debe lidiar y vencer.
Tú serás la recompensa
del valor, ya que tu llanto
y tu elección se desprecian; 1000
y el más infeliz, al golpe
de su enemigo perezca.
ISABEL
¿Eso has de hacer?
LEONARDO
O dejar
que en solo un punto se pierdan
tantos años de esperanzas, 1005
tan bien pagadas finezas,
tan puro amor... Pero, no,
no los instantes que vuelan
se malogren... Voy a hablarla.
Adiós... La desgracia nuestra, 1010
resolución, osadía
pide, no cobardes quejas.
ISABEL
Todo es en vano. La vas
a irritar; no a convencerla.
LEONARDO
Sí, cederá.
ISABEL
Mal conoces
1015
su obstinación.
LEONARDO
Cuando sea
tanta, y este medio falte;
otros, eficaces, quedan.
ISABEL
¡Duros, sangrientos!
LEONARDO
Quien ama
como yo, todo lo intenta. 1020
Es mucho lo que me importa,
para que vacile y tema;
vale mucho mi Isabel
para exponerme a perderla.

 (Cogiéndola con ternura de la mano y besándosela.) 

ISABEL
Leonardo, mi bien... No sé 1025
que decir... Haz lo que quieras.
En tal peligro, tú solo
sabes lo que más convenga;
yo, ¡infeliz! ¿Qué he de saber?
Llorar... Adiós: Él te vuelva 1030
más venturoso a mi vista,
y este afán alivio tenga.
LEONARDO
Siempre fue de los osados
la fortuna compañera;
el cobarde, que la teme, 1035
siempre la ha tenido adversa.



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