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101

Gente liviana. CHANFAINA = guisado hecho de bofes o livianos picados. En la Pícara Justina se dice: «no hay cosa criada sin chanfaina de malo y bueno» (pág. 163, columna 1.ª)

 

102

De cherinol. Probablemente este nombre califica las juntas de los rufianes principales. En el Coloquio de los perros, se dice: «y que saque a plaza toda la chirinola de esta historia» (pág. 211, Col. 2.ª)

 

103

Puede indicar la carga que lleva un esquife, o derivando de EQUIFAR (prevenir de remeros a las embarcaciones), significará picarescamente que todos pueden ser galeotes, si es que ya no lo han sido.

 

104

Concepto de hermandad.

 

105

Indica comunidad de lenguaje y comunidad de tradiciones y costumbres. Jacarandana (de jácara) = lenguaje de los rufianes. JÁCARA (del árabe zácar, narración de un hecho memorable). Romance alegre en que por lo regular se cuentan hechos o cosas de los jaques o de la gente rufianesca. Jacarandina = jacarandana = jácara, música para cantar o bailar. = Modo particular de cantarla los jaques.

 

106

Concepto de hallarse fuera de la ley. Para reunirse tienen siempre que dar un rodeo, esquivando a los agentes de la justicia.

 

107

Ansia = Tormento.

 

108

Bailar, en germanía, significa hurtar.

 

109

HACHA = baile antiguo: hacho = bailador.

 

110

Lombroso da una etimología inadmisible. Según él (L'nomo delinquente, t. I, pág. 470), murcio deriva de Murcia, derivado que tiene un carácter histórico, por tratarse de una región en que abundaban los ladrones. No sabemos si antes de decidirse a formular esa etimología, precisó históricamente la reputación ladronesca de la región murciana, que a nosotros nos es desconocida. Es verdad que en nuestro refranero se dice: Mata al rey y vete a Murcia, o vete a Málaga, o a otras muchas partes, lo que revela un concepto de impunidad. Pero no hay un refrán como el de En Malagón en cada casa hay un ladrón, y en la del alcalde, hijo y padre, que confirme la reputación ladronesca que Lombroso atribuye a los murcianos. Es más, ninguno de los lugares truhanescos, que constituyen una verdadera geografía delincuente, corresponde a Murcia. Tampoco consta en los lugares geográficos de la poesía rufianesca y sólo en un romance (Vida y muerte de Maladros) se dice que un ladrón había venido de Murcia, por no decir que había venido de murciar, o por decirlo de otro modo. Dice así:

Y a Tarragón llegó el bramo

que está dentro, en un garito,

a solas con un lagarto (ladrón)

que venido había de Murcia (de robar)

aquella sorna (noche) a su lado,

y repartían la farda (ropa)

de lo que habían trabajado.

En el Coloquio de los perros (Cervantes) dice, hablando de unos gitanos, que «Al cabo de veinte días me quisieron llevar a Murcia» (pág. 217), lo que, dada la reputación ladronesca de los gitanos, tan especificada por Cervantes, puede ser un modo de decir semejante al de J. Hidalgo cuando habla de Tarragón y de su compañero de robo y de botín. En el Quijote la única alusión que se hace a Murcia es la de los comerciantes que van a esa región a buscar seda. Tampoco en germanía hay ningún nombre que consagre la reputación ladronesca que Lombroso supone, como se consagra, en otro sentido, la de Sevilla, llamándola Babilonia («amparo de pobres y refugio de desechados» la llama Cervantes en el Coloquio, pág. 208, col. 1.ª), o la de Zaragoza, que promueve el que a todo pueblo se le llame Taragoza y a toda ciudad Taragozagida (que puede ser un revoltijo jergal de tarha (árabe) = derecho, y Zaragoza.)

Mur es palabra anticuada, que significa ratón. (MURCIÉLAGO. Del latín mus muris (ratón) y caecus (ciego). Un antiguo refrán castellano, dice: «Lo que has de darle al mur, dáselo al miz». Miz es voz onomatopéyica que denomina al gato. Quevedo, manejándola, hace un chiste en la jácara Vida y milagros de Montilla.

Por decir, adónde va

mi querido, equivocose,

y me dijo: «miz querido,

hubo risa, y él perdone.

Sancho dice este mismo refrán (Quijote, 2.ª parte, cap. LVI) llamando al gato por su nombre: «lo que has de dar al mur dalo al gato», y en otro refrán español se conserva la misma palabra: «Al mur, que no sabe sino un agujero, presto lo toma el gato». El Arcipreste de Hita no llama al ratón de otro modo.

90.-Pario un mur topo, escarnio fue de reir.

(Col. 1.ª, pág. 230).

Y así muchas veces más, en algunas empleándolo como diminutivo y como plural en otras.

1405.-Comenzo á querellarse, oyolo el muresillo.

(Col. 2.ª, pág. 271).

1350.-Los mures con el miedo fuyeron al andar.

(Col. 2.ª, pág. 269).

Añádase que la terminación cio se emplea como despectiva, y resultará que murcio, sobre no tener relación alguna con Murcia (si no es la constante relación de los disimulos jergales), vale tanto como ratón o ratonzuelo (similirante), quedando reducida su significación histórica a una equivalencia de historia natural.

De igual modo que antes a cierta clase de ladrones que se entrometían con facilidad en las faltriqueras, se les llamó murcios, hoy se los denomina ratas. Esta es toda la evolución del concepto.