Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.


ArribaAbajoCapítulo XX

Porque el reino de los cielos es semejante á un hombre señor de casa que salió luego de mañana á coger peones para su viña, y concertado con los peones por un denario al dia, los envió á su viña. Y saliendo á hora de tercia, vió otros que estaban ociosos en la plaza y díjoles: Id tambien vosotros á la viña y daréos lo que será justo: y ellos fueron. Y tornando á salir á hora de sexta y de nona, hizo de la misma manera. Y saliendo á la undécima hora, halló á otros que estaban ociosos y díceles: ¿Por qué causa estais aquí todo el dia ociosos? Dícenle: Porque no nos ha cogido ninguno. Díceles: Id tambien vosotros á la viña y recibiréis lo que será justo. Y venida la tarde, dice el señor de la viña á su hacedor: Llama á los peones y págales el jornal, comenzando de los postreros hasta los primeros. Y viniendo los de la undécima hora, recibieron sendos denarios; y viniendo los primeros, pensaron que habian de recibir más y recibieron ellos tambien sendos denarios; y habiéndolos recibido murmuraban contra el señor de casa, diciendo: Estos postreros no han trabajado sino una hora y haslos hecho iguales á nosotros que hemos soportado el peso del dia y el calor. Y él respondiendo dijo á uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; veamos: ¿no te concertaste conmigo por un denario? Toma lo tuyo y véte. Quiero yo dar á este postrero como á tí. ¿Cómo, no me es lícito á mí, hacer lo que quiero en mis cosas? O ¿tu ojo es malo porque yo soy bueno? De esta manera serán los postreros primeros y los primeros postreros. Porque muchos son llamados y pocos escogidos.



De las palabras de donde parece que tomó Cristo ocasion para decir esta parábola y de las palabras con que la concluye, que son las mismas, con aquella añadidura: «muchos son llamados y pocos escogidos,» se colige bien que su intento es mostrar en qué manera los primeros serán postreros y los postreros primeros. Adonde se ha de entender que el señor de casa es Dios; la viña es la iglesia, la cual, como ha mostrado Cristo en otras parábolas, comprehende buenos y malos; los peones que van á cavar la viña somos todos nosotros; y el hacedor del señor de la viña es Cristo. Y es así que todos los que entran en la iglesia entran llamados de Dios, pero unos solamente con la vocacion exterior, que es la predicacion del evangelio, y otros con la exterior y la interior.

Los que entran con sola la vocacion exterior, creyendo por relacion, nunca entienden la justicia de Cristo, y, pretendiendo alcanzar vida eterna por sus obras y trabajando y fatigándose dias y noches, se hallan tan ricos de obras exteriores que se tienen por primeros en el reino de Dios; y los que entran con la vocacion exterior y con la interior, creyendo por revelacion, abrazan la justicia de Cristo, y como no obran por ser justos sino porque son justos, por mucho que obren, siempre les parece que obran poco, y así se tienen por postreros en el reino de Dios; pero viniendo Cristo al juicio, admitirá en el reino á los que se tienen por postreros y echará del reino á los que se tienen por primeros, no mirando á la cantidad de obras de los unos ni de los otros sino á la fé y al intento con que habrán obrado. De donde resultará la murmuracion de los que serán excluidos del reino, los cuales alegarán sus buenas obras, pero aprovecharánles poco sus alegancias152.

De esta manera entiendo toda esta parábola, considerando en los murmuradores la propia condicion de los santos del mundo que se tienen y son tenidos de los hombres por primeros, y considerando en los otros la propia condicion de los santos de Dios que se tienen y son tenidos de los hombres por postreros, y considerando en el señor de la viña la bondad y liberalidad de Dios, y entendiendo que en los muchos llamados son comprehendidos los que tienen sola la vocacion exterior y que en los pocos escogidos son comprehendidos los que tienen la una y la otra. Adonde si parecerá extraño á alguno que entendamos que serán excluidos del reino los primeros que dice Cristo que serán postreros, lea en San Lúcas, cap. 13, adonde verá que estas palabras de Cristo no pueden ser entendidas de otra manera.

Y si parecerá duro á otro que esta parábola no cuadre en muchas cosas y mayormente en esto que la murmuracion de los primeros no fué porque no eran pagados, sino porque eran igualados con los otros, lea en el cap. 13 de San Mateo la declaracion de Cristo en la parábola de las cizañas, y hallando que la declaracion no cuadra en todo con la parábola ni áun con lo que pudiéramos pensar que era el intento de ella segun que lo he mostrado allí, no se maravillará, ántes conocerá que, siendo las parábolas tomadas de cosas humanas para explicar las cosas divinas y siendo diferentísimas las unas de las otras, basta harto que cuadren en el intento principal.

Aquí añadiré dos cosas. La una, que siempre esto es así que los, que segun el juicio humano son primeros por ser muy ricos de obras exteriores, segun el juicio divino son postreros porque obran sin fé, y así como la fé sin obras de fé no vale nada, así las obras sin fé no valen nada; y que por el contrario los, que segun el juicio humano son postreros por ser pobres de obras exteriores, segun el juicio divino son primeros porque tienen fé; la cual es eficaz en sus corazones para reducirlos á que obrando obren por puro amor, y vale mas una obra pequeña con fé que cien mil grandes sin fé. Y la otra, que los que obran sin fé, obrando por amor propio, son siempre temerarios, presuntuosos y murmuradores, y que los que obran con fé, obrando por puro amor de Dios, son siempre modestos, humildes y callados; estos dan testimonio de sí que son santos de Dios, y aquellos dan testimonio de sí que son santos del mundo, y por tanto serán condenados con el mundo.

Y subiendo Jesus á Jerusalem, tomó á los doce discípulos aparte en el camino, y díjoles: Hé aquí subimos á Jerusalem, y el hijo del hombre será entregado á los príncipes de los sacerdotes y á los escribas, y condenaránlo á muerte y entregaránlo á los gentiles á que hagan burla de él y lo azoten y lo crucifiquen, y al tercero dia resucitará.



Casi las mismas palabras habemos visto en el capítulo 16 que dijo Cristo á sus discípulos, solamente que aquí están un poco más claras, porque, diciendo «será entregado á los príncipes» etc., y despues: «y entregaránlo á los gentiles» etc., muestra como habia de ser vendido y puesto en las manos de los que entre los judíos tenian la cumbre de la santidad y letras, y como ellos lo habian de juzgar digno de muerte y como, no pudiendo ser ejecutores de la muerte, lo habian de poner en las manos de Poncio Pilato y de sus ministros para que ellos fuesen los ejecutores, precediendo los escarnios y los azotes que acrecentaban el dolor y al sentimiento de la muerte; y siendo el género de muerte en sí cruelísimo y terribilísimo y condescendiendo Cristo á la flaqueza de los discípulos, les intima la resurreccion juntamente con la muerte.

Adonde entiendo que siempre que á los que aceptan la gracia del evangelio de Cristo es propuesta la cruz de Cristo, lo que se obligan á padecer con Cristo, les debe ser juntamente propuesta la resurreccion de Cristo, mostrándoles como es así que no gozarán de la resurreccion de Cristo sino los que poco ó mucho habrán sentido en la presente vida la cruz de Cristo; y la cruz de Cristo sentimos cuando, aplicándonos á la fé cristiana y al vivir cristiano, somos murmurados ó despreciados ó perseguidos ó martirizados de los hombres del mundo. Y tengo por cierto que no hay hombre ninguno de los que se aplican á la fé cristiana y al vivir cristiano que no sienta muy gran parte de esta cruz; en esto me certifico por la experiencia que tengo y por lo que dice San Pablo «omnes qui pie volunt vivere in Christo Jesu persecutionem patientur,»153 la cual sentencia ha sido, es y será verdadera hasta la fin del mundo, y el que no siente esta persecucion y contradiccion por Cristo, no sé como se pueda asegurar que vive píamente en Cristo.

Entónces se llegó á él la madre de los hijos del Zebedeo con sus hijos, adorándolo y demandándole alguna cosa. Y él le dijo: ¿Qué quieres? Dícele: Dí que estos mis dos hijos se asienten en tu reino uno á tu diestra y otro á la siniestra. Y respondiendo Jesus dijo: No sabeis lo que demandais. ¿Podéis beber el cáliz que yo tengo de beber? Y con el bautismo, con que yo soy bautizado, ser bautizados? Dícenle: Podemos. Y díceles: Bebereis bien mi cáliz, y con el bautismo, con que yo soy bautizado, sereis bautizados, pero el asentar á mi diestra y á mi siniestra no es mio darlo, pero será de aquellos á los cuales lo tiene aparejado mi padre.



Habiendo Cristo intimado á sus discípulos su muerte y su resurreccion, parece que pensando los dos hijos del Zebedeo que ya era tiempo de demandar mercedes á Cristo, rogaron á su madre que hablase por ellos, la cual, cuenta San Mateo, que vino humildemente á Cristo y que le demandó alguna merced y que, diciéndole Cristo que demandase lo que queria, ella le demandó para sus dos hijos los dos primeros lugares en su reino -esto entiendo por el asentar á la diestra y á la siniestra, á la mano derecha y á la izquierda. Adonde es digno de consideracion cuán poco estaban mortificados los dos discípulos, pues hacian semejantes diseños, y más, que se imaginaban que el reino de Cristo habia de ser conforme á los reinos del mundo, no entendiendo aún como, si bien en la vida eterna el reino de Cristo consiste en gloria, que en la vida presente consiste en vituperio, en cuanto el mundo tiene y juzga por cosa ignominiosa y vituperosa el estar en el reino de Cristo aceptando la justicia de Cristo y atendiendo á la imitacion de Cristo.

En la respuesta de Cristo que dice: «no sabeis lo que demandais» se entienden dos cosas: la una, que conociendo Cristo que la demanda no salia de la madre sino de los hijos, no respondió á ella, sino á ellos; y la otra, que les quiso mostrar como el no darles lo que demandaban no procedia de falta de él sino de ignorancia de ellos que demandaban cosa impertinente.

Añadiendo Cristo: «podeis beber el cáliz» etc., les mostró bien claramente que á la gloria de su reino no se va sino por el vituperio, pasando por donde él pasó, quiero decir que no gozarán de la gloria de Cristo los que no habrán gustado y sentido el vituperio de Cristo. Adonde no se ha de entender que por premio del vituperio es dada la gloria sino que el vituperio es el camino por donde se va á la gloria, así como por el sudor se va á la victoria, pero no se da por el sudor la victoria, pero es necesario que suden los que quieren salir victoriosos.

Lo mismo es cáliz que suerte ó parte; la santa escritura lo toma unas veces en mala parte, como allí: ignis, sulphur, spiritus procellarum pars calicis eorum, salmo 10154, y allí: bibisti de manu domini calicem irae suae, Esaías 51155, y otras veces lo toma en buena parte, como allí: dominus pars hereditatis meae et calicis mei etc., salmo 15156, y allí: calix meus inebrians, salmo 22157. Añadiendo: «y con el bautismo con que» etc., declara lo que ha dicho, entendiendo que su cáliz era su muerte y pasion, y que su bautismo era lo mismo que su cáliz, de manera que beben el cáliz de Cristo y son bautizados con el bautismo de Cristo los que en la presente vida siendo bautizados son vituperados y martirizados por Cristo, por la fé cristiana y por el vivir cristiano.

Respondiendo los discípulos: «podemos,» concedieron que la demanda salia de ellos y mostraron bien la gana que tenian de haber lo que la madre demandaba para ellos, afirmando que les bastaba el ánimo á pasar por lo que no sabian qué cosa era y que podian lo que no podian, como lo mostraron huyendo tambien ellos como los otros discípulos, y, si pudieran lo que pensaban que podian, no huyeran; y tales como eran en aquella sazon estos dos discípulos de Cristo que se persuadian poder lo que no podian, si bien despues que recibieron al espíritu santo pudieron, son todos los que, confiados en sí mismos, se persuaden poder grandes cosas y despues caen en las pequeñas, los cuales nunca podrán lo que se persuaden poder, si Dios por su misericordia no les envia su espíritu santo.

Replicando Cristo: «bebereis bien mi cáliz» etc., profetizó el martirio á los dos discípulos y confirmó la sentencia de la predestinacion, diciendo que ya Dios tiene aparejados los lugares que cada uno ha de tener en el reino celestial. Y es bien digna de consideracion esta humilde respuesta de Cristo, en la cual atribuye á solo el padre el dar y repartir los grados de gloria, como si dijese: mi oficio es aquistaros vida eterna, habilitaros para que tengais parte en la heredad de mi padre, en el reino de mi padre, y á mi padre toca dar esos lugares que vosotros demandais, y darálos á los que él en su mente divina tiene determinado de darlos.

Aquí conviene repetir esto: que el que tiene por cierto y firme que en la vida eterna le tiene Dios aparejado lugar, se aplica á vivir en la vida presente con aquella puridad, justicia y santidad que ha de vivir en la vida eterna, y el que no tiene esta aplicacion, da testimonio de sí que no tiene la certificacion, de manera que la certificacion es eficacísimo instrumento para la mortificacion, y la mortificacion, el vivir con mansedumbre y humildad, es grande contraseño de la certificacion. Siempre que en la vida de Cristo nos es representada su humildad y obediencia á Dios, se nos ha de representar que convenia que fuese tal, pues venia á reparar lo que Adam habia perdido por soberbia y desobediencia.

Y oyendo esto los diez se indignaron de los dos hermanos; y llamándolos Jesus dijo: Ya sabeis que los príncipes de las gentes las enseñorean, y los que son grandes se apoderan de ellas. No será de esta manera entre vosotros, pero el que entre vosotros querrá ser grande, sea vuestro mozo, y el que entre vosotros querrá ser primero, sea vuestro siervo; así como el hijo del hombre no vino á ser servido sino á servir y á dar su ánima en rescate por muchos.



De resentirse los diez discípulos por la ambiciosa demanda de los dos, en la cual mostraron querer ser superiores á los otros, ganamos nosotros esta necesarísima respuesta de Cristo, la cual entiendo que perteneció á los apóstoles para el tiempo, en el cual, habiendo recibido el espíritu santo, se hallaron y conocieron en el reino de Cristo, y que pertenece á todos los que, recibiendo el mismo espíritu, se hallan y se conocen en el mismo reino, los cuales todos son por estas palabras avisados que tiene el primer lugar y es principal en el reino de Cristo el que es más semejante á Cristo, señaladamente en esto que, así como Cristo no vino al mundo á ser servido, honrado, preciado ni estimado, sino á servir, consistiendo su servicio en dar su vida por las vidas de muchos, muriendo él por resucitar á vida eterna á muchos, así el que está en el reino de Cristo, no ha de tener intento á ser servido, honrado, preciado ni estimado por el grado que tiene en el reino, sino á servir, constituyendo su servicio en poner su vida con todo lo demás por predicar á otros el evangelio y por enseñarles el vivir cristiano y así ayudarles para que gozen del beneficio de Cristo.

Adonde entiendo que los que de esta manera imitan á Cristo, sirviendo como él sirvió, pueden decir con San Pablo158; que suplen lo que faltó en la pasion de Cristo por el cuerpo de Cristo que es la iglesia, pues es así que Cristo muriendo rescató las vidas de todos, y ellos predicando y enseñando y padeciendo lo que por el predicar y enseñar se les ofrece, son medios para que muchos gozen del rescate de Cristo, y este es el propio servicio cristiano, en el cual no hay ambicion ninguna ni cosa que tenga resabio de ella.

Los que en el reino de Cristo presumen ser primeros y ser principales, dan testimonio de sí que áun no están en el reino de Cristo, ó que, dejándose vencer de sus afectos, son flacos é inperfectos y por tanto no tienen el primer lugar sino el último. Diciendo Cristo: «ya sabéis que los príncipes» etc., pretende mostrar la diferencia que hay entre el reino del mundo y el reino de Dios que es reino de Cristo, en cuanto en el reino del mundo son mayores y más principales los que son servidos y tienen en sujecion y debajo de tiranía á los hombres, y en el reino de Dios, en la iglesia cristiana son mayores y más principales los que sirven más y por ello son más oprimidos y más maltratados de los hombres.

Diciendo Cristo: «así como el hijo» etc., nos convida á su imitacion, á que procuremos en la vida presente la grandeza que él procuró, viviendo como él vivió, siguiendo lo que él siguió y muriendo como él murió, dando con su muerte vida á muchos. Dió bien Cristo con su muerte vida á todos los hombres, en cuanto en él nos mató Dios á todos y en él nos resucitó á todos, pero, porque no gozarán de esta resurreccion sino los que se tendrán por muertos en Cristo y por resucitados en Cristo, dice la santa escritura unas veces que Cristo murió por muchos, teniendo respeto al efecto, y dice otras veces que murió por todos, teniendo respeto al acto. Aquí se ha de advertir que estas palabras de Cristo no quitan los dominios ni las superioridades entre cristianos, cuanto á lo temporal, ni cuanto al vivir cristiano, porque Cristo fué superior entre los discípulos, de los cuales era llamado Señor.

Y saliendo ellos de Jericó, lo siguió mucha gente, y hé aquí que dos ciegos asentados al camino, oyendo que Jesus pasaba, dieron voces diciendo: ¡Compadécete de nosotros, Señor, hijo de David! Y la gente los amenazaba que callasen. Y ellos daban mayores voces diciendo: ¡Compadécete de nosotros, Señor, hijo de David! Y deteniéndose Jesus los llamó y dijo: ¿Qué quereis que os haga? Dícenle: Señor, que nos sean abiertos los ojos. Y movido Jesus á misericordia, les tocó los ojos y luego sus ojos cobraron la vista, y siguiéronlo.



Si estos dos ciegos no conocieran su ceguedad, no demandaran la sanidad, y sino desearan muy mucho la sanidad, no fueran así importunos en demandarla, y á lo ménos, siendo reprehendidos, callaran y así no cobraran la vista de los ojos. De la misma manera acontece á los hombres y es así que los, que no se conocen ciegos, no demandan á Dios que les abra los ojos interiores, y que los que se conocen ciegos, si no desean muy mucho ver, no son importunos en la oracion, y así ni estos ni los otros no cobran la vista, y cóbranla solamente los que por don de Dios se conocen ciegos é imitando á estos dos ciegos demandan con importunidad á Cristo que los sane, y no dejan de demandar por mucho que los hombres del mundo y que los demonios del infierno los reprehendan y los estorben, ántes son más impetuosos y más importunos en demandar, cuanto son más reprehendidos y estorbados. A estos tales abre Cristo los ojos interiores, y ellos, conociendo con ellos á Cristo, siguen á Cristo, imitando á Cristo. Y aquí entiendo que no siguen á Cristo sino los que, habiendo cobrado la vista interior por beneficio de Cristo, comienzan á conocer á Cristo.




ArribaAbajoCapítulo XXI

Y como se acercasen á Jerusalem y viniese á Betfagé al Monte de las Olivas, entónces Jesus envió dos discípulos diciéndoles: Id á la aldea la de enfrente de vosotros, y luego hallareis una asna atada y un borrico con ella; desatándolos traedlos á mi; y si alguno os dirá algo, decid: el señor tiene necesidad de ellos, y luego los enviará. Y esto todo fué hecho así á fin que fuese cumplido lo que estaba dicho por el profeta que dice: Decid á la hija de Sion: hé aquí tu rey que viene á tí, manso y asentado sobre asna y borrico hijo de la domada. Partidos, pues, los discípulos y haciendo segun que Jesus les habia ordenado, trajeron al asna y al borrico, y pusieron sobre ellos sus vestiduras y asentáronlo á él sobre ella. Y la mucha gente extendia sus vestiduras en el camino, y otros cortaban ramos de los árboles y los extendian en el camino. Y las gentes, las que iban delante y las que iban detras, gritaban diciendo: ¡Hosana al hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosana en las alturas! Y entrado que fué en Jerusalem, alborotóse toda la ciudad, diciendo: ¿Quién es este? Y las gentes decian: Este es Jesus el profeta de Nazaret la de Galilea. Y entró Jesus en el templo de Dios, y echó á todos los que vendian y compraban en el templo y trastornó las mesas de los cambiadores y los asentamientos de los que vendian palomas, y díceles: Escrito está: Mi casa casa de oracion ha de ser llamada, y vosotros la habeis hecho cueva de ladrones. Y allegáronse á él ciegos y cojos en el templo y sanólos. Viendo los príncipes de los sacerdotes y los escribas las maravillas que hacia y los muchachos que daban voces en el templo y decian: ¡Hosana al hijo de David! indignáronse y dijéronle: ¿Oyes lo que estos dicen? Y Jesus les dice: Sí. ¿Nunca habeis leido: De boca de niños y que maman perfeccionaste loor? Y dejándolos se salió fuera de la ciudad á Betania y aposentóse allí.



En esta entrada de Cristo en Jerusalem y en el templo me parece que mostro más majestad que en ninguna otra cosa de cuantas hizo, la cual majestad se me representa tanto mayor, cuanto la veo más mezclada con profundísima humildad. Grandísima majestad fué entrar en Jerusalem con la ceremonia de los ramos que acostumbraban los hebreos hacer en el séptimo mes, conforme á lo que les era mandado en el Levítico cap. 23, y con las aclamaciones de hosana que habian los hebreos añadido á la ceremonia de los ramos, como consta por sus historias; y fué grandísima humildad, entrando con aquella majestad, entrar cabalgando en un asno, propiamente como lo habia visto entrar el profeta Zacarías cuando dijo: «decid á la hija de Sion» etc. Tambien fué grandísima majestad entrar Cristo en el templo de Jerusalem, haciendo el estrago que hizo y diciendo las palabras que dijo; y fué grandísima humildad salirse aquella noche fuera de la ciudad, no queriendo seguir, como seria decir, la victoria contra los principales de la sinagoga.

Esto lo considero así en general, y, viniendo al particular, entiendo que, enviando Cristo los dos discípulos con todas aquellas circunstancias á que le trajesen el asna y el borrico con que entrar en Jerusalem, pretendió certificarlos y confirmarlos en la fé y en la opinion que debian tener de él, de su omnipotencia, en cuanto veian que no le era hecha resistencia en lo que queria, y de su verdad, en cuanto veian que acertaba en todo lo que decia.

En aquello: «el señor tiene necesidad» etc., podria parecer extraño á alguno que Cristo, que era la misma humildad, hablando de sí, se llamase señor, pero, si considera que era necesario que Cristo dijese á los discípulos las palabras formales que debian decir, no le parecerá extraño, mayormente que estaba Cristo más lejos de entrar en ningun género de ambicion por títulos que los hombres le diesen, que está el mar oceano de salir de madre por un pequeño arroyo que entre en él.

En aquello: «y esto todo fué hecho» etc., entiende el evangelista que esto, que hacia Cristo, cuadraba con la profecia de Zacarías, no lo hacia él, teniendo intento á lo que habia dicho Zacarías, ántes Zacarias lo habia dicho porque lo habia de hacer él; y quien tuviera ojos para cotejar lo que veia en Cristo con las palabras de Zacarías, pudiera bien conocer que Cristo era el Mesía, siendo aquel de quien habló Zacarías, el cual segun la letra hebrea (porque San Mateo sigue la letra griega), dice así159: «¡Alégrate mucho, hija de Sion; júbila, hija de Jerusalem! Hé aquí que tu rey viene á tí, justo y salvo, humilde y cabalgando sobre asno y sobre borrico hijo de asna,» y más adelante dice: «y su imperio de mar á mar desde el rio hasta los fines de la tierra.» Adonde entiendo que, siéndole mostrado en vision al profeta esta gloriosa entrada de Cristo en Jerasalem, todo alegre y contento comenzó á decir: «alégrate mucho» etc., llamando hija de Sion á Jerusalem que estaba en el monte de Sion, y llamando hija de Jerusalem á la iglesia cristiana que nació en Jerusalem, porque allí fué comenzada la predicacion del evangelio.

Lo mismo entiendo que es «justo» que «salvo,» libre de todo pecado, en lo cual consiste la gloria de Cristo, antes la nuestra, porque en la justicia é inocencia de Cristo constituimos nuestra justicia y nuestra inocencia, certificándonos que el castigo de Dios, que cargó sobre Cristo, no fué por haber pecado él sino por haber tomado sobre sí nuestros pecados, conociéndose y hallándose tan culpado delante de Dios por cada uno de ellos como si realmente los hubiera, cometido todos.

En aquello: «humilde y cabalgando» etc., se ha de considerar que juntó bien el profeta la humildad con el ir cabalgando en el asno. Lo mismo es en el evangelista «hijo de la domada» que en el profeta «hijo de asna.»

Por San Marcos se entiende que Cristo entró cabalgando en el borrico, por ventura significando su superioridad en el pueblo cristiano, el cual no reconoce otro señor que á Cristo. En aquello: «su imperio de mar» etc., significó ó profetizó Zacarías que el imperio de Cristo se extiende por todo el mundo, no digo el temporal y exterior sino el espiritual é interior, porque tiene absoluta potestad en el cielo y en la tierra. Así entiendo la profecia de Zacarias, con la cual se entiende bien la alegacion del evangelista.

En la profecía parece extraño á algunos que, adonde, dice «salvo,» no diga salvador, no considerando que lo que entenderia diciendo salvador, lo entiende diciendo: «Tu rey,» porque así es llamado el Mesías, ni considerando que cabe el «justo» cuadra muy bien el «salvo,» siendo costumbre de los profetas cuando quieren encarecer una cosa poner dos vocablos juntos que significan una misma cosa y poner dos veces una misma sentencia por diferentes palabras.

En la misma profecía ofende grandemente á los hebreos que se diga que su rey viene cabalgando en asno y no hallan como pueda cuadrar en su Mesía este cabalgar en asno, y así van imaginando cosas extrañas, porque, no siendo capaces de los dos estados de Cristo, el humilde y el glorioso, no saben distinguir entre las profecías que hablan de Cristo, cuales hablan de él en el estado humilde y cuales hablan de él en el estado glorioso, los cuales dos estados van tan mezclados en los profetas que parece que les eran mostrados todos dos juntos para que hablasen de todos dos juntos como si fueran uno solo, como que quisiese Dios engañar á la prudencia humana, dándole causa para que, cuanto más escudriña las escrituras, tanto más ciega quede en ellas.

Cuanto á la ceremonia de los ramos, ya he dicho que aludian á la fiesta que hacian en el séptimo mes, y es verdaderamente cosa divina que aquellas gentes, sin saber lo que hacian, hiciesen en honra de Cristo lo que hacian en honra de Dios, añadiendo el extender las capas por el camino, la cual ceremonia no sé de donde la habian tomado, pero me place considerar á Cristo que en cuanto á sí se humillaba yendo cabalgando en un asno, y cuanto á las gentes era ensalzado con todas aquellas ceremonias que ellas podian, con los ramos, con las vestiduras y con las exclamaciones que decian: hosana, que es lo mismo que: salva, ahora y añadiendo: «al hijo de David,» confesaban á Cristo por Mesía, como hemos visto en lo pasado. Y diciendo: «bendito el que viene» etc., confirmaban la opinion que tenian, que era el Mesía, enviado por Dios á redimir á Israel, pero no como ellos pensaban, de la tiranía de los hombres en la presente vida sino de la tiranía de la carne, del demonio, del infierno y de la muerte en la vida eterna, la cual liberacion comienzan á sentir en la presente vida los que han de gozar de ella en la vida eterna. Replicando su hosana con aquello «en las alturas,» pienso que entendian que sus voces subiesen en alto hasta ser oidas de Dios.

Y háse de entender que era lo mismo decir hosana que si dijeran lo que solemos nosotros decir cuando el rey entra en un lugar: ¡viva el rey! Y tambien que estas palabras con que estas gentes honraban á Cristo son tomadas del salmo 118, adonde está un verso que dice así: «suplícote, Señor, salva ahora; suplícote, Señor, prospera ahora! Bendito el que viene en el nombre del Señor!» Adonde, remitiéndome á lo que he dicho sobre el salmo, diré esto: que fuera verdaderamente grandísima la felicidad de aquellas gentes si supieran lo que hacian y decian, conociendo que eran inspirados por Dios á hacerlo y decirlo, como será grandísima nuestra felicidad cuando, siendo inspirados por Dios, como eran aquellos, conoceremos que aquella es inspiracion de Dios y la abrazaremos, oonsistiendo nuestra felicidad en que juntamente conoceremos la omnipotencia de Dios y de Cristo, lo que sus inspiraciones pueden en nosotros, y así nos certificaremos más en nuestra justificacion, resurreccion y glorificacion.

El alboroto ó el movimiento y alteracion que hubo en Jerusalem por la entrada de Cristo con gloria y con majestad mezclada con bajeza y con humildad me representan el alboroto, el movimiento y alteracion que hay en cada uno de aquellos en los cuales entra el espíritu de Cristo con gloria y con majestad interior mezclada con bajeza y humildad exterior, en cuanto humilla y abaja á tal hombre, dándole conocimiento de sí mismo; y el alboroto es en la gente de la ciudad en los afectos y en los apetitos que son segun la carne, los cuales todos se resienten en la entrada del espíritu de Cristo. Por lo que respondian los que venian con Cristo á los de la ciudad, diciendo: «este es Jesus el profeta» etc., consta que, sin saber ellos lo que hacian, atribuian á Cristo más de aquello que le pertenecia segun la opinion que ellos tenian de él.

En el autoridad y majestad con que Cristo echó del templo á los que compraban y vendian, sin que hubiese ninguno que le fuese á la mano diciéndole que no lo hiciese, considero á Cristo mucho más glorioso que cuando lo considero transfigurado en el monte Tabor, teniendo por cierto que, si aquellas gentes no vieran en él más de lo que otras veces solian ver, no le dejaran así salir con aquella rigurosidad que usaba contra ellas.

Aquellas palabras con que Cristo atapaba las bocas á los pontífices y letrados hebreos diciéndoles: «mi casa casa de oracion ha de ser llamada,» son tomadas de Esaías cap. 56; y añadiendo Cristo: «vosotros la habeis hecho cueva de ladrones,» entiende que, siendo el templo casa de Dios, adonde convenia adorar y hacer oracion á Dios, aquellos lo habian hecho tal que era así pernicioso como es una cueva de ladrones, en cuanto, así como en la cueva se acogen los malhechores que saltean los caminos, así en el templo se acogian los que tiranizaban y robaban al pueblo de Dios, en cuanto en el templo, con achaque del templo pretendiendo religion y santidad, robaban á la pobre gente, disminuyendo las haciendas de los hombres por acrecentar los tesoros y las riquezas del templo.

Sanando Cristo allí en el templo á los ciegos y á los cojos que se llegaron á él, confirmó la opinion que las gentes tenian de él y dió ocasion á los pontífices y letrados que entónces tenian la cumbre de la santidad exterior para que descubriesen las malignidades de sus ánimos, preguntando á Cristo si oian lo que las gentes decian, pretendiendo decirle que hacia mal en consentirlo, en cuanto segun ellos le atribuian lo que no le pertenecia, como si, oyendo los santos del mundo que tino de los que en Cristo son santos de Dios es llamado justo y santo de otros hombres, ellos lo quisiesen argüir de soberbio y de impío, porque consiente que le atribuyan lo que no le pertenece segun ellos que lo consideran por lo que ven en él.

Adonde entiendo que, así como á Cristo no ofendia lo que las gentes le atribuian, porque conocia en sí lo que no conocian aquellos santos del mundo, ni tampoco lo ensoberbecia, como ensoberbeciera á aquellos santos del mundo, así no ofende á los miembros de Cristo la santidad ni la justicia que les es atribuida, porque se conocen incorporados en Cristo y por tanto justos y santos en Cristo, ni tampoco los ensoberbece, como ensoberbeceria á los santosdel mundo, porque no se conocen justos ni santos en sí sino en Cristo.

Y entiendo tambien que, así como Cristo defendió á los que lo alababan alegando las palabras de David, así los miembros de Cristo puede defender á los que los alaban, alegando las palabras de San Pablo, ántes las del mismo Cristo, adonde habla de la union que hay entre él y los que son sus miembros160. Y entiendo que, alegando Cristo estas palabras: «de bocas de niños» etc., pretendió decir: estos no me alaban á mí pero alaban á Dios en mí y por mí, y su loor es agradable á Dios, y, que esto sea así, consta por lo que dice David que Dios hace que su loor sea perfecto y entero, abriendo las bocas de los niños para que lo alaben; y niños eran todos los que decian aquellas palabras á Cristo, en cuanto no las decian ellos sino el espíritu de Dios en ellos, no entendiendo ellos lo que decian.

Y aquí entiendo que los, que comenzamos á renacer en Cristo, somos niños mientras que amamos, creemos, esperamos y deseamos, no sabiendo qué es lo que amamos, creemos, esperamos ni deseamos, si bien lo sabe el espíritu santo que nos inspira y mueve á amar, creer, esperar y desear, siendo él el que en nosotros ama, cree, espera y desea. Y entiendo que, segun que vamos siendo capaces de lo que amamos, creemos, esperamos y deseamos, conociéndolo y entendiéndolo, así vamos creciendo en Cristo hasta venir á ser varones enteros y perfectos en Cristo. Por lo que aquí segun la letra griega dice: «perfeccionaste loor,» en el hebreo dice: fundaste fortaleza, sobre la cual interpretacion me remito á lo que he dicho sobre el salmo 8.

Y tornando por la mañana á la ciudad, hubo hambre, y viendo una higuera en el camino, se fué á ella, y no halló nada en ella sino hojas solamente. Y dícele: No nazca más fruto de tí para siempre. Y á la hora se secó la higuera. Y viéndolo los discípulos se maravillaron, diciendo: ¿Cómo á la hora se secó la higuera? Y respondiendo Jesus les dijo: Dígoos de verdad, si tendreis fé y no dudareis, no solamente hareis lo de la higuera, pero tambien, si direis á este monte: álzate y échate en la mar, será hecho; y todo cuanto demandareis en la oracion, creyendo, lo recibireis.



Leyendo que Cristo hubo hambre, lo conozco segun la humana generacion sujeto á las miserias, á que esta nuestra carne, mientras es pasible y mortal, está sujeta; y viendo á Cristo ir á la higuera á buscar higos y viendo que no los halló y que maldijo á la higuera y que la higuera se secó, de donde nació admiracion en los discípulos, y así tuvo Cristo ocasion de engrandecer la fé y la oracion con fé, vengo á entender que no fué Cristo á la higuera, pensando hallar higos en ella, porque sabia bien que no los habia, no siendo tiempo de higos, como cuenta San Marcos, sino buscando ocasion con que decir á los discípulos lo que les dijo acerca de la fé y de la oracion con fé, á lo cual daba eficacia el caso de la higuera.

Pretendia Cristo, como habemos dicho otras veces, mostrar á sus discípulos que eran incrédulos y faltos de fé, á fin que se moviesen á demandarle que se la acrecentase, y aquí tornó á decir que á todo hombre cristiano pertenece tenerse por incrédulo y falto de fé miéntras no tiene tanta que hace con ella mudar los montes, á fin que demande siempre que le sea acrecentada la fé.

Tambien digo que la oracion que es sin fé no vale nada, y que entónces mi oracion es con fé cuando tengo por cierto que Dios me dará aquello que le demando, y digo que, siempre que yo conozco en mí esta certificacion, me puedo asegurar que oro inspirado y no enseñado, y por tanto es certísimo lo que dice Cristo que alcanzamos de Dios todo lo que le demandamos, ciertos que nos lo ha de dar, porque entónces demandamos inspirados y no enseñados, demandamos por voluntad de Dios y no por nuestras fantasías; los que demandan enseñado161, y por sus fantasías es imposible que demanden con fé.

Adonde dice: «y no dudareis,» el vocablo griego significa, como seria decir: hacer exámenes, vacilar en la fé, como hacemos cuando, deseando haber alguna cosa de Dios y mirándonos á nosotros, demandamos dudando de parte de la imperfeccion que conocemos en nosotros, en nuestras costumbres y en nuestro vivir, como si, para darnos ó no darnos Dios lo que le demandamos, tuviese respeto á nosotros ó como si no fuese mayor imperfeccion en nosotros el dudar haciendo estos exámenes que todas juntas las otras imperfecciones que podemos tener.

El cristiano, cuando deseará haber alguna cosa de Dios, mire primero si tiene prometimiento de Dios en que fundar la fé de su oracion y despues advierta en no mirarse de ninguna manera á sí y mire solamentea Dios y al prometimiento de Dios y creyendo alcanzará todo cuanto demandará. Y cuanto á los prometimientos de Dios, me remito á lo que he dicho en una respuesta162. A esta higuera que solamente tenia hojas, estando sin fruto ninguno, son semejantes los que solamente tienen nombre de cristianos y tienen ceremonias y obras exteriores, estando sin el fruto del nombre cristiano, que es la imitacion de Cristo, la humildad, mansedumbre, puridad, caridad y obediencia de Cristo, y estando sin el fruto de las ceremonias y obras que son cristianas, que es la mortificacion y vivificacion, los que son tales acontecerá lo que aconteció á la higuera.

Y venido en el templo se allegaron á él estando enseñando los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo, diciendo: ¿Con qué autoridad haces esto y quién te ha dado esta autoridad? Y respondiendo Jesus les dijo: Preguntaréos yo tambien una cosa, y si me la direis, tambien yo os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde era? Del cielo ó de los hombres? Y ellos consideraban entre sí, diciendo: Si diremos: del cielo, dirános: pues ¿por qué no lo creisteis? Y si diremos: de los hombres, tememos á la gente, porque todos tienen á Juan como profeta. Y respondiendo á Jesus dijeron: No sabemos. Díjoles tambien él: Ni yo os digo con qué autoridad hago esto.



No entiendo que estos preguntaban á Cristo con qué autoridad hacia lo que hacia, como era entrar en la ciudad con la pompa con que era entrado el dia de ántes, entrar en el templo con la rigurosidad con que era entrado el día de ántes, haciendo lo que hizo y diciendo lo que dijo, porque dudasen ellos que lo hacia con autoridad divina, porque de esto estaban ciertos, si bien porque les pesaba que fuese así, procuraban persuadirse que no era así, como acontece á los santos del mundo que, si bien están ciertos de la santidad de los santos de Dios, porque les pesa que sean santos, procuran persuadirse que no lo son. Pero entiendo que lo preguntaban con dos intentos: el uno, demostrar al pueblo que ellos, que tenian la cumbre de la religion y santidad en el mundo, no estaban resueltos en tener buen crédito de Cristo, á fin que ni el pueblo tampoco se resolviese; y el otro, de venir en palabras con Cristo para tomar ocasion de alguna palabra con que prenderlo ó á lo ménos hacerle perder el crédito que tenia en el pueblo.

Estos sus intentos entiendo que los conoció Cristo, y así les respondió de manera que no pudieron salir con el uno ni con el otro, no queriéndoles responder á propósito de lo que le preguntaban, y arguyéndoles el no haber recibido á San Juan ó su bautismo y el prometer la observacion de la ley de Dios y no observarla; esto lo muestra por la parábola de los dos hijos que pone luego. Tales son, como los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo, los que, viendo que con la sinceridad de la doctrina y con la puridad de la vida de los que son miembros de Cristo van por tierra sus falsas doctrinas y son descubiertas sus hipocresías, van procurando que no tengan crédito con las gentes y van deseñando cómo tomarlos á palabras para destruirlos.

Preguntando Cristo á estos si el bautismo de San Juan era del cielo ó de los hombres, entiende: si era cosa divina ó humana, si era ordenacion de Dios ó fantasía del mismo San Juan. Diciendo el evangelista: «consideraban entre sí,» entiende que, queriendo responder á Cristo, deseando que él les respondiese á ellos, hacian estos exámenes entre sí. Cosa es verdaderamente divina que, siendo estos, que vinieron á hacer esta pregunta á Cristo, los principales en santidad y en autoridad entre los hebreos, y siendo Cristo tenido por hombre bajo y plebeyo, tuviese él tanta autoridad sobre ellos que, no queriéndoles responder á su pregunta si ellos no le respondian primero á la suya, se saliese con ello, la cual cosa no la atribuyo yo tanto al crédito que habia alcanzado Cristo en el pueblo, cuanto á la majestad y gravedad que en aquella su bajeza tenia, la cual de suyo se descubria sin que el la descubriese. Y de esta misma entiendo que hay una partecilla en cada uno de los que tienen del espíritu de Cristo, más ó ménos segun que ellos son más ó ménos semejantes á Cristo. A este propósito hace una considoracion que he escrito163.

¿Qué veamos os parece á vosotros? Un hombre tenia dos hijos. Y llegando al primero dijo: Hijo, vé hoy, trabaja en mi viña. Y él respondiendo dijo: No quiero; pero despues arrepentido fué. Y llegando al segundo dijo de la misma manera, y el respondiendo dijo: Yo, señor; y no fué. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? Dícenle: El primero. Díceles Jesus: Dígoos de verdad que los publicanos y las meretrices os precederán en el reino de Dios; porque vino á vosotros Juan por camino de justicia y no lo creisteis, y los publicanos y las meretrices lo creyeron, pero vosotros viéndolo no os arrepentisteis despues para creerlo.



Habiendo Cristo atapado las bocas á los pontífices y ancianos que eran venidos á demandar cuenta de lo que hacia y decia en el templo, y queriendo mostrarles que su santidad toda consistia en palabras, les propuso una parábola, diciendo: «un hombre tenia dos hijos» etc., entendiendo que el hombre es Dios; y que el trabajar en la viña era el vivir conforme á la

ley de Dios y es el vivir conforme á la voluntad de Dios; y que el hijo que, siendo enviado á la viña, dijo que no queria ir y, despues conociendo que hacia mal, fué, eran y son los hombres del mundo que, por satisfacer á sus afectos y á sus apetitos, dicen que no se quieren sujetar ni á la ley de Dios ni á la voluntad de Dios, pero, despues conociendo que hacen mal, se sujetan á ella; y que el hijo que, siendo enviado á la viña, dijo que queria ir y no fué, eran y son los santos del mundo que, tomando por punto de honra la santidad, dicen que quieren sujetarse á la ley de Dios y voluntad de Dios y hacen todo lo contrario de lo que quiere Dios, siendo ambiciosos, murmuradores, envidiosos, malignos y diabólicos, cuales eran los pontífices y ancianos con quienes Cristo hablaba, y son todos los que, pretendiendo santidad, persiguen á Cristo, los cuales serán excluidos del reino de Dios, siendo admitidos á él los publicanos y las meretrices, porque se humillaran y aceptaran la justicia de Cristo. De manera que (como he dicho otras veces) diciendo: «os preceden» no entiende: son más preeminentes que vosotros, sino: son admitidos, siendo vosotros excluidos. Añadiendo Cristo: «porque vino á vosotros» etc., entiende: esto que digo lo entiendo así, considerando que vosotros nunca os reducisteis á creer á Juan, y los publicanos y las meretrices lo creyeron, aceptando su predicacion y su bautismo; y la aceptacion entiendo que consistia en que creian que estaba cercano el reino de los cielos y se conocian inhábiles para estar en él y se bautizaban en señal de su conocimiento ó reconocimiento y arrepentimiento. Diciendo el hijo segundo: «yo, Señor,» parece que responde á lo que habia dicho el primero: «no quiero,» como si dijera: yo sí quiero. Diciendo: «por camino de justicia» ó «en camino de justicia,» entiende: predicando el reconocimiento ó arrepentimiento que es camino para la justicia del evangelio, porque los que no se conocen no aceptan el indulto del evangelio, pareciéndoles que no toca á ellos.

Oid otra parábola. Era un hombre señor de su casa, el cual plantó una viña y cercóla de valladar y cavó en ella un lagar y edificó una torre y arrendóla á labradores y fuése camino largo. Y llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados á los labradores para que tomasen lo que le pertenecia de los frutos, y tomándole los labradores á los criados á uno hirieron, á otro mataron y á otro apedrearon. Tornó á enviar otros criados más que los primeros é hicieron lo mismo con ellos. Ultimamente les envió á su hijo, diciendo: Tendrán respeto á mi hijo; más los labradores, viendo al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero, venid, matémoslo y tendremos su heredad; y tomándolo lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vendrá, pues, el señor de la viña, ¿qué hará á aquellos labradores? Dícenle: Como á malos malamente los destruirá, y dará su viña á otros labradores, los cuales les den sus frutos á sus tiempos. Díceles Jesus: ¿Nunca habeis leido en las escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, esta ha sido puesta en la cabeza del rincon; el señor ha hecho esta cosa y es admirable en nuestros ojos? Por tanto os digo que os será quitado el reino de Dios y será dado á gente que hará sus frutos. Y el que caerá sobre esta piedra, será descalabrado, y sobre el que ella caerá será quebrantado. Y oyendo los príncipes de los sacerdotes y Fariseos sus parábolas, conocieron que decia de ellos, y procurando prenderlo temieron á las gentes, porque lo tenian como á profeta. Y respondiendo Jesus tornó á hablarles en parábolas, diciendo:



El intento de Cristo en esta parábola, como consta por aquellas palabras: «por tanto os digo que os será quitado» etc., claramente parece que fué profetizar la ruina de la sinagoga hebrea que era gobernada por los pontífices, ancianos, Fariseos y letrados, y la sucesion de la iglesia cristiana que es gobernada por apóstoles, evangelistas y doctores, no de doctrina enseñada sino inspirada. Y así entiendo que el hombre señor de su casa es Dios; que la viña es el pueblo de Dios, el valladar, el lagar y la torre eran las escrituras de la ley y de los profetas; y que los labradores eran los pontífices, ancianos etc.; y que los frutos de la viña eran el amor de Dios y del prójimo con el culto divino; que los criados del señor, que mataron los labradores, fueron los profetas y justos que enviaba Dios á la sinagoga, á los cuales todos perseguian ó hacian morir los principales de la sinagoga, como lo dirá Cristo en el capítulo 23; y que el hijo del señor es Cristo, al cual dieron la muerte los mismos. Cuanto á si lo conocieron ó no, me remito á lo que diré sobre San Marcos. A estos principales de la sinagoga hebrea, entiende Cristo que habia de ser quitada la viña de Dios, el pueblo de Dios, y dado á los principales de la iglesia cristiana.

Adonde entiendo que entónces estos principales dan á Dios el fruto de su viña cuando, predicando el evangelio, enseñando el vivir cristiano y supliendo las necesidades de los cristianos, pueden decir con San Pablo164 que sirven á Dios en espíritu y en el evangelio de su hijo, y que han aprovechado mucho en el mismo evangelio. Aquello: «tendrán respeto á mi hijo,» aunque cuadra en el hombre señor de la viña, no cuadra en Dios, y ya he dicho que en las parábolas solamente se ha de mirar que cuadre el intento.

Diciendo Cristo: «¿nunca habeis leido» etc., pretende hacerlos capaces de la inteligencia de la parábola, entendiendo que al hijo, que ellos como malos labradores habian de matar, habia Dios de poner en el más eminente lugar en su reino haciéndolo rey y cabeza en el reino, cumpliéndose verdaderamente en él lo que fué dicho de David en el salmo 117165, en cuanto, así como David, siendo desechado de los principales del reino, fué al fin puesto por principal en el reino, siendo hecho rey, así Cristo, crucificado y muerto por los que eran entónces principales en el pueblo de Dios, es puesto por cabeza en el reino de Dios y es hecho rey.

Cuanto á lo demás, me remito á lo que he dicho declarando el salmo, añadiendo esto: que no entiendo que haya pasado así en la edificacion del templo, como entienden algunos, que una piedra desechada haya despues cuadrado en lo alto del templo, sino que es un hablar figurado, cosa ordinaria en la santa escritura.

Diciendo: «el señor ha hecho esta,» entiende: el señor ha hecho esta cosa, que la piedra desechada sea puesta en lo alto, y nosotros la tenemos por cosa admirable, cosa de que con razon nos maravillamos. Diciendo: «y el que cairá sobre esta piedra» etc., entiende que, hora el hombre tropiece en Cristo, hora Cristo tropiece en el hombre, de una manera ó de otra el tal hombre perecerá, de manera que sea este un hablar como el que comunmente usamos diciendo: si la piedra da en el cántaro, mal para el cántaro, y si el cántaro da en la piedra, mal para el cántaro; que vayan siempre descalabrados los que, sin ser llamados de Dios, vendrán á Cristo por sus fantasías ó por sus deseños humanos, los cuales todos perecen, hora sea por escandalizarse ellos de la humildad y bajeza de Cristo, hora sea por escandalizarse Cristo de su soberbia y arrogancia de ellos.

Adonde se ha de entender que es llamado Cristo «piedra» tanto porque todos los hombres, que sin espíritu santo se allegan á él, tropiezan y se rompen las cabezas en él, cuanto porque todos los hombres, que con espíritu santo se allegan á él, están saldos, firmes y constantes en él, como un edificio edificado sobre piedra viva. Así parece que lo entendió Simeon cuando dijo: «ecce positus est hic in ruinam et in resurrectionem multorum in Israel» etc., Luc. 2166.

Añadiendo el evangelista que los pontífices y ancianos, conociendo que Cristo decia por ellos lo que decia, lo prendieran si osaran, nos muestra bien el fruto que hace la palabra de Dios en los santos del mundo. Adonde entiendo que, si estos fueran hombres mundanos, conociendo que Cristo hablaba de ellos, se confundieran y avergonzaran y por ventura se enmendaran, pero, como hacian profesion de santos, se deliberaron de prender á Cristo para hacerlo morir, viendo que los iba descubriendo sus maldades, bellaquerías y ruindades. Y siempre hacen semejantes deliberaciones contra los que son miembros de Cristo los que hacen profesion de propia santidad como la hacian estos principales de la sinagoga.




ArribaAbajoCapítulo XXII

El reino de los cielos es comparado á un hombre rey, el cual hizo bodas á su hijo. Y envió á sus criados á llamar á los convidados á las bodas, y no querian venir. Tornó á enviar otros criados, diciendo: Decid á los convidados: Catad que he aparejado mi comida, mis toros y mis capones son ya muertos y todo está aparejado, venid á las bodas. Y ellos menospreciándolo se fueron uno á su posesion, y otro á su mercancia y los otros prendiéndole los criados los injuriaron y los mataron. Y oyendo esto el rey se indignó y enviando sus ejércitos destruyó á aquellos homicidas y quemóles su ciudad. Entónces dice á sus criados: La boda está aparejada, pero los convidados no han sido dignos de ella; salid pues á las salidas de los caminos y á todos cuantos hallareis llamadlos á las bodas. Y saliendo aquellos criados á los caminos ayuntaron todos cuantos hallaron, malos y buenos, y la boda fué llena de asentados. Y entrando el rey á ver los asentados, vió allí un hombre no vestido con vestidura de boda, y dícele: Amigo ¿cómo entraste aquí, no teniendo vestidura de boda? Y él enmudeció. Entónces dijo el rey á los que servian: Atándole las manos y los piés, echadlo en las tinieblas exteriores, allí hay llanto y batimiento de dientes. Porque muchos son llamados y pocos escogidos.



En todas estas parábolas conviene advertir la manera de comparar que usa Cristo, diciendo que el reino de los cielos es comparado ó es semejante al señor de la viña ó al hombre rey, y entendiendo que en el reino de los cielos acontecerá como aconteció al señor de la viña ó al hombre rey.

En esta parábola tiene Cristo dos intentos: el uno es el mismo de la parábola precedente, cuanto al ser desechada la sinagoga hebrea para que en su lugar sucediese la iglesia cristiana, y el otro es el mismo que habemos visto en otras parábolas, cuanto al ser echados del reino de Dios, de la iglesia cristiana, los que entran en ella sin fé cristiana y están en ella sin costumbres cristianas, viniéndose ellos sin ser llamados de Dios.

El hombre rey es Dios. La comida es la vida eterna, de la cual toman posesion en la vida presente los que, siendo llamados á ella, dejan todas las cosas y siguen la vocacion. El aparejo de la comida, los toros y los capones ya muertos para el convite, entiendo que es la gloria y felicidad aparejada para los que aceptan la gracia del evangelio, porque, así como aquellas cosas son la sustancia del convite humano y temporal, así estas cosas son la sustancia del convite divino y eterno.

Los convidados á la comida ó boda en tiempo de la ley eran los que estaban sujetos á la ley, en el cual tiempo los criados que llamaban eran los profetas y justos, y en tiempo del evangelio los convidados son todos los hombres en general, porque el indulto y perdon que publica el evangelio es general, en el cual tiempo los criados que llaman son los apóstoles, los que tienen don de apostolado, y lo que dicen es aquello que pone San Pablo 2ª Cor. 5: obsecramus pro Christo: Reconciliamini Deo. Eum qui non noverat peccatum pro nobis peccatum fecit, ut nos efficeremur justitia Dei in ipso167.

Los que, siendo llamados en tiempo de la ley, no quisieron venir, el uno por ir á su posesion y el otro por ir á su mercancía, son los que menospreciaban el llamamiento de Dios por atender á las cosas de la vida presente, no resolviéndose de una en dejarlo todo por obedecer á Dios, y los que prendieron á los criados del rey son los santos del mundo que en tiempo de la ley hicieron morir á los profetas y á los justos, porque los llamaban al reino de Dios; teníanse ellos por santos y eran tenidos por tales, y por tanto no podian sufrir que les fuese intimada otra santidad de la que ellos tenian. Los ejércitos, con que el rey destruyó á sus convidados quemándoles su ciudad, podemos decir que fueron los de Tito y Vespasiano que destruyeron á los hebreos y quemaron á Jerusalem.

Los que, siendo llamados en tiempo del evangelio, no quieren venir, no queriendo aceptar la gracia del evangelio, son los hombres mundanos que menosprecian la puridad, la mansedumbre y la humildad de Cristo. Y los, que hacen profesion de santidad exterior, diciendo que creen en Cristo y negando la gracia del evangelio de Cristo, el beneficio de Cristo, son entendidos en el hombre que entró en la boda sin vestidura de boda, y tales son con efecto todos los que entran en la iglesia cristiana con prudencia humana y por tanto con deseños humanos como mercenarios, viniendo vestidos de obras sin fé, y desnudos de fé y de obras de fé, y así viniendo vestidos de ley y desnudos de evangelio, vestidos de Moisen y desnudos de Cristo, del cual conviene que vayan vestidos todos los que han de comer la comida de Dios en la vida eterna, porque esta es la vestidura de boda, y por tanto dice San Pablo: induimini dominum nostrum Jesum Christum, Rom. 13.168, Y á Cristo nos vestimos cuando, atendiendo á comprehender la perfeccion en que somos comprehendidos, imitamos las divinas perfecciones que vemos en Cristo, y entónces mostramos estar vestidos de Cristo cuando son vistas en nosotros costumbres cristianas.

Y concluyendo Cristo esta parábola, diciendo: «por que muchos son llamados y pocos escogidos,» nos obliga á que digamos que en aquel uno que fué echado de la comida, son comprehendidos todos los que con solo el llamamiento exterior, con deseños humanos aceptan á su modo el evangelio; y á que entendamos que es mayor el número de los llamados y no escogidos que el de los escogidos; y á que nos confirmemos en que las parábolas no cuadran en todo, pues, si cuadrara esta en todo, fuéramos necesitados á decir que son sin ninguna comparacion más los escogidos que los llamados, pues la parábola no dice que fué echado de la boda sino solo uno de muchos que eran entrados en ella.

En esta parábola considero cuatro suertes de hombres. Los primeros son los que, amando más la vida presente que la vida eterna, siendo llamados para la vida eterna, no les basta el ánimo á perder esta por ganar la otra; estos muestran su incredulidad.

Los segundos son los que estimándose y siendo estimados santos en el mundo, si son llamados para ser santos de Dios, se indignan contra los que los llaman, y los prenden y los matan; estos muestran con su incredulidad su malicia y su malignidad; y aquí entiendo á cuanto peligro están los que son santos del mundo.

Los terceros son los que, deseando con un deseo humano y natural alcanzar vida eterna y siendo llamados para ella con llamamiento exterior, sin esperar el interior van sin saber cómo ni adónde, vistiéndose de vestiduras hechas por manos de hombres, no conociendo aquella vestidura de boda hecha por mano de Dios, esta es Jesu-Cristo nuestro Señor; estos muestran su ignorancia y ceguedad, y estos son casi como los segundos y están á peligro de hacer lo que ellos en esta vida; y en la otra vida harán el fin que ellos, pues serán echados en las tinieblas de fuera, de las cuales está dicho en el cap. 13.

Los cuartos son los que por don de Dios se conocen impíos y enemigos de Dios en sí mismos, y comienzan á desear ser justos y amigos de Dios, y, siéndoles intimado el evangelio, el cual les ofrece lo uno y lo otro de balde y graciosamente y siendo interiormente movidos á aceptarlo con vocacion interior y exterior, se conocen justos y amigos de Dios, no en sí sino en Cristo, y, conociéndose tales, entran en posesion del reino de los cielos, desnudándose y despojándose de todas las cosas que los podrian privar de la posesion, como son los placeres, las satisfacciones, las honras y las dignidades de la vida, presente, á las cuales todas pierden el aficion, y como son las justificaciones exteriores, las cuales los son odiosas por no venir á ser santos del mundo, y vistiéndose y ataviándose con todas las cosas que los pueden mantener en la posesion como son la mortificacion y vivificacion, con las cuales están siempre las costumbres cristianas, las que Cristo mostró en su vivir; estos muestran que son escogidos de Dios, que son hijos de Dios y que son regidos y gobernados con el espíritu de Dios, y así solos estos son admitidos á la comida del gran rey que es padre de nuestro señor Jesu-Cristo.

Por lo que aquí dice: «capones,» el vocablo griego significa aves engordadas; y por lo que aquí dice: «muertos,» el vocablo griego significa muertos en sacrificio. Diciendo: «á las salidas de los caminos,» entiende: adonde unos caminos se juntan con otros, porque allí se hallan más presto hombres. Diciendo: «de asentados,» entiende: de hombres asentados á comer, pero no comieron los malos sino los buenos; y malos son los que, estando sin fé cristiana, están sin obras de fé, sin costumbres cristianas, y por el contrario son buenos los que tienen la fé y las obras de fé, consistiendo su bondad en la fé, de la cual dan testimonio las obras de fé.

Entónces partidos los Fariseos tomaron consejo como lo asirian en palabras, y enviáronle sus discípulos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres verdadero y que enseñas con verdad el camino de Dios y no te curas de ninguno, porque no miras la persona de los hombres. Dínos, pues, ¿qué te parece: es lícito pagar tributo á César ó no? Y conociendo Jesus su bellaquería, dijo: ¿Para qué me tentais? Hipócritas! Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le dieron el denario. Y díceles: ¿Cúya es esta imágen y sobrescrito? Dícenle: De César. Entónces les dice: Dad, pues, lo de César á César y lo de Dios á Dios. Y oyendo esto se maravillaron y dejándolo se fueron.



De la misma manera que estos Fariseos santos del mundo, convencidos por las palabras de Cristo, consultaron contra él para asirlo á palabras, para hacerle decir alguna cosa con que tomar ocasion para prenderlo y matarlo, todos los que, siendo santos del mundo, se hallan convencidos por las palabras de los que son santos de Dios, consultan contra ellos para hacerles decir alguna cosa con que prenderlos y matarlos. Y por tanto á los santos de Dios pertenece ó no venir en palabras con los santos del mundo ó viniendo estar muy sobre aviso para no decir cosa que les sea calumniada.

Toda esta malicia farisáica está llena de artificio. El primero consiste en que, queriendo los Fariseos preguntar á Cristo del tributo ó censo que los judíos pagaban al emperador de Roma, la cual cosa parecia extraña á los judíos que el pueblo de Dios fuese tributario á un hombre impío, le enviaron personas que eran de opinion que no se debia pagar, á fin que Cristo más libremente dijese que no era lícito pagarlo y así vendrian á haber su intento, acusándolo que prohibia que no fuese pagado el tributo al emperador, como falsamente lo acusaron despues que lo tuvieron preso. No me place la opinion de los que dicen que estos herodianos eran de los que cogian el tributo ó que tenian opinion que se debia pagar, porque no fuera á su propósito enviarle á estos, queriendo ellos que dijese que no era lícito pagar el tributo, como parece por las palabras que le dicen.

El segundo artificio consiste en que, ántes que pregunten, le dicen palabras enderezadas á que hable contra el emperador, las cuales eran propias de los Fariseos y en los cuales se puede considerar tres calidades que deben concurrir en un predicador cristiano: la primera, que sea verdadero, la segunda, que su doctrina sea verdaderamente cristiana conforme á la voluntad de Dios, y la tercera, que no tenga respeto á los hombres del mundo, dejando por ellos de predicar el evangelio ó de enseñar el vivir cristiano; antes estas tres calidades concurren siempre en los que tienen don de apostolado y por ellas podemos juzgar si el que nos predica es apóstol de Cristo ó de hombres.

Estas mismas calidades concurren en los que por divina inspiracion aceptan el evangelio, la cual aceptacion los hace verdaderos en sí, y les enseña la verdad para que ellos la puedan enseñar á otros, y les hace que, estando resueltos con el mundo, solamente tengan respeto al evangelio, á Cristo y á Dios. Y estas tres calidades nos pueden servir por contraseños por las cuales podemos conocer qué tanto efecto ha hecho en nosotros la aceptacion del evangelio. Diciendo Cristo: «¿Para que me tentais? Hipócritas,» mostró que le daba fastidio la malignidad y bellaquería artificiosa con que venian á asirlo en palabras.

Y preguntando: ¿«cúya es esta imágen» etc., no pretendió saberlo, porque ya lo sabia, sino tomar ocasion de lo que le habian de responder, para decirles lo que les dijo: «Dad pues lo de César» etc., entendiendo que importa poco que demos á los hombres lo que quieren de nosotros, porque demos á Dios lo que quiere de nosotros, como si dijera: Dad al emperador lo que él pretende que le debeis dar, lo que él quiere de vosotros, y dad á Dios lo que él pretende que le debeis dar, lo que él quiere de vosotros. El emperador quiere el tributo ó censo, dádselo; y Dios quiere fé y amor, dádselo. Diciendo: «la moneda del tributo,» entiende la moneda con que se paga el tributo. Sobre este pagar tributo habla San Pablo, Rom. 13, y á lo que he dicho allí, me remito.

En aquel dia se llegaron á él los Saduceos que dicen que no hay resurreccion, y preguntáronle diciendo: Maestro, Moisen dijo: si alguno morirá sin tener hijos, cásese su hermano con su mujer y levante simiente á su hermano. Fueron entre nosotros siete hermanos, y el primero despues de casado murió y, no teniendo simiente, dejó á su mujer á su hermano, y así el segundo y el tercero hasta los siete, y á lo postre de todos murió tambien la mujer. Veamos, en la resurreccion ¿de cuál de los siete será la mujer? Porque todos la tuvieron. Y respondiendo Jesus les dijo: Errais, no entendiendo las escrituras ni la potencia de Dios, porque en la resurreccion no se casarán ni serán casados, pero serán como los ángeles de Dios en el cielo. Y cuanto á la resurreccion de los muertos ¿no habeis leido lo que os dice Dios diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es Dios Dios de muertos sino de vivos. Y oyendo esto las gentes se espantaron de su doctrina.



Segun parece por estas palabras y por las que están Act. 23, en el pueblo hebreo no era creida por fé la resurreccion de los cuerpos, estando solamente en opinion; los Fariseos la afirmaban y los Saduceos la negaban. Y estos queriendo convencer á Cristo á que la negase como ellos, le van á hacer una pregunta que, aunque á su parecer era bastantísima para probar su intencion, al parecer de cualquiera persona, que no estará apasionada en querer defender aquella opinion, es ineptísima.

Adonde entiendo cuánto se debe guardar todo hombre de tomar opinion ninguna, porque es así siempre, que despues de tomada se obliga á defenderla, y queriéndola defender le acontece propiamente lo que acontecia á estos Saduceos que, negando la resurreccion de los cuerpos, defendian su opinion con argumentos semejantes al que ponen aquí. Antes, este debia ser el que ellos tenian por más eficaz, imaginándose que en la vida eterna nuestros cuerpos resucitados, ya impasibles é inmortales, han de atender á lo que atienden estos cuerpos que son pasibles y mortales.

Esta ley del matrimonio, que alegan aquí, está Deut. 25, y parece que tuvo Dios intento en aquella ley á que durasen las casas de los hebreos que habian de partir entre sí la tierra de promision, á fin que estuviese más impreso en sus memorias el beneficio recibido. Diciendo: «levante» ó resucite «simiente á su hermano,» entiende: haga en la mujer de su hermano el muerto hijos, de los cuales entiende que el primero habia de ser llamado hijo del hermano muerto y no del que lo hacia. Lo mismo es: «no teniendo simiente» que: no dejando hijos.

En la respuesta de Cristo, que dice: «errais, no entendiendo» etc., se entiende que todos los errores de los hombres en las cosas que son sobrenaturales proceden de dos principios, de los cuales el uno es no entender las santas escrituras, porque, si las entendiesen, no errarian, siendo certísimo que ellas enseñan al que las entiende toda la verdad, y el otro es no entender la potencia de Dios, porque, si supiesen los hombres que Dios puede todo cuanto quiere, cuando les fuese propuesta una cosa con que es ilustrada la gloria de Dios, no dudarian de ella, porque considerarian: con esta cosa es ilustrada la gloria de Dios, Dios es omnipotentísimo, luego bien se sigue que esta cosa es verdadera, y de la misma manera, cuando les fuese propuesta otra cosa con que es menoscabada la gloria de Dios, no la admitirian de ninguna manera, porque considerarian: con esta cosa es menoscabada la gloria de Dios, Dios es omnipotentísimo, luego bien se sigue que esta cosa no es verdadera, pues con ella es derogada la gloria de Dios. De manera que á todo hombre es sano consejo, primero no tomar opinion ninguna, y despues rogar á Dios que le abra los ojos, de manera que él conozca su omnipotencia y entienda las santas escrituras á fin que no yerre jamás en cosa ninguna.

De estas palabras de Cristo se colige bien que el, que entenderá las santas escrituras y conocerá la omnipotencia de Dios, creerá la resurreccion de los muertos, en la cual afirma Cristo que no habrá casamientos porque, aunque habrá cuerpos de carne, tendrán aquella limpieza que tienen los ángeles que están en el cielo.

Y queriendo Cristo mostrar á los Saduceos uno de los lugares de las santas escrituras, adonde se puede entender la resurreccion de los muertos, alega lo que dice Dios: «yo soy Dios de Abraham» etc., Exodo 3, y añadiendo: «no es Dios de muertos» etc., parece que entendió Cristo que, si Dios en su mente divina no tuviera por resucitados á Abraham, á Isaac y á Jacob, no se llamara Dios de ellos, porque, siendo él Dios vivo, no se llamaria Dios de muertos, de manera que no entendamos que, diciendo Dios: «yo soy el Dios de» etc., entiende: yo soy el Dios á quien adoró y sirvió Abraham etc., sino: yo soy el Dios á quien adora y sirve Abraham, y adorará y servirá, porque, aunque su cuerpo está en la sepultura, su ánima está viva y á su tiempo se tornará á juntar con su cuerpo. Y con razon se espantaron las gentes de esta doctrina de Cristo, porque no hay duda sino que ningun hombre hubiera jamás sacado esta inteligencia de aquellas palabras.

Y los Fariseos, oyendo que habia cerrado la boca á los Saduceos, se juntaron en uno, y preguntóle uno de ellos, un cierto legista, tentándolo y diciendo: Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley? Y Jesus le dijo: Amarás al señor Dios tuyo con todo tu corazon y con toda tu ánima y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante á este: Amarás á tu prójimo como á tí mismo. En estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas.



Contentos los Fariseos que Cristo hubiese respondido á los Saduceos de tal manera que no la pudiesen replivar, se fueron á él con intento de ganar con él la honra que los Saduceos, que eran sus contrarios, habian perdido, y así hicieron que uno de ellos, el cual era docto en la ley de Moisen por probar lo que sabia, le preguntase cuál era el principal mandamiento en la ley.

Y en la respuesta de Cristo entendemos que la principal cosa que Dios quiere del hombre es el amor, queriendo que este amor sea sin resabio ninguno de propio interes, siendo limpísimo y perfectísimo; y entónces es tal, cuando el hombre pone todo su amor y toda su aficion en Dios, no teniendo en su corazon, en su ánima ni en su mente sino á solo Dios, deleitándose con solo él y teniéndole siempre impreso en su memoria sin jamás apartarlo de ella. Esto es lo que Dios quiere de cada uno de los hombres; por esto los acaricia y les hace las gracias, los beneficios y las mercedes que les hace.

Y es así que, queriendo Dios ser amado de los hombres y conociendo que el mayor impedimento que tienen para amarlo es el conocimiento que tienen de haberlo ofendido, porque, como se dice vulgarmente, el que ofende no perdona, puso en su unigénito hijo Jesu-Cristo nuestro Señor los pecados de todos los hombres y en él los castigó todos, perdonando generalmente á todos los hombres á fin que, quitado el impedimento en el amor, ellos se apliquen á amarlo de la manera que él quiere ser amado de ellos.

Y sobre esto tengo escrita una consideracion169, á la cual me remito, diciendo aquí esto que, mientras el hombre no se conocerá perdonado de Dios en Cristo, será imposible que ame á Dios de la manera que él quiere ser amado por sí mismo sin otro respeto ninguno, ántes con efecto no sabrá qué cosa es amar á Dios. Adonde se ha de entender que entónces ama el hombre á Dios de la manera que él quiere ser amado «con todo el corazon, con todo el ánima,» cuando lo ama sin interés ninguno, solamente porque merece ser amado.

Y no puede el hombre amar á Dios de esta manera mientras es hombre no regenerado por espíritu santo, porque, amándose naturalmente á sí de primer amor, viene á amar á Dios por sí, haciendo notable injuria á Dios, el cual quiere ser amado de primer amor y quiere que el hombre se ame á sí y que ame á los otros hombres y á las otras criaturas de Dios por amor de Dios, más ó ménos segun que ellos y ellas ilustran más ó ménos la gloria de Dios, á la cual tienen solamente intento los que aman á Dios no por sí mismos sino por las perfecciones que conocen en Dios.

Los hombres que no se conocen perdonados de Dios, reconciliados con Dios y amigos de Dios por Cristo, aunque se reduzcan á amar á Dios y obrar segun lo que conocen de la voluntad de Dios, no amarán ni obrarán por amor de Dios sino por amor de sí mismos, por ser perdonados de Dios, reconciliados con Dios y amigos de Dios; y no vendrán jamás á alcanzar lo que quieren por esta vía, porque la verdadera es aceptar la gracia del evangelio y despues amar, servir y obrar, porque Dios merece ser amado, ser servido y ser obedecido sin que el hombre tenga otro respeto ninguno.

De manera que son cuatro causas por las cuales es imposible que el hombre ame á Dios como él quiere ser amado, si no se tiene por reconciliado con Dios y por amigo de Dios por Cristo: La primera, que el que ofende no perdona, y no perdonando no puede amar. La segunda, que el hombre no regenerado, teniendo viva su inclinacion natural, es imposible que no se ame á sí de primer amor. La tercera, que, no teniéndose por justo en Cristo, si ama, amará por ser justo. La cuarta, que, no conociendo á Cristo, no conocerá á Dios, y, no conociéndolo, no lo amará como él quiere ser amado «con todo el corazon» etc.

Al cual término habemos todos de trabajar por llegar, y, porque el que no comienza á caminar hácia él, está más lejos de él, á todo hombre, que ha aceptado la gracia del evangelio, pertenece persuadirse que ha de llegar á este término y que es Dios poderoso para hacerlo llegar, y con esta persuasion comenzar á caminar hacia él, rogando á Dios que le envie su espíritu santo que le sea guía en esta generosa empresa.

Y no piense hombre ninguno ser capaz por ciencia de este divino amor si no comienza por la experiencia; y tanta capacidad tendrá de él cuanta experiencia tenga en él. Y sepa más todo hombre que no vendrá jamas á amar al prójimo como á sí mismo, si primero no ama á Dios sobre todas las cosas, entrando en el amor (como está dicho) por la fé y por el conocimiento.

Y aquí diré esto: que, diciendo en una consideracion170 que la fé y la esperanza son sustentadas con la caridad, y que la caridad se sustenta de por sí, entendí que, si el hombre no ama á Dios, no estará constante en fiarse de él ni en esperar el cumplimiento de sus prometimientos, y que, amando á Dios, porque lo ama por sí mismo, conociendo que merece ser amado, no tiene necesidald de ser sustentado en el amor, ni con la fé de lo que cree que ha hecho Dios por él, ni con la esperanza de lo que espera que hará, Dios con él, porque ama sin interes propio, del cual amor son incapaces los hombres miéntras son hombres, porque no saben amar sin interes y sin deseño, amándose á sí mismos en todas las cosas y sobre todas las cosas.

Añadiendo Cristo: «en estos dos mandamientos» etc., entiende que el, que cumple estos dos mandamientos del amor de Dios y del prójimo, cumple todo lo que mandan la ley y los profetas, porque ella y ellos no tienen otro intento sino reducir al hombre á que ame á Dios y que ame al prójimo; y el que amará á Dios no se apartará de la voluntad de Dios, ántes se aplicará á todo lo que conocerá que es voluntad de Dios, negando y renunciando su propia voluntad, y él que amará al prójimo no le hará cosa que le pueda ser perjuicio, ántes se aplicará á hacerle todos los beneficios que podrá, hasta privarse de sus comodidades y satisfacciones por acomodar y satisfacer al prójimo, como vemos que hizo Cristo y vemos que hizo su apóstol San Pablo.

Cosa es cierto digna de consideracion que este mandamiento del amor no esté entre los del que llaman decálogo sino en el Deuteronomio, en la segunda ley. Por ventura lo guardó Dios para la segunda ley como más perfecto y más puro, pretendiendo que el pueblo instruido y ejercitado en los mandamientos de la primera ley seria más capaz de la inteligencia de este, pero esta es imaginacion mia.

Segun la letra hebrea este mandamiento dice así: «oye, Israel, el señor Dios nuestro es un señor, y amarás al señor Dios tuyo con todo tu corazon y con todo tu ánimo y con toda tu fuerza.» Deut. 6, como si dijese Moisén: pues Dios es solo, amadlo á él solo, dándole todo vuestro amor. Adonde dice: «con toda tu fuerza» segun el hablar de la lengua hebrea dice: con todo tu mucho, y entiendo que está dicho por encarecimiento y no que haya diferencia entre uno y otro.

Y ayuntados los Fariséos, les preguntó Jesus diciendo: ¿Qué os parece á vosotros de Cristo, cuyo hijo es? Dícenle: de David. Díceles: Pues ¿cómo David en espíritu lo llama señor, diciendo: Dijo el Señor á mi señor: Asiéntate á mi diestra hasta que ponga á tus enemigos por banquillo de tus piés? Pues si David lo llama señor ¿cómo es su hijo? Y ninguno le podia responder palabra, ni osó ninguno desde aquel dia preguntarle más nada.



Para la inteligencia de estas palabras conviene considerar dos cosas. La una, que Cristo no se despreciaba de ser llamado hijo de David, pues consta que los que lo querian honrar lo llamaban así, y que San Mateo comenzando su evangelio lo llama así, y que San Pablo dice: «qui factus est ei ex semine David secundum carnem,»Rom. 1171. Y la otra, que aquello del salmo 110172:«Dixit dominus domino meo: sede a dextris meis» etc. entre los hebreos comunmente era entendido del Mesía, de Cristo, como áun los judíos, que han sido despues de Cristo, lo entienden de la misma manera, pero no quieren que pertenezca á nuestro Cristo, porque no lo conocen por Mesía.

Consideradas estas dos cosas, entendemos que pretendió Cristo en estas palabras convencer á los Fariseos á que tuviesen mejor opinion del Mesía de la que tenian. Ellos solamente lo tenian por hijo de David y por tanto por puro hombre, y Cristo pretende mostrarles que David lo tenia por más que hijo y por tanto por más que puro hombre, pues hablando en espíritu lo llama señor, y no lo llamara señor si no lo conociera por más que hijo; conocíalo bien por hijo segun la generacion humana, y conocíalo por hijo de Dios segun la generacion divina y por tanto lo llamaba señor.

Esta entiendo que es la propia inteligencia de estas palabras. Y si me dirá uno que pudieran bien los Fariseos responder á Cristo, diciendo que llama David señor al Mesía, aunque es su hijo, de la manera que adoró á Salomon cuando fué elegido por rey, aunque le era hijo, 173le responderé que no pudieran, porque lo que hizo David con Salomon, no fué en espíritu, como el llamar al Mesía señor, sino en carne, fué una ceremonia exterior conveniente al reino temporal.

Y si me dirá otro que pudieran bien los Fariseos responder á Cristo, diciendo que aquellas palabras de David no pertenecen al Mesía, ántes parece que son palabras dichas á David en nombre del pueblo hebreo, segun que lo he mostrado en la declaracion de los salmos, le responderé que no pudieran, por lo que habemos dicho que desde ántes de Cristo aquellas palabras comunmente eran entendidas del Mesía, de la cual inteligencia consta haberse Cristo querido servir para su intento.

Y por tanto dice bien el evangelista que ninguno le podia responder palabra, no sabiendo el divino secreto de la divina generacion del Mesía. Y añadiendo: «ni osó ninguno desde aquel dia» etc., muestra el evangelista que las preguntas todas, que aquellos hacian á Cristo, eran armadas sobre malicia, pues dejaban de preguntar, conociendo sus divinas respuestas. Si preguntaran con sinceridad, les creciera el deseo de preguntar, enamorados de las respuestas que les daba, pero, como preguntaban por calumniar, no querian preguntar, viendo que no salian con su intento.




ArribaAbajoCapítulo XXIII

Entónces Jesus habló á las gentes y á sus discípulos diciendo: Sobre la silla de Moisen se asientan los escribas y Fariseos; todo pues lo que os dirán que guardeis, guardadlo y hacedlo, pero no hagais segun ellos hacen, porque dicen y no hacen. Y es así que atan cargas pesadas é incomportables y pónenlas sobre los hombros de los hombres, pero ellos no las quieren mover con su dedo. Y todas sus obras las hacen por ser vistos de los hombres, alargan sus filaterías y engrandecen las fimbrias de sus vestiduras, quieren los primeros asentamientos en los convites y las primeras sillas en las sinagogas y las salutaciones en las plazas y ser llamados de los hombres rabí. Y vosotros no os hagais llamar rabí, porque uno es vuestro maestro, este es Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llameis á ninguno padre sobre la tierra, porque uno es vuestro padre, este es el que está en los cielos. Ni os hagais llamar maestros, porque uno es vuestro maestro, este es Cristo. Y el mayor de vosotros será vuestro ministro. Y cualquiera que se ensalzará, será humillado, y cualquiera que se humillará, será ensalzado.



Tres cosas hay en estas palabras dignas de ser muy consideradas. La primera, que es verdad lo que habemos dicho en el cap. 5 que muchas cosas dijo Cristo que pertenecian solamente para el tiempo en que las decia, y para aquellos que las oian, porque, pues es así que asentarse los escribas y los Fariseos sobre la silla de Moisen es lo mismo que enseñar la observacion de la ley de Moisen, es tambien así que el que querrá decir que estas palabras de Cristo pertenecen á todos tiempos, será forzado á confesar que con el evangelio ha de ser guardada toda la ley, la cual cosa es condenada desde el tiempo de los apóstoles; de manera que esta amonestacion de Cristo solamente pertenecia para aquel tiempo mientras él vivia entre los hombres, en el cual tiempo y hasta la venida del espíritu santo fué la voluntad de Dios que su pueblo estuviese sujeto á la ley, de la cual sujecion fué libre, venido que fué el espíritu santo, el cual sucedió en el regimiento y gobierno del pueblo de Dios en lugar de la ley.

Y así fué comenzada á ser cumplida la profecía de Jeremías, cap. 31, la cual entiendo que sienten comenzada á cumplir en sí mismos todos los que, aceptando el evangelio, reciben al espíritu santo; y entiendo que el perfecto y entero cumplimiento lo veremos en la vida eterna, adonde todos, chicos y grandes, conoceremos á Dios, y en él conoceremos todas las cosas, y así no tendremos necesidad de ser enseñados.

Los que, no habiendo aceptado el evangelio, no han recibido al espíritu santo, se están todavia, como dice San Pablo, debajo del pedagogo, debajo de ley, no siendo aún comenzada á cumplir en ellos la profecía de Jeremías. Y de estos son los que, aunque tienen nombre cristiano y leen el evangelio, van buscando «quid licet,» y si fuesen verdaderamente cristianos, habiendo aceptado el evangelio, dejarian de ir buscando «quid licet» y atenderian á buscar «quid expedit,» como lo he escrito en una consideracion174.

Queriendo Cristo declarar la causa por qué no queria que sus discípulos hiciesen como los escribas y Fariseos, dice: «porque dicen y no hacen,» entendiendo175: porque no guardan ellos lo que enseñan á los otros que guarden; y declarándose aun más en esto, dice: «y es así que atan cargas» etc., entendiendo que cargaban al pueblo con observaciones extrañas é incomportables, guardándose ellos de someterse á ellas, y áun de tocarlas con el dedo.

De estas palabras de Cristo se puede colegir que, aunque el vivir de los escribas y Fariseos era malo, porque los ánimos eran malos, la doctrina no era tan mala que por entónces fuese dañoso el seguirla. Adonde considerando yo que lo más dañoso que hay en nuestros escribas y Fariseos es la doctrina, entiendo que son aun más perniciosos los nuestros que eran aquellos. Y cuanto á la causa, me remito á lo que he dicho en una respuesta.

Y si parecerá á alguno que es contrario esto á lo que ha dicho Cristo en el cap. 16, avisando á sus discípulos que se guardasen de la doctrina de los escribas y Saduceos, le diré que, segun yo entiendo, aquí hablaba Cristo de la doctrina que consistia en hacer, que pertenecia al cumplimiento de la ley y de las constituciones humanas, y allí hablaba de la doctrina que consiste en creer, en aceptar á Cristo por el Mesía prometido en la ley, la cual aceptacion era impedida con la doctrina de aquellos que se habian soñado un Mesía profano y mundano, y forzaban las santas escrituras á que dijesen lo que ellos se habian soñado.

Desde aquello «y todas sus obras las hacen» etc., es otra cosa digna de consideracion, porque, poniendo Cristo las calidades de aquellos escribas y Fariseos, nos abre á nosotros los ojos, para que tengamos por escribas y Fariseos á todos aquellos en los cuales veremos estas calidades.

La primera el holgar que sus obras, que ellos tienen por buenas y que el vulgo persuadido por ellos tiene por buenas, sean vistas de los hombres para que los precien y estimen por ellas.

La segunda el mostrar santidad con señales exteriores, como hacian los Fariseos y escribas con sus filaterías, adonde traian escritas algunas sentencias de la Biblia ó los mandamientos del decálogo, y con sus fimbrias que ataban en cuatro partes de sus vestiduras por mostrar aspereza de vida.

La tercera el ser ambiciosos, queriendo tener el primer lugar en todos los lugares públicos adonde estaban, como era en aquel tiempo en los convites y en las sinagogas.

Y la cuarta el ser vanos y vacantes, queriendo ser salvados y reverenciados en público y llamados maestros, como hacian los escribas y Fariseos, los cuales se hacian llamar con aquel nombre rabí que significa maestro, pero, siendo derivado de un vocablo que significa mucho, quiere decir maestro de muchas ciencias.

Desde aquello: «y vosotros no os hagais llamar» etc., es otra cosa digna de consideracion para entender algunas cosas del deber del hombre cristiano. La primera, que el cristiano por ninguna manera se ha de preciar de ser llamado con nombre que signifique grandeza ni autoridad como era el rabí y es ahora el maestro.

La segunda, que no ha de conocer por maestro sino á Cristo, y á Cristo conocen por maestro los que, teniendo del espíritu de Cristo, comienzan á sentir en sí mismos el cumplimiento de la profecía de Jeremías. Estos, aunque llaman maestros á algunos, llámanselo con las bocas por cumplir con ellos y por una cierta usanza, pero no con los corazones, no porque ellos los reconozcan por maestros, conociendo que tanto saben y entienden de las cosas espirituales y divinas cuanto sienten y experimentan dentro de sí, al cual sentimiento y á la cual experiencia tienen ellos por enseñanza, no dejando sin embargo de estimar á los que esteriormente con don de apostolado ó doctrina los encaminan y guian al sentimiento y á la experiencia interior; pero estos no se precian de ser llamados maestros ni son llamados maestros de los que los conocen. Y no es contrario á esto que San Pablo se llamase doctor de las gentes ó de los gentiles, siendo así que se llamaba doctor porque, teniendo don de doctrina con el don de apostolado, enseñaba á los de la gentilidad el vivir cristiano.

La tercera cosa del deber del hombre cristiano es que ha de tener por hermanos á todos los que tienen del espíritu de Cristo, queriendo ser tenidos de cada uno de ellos por hermano; y en la hermandad hay igualdad con poca diferencia de hermano mayor á hermano menor.

La cuarta, que no ha de conocer por padre sino á Dios, y á Dios conocen por padre los que, siendo regenerados por el espíritu santo, espíritu cristiano, se conocen renovados en sus costumbres, comenzando á dejar y á aborrecer las costumbres profanas y comenzando á tomar y á amar las costumbres cristianas. Estos conocen á Dios por padre, porque se conocen hijos de Dios, regidos y gobernados por el espíritu de Dios y, aunque llaman padres á algunos, llamánselo con las bocas por cumplir con ellos y por usanza, pero no con los corazones, no porque ellos conozcan de ellos el ser que tienen segun el espíritu, conociéndolo solamente de Dios por Cristo.

Y no es contrario á esto lo que dice San Pablo, mostrando que le eran hijos los que por medio de su predicacion traia Dios á la obediencia de la fé, á la aceptacion del evangelio, porque su intento no es ambicioso de querer ser estimado y respetado como padre, sino solamente de querer ser creido en lo que toca á la doctrina del vivir cristiano, y es una manera de decir como si dijese: pues yo os he traido al evangelio, seguid la doctrina del vivir cristiano que yo os enseño, y no os aparteis de ella.

La quinta cosa del deber del hombre cristiano que se entiende aquí es que la superioridad cristiana consiste en servir á los que son cristianos, de manera que aquel cristiano es mayor entre los cristianos que más los sirve, no solamente en las cosas interiores y espirituales, pero tambien en las exteriores y corporales, abajándose á cualquier oficio vil por servicio de cualquiera persona cristiana, conociendo en ella á Cristo, al espíritu de Cristo.

Y concluyendo Cristo estas sus amonestaciones, diciendo: «y cualquiera que se ensalzará» etc.176, muestra que su intento en todas ellas ha sido exhortarnos á la humildad, á que nos despreciemos y abajemos, haciendo todo el contrario de lo que hacian los escribas y Fariseos, de manera que con la humildad mostremos la diferencia que hay entre los santos del mundo y los santos de Dios, y entiende Cristo que Dios humillará y abatirá por tierra al que á ejemplo de los Fariseos se ensalzará, y que ensalzará al que á ejemplo suyo de él se humillará, y echará por tierra, despreciando y aniquilándose á sí y holgando de ser despreciado y aniquilado de los hombres hasta perder aquella vana arrogancia que por la depravacion natural es anexa á todos los hombres, para el cual efecto la más propia medicina es considerar la humildad de Cristo, el cual «cum in forma Dei esset, non rapinam arbitratus est etc., sed semetipsum exinanivit» etc., Filip. II177.

Y ¡guai de vosotros escribas y Fariseos hipócritas! que cerrais el reino de los cielos delante de los hombres y vosotros ciertamente no entrais ni dejais entrar á los que entran. ¡Guai de vosotros escribas y Fariseos hipócritas! que os tragais las casas de las viudas y con achaque de que orais mucho; por esto tomareis más abundante condenacion. ¡Guai de vosotros escribas y Fariseos hipócritas! que rodeais la mar y la tierra por hacer un tornadizo, y despues de hecho lo haceis hijo del infierno doblado que vosotros. ¡Guai de vosotros guías ciegas! los que decís: el que jurará por el templo, no es nada, pero el que jurará por el oro del templo, es deudor. Locos y ciegos ¿cuál es mayor el oro ó el templo que santifica al oro? Y: el que jurará por el altar, no es nada, pero el que jurará por el don que está sobre él, es deudor. Locos y ciegos ¿cuál es mayor: el don ó el altar que santifica al don? Pues el que jura por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él; y el que jura por el templo, jura por él y por el que mora en él; y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por el que está asentado sobre él. ¡Guai de vosotros escribas y Fariseos hipócritas! que diezmais la hierba buena y el eneldo y el comino y dejais lo que es más grave de la ley: el juicio, la misericordia y la fé. Esto convenia hacer y no dejar aquello. Guias ciegas que colais el mosquito y os tragais el camello. ¡Guai de vosotros escribas y Fariseos hipócritas! que alimpiais lo de fuera del vaso y del plato, pero dentro están llenos de robo y de suciedad. Fariseo ciego, alimpia primero lo de dentro del vaso y del plato para que sea tambien limpio lo de fuera de ellos. ¡Guai de vosotros escribas y Fariseos hipócritas! que sois semejantes á los sepulcros blanqueados, los cuales parecen bien por de fuera hermosos, pero dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad; así tambien vosotros por de fuera pareceis bien á los hombres justos, pero dentro estais llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Guai de vosotros escribas y Fariseos hipócritas! que edificais los sepulcros de los profetas y adornais las memorias de los justos y decís: si estuviéramos en los dias de nuestros padres, no participáramos con ellos en la sangre de los profetas. De manera que vosotros mismos os sois testimonio que sois hijos de los que mataron á los profetas, y vosotros cumplid la medida de vuestros padres. Serpientes, generacion de víboras ¿cómo huireis de la condenacion del infierno?



Dos cosas son dignas de consideracion en estas palabras. La primera que, siendo Cristo la misma mansedumbre, benignidad y misericordia con todo el pueblo segun que lo habemos visto en lo pasado, era áspero, riguroso y reprehensible178 contra los escribas y Fariseos, porque tenian la cumbre de la santidad, hacian el último de potencia por ser tenidos y estimados santos, siendo; impíos, inícuos y perversos. Adonde aprendemos nosotros que no hay cosa más aborrecible á Dios que es la hipocresía, la santidad exterior de los que se tienen y huelgan de ser tenidos por santos en el mundo, encubriendo sus bellaquerías y publicando sus falsas bondades. Y aprendemos más que contra estos nos habemos de oponer por gloria de Dios, siempre que veremos que son perjudiciales en el pueblo de Dios, en la iglesia de Dios y entre los escogidos de Dios, descubriendo sus hipocresías y sus ruindades á fin que no les sea dado crédito en sus falsas doctrinas, mirando sin embargo por nosotros que no nos apasionemos, que no dejemos que la carne se cebe en la tal obra, porque esto seria apartarnos del deber y del decoro cristiano.

Con este intento entiendo que Cristo dijo todo esto contra los escribas y Fariseos, y con el mismo entiendo que San Pablo llamaba179 perros y malos obreros á los falsos apóstoles. Adonde añadiré esto: que, así como no tendré por malo que uno, imitando á Cristo y á San Pablo, descubra la falsa doctrina y la maldad de los que, siendo santos del mundo, hacen profesion de ser santos de Dios, porque creeré que lo que dice lo dice por celo del evangelio de Cristo y de Dios, libre de pasion humana, así tampoco tendré por malo que otro, aunque vea y conozca la falsa doctrina y la maldad de los santos del mundo, disimule y calle, porque creeré que no le basta el ánimo á hablar, conociéndose tan flaco que no podria hablar sin apasionarse, sin poner del suyo.

La segunda cosa que hay que considerar en estas palabras, es ocho calidades que concurren en los que son santos del mundo, cuales eran los escribas y Fariseos.

La primera calidad es ser contrarios al vivir cristiano y espiritual, interpretando las santas escrituras á su modo, segun sus opiniones y no segun lo que pretendieron los que las escribieron. Esto entiendo que es cerrar el reino de los cielos delante de los hombres, de la cual cosa se sigue siempre que no entran en el reino de los cielos, en la iglesia cristiana y espiritual los tales intérpretes, ni dejan entrar á los que entran, impidiéndoles y estorbándoles la entrada por todas las vías y maneras para ello posibles, de manera que, diciendo: «ni dejais entrar á los que entran,» entienda que, cuanto á ellos, no entraria ninguno de los que entran, porque hacen el último de potencia por no dejarles entrar.

La segunda calidad de los santos del mundo es engañar á las viudas y personas devotas, pero símplices, comiéndoles sus haciendas con darles á entender que ruegan mucho á Dios por ellas; los que son tales, dice Cristo que llevarán ó tomarán «más abundante condenacion,» cargando el mal que hacen á las viudas sobre el mal que se hacen á sí mismos, siendo malignos y perversos.

La tercera calidad de los santos del mundo es procurar y beber, como dicen, los vientos por traer á uno á su religion ó profesion, como seria decir: hacer cristiano aparente á un judío, moro ó turco, y despues hacerlo mas diabólico é infernal que son ellos, en cuanto el tal, desengañado y librado de su religion y no tomando la cristiana, que es toda espiritual é interior, queda impiísimo. Y aquí entiendo con cuanto miramiento deben andar los hombres cuando apartan á uno de una religion por traerlo á otra, ó del vivir supersticioso por traerlo al vivir espiritual.

La cuarta calidad de los santos del mundo es la avaricia solapada, cual era la de los escribas y Fariseos, los cuales hacian grave el jurar por el oro del templo y por el don ó la ofrenda del altar porque el que juraba pagase oro y diese ofrenda, y no hacian grave el jurar por el templo ni por el altar porque el que juraba no podia ser condenado á pagar templo ni altar, no siendo lícito hacer otro templo ni otro altar, y no consideraban lo que dice Cristo que es mayor el templo que el oro y el altar que el don, pues es así que el oro era santo porque estaba en el templo, y el don era santo porque estaba en el altar. Esto pertenecia para aquellos tiempos. Y diciendo santo, entiendo: dedicado á Dios.

Tambien podria ser que en estas palabras tachase Cristo á los escribas y Fariseos de la ceguedad en la inteligencia de la ley, y así seria la cuarta calidad de los santos del mundo la ceguedad en la inteligencia de la santa escritura. Cuanto al jurar, me remito á lo que he dicho sobre el cap. 5.

La quinta calidad de los santos del mundo es que son escrupulosos en las cosas de poca importancia. Tales dice Cristo que eran los escribas y Fariseos que ponian gran diligencia en el diezmar las hierbezuelas y las legumbres y así otras cosas de poca importancia no teniendo cuenta con las cosas que eran el fundamento de la ley, como son: el juicio, juzgando justa é igualmente á todos; la misericordia, apiadando á las personas miserables, mezquinas y afligidas; y la fé, dando crédito á las palabras de Dios, confiándose en sus prometimientos y dependiendo en todo y por todo de Dios.

En tiempo del evangelio cumplimos estas tres cosas aplicándonos á ser rectos é iguales en el juzgar entre nuestros prójimos y hermanos, y á ser piadosos con ellos, y á creer que, castigando Dios en Cristo nuestros pecados, nos ha perdonado y nos tiene ya por justos, por resucitados y glorificados; y es cosa cierto admirable que entre los cristianos apénas haya quien se confiese de lo que falta en esta fé cristiana. Añadiendo Cristo: «esto convenia hacer» etc., mitigó la calumnia que le podian dar diciendo que enseñaba que no fuesen pagados los diezmos; en efecto se ve que tuvo Cristo intento á que no se le pudiese decir que era en cosa ninguna contrario á lo que mandaba la ley. Al escrupulear las cosas de poca importancia y dejar pasar las cosas de mucha importancia llama Cristo colar el mosquito y tragar el camello.

La sexta calidad de los santos del mundo es ser muy supersticiosos en la santidad exterior y aparente, y ser muy licenciosos en la interior y existente, haciendo como los que lavan el vaso ó el plato por de fuera y lo dejan sucio en lo de dentro á donde es más necesaria la limpieza, porque la suciedad exterior no ensucia lo que se bebe ó lo que se come, si bien ofende á los ojos y á las manos del que bebe ó come, y la suciedad interior ensucia á lo uno y ofende á lo otro. Añadiendo Cristo: «Fariseo ciego, limpia primero» etc., nos enseña que debemos atender primero á componer y adornar el hombre interior, porque, alimpiado este, es fácil cosa componer el exterior, ántes él se compone de suyo, y, cuando el exterior es compuesto primero, el interior queda más descompuesto, porque el hombre se mira de fuera y, hallándose justo y santo, no cura de lo de dentro. Aquí cuadra bien la comparacion de la sarna ó roña que me acuerdo haber escrito180.

La séptima calidad de los santos del mundo es el ser semejantes á las sepulturas ó á los sepulcros muy adornados en lo de fuera y muy hediondos en lo de dentro; el ornamento exterior consiste en todas aquellas cosas que tienen apariencia de santidad, y la hediondez interior consiste en la infidelilad, en el amor propio, en la malicia y malignidad, que son siempre anexas á los que son santos del mundo.

La octava calidad de los que son santos del mundo es honrar, preciar y estimar á los que han sido santos de Dios, y deshonrar, despreciar, perseguir y matar á los que son santos de Dios; y es así que, no pudiendo negar la santidad de los pasados, por lo que se ha visto en ellos, los honran, los precian y los estiman, como hacian los escribas y Fariseos con los profetas y con las otras personas justas, edificándoles sepulcros y memorias ó monumentos, y es tambien así que, no pudiendo sufrir la santidad de los presentes, porque con ella es condenada la suya de ellos que es falsa y fingida, los deshonran, desprecian, persiguen y matan, como hacian los escribas y Fariseos con Cristo é hicieron despues con los cristianos que son santos de Dios.

De manera que no reprehende aquí Cristo á los escribas y Fariseos por lo que hacian con los profetas y con los justos que sus padres habian matado, sino porque, perseverando ellos en ser tales como sus padres, hacian lo que hicieron ellos, si bien afirmaban el contrario, como si dijera Cristo: ¿de qué sirve condenar lo que hacian vuestros padres? pues, siendo vosotros tales como ellos, haceis y hareis como hicieron ellos. Y añadiendo: «y vosotros cumplid» etc., entiende: pues sois tales como vuestros padres, desenmascarais y haced como ellos hicieron. Y considerando Cristo el castigo que habia de cargar sobre ellos, añadió: «serpientes» etc., entendiendo: vosotros hareis como vuestros padres y sereis castigados como ellos en el fuego del infierno.

Estas ocho calidades que concurren en los santos del mundo, las deben bien considerar los que son santos de Dios, para guardarse de sus doctrinas y de sus conversaciones, y santos de Dios son aquellos que están aplicados á las ocho beatitúdines que pone Cristo en el cap. 5, las cuales son como ocho calidades de los que son santos de Dios.

Por tanto catad que yo os envio profetas y sabios y escribas, y de ellos matareis y crucificareis y de ellos azotareis en vuestras sinagogas y perseguireis de ciudad en ciudad, á fin que venga sobre vosotros toda sangre justa derramada sobre la tierra desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Barachías al cual matasteis entre el templo y el altar. Dígoos de verdad: vendrá todo esto sobre esta generacion.¡Jerusalem, Jerusalem!, que matas á los profetas y apedreas á los que te son enviados, cuántas veces he querido recoger á tus hijos de la manera que la gallina recoge á sus pollos debajo las alas, y no habeis querido! Hé aquí, es dejada vuestra casa desierta. Porque os digo: no me vereis de aquí adelante hasta que digais: Bendito el que viene en nombre del Señor.



Habiendo Cristo puesto las ocho calidades que concurrian en los escribas y Fariseos, las cuales concurren á la letra en todos los santos del mundo, en cuanto tambien ellos son escribas y Fariseos, viene á amenazar terriblemente á toda la nacion hebrea, entendida por los escribas y Fariseos y por Jerusalem, diciendo: «por tanto catad que yo os envio» etc. Adonde pareciéndome que no cuadran bien estas palabras que Cristo las diga de sí que él enviaba profetas etc., si bien él las pudiera decir de sí, me remito á San Lúcas181, el cual, diciendo: «por tanto y la sabiduría de Dios dijo» etc., declara que estas palabras no las dijo Cristo en su nombre sino en nombre de la sabiduría de Dios, y esto pertenece á la humildad de Cristo que, pudiéndolas decir en su nombre, siendo él la sabiduría de Dios, porque no le convenian en el hábito en que estaba, las dijo en nombre de la sabiduría de Dios, quiero decir que, aunque las dijo él de sí, quiso atribuirlas no á sí sino á la sabiduría de Dios que hablaba en él, porque sus palabras fuesen más estimadas de los que las oian, ántes pienso que era esta una manera de hablar de la lengua hebrea, porque está una semejante al principio del libro del Eclesiaste, adonde dice: «Vanidad de vanidades y todo vanidad, dijo la predicadora,» y entienden los hebreos que Salomon atribuia sus palabras á la sabiduría de Dios, á la cual llama concionadora ó predicadora.

De manera que entendamos que, diciendo Cristo: «por tanto catad que yo os envio» etc., entiende: y pues sois tales, os quiero decir lo que la sabiduría de Dios tiene determinado de vosotros, esto es que, pues os ha enviado, envia y enviará profetas, sabios y escribas ó letrados que os pongan por el camino de la verdad, y vosotros no solamente no los habeis querido escuchar, pero los habeis tratado con toda crueldad, matándolos, crucificándolos y persiguiéndolos, que caiga sobre vosotros el castigo de Dios que merecen estas vuestras maldades y bellaquerías, de manera que sea castigada en vosotros toda la sangre de hombres justos que ha sido derramada sobre la tierra desde el principio del mundo hasta la hora de ahora. Así entiendo estas palabras.

Sobre quién era este Zacarías hijo de Barachía hay diversas opiniones, yo tanto pienso que fuese alguno que en tiempo de Cristo fué matado y áun despues de ser muerto San Juan. Y añadiendo Cristo «dígoos de verdad» etc., mostró claramente que entendió de la destruccion de Jerusalem que segun dicen fué setenta y cinco años despues del nacimiento de nuestro Señor Jesu-Cristo, y esto se confirma más por la exclamacion contra Jerusalem que añade diciendo: «¡Jerusalem, Jerusalem» etc. Adonde se han de entender dos cosas, la una, que debajo del nombre de Jerusalem entendia Cristo á toda la nacion hebrea, y la otra, que hablaba de lo que habia sido y habia de ser.

Por aquello: «¡cuántas veces he querido» etc., parece que los hombres pueden hacer resistencia á la voluntad de Dios, de manera que no pueda Dios hacer de los hombres lo que quiere, adonde juntando esto con lo que dice Cristo: «nemo potest venire ad me nisi pater, qui misit me, traxerit eum» Juan 6182, pienso si se podria decir que somos todos los hombres tan ajenos de querer lo que Dios quiere de sujetarnos á su voluntad, que no nos puede reducir miéntras usa de la potestad ordinaria, como parece que usaba con Jerusalem, pues no podia salir con su intento, y que nos reduce usando de la potestad absoluta, á la cual, como dice muchas veces la santa escritura, ninguno puede hacer resistencia, y de la cual usa Dios con todos cuantos trae á Cristo, trayéndolos por fuerza á Cristo, no rigurosa sino amorosa, dulce y sabrosa.

Yo tanto puedo bien afirmar esto de mí, y de tal manera fuí como violentado á venir á Cristo que soy cierto que, aunque quisiera resistir, no pudiera; y pensando esto mismo de cada uno de los que están incorporados en Cristo, pienso que usa Dios con ellos de la potestad absoluta, forzándolos y violentándolos para que dejen el reino del mundo y entren en el reino de Dios, dejen la imágen de Adam y tomen la imágen de Cristo, aceptando la gracia del evangelio. Cuanto á la manera como entiendo que Dios nos fuerza y nos violenta, me remito á lo que he dicho en una consideracion183.

Tambien se puede decir aquí lo que algunos entienden, poniendo dos voluntades en Dios y llamando á la una «voluntas signi,» y la otra «voluntas beneplaciti.» De manera que entienda Cristo que Dios habia hecho con Jerusalem muchas demostraciones de quererla reducir y allegar á sí, y que ella no habia querido, porque á esta voluntad de Dios, mostrada por señales y amonestaciones exteriores, cuales fueron las de Jerusalem, á la cual fueron enviados profetas, sábios y escribas, pueden los hombres hacer resistencia, no pudiéndola hacer á la voluntad de Dios que es con deliberacion y determinacion, porque así lo quiere y le place.

Segun esta distincion se puede entender que, siempre que la santa escritura dice que los hombres hacen resistencia á la voluntad de Dios, entiende á la que es llamada «voluntas signi,» y que, siempre que dice que los hombres no pueden hacer resistencia á la voluntad de Dios, porque él hace todo lo que quiero, entiende á la que es llamada «voluntas beneplaciti.»

Buena es esta inteligencia, pero á mí más me place y más me edifica la primera, y téngola por más cierta, tanto por la experiencia que tengo de ella, cuanto porque con ella es más descubierta la depravacion de esta nuestra natura depravada, y es más ilustrada la gloria de Dios, su bondad y su liberalidad, pues es así que, viendo que los hombres resisten á su potencia ordinaria, usa de la potencia absoluta cuando quiere y con los que quiere, dándoles conocimiento de su bondad y misericordia, poniéndoles delante de los ojos á Cristo y mostrándoles la felicidad de la vida eterna, y así con una violencia amorosa y sabrosa los reduce á que hagan su voluntad.

Diciendo Cristo: «hé aquí, os es dejada» etc., entiende: y pues no habeis querido lo que la sabiduría de Dios, el mismo Dios, ha querido, habiéndole hecho resistencia, sabed cierto que la sabiduría de Dios, el mismo Dios, se apartará de vosotros y os dejará que vais tras vuestras fantasías. Aquello: «porque os digo: no me vereis» etc., está obscuro, si entendemos que son todas palabras dichas en nombre de la sabiduría de Dios; entenderemos que quiere decir que aquellas gentes no serian capaces de la sabiduría de Dios si no conocian á Cristo, y, aunque entendamos que son dichas en nombre del mismo Cristo, puede estar esta sentencia que diga Cristo: pues yo os certifico que no me vereis más si primero no me conoceis para poder con gozo alabar mi venida en el mundo, siendo como soy enviado por Dios, diciendo: «bendito el que viene» etc., de manera que aquello: «hasta que digais» valga tanto como si dijese: si primero no decís.

En la inteligencia de estas palabras no quedo bien satisfecho. Aquí podria reclamar la prudencia humana, diciendo: que hizo Dios agravio á los moradores de Jerusalem, castigando en ellos la sangre que habian derramado sus antepasados y no ellos, á la cual se ha de responder que usó bien Dios de misericordia con los antepasados de aquellos, no castigando de mano en mano en ellos la sangre que iban derramando, y que no usó de injusticia, castigándola toda en aquellos, tanto porque, aunque se dice así, no fué mayor el castigo que la propia maldad merecia, cuanto porque somos criaturas suyas y puede hacer de nosotros á su voluntad sin poder ser jamás argüido de injusticia.

Y aquí se puede notar cuánto son diferentes los juicios de Dios de los juicios de los hombres, y la justicia de Dios de la justicia de los hombres, la cual cosa deberia ser bastante á mortificar y á matar toda cuanta prudencia y sabiduría humana puede haber, en cuanto toca á querer juzgar las obras de Dios, poniéndose á cuenta con él, porque castigó á estos y no á los otros, porque fuerza con su potestad absoluta á unos y no á otros, en la cual cosa más que en otra ninguna muestran los hombres su arrogancia y su impiedad, y por tanto estos exámenes no están jamás en personas incorporadas por fé en Cristo, las cuales son humildes y tienen piedad, y por tanto aprueban todas las obras de Dios por santas, justas y buenas, adorando lo que no entienden.




ArribaAbajoCapítulo XXIV

Y saliendo Jesus se partia del templo, y allegáronse sus discípulos á mostrarle los edificios del templo, y Jesus les dijo: ¿No veis todo esto? Dígoos de verdad: no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea destruida. Y asentado él en el monte de las Olivas, allegáronse á él los discípulos aparte, diciendo: Dínos, ¿cuándo será esto y cuál es la señal de tu venida y de la fin del mundo? Y respondiendo Jesus les dijo: Mirad, no os engañe ninguno, porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: Yo soy Cristo, y engañarán á muchos. Y oireis guerras y sonidos de guerras; advertid, no os perturbeis, porque conviene que todo sea hecho así. Pero áun no es la fin, porque se levantará gente contra gente y reino contra reino, y habrá pestilencias y hambres y terremotos por los lugares; todo esto es principio de dolores. Entónces os entregarán á la afliccion y os matarán, y sereis aborrecidos de todas las gentes por mi nombre, y entonces se escandalizarán muchos y se entregarán unos á otros y se aborrecerán unos á otros, y levantaránse muchos falsos profetas y engañarán á muchos; y por el abundar la iniquidad se resfriará la caridad de muchos, y el que perseverará hasta el fin, este se salvará. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo por testimonio á todas las gentes. Y entónces vendrá el fin.



En la inteligencia de este capítulo hallo más dificultad que en ninguno otro de todo el testamento nuevo; yo diré lo que al presente alcanzo á entender: remitiéndome á mejor y más cierta inteligencia. Cuanto á lo primero, entiendo que los discípulos mostraron á Cristo el edificio del templo por una cosa suntuosísima, y que, tomando Cristo ocasion de aquello, les profetizó la destruccion del templo, diciendo, «no quedará aquí piedra» etc., denotando que la destruccion seria en todo extremo terrible.

Y entiendo que, habiendo los discípulos sentido esta profecía, desearon saber el propio tiempo en que habia de ser cumplida, y que, imaginándose que el cumplimiento de aquella profecía habia de ser en el segundo advenimiento de Cristo en la fin del mundo, se llegaron á Cristo á preguntarle de todas dos cosas, de la destruccion de Jerusalem y de su venida al juicio en la fin del mundo.

Y entiendo que Cristo les respondió á todas dos cosas, mezclando la una con la otra de tal manera que los discípulos podian confirmarse en su pensamiento que todas dos cosas habian de ser en un mismo tiempo.

La causa porque Cristo respondió de esta manera, yo no la sé; pienso bien que de esta respuesta tomaron principal ocasion los discípulos de pensar que la fin del mundo habia de ser en su tiempo, como he notado en San Pablo184, ántes por San Pedro parece que algunos cristianos de la primitiva iglesia comenzaban á vacilar en la fé, viendo que Cristo tardaba en su venida185, y puede ser que respondiese Cristo así confusamente á los discípulos por tenernos siempre en esperanza de su venida.

La cual esperanza hace estos dos efectos en los que están en ella: el uno es que los tiene alegres y contentos espiritualmente, y el otro es que en gran manera mortifica en los que esperan todos los deseos y deseños de carne y de mundo y, conociendo yo por experiencia la divina eficacia de este esperar á Cristo, tengo por cierto que esta esperanza sea aquella divina virtud puesta entre la fé y la caridad.

Cuanto á la respuesta de Cristo entiendo que todas estas palabras que he traducido pertenecen á todo el tiempo de la manifestacion del evangelio, comenzando desde la venida del espíritu santo hasta el propio dia del juicio, en el cual tiempo, así como son anexas á los discípulos de Cristo todas estas cosas que aquí nos profetizó Cristo, así nos son necesarios todos estos avisos que aquí nos da Cristo.

Y en todas estas palabras entiendo que pretende Cristo avisarnos que ni estemos descuidados de su venida ni tampoco nos creamos de ligero en ella, por los inconvenientes que de cualquiera de estas dos cosas nos podrian entrevenir, en cuanto del descuidarnos podria resultar el hacernos licenciosos, y del creernos de ligero podria resultar el apartarnos de Cristo, pensando que nos llegamos á Cristo, tomando al Anticristo por Cristo.

Y así dice: «mirad, no os engañe ninguno» etc. Y lo que se sigue: «porque muchos vendrán» etc., entiendo que de mano en mano se va cumpliendo y que será colmado al último tiempo. Y aquello: «oireis guerras» etc., entiendo que pertenece á advertirnos que, si bien veremos y oiremos decir que todo el mundo se enciende en guerra, que no pensemos que ha de perecer por guerra, porque, si bien las guerras serán como preludios ó escaramuzas de la fin del mundo, no serán ellas las que lo acabarán.

Añadiendo Cristo: «porque se levantarán» etc., satisface á lo que ha dicho: «oiréis guerras.» á las cuales ayunta las pestilencias y la hambre que son siempre anexas á las guerras, y ayunta los terremotos que atemorizan y amedrentan á los hombres. Diciendo: «todo esto es principio de dolores,» entiende que estos males que habian y han de venir de tiempo en tiempo, en el mundo ántes de la fin del mundo, no serán el mal de los males á los hombres del mundo sino el principio de los males, siendo el fin el dia del juicio, dia de supremo dolor para los hombres del mundo y de sumo gozo para los hijos de Dios.

Añadiendo Cristo: «entónces os entregarán» etc., parece que entiende que en todos estos tiempos crecerá sobre manera el ódio que los hombres del mundo concebirán contra los hijos de Dios, santos de Dios, como adivinando que desean que el mundo perezca, y por tanto los perseguirán y matarán cruelísimamente.

Y esta persecucion entiendo que será sin ninguna comparacion más terrible y más cruel en el tiempo vecino al juicio que la que padecieron los cristianos en la primitiva iglesia y que de mano en mano habrán padecido hasta entónces, consistiendo la mayor terribilidad en esto, que los que tendrán nombre de cristianos, pretendiendo religion y santidad cristiana, perseguirán á los que confesarán la fé cristiana y vivirán como cristianos, imitando á Cristo; y así vendrá á ser mayor la gloria de la iglesia cristiana en su fin que en su principio.

Por aquello: «y entónces se escandalizarán muchos» me confirmo en que toda esta persecucion vendrá de los falsos cristianos á los verdaderos cristianos, muchos de los cuales se escandalizarán, se ofenderán, viendo que permite Dios que sean tratados de aquella manera de los que se llamarán cristianos.

Lo mismo es: «se entregarán» que: se venderán; los falsos cristianos venderán á los verdaderos y los aborrecerán, y verdaderamente se me representa en esta última persecucion de la iglesia una tanta confusion y un escándalo tan general en las personas no bien fundadas y fortificadas en la fé cristiana, habiéndola confirmado con propia experiencia del vivir cristiano, que apénas oso pensar en ella, ántes no me basta el ánimo por mi flaqueza y poquedad, mayormente cuando ayunto lo que añade Cristo: «y levantaránse muchos falsos profetas» etc., porque se me representa que tras estos irán los falsos cristianos, y que los unos y los otros, pretendiendo hacer servicio á Dios y á Cristo, darán tras los verdaderos cristianos, no pudiendo sufrir ni comportar que no sigan lo que ellos y vivan como ellos.

Profetas llama á los que pretenderán predicar el evangelio y entender las santas escrituras. Aquello: «y por el abundar» entiendo que está dicho al trocado segun el hablar de la lengua hebrea; quiero decir que, entendiendo Cristo que de resfriarse la caridad en muchos resulta que abunda la iniquidad, dice que de abundar la iniquidad resulta el resfriarse la caridad.

Esto lo entiendo así, entendiendo que habla aquí Cristo de los malos cristianos, la depravacion de los cuales entiendo que comienza en que se descuidan de la fé cristiana, de donde resulta el resfriarse en la caridad cristiana, del cual resfriamiento resulta la depravacion en las costumbres cristianas y así la malicia y malignidad en los ánimos; y es esto así siempre, que, atendiendo nosotros á tener siempre viva en nuestros ánimos nuestra fé cristiana, crecemos en caridad cristiana y en costumbres cristianas, y, descuidándonos nosotros de nuestra fé cristiana, nos resfriamos en la caridad cristiana y así perdemos las costumbres cristianas.

De esto he hablado en dos respuestas. Y aunque me parece buena esta interpretacion, tengo por mejor decir que entiende Cristo que del abundar la iniquidad, malignidad y perversidad en los hombres del mundo, resultará el resfriarse en la caridad muchos santos de Dios, atemorizados por la furia con que serán perseguidos de los hombres del mundo.

Añadiendo Cristo: «y el que perseverará» etc., entiende que se salvarán, que alcanzarán vida eterna los que no se apartarán de la fé cristiana y caridad cristiana ni por las persecuciones de los falsos profetas ni por las persecuciones de los falsos cristianos.

Y concluyendo Cristo esta su amonestacion que pertenece hasta el dia del juicio, añade: «y será predicado este evangelio» etc., entendiendo que, ántes que venga la fin del mundo, ha de ser predicado por todo el mundo el evangelio, la buena nueva de la remision de pecados y reconciliacion con Dios, que es intimada generalmente á todos los hombres á fin que no haya ninguno que se pueda quejar sino de sí mismo.

Adonde entiendo que, porque los hombres podrian alegar en su defension su fragilidad, el ser concebidos y nacidos en pecado conforme á aquello: «ecce enim in iniquitatibus conceptus sum» etc.186, el evangelio les quita esta desculpa, en cuanto, ofreciéndoles él la remision de los pecados y no queriendo ellos aceptarla, no les quede desculpa ninguna, y de esta manera el evangelio será testimonio á todas las gentes porque les mostrará su infidelidad, impiedad y malignidad.

Aquí queda este escrúpulo: ¿cómo podrá el evangelio ser testimonio á aquellas gentes que serán muertas sin haber tenido ninguna noticia de él como será decir á los indios que murieron ántes que oyesen nombrar á Cristo, y aún á muchas gentes que mueren ántes que les sea propuesta la verdad cristiana, la remision de pecados y reconciliacion con Dios de que gozan los que la creen, en lo cual consiste el evangelio? Pero aquí es necesario que cautive el hombre su entendimiento y que, confesando su ignorancia, adore lo que no entiende, certificándose por las palabras de Cristo que, luego que el evangelio será predicado por todo el mundo, vendrá la fin del mundo.

Pues cuando vereis la abominacion de la destruccion., la dicha por Daniel, profeta, estar en lugar santo ¡el que lee entienda! entónces los que estarán en Judéa, huyan á los montes, y el que en el tejado, no baje á tomar nada de su casa, y el que en el campo, no torne á tomar sus vestiduras, y ¡guai de las preñadas y de las que darán la teta en aquellos dias! Orad, pues, para que vuestra huida no sea en invierno ni en sábado, porque habrá entónces grande afliccion cual no ha sido desde el principio del mundo hasta ahora ni será. Y si aquellos dias no fuesen acortados, no sería salva toda carne, pero por los escogidos serán abreviados aquellos días.



Estas palabras parece que pertenecen á la primera pregunta que hicieron los discípulos, acerca de la destruccion de Jerusalem, y así parece que en lo que dice de la abominacion de la destruccion ó abominacion destruidora, tomándolo de Daniel, alude á la estátua de Adriano que dicen que estuvo en el templo de Jerusalem, algunos años. Y parece que, porque las palabras de Daniel están obscuras, añadió Cristo: «el que lee entienda;» yo tanto no las entiendo, como tampoco entiendo en qué manera la estátua de Adriano puesta en el templo de Jerusulem, habia de ser señal de su ruina que ya era pasada. Entiendo bien que, queriendo Cristo exprimir una terrible y espantosa ruina y persecucion, pone aquellas cosas que acontecen cuando una ciudad es entrada por fuerza y es puesta á cuchillo, en cuanto los moradores de ella, habiendo perdido la esperanza de salvar las haciendas, atiendan solamente á salvar las vidas, huyendo á los montes, escondiéndose en lo alto de sus casas y no curando ni áun de tomar sus vestidos, y en cuanto están á mal partido las mujeres preñadas porque no pueden huir, y las que dan la teta porque no les basta el ánimo dejar sus niños.

Y queriendo Cristo exprimir aun mejor la furia de la persecucion, añade: «rogad, pues, que vuestra huida» etc., acomodándose al tiempo en que hablaba, en el cual no era lícito caminar en sábado más que cierto número de pasos, ántes pienso que era un comun hablar como sería decir: guárdeos Dios de venir en necesidad de huir en invierno que hay malos caminos, y en sábado que no es lícito caminar. Y poniendo la causa de estas amonestaciones, dice: «porque habrá entónces grande afliccion» etc.; y añadiendo: «y si aquellos dias» etc., puede entender que, si Dios no atajase la afliccion de aquel tiempo, no consintiendo que la persecucion pasase adelante, no quedaría vivo judío ninguno; y añadiendo: «pero por los escogidos» etc., puede entender que atajaria Dios la furia de aquella persecucion porque no pereciesen en ella los judíos que él tenia escogidos para traerlos á Cristo y darles vida eterna con Cristo.

De toda esta interpretacion quedo mal contento, pareciéndome que cuadrarian mejor á lo ménos estas últimas palabras en el dia del juicio, tanto porque no entiendo que la destruccion de Jerusalem haya sido mayor que fué la del diluvio ni que será la del tiempo del juicio, y entiendo que la del juicio será mayor que la de Jerusalem y que la del diluvio, cuanto porque aquello: «no sería salva toda carne,» que es lo mismo que si dijese: no se salvaria hombre ninguno, pertenece más al tiempo del juicio que al de la ruina de Jerusalem, siendo como es un hablar general, cuanto tambien porque aquello: «pero por los escogidos» etc., cuadra mucho mejor en el tiempo del juicio en el cual abreviará y acortará Dios la persecucion con que será perseguida la fé cristiana y será perseguido el vivir cristiano, porque no perezcan en ella sus escogidos y así no perezca toda la carne. Van estas palabras tan mezcladas las que pertenecen al juicio con las que pertenecen á Jerusalem y áun á las persecuciones contra los verdaderos cristianos que han sido y serán hasta la fin del mundo, que apenas puede el hombre distinguir las unas de las otras.

Entónces si alguno os dirá: ¡Hé aquí á Cristo! Ó: aquí! no lo creais, porque se levantarán falsos cristianos y falsos profetas, y darán grandes señales y milagros hasta ser engañados, si fuese posible, tambien los escogidos. Hé aquí, os lo he dicho. Por tanto si os dirán: ¡Hé aquí está en el desierto! no salgais. ¡Hé aquí en los escondrijos! no lo creais. Porque así como el relámpago sale de oriente y es visto hasta poniente, así será el advenimiento del hijo del hombre. Porque adonde estará, el cuerpo, allí se ayuntan las águilas.



Estas palabras propiamente pertenecen al tiempo del juicio y fin del mundo, en las cuales aprendemos cinco cosas.

La primera, que no habemos de dar crédito á ningun hombre que se nos haga Cristo, aunque le veamos hacer mucho mayores milagros de los que leemos que hizo Cristo.

La segunda, que los que, sintiendo su vocacion interior, se conocen escogidos de Dios, pueden estar ciertos que, por mucho que los hombres del mundo ayudados de los demonios del infierno trabajen por engañarlos, no serán bastantes á ello.

La tercera, que el engaño de los escogidos de Dios podria consistir en ir á buscar al que se hiciese Cristo, puesto en el desierto ó escondido en lo más secreto de la casa, porque correrian peligro de seguirlo y siguiéndolo se apartarian de Cristo.

La cuarta, que la venida de Cristo será presta, ilustre, clara y manifiesta por todo el mundo, comparada al relámpago que en un punto se muestra desde oriente hasta poniente.

La quinta, que en el dia del juicio los escogidos de Dios serán ayuntados con Cristo así como las águilas se ayuntan adonde ven un cuerpo muerto. Aquello: «hasta ser engañados» etc., parece que responde á lo que ha dicho que por los escogidos serán abreviados aquellos dias de persecucion, siendo el remedio de ella la presta venida de Cristo. En aquello: «en el desierto y en los escondrijos,» se han de entender todas las otras partes para donde los falsos cristianos llamarán á los verdaderos, llevándolo al Anticristo con achaque de llevarlos á Cristo.

Y luego despues de la afliccion de aquellos dias se oscurecerá el sol, y la luna no dará su claridad, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias del cielo se moverán. Y entónces será vista en el cielo la señal del hijo del hombre. Y entónces lloraran todos los tribus de la tierra y verán al hijo del hombre venir en las nubes del cielo con potencia y gloria grande, y enviará á sus ángeles con voz grande de trompeta y ayuntarán á sus escogidos de cuatro vientos desde lo alto de los cielos hasta el término de ellos.



Entiende Cristo que, pasada la afliccion y persecucion que será ántes de su advenimiento, sucederá esto que el sol se oscurecerá etc., y que entónces, faltando la luz del sol y la claridad de la luna, vendrá él con su luz y su claridad en el mundo, y así á esta luz y claridad será vista su gloria y su majestad, á la cual entiendo que llama «señal del hijo del hombre,» entendiendo su humanidad glorificada. Y queriendo Cristo mostrar que esta su venida hará dos efectos, uno de miseria en los hombres impíos y otro de gloria en los justos, dice: «Y entónces llorarán» etc.; y por «llorarán» el vocablo griego significa llorar de rabia, como los que llorando se mesan, se rascan y se muerden las manos.

Por tribus entiendo naciones ó linajes. Y diciendo: «de cuatro vientos,» entiende: de las cuatro partes del mundo, y diciendo: «desde lo alto de los cielos» etc., entiende; de la una extremidad de los cielos hasta la otra, porque en el griego es un mismo vocablo en el «alto,» que en el «término;» y parece que en estas palabras ha respondido Cristo á las dos cosas que habia tocado en las precedentes cuanto á su venida que la comparó al relámpago y cuanto al ayuntarse á él sus escogidos como las águilas al cuerpo muerto.

Y de la higuera aprended la parábola, ya cuando su ramo se enternece y nacen las hojas, conoceis que está cerca el verano; así tambien vosotros, cuando vereis todo esto, conoced que está cerca á la puerta. Dígoos de verdad: no pasará esta generacion hasta que todo esto sea hecho. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras norpasaran. Y de aquel dia y hora ninguno lo sabe ni los ángeles del cielo sino solo mi padre.



Cuatro cosas hay en estas palabras. La primera la comparacion de la higuera, adonde entiende Cristo que, así como por la higuera conocemos la venida del verano, así por el cumplimiento de todas estas señales que él ha dicho, conoceremos su venida al juicio.

La segunda, que, ántes que se pasase aquella edad de hombres que vivian entonces, vendria la ruina de Jerusalem, como con efecto vino. Y aunque parece extraño referir estas palabras á la ruina de Jerusalem, yo no hallo otro expediente con que salir de esta dificultad, porque el expediente que toman los que por generacion entienden á los hebreos, que diga Cristo: no será deshecho del todo este linaje de judíos sin que primero sean cumplidas todas estas cosas, no lo sufre la letra griega, la cual propiamente entiende: esta edad, estos hombres que viven ahora, y comunmente dicen que una edad es espacio de cien años, y el expediente que toman otros, diciendo que todas las cosas que aquí dice Cristo, cuanto á las persecuciones, cuanto á las guerras y sonidos de guerras y cuanto á los falsos cristianos y falsos profetas, segun escribe Josefo fueron vistas ántes de la destruccion de Jerusalem, tampoco cuadra así, porque no escribe Josefo que aquellos falsos cristianos y falsos profetas hicieron las señales grandes y prodigios ó milagros que aquí ha dicho Cristo, como porque viene á ser casi el mismo inconveniente en este expediente que en el referir estas palabras á la ruina de Jerusalem, pues es así que en aquello: «hasta que todo esto sea hecho» parece que viene tambien incluido lo que ha dicho del sol, de la luna y de las estrellas con todo lo demás que pertenece al juicio universal; y por tanto pienso que sea buen expediente referirlo á lo que ha dicho de la destruccion de Jerusalem. Y es mejor expediente confesar el hombre su ignorancia y decir: esto no lo entiendo.

La tercera cosa que hay en estas palabras, es la estabilidad y firmeza de las palabras de Cristo, que son más estables y más firmes que el cielo y que la tierra.

Y la cuarta el mucho secreto que tiene Dios en sus cosas, pues ni aun á sus ángeles ha revelado el dia en que será el juicio final; y si á los ángeles es encubierto, grandísima temeridad seria la nuestra si pretendiésemos saberlo.

Tambien entiende San Pablo que nunca los ángeles entendieron la vocacion de las gentes á la participacion de la gracia del evangelio hasta que la vieron, y él mismo prueba que la entendieron algunos hebreos como seria decir David y Esaías; y si la entendieron y profetizaron estos, cosa grande es decir que no la hubiesen entendido los ángeles, á lo ménos por las escrituras; en efecto, es grandísima nuestra ceguedad.

Y así como fué en los dias de Noé, así tambien á la venida del hijo del hombre, porque así será como en los dias de ántes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y casando hasta el dia que entró Noé en el arca y no conocieron hasta que vino el diluvio y los llevó á todos, así tambien será la venida del hijo del hombre. Entónces estarán dos en el campo, el uno será tomado y el otro será dejado; y dos moliendo en la muela, la una será tomada y la otra será dejada. Así que, velad, pues que no sabeis á que hora ha de venir vuestro señor. Y sabed esto que, si supiese el señor de su casa á qué hora el ladron ha de venir, velaria cierto y no consentiria que su casa fuese minada. Por tanto y vosotros estad aparejados, porque á la hora que no pensais vendrá el hijo del hombre.



Tres cosas notables toca aquí Cristo, en las cuales todas tiene intento á hacernos estar alerta, esperando cada dia y cada hora su venida al juicio.

La primera, que su venida al juicio será semejante á la venida del diluvio, en cuanto, así como en el diluvio perecieron casi todos los hombres, porque estaban descuidados como si no hubiera de venir, salvándose solamente los que estaban con cuidado, esperando, sabiendo y creyendo que habia de venir, así en su venida al juicio perecerán casi todos los hombres, porque estarán descuidados como si no hubiese de venir, salvándose solamente los que estarán, con cuidado, esperando, sabiendo y creyendo que ha de venir y que ha de tornar seguros á los hombres del mundo. De esta misma comparacion he hablado, 1ª Pedro 3, y aquí viene á propósito una consideracion que he escrito187.

La segunda, que en la venida de Cristo estarán mezclados malos y buenos, justos é injustos, y que el bueno y justo será tomado y llevado á la inmortalidad y vida eterna, y el malo é injusto será dejado en afliccion y en miseria. Y esta eleccion de Dios entiendo que pertenece á la predestinacion. Y llamo bueno y justo al que su vivir cristiano, imitando á Cristo, da testimonio de su fé cristiana, de su incorporacion en Cristo.

La tercera, que el deber de toda persona cristiana es tener siempre delante sus ojos la venida de Cristo, esperándolo cada dia y cada hora sin descuidarse, si es posible, ni un momento; y cuánto sea útil y provechoso á las personas cristianas este contínuo cuidado para mantenerlas en el deber cristiano, para hacerlas vivir en la presente vida como muertas, viviendo una vida muy semejante á la que se ha de vivir en la vida eterna, lo saben por propia experiencia los que, siendo verdaderos cristianos, atienden á vivir cristianamente.

Cuanto á la comparacion del ladron al cual es comparado el dia del juicio, me remito á lo que he dicho 1ª Tesal. 5, que entiende Cristo: así como el señor de la casa, sabiendo cierto que un ladron ha de venir á robársela, está alerta para defendérsela, así cada uno de nosotros, sabiendo cierto que ha de venir este dia del juicio y que ha de poner en perpétua miseria á los que hallará descuidados, debe estar alerta y con cuidado para defenderse en aquel dia, como Noé se defendió del diluvio.

Diciendo: «casándose,» entiende los hombres, y diciendo: «y casando,» entiende á las mujeres. Diciendo: «y no conocieron,» entiende el peligro en que estaban. Diciendo: «moliendo en la muela,» alude á los molinos de mano adonde molian las mujeres. Al que ha llamado: «vuestro señor,» llama despues: «hijo del hombre.»

¿Cuál pues es el criado fiel y prudente al cual constituye el señor sobre los suyos para que les dé el comer á tiempo? Bienaventurado aquel criado al cual viniendo su señor hallará que hace así. Dígoos de verdad que lo constituirá sobre todo lo que tiene. Pero si aquel mal criado dirá en su corazon: Tarda mi señor de venir, y comenzará á herir á los otros criados y á comer y beber con beodos, vendrá el señor de aquel criado en el dia que no espera y en la hora que no sabe y partirálo por medio y pondrá su parte con los hipócritas, allí habrá llanto y batimiento de dientes.



Parece que esta parábola pertenece solamente á los discípulos de Cristo, quiero decir á los que por don de Dios son apóstoles ó doctores en la iglesia cristiana, predicando el evangelio ó enseñando el vivir cristiano, cada uno de los cuales es semejante al criado ó siervo que el señor constituye sobre los otros sus criados, en cuanto su deber es atender á predicar el evangelio y á enseñar el vivir cristiano á los que le son encomendados. Y cuando hará así, viniendo Cristo al juicio, la dará grande grado de gloria, así como por el contrario al mal discípulo que, descuidado de la venida de Cristo, pareciéndole que, pues Cristo tarda de venir, que no vendrá, usará mal de los dones que tendra de Dios, tiranizando á los que dependerán de él y viviendo viciosa y licenciosamente con hombres viciosos y licenciosos, tomándolo la venida de Cristo descuidado, será castigado terribilísimamente.

Adonde se entiende que, así como la gloria será mayor en los que emplearán bien los dones que Dios les habrá dado, así la pena será mayor en los que emplearán mal los dones que Dios les habrá dado. En efecto se ve bien que Cristo quiere que sus cristianos estemos siempre vigilantes, no descuidándonos jamás de su venida, y que atendamos á emplear bien los dones que él nos habrá dado.

Adonde dice: «sobre los suyos,» entiende: sobre su familia, sobre los de su casa; y adonde dice «á los otros criados,» el vocablo griego significa á los que son criados como él, en su compañía. Diciendo: «partirálo por medio,» entiende: castigarálo reciamente como son castigados los que son descuartizados. Tanto entiendo que vale decir: «con los hipócritas» como si dijese: con los santos del mundo, los cuales son hipócritas en cuanto, atendiendo á la santidad exterior y no á la interior, muestran ser lo que no son, y pertenéceles este nombre áun cuando ellos no tienen aquel intento, quiero decir cuando no pretenden en sus obras ser tenidos por santos en los ojos del mundo, si pretenden justificarse con ellas en presencia de Dios.

Y aquí entiendo cuánto será recio el castigo con que serán castigados los santos del mundo, pues, queriendo Cristo encarecer el castigo del mal siervo, dice que será puesto con los hipócritas que son los santos del mundo, los cuales serán puestos en perpétua miseria, entendida por el planto ó llanto y batimiento de dientes.

Esto es lo que al presente yo alcanzo á entender en todo este capítulo; si en algun tiempo entenderé alguna cosa mejor, no dejaré de añadirla aquí, como añadiré ahora dos cosas.

La una es que, viendo yo que á las curiosas demandas de los discípulos, que deseaban saber el tiempo de la ruina de Jerasalem y del dia del juicio cristiano, respondió de manera que de su respuesta no podian colegir lo uno ni lo otro, porque, cuanto á la ruina de Jerusalem, parece que no les dice sino que entiendan la profecía de Daniel, y, cuanto al dia del juicio, no les dice sino muchas señales que serán vistas primero, avisándolos de la manera como se debian gobernar en aquel tiempo y reduciéndolos á que pasasen toda su curiosidad en esperar continuamente cada dia y cada hora su venida al juicio, entiendo que debo mortificar y matar en mí toda manera de curiosidad, estando asimismo advertido á mortificarla y matarla en las personas cristianas que platicarán y conversaran conmigo. Y curiosidad entiendo que es todo aquello en que no hay edificacion cristiana, como eran estas preguntas de los discípulos de Cristo.

La otra cosa es que, siendo todo este capítulo profecía de la ruina de Jerusalem, y del dia del juicio, no es maravilla que Cristo proceda en él mezclando lo uno con lo otro de la manera que algunos profetas, antes los más principales, proceden en sus profecías, mezclando unas cosas con otras, como se vé en Esaías y en Jeremías, los cuales, profetizando la liberacion del pueblo hebreo de la cautividad de Babilonia, su tornada en Jerusalem, la reedificacion de la ciudad y del templo, con los dos advenimientos, el humilde que habemos visto y vemos en los que son sus miembros, y el glorioso que veremos en él y en los que son sus miembros, y así la felicidad del reino de Cristo en la presente vida, cuanto á la comunicacion del espíritu santo que es comunicado á los que creen, con la gloria del reino de Dios en la vida eterna, cuanto al ver á Dios cara á cara, al conocerlo á él como él nos conoce á nosotros, de tal manera van mezclando lo uno con lo otro que no basta toda junta la prudencia humana á poder distinguir lo uno de lo otro.

Adonde entiendo que, así como es menester espíritu de profecía para hacer distincion en lo que dicen los profetas, así es tambien menester espíritu de profecía para hacer distincion en lo que aquí con espíritu de profecía dice Cristo.

Tambien entiendo que, así como la feliz tornada del pueblo hebreo en Jerusalem fué como sombra de la felicísima tornada del pueblo cristiano despues de la resurreccion en el reino de Dios y vida eterna que es celestial Jerusalem, así la particular ruina de Jerusalem, con las persecuciones, con los trabajos y con las miserias que fueron antes de ella, fué como sombra de la general ruina de todo el mundo con las persecuciones, con los trabajos y con las miserias que serán ántes de ella.

Para lo cual todo conviene que todos nosotros estemos armados, con estas amonestaciones que aquí da Cristo á sus discípulos y por ellos á todos nosotros, tomando por principal amonestacion el estar continuamente alerta, esperando esta felicísima venida de Jesu-Cristo nuestro Señor, ciertos que viene á darnos inmortalidad y vida eterna porque esta, como he dicho, entiendo que es la esperanza cristiana la que pone San Pablo entre la fé y la caridad, como he dicho en una consideracion188.




ArribaAbajoCapítulo XXV

Entónces será semejante el reino de los cielos á diez vírgenes, las cuales tomando sus lámparas salieron á recibir al esposo. Las cinco de ellas eran nécias y las cinco sabias. Las que eran necias, tomando sus lámparas, no tomaron consigo ólio, y las sabias tomaron ólio en sus vasos con las lámparas. Y tardando el esposo, se adormecieron, todas y durmieron; y á media noche fué dicho á voces: ¡Hé aquí, viene el esposo! Salid á recibirlo. Entónces se levantaron todas aquellas vírgenes y aderezaron sus lámparas. Y las nécias dijeron á las sabias: Dadnos de vuestro ólio porque nuestras lámparas se apagan; y respondieron las sabias, diciendo: No, porque por ventura no falte á nosotras y á vosotras; mejor será que vais á los que lo venden y que os compreis. Y como fueron idas á comprar, vino el esposo, y las aparejadas entraron con él á las bodas y fué cerrada la puerta. Y despues vinieron tambien las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Y él respondiendo, dijo: Dígoos de verdad: no os conozco. Así que velad, pues que no sabéis el dia ni la hora en que el hijo del hombre viene.



El intento de Cristo en esta parábola, como parece por las palabras con que la concluye, es el mismo que habemos visto en la parábola precedente, avisarnos que estemos alerta y á punto, esperando siempre su venida al juicio. Y no la esperan sino los que la desean, y no la desean sino los que por el evangelio tienen por cierto que será gloriosa para ellos.

Adonde se ha de notar la manera que usaba Cristo en sus comparaciones, porque dice: «entónces será semejante el reino de los cielos á diez vírgenes,» entendiendo que en su venida al juicio acontecerá á los cristianos, comprehendiendo buenos y malos, lo que en unas bodas aconteció á diez vírgenes, en cuanto, así como todas estas diez se aparejaron con sus lámparas para recibir al esposo, así todos los cristianos se aparejan con el bautismo y con los otros sacramentos y las otras ceremonias de la iglesia para recibir á Cristo cuando vendrá á tomar consigo á su esposa que es la iglesia; y en cuanto, así como las cinco vírgenes siendo nécias no llevaron consigo ólio con que encender sus lámparas, y las otras cinco vírgenes siendo sabias llevaron ólio consigo en sus vasos, así los malos cristianos siendo nécios no llevan consigo aquella fé, con que, aceptando el hombre la gracia del evangelio, hace suya la justicia de Cristo, y la cual tiene al hombre en continua esperanza de la venida de Cristo, cierto que será gloriosa para él, y la cual, mortificando y vivificando al hombre, hace en él aquellos efectos de caridad que pone San Pablo 1ª Cor. 13, la cual fé con sus efectos es la que hace que las lámparas ardan, que los cuerpos resuciten gloriosos, y los buenos cristianos siendo sabios con aquella divina sabiduría, llevan consigo aquella viva fé, demandando siempre á Dios que se la acreciente, la cual tiene vivas sus lámparas, teniendo siempre viva en sus memorias la sangre que Cristo derramó por ellos; y en cuanto, así como, tardando la venida del esposo, todas diez vírgenes, vencidas del sueño, se durmieron, así, tardando la venida de Cristo al juicio, todos los cristianos, malos y buenos, morimos; y en cuanto, así como, viniendo el esposo, las vírgenes á voces fueron despertadas y todas despertaron, así, viniendo Cristo al juicio, los cristianos al sonido de la trompeta seremos llamados para que lo salgamos á recibir y todos resucitaremos; y en cuanto, así como, queriendo las vírgenes nécias encender sus lámparas, echaron ménos el ólio, viendo que no ardian, así, queriendo los malos cristianos comparecer delante de Cristo, echarán ménos la fé con los efectos de la fé, viendo que no les basta el ánimo á comparecer con sus justificaciones exteriores salidas de amor propio; y en cuanto, así como no sirvió á las vírgenes necias el ólio que llevaban las vírgenes sabias, así no servirá á los malos cristianos la fé cristiana con los efectos de la fé que llevarán los buenos cristianos.

El resto de la parábola cuadra bien en las cosas humanas, pero no cuadra en las cosas divinas, quiero decir la respuesta de las vírgenes sabias con el ir las nécias á comprar el ólio y el tornar despues de haberlo comprado. Y sí dirá uno: si no cuadra ¿para que lo puso Cristo? le responderé que lo puso por venir á decir aquella terrible palabra que será dicha á los malos cristianos: «no os conozco.»

Y no conoce Cristo sino á los que, aceptando por divina inspiracion su santo evangelio, la aceptacion es en ellos eficaz, en cuanto los incorpora en él á hacerles vivir como vivió él, quiero decir, á aplicarlos á vivir en la presente vida una vida muy semejante á la que han de vivir en la vida eterna con puridad y limpieza, con humildad y mansedumbre y con caridad y obediencia á Dios en todas las cosas; á los que no son tales no los conoce Cristo, y por tanto no entrarán en las bodas de la vida eterna cuando Cristo ayuntará consigo á su iglesia, y, como dice San Pablo189, entregará el reino á su eterno padre.

Para la cual fiesta nos amonesta Cristo que estemos siempre apercibidos con el ólio de la fé que abraza la remision de pecados y reconciliacion con Dios por Cristo y en Cristo, y que es eficaz en nosotros para hacernos vivir cristianamente, mortificados cuanto á Adam y vivificados cuanto á Cristo, esperando con mucho deseo la venida de Cristo, ciertos que nuestras lámparas, que son nuestros cuerpos, teniendo en sí el ólio de la fé cristiana, serán gloriosos, claros y resplandecientes, y no como los de los malos cristianos que serán como las lámparas de las vírgenes nécias, obscuras y tenebregosas.

Y aquí es bien decir que la diferencia que hay entre la fé humana de los falsos cristianos y la fé cristiana de los verdaderos cristianos, es esta: que la fé humana hace que los falsos cristianos, creyendo por opinion, por relacion y por informacion, creen la historia de Cristo, pero no creen el prometimiento en Cristo, no creen que en Cristo han sido castigados y que son reconciliados; con Dios por Cristo, ni se aplican á la imitacion de Cristo porque no aman á Dios ni á Cristo, y por tanto no esperan el dia del juicio, ántes lo temen y nunca querrian que viniese; y la fé cristiana hace que los verdaderos cristianos, creyendo por inspiracion y revelacion, no solamente creen la historia, de Cristo, pero creen el prometimiento de Dios en Cristo y por Cristo, aceptando la gracia que les ofrece el evangelio, teniéndose por justos y por reconciliados con Dios en Cristo y por Cristo, y se aplican á la imitacion de Cristo, deseosos de comprehender la perfeccion en que son comprehendidos por la incorporacion en Cristo, y de aquí es que con grandísimo deseo esperan el dia del juicio como dia de su entera glorificacion. Adonde dice: «fué dicho á voces,» en el Griego á la letra dice: fué gritado ó fué voceado.

Así como un cierto hombre, queriendo ir un largo camino, llamó á sus criados y dióles su hacienda; y á este dió cinco talentos, á este dos y á este uno, á cada uno segun su propia fuerza, y partióse luego. Fué pues el que habia recibido los cinco talentos y negoció con ellos é hizo otros cinco talentos. Semejantemente y el que habia recibido los dos, tambien él ganó otros dos. Y el que habia recibido el uno, ido cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor. Y despues de mucho tiempo vino el señor de aquellos criados y púsose á cuenta con ellos. Y venido el que habia recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me diste, hé aquí, otros cinco talentos he ganado con ellos. Y díjole su señor: Oh, buen criado y fiel, en poco has sido fiel, en mucho te constituiré, entra en el gozo de tu señor. Y viniendo tambien el que habia recibido los dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me diste, hé aquí, otros dos talentos he ganado sobre ellos. Díjole su señor: Oh, buen criado y fiel, en poco has sido fiel, en mucho te constituiré, entra en el gozo de tu señor. Y viniendo tambien el que habia recibido el un talento, dijo: Señor, conociéndote que eres hombre terrible, que siegas adonde no has sembrado y que allegas adonde no has derramado, tuve miedo y fuí y escondí tu talento en la tierra; hé aquí, tienes lo tuyo. Y respondiendo su señor le dijo: Mal criado y perezoso, sabias que siego adonde no he sembrado y allego adonde no he derramado, convenia pues que tú dieses mi dinero á los cambiadores, y viniendo yo habria recibido lo mio con logro. Quitadle, pues, el talento y dadlo al que tiene diez talentos. Porque á todo aquel que tiene será dado y abundará, y del que no tiene áun lo que tiene le será quitado. Y al criado inútil echadlo á la obscuridad postrera, allí habrá llanto y batimiento de dientes.



El intento de Cristo en esta parábola es exhortar y amonestar á los que por beneficio suyo de él tienen dones espirituales á que aprovechen con ellos á sus prójimos, predicando á todos los hombres el evangelio y enseñando á sus hermanos el vivir cristiano, y aprovechando y sirviendo á los unos y á los otros conforme á los dones que tienen de Dios, y mostrar que los que lo harán así, serán admitidos á la gloria de la vida eterna, y que los que harán de otra manera, miserablemente serán echados de ella.

El hombre, que, queriéndose partir un largo camino, reparte su hacienda entre sus criados ó siervos, es Cristo, el cual continuamente desde el cielo, adonde está sentado á la diestra de su eterno Padre, reparte su espíritu, con los otros tesoros divinos que Dios ha puesto en él, con los que Dios trae á él, porque estos son sus criados, sus siervos. Y el repartimiento es, como dice San Pablo, «secundum mensuram donationis Christi,» Efes. 4190, y como dice en otra parte: «sicut Deus divisit mensuram fidei,» Rom. 12191, y esta es la propia fuerza, habilidad ó capacidad de cada uno de los que somos criados, y siervos de Cristo.

Por el que recibió los cinco talentos y por el que recibió los dos son entendidos todos aquellos que, habiendo recibido dones de Dios, los emplean bien, granjeando con ellos, quién más y quién ménos, segun son mayores ó menores los dones. Estos en el dia del juicio serán alabados de Cristo y admitidos á la vida eterna que es «el gozo de su señor,» adonde Cristo esta glorioso y triunfante.

Por el que recibió un talento son entendidos todos los que, teniendo mala opinion de Cristo, lo temen como siervos, lo temen como á tirano cruel y vindicativo, y por tanto, teniendo miedo que, si se ponen á granjear con los dones que les da, más presto los hombres los gastarán y estragarán á ellos de manera que vendrán á perder sus dones, que no ellos aprovecharán á otros con ellos, ó se callan con ellos no queriéndolos comunicar, ó se van á esconder en desiertos ó lugares solitarios. Estos en el dia del juicio serán injuriados de Cristo y privados de lo que recibieron y echados en el fuego del infierno.

Y aquí principalmente aprendemos dos cosas importantísimas. La una, que, porque siempre los hombres nos gobernamos con Dios y con Cristo segun la buena ó mala opinion que tenemos de Dios y de Cristo, á cada uno de nosotros pertenece atender á formar dentro de nuestros ánimos buena opinion de Dios y de Cristo, para lo cual debemos huir toda leccion de escrituras escritas con espíritu humano y aplicarnos á la leccion de las escrituras escritas con espíritu santo é interpretadas con aquel mismo espíritu con que fueron escritas, conforme á lo que dice San Pedro en su epístola segunda, cap. I. Lo que digo de las escrituras, entiendo tambien de las conversaciones; los hombres como hombres no pueden hablar bien de Dios ni de Cristo, aunque ellos trabajen por hablar bien, porque de la abundancia del corazon habla la boca, y el espíritu santo en los hombres por la misma causa no puede sino hablar bien de Dios y de Cristo. Y casi siempre es así que tales somos nosotros cuales son las escrituras en quienes leemos y son los hombres con quienes platicamos y conversamos.

La otra cosa, que aprendemos aquí, es: cuánto es peligroso el temor, pues á los temerosos acontecerá lo que aconteció al mal siervo. Los hombres que sin espíritu cristiano leen las santas escrituras, viendo que casi toda la piedad de los santos de la ley estaba fundada en temor, van canonizando el temor, y no consideran que á aquellos santos que estaban debajo de ley, era tan propio y tan anexo el temor como es propio y anexo el amor á los santos del evangelio que como dice San Pablo192, no están debajo de ley sino debajo de gracia, antes no consideran que el temor de los santos hebreos no era por tener mala opinion de Dios, porque lo tuviesen por tirano, por cruel ni por vindicativo, sino por tener mala opinion de sí mismos, hallándose vivísimos en sus afectos y en sus apetitos, porque aún no habia Cristo mortificado la carne de sus miembros, matando la suya en la cruz, de la cual mortificacion sienten los efectos los que por la fé cristiana están incorporados en Cristo193.

Adonde yo, teniendo por certísimo que todos cuantos irán por la vía del temor, el cual no puede ya ser divino sino humano, por mucho que lo quieran colorar, intitulándolo temor filial, tendrán de Dios y de Cristo la misma opinion que el mal siervo tenia de su señor, aconsejaré siempre á las personas que se hallarán con dones espirituales y cristianos, que se aparten del camino del temor y se alleguen al camino del amor, y será así certísimo que será en ellos más eficaz para hacerlos vivir vida espiritual y divina un quilate de amor que ciento de temor. Los que no aman, porque no saben qué cosa es amar, no creen que pueda ser esto, así como el que no es magnánimo, porque no sabe qué cosa es magnanimidad, no cree lo que le es dicho de la magnanimidad.

Haciendo Cristo que el Señor repita las palabras del mal criado para justificar su sentencia, muestra que el espíritu santo convence á los hombres del mundo con sus propias palabras, conforme á aquello: «qui comprehendit sapientes in sapientia sua.»194 Aquello: «porque á todo aquel que tiene» etc., entiende que es proverbio vulgar del cual se sirvió Cristo como si dijera: y cúmplese el proverbio que dice que al que tiene dan y al que no tiene quitan lo que tiene; y aunque parece extraño decir que al que no tiene quitan lo que tiene, no es extraño, porque entiende Cristo que al que no tiene más de lo que ha recibido, como el mal siervo, le es quitado lo que tiene, lo que ha recibido.

Y aquí se ha de advertir que no es necesario que la parábola cuadre en que el talento del mal criado será dado al buen criado, porque cuadra bien esto en el hombre que repartió su hacienda, pero no cuadra en Cristo, el cual no tiene necesidad de quitar á unos para dar á otros, siendo él riquísimo y abundantísimo de dones espirituales y divinos, así como el sol no tiene necesidad de privar á uno de su luz para hacer que otro vea más luz.

Pues cuando vendrá el hijo del hombre en su gloria y todos los santos ángeles con él, entónces se asentará en el trono de su gloria y serán ayuntadas delante de él todas las gentes, y apartará á los unos de los otros así como el pastor aparta las ovejas de los cabritos y pondrá á las ovejas á su diestra y á los cabritos á la siniestra. Entónces dirá el rey á los que estarán á su diestra: Venid, benditos de mi padre, heredad el reino aparejado para vosotros desde el principio del mundo, porque hube hambre y dístesme de comer, hube sed y dístesme de beber, fuí peregrino y acogístesme, desnudo y vestístesme, enfermo y visitástesme, estuve en cárcel y venístes á mí. Entónces le responderán los justos diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, ó sediento y te dimos de beber, y cuándo te vimos peregrino y te acogimos, ó desnudo y te vestimos, y cuándo te vimos enfermo ó en carcel y venimos á tí? Y respondiendo el rey les dirá: Dígoos de verdad: en cuanto habeis hecho esto con uno de estos mis hermanos los pequeños, conmigo lo habeis hecho. Entónces dirá tambien á los de la siniestra: Partíos de mí, malditos, al fuego eterno el aparejado al diablo y á sus ángeles, porque hube hambre y no me dístes de comer, hube sed y no me dístes de beber, fuí peregrino y no me acogístes, desnudo y no me vestístes, enfermo y en cárcel y no me visitástes. Entónces le responderán tambien estos diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, ó sediento, ó peregrino, ó desnudo, ó enfermo, ó en carcel y no te servimos? Entónces le responderá diciendo: Dígoos de verdad: en cuanto no habeis hecho esto con uno de estos pequeños, ni conmigo lo195 habeis hecho. E irán estos á castigo eterno, y los justos á vida eterna.



Así como en la parábola precedente entiendo que tuvo Cristo intento á amonestar á los que tienen dones espirituales, que sirvan y que aprovechen con ellos á sus prójimos para hacerlos hermanos y á sus hermanos para perfeccionarlos más, así entiendo que en estas palabras tiene Cristo intento á persuadir á los que tienen de las riquezas de este mundo, que sirvan y que provean las necesidades de los que son sus miembros, persuadiéndose, como es así verdad, que no sirven á ellos sino á él en ellos.

Esto hace mostrándoles que en el dia del juicio no conocerá por suyos á los que en la presente vida no lo habrán conocido á él en sus miembros, en los que, aceptando su evangelio, están incorporados en él, y así no habrán hecho con ellos el deber de personas cristianas, mostrando en ellos el amor que se persuaden tenerle á él, y que en el mismo dia conocerá por suyos á los que lo habrán conocido y servido á él en sus miembros; y así á estos dará vida eterna, y á los otros enviará al fuego eterno. Este es el intento de Cristo en todas estas palabras, en las cuales hay muchas cosas dignas de mucha consideracion.

La primera, la forma del juicio universal, quiero decir la gloria y la majestad con que Cristo vendrá á él. La segunda, que resucitarán buenos y malos, justos é injustos. La tercera, que holgaba siempre Cristo de compararse al pastor, adonde nos podemos consolar los que somos de Cristo, ciertos que tiene de nosotros el cuidado que tiene el buen pastor de sus ovejas. La cuarta, que en los que son justos, concurren estas dos calidades: la una, que son benditos de Dios, la cual bendicion los hace justos; y la otra, que son predestinados para la vida eterna, cosa que da grande ánimo á los que sienten en sí la bendicion de Dios, con que son certificados que serán herederos del reino de Dios.

La quinta, que mostrará Cristo la justicia de los verdaderos cristianos por la misericordia que ellos habrán mostrado con él, proveyendo las necesidades de sus miembros, quiero decir que, alegando Cristo las obras de misericordia que sus miembros habrán hecho con sus miembros, mostrará que han sido justos, porque, si no lo fueran, no las hicieran, en cuanto, si no fueran ellos miembros de Cristo, no conocieran á los miembros de Cristo, y no conociéndolos no pudieran haber hecho con ellos lo que aquí dice Cristo.

La sexta, que, porque los que son justos, obrando obras de caridad, no pretenden justificarse por ellas ni aun hacen cuenta que las obran ellos sino el espíritu de Dios en ellos, como no las tienen por suyas, no tienen cuenta con ellas, y así, siéndoles hablado en ellas, se maravillan. Tal es la condicion de los que obran porque son justos, no obrando por interes sino por aficion; los que obran por ser justos, obrando por interes, tienen gran cuenta con sus buenas obras, y no son buenas, porque nacen de amor propio, pues es así que obran por interes, obran por ser justos, no siendo justos, y el mal árbol no puede dar buen fruto.

La séptima, que condenará Cristo la injusticia, la impiedad y la infidelidad de los falsos cristianos que son los cabritos; porque este juicio es entre verdaderos y falsos cristianos, alegándoles el no haber usado de caridad con sus miembros, porque, si la hubiesen usado, habrian dejado la injusticia, la impiedad y la infidelidad, en cuanto no la puede usar el que no se aparta de todo esto, y apartándose habrian sido verdaderos cristianos. Adonde se ha de considerar que, si tratará Cristo con todo este rigor á los falsos cristianos que no habrán usado misericordia con sus miembros ¿qué pueden esperar que les entrevendrá los que habrán perseguido á los miembros de Cristo?

La octava, que, así como la heredad de Dios, que es la vida eterna, está aparejada desde el principio del mundo para Cristo y para los miembros de Cristo, así el fuego eterno está aparejado para el diablo y para sus ángeles; y aquí parece que llama Cristo ángeles del diablo á los hombres del mundo y santos del mundo, y estáles bien este nombre o esta semejanza, porque el diablo se sirve de ellos para impedir las obras de Dios, tentando, molestando, persiguiendo y matando á los que son escogidos de Dios por apartarlos de Cristo y de Dios.

La nona, que si bien los falsos cristianos hacen alguna vez algun bien á Cristo, á los que son miembros de Cristo, porque no tienen intento á servir á Cristo, no moviéndose por amor de Cristo sino por amor propio, por interes propio de la vida presente ó de la futura, no les es tomado en cuenta aquel bien que hacen; es bien, en cuanto sirve á los escogidos de Dios, y no es bien, en cuanto no sale de ánimo bueno, y por tanto no agrada á Dios.

La décima, que los falsos cristianos que, no conociendo á Cristo en sus miembros, no lo habrán servido en ellos, serán castigados con pena eterna, y que los verdaderos cristianos que, conociendo á Cristo en sus miembros, lo habrán servido en ellos, serán remunerados con gloria eterna. Adonde no se ha de entender que los falsos cristianos serán condenados porque no habrán servido á Cristo en sus miembros sino que serán condenados porque, habiendo aceptado á Cristo con las bocas y no habiéndolo aceptado en sus corazones, se habrán estado en sus pecados, en su impiedad é infidelidad, mostrando ser tales en no haber servido á Cristo en sus miembros, porque, si no fueran tales, le hubieran servido; ni tampoco se ha de entender que los verdaderos cristianos serán remunerados porque habrán servido á Cristo en sus miembros sino que serán salvos porque, habiendo aceptado á Cristo en sus corazones, habrán alcanzado remision de sus pecados y sido píos, santos y justos, mostrando ser tales en haber servido á Cristo en sus miembros, porque, si no fueran tales, no le hubieran servido.

De manera que el servir ó no servir á Cristo en sus miembros no nos hace justos ni injustos, sino da testimonio de nuestra justicia ó injusticia. Los que pretenderán ser justos, sirviendo á los que conocerán ó pensarán que son miembros de Cristo, darán testimonio de sí que no conocen á Cristo, que no saben qué cosa es la justicia de Cristo, porque en aquella pretension está el error; y los que dudarán si son ó no son justos, pareciéndoles que no sirven á los que son miembros de Cristo, ó porque no conocen ningunos ó porque no se ofrece en qué servirlos, darán tambien testimonio de sí que no conocen bien á Cristo, que no han aún aceptado en sus corazones la justicia de Cristo; porque es así que los que conocen bien á Cristo y han aceptado bien en sus corazones la justicia de Cristo, conociéndose justos en Cristo, no pretenden justificacion ninguna por sus obras, y obrando obran por aficion y obran descuidadamente, porque no obran ellos sino el espíritu de Cristo en ellos, el cual les ofrece y pone delante, sin que ellos las busquen ni las procuren, grandes ocasiones en que, sirviendo por aficion á Cristo en sus miembros, muestran que conocen á Cristo, que aman á Cristo, que tienen por suya la justicia y la inocencia de Cristo y que por tanto son píos, justos y santos, no por sí ni por sus servicios sino porque creyendo están incorporados en Cristo y atienden á comprehender la perfeccion en que son comprehendidos por la incorporacion en Cristo.

Cuanto á lo que demás de esto se podria decir sobre estas palabras, me remito á lo que he escrito en una consideracion196. Aquello: «entónces dirá el rey,» se ha de considerar, porque, hablando Cristo de sí, se llama rey. Tambien se ha de considerar que debajo de estas obras de misericordia, que aquí nombra Cristo, habemos de entender todas las que son en utilidad corporal de nuestros hermanos, porque en estos servimos á Cristo. Diciendo: «pequeños,» entiendo humildes y despreciados en el mundo.

Y porque aquí no hace Cristo mencion sino del bien que se hace á los que, siendo sus miembros, son sus hermanos y padecen como él, es bien añadir aquí esto que al cristiano pertenece hacer bien á todos, á unos, como á prójimos, y á otros como á hermanos, á los prójimos con intento de traerlos y reducirlos á que sean hermanos, y á los hermanos con intento de servir á Cristo en ellos, pretendiendo que ellos conozcan y vean que Cristo cumple con ellos lo que les tiene prometido en la vida presente, á fin que así se certifiquen más que les cumplirá tambien lo que les tiene prometido en la vida eterna, y, certificados más, sean más verdaderos cristianos; de manera que siempre el hermano sea prepuesto al prójimo. Esto es conforme á lo que dice San Pablo: «operemur bonum ad omnes, maxime autem ad domesticos fidei.» Gal. 6197.

Esta forma del juicio final, cuanto al condenar y salvar, entiendo que está declarada por Cristo, Lucas 7, en el caso de la mujer y del Fariseo, como lo mostraré allí.