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11

Declara en un primer momento: «Y si del caso queda convencido / Arcelo, a ti ¡o Liboso! te prometo / Mi hija por muger qual as pedido. Y, por mi yerno y mi señor te acepto» (II, p. 281). Finalmente, sin creer la opinión de su futuro yerno, dice: «FES. Yo soy muy contento desso / Y me siento dello vfano, / Y assi buelvo á dar la mano. LIB. La mia do y las tuyas beso. / FES. Con esto me quiero entrar / A tratarlo con mi hija» (II, pp. 288-289).

 

12

«OLIM. Cobrando esfuerço quedo en ti traspuesta, / Viendo que me costriñes que conceda / Lo quel paterno amor y razón veda; / Y assi no quiero agora detenerme / Ni con largos preambulos cansarte, / Sino con brevedad satisfazerte / Ya solucion de todo el caso darte. / Y digo: que primero vea la muerte / Quel alma del terreno cuerpo aparte, / Y al hondo infierno sea precipitada / Que yo a Liboso por muger sea dada. / FES. La palabra le di a Liboso en esto. / OLIM. Pues yo se la di Arcelo, qu' es mi cielo, / Y morire sin apartarme desto, / Aunque no quiera Arcelo y huya Arcelo. / FES. No sigas tan dañado presupuesto. / OLIM. Mientras viviere en este mortal velo / Seré de Arcelo como siempre é sido, / Muriendo en esta fe como é vivido. / FES. Esto á de ser, que cumple ser por fuerça / Y assi quiero que vengas en hazello. / OLIM. Bien podrás como padre hazerme fuerça, / Mas el alma no puede obedecello, / Qu' en el amor de Arcelo assi se esfuerça / Quanto a Liboso es justo aborrecello. / FES. Mi voluntad es esta, sea la tuya, / Y assi voy a quel caso se concluya. / OLIM. La vida podra ser que sea primero / Que llegar a esse estremo concluyda, / Que no sufre la fe y amor sinzero / Que tengo Arcelo ser jamas movida; / Y si mi padre con diseño fiero / Me oprimiere, será mi triste vida / La que daré al azero riguroso / Antes que olvide Arcelo y vea a Liboso» (II, pp. 296-297).

 

13

El dios Immeneo proclama a la libertadora de Arcelo y a la protagonista, en realidad, de toda la pieza teatral: «El favor solo os lo dió / El cielo y vuestra querida, / A la qual deveys la vida / Pues ella os la restauró; / Y assi, como a esposa vuestra / Presidiendo yo, Immeneo, / Cumpliendo el justo desseo, / Junto a la vuestra su diestra» (II, pp. 355-356). De esta forma, concluye ensalzando la figura de la mujer -deleitando quizás a la cazuela- y el dramaturgo rompe una lanza a favor de la libertad de la hija a contraer matrimonio según su deseo.

 

14

Virginia subraya que la honestidad está no sólo en serlo: «Que bien sabes el cuy dado / Con que guardo mi pureza» (II, p. 85); «Que no solo le aprovecha / Para conseguir corona / Ser onesta vna matrona, / Mas ser libre de sospecha» (II, p. 86).

 

15

«¡Yo dare exemplo a las futuras gentes / De mi, vengando el caso mio inhumano / En hombres, dioses, si ay alguno entre' ellos / Que sea culpado, y aun en todos ellos!» (p. 112); y, tras la injusta sentencia de Appio Claudio, Virginio actúa: «Y porque de Virginio no se ofenda / La gloria, dara vida a mi hazaña / Con quitarte la tuya ¡o hija amada! / Pues no seras muriendo deshonrada. / ¡Esta inocente sangre pida al cielo / Justicia, y la consagro con tu vida, / Pida vengança alla, pues en el suelo / Faltó justicia de quien fuesse oyda!» (p. 119).

 

16

Véase Leopoldo Augusto de Cueto, «La leyenda romana de Virginia en la literatura dramática moderna», Revista de Ambos Mundos, I, Madrid, 1853, pp. 365-379; Helmut Petriconi, «El tema de Virginia y Lucrecia», Clavileño, II, Madrid, 1951, pp. 1-5; y también E. S. Morby, «The influence of Senecan tragedy in the plays of Juan de la Cueva», Studies in Philology, XXXIV, 3,1937, pp. 383-391. La aparición de esta temprana Virginia en la escena española tendrá un claro eco en el extremado concepto del honor que veremos, por ejemplo, en el teatro de Calderón.

 

17

«¡Ay como se fue mi gloria! / Tu Crisea lo causaste, / Y el alma al cuerpo apartaste / Y dexaste la memoria. / CRISEA. Arcelina, tu me sigues, / Dexáme gozar mi amor, / No me turbes con rigor. / [...] / ARCEL. ¡Enemiga mia, no hermana, / Ya te hare que con muerte / Me dexes gozar la suerte / De que te hazes tirana! / Y muere aqui por mi mano, / Qu' esto me satisfará» (II, pp. 19-20).

 

18

«¿Consiente mi firme amor / Que Menalcio muera assi / Por lo que yo cometi? / No, ni es justo a su valor. / ¿Qu' es lo que puedo hazer, / Desventurada, afligida, / Que quien le á de dar la vida / No á de ser sola muger? / Pues muger fue la ocasion / De su daño, muger sea / Quien remedio le provea / En tanta tribulacion. / Yo soy la que di la muerte / A mi hermana, yo seré / La que muera, pues maté, / Que me será dulce suerte. / Viva Menalcio, yo quiero / Morir por darle la vida, / Que siendo en esto perdida, / Gloria y alabança espero. / Veran que no ay inconstancia / En las mugeres qual dizen, / Y porque en esto se avisen / Dare exemplo de constancia» (II, pp. 59-60).

 

19

Véase R. F. Glenn, Juan de la Cueva, New York, Twayne Publishers, 1973, p. 96. El protagonismo que asumen las mujeres del teatro de Cueva las lleva a ser frecuentemente las principales defensoras de su honra y, por lo tanto, a conducir los hilos de sus actuaciones, recurriendo como Arcelina (disfrazada de diosa Pales) y Celia (disfrazada de paje) al uso del disfraz, convertido en un elemento importante en la técnica teatral de Cueva. (Sobre el empleo del disfraz en el teatro de Cueva estamos terminando un trabajo en la actualidad).

 

20

Así dijo a Chichivalí: «Esso no pone temor / A mi firme y casto intento; / Que el morir por gloria. siento, / Por dexar vivo mi onor» (p. 255). Y el Príncipe moro alababa su actitud: «¡O constancia varonil, / Animo jamas movido, / Valor de muger no oydo, / Esfuerço no feminil» (p. 266).