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21

«Los tropheos de amor quiero acordarte, / Pues sabes que no ay dama que rendida / No trayga a mi querer por mi dinero, / Y no por ser ilustre cavallero» (II, p. 420). Tercilo reprocha a Leucino su actitud y, además, le dice que no es verdad, pues muchas se le han resistido, como Eliodora: «¿Que razon ay, que assi generalmente / Ofendas por las malas a las buenas?» (II, p. 421).

 

22

«Estoy de tu pretensión, / Cavallero, tan corrida, / Que quisiera dar la vida / Por respuesta a tu razon; / Mas por no hazer notoria / Tu demanda y que se entienda / Cosa que mi honor ofenda, / Dexo de gozar tal gloria; / Porque quiero assegurarte / Que si amor te trae encendido, / Que es tiempo ocioso y perdido / Si piensas en mi emplearte; / Y assi, te ruego, si sientes / Que es honor o que es deshonra, / Que mires lo que es mi honra» (II, pp. 430-431).

 

23

«ELI. ¿Qve me dizes Felicina / De los libros que leymos / Anoche, pues ambas fuymos / Mohinas de su dotrina? / [...] /. ¿Notaste qual nos ponian / A las miseras mugeres? / VENUS. Con bien necios pareceres / Los Momos nos ofendían. ELI. Quise, assi tengas sosiego, / Hacellos ambos pedaços, / Y hechos muchos retaços, / Arrojallos en el fuego. / [...] / POR. ¿En que te ás entretenido / En su ausencia estos tres dias? / ELI. En cien mil melancolias / Con dos libros que é leído. / POR. ¿Tan grande letora eres? / ELI. Si, mas estos me an cansado / Porque todo su cuydado / Fue dezir mal de mugeres. / POR. Suplicote que me nombres / Los nombres de essos autores / Que ofenden vuestros loores. / ELI. Son dos celebrados hombres. / POR. ¿Que ay que celebrar en ellos / Si ofenden vuestra bondad? / Mas dime con brevedad / Quien son, para conocellos. / ELI. El uno es el arcipreste / Que dizen de Talavera, / POR. Nunca tal preste naciera / Si no dio mas fruto queste. / ELI. El otro es el secretario / Christoval de Castillejo, / Hombre de sano consejo, / Aunque a mugeres contrario. / POR. ¡Quanto mejor le estuviera / Al reverendo arcipreste, / Que componer esta peste / Dotrinar a Talavera; / Y al secretario hazer/ Su officio, pues del se precia, / Que con libertad tan necia / Las mugeres ofender! / ELI. Cierto que tienes razon, / Y en esso muestras quien eres, / Que dezir mal de mugeres, / Ni es saber ni es discrecion. / A la puerta oygo llamar; / Ve a responder, Felicina» (II, pp. 454-456).

 

24

«Ella es digna de muerte y no Leucino, / Y assi mi hija sea castigada / Como rea, pues abrio el camino / Para este mal, y assi sea executada»; Ircano vuelve a teorizar y justificar la culpa de su hija con un argumento que hoy calificaríamos de «machista»: «Si ella a el la entrada no le diera / No la infamara el ni la gozara, / Y pues ella la puerta le dio ¡muera! / Y el quede libre, ques justicia clara / [...] / Essa ley mesma lo ampara, / Qu' el hombre puede entrar donde quisiere / O do le dan la entrada si pudiere» (II, p. 469).

 

25

«Iusto es que muera el hombre que á infamado / Muger o sea casada o sea donzella, / Biuda, onesta o de qualquier estado / Que sea, ora la sirva o huya della» (II, p. 481). «Anda, que bien merece essa excelencia / Y que la fama esparza por el mundo / El casto y claro nombre de Eliodora, / Cantandolo del Betis al Aurora» (II, p. 484).

 

26

Véase mi trabajo «El personaje en el teatro de tema histórico de Juan de la Cueva», Estudios Humanísticos. Filología, 17 (1995), pp. 267-282.

 

27

Juan de la Cueva es un claro antecedente en el planteamiento de la disputa que mantienen hija y padre acerca de la libertad matrimonial, que tanto dará que hablar en la comedia del Siglo de Oro; sobre esto, véase J. M.ª Díez Borque, Sociología de la comedia española..., ob. cit., pp. 86-96.

 

28

Sobre la valoración de la actividad intelectual de la mujer en algunos escritores áureos, véase J. M.ª Díez Borque, «El feminismo de doña María de Zayas», en La mujer en el teatro y la novela del siglo XVII, Actas del II.º Coloquio del Grupo de Estudios sobre Teatro Español (GESTE), Toulouse, 16-17 de Noviembre de 1978, Toulouse, Université de Toulouse-Le Mirail, 1978, pp. 66-69.

 

29

Véase J. M.ª Díez Borque, «El feminismo de doña María de Zayas», art. cit., pp. 61-83. (Cuando redactaba esta comunicación tuve noticia de la edición, que lamentablemente no he podido consultar, de R. Walthaus, La mujer en la literatura hispánica de la edad media y el Siglo de Oro, 1993).

 

30

Quizás no resulte muy descabellado la extrapolación de las palabras de J. A. Maravall a propósito de Juan de la Cueva, a quien el célebre profesor sitúa más cerca de la sociedad renacentista del XVI que de la cerrada reacción señorial del XVII, y da por supuesta la igualdad en derecho referida al ser total de la persona, que tal vez podría aplicarse a la igualdad teórica entre hombre y mujer. Véase J. A. Maravall, Teatro y literatura en la sociedad barroca, Barcelona, Crítica, 19902, pp. 79-80.