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El premio centroamericano de novela

Sergio Ramírez





Manlio Argueta, un joven salvadoreño de 32 años de edad, es el ganador del premio centroamericano de novela «Miguel Ángel Asturias» que fue promovido este año por el CSUCA. Cuando se recibió el último de los votos de los tres jurados -que tardaron un poco en llegar, quizá debido a la gran ocupación de las personas seleccionadas como tales-, tuve la impresión de que se había cumplido en Centroamérica, por primera vez, una gran tarea: la organización de un concurso serio, sin presiones de campanarios, con un jurado de prestigio internacional, todo lo cual estoy seguro contribuirá a hacerlo duradero. He aquí pues una especie de crónica del mismo.

Se recibieron un total de 28 trabajos para concursar y por los sellos de correo, una división geográfica de procedencia sería la siguiente: Guatemala 1; El Salvador 3; Honduras 5; Nicaragua 7; Costa Rica 8; Panamá 4. Como se ve, Guatemala que ha sido considerada tradicionalmente un fuerte de la novela de la región, estuvo casi ausente, y el número de Nicaragua es de los más altos, lo que no deja de ser alentador.

El jurado estuvo compuesto creo sinceramente que por lo mejor de la crítica literaria del continente: Emmanuel Carballo a pesar de (o gracias a) su juventud, el más sólido y profundo de los críticos mexicanos, lector de las editoriales más importantes y autor de varios libros; Ángel Rama, director del Semanario En Marcha de Montevideo y de la Editorial Arca, también escritor de primera línea; y Guillermo Sucre, venezolano, director de la revista Imagen, actualmente enseñando literatura en los Estados Unidos.

Desgraciadamente las regulaciones del concurso no me permiten revelar los nombres de quienes podrían considerarse finalistas, pero sí hubo una media docena de novelas que merecen ya los honores de la publicación a nivel latinoamericano; Manlio Argueta obtuvo dos votos para El Valle de las Hamacas, un original de 167 páginas, y esos dos votos le dieron el premio que consiste en dos mil dólares en efectivo, una medalla de oro y la publicación del libro, que aparecerá el año próximo editado por Sudamérica de Buenos Aires, en la colección El Espejo, la misma en que se publicará Familia de cuentos de Mario Cajina Vega.

El Valle de las Hamacas es fundamentalmente una novela de nuestro tiempo centroamericano, construida en diferentes planos que representan diferentes tiempos. El libro tiene un ritmo vertiginoso y la aventura de los personajes andan a saltos entre los collages que nos dan la visión de El Salvador de hoy, de Honduras, de Nicaragua, pues en estos tres países transcurre la acción. Así la vida de unos jóvenes estudiantes está mezclada con la violencia puesta en la novela en términos de declaraciones judiciales, crónicas de periódicos e incluso relaciones de la conquista española. Estos jóvenes viven un tiempo muy mínimo pero muy intenso frente a una gran perspectiva ensombrecida, como en la búsqueda perpetua de ese romper con lo que han hecho de nosotros, para llegar a ser realmente, en un verdadero sentido existencial. Por eso me parece un libro de verdadera intensidad, de ardor, de dinámica, y si esto nos lleva a un apresuramiento, es porque el tiempo en que viven los personajes no deja lugar para menos: quizá el agarre histórico general de la narración pueda darse en un hecho reciente: el asalto en 1961, por parte de la policía a la Universidad de El Salvador, en tiempos del coronel Lemus.

La prosa es pura, casi transparente. Y en ella no puede faltar el poeta, ya que Manlio es también un buen poeta y sus dos libros por publicarse, que también he leído, así lo atestiguan: En el costado de la luz y El animal entre las patas.

Al votar por El Valle de las Hamacas, Emmanuel Carballo ha dicho «Es una novela que me interesa desde distintos puntos de vista: como obra de arte; como precipitación de hechos e ideas que reunidos me permitan conocer lo que determinados autores piensan que es y qué significa la realidad en Centroamérica; y por último y quizá para mí lo más importante, la adecuación entre fondo y forma, entre vida y literatura, entre lo que el novelista juzga probable, y lo que los personajes oligárquicos mediante su acción consideran como victoria a largo plazo de las clases mayoritarias y oprimidas».

Manlio Argueta recibirá el premio el 29 de enero en San José de Costa Rica; va a ser el primer premiado de lo que espero sea un concurso perdurable, aunque hay ya quienes andan queriendo acabar con él.

En una carta reciente a Emmanuel Carballo, le decía que al preocuparme porque este certamen fuera una realidad -y me responsabilizo como su gestor directo- pensaba en una forma de ver qué estaba pasando en Centroamérica culturalmente, una especie de reencuentro de valores en el campo de la narración a través de una prueba, para que se dejara de pensar en otras partes que aquí morimos culturalmente con Darío. Creo que el intento ha sido meritorio. Hay, como decía, una media docena de novelas valiosas y puede esperarse mucho más, para que además de los poetas nicaragüenses, se hable de los novelistas centroamericanos.

Y noticia para los dramaturgos: el certamen se abre para 1969, en teatro.

Masatepe, 9 de diciembre de 1968.





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