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1141

Es principio de flaquezas mostrar en público desnudeces. CICERÓN, Tusc. Quaest., IV, 33. (N. del T.)

 

1142

En la tierra, la raza humana, las alimañas feroces y los ganados; en el agua, los peces; en el aire, las aves de mil colores: todo se enciende, todo experimenta los furores del amor, VIRGILIO, Geórg., III, 242. (N. del T.)

 

1143

¿Cambiarás tú un solo cabello de Licimonia por todos los tesoros del rey Aquemeno, o por la riquezas de Mygdon, rey de Frigia, en el instante en el que volviendo la cabeza nuestra su boca para recibir tus besos, o cuando rechaza el que quiere dejarse hurtar dispuesta a prevenirte pronto ella misma? HORACIO, Od., II, 12, 21. (N. del T.)

 

1144

La virtud del diablo yace en los riñones. SAN JERÓNIMO. (N. del T.)

 

1145

¿Quién impide tomar luz de la luz misma? ¿Disminuye por ello la primera? OVIDIO, de Arte amandi, III, 93. (N. del T.)

 

1146

Nunca un adúltero atravesado por la espada del marido tiñó con su sangre las aguas del Estigio. (N. del T.)

 

1147

¡Infeliz! si tu desdicha quiere que seas atrapado, incontinente te arrastrarán a la puerta cogido de los pies y servirás de alimento a los mújoles o harás crecer los nabos. CATULO, Carm., XV, 17. (N. del T.)

 

1148

Entonces un dios poco austero dijo así: ¡Qué se me exponga a deshonor semejante!... OVIDIO, Metam., IV, 187. (N. del T.)

 

1149

¿A qué vienen tantos rodeos? ¿Por qué, diosa, no os confiáis a vuestro esposo? VIRGILIO, Eneid., VIII, 395. (N. del T.)

 

1150

Es una madre que os pide armas para su hijo. VIRGILIO, Eneid., VIII, 383. (N. del T.)