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1.      El camino que atravesaba la ciudad se llamó de la Plata por la piedra blanquecina de que se hallaba cubierto, como explican algunos, y en él se encontraron las dos lápidas que González Dávila dice haber visto en la casa del conde de Fuentes y que transcribe en esta forma: Imp. Caesar divi Nervae filius Nerva Trajanus Aug. Germ. P. M. trib. pot. cos. II restituit M. P. II (millia passuum duo).-Imp. Caesar divi Trajani Parthici f. divi Nervae nepos: Adrianus Aug. Pont. Max. trib. pot. V. cos III restituit. CXLIX.

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2.      No sabemos en qué tiempo empezó aquel dicho vulgar referente a las maravillas de Salamanca: �Media plaza, medio puente, medio claustro de S. Vicente.� Pero no debe ser muy antiguo atendiendo a que la plaza toda es de fábrica moderna.

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3.      Sobre dicho toro escribió un opúsculo Gil González Dávila, y por él empieza don Diego de Mendoza las aventuras de su Lazarillo de Tormes, a quien el maligno ciego hizo dar un recio golpe contra la piedra al aplicar el oído al supuesto rumor que se percibía dentro.

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4.      De una de estas mujeres dice Plutarco que arrebatando la lanza al intérprete Hannón le hubiera atravesado con ella el pecho a no protegerle su fuerte coraza.

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5.      De Elmántica habla Polibio y de Ermándica Tito Livio, indicando ambos simplemente su toma por Aníbal y colocándola entre los Vacceos; de Salmántica, Plutarco y Polieno Macedón, relatando la antedicha hazaña. Entre las versiones latinas de Plutarco se nota bastante discrepancia en ciertos detalles, y hasta hay una que atribuye el hecho a las mujeres saguntinas en lugar de las salmantinas, cosa de todo punto inadmisible. Dejamos a un lado las variantes y etimologías del nombre de Salamanca, el cuento de su fundación por Teucro rey de Salamina, y otras impertinencias con que aun autores muy modernos echándola de críticos han sabido llenar interminables páginas de lo que cupiera en dos líneas.

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6.      La más notable de ellas es la que en tiempo de Flórez existía aún en la parroquia de S. Pelayo hoy demolida: D. M. S.-L. Jul. Capitoni Salmantic. ann. LXX Jul. Rusticilla soror pientissima. f. c. -.H. S. E. S. T. T. L.

     En el claustro de la catedral vieja se lee la siguiente: Julia Bassina marito indulgent.

     Al abrir los cimientos del colegio de S. Bartolomé se hallaron las que hoy se ven a la entrada del edificio: Celsidius Albinus P. et Atilia Albina M. Celsidiae Serenae F. ann X f. c. H. S. E. S. T. T. L. -Las siguientes son copias de las piedras originales destruidas: D. M. S. C. Julio Narciso ann. XXI Julia Thetis mater. f. c- D. M. S. C. Julio Narciso Julia Thetis marito- Clov. T. L. Miloni fratri ann XXX. f. c.

     En la muralla vieja, casa de las Batallas, según Dávila había estas: Lucius Accius Rebur. Ruster, ami. XVI H. S. E. S. T. T. L. Accius Rebur. Rusci. Atilia Clara privigno pio f. c.

     En la calle de Sta. Ana pone él mismo la siguiente: Sabino Musial. ann. LX.

     Otra transcribe traída del lugar de los Santos y colocada en la puerta de la Panadería: S. D. Manibus. Juliae Caesiae anno XL H. C. S. E. S. T. T. L.

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7.      Véase a Conde. cap. 49 y 53 de 1a II parte, solo que el año 868 a que refiere el suceso corresponde ya al reinado de Alfonso III y no al de Ordoño I que murió en 806. En el tomo de Asturias mencionamos dicha toma con las razones que había para aplicarla a Salamanca, y no a Talamanca como se lee en varios Códices de las primitivas crónicas.

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8.      Las memorias del episcopado de Dulcidio alcanzan, según los documentos, desde la consagración de la catedral de Santiago hasta cerca del 940; y como Flórez da por más asegurada de lo que debiera la data de aquella en el año 876, tiene que recurrir a otro Dulcidio, a quien llama I, para repartir entre los dos tan largo período, intercalando en medio varios prelados. Pero aun en los años menos disputables de dicho episcopado aparecen los nombres de otros, como el de Fredosindo que dicen confirmó una escritura de Ordoño II en año 898 (absurda contradicción que no advirtió el autor de la España Sagrada), y Salvato que confirmó otra del mismo rey en 916, duplicidad de prelados de que no faltan otros ejemplos y que no siempre puede explicarse por dimisiones o retiros. En este episcopologio antiguo de Salamanca está González Dávila desatinado como suele, y Flórez harto menos crítico y diligente de lo que acostumbra.

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9.      De 958 a 60 firma Teodemundo como obispo de Salamanca en escrituras que citan Dávila y Flórez. Este bajo la fe de Lobera pone en 973 a Salvato, el cual a ser cierta la fecha debe ser distinto del que vimos en 916. Dávila por ciertos documentos del 970 al 85 coloca en dichos años a un Sebastián II cronista de Ramiro Il como el I lo fue de Alfonso III, a quien atribuye como a testigo presencial la relación de la victoria de Simancas hecha por Sampiro, y cita a Sandoval que le hace vivir casi cien años. Sólo el examen de las escrituras originales, en que anduvieron poco escrupulosos o poco entendidos Yepes, Sandoval y Lobera, pudiera soltar las dificultades que crearon.

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