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880.      «Este retablo, dice el letrero repuesto en 1630, mandó, hacer don Gonzalo Gonzalez (Gómez y no Gonzalo es el nombre que le dan Colmenares y demás autores que de él hablan), arcediano de Cuellar, fundador del ospital de la Magdalena y su retablo.» Más arriba hay restos de otra inscripción en letra gótica, de la cual se lee lo siguiente... «de buena memoria Juan Velasquez de Cuellar caballero:» el resto consiste en versículos del Miserere.

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881.      En ella dice haber visto Colmenares el apeo que vio a la villa de su tierra y jurisdicción el rey Alfonso VIII, hallándose allí en 11 de julio de 1210.

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882.      Herrera fue su apellido materno; su padre se llamaba Rodrigo de Tordesillas, nieto del desgraciado procurador a cortes por Segovia que llevaba el mismo nombre y que fue asesinado en 1520.

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883.      En la sacristía de San Salvador hay un cuadro de San Joaquín y Santa Ana que lleva la firma de Jordán, Jordanus fecit.

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884.      Desbaratóse al mismo tiempo la inscripción, de la cual sólo se leen algunos fragmentos: «María de Velasco hija del condestab.... hija de don Diego de Acuña». No lo fue ninguna de las mujeres de don Beltrán de la Cueva, y así no sabemos a quien se refieren las últimas palabras.

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885.      «Esta iglesia y capilla, dice el letrero que corre por el friso, fundó y dotó la ilustre doña Ana de la Cueva y Mendoza hija del duque D. Francisco, muger de don Iñigo de la Cueva hijo de D. Beltran, dejó por patron al colegio de Santa Cruz de Valladolid, acabóse en 1585.» La lápida sepulcral expresa que doña Ana murió en 1559 y su marido en 1547.

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886.      Junto a Olombrada y Vegafría, en término de Perosillo, existen paredes, bóvedas y estanques del palacio de Buengrado, que se dice edificó para habitación suya Enrique IV, y perteneció luego a los duques de Alburquerque.

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887.      Sentimos haber de reducir a esta leve memoria la grata impresión que nos dejaron de la jornada, que eventualmente hicimos juntos, aquellas buenas gentes cuyo nombre ignoramos, pero cuya conversación al par que jovial y sencilla rebosaba fe y nobleza y cristiana filosofía. No diremos que sea éste el tipo general del pueblo español, sino que en el pueblo español no son todavía raros estos tipos, confirmando las observaciones que atrás emitimos al final del cap. VIII de la primera parte.

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888.      Estos tres últimos lugares suenan ya en la bula de Calixto II de 1123 (Véase atrás pág. 5 24(**77), nota) en la cual no se menciona aún a Fuentidueña, a no ser que figure bajo el nombre de Castillo de Lacer, como conjetura Colmenares sin bastante fundamento. Bernuy, a cuyo nombre precede hoy el de su parroquia San Miguel, cae al sudeste orillas del Duratón, más arriba del priorato de San Frutos; Benevivere, dos leguas al oeste de Fuentidueña, por corruptela hoy se apellida Membibre, y tiene ruinas de castillo.

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889.      Esta segunda estancia de Alfonso VIII en Fuentidueña, de que no hablan los historiadores, consta, según noticias suministradas por su erudito párroco don Matías García, mediante dos privilegios otorgados al vecino monasterio de Sacramenia, uno en 14 de octubre, otro en 19 de diciembre de 1212.

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