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Habitaciones palustres de la provincia de Soria

Juan Vilanova y Piera





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Tres razones, todas ellas muy poderosas, hanme impedido hasta hoy dar debido cumplimiento al grato encargo que con fecha 21 de Noviembre último se sirvió darme nuestro insigne Director. Era la primera el natural deseo de que el generoso donador de los objetos de Soria, Sr. D. Francisco Benito Delgado, aumentara con nuevos datos, según decía en su Memoria, la importancia de su descubrimiento. Fué la segunda causa de este retardo, el haberme dicho el oficial de Secretaría que se había acercado á   —620→   la misma un señor diputado de la provincia para rogarme aplazara la redacción del escrito hasta que él trajera de la misma procedencia más materiales. Por último, la pertinaz dolencia que hace tiempo me aqueja me ha impedido ocuparme absolutamente en otra cosa mas que en procurar restablecer la alterada salud, como por fortuna lo está, aunque no por completo, permitiéndome traer al seno de la Academia, donde tanto se trabaja en pro de la ciencia, este pequeño óbolo en cumplimiento de honrosa comisión.

El generoso Sr. Delgado no se limitó á regalar á nuestra Academia los interesantes objetos que se detallarán, sino que, dando inequívocas pruebas de la ilustración que le distingue, los acompañó de una curiosa Memoria, en la cual demuestra, á más del celo por las disquisiciones protohistóricas, que no es del todo ajeno al nuevo género de estudios. Y como quiera que, no habiendo tenido el que suscribe la fortuna de visitar la curiosa estación a que el Sr. Delgado se refiere, le sea imposible juzgar por si, propone que hechas algunas pequeñas rectificaciones, se inserte íntegro el escrito en el BOLETÍN de la Academia, ilustrado con la reproducción gráfica de los principales objetos, para conocimiento de todos, y que se le den las más expresivas gracias por el servicio prestado á la ciencia y con el ulterior propósito de que sirva de estímulo á los que sigan tan noble ejemplo.

Razón de sobra tiene el Sr. Delgado al manifestar que el interesante descubrimiento á que se refiere sea debido á la casualidad; pero esto no debe en manera alguna extrañarse, por cuanto con muy contadas excepciones en esta nuestra tierra, semejante linaje de hallazgos faltos para realizarse de una especial organización, casi todos se deben á la pura ó mera casualidad; dándose el caso, harto sensible por cierto, de que vengan á explorar el territorio distinguidos naturalistas y arqueólogos por encargo de Gobiernos extranjeros, bajo cuyos auspicios y espléndidos recursos publícanse obras magistrales, como entre otras puede citarse la última del Sr. Cartailhac.

No califica, sin embargo, bien el Sr. Delgado en su Memoria la edad á que pertenecen los objetos; pues, sobre que son tres y no una sola las caracterizadas por útiles, la por él llamada neolítica   —621→   no pertenece en rigor ni á esta ni á la mesolítica, sino á la de tránsito, por decirlo así, entre las dos primeras. Figuran como procedentes de aquella localidad, cuchillos de pedernal, tan toscos algunos que pudieran ser paleolíticos; otros más perfectos, siquiera de cortas dimensiones, y un raspador de la misma piedra, con varias hachas pulimentadas; una pequeña gúbia, cacharros toscos, anteriores al parecer al torno, y una aguja de hueso largo y la mitad derecha de una mandíbula superior humana, con cinco muelas, ofreciendo en la corona un desgaste parecido al que ofrecía la encontrada en la estación de Jumilla, como indicando un régimen frugívoro y por ende de remota fecha. Aparece envuelto el hueso de la cara y relleno el canal medular del otro por un cieno rojizo compacto y muy adherido á las paredes que reviste, lo cual da una idea de la naturaleza del suelo en que dichos objetos yacían; sin embargo, esto no basta para considerarlos como verdaderos fósiles, como dice el Sr. Delgado, por cuanto la metamorfosis, que da carácter de tales á los restos orgánicos, exige un espacio de tiempo muy superior al de que datan dichos huesos, y una larga incalculable permanencia en depósitos de sedimento, á los que no pertenece en verdad, á juzgar por lo que dice el autor de la Memoria, el yacimiento de que se trata, pues que lo considera como un aluvión. Y por cierto que esta circunstancia ha infundido en mi ánimo muy serias dudas y perplejidades para calificar la estación de Aldealpozo y Villar del Campo, ya que, según dijeron al cura de este pueblo sus interrogados feligreses, volvían de deshacer un majano que les estorbaba para el cultivo de su heredad, lo cual parece indicar que se trataba de un túmulo ó enterramiento, siquiera formado por un montón de cantos sueltos, como quiere el Diccionario de la Lengua. Confirma con efecto la sospecha, el hallazgo á poca profundidad de varios esqueletos y de las hachas que estaban junto á los pies de estos, según se dice en la Memoria. Mas como quiera que el mismo Sr. Delgado, al dar cuenta del otro yacimiento de objetos, manifiesta la sorpresa que le causó encontrar, en vez de los túmulos, tal como se los figuraba, un terreno llano y casi en hondonada más que en relieve, depresión del suelo cuyo relleno atribuye dicho señor al acarreo de los   —622→   aluviones en cuyo seno yacían los restos humanos y de la industria primitiva, esta misma circunstancia, y la de continuar el aluvión á los 2 metros de profundidad donde aparecieron los restos de un individuo de mayores dimensiones y mejor conservados, lo inclinan á creer que el no sobresalir del terreno el túmulo ó enterramiento debe atribuirse á que éste se verificó en la formación diluvial. Y aquí viene un nuevo motivo para mis perplejidades; pues el Sr. Delgado se inclina á pensar que llegaría hasta aquel punto la inmensa laguna, muy inmediata, que hoy forma la dehesa boyal de Aldealpozo y Valdegeña, bañada por el Riotuerto, «lo cual da motivo, son sus propias palabras, á que gran parte del año aquella comarca, á pesar de los trabajos de saneamiento, se convierta en una laguna», concluyendo el Sr. Delgado, dando pruebas de conocer bien el asunto, por manifestar sus sospechas de que acaso entre aquellos cañaverales existan algunas construcciones lacustres. Yo no lo creo así; porque para la existencia de los palafitos no basta una laguna, sino que hace falta un caudal mayor de aguas que eleven á la categoría de verdadero lago lo que allí al parecer ofrece otro carácter. Pero si no población palafítica, sí recuerda todo lo que el Sr. Delgado indica aquellas curiosas estaciones tan comunes en Italia, y que he tenido el gusto de ver, conocidas con el nombre de Terramares, por mí llamadas en castellano habitaciones palustres. Pero en fin, sea de esto lo que quiera, pues sin haber visto dichas localidades nada puede asegurarse de positivo, lo dicho basta para realzar el mérito del descubrimiento y para que se aprecie en lo que vale el servicio que acaba de prestar á la protohistoria patria el Sr. Delgado, cuya Memoria leerán con gusto cuantos por este linaje de estudios se interesen, con tanto mayor motivo, cuanto que de la provincia de Soria estos son los primeros datos que se conocen.

Si la Academia creyera que por esta misma circunstancia fueran dignos los mencionados objetos de figurar en una lámina, como ilustración de la Memoria del Sr. Delgado, creo que todos ganarían.





Madrid, 12 de Febrero de 1892.

Hallazgos de la estación protohistórica de Valdegeña

Estación protohistórica de Valdegeña (provincia de Soria)



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