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Hacia una nueva visión de Hostos1

Carmelo Delgado Ontrón2





«¿Cree mi amigo el Dr. Manuel Guzmán Rodríguez, que si la labor intelectual de Hostos hubiera influido poderosamente en el país, nuestro pueblo no tendría más carácter, más civismo y más patriotismo? ¿Puede un Pueblo que ha dado ante el dominador espectáculos tan tristes de humillación y servilismo, llamarse "discípulo de Hostos" sin injuriar la memoria del Maestro?».


Mariano Abril, La Democracia, 31 de enero de 1916.                





ArribaAbajoEl Hostos mítico y el Hostos histórico

«[...] hasta la sombra que el invasor proyecta es ofensiva».



Eugenio María de Hostos3.                


En la biografía de Eugenio María de Hostos abunda la mitología, es decir, las afirmaciones de hechos, que no sucedieron o que no ocurrieron, como se ha planteado, desde tiempos de su desaparición en Santo Domingo. Me refiero a que segmentos, acontecimientos y hechos de la vida de Eugenio María de Hostos desde 1903, fecha en que murió, han sido mitificados o distorsionados por numerosos estudiosos y escritores, que han carecido del rigor en la investigación para colocar la figura, dentro de su tiempo y de acuerdo con los hechos que la configuraron. Es decir, que desde hace más de cien años, se han escrito planteamientos, de buena fe, pero que no valoran el personaje como fue, entre ellos, Emilio del Toro Cuebas, y Antonio S. Pedreira, quien en 1932 preparó una tesis que publicó, donde hace aseveraciones que no anota y que no explica. Asimismo otros autores y «cronologías», algunas publicadas por instituciones oficiales, donde se repiten sin verificaciones datos que no corresponden a la verdad histórica. En muchas obras, artículos y estudios el Hostos contemporáneo, es producto -con excelentes excepciones-, de apreciaciones y aseveraciones que carecen de base histórica, producto de la admiración y el afecto, pero que dejan de lado los hechos históricos, como ocurrieron. La moderna historiografía, la exégesis y la hermenéutica han logrado ir colocando a Hostos en su verdadera perspectiva. Modernamente se han publicado por estudiosos e investigadores exposiciones y monografías que clarifican su biografía y aclaran su obra. El Hostos histórico está enmarcado en las realidades de su tiempo. En Puerto Rico y en otros países, universitarios y estudiosos han criticado y situado la figura como la profesora Adriana María Arpini, con sus dos libros similares libros: Hostos, un hacedor de libertad y Eugenio María de Hostos y su época, basados en su tesis doctoral; Ricaurte Soler, Víctor Massuh, Leopoldo Zea, Rafael Aragunde, Argimiro Ruano entre otros han estudiado aspectos de las temáticas hostosianas; ha sido objeto de tesis de maestría y de doctorado desde 1932. Se han hecho esfuerzos en Puerto Rico para darle a conocer. Estudiosos serios, como los profesores José Ferrer Canales, Francisco Manrique Cabrera, José Emilio González, Margot Arce, Vicente Géigel Polanco, Marcos Reyes Dávila, Argimiro Ruano, Carlos Rojas y otros han estudiado e investigada críticamente época, obra y biografía. Estos y otros han sentado las bases para nuevas reinterpretaciones. Creo que ya basta de ofrecer opiniones y comentarios, a veces de estilos bizantinos y churriguerescos, que no estén refrendados por hechos, obras y documentación. Basta ya de palabrejas alambicadas para tratar de explicar la obra hostosiana, el pensamiento claro y terso, basado en hechos históricos y deducciones producto de la razón aclararan su biografía y lo colocarán donde le corresponde. Ya los tiempos no están para hagiografías y otras formas literarias de carácter panegírico.




ArribaAbajoLa desmitificación de la biografía de Hostos

«[...] la independencia se conquista con las armas en la mano y la libertad es obra del Derecho; independencia es sustracción de yugo; libertad es multiplicación de esfuerzos; el yugo se arroja en una brega más o menos larga; los esfuerzos que reclama la libertad son perpetuos»4.


Eugenio María Hostos, «Cartas públicas acerca de Cuba», 16 de septiembre de 1897.                


Ciertamente, intentar plasmar una nueva visión de la vida y la obra de Eugenio María de Hostos es tarea de romanos, o de estudiosos tenaces y obstinados que tienen como norte las enseñanzas hostosianas. He usado la palabra visión y no interpretación porque nuestro propósito, es colocar o exponer, lo más fiel y ajustado posible, la vida y obra del mayagüezano universal. De hecho, las interpretaciones de los hechos han ido poco a poco desviando y elucubrando una elucidación que no es la que nos transmite el Hostos histórico. El Hostos contemporáneo difiere del Hostos histórico en numerosos libros y artículos. La búsqueda de los papeles y documentos de todas clases para poder deducir quien fue verdaderamente es difícil. Es decir, que intentar buscar, investigar y reordenar los datos que conforman la biografía hostosiana es un trabajo arduo que requiere disciplina, imaginación y conocimientos, así como estar connaturalizado con los datos y la época. Como sabemos, en Hostos tenemos a un puertorriqueño, cosmopolita -que no es el único, pues se le adelantó el doctor Ramón Emeterio Betances, vida de zig-zag americana y europea y antes, el General Antonio Valero de Bernabé, o quizás, Julio Vizcarrondo y Coronado, cristiano protestante, casado con una norteamericana, fundador de la Sociedad Abolicionista Española y diputado a Cortes. Abolicionista también lo fue Hostos, quien además fue revolucionario, y tampoco fue el primero en serlo, pues en los Quiñones, Vizcarrondos, Ruiz Belvis, Betances y Basoras tenemos muchos de éstos. Entonces podemos afirmar el talante pedagógico de don Eugenio María, quien fue educador de prosapia, caramba, en José Julián Acosta y Calbo, y Román Baldorioty de Castro tenemos eximios educadores. Y antes que estos dos de los más eminentes de los educadores, me refiero al Maestro Rafael Cordero y el Padre Rufo Manuel Fernández. Otros, también lo fueron en nuestro suelo. Si otros fueron lo que él fue -y claro está, me refiero a Hostos-, qué rasgos de su compleja personalidad nos lleva a tratar de entender, de comprender, qué es lo que hace importante, o más bien especial y excepcional a este adusto y enérgico puertorriqueño. ¡Qué apostura, qué atracción tiene, que continuamos estudiándole? A pesar de que es el gran desconocido -estudiado por especialistas-, que todo nuestro pueblo y otros le reconocen, y le claman. Vamos pues, en busca de lo que hace a Hostos único, interesante, polémico y objeto de interés, y perdonen la repetición de esta palabra. Señalamos que Hostos -además de los rasgos que antes hemos apuntado- tiene otros rostros, pues es hombre de diversas dimensiones, ya que fue poeta, ensayista, narrador, geógrafo, periodista, sociólogo, constitucionalista, moralista social, catedrático, diarista, estudioso y meditador de dos sistemas filosóficos: el krausismo-sanzdelriísta5 y el positivismo-littreriano6, y fue asimismo director de institutos y rector de escuelas de preceptores, es decir, profesor de la ciencia de la pedagogía, formador de normalistas o maestro de maestros. ¿Son el cultivo de estas disciplinas, las que lo hacen objeto de interés?, y disculpen que emplee otra vez la palabreja. No lo creo, me parece que Hostos, tiene atractivo para el investigador y el estudioso porque fue todo eso y muchas otras cosas más. Hay una cierta atracción seductora en su gestión que convoca e invita a estudiarle, a tratar de explicarle, que está basada en algo intangible, sea su carácter, su excepcionalidad, su solidarismo, su unicidad solitaria con diversas causas, su dejo que nos recuerda a Lewis Carroll, con quien tiene similitudes, sugestión que invita a investigarle, y estudiarle.

Nosotros los que habitamos esta Isla caribeña, tenemos la fortuna de tener personalidades -hombres y mujeres- que poseen una riqueza moral, espiritual y material únicos. Sin caer en el uso de paralelismos, como hace Pedreira, que comparó a Bello y Hostos, figuras realmente incomparables -primera de las muchas y abundantes críticas que le haré al estudioso y teórico del insularismo militante-, podemos mencionar como objetos de investigación y estudio, las vidas y obras del Obispo Juan Alejo de Arizmendi y Ramón Power; las de María Mercedes Barbudo y Lola Rodríguez de Tió; las de Román Baldorioty de Castro y Luis Muñoz Rivera; las de Rosendo Matienzo Cintrón y José Celso Barbosa. Vida ésta, la de Barbosa y su obra, que requieren un estudio profundo, que no hizo, Pedreira, en la obra que le encargó la hija de aquél e historiadora doña Pilar Barbosa de Rosario. No he de mencionar otros notables pues, se acercan a nuestros tiempos, lo contemporáneo y no quiero, aunque es inevitable, herir egos y susceptibilidades. Historiadores e historiógrafos hay que se creen propietarios de estos personajes históricos que son de todos. Como sabemos, estos temas están abiertos y deben ser revistados, investigados y publicados por quien lo desee y este preparado. Pero, por favor, pondría si pudiera una sola condición, basta de hagiografías y de invenciones, o peor, de estirar los datos para que caigan donde el hagiógrafo desea. Es requisito que el producto del estudio que se lleve a cabo que sea una contribución seria y no repita lugares comunes.

Como hemos expresado antes, en Hostos se congregan diversas facetas que lo hacen un sujeto biográfico de compleja exégesis. Tiene, en diversas dosis, las características que tienen los otros: pero, por ejemplo, difiere con Betances, en diversas dimensiones y tesituras. El Padre de la Patria fue un auténtico revolucionario internacionalista, médico y pensador político. Hostos, además de su dimensión revolucionaria, que sectores puertorriqueños niegan o no destacan y oscurecen, especialmente, el sector político anexionista, fue catedrático de Derecho, y maestro de diversas materias en liceos y escuelas. Así como teórico de la pedagogía. Además de que tuvo la oportunidad, que Betances no tuvo, la de enfrentarse y vivir la experiencia dramática y dolorosa del rompimiento, de la invasión del 98 y la imposición de la nueva y flamante dominación de Puerto Rico, por los Estados Unidos. Esos traumáticos años, son complejos, y hasta ahora, interpretados de forma equivocada, como también se ha entendido erróneamente lo que constituyó la Liga de Patriotas. Otro como Betances, fue Acosta y Calbo, quien tampoco pudo ver a los gringos desembarcar y opinar sobre ello, pues muere en 1891 en pleno dominio decadente autoritario español. Resumiendo, Hostos posee facetas de tanta amplitud, que permiten su estudio a escalas y dimensiones distintas a otros, quizás con las excepciones de Betances, Muñoz Rivera y de Diego, que poseen también rasgos a varios niveles de pensamiento, arte y acción. Hostos para hacer más compleja la situación dejó un Diario, y tenemos un Epistolario, y aunque editados y truncos, son importantes, entonces: ¿quién como Hostos?

El profesor Francisco Manrique Cabrera medita sobre la interacción de los grandes hombres y sus patrias. Estos grandes hombres son modelos de sus pueblos, porque en ellos florecen las virtudes patrióticas que derivan de su tierra y dedican sus vidas a tratar de encausar sus naciones por los caminos de la libertad, personal y colectiva, basada en el recíproco amor que se profesan. Expresa el doctor Manrique Cabrera sobre Eugenio María de Hostos y la mutua querencia con su pueblo que:

«Por estos aledaños me sitúo porque personalmente entiendo que los grandes hombres no son puros hijos del azar ni exclusivos caprichos de la biología. Mucho menos concebirse como recipientes de prefijadas dosis pedagógicas. El gran hombre también es en cierto modo una creación de las claras entrañas de su propio pueblo. Concibo a un pueblo como el viviente conglomerado humano de común origen, con una historia que ha registrado y hasta cimentado en todos sus integrantes, incontables alegrías y tristezas, triunfos y fracasos y que a la sombra de esa múltiple constelación de experiencias consolida querencias colectivas, acervo común de donde emanan los nexos de la proximidad. Este es el tesoro de los pueblos y cuando un pueblo está huérfano de él queda reducido a mera muchedumbre. La pura muchedumbre es agregado de próximos, en tanto el auténtico pueblo es placenta de prójimos y sólo éstos son los continuos portadores de las querencias que a todos sus constituyentes pertenecen.

El gran hombre es la cristalización humana por antonomasia de esas caras querencias que aglutinan los suyos y por eso el hombre de excepción siempre nace de un pueblo y se da en continuo cotejo de ida y vuelta con él. Por eso, el gran hombre nunca se puede dar en una mera muchedumbre.

Razón por demás asiste a Puerto Rico entero cuando dice nuestro Betances, nuestro Ruiz Belvis, nuestro Hostos, etc. Pena es que esto no lo sepa Puerto Rico a cabalidad por su condición colonial.

Sí, el Señor Hostos... también es creación de este pueblo al cual justifica como tal así como él, Puerto Rico, también se justifica en ellos»7.


Para que esta recíproca interacción ocurriera, tuvieron que pasar décadas desde la muerte de Hostos hasta que el ejemplo de su vida y obra caló en el Pueblo puertorriqueño. La condición colonial y de dependencia de los puertorriqueños, dominados primero por España y ahora por Estados Unidos, hizo que la biografía, y el significado de Hostos y su obra se olvidase y fuera un desconocido, usualmente, destacando su profunda intelectualidad y olvidando su activa gestión en pro de la soberanía, la Independencia, la liberación de su patria y la confederación antillana. Es por ello que en 31 de enero 1916, en el diario que dirigía, La Democracia, el exquisito prosista, combativo y fino periodista y defensor de lo nuestro, don Mariano Abril, expresara refiriéndose a Hostos, que:

«¿Cree mi amigo el Dr. Manuel Guzmán Rodríguez, que si la labor intelectual de Hostos hubiera influido poderosamente en el país, nuestro pueblo no tendría más carácter, más civismo y más patriotismo? ¿Puede un Pueblo que ha dado ante el dominador espectáculos tan tristes de humillación y servilismo, llamarse 'discípulo de Hostos' sin injuriar la memoria del Maestro?».


Tenemos los materiales para estudiar a de Hostos, los suyos propios, aunque muchos de ellos truncos, integrados en las Obras completas (OC) como lo han señalado por escrito investigadores relacionados con el IEH. Asimismo también poseemos numerosa, abundante, inmensa, alambicada, y encontrada bibliografía sobre Hostos. Entre estas bibliografías y biografías y otros escritos destacan, o mejor se distinguen dos obras, de autores en las antípodas, me refiero a las obras del Doctor Argimiro Ruano y Marcos Reyes Dávila, por intelectivas, diferentes, apasionadas modernas, polémicas y abarcaduras. Claro está, no puedo dejar de mencionar la biografía primigenia, la de Antonio S. Pedreira, con título neutral y poco polémico: Hostos, ciudadano de América (1932). Escogido por sus autos por ulteriores motivos, pues aspiraba a la Rectoría de la Universidad de Puerto Rico, y no deseaba enajenar al sector anexionista que por la época que la escribió dominaba la política del país, y hubiera entorpecido sus ambiciones. En este artículo monográfico no puedo examinar esta obra, que he desmenuzado en un libro de próxima publicación. Sin embargo una carta inédita de Pedreira a Chardón nos ofrece una ventana y una primicia de lo que próximamente publicaré. Por cierto, Pedreira se refiere a la primera huelga universitaria, véase, su parecer expresado al Rector Carlos Chardón, que reproduzco más adelante. Le escribe Pedreira desde el Centro de Estudios Históricos de Madrid, donde estaba terminando su tesis doctoral, que fue el mismo tema que la de Maestría en Columbia University con don Federico de Onís, como consejero: Hostos como educador.




ArribaAbajoMitos, dislates e interpretaciones distorsionadas

Autores hay, antiguos y modernos que nos ofrecen un esquema biográfico de Hostos, que no corresponde con la realidad, y que responde a otras consideraciones, sean ideológicas, políticas o de otra naturaleza. Hostos es una de esas figuras determinantes, no el único que floreció en el extranjero. Hostos fue un hombre y un intelectual de recio talante. Con el propósito de entender esta afirmación, léase su Diario y su Epistolario y se dará cuenta de que es un hombre de carácter fuerte y enérgico, su estilo es recio. Además, rompió y tuvo desafectos y diferencias con compañeros periodistas suyos de redacción, ejemplos son, como director de La Soberanía Nacional Ángel Fernández de los Ríos, quien era supervisor del redactor Eugenio María Hostos y ambos, como dice Hostos en su Diario II, tuvieron serias diferencias. En la redacción de aquel diario, estuvo también Servando Ruiz Gómez, quien también tuvo discrepancias y encontronazos con Hostos8. Nos dice el hispanista mexicano Andrés Iduarte que cuando Hostos se exila de Barcelona a París, y «alterna»9 con los revolucionarios españoles que vivían en la capital de Francia, entonces pasa lo siguiente según apreciación de Andrés Iduarte: «Allí trata de frecuentar el cotarro de revolucionarios españoles, sin que lo acoja la estimación, ni la cordialidad»10. Demostrativo de que Hostos no pertenecía ni era recibido por los revolucionarios liberales distinto de como afirma Julio César López que alternaba con aquéllos y les irradiaba sus ideas. Hostos era un revolucionario, estaba allí, participaba, pero no era parte del liderato, su acción era de propaganda. No asistió a la reunión de Ostende, en Bélgica donde se reunieron todos los revolucionarios del 1865-1868, que dirigían la revolución contra Isabel II. Hostos no fue miembro de ninguna «Junta Revolucionaria», de las cinco que funcionaban en Madrid, ciudad donde reside desde 1857 hasta 1869, escribiendo principalmente, artículos reformistas antillanos en la prensa madrileña. Era miembro de las «Juntas Revolucionarias» de la capital española, sin embargo, Julio Vizcarrondo, puertorriqueño, contemporáneo de Hostos y que residía en Madrid, calle del soldado, y que fue fundador de la Sociedad Abolicionista Española, que se estableció en su casa y de la que fue «Secretario General», era miembro de esas juntas revolucionarias. Escribe Hostos en su Diario: «La Junta Revolucionaria de Barcelona estaba llena de amigos: rehusaron recibirme en ella cuando me presenté en ella»11. Hostos plantea que: «No querían dar tribuna a un desconocido, oportunidad favorable a un hombre nuevo»12. Luego afirma: «Excluido de todas partes, tuve que encerrarme en mí mismo»13. Afirma: «¿Tuve siquiera amigos, compañeros en la persecución? Todo el mundo me abandonó»14. «Además yo me sentía completamente fuera de lugar»15. Dice que en Barcelona: «Nadie vino a verme y cuando encontraba en la calle a aquellos a quienes, durante cuatro meses, había espantado con mi osadía revolucionaria, los veía hacerse los desdeñosos»16. Entonces, de que influencia revolucionaria habla el profesor López y otros autores, como Pedreira. ¿Cuáles ideas irradiaba Hostos en estos momentos, como ha escrito el profesor López? y ¿Cómo fueron recibidas, por sus destinatarios? A pesar de que en las Juntas Revolucionarias están líderes que conoce y a quienes escribió una o dos cartas promoviendo un periódico, no le invitan a ser miembro de aquellas organizaciones.

No se trata de que Hostos no fuera revolucionario, pues lo fue siempre. Lo que señalamos, es que Hostos no fue, ni perteneció a la dirección o liderato del movimiento revolucionario en Madrid, donde estaba viviendo, como han señalado autores puertorriqueños y dominicanos. Su papel no fue del destaque y entidad que numerosos exegetas y autores han expresado. De otra manera, ya muerto Hostos, y transcurridos años, otros le han negado y encubierto su calidad de revolucionario, de independentista, de separatista ocultando estas creencias importantes y hechas públicas por él, en su tiempo y que son particularidades propias de Hostos. Es usual en Puerto Rico, en diarios y revistas, destacar que el doctor Ramón Emeterio Betances era abolicionista y esconder o no publicar que era un luchador por la independencia y separatista. Se da el caso de que quienes así hacen se dicen defensores de la libertad de prensa, pero censuran lo que les interesa no se conozca. Al hacerlo crean una imagen y un perfil incompleto y carente de su verdadera personalidad. Entre otros, me refiero al Juez Presidente Emilio del Toro Cuebas, quien desde 1924 hasta 1939, presidió todos los comités de homenajes o recopilación de obras y exaltó al estudioso en Hostos, destacó al educador, al sociólogo, al moralista; pero que adrede y tajantemente excluyó en todo escrito y expresiones que Hostos fue independentista y separatista y enemigo de la anexión de Puerto Rico a Estados Unidos. Estos rasgos los proclamo Hostos como parte de su ideario y quienes no desean se conozca lo suprimen y reelaboran. Esa actitud del Presidente de la Corte Suprema, es falaz y un atentado contra la verdad histórica y extraña y sorprende en quien ostenta la posición más alta en la judicatura de Puerto Rico establecida por las leyes que consagran la dependencia colonial con Estados Unidos como son las Leyes Foraker y Jones. En esos años de la década de los treinta, esa actitud, por el contrario tuvo su respuesta contundente en los escritos, conferencias y notas periodísticas de Vicente Géigel Polanco, Presidente del Ateneo Puertorriqueño y la profesora de estudios hispánicos y letras Margot Arce de Vázquez, y muchos otros. Entre estos otros, también resaltan intelectuales y profesores como Lidio Cruz Monclova, Emilio S. Belaval, un jovencísimo José Ferrer Canales, Francisco Manrique Cabrera, José Emilio González, Manuel Negrón Nogueras quienes destacaron al Hostos separatista y revolucionario. Los intelectuales antes citados y cientos de universitarios y ateneístas no participaron en la celebración y ceremonia del centenario en 1939, que presidió, el Gobernador General Blanton Winship, junto al Juez Emilio del Toro, y el Rector Juan B. Soto, en los predios de la Universidad de Puerto Rico. El Gobernador General Winship estaba desacreditado, cuestionado y repudiado por la mayoría del Pueblo puertorriqueño por ser el autor de la Masacre de Ponce, que dirigió personalmente desde el Palacio de La Fortaleza, junto con el Coronel Enrique de Orbeta, jefe de la Policía Insular, Felipe Blanco, y Guillermo Soldevila, Jefes del Distrito y ocurrida unos meses antes, el 21 de marzo de 1937 (Domingo de Ramos). Estos actos de terror policíaco y gubernamental ejercido contra nacionalistas y transeúntes desarmados, hombres, mujeres y niños, infamaron y mancharon para siempre a esas autoridades coloniales norteamericanas. La ceremonia alterna, no oficial, fue residida por Vicente Géigel Polanco y Margot Arce y asistieron cientos de universitarios, quienes protagonizaron una ceremonia digna, decorosa y a la altura de Hostos en la Universidad de Puerto Rico, en enero de 1939. Allí todos exaltaron a Hostos como educador, académico y REVOLUCIONARIO E INDEPENDENTISTA, como lo fue en vida. Es decir dijeron la verdad histórica que otros negaban y escamotearon. Diferían ambos campos. Pedreira estaba con Emilio del Toro y le cuestionaron.

Veamos otra de las erratas que reproducen autores y cronologías. Hostos nunca fue miembro de ningún Partido Republicano en España. El partido escogido por él mientras estaba residiendo en Madrid, fue el Partido Progresista. Se inició Hostos como reformista, pero dentro del régimen español, en sus OC están sus escritos a esos efectos. Varios ejemplos de reformismo son: el artículo del 22 de febrero de 1866, en el diario La Soberanía Nacional, donde publica una nota titulada: «El país de los fenómenos», donde señala los atropellos del Gobierno a la prensa. En 9 de abril de 1866, publica en el mismo periódico, su artículo titulado «La Seguridad individual», aquí su crítica está dirigida a las arbitrariedades que soldados y guardias cometen contra el ciudadano. Escribe sobre la autonomía político-administrativa, en su artículo titulado: «Los fueros de las Provincias Vascongadas», en La Voz del Siglo, de 27 de septiembre de 1867, trata tres dimensiones de la administración de las Antillas. En la revista-diario, Las Antillas de 25 de diciembre de 1866 Hostos recomienda a los miembros de la Junta Informativa de Ultramar -José Julián Acosta, Francisco Mariano Quiñones y Segundo Ruiz Belvis- que hay tres puntos fundamentales que requieren reformas, éstos son: la Instrucción Pública; la Administración de Justicia y las Comunicaciones entre las Antillas y España. El 8 de noviembre de 1868 publica en La Voz del Siglo, otro artículo sobre reformas titulado «El Jurado», Hostos no fue designado por el Ministro de Ultramar, Antonio Cánovas del Castillo miembro de la Junta Informativa de Ultramar, aunque estaba en Madrid, y escribía en la prensa. Una de las razones para ello, es porque carece de títulos universitarios, además eran muchos los que colaboraban en esos diarios y revistas sobre dichas reformas, en esos momentos, no tiene el destaque que adquirirá después en América. Entre los que integran la Junta Informativa había miembros electos y nombrados. El tema político reformista lo trata también en el artículo: «Las Capitanías Generales de Cuba y Puerto Rico», que circula en el periódico La Nación, de 17 de abril de 1866. Es posible que en 1865-1867, haga su transición al autonomismo o régimen de libertad especial, que perora y defiende en España para Cuba y Puerto Rico; es decir, una «autonomía» o leyes especiales, este régimen autonómico es dentro del régimen español y tutelado por este régimen. En 1868, es miembro del Partido Progresista, un partido monárquico, que dirige el General Juan Prim, el autoritario y hábil político, que siendo gobernador de Puerto Rico en una ocasión, 1847-1848, fue el autor del Código represivo de los esclavos y que fusiló ilegalmente al forajido «El Águila», por encima de las objeciones de la Real Audiencia de la isla antillana. Era también líder civil del progresismo el constitucionalista Salustiano Olózaga. Hostos, a éstos y otros les escribe cartas, en enero-marzo de 1868, que están publicadas en OC, sobre el periódico «El Progreso», que dirige por unos meses en Barcelona y que fundó el puertorriqueño Matías Ramos. En estas cartas expresa Hostos su filiación política y dice en ellas que siempre defenderá los principios del Partido Progresista. La cita exacta de Hostos es: «Con los principios del Partido Progresista, siempre, contra los principios, nunca»17. Esta frase está consignada en varias epístolas, como la Carta de Hostos a Galdós de 15 de febrero de 1868, cuyos similares contenidos los escribió a otros líderes progresistas también. Es Hostos revolucionario, separatista, independentista, después de 1869-1870. Quien le estudie tiene que tener muy presente las épocas y fechas para poder ubicarlo correctamente. No se pueden hacer deducciones basadas en el entusiasmo y la admiración, sino en hechos científicos comprobados y que correspondan con la verdad histórica.

Hostos hace su transición al federalismo, en París, alrededor de septiembre 1868, y cree que Puerto Rico debe ser un Estado Federal miembro dentro de una República Española Federal. Sigue en la órbita reformista y al creer en esta república federal española, Puerto Rico seguirá siendo una dependencia de la Península. Será después de 1869-1870 que hace su tránsito a un credo independentista-separatista. Es importante tener presente que, una cosa es creer en el federalismo, y otra distinta, ser miembro del Parido Republicano, que existía en España, o miembro de su liderato. En el Partido Republicano hay dos vertientes: una centralista, de Emilio Castelar y otra Federal de Francisco Pi y Margall. Hostos nunca se afilió a este partido republicano, no se afilió a ninguna colectividad partidista de izquierdas, como el Partido Demócrata, que existía en esos momentos y tampoco se afilió al incipiente Partido Socialista, como tampoco tuvo relación alguna con republicanos y anarquistas, ni a facción obrerista alguna de esa época cuando estaba en España, ni después.

Autores modernos inspirados por ciertos sectores, de principios de siglo XX, después de 1903, y otros, y que repite y acepta como válidos A. S. Pedreira, Eugenio Carlos de Hostos, Adolfo de Hostos y las cronologías publicadas, aún las oficiales de instituciones culturales y académicas, han postulado que Hostos laboró y trabajó por el Partido Republicano. Es obvio que confunden a los «revolucionarios-liberales» con los «revolucionarios-republicanos», son dos tendencias ideológicas distintas e incompatibles. Asimismo plantean esos autores que el Partido Republicano español, triunfó en la Revolución de 17 de septiembre de 1868, esa aseveración no es cierta. Vuelvo a repetir, que quienes triunfaron en la septembrina y fueron responsables del triunfo de la «Revolución Gloriosa», fueron los liberales revolucionarios que eran progresistas, demócratas y unionistas de la Unión Liberal, cierto que también participaron republicanos de cátedra y otros, como una minoría, o personas en tránsito ideológico. El liderato y el sector dominante eran contrarios y opuestos a la República, que sólo el Demócrata en una facción interna respaldaba. Los republicanos se oponían totalmente a los dirigentes revolucionarios liberales progresistas, demócratas, y unionistas-liberales que implantaron la Monarquía de 1869, y eligieron Rey a Amadeo I. De hecho, José Paúl y Ángulo, republicano recalcitrante y otros republicanos asesinaron el 27 de diciembre de 1870 al General Juan Prim, en la calle del Turco, primer regicidio español. Las relaciones entre ambos sectores estaban muy crispadas. Es un hecho histórico que Hostos estaba en Nueva York, cuando se proclamó la «República Española» en el 11 de febrero de 1873, y duró hasta el 29 de diciembre de 1874, unos nueve o diez meses. Hostos estaba en Chile durante el inestable régimen republicano español y no tuvo nada que ver con ello.




ArribaAbajoUna carta de Pedreira al Rector Chardón

24 de noviembre de 1931.

Sr. Carlos E. Chardón

Universidad de Puerto Rico

Río Piedras, Puerto Rico.

Mi muy distinguido amigo:

He recibido su último cable firmado también por el gobernador Roosevelt, y su carta con las instrucciones sobre el contrato que exige el Auditor de Puerto Rico firmado por la Casa Hernando. De un momento a otro remitiré a Ud. por correo el contrato firmado por Hernando, y los blancos que me envió Rodríguez Suárez firmados por mí. La casa Hernando accedió a empezar el trabajo, y ya esta semana enviará las primeras pruebas. Hemos empezado un poco tarde, pero trabajando fuerte como me han ofrecido, el libro estará listo a fines de marzo o principios de abril. Eso sí, quedará perfectamente impreso, y será la última palabra en obras de esa clase. Hará honor a la Universidad y al país.

A trechos he seguido en recortes de periódicos que me envían de Puerto Rico, la algarada estudiantil que ya parece acabar, honrosamente para Ud. Me alegro que así sea por Ud. y por la institución. A esta distancia me ha parecido que nuestra facultad no ha cumplido con su deber y le ha dejado a Ud. todo el frente de la línea de combate. Mis compañeros de claustro no han estado a la última de mis deseos y su voz se ha echado mucho de menos en estos meses. La abstención en asuntos como ese, me parece cobarde; la universidad necesita hombres que prestigien el puesto que desempeñan y no profesores para ser prestigiados por el cargo. Honda pena me causa ver que algunos compañeros llevan el título de catedráticos como un pendón decorativo de cuya sombra reciben todo su prestigio. Para recibir hay que dar; y para dar hay que tener algo que dar. Esta crisis de vocación es la que mantiene en perpetuo jaque al sistema escolar de Puerto Rico, desde la universidad hasta la escuela rural. Si nuestros valores morales dentro del profesorado no estuvieran en bancarrota, no se hubiese quedado solo en esta campaña que acaba de pasar.

Un resultado claro y saludable veo surgir desde el fondo de este enojoso asunto. Su actitud rocosa y decidida que es una garantía para la Universidad. No explayo mas mis reflexiones porque resultarían muy lisonjeras para Ud. y podrían tomarse por halagos mezquinos en vez de por espíritu de justicia. Creo, sin embargo, que los disturbios artificiosos han terminado en la universidad al menos tendremos algunos años de perfecta tranquilidad, gracias a su actitud que también será un toque de gracia ante la próxima Legislatura.

Bueno, no quiero cansarle más. Mi respetuoso saludo a Carlotita, cariños a sus nenas, recuerdos a María Luisa, y sabe cuánto le parecía y distingue

Su afectísimo amigo,

Antonio S. Pedreira.






ArribaAbajoUna biografía acrítica: El libro de Pedreira

La obra de Antonio S. Pedreira, Hostos, ciudadano de América, es una biografía que al estudiarla, nos parece investigada y escrita con rigor historiográfico de un puertorriqueño que recorrió España, Estados Unidos y América Latina, en plan de pedagogo, político, jurista, sociólogo, hombre de afanes poligráficos, y para mejor aceptación, independentista y revolucionario y a la misma vez, admirador reverente -palabra de Hostos- de los Estados Unidos. Sin embargo, al escrutar dicha biografía de Pedreira, nos damos cuenta de que la misma es, en realidad un ensayo que no tiene el rigor científico e historiográfico que se requiere para estudiar y entender la vida de Hostos. Como examinaremos en otra sección de este libro, el autor de esta biografía, había publicado interesantes ensayos, y es bibliógrafo, conocedor científico de las ciencias de la bibliografía y la hemerografía, bases de sus creaciones literarias e históricas. El doctor Pedreira en este libro, Hostos, ciudadano de América, es autor, así mismo, de algunos de los mitos o, mejor, afirmaciones que no resultan de la compulsión veraz y comparativa de los hechos; así como de interpretaciones que desenfocan la biografía y que perduran. El libro de Pedreira tiene numerosas ediciones y no se ha hecho de él una revisión crítica. Al leer el libro, con rigor crítico y comparativo, nos damos cuenta de que el autor escoge datos y hechos y forma opiniones, sin verificaciones, ni anotaciones y sin citar fuentes documentales. Realiza una crítica personalísima de los escritos de Eugenio María de Hostos. Ciertamente, para estudioso tan destacado, para catedrático tan dedicado, para crítico tan acucioso, que ocasionalmente publica una columna periodística en donde aclara y critica a los autores puertorriqueños, escudriñando las obras de los demás escritores, para investigador tan riguroso, la investigación que lleva a cabo sobre la vida y la obra de Hostos no tiene el calado profundo que requiere biografía tan compleja, y autor tan complicado. Digamos mejor, que la investigación y dilucidación requerida y necesaria por la temática no fue hecha con el cuidado, el rigor y el acompasamiento que se requería, pues se nota algo festinada. No se trata de que el autor, usando de los temas de los escritos, y los hechos vitales, acumule datos; haga interpretaciones y señalamientos que al volver a examinarlos, no corresponden a lo que dedujo. Sino que debió recrear de acuerdo a los hechos históricos y la dinámica social y política de las épocas hostosianas, reconstruir biográficamente su sitial en estas épocas y países. ¿Cómo es posible, que tan connotado intelectual e investigador literario, de quien se supone y se espera no solamente rigurosidad, pero tan bien certeza en las anotaciones y fuentes, no coloca notas al calce informando de dónde obtiene la información y datos; no fundamenta comentarios; no trata la figura y obra con la amplitud y minuciosidad que requiere un personaje de tan complicada vida como Hostos? Éste permaneció largas temporadas en diversos países, como España, Santo Domingo, Chile, Argentina, Venezuela y Estados Unidos, y cultivó varias ciencias y disciplinas y Pedreira no lo ubica integrado en esas sociedades en su tiempo, no cita las interrelaciones con sus contemporáneos, no estudia la bibliografía y fuentes usadas por el biografiado en sus escritos, ni sus relaciones y las influencias que recibió, con pocas excepciones. Pedreira no contextualiza, ni sitúa la figura de Hostos en esas sociedades, más bien, la extrapola y la saca de contexto, y en muchas ocasiones anecdotiza. En su libro abundan las generalidades y generalizaciones con el inconveniente, repetimos, de que no divulga las fuentes documentales y bibliográficas donde se supone que basa sus conclusiones y afirmaciones, pues carece del aparato científico historiográfico para sustentarlas. Hay también opiniones que no se sustentan con la realidad de los hechos históricos. Hay deducciones que si se examinan con cuidado no se sustentan.

El libro de A. S. Pedreira, «Hostos, ciudadano de América» (1932), es producto de un ensayista literario de primer orden, que conoce el oficio literario crítico, pero carente de entrenamiento historiográfico, que teniendo la oportunidad en el Centro de Estudios Históricos, de Madrid, lugar privilegiado, no uso de los archivos, hemerotecas, bibliotecas para obtener la documentación y otras fuentes del Hostos que vivió en Madrid, años. Contiene la obra de Pedreira, a mi modo de ver, numerosas afirmaciones que no se sustentan y que no están anotadas. Veamos una o dos afirmaciones que no se sostienen. Pedreira extrapola la figura y la trata separada de las sociedades en que estuvo viviendo y enseñando. Si Pedreira no usó de los archivos y centros españoles que estaban a su total disposición, pues don Ramón Menéndez Pidal y otros respetados catedráticos españoles le acogieron y le facilitaron los recursos y servicios del CEH y no los aprovechó, como lo realizará en los países latinoamericanos, donde carece de ese respaldo. Pedreira no viajó o conoció esos archivos y bibliotecas latinoamericanas para entender a Hostos. Estuvo en La Habana, allí estaba el profesor Jorge Mañach y Emilio Roig de Leushenring, quienes le atendieron y facilitaron las investigaciones. Sin embargo Pedreira no investigó en el Archivo Nacional, para lograr localizar documentos sobre Hostos, puesto que la Dra. Loida Figueroa y el profesor Emilio Godínez Sosa, descubrieron en los años ochenta del siglo XX, numerosos papeles y documentos hostosianos. Estos publicaron el libro: Hostos: Ensayos inéditos, San Juan: Río Piedras: Edil, 1987.

Es conveniente examinar algunas afirmaciones que no se sostienen como se han planteado:

  1. Expresa que fue idea de Hostos, el proyecto del tren trasandino. Ese proyecto ya había sido visualizado por Alberdi, en un libro, escrito muchos años antes. Libro éste de Alberdi donde explica su teoría sobre el ferrocarril y el progreso. Hostos, como periodista, escribe del tren en periódicos; sin embargo, el Proyecto de una red ferroviaria transandina, chileno-argentina, es del Presidente de Argentina Sarmiento, los chilenos y los empresarios constructores, los Hermanos Clark, que lo emprenden y llevan a cabo. ¿Quién es el responsable y de quién es el mérito?, del periodista que escribe una noticia o comentario, o ¿quién lleva a cabo materialmente el proyecto y construye el ferrocarril? Hay bibliografía moderna sobre ello. Medítese sobre el nombre que debió llevar la locomotora que cruzo los Andes.
  2. Se oculta por investigadores y autores, y se incomodan o no quiere aceptarse que Hostos no terminó el bachillerato español, y que tuvo que matricularse provisionalmente y con la condición de terminar ese grado anterior, en la Facultad de Derecho, de la Universidad Central de Madrid. Es decir que su matrícula en la Facultad de Derecho era provisional. Así tenía que estudiar Derecho y disciplinas de Filosofía y Letras. Hostos no terminó sus estudios de Derecho, no pasó de primer año de la carrera de abogado. Era un estudioso disciplinado para los estudios por su cuenta, sin los rigores e imposiciones de la academia, pero no era disciplinado ni dedicado para los estudios oficiales universitarios. El profesor Antonio Guzmán de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico personalmente buscó el expediente académico de Hostos en el Archivo Histórico Nacional, donde están todos los expedientes, menos el de Hostos, que desapareció. El profesor de Derecho Guzmán publicó un artículo sobre esta desaparición e igual hizo el doctor Argimiro Ruano. Hay otros muchos ejemplos. Asimismo lo trató de localizar Antonio S. Pedreira y años después Argimiro Ruano, experimentado investigador de archivos, quien buscó y encontró «La Tela de Araña», en los archivos de la Real Academia Española. Ninguno pudo encontrar los expedientes académicos de Eugenio María Hostos, fueron suprimidos, y luego hay sectores y personas que se enfadas porque se hacen deducciones de esta tropelía contra la verdad histórica.
  3. Dice Pedreira que el libro de Hostos, Lecciones de Derecho Constitucional [1887], es el libro de texto usado en América Hispana, por las Facultades de Derecho, para enseñar esa materia. No dice cuáles facultades o profesores lo emplean como libro de texto de la disciplina de Derecho Constitucional. Nos sorprende que un avisado catedrático de Estudios Hispánicos, acostumbrado a la búsqueda e investigación bibliográfica haga tal planteamiento. Más aún, nos quedamos anonadados con tal afirmación, pues Pedreira es autor de la Bibliografía Puertorriqueña (1492-1930), que publicó en 1932, en Madrid, a la misma vez que su libro sobre Hostos, ciudadano de América. La aseveración del catedrático y bibliógrafo Pedreira no se corresponde con los hechos históricos o académicos, tampoco con la bibliografía jurídica. El que se usaba de texto en esas facultades de jurisprudencia era el libro del doctor Florentino González, abogado en la práctica, doctor en Derecho, traductor de autores de Derecho norteamericanos y jurista colombiano que fue el autor de Códigos procesales en Chile, administrativista y autor del primer tratado de Derecho administrativo latinoamericano, internacionalista, primer profesor de Derecho Constitucional de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Escribió y publicó Lecciones de Derecho Constitucional, que tuvo cinco ediciones. Hostos en un artículo sobre «Florentino González», publicado en las Obras completas, plantea y afirma que conoció personalmente al profesor González en Buenos Aires, conversó con él, y obtuvo su libro de Derecho Constitucional y afirma que lo usará para sus clases que interesa ofrecer eventualmente. Como es posible que el biógrafo de Hostos, Antonio S. Pedreira pase esto por alto estos hechos, y los desconoce y afirme lo que no es cierto. El libro de Hostos sobre Derecho Constitucional, titulado Lecciones de Derecho Constitucional -como el del catedrático de Derecho Constitucional, Florentino González-, es de 1887, y es el único libro que tiene la bibliografía jurídica de Puerto Rico. Que, sin embargo, se publicó en Santo Domingo, no se usó en Puerto Rico, en su tiempo. Tuvo una sola edición en vida de Hostos. La afirmación de Pedreira es delicada, pues, él como catedrático y bibliógrafo tenía que conocer los currículos y los planes de estudios de las facultades de jurisprudencia y los libros que se usaban, o no expresarse sobre ello.



ArribaAbajoInterés por la biografía de Hostos

«No advirtieron en el acento reposado de su palabra apostólica la voz del maestro; no captaron el alcance de sus admoniciones cívicas; no se dieron cuenta de que les hablaba quien traía el mensaje de la verdadera orientación. Así pasó a la eternidad: ignorado, desconocido, incomprendido por su pueblo».


Vicente Géigel Polanco18. Presidente del Ateneo Puertorriqueño.                


La vida de Hostos, el gran desconocido de su tiempo en su patria, pues estuvo ausente de Puerto Rico, cuarenta y ocho años es una carrera vital rica y apropiada para que un intelectual de la reciedumbre intelectual del autor, don Argimiro Ruano, la trabaje y exponga. Lo que no interesa a los que se acercan a estudiar a Hostos es el comentario hagiográfico, que abunda, o las expresiones desmesuradas, que también abundan, los mitos. Se exige un acercamiento crítico, sobrio, basado en un conocimiento fundamentado y unas conclusiones dentro de la dimensión de su tiempo, de su época, que también abundan. La vida de Eugenio María Hostos, como él se firmaba, se parece a la de otros puertorriqueños que optaron por irse al extranjero y vivir allá para siempre. Aunque entre unos y otros hay diferencias, Hostos siempre se ocupó de las tribulaciones coloniales de Cuba y Puerto Rico y en el momento más angustioso de la patria, la tragedia del 1898, dejó todo, para estar presente junto a los puertorriqueños que «no se rebelan» y estimular y combatir la anexión. Ello, eventualmente, le acortó la vida, pues murió en Santo Domingo, en 1903, «de fastidio de la vida». Recordemos que para el 21 de abril del 1898, cuando España declara la guerra a los Estados Unidos por las exigencias «morales» de esta nación sobre la guerra hispano-cubana, Hostos vivía cómodamente con su esposa Doña Belinda Ayala y sus numerosos hijos en Santiago de Chile. Nada lo obligaba a cruzar dos océanos y quedar desempleado, con numerosa familia, para ir a Washington y Puerto Rico -que pronto sería objeto de una guerra y apropiación por un extraño país. El sentido ético y su identificación total con el destino soberano y la descolonización de Cuba y Puerto Rico eran un compromiso vital y nada era para él más importante en esas fechas. Ningún puertorriqueño contemporáneo, y durante esos momentos, se atrevió a asumir el papel de Hostos, quien con sus escritos y acciones trató por todos los medios de revertir la colonia hacía soluciones anticoloniales y de libertad y soberanía usando las armas intelectuales que poseía, el Derecho, la historia y el pensamiento filosófico. Ello con un pueblo confundido, sin una masa educada, sin universidad, con unas élites interesadas en enriquecerse y un liderato que no estuvo a la altura de las circunstancias, como el filipino y el cubano, que interesaban más insertarse en los procesos y obtener el menguado poder político que se les ofrecía que presentar un frente común de peticiones basadas en las libertades que siempre habían pedido a los españoles y que, si actuaban unidos lograrían. Hostos se enfrentó con un poder colonial poderoso, veleidoso y seductor. El momento, 1898-1900 es muy delicado, peligroso, fluido, es por ello que Hostos por su valentía moral, su insistencia en la búsqueda de la libertad19, su pensamiento descolonizador, a pesar de los errores que pudo cometer, que señalaremos, estuvo a la altura de las circunstancias, actuando solo y es por ello que el pueblo puertorriqueño le admira, le brinda sus más caros afectos, le estudia y le tiene por uno de sus fundadores.

Estados Unidos no le era desconocido pues se preciaba de un conocimiento profundo de su Derecho, Instituciones, Política y Sociedad. Aunque, como veremos, en realidad Hostos no conocía al verdadero Estados Unidos. Sus pretendidos conocimientos de la sociedad y el Derecho estadounidense se basan en lo que éstos dicen, teóricamente, de sí mismos. No en lo que su gobierno y clases poderosas económicamente y con poder político hacían, realmente para lograr sus fines, estableciendo una plutocracia20. Con el propósito de lograrlo actuaron enérgica y continuamente, incumpliendo, avasallando, irrespetando para enriquecerse a costa de los indios nativos masacrados; los negros esclavos y luego emancipados por una cruenta guerra terminada en 1865, sin derechos reales, discriminados, abusados y asesinados [linchados], pues las enmiendas constitucionales 13, 14 y 15 fueron papel mojado en la práctica y ello sancionado por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos en su jurisprudencia conservadora y racial; los inmigrantes pobres, los obreros explotados con pagas miserables y tareas descomunales, las mujeres sin derechos y sin poder ejercer el sufragio durante 132 años (1789-1921) y otros sectores marginados. Así como la continua expansión territorial a costa de otros países vecinos, México y Canadá, y las naciones hispanoamericanas por guerras imperialistas21. Hostos continuaba creyendo en las idealizaciones de la república de virtud que leía en los documentos fundamentales de Estados Unidos y en las vidas idílicas e idealizadas de sus hombres representativos. Las interpretaciones sociológicas que ofrecía a sus discípulos dominicanos, y publicadas en el Tratado de Moral, tendían a validar tales expansiones basándose en el orden y civilización que traerían esas intervenciones imperiales a los nativos. Veamos unas expresiones suyas de 1901 en sus lecciones recogidas en el Tratado de Sociología bajo el inciso titulado «Potencia jurídica»22:

«52.- El Orden Público: -El espectáculo que ofrecen los pueblos de origen anglo-sajón, en América, en África, en Asia y Oceanía, es el mejor que se puede aducir en prueba de que hay en las sociedades humanas una potencia de Derecho que las hace capaces de establecer relaciones tan firmes entre derechos y poderes, gobernantes y gobernados, que nada las altere»23.


En realidad, como manifiesta Manuel Maldonado Denis, Hostos fue incapaz de entender el imperialismo24. Para las fechas que Hostos escribe estas palabras [1901] Gran Bretaña y los Estados Unidos ya habían fraguado sus imperios y dominaban numerosos países y territorios en esos continentes y continuaban expandiéndolos. En el sur de África los ingleses se aprestaban a quitarles a otros imperialistas, los boers [holandeses], el control del Transvaal, en Sud África por guerra iniciada en 1899 y terminada en 1902, pues se descubrieron ricas minas de oro y diamantes en ese territorio y los voraces ingleses no podían dejar este tesoro en manos de otros europeos25. La participación imperial de Estados Unidos y otras potencias en China en 1900, asombraba al mundo26. Los Estados Unidos invadieron y tomaron a Puerto Rico; invadieron y mediatizaron la República de Cuba imponiéndole la infame Enmienda Platt como parte de la Constitución cubana27; e intervienen continuamente en asuntos internos de la República Dominicana -de la cual siempre han interesado obtener la Bahía de Samaná28- por deudas que tiene este país con varias naciones, entre ellas a una corporación con oficinas en Nueva York, La Santo Domingo Improvement Company. Ésta recurrió en 1903 al Departamento de Estado y éstos decidieron que la deuda de $4.5 millones sería pagada por arbitraje federal estadounidense. Ante la crisis dominicana, surgida por intervenciones continuas, desembarcaron los marinos de guerra estadounidenses en Santo Domingo, Puerto Plata y Sosua del 2 de enero al 11 de febrero de 1904. Se decidió que las aduanas de Puerto Plata serían administradas por Estados Unidos, resultando que al final se le asignó a la corporación acreedora antes mencionada, causando un vergonzoso escándalo. La intervención duró su tiempo pero fue provechosa para los invasores. A pesar de todo continuaron ocupando la República Dominicana. Unos años después el presidente Woodrow Wilson volvió a invadir dicha isla otra vez en 1916, retirándose en 192429.

De hecho, Hostos se congratula de la intervención de Gran Bretaña en el Sudán realizada por el General George Gordon, Gordon Pasha o Chinese Gordon, de quien dice en el Tratado de Moral Social, libro tercero del Tratado de Moral, que publica en 1888 que con esa invasión: «Los ingleses podrán triunfar y triunfarán para bien de la civilización en el Sudán, pero cuanto más celebre su victoria la nación, tanto más la humanidad se dolerá que le haya costado el mejor de sus soldados»30. En el interesante Estudio Preliminar del profesor Carlos Rojas Osorio titulado, «La Filosofía de Hostos», se discute toda esta sección titulada: La Moral Objetiva, aunque no discute los ejemplos específicos como Gordon. Manifiesta que: «Por otra parte, esta moral objetiva está concebida como una prueba de su teoría moral. ¿Qué prueba efectivamente? No me parece que pruebe lo que Hostos se propone, o sea la validez universal de su teoría moral. Después de todo, ningún filósofo o científico de la moral ha podido hacerlo; y quizás ni tenga sentido»31.

Otro puertorriqueño que quiso estar presente en el 1898, pero no pudo, fue el doctor Ramón Emeterio Betances que moría por esas calendas. Recordemos aquéllos que permanecieron, en diversas épocas, en el extranjero, como al clérigo, Francisco de Ayerra y Santa María, quien se ausentó para toda la vida y permaneció en México. Al general Antonio Valero de Bernabé, vinculado, al general Simón Bolívar, El Libertador, quien tampoco regresó a la patria, aunque siempre tuvo presente su libertad e influyó en los independentistas venezolanos y colombianos para que no olvidaran a Puerto Rico y Cuba. Dolores (Lola) Rodríguez de Tío, que primero se exiló en Venezuela y luego en Cuba, que no volvió en el 1898, y a fines de su vida visitó a Puerto Rico. El general Juan Rius Rivera, natural de Río Cañas, Mayagüez que, siendo estudiante de Derecho, se incorporó a las luchas independentistas cubanas, llegando al generalato por méritos de guerra, fue ministro de gobierno y miembro de la convención constituyente de la República de Cuba. Así como muchos otros que escogieron escenario más activo, clima más fructífero para sus expansiones, sociedad más abierta y régimen político menos autoritario que el puertorriqueño. Hostos regresó y quiso orientar a su pueblo. Su interesante vida y abundante obra le coloca en un lugar destacado. Es sobre Hostos que se dedican numerosos estudios y apreciaciones, precisamente, por su andadura intelectual, su cosmopolitismo, su curiosidad, sus acciones, sus contradicciones y las aportaciones que realizó.

En Hostos se dan varias facetas que le otorgan un lugar especial en la historiográfica y la configuración de la nacionalidad. Su vida se fragmenta en tres grandes núcleos o estadías en naciones americanas, después de abandonar la isla:

  1. La España decimonónica, desde 1851 hasta 1869. La España de su tiempo se caracteriza por la actuación de una nueva generación y el momentum de los años revolucionarios, el novel protagonismo de la prensa y apertura social a nuevas experiencias políticas, estéticas, religiosas y socio-económicas. Es la España de Juan Prim, Antonio Cánovas del Castillo, Joaquín Costa, Francisco Giner de los Ríos, Práxedes Mateo Sagasta, Julián Sanz del Río, Emilio Castelar, Segismundo Moret, Francisco Pi y Margall, Marcelino Menéndez Pelayo y los regeneracionistas.
  2. La República Dominicana, desde 1879 hasta 1889, donde tiene la oportunidad de intimar con el general Gregorio Luperón, Monseñor Fernando Merino32, presidente de la República, quien fue párroco de Guayama, Puerto Rico y el jurista Federico Henríquez y Carvajal, amigo de José Martí33. Éstos y otros dominicanos demostraron imaginación, apertura y confianza en los vastos recursos espirituales del antillano al permitir experimentar con sus ideas pedagógicas, sin tener título de pedagogo y establecer la Escuela Normal y designarle catedrático de Derecho Constitucional, Derecho Penal, Economía Política y Sociología en el Instituto Profesional. Tanto se identificó con la República Dominicana que en numerosos escritos se le designa como dominicano.
  3. La República de Chile, desde 1889 hasta 1898, donde dirigirá dos liceos importantes (Chillan y Amunátegui Solar), escribirá ensayos sustanciosos (Hamlet), y participará en polémicas intelectuales con catedráticos universitarios de la talla de Valentín Leteliery Julio Bañados Espinosa por el Plan de Estudios de la Facultad de Derecho; asistirá a congresos y otras actividades académicas y políticas a favor de la libertad de Cuba. Entreverados con estas permanencias se dan el viaje al Nueva York revolucionario; el viaje al sur, donde conocerá diversas figuras de intelectuales y juristas como José Victoriano Lastarria, Florentino González, Faustino Domingo Sarmiento, y otros, visita y estadía en la República Dominicana, Perú, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Venezuela, donde estudia, escribe en la prensa, habla y discute con periodistas, constitucionalistas, adherentes a las filosofías de moda y escribe en periódicos.

En el ínterin realiza los viajes menores y diversas actividades. No he querido ser detallado, pues mi intención es demostrar que se proyecta fuera pero también visita en largas estadías sociedades de la América, donde ningún puertorriqueño ha estado antes. Su periplo es abarcador. Si hubiera sido un viajero que nos dejó sus impresiones, su recepción entre nosotros hubiera sido de interés más bien arqueológico, pero Hostos no va a esos países como visitante, va como crítico, como participante, como hombre comprometido con la idea americanista, a meditar, a tallar con los buenos y con los no buenos de allí. Y para hacerlo más meritorio, viaja en barcos «desvencijados», en tercera, en hoteles humildes, como hombre sin dinero que era. Se gana la vida escribiendo, traduciendo, ofreciendo tutorías, clases. Comenta, estudia, aprende, trabaja, sufre. Va acumulando un corpus documental, numerosos artículos en diversos periódicos, cartas y un Diario que lleva durante su vida donde expone sus más hondos sentimientos, las hendiduras de su ser, pensamientos y críticas a sí mismo. No tenía que hacerlo, sus más íntimos pensamientos le pertenecen, si los expuso, creemos, no es por debilidad, es porque creyó en sí mismo y quiso compartirlo con todos, pues era agudo y sabía que a la larga, al fin, todo se publicaría y se conocería. Todos los diaristas saben eso, desde Amiel. Tuvo fe en sí mismo y quiso, como otros diaristas de su tiempo, ser laboratorio de sus más íntimas cadencias, querencias e impulsos. Creo que hubiera sido más útil el diario si lo hubiera dedicado a expresar y anotar cada una de las actividades en que participó, los personajes, personas y personillas que conoció, sus maestros y condiscípulos, amigos y amigas y otros detalles, para establecer una cronología y un orden de secuencias. No menciona a sus profesores, compañeros, situaciones y demás sino de forma tangencial, pues para él la sonda íntima era más importante que los datos externos de su biografía. Las dos clases de datos son importantes, creo. Otro hombre de diferente configuración intelectual no se hubiera expuesto a la crítica de las entretelas de su conciencia, a Hostos no le importó, lo creyó necesario. No es tampoco un rasgo original de su personalidad, pues su siglo abunda en ejemplos similares.

Su compleja personalidad atrae a los estudiosos. Entre otros rasgos de Hostos, citemos: su nordomanía, es decir, su admiración por las instituciones y sociedad de la «gran nación del Norte»; su didactismo y estudios libres, su desinterés o incapacidad anímica por los estudios formales y oficiales [dígase lo que se diga, no terminó sus estudios del bachillerato español en Bilbao, ni pudo realizar los de la Facultad de Derecho en Madrid], el misterio de sus perdidos expedientes académicos. Su interés por las dos filosofías principales imperantes en su época, el krausismo y el positivismo y su tomar y dejar formulaciones de éstas y la reelaboración de las mismas hacia un pensamiento suyo. Ello, basado en su continuo estudiar. Su curiosidad intelectual. La rotundidez de sus afirmaciones, la dinámica de textos que sus escritos padecen, es decir, que cambian con el tiempo escritos suyos hechos antes, él en su vida y sus descendientes después de su vida para adecuarlos a otras circunstancias. Ejemplo es su escrito sobre la abolición de la esclavitud, publicado en sus Obras completas (Edición crítica). Su respaldo al feminismo, expresado en la educación de la mujer. Causa que siempre tiene presente. Otros también se habían manifestado al respecto, como el propio fundador del krausismo, Karl Christian Friedich Krause, Julián Sanz del Río, Fernando de Castro34, Concepción Arenal, Francisco Giner de los Ríos, Domingo Faustino Sarmiento, Máximo R. Lira35 Miguel L. Amunátegui, Federico Henríquez y Carvajal y otros. El 21 de febrero de 1869 en la Universidad Central de Madrid se inauguran -por el rector Fernando de Castro- las Conferencias Dominicales sobre la Educación de la Mujer celebradas en el Paraninfo36. Su adherencia y respaldo a la nueva ciencia de la sociedad, la sociología, a la que subordina todo, inclusive el Derecho. Su primacía en la exposición y enseñanza de la Sociología. La fe y confianza que demuestra en la razón y que se manifiesta en su entendimiento de la religión cristiana y aún en sus meditaciones sobre la muerte. El estudio del constitucionalismo y su interés en imponerlo como forma de vida social.

Su respaldo inconmovible a la causa de la independencia y soberanía de Cuba y Puerto Rico, en todo momento. A veces las circunstancias exigían flexibilidad y sutilezas que no era capaz de esgrimir. Lo que el jurista, luchador anticolonial y hostosiano don Juan Mari Brás llama: «la ingenuidad hostosiana»37. Demostraba en ocasiones una falta de entendimiento de la dinámica de las antinomias y la flexibilidad que exigían las cuestiones fundamentales por tener repercusiones para el interés económico, los compromisos políticos y las relaciones exteriores de los países. Recordemos su visita al presidente Faustino Domingo Sarmiento para solicitarle ayuda oficial para los revolucionaros cubanos enfrascados en la guerra de los diez años. El presidente Sarmiento le dio la respuesta apropiada para quien tiene la responsabilidad de los negocios e intereses de la República Argentina que presidía -donde hay compromisos con un partido que le ha impuesto un programa y con poderosos sectores de esa sociedad-, que primero eran los intereses comerciales argentinos que la ayuda a Cuba. En Buenos Aires, una colonia poderosa de españoles con una prensa agresiva presionaba. Bartolomé Mitre, en ocasión parecida, actuó de similar forma. España era uno de los grandes compradores de productos agro-industriales argentinos para sí y para Cuba española. Hostos, idealista, en su entusiasmo por la causa independentista de Cuba, fue incapaz de entender las graves responsabilidades y compromisos políticos que tenia el presidente y lo critica duramente por no ayudar a Cuba. En las otras dos reuniones a nivel cumbre en que Hostos participó no logró captar que quien preside un gobierno carece de poderes para otorgar solicitudes de esa entidad, lo que se le pide, pues es cabeza visible de complejos entramados políticos y compromisos de los cuales no puede zafarse. Me refiero a la entrevista con el general Francisco Serrano, jefe del gobierno provisional revolucionario de 1868, al cual Hostos solicita cambios en la condición constitucional y política de Puerto Rico, y que se nos informa que contestó que era primero español y después revolucionario. Ya Hostos había calibrado el tenor de la revolución gloriosa al escribir en su Diario, es revolución pero no renovación. Finalmente, la entrevista con el taimado y hábil presidente de Estados Unidos William McKinley en 1898, sobre las libertades de Puerto Rico y un sinnúmero de derechos que obviamente ese ejecutivo no podía acceder por los compromisos políticos con diversos sectores de poder congresional, mercantiles y comerciales. No podía complacerle porque él fue uno de los gestores principales de la guerra e invasión de Puerto Rico, Cuba y Filipinas, y su búsqueda de bases adecuadas para el gran mercado chino. Ninguna entrevista fue fructífera porque las circunstancias desbordaban las peticiones, pues detrás de cada presidente visitado se encontraban complejos y complicados procesos de afilados intereses, oscuros compromisos, que coartaban la libertad de acción de ésos. Además de que Hostos representaba altos ideales de justicia, libertad y solidaridad. Quizás ello demuestre la ausencia en Hostos, hombre de una ética inconmovible, de un pensamiento incapaz, por falta de experiencia práctica y creencia en esos ideales de comprender en toda su magnitud y detalles los mecanismos sociales de que se valen los voraces sectores económicos para propiciar y asegurase más y mejores beneficios, privilegios y oportunidades mercantiles, privilegios políticos e inmunidades a costa de otros sectores y países. En las tres entrevistas Hostos actuó a título personal, por el gran prestigio de que gozaba, pero no tenía representación oficial alguna. Debemos tener presente las palabras sibilinas de Juan Mari Brás, de que: «La Historia tiene dobleces propios que no se determinan por los deseos de sus contemporáneos. Solamente cuando todas las partes concernidas logran insertarse acertadamente en una coyuntura dada -lo cual es muy difícil que ocurra- es que ésta puede aprovecharse a plenitud para alcanzar unas metas comunes»38. Otro ejemplo de esa inflexibilidad o de tener mano izquierda de Hostos lo demuestra durante su corta estadía en Puerto Rico entre 1898 y 1900. La imposibilidad de establecer relaciones políticas y alianzas con sectores afincados en Puerto Rico, del cual se había ausentado décadas. Me refiero al liderato del partido liberal y el partido republicano. Se nota que el sector ortodoxo barbosista y su prensa lo trató mejor que el sector posibilista -monárquico- de Luis Muñoz Rivera, líder indiscutible de las masas populares antes y después de la invasión39. Hostos suscribe declaraciones recogidas en documentos enviados a Washington D. C. donde interviene en delicadas cuestiones político-partidistas, como -por ejemplo- la solicitud de que se eliminase el Consejo de Secretarios que presidía Luis Muñoz Rivera. Esta petición se hizo en carta de 20 de enero de 1899 que se publicó en folleto y en la prensa puertorriqueña. Ello contribuyó a los resquemores de estos sectores que entendieron torcidamente las intenciones de Hostos. Una actitud más flexible y prudente hubiera sido más fructífera. Éste, a pesar de todo, dada su profunda inteligencia, internalizó estos problemas. Dijo en una serie de artículos publicados en el diario La Nueva Era, iniciándose el 24 de junio de 1899, que: «Ahora, desde que conozco de cerca al Puerto Rico real, y sé que está mucho más sembrado de egoístas que la patria ideal, apenumbrada antes por la distancia bienhechora, con más autoridad que entonces, puedo seguir afirmando la superioridad de ciertas condiciones negativas y de patentes circunstancias positivas, a las cuales abandonaba yo la obra de restauración espontánea de mi país. No habría, pues, temido a la Independencia, y hubiera, como Tácito y todos los lastimados de la tiranía, preferido la libertad cercada de peligros a la quietud mortal del orden impuesto por la fuerza»40. Que importantes palabras, que gran visión, si otros puertorriqueños hubieran pensado así que distintas hubieran sido las cosas. El rico pensamiento de Hostos, de sutiles interpretaciones, de reservas intelectuales, de múltiples vericuetos, donde su experiencia forjada al calor de dimensiones continentales y fraguadas por dos filosofías, como el krausismo y el positivismo, le permitieron elevarse por encima de partidos y ambiciones. No le comprendieron, era su pensamiento muy avanzado en sus construcciones intelectuales y concepciones jurídicas. Algunas, por supuesto, equivocadas. Disfrutar sus escritos como los expuestos en Madre Isla y específicamente El Plebiscito requiere mucha cultura, mucha imaginación y mucho conocimiento. Mucha dedicación y paciencia, que las clases políticas y pensantes de un país sometido a un colonialismo rampante y atrasado como el régimen español y ante circunstancias nuevas que imponía el minotauro del norte no estaban inclinados a aceptar ni siquiera entender. Otras eran los intereses de esos sectores. Hostos aró en el mar. Julio Vicuña Cifuentes, profesor que sirvió en el Liceo Amunátegui Solar, bajo el rectorado de Eugenio María Hostos le recuerda, más de cuarenta años después: «Era Hostos un hombre bondadosísimo que juzgaba por la suya el alma de los demás. De ahí que su optimismo, singularmente el que presidía su labor apostólica, fuera ilimitado, y que los desengaños que tuvo, a pesar de ser tantos [...] no le curasen de esta hermosa cualidad. En nuestras frecuentes pláticas sobre asuntos americanos, que por la naturaleza misma de ellas, más que pláticas eran monólogos suyos, las objeciones que yo hacía a sus hermosas cuanto improbables conclusiones, se estrellaban siempre en ese optimismo invencible»41.




ArribaAbajo«Montado en un raro Pegaso, un día al imposible fue»42

«Si entre tanto se presenta ocasión de hacer una locura, la más loca, la más desesperada, a favor de Puerto Rico o Cuba, la haré sin vacilar».


Eugenio M. Hostos43.                


Si Cervantes hizo a su Don Quijote un caballero andante, así lo será Hostos al estar continuamente de andadura en andadura. Se traslada de país en país y aunque en tres momentos logra estar largo tiempo en alguno de ellos, más veinte años entre Santo Domingo y Chile, al final -en 1903- el año de su muerte hizo gestiones con el presidente Tomás Estrada Palma para marcharse a Cuba. Éste ni siquiera le contestó la carta. La inestabilidad de la República Dominicana y la servidumbre de Puerto Rico no las soporta. Si no logra acogida en Latinoamérica dice: «seguiré peregrinando». Examina el autor «similitudes aparentes» que conviene aclarar: «La más sobresaliente es una existencia irreal, en la región de los sueños». Adscribe a esta característica su vivir romántico, su ideomanía, su costumbre de monologar, su dar largas al matrimonio y su desatención de cursar una carrera como cualquier hijo de vecino. Dice el autor: «Se propone deberes irreales, delirantes, que llama "grandes deberes", no los del diario vivir». Si eso hubiera hecho Hostos, imponerse los deberes del diario vivir, no hubiera resultado quien es y una biografía como ésta no tuviese sentido. Corrobora el autor estas frases, con la cita de Hostos de su Diario por supuesto: «Tengo miedo a la vida, todo en ella me espanta»44. Luego se cita de Hostos: «He habituado mi razón y mi corazón a los horizontes del peligro y de la muerte, he trabajado con la mente y con el cuerpo cien veces más de lo que era preciso. ¿Qué he obtenido? Quedarme en el dolor, en la impotencia, en la inacción, en la vida soñada»45.

Critica el doctor Ruano, con razón, al autor español Francisco Elías de Tejada y su libro, más bien breviario apologético, Las Doctrinas políticas de Eugenio María de Hostos46. Que oportunidad desaprovechada para realizar un estudio serio de las ideas de Hostos. Allí señala tres fracasos, supuestos fracasos, en la existencia de Hostos. Estos son: la revolución de 1868 en España; la experiencia revolucionaria en Nueva York y la invasión y apropiación de Puerto Rico por los Estados Unidos. Creer que lo son es adscribirle habilidades, relaciones, poderes e influencias que no tuvo. Un estudiante, un periodista, un estudioso, un cosmopolita, un pensador, un profesor, un revolucionario. Hostos no desempeñó otro ministerio que el moral. Si bien es cierto que Hostos estaba presente en los acontecimientos revolucionarios del 1868 en Madrid su participación hay que ubicarla dentro de lo que fue. Tomemos como corte hacia la revolución el año 1865. En los años preparatorios de la revolución de 1868, Hostos desempeña un papel secundario, no pertenece al liderato ni tiene actuación principal47. Eugenio María Hostos era un estudiante de Derecho que está cesante o sin matrícula por aquellos tiempos, no había, pues terminado su carrera universitaria, colaboraba en periódicos, conocía a los revolucionarios y participaba de tertulias.

A manera de ubicar acontecimientos y personas, y lograr una perspectiva adecuada a la realidad de esos tiempos revolucionarios, estudiemos la vida profesional y la situación revolucionaria de otros jóvenes de aquella realidad española, que desempeñaron papeles de importancia y liderato, éstos son: Francisco Giner de los Ríos y Emilio Castelar, para mencionar sólo dos por la brevedad. Obsérvese como los ubican sus contemporáneos y los historiadores.

Francisco Giner de los Ríos, de la misma edad de Hostos, nace en Ronda en 1839, ya es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Central en 1867. Tuvo una participación ideológica en la revolución de 1868, influyó en la elaboración de la Constitución de 1869 y después del sexenio revolucionario, destacado con sus cátedras, la Institución Libre de Enseñanza y sus numerosos escritos científicos publicados en la Revista General de Legislación y Jurisprudencia y en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, Giner fue discípulo predilecto de Julián Sanz del Río compañero de Gumersindo de Azcárate y otros de esa generación. Hostos y Giner fueron contemporáneos estrictos. Sin embargo, sus carreras profesionales discurren por causes distintos. Mientras Giner termina el Bachillerato en Filosofía en 1852, a los trece años, Hostos no logra terminarlo. Giner obtiene el Bachillerato en Derecho en 1858 a los diecinueve años, y a los veinte años de edad, la licenciatura en Derecho en 1859, Hostos no los obtiene hasta el fin de sus días. En 9 de junio de 1865 Giner obtiene el Doctorado en Derecho Civil y Canónico por la Universidad de Central de Madrid con la calificación de sobresaliente. Tiene entonces veintiséis años de edad. El 20 de julio de 1867, a los veintiocho, es catedrático de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional de esa universidad48. A esa edad Hostos todavía pugnaba por estudiar en la Universidad de Madrid49. Ahora es que Giner inicia su verdadera carrera de la vida. Cuando Hostos imprime, a fines de 1886, en Santo Domingo las Lecciones de Derecho Constitucional, Giner ocupa un destacado lugar en el mundo intelectual español y europeo, en todos los sentidos. Hostos le enviará un ejemplar de su tratado. Giner de los Ríos no lo reseña, a pesar de su abundantísima producción, se lo envía al joven profesor de la Universidad de Oviedo, Adolfo Posada, quien la prepara y publica en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, Giner es un maestro venerado, catedrático, político, filósofo, jurista, publicista, cautivador de juventudes, fundador de instituciones educativas y culturales50. A Hostos así le venerarán sus discípulos, dirigirá instituciones, recuérdese la Escuela Normal y otras instituciones que fundó y desempeñará cátedras, se le venerará como maestro y se desempeñará como un luchador anticolonial por la libertad, la soberanía y la independencia de Cuba y Puerto Rico.

Veamos la carrera vital de Castelar, que se destacó en aquellos años revolucionarios y terminó como Presidente de la República Española. Orador, parlamentario, periodista incisivo y catedrático. Emilio Castelar era catedrático desde 1856, a los 24 años, en la Universidad Central, y director del diario La Democracia, Un historiador moderno manifiesta: «La fuerza moral e ideológica de la izquierda había cristalizado sobre todo en la figura de Emilio Castelar, orador del Ateneo, director del periódico La Democracia, y catedrático de Historia de la Universidad Central». Añade: «Por su valentía, su honestidad, su vehemencia combativa, y su elocuencia, Castelar se había convertido en el ídolo de la oposición y, a la vez, en la bestia negra de la derecha, que le distinguía con toda suerte de ataques desde hacía tiempo, como señalaba La Discusión en uno de sus artículos: "Las lecciones que el señor Castelar pronuncia en el Ateneo son la pesadilla de los neo-católico"»51. Castelar es autor de un artículo devastador titulado «El rasgo», contra la reina por su interés en enajenar el patrimonio real, publicado en su periódico el 24 de febrero de 1865. Este escrito desatará eventualmente la matanza de estudiantes por la guardia civil armada en la Puerta del Sol en lo que ha llamado, La masacre de la Noche de San Daniel, ocurrida en la noche del 10 de abril de 1865. Curiosamente, el primero que escribe un artículo denunciando los sucesos de la noche de San Daniel -según el mismo afirma- fue Hostos. Sin embargo, la misma no causa asiento entre los revolucionarios y en ninguna historia política de esos tiempos se le cita. Hostos no tiene con Castelar buenas relaciones, aunque le conoce. Dice: «yo no tengo un amigo, un solo amigo»; «Desde mi juventud sé que yo no preveo para hacerme amigos»52 Sin embargo, podemos señalar que Federico Henríquez y Carvajal se conceptúa su amigo. Así como el doctor Manuel Guzmán Rodríguez, ambos le recordaban amorosamente después de desaparecido en 1903. Nos dice el doctor Ruano sobre Castelar que: «Otro personaje con quien se roza Hostos en Madrid es Emilio Castelar, Acababa el joven Eugenio María de llegar por primera vez a Madrid, y ya dicta, el también joven Castelar en el Ateneo (1858), su discurso acerca de la civilización durante las primeras centurias cristianas»53. En la III parte, «La pluma de Hostos», dice Ruano que: «Conocemos el resentimiento que lleva consigo cuando abandona España hacia el "triste Castelar", que él dice»; «Sin embargo, tan renombrado orador cuenta con demasiados admiradores en Latinoamérica, incluidos buenos puertorriqueños. Nada menos que Rubén Darío llega (1883) a la casa de Castelar con la emoción que Heine sintió al llegar a la casa de Goethe»54.

En el Nueva York revolucionario, Hostos, recién llegado y desconocido, logra dirigir periódicos, participar, pero no creo que tenía el talante y las condiciones intelectuales para dirigir la revolución antillana en Nueva York, que ya tenía en otros su liderato reconocido, como el doctor Ramón Emeterio Betances. Creer que podía hacerlo es no conocer las condiciones del momento. En momentos diferentes al licenciado José Martí, quien tenía el talante y las condiciones de liderato, le dio mucho trabajo imponerse y lo logró después de muchos esfuerzos y nunca en su vida se solventó la cuestión de la primacía de los militares o los civiles en la revolución.

La apropiación de Puerto Rico por los estadounidenses estaba fuera de las condiciones intelectuales y políticas que Hostos disfrutaba. Debemos entender que Hostos, ante la realidad de que Estados Unidos, cumpliendo su misión expansiva, dirigió su ejército contra Puerto Rico, cuando éste no tenía ninguna relación con la guerra entre la Cuba insurgente y revolucionaria y España. En Puerto Rico se había instalado el régimen de la Constitución Autonómica del 25 de noviembre de 1897. Contrario a Cuba, donde la autonomía no funcionó, en nuestra Isla, este régimen gubernamental tuvo éxito. Se dieron todas las condiciones para su instalación, se designaron los secretarios de gobierno, se crearon los departamentos y se eligieron los miembros del parlamento bicameral. Hasta los comisionados internacionales y los diputados y senadores a ser miembros del Congreso de los Diputados en Madrid fueron electos. Puerto Rico gozaba de paz, se aprestaba para iniciar una nueva etapa de su vida pública cuando los Estados Unidos, contrario a Derecho y por mero uso de la fuerza, nos incluyó en una guerra que no teníamos parte y nos impuso un régimen colonial que combatimos y nos negamos a aceptar todos los puertorriqueños de buena voluntad que amen la libertad. Para entender este «fracaso» de Hostos, como lo llama Ruano, hay que conocer la nordomanía55 de Eugenio María de Hostos.



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