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El pensamiento es: ¿será posible que yo (no acostumbrado jamás a que nadie me insulte) tolere ahora tan graves ofensas? Sí, que ha faltado en mí sin duda el antiguo valor, pues no he tomado ya venganza de un enemigo que detesto. Esta reflexión de Hamlet es justa y oportuna; pero las imágenes ridículas con que la amplifica y adorna, lo echan todo a perder.

 

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Letourneur omitió en la versión de este monólogo, lo de arrancar las barbas y soplarlas, el asir las narices, la lejía, la paloma sin hiel, la prostituta y el pillo de cocina; no obstante haber prometido solemnemente en el Prólogo, que su traducción será exacta y fiel, formando una copia parecida donde se verán: la composición, las actitudes, el colorido, las bellezas, y los defectos del cuadro original.

 

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¿Y está seguro Hamlet de que el Rey se estremecerá y mudará de color? ¿No es de creer que un malvado, cauto, artificioso, halagüeño, que no siente remordimientos de su culpa y que ha sabido con tanta destreza disimularla, sabrá también conservar en aquella ocasión una tranquilidad aparente que desbarate todas las ideas del Príncipe? Cuando vea por la escena que le han de representar, que Hamlet sabe ya las circunstancias de la muerte de su padre y el agresor de ella, ¿tardará un momento en quitarle la vida, o podrá omitir un nuevo delito (que le es necesario) estando tan hecho a cometer otros mayores? Hamlet que ha fingido hasta ahora estar loco, ya parece que lo es de veras; pues no conoce que puede ser víctima de su propio artificio.

 

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Véase la nota primera del primer Acto.

 

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 Dándole un libro. 

 

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 Aparte. 

 

97

 HAMLET dirá este monólogo creyéndose solo. OFELIA a un extremo del teatro, lee. 

 

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Johnson explica la situación de Hamlet y la serie de sus ideas, en esta forma: «Hamlet que se ve ofendido del modo más atroz, no hallando camino de vengarse sin exponerse al mayor peligro, raciocina de esta manera. Antes que yo pueda formar plan ninguno conviene decidir, si después de esta vida hemos de existir o no. Ve aquí la cuestión, cuya resolución determinará; si es más conveniente al decoro y a la razón sufrir en paciencia los ultrajes de la fortuna, o armarme contra ella y acabar con la vida todos mis males. Si morir es lo mismo que dormir, este sería un término apetecible; pero, si morir es soñar, esto es, conservar todavía la sensibilidad, en tal caso bien es detenerse un poco a reflexionar; ¿qué especie de sueños pueden ocurrir después de la muerte? Esta consideración, este temor de lo futuro, nos hace sufrir por tanto tiempo la calamidad, esto da fuerzas a la conciencia y entorpece la resolución. Hamlet iba a contraer a sí mismo y a las circunstancias en que se halla, estas observaciones generales; pero la vista inopinada de Ofelia interrumpe sus reflexiones.»

No obstante la opinión que se acaba de exponer podría notarse que el discurso de Hamlet es impropio de la situación en que se halla, porque, ¿cuáles pueden ser sus ideas? ¿Quiere matarse? No es ocasión: su padre le pide venganza, el Cielo le avisa a fuerza de prodigios que el tirano debe morir, y él ha de ser el instrumento. ¿Teme perecer en la empresa? Este temor es indigno de un alma grande, indigno de quien está seguro de la justicia de su causa, y debe contar con el favor de la Omnipotencia, que pues le ordena aquella acción sabrá darle los medios de ejecutarla, y disipará todos los peligros. Un hombre animado de tal impulso, ¿es bien que tema la muerte ni le asuste la consideración de la eternidad? ¿Ha creído acaso que es ficción del demonio la aparición que vio? Pues si todo es falso, nada hay que emprender: su tío no es ni usurpador ni fratricida. Tales son las dificultades que ocurren acerca del soliloquio de Hamlet, el cuanto parece convenir a las circunstancias presentes. Colóquese, por ejemplo, en el primer Acto antes de la escena en que los Soldados hablan al Príncipe, y entonces será oportuno cuanto se dice en él.

Prescindiendo de estos reparos, de cuya solidez juzgarán los inteligentes, el monólogo de Hamlet es uno de los pasajes más aplaudidos de esta Tragedia, y merece serlo. Las bellezas que en él se contienen no son de aquellas que se pierden en la traducción, no son locales, no son propias de tal o tal siglo, son perceptibles a todos los hombres, porque se apoyan en la verdad, están dichas con elocuente sencillez, convencen el entendimiento, y sólo el que carezca de él podrá no admirarlas.

Entre las varias traducciones que se han hecho de este pasaje, merece estimación la de un célebre Poeta francés; que no siendo fácil hallarla en otra parte, ha parecido conveniente trasladarla aquí.


Demeure: il faut choisir, et passer a l´ instant
De la vie à la mort, et de l´ être au néant.
Dieux justes! S' il en est, éclairez mon courage.
Faut-il vieillir courbé sous la main qui m´ outrage,
Supporter ou finir mon malheur et mon sort?
Qui suis-je? qui m´ arrête? et qu´ est-ce que la mort?
C' est la fin de nos maux, c´ est mon unique asile;
Après de longs transports, c´ est un sommeil tranquille.
On s' endort, et tout meurt... Mais un affreux réveil
Doit succéder peut-être aux douceurs du sommeil.
On nous menace; on dit que cette courte vie,
De tourments éternels est aussitôt suivie.
O mort! moment fatal! Affreuse éternité
Tout coeur à ton seul nom se glace épouvanté.
Eh! Qui pourrait sans toi supporter cette vie?
De nos fourbes puissants bénir l´ hypocrisie?
D´ une indigne maîtresse encenser les erreurs?
Ramper sous un ministre, adorer ses hauteurs?
Et montrer les langueurs de son âme abattue
A des amis ingrats, qui détournent la vue?
La mort serait trop douce en ces extrémités;
Mais le scrupule parle, et nous crie, arrêtez.
Il défend à nos mains cet heureux homicide,
Et d´ un héros guerrier, fait un chrétien timide.

 

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No se halla razón que disculpe la dureza bárbara con que Hamlet trata en esta escena a la inocente y sensible Ofelia. Pudiera muy bien hacer con ella el papel de loco, sin despreciarla ni abatirla.

 

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 Presentándole algunas joyas. HAMLET rehúsa tomarlas.