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Hernandia : triunfos de la fe, y gloria de las armas españolas ... / Francisco Ruiz de León

Ficha

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Canto XI

     Continúan la marcha con extraordinarios sucesos, hasta hacer Banquete de un Caballo muerto: llegan al Valle de Otumba, donde descubren la mayor fuerza del Ejército enemigo: previénense al Combate, y queda desbaratado en Batalla Campal todo el poder Mexicano: Entran en Tlaxcala, y modera el respecto del Adalid el castigo, que un Senador firmó para su propio hijo, por haber conspirado contra los Españoles: reducen estos las Provincias de Tepeyecac, o Tepeaca, Huacacholan, y otras; sin embargo de las Milicias Mexicanas, que en ellas había introducido el nuevo Emperador Quauhtemotzin, Yerno de Moctezuma, quien ascendió al Solio, por muerte de Quauhtlahuac: Raras advertencias de su Política, y Gobierno Militar. Gana el Capitán Cristóbal de Olid a Acatzinco, Tecamachalco, y otras Ciudades, y vuelve con el Héroe a Tlaxcala, adornados de luto por la muerte de Maxiscatzin, cuya autoridad despertó a muchos Señores, para confesar el Evangelio. Ponense por obra los Bergantines para el Sitio de México, y da permiso a los malcontentos, para que se retiren a Cuba, habiéndole llegado, por disposición del Cielo, más de doscientos Españoles de Velázquez, y Garay, que venían con muy opuesto designio. Eligen la Capital de Tezcuco para Plaza de Armas contra la Corte, y en Tezmelocán ofrece fingidamente la Paz el Príncipe Reinante: entra en ella, descubre el engaño, huye el Rey, y restituye la Corona a su legítimo Señor. Avanza a Ixtacpalapa, y vese a pique de perderse, con toda su Gente, en una Celada, que dispuso su Cacique: Pasan los Capitanes Lugo, y Sandoval a la Provincias de Chalco, y Otumba; y tomadas éstas, con los Prisioneros se más porte, reconviene con la Paz al Emperador Mexicano, en aquellos términos, que demanda la razón.



Argumento

                                                Llegan a Otumba, donde el Mexicano,                      
     En Batalla Campal queda vencido;
     Gánanse otras Provincias, mientras vano
     Huauhtemotzin, el Trono es elegido:
     La Fe dilata Senador Cristiano,
     Con más gente, del Cielo es asistido;
     A Tezcuco por Plaza de Armas toma;
     A Chalco gana, y a la Corte asoma.
1. ¿Cuál será la razón, o antipatía,
     Que respecto del mérito más justo,
     Se halla en el premio, para que a porfía
     Pague su amor con odio tan injusto?
     Síguele aquel constante, noche, y día,
     Con ansia siempre, rara vez sin susto,
     Y a prodigio se nota, que le aguarde,
     Pues si le llega a asir, es mal, o tarde.
2. Elección estragada, con que deja
     Insaciable de aquel, la sed innata,
     Si cuando el precio suyo más le aleja,
     Es un indigno en quien lo malbarata:
     Gime el sudor con amorosa queja,
     Al ver que injustamente así lo trata,
     Pues niega al digno, lo que al vil concede:
     No sucede común, pero sucede.
3. Pudieran sinsabores olvidados
     Divulgar la opinión, que cierta queda,
     De que afanes, fatigas, y cuidados,
     Para los Premios, no son ya moneda:
     Si llegaran a hablar los lastimados,
     Qué testigos hubiera; más lo veda
     El general delito, en que se espacia;
     Pues ¿qué culpa mayor, que la desgracia?
4. Falsario el ocio, para conseguirle
     Acuña adulación, dolo, perfidia,
     Y porque no pretendan impedirle,
     Sofoca la razón, paga la envidia:
     La verdad, que es quien puede deslucirle,
     Tiene oprimida, pues contra ella lidia;
     Y sólo en esta Lid se ha conocido,
     Que es quien sigue el alcance, el más perdido.
5. No es merecer lo mismo que exaltarse,
     Pues puede por extraño acaecimiento,
     Haber dado la mano a levantarse,
     Más la fortuna, que el merecimiento:
     El mérito es lo más, saber labrarse
     Con el propio sudor sublime asiento,
     Es lo sumo: mejor que haber subido,
     Es no subir, y haberlo merecido.
6. ¿Por qué si en ti los tuyos se complacen,
     (A Séneca pregunta, amigo estrecho)
     No te erigen Estatua, y satisfacen
     Con ella, a lo que tienes tal derecho?
     Más precio inquieras, el por qué no lo hacen
     (Le responde) que no por qué lo han hecho:
     Esto dice fortuna, o diligencia,
     Virtud expresa aquello, y excelencia.
7. Gócese aquel, que a gotas de un terrible
     Tenaz desvelo, les tejió a sus sienes
     Lauro inmortal, Corona inmarcesible,
     Que el premio nunca defraudó estos bienes:
     Puede ser olvidado, y es posible;
     Mas nunca perderá prendas, en quienes
     Vinculando del mérito la gloria,
     Halle de su sudor ejecutoria.
8. Con ésta entretenido, y fervoroso
     Se hallaba el Adalid, mientras ordena
     Otras el Hado, donde con reposo
     La esperanza sus lágrimas serena:
     Tormento fue ésta siempre rigoroso,
     Mas trabajar sin ella, es mayor pena,
     Y ninguno en el Mundo habrá que diga,
     Que no miró este blanco su fatiga.
9. A precio suyo vuelve al incesante
     Afán, que ofrece la ocasión presente;
     Y siguiendo la Marcha, va adelante
     Siempre con enemigos por la frente:
     Pasan de noche a puesto más distante;
     Falta la provisión a nuestra gente;
     Tal que a necesidad, hambre extremada,
     Hizo a una yegua, vianda delicada.
10. Con razón un Filósofo ha afirmado,
     Que es la salsa, el sainete, al condimento,
     La mucha hambre, pues nunca ha reparado,
     Siendo tal, sino sólo en el sustento:
     ¿Cuánto al gusto, la gula le ha costado?
     Nada el melindre para el que anda hambriento;
     ¡Oh, cuánta diferencia en la comida,
     Hay desde el paladar, hasta la vida!
11. Tú Aristipo epulón, que entre manjares,
     Y ocios, gastas el alma, fatigados
     Mira desde tu mesa los azares,
     Con que nutren la vida los Soldados:
     Mas no lo hagas, que sobrarán pesares
     Venideros, a gustos desreglados,
     Si ellos compran su fama, y tu ansia estulta,
     Con tu nombre, y tu vida se sepulta.
12. Denle incomodidades al que tiene
     Espíritu, a salir a nueva esfera,
     Que con ellas, hará lo que previene
     El Héroe, al ver que otra batalla espera:
     Cuando Titán, a Otumba a rayar viene,
     En su espaciosa Vega lisonjera,
     Tan dilatado golfo halla de Pluma,
     Que tuvo por menor el de su espuma.
13. Asombro fue, cuando movida el Asia,
     Dio Xerxes sobre Grecia, tres millones
     De Soldados, por quienes cuanto espacia
     El Atos, transminó sus Farellones:
     Mas qué mucho sintiese tal desgracia,
     Si herido el Helesponto a sus Timones,
     Vio Galipoli el Istmo con dos puentes,
     Para dar a unos, y otros más corrientes.
14. Grandeza sí, pero es más numerosa
     La multitud, que el Mexicano envía;
     Que aquel número ajusta poderosa
     Fuerza, de treinta Reyes en que fía:
     ¡Cuánta otra gente mandaría forzosa
     De inmoderadas Levas, este día,
     Quien si apostara al Mar, hombres, apenas
     Pudieran igualarlos sus arenas!
15. En sí anegando Valles, y Montañas,
     Inmensa muchedumbre de Flecheros,
     Tremola en sus Banderas las hazañas,
     Que ostentan Jeroglíficos guerreros:
     ¡Con qué varios colores, con qué extrañas
     Figuras, de Penachos, y Plumeros,
     En joyas, y pendientes, rabia impía,
     Dio la muerte, galana bizarría!
16. Nunca con más extremos arrogancia
     Militar, de soberbias impiedades,
     Hizo, sino hoy, con superior jactancia,
     Aparato mayor de sus crueldades!
     Fuerza era, que así fuese extravagancia,
     Que excediéndose en tantas vanidades,
     Intentó, con gentil desembarazo,
     Rendir al mismo Marte, brazo a brazo.
17. Éste al empeño grande que barrunta,
     A los suyos demuestra su propuesta,
     Con un mirar; como hace el que pregunta,
     Y aconseja en su rostro la respuesta:
     Leyendo la obediencia en una punta,
     Y otra, al combate la defensa apresta
     En explayada frente, y diligente
     Da a aquel el pecho, y a estos da la frente.
18. Llegó el caso (constante dice) amigos,
     De morir, o vencer; éste el postrero
     Vale es en suma de los enemigos,
     Que su despecho presumió guerrero:
     Sólo a serviros vienen de testigos,
     Y a dar otra victoria a vuestro acero;
     Su último, su mayor esfuerzo ha sido,
     Si no vencéis, no basta haber vencido.
19. A vencer, o morir. Jamás preñada
     Nube, rompiendo senos, y cristales,
     Desgajó a la Montaña amenazada,
     Con tanta furia, rayos, y raudales:
     Ni jamás tan a tiempo reventada
     Su Cima, rebatiendo pedernales,
     La disipó, con los tenaces lazos
     De fuertes riscos, que aventó en pedazos.
20. Huracán no; Diluvio en avenidas
     De infausta pluma, ciega la Campaña,
     Inundando con olas repetidas,
     Pimpollo, Espiga, Rosa, Botón, Caña:
     Aquesta (Mongivelo) en desprendidas
     Lajas, le arroja toda la Montaña,
     Cortando esquiva, con violencia breve,
     Iras de peñas, por fragor de nieve.
21. Tal el Golfo de flechas brota amagos,
     Que el Mexicano vibra con arrojos,
     Si en torbellinos, si en crecidos Lagos,
     Llena el aire, y la tierra de despojos:
     Revienta el Español Vesubio, estragos,
     Que antes al Alma llegan, que a los ojos;
     La guerra se enfurece, y turbulentos,
     Añadiendo horror, van los Elementos.
22. Lanzas, Espadas, Chuzos, y Macanas,
     Se quiebran en los pechos, y cabezas;
     Estréllanse los Sables, Partesanas,
     En los miembros, que vuelan hechos piezas:
     A los brazos las iras más tiranas
     Llaman sus irritadas fortalezas;
     Y a tanta intrepidez, que opresa gime,
     La quinta esencia del furor se exprime.
23. Así los unos, y otros, valerosos
     Sembrando muertes, destrozando vidas,
     Desfogan con incendios pavorosos
     Etna mayor en llamas repetidas:
     Con sangrientos embates lastimosos
     Son de la vida diestros homicidas;
     Y arrasando Escuadrones impacientes,
     Al Mar de sangre, nuevas dan corrientes.
24. Aún el ambiente suave, estremecido
     De Clarines, y Cajas Españolas,
     Violando el margen, llega entumecido,
     Pasar a golfo de vitales olas:
     Y ahogando en él el Parche, y alarido,
     Hace que sólo se perciban solas
     Las confusiones nuevas, que veloces,
     En los golpes, visibles son sus voces.
25. Cual a dos manos el feroz montante
     Jugando diestro de uno al otro lado,
     Con los cuerpos que trunca, en un instante
     Cubre de miembros el teñido Prado:
     Cual con la Espada, rayo del Tonante,
     Lo que delante ve, deja abrasado;
     Cual con gruesa Alabarda, corta fiero
     Más Plumeros al Pino, que al acero.
26. No vio en sus Teatros Marte igual Campaña,
     Tan formidable a la ira, y la fiereza,
     Donde una hazaña se ahoga en otra hazaña,
     Y una proeza se anega en otra proeza:
     En horrores, crueldades, muertes, saña,
     Tropieza la impiedad, y la braveza;
     Hasta el mismo corrido en esta parte
     Confesó envidias, al humano Marte.
27. Cuando éste al enemigo brioso aterra,
     Aquel contra él los elementos fragua,
     Y en un harpón a todos los encierra,
     Por ver si el corrimiento así desagua:
     Plumas el Aire, pedernal la Tierra,
     El Fuego ardores, y veneno la Agua,
     Dieron contra el aliento sin segundo.
     Que a todos ellos les ganaba un Mundo.
28. En su brazo clavado, que pudiera
     Ya honrar la diestra del Tonante, Rayo,
     (Pues mereció prendido más Esfera,
     Que la que Jove huella sin desmayo:)
     Luce las Plumas rojas de manera,
     Que viendo hacerle más airoso ensayo,
     Llegó a decir: Desde hoy conozco cierto,
     Que inmortal eres, si con él no has muerto.
29. No así de Armas, y Canes acosado,
     Repechado en el Roble, se hace fuerte
     En las hircanas selvas, que ha trillado
     Tigre feroz, a resistir la muerte:
     Y al verse de corales salpicado,
     Contra Lanzas, y Perros se convierte
     Por la tintura, que en dorada llama
     Tanta ira, como nácar, le derrama.
30. A la Púrpura fresca, que matiza
     Escudo, y riendas, rompe el grande trozo
     De las Escuadras, donde el fuego atiza,
     Haciendo en ellas mísero destrozo:
     Busca el centro, y en éste se encarniza,
     Quitando a la fortuna tanto embozo;
     Y seguido de algunos se presenta
     Adonde el Sol, portátil Carro ostenta.
31. Cual las arenas de la Libia ardiente,
     Bramando ciego surca con pie hendido,
     Manchada a esmaltes de carmín caliente,
     Su rugosa cerviz, toro prendido:
     Que sacudiendo de la dura frente
     Con amenazas el marfil torcido;
     Lo que va retirándose su amago,
     Hace al partirse duplicado estrago.
32. Llega a las andas el galán Nemeo,
     Y con el General que en ellas mira,
     Cierra, y al bote, como justo empleo,
     Da de espaldas con él cuando le tira:
     Tigre por su rubí, venga el trofeo;
     Rival por su granate, a más aspira;
     Queriendo solamente que la gloria,
     Al brazo herido deba la victoria.
33. Salamanca, que se halla cerca, falta
     Del caballo, y tomando el Estandarte,
     Al General difunto, más lo exalta,
     Cuando arbolado se lo entrega a Marte:
     Mira la multitud tan suma falta,
     Y sus Insignias a una, y otra parte
     Arrojando, la fuga no entendida
     Emprendió despachada, no vencida.
34. España viva, grita valeroso
     El Adalid, y como de repente,
     Quien soñando en un Golfo tempestuoso,
     Despierta, y el sosiego ve patente:
     Así de tanto cauce proceloso,
     En la aprehensión se escucha solamente
     El rumor, y a no haber tales despojos,
     Sueño lo hicieran, a faltarles ojos.
35. Apolo se admiró desvanecido,
     Hallando el Ponto convertido en Monte;
     Y a no tener el curso tan sabido,
     Le sucede lo que antes a Faetonte:
     Vaciló un tanto, pero ya entendido,
     Que era Cortés quien daba tal desmonte,
     Dijo al cobrar el Pértigo flamante:
     Esta es España, vamos adelante.
36. Éste, y aquellos examinan ciertos
     Millares, cuentos, de cabezas, manos,
     Piernas, y cuerpos truncos, de los yertos
     Infelices perdidos Mexicanos:
     O cuanta muchedumbre entre los muertos
     Pudieran numerar los Castellanos,
     A ser posible; pero en tal frangente,
     Ellos las hacen, y otro que las cuente.
37. Qué de despojos no son ya tributos
     A sus diestras: Qué Petos, qué Collares,
     Nacieron galas, y espiraron lutos,
     Equivocando suertes singulares!
     Soberbia presunción del triunfo, astutos
     Les puso adornos tan particulares;
     Porque hicieron con sola su insolencia,
     Cuentas al gusto, no a la contingencia.
38. Triunfante ya de tanto horror sangriento,
     Llega a Tlaxcala, cuyo leal Senado,
     Con esmero rendido dice atento
     La amistad, y obediencia que ha jurado:
     Celebra la victoria aquel contento,
     Que es del Vulgar pasión, del Noble agrado,
     Cuyas festivas voces, y ternuras,
     Son aquí afectos, las que allí locuras.
39. Mas ¿quién creyera que en tan repetidas
     Felicidades la desgracia echase
     El azar, invirtiendo las medidas,
     Porque el nuevo edificio se arruinase?
     El engaño de Espadas presumidas
     Lo hizo, porque hizo más odiosa clase,
     Queriendo supusiesen los Soldados,
     Que ni en las listas fueron bien contados.
40. Tropiezo es de la Pluma, y cruel sonrojo,
     Que hijos de España, busquen impacientes,
     Más los ocios de Cuba, que el arrojo,
     Con que la fama nombres da eminentes:
     A la verdad lo ingenuo, sea despojo,
     Para que echen de ver los maldicientes,
     Que a quien cuenta valor, y cobardía,
     No pasión torpe, sí razón le guía.
41. Los de Narvaez, mirando que se emprenden
     Pasos, a sujetar Pueblos alzados,
     Claman por Vera-Cruz, donde pretenden
     De más cerca los gustos no olvidados:
     Entre los imposibles que suspenden
     Tanta Conquista, crece los cuidados
     Éste en el Adalid, pues en su vista,
     Hizo también de necios su conquista.
42. Al punto que Otumba la Red de Oro,
     A México, y a Madrid, ira, y memoria,
     Partió, y Huauhtlahuac con fatal desdoro,
     Perdió la vida, si antes la victoria:
     Al Solio Huauhtemuch dio su decoro
     Con repugnancia, porque tanta gloria
     Fuese hija del desdén, que la renuencia
     Hace escalones de su resistencia.
43. Con más culta Nación, hizo lo mismo
     Tiberio, en el Senado, que ya doma;
     No es resistir, acción de barbarismo,
     Dígalo aquel con el Laurel de Roma:
     Uno, y otro ocultando grave abismo,
     Ganan, cuando la mano el Cetro toma,
     Lo más alto del Arte en que se emplean,
     Pues son rogados con lo que desean.
44. ¡Qué aceptación ganó por su persona,
     Y sangre! Yerno fue de Moctezuma;
     E iluminado ya con la Corona,
     De sus grandezas hizo noble suma:
     Los tributos levanta, con que abona
     Tregua al sudor, y esfuerzos a la Pluma,
     Que para dominar un Soberano,
     Ha de ocupar el pecho, no la mano.
45. Muestra benignidades repartiendo
     Dádivas, privilegios, y excepciones;
     Y al mismo paso que el amor creciendo,
     Fueron también creciendo los Pendones:
     A la fieldad exhorta, remitiendo
     Reclutas, donde temen invasiones,
     Que es la voz sola de quien quiere, en vano,
     Si pudiéndolo hacer, no da la mano.
46. Con estos medios, dignos de alabanza,
     Y el perdón general, en breves días,
     Logró en Tepeaca, donde el resto afianza,
     Y en todo el País, mayores osadías:
     Cortar de Vera-Cruz quiere la alianza,
     A los nuestros, y en otras correrías
     Tanto hace, que a Tlaxcala brindó fuerte
     Vida en su liga, o en su afecto, muerte.
47. Embajadores manda (providencia
     De política grande) a aquel Senado,
     Ofreciendo mayor correspondencia
     Entre la unión, y paz deste tratado:
     Con tal que sólo en tanta concurrencia
     Tome contra el Caudillo celebrado
     Las armas, cuando da motivo luego,
     Causa común, para común sosiego.
48. Pero de esta República guerrera
     El pundonor, tanta propuesta extraña
     Impracticable, pues rendida esmera,
     Atentas obediencias para España:
     Esfuerza su repulsa, porque fuera
     Vileza entonces, lo que juzga hazaña,
     Habiendo hecho felice su recinto,
     Mejorando sus Tercios en un Quinto.
49. Ésta sola de tantas populosas
     Provincias, se libró del Mexicano;
     Y en las otras creció sus poderosas
     Fuerzas, para acabar al Castellano:
     De estas medidas, siempre recelosas,
     Los del Vulgo Español tomaron mano,
     Para dar a entender que no había dable
     Medio, a seguir empeño impracticable.
50. Máxima fue, cerrarse no a la banda,
     Y mandar cuanto bueno, y bien parece;
     Que hay cosa que es desdoro del que manda,
     Más que reformación del que obedece:
     Precepto intempestivo, jamás anda
     En sazón, y a sí propio se envilece;
     Pues nunca fue más ciega la obediencia,
     Que no repare su desconveniencia.
51. Por esto el Extremeño, conociendo
     La alteración fatal de sus humores,
     Y al mismo tiempo al Mexicano viendo
     Empeñado en designios superiores,
     Prueba el tiento benigno, reprimiendo
     Autoridad, que puede obrar rigores:
     Y antes que haga el poder lo que hacer sabe,
     Procura (¡qué prudente!) Modo suave.
52. Mas nada así consigue su destreza,
     Porque primores de tan dulce hechizo,
     No nacieron, no son a la rudeza
     De paladar grosero, y enfermizo:
     Que como no penetra su corteza,
     Se contenta no más con el postizo
     Superficial deleite, en que embriagado
     Está, sin más razón, que estar negado.
53. Genios hay en el Mundo extravagantes,
     Que hacen de su locura raro aprecio;
     Y hallándose aplaudidos de ignorantes,
     Crecen al grado sumo de lo necio:
     Adulación de simples circunstantes,
     Les obliga que miren con desprecio
     A los demás, llegando su osadía
     A usar por Magisterio, la porfía.
54. Tiene el rústico cura en su ignorancia,
     El agudo, el soberbio, en su renuencia;
     Pero del presumido, la jactancia
     No, porque es incurable tal dolencia:
     No sólo no conoce su arrogancia,
     Sino que el juicio ajeno cree demencia;
     ¡Ni qué importa juzgarlo estrafalario,
     Si él está persuadido a lo contrario!
55. Con el que por su mal llegó a este estado,
     No hay que entrar en disputa, o nuevo examen,
     Que hereje del capricho, de obstinado,
     Dará la vida, pero no el dictamen:
     El único remedio que se ha hallado,
     Es no contradecirles, aunque bramen,
     Ni por su bien, que Físicos expertos,
     Cuerpos enfermos buscan, mas no muertos.
56. Este sistema fuerza, que cediendo
     El Español, reprima sus enojos,
     Hasta sazón madura, pretendiendo
     En los vivos, curar tantos arrojos:
     Póneles por delante, que teniendo
     Del Imperio las Armas a los ojos,
     Verán el paso libre sus espadas,
     Si quedan las Provincias sojuzgadas.
57. Con esto, y prometerles que daría
     Su permiso, en las Quillas más veleras,
     Para el curso de Cuba, al que quería
     No seguir el rumor de sus Banderas:
     Reduce entonces tanta demasía,
     Y antes que el calor pase, tan de veras
     Pulsó la cosa, que perdió al Indiano;
     Más fuerza era, si hay pulso, enfermo, y mano.
58. Queda otra vez Tepeaca reducida,
     Que es lo que más en México se siente,
     Perdida la opinión, y la surtida,
     Que era allí el presupuesto más urgente:
     Aquí se erige fuerza pretendida,
     A sujetar extraña, y propia gente,
     Y Española Ciudad se considera,
     Segura ya, segura su Frontera.
59. Ganan otras Ciudades populosas,
     Después Quecholan, Acatzinco luego,
     En donde sus Milicias poderosas
     Ve en cenizas el Patrio a nuestro fuego:
     Olid rinde más Villas belicosas,
     Y como juntos andan ira, y ruego,
     Los Audaces se miran compelidos,
     Y los tímidos quedan socorridos.
60. Millares de hombres pierde aquel Monarca
     En estas interpresas, y millares
     De gentes, brota toda la Comarca,
     A ser a nuestras Armas auxiliares:
     Con suave influjo la fortuna marca,
     Desta jornada, proezas singulares,
     Siendo el triunfo mayor de su talento,
     Que templase su queja un malcontento.
61. Inventados parecen los sucesos
     De esta Conquista, para que elevadas
     Halle la admiración, con más excesos,
     Las acciones del Héroe, decantadas:
     No tanto, no, confirman sus progresos,
     Empresas del aliento coronadas,
     Cuanto de lucha, que es sin competencia
     El ejercicio, el fin de la paciencia.
62. Mira entre los inquietos, casi iguales
     A algunos obligados, que pudieran
     Tener más de su parte, los cabales
     De la razón, si acaso la atendieran:
     Mezcladas entre espinas de parciales,
     Están las Rosas, que en picar se esmeran;
     Y aunque siente el dolor en su persona,
     Más le punza la falta a la Corona.
63. Poca sinceridad, claro es, habría
     En las causales de tan vana queja,
     Porque quién con su sangre allí podría
     Ir contra la lealtad que le aconseja:
     Ni a propia displicencia se debía
     Atender, si del Real servicio aleja,
     Que la frente de un Noble está empeñada,
     Si ve en su mano por el Rey la espada.
64. Parece que es efecto del pecado,
     Aquesta infiel correspondencia humana;
     Más discurría yo, que bien mirado,
     Es providencia oculta soberana:
     Advertencia es sin duda al engañado,
     Porque conozca la miseria vana,
      Y de tanto engreimiento se desvíe,
     Para que en la verdad sólo confíe.
65. Si con las sinrazones tan engreído
     Está en el mundo, ¿cómo lo estuviera,
     Si la correspondencia que ha querido
     En las acciones de los otros viera?
     ¡Oh qué de pocas veces se ha tenido!
     Dígalo el que la ha visto, si quisiera
     Mayor felicidad; su corto anhelo,
     Olvidara por ésta la del Cielo.
66. Algunos, celebrados en la Historia,
     Hubo, que tanta dicha consiguieron;
     Mas tan escasos son, que en la memoria,
     Con los siglos apenas compitieron:
     Lo común, es lo opuesto a aquesta gloria,
     Dicho por todos cuantos son, y fueron,
     Sentido del discreto, y no ignorado,
     Aunque en verdad con más razón llorado.
67. Ver la falta de ley en el Amigo,
     La ira en el contencioso poco atento,
     Y a la razón el necio, ya enemigo,
     Es el mayor cuchillo del tormento:
     De esta pena el Caudillo era testigo,
     Hallando en uno, y otro malcontento,
     Cuanto era suficiente, por injusto,
     A acibarar de tanto bien el gusto.
68. Resfríos de la amistad, altercaciones
     De vulgares, le impelen a que vea
     El poco fondo de unos corazones,
     Y el genio torpe, que a otros señorea:
     Cierto de que a mayores ocasiones
     No son de codiciar, con sabia idea
     Se porta a ver si no se satisface,
     Discípulo del tiempo, lo que éste hace.
69. Con ánimo de unir los que quedaron
     En Tlaxcala, a ella vuelve, aunque de luto,
     Por Maxiscatzin, en quien se estrenaron
     Primicias de la Fe, para más fruto:
     Políticos adornos remedaron
     Traje, que fue de desaseo estatuto;
     Que es siempre natural por el tormento,
     Más galán, sin aliño, un sentimiento.
70. Rendidos, más que siempre, le reciben
     Por tal demostración, y más consuelo
     Es ver, que otros Magnates se aperciben
     Al Baptismo, clamando por el Cielo:
     Del primer ejemplar tanto conciben,
     Que humilde persuasión se pasa a celo;
     Cuantos Dominios ahí se reformaran,
     Si los Grandes así se sujetaran.
71. Mejora luego el Hado la fatiga
     Interior de Cortés, pues ya marchando
     Viene gente Española, a quien obliga
     La fortuna, a seguir ajeno bando:
     Recluta de Velázquez, enemiga
     Salió de Cuba, y otra va llegando;
     ¡Quién en su diligencia hay que blasone,
     Si ha de ser sólo lo que Dios dispone!
72. Cuatro veces cincuenta Espadas nuevas,
     Son las que a cargo de los Capitanes
     Morejón, Barba, y otros, hacen pruebas
     Que serán desempeño a sus afanes:
     Con estos trozos, que presume Levas
     Grandes en la ocasión, sus tafetanes
     Alienta, y esta suma corregida,
     Del resto inquieto saca la Partida.
73. De tanto inútil número deshecho,
     Mejor multiplicado, a la tarea
     A entregar vuelve mansamente el pecho,
     Con la cuenta que forma rara idea:
     Desusado artificio pide el hecho,
     Que ha de perficionar lo que desea;
     Y con razón, que siempre es necesario
     A extraño fin, un medio extraordinario.
74. No hubiera Teatro por apetecible,
     Que a los humanos diese más contento,
     Que mirar (si pudiese ser visible)
     El interior de un grande entendimiento:
     Maravillas del acto comprehensible
     Crecieran suspensiones a lo atento;
     Si un borrón suyo pasma en la existencia,
     ¡Qué hiciera su pincel, en la Potencia!
75. Partos tiene inauditos; ¡quién dijera
     Que era capaz, con sólo su concepto,
     De alterar todo el Orbe, si no viera
     En realidades su poder acepto!
     Por tierra navegar, hundir la Esfera,
     Sin que orden calmase por inepto,
     Parece que quedara impersuasible,
     A no haberlo Cortés hecho posible.
76. Humano golfo ponen oportuno
     A nuevos vasos, raras sus ideas,
     Porque si no Nereidas de Neptuno,
     Los celebren de Flora sus Napeas:
     Que pierda la extrañeza de importuno
     El Artificio, quieren sus Monteas;
     Y de tantas que el hombre nada en ellos,
     Sirvan alguna vez de olas a aquellos.
77. Por obra en la Montaña van poniendo
     Los Bergantines, que hace la fortuna,
     Cuyas Quillas se engañan, presumiendo
     Obas, las que hallan de esmeraldas cuna:
     Centauros de la Selva van creciendo
     Para correr Tritones la Laguna,
     Siendo sus Lonas, y Timones graves,
     Del Monte Fieras, y del Agua Naves.
78. Sazonar solamente al tiempo toca,
     Concepto a todas luces peregrino,
     Para que puedan desde la alta Roca
     Avanzar al cristal Sacres de Lino:
     Cuando otra vez a la atención provoca
     Nuevo embarazo, como de camino;
     Pues por más que la vista esté empeñada,
     Hiere fortuna al menos de pasada.
79. La voz con que a Tlaxcala el Mexicano
     Ofreció Paces, eco fue en el oído
     De Xicontecatl, que un sentido vano,
     Peca de estar alerta por sentido:
     Joven violento, General ufano,
     De unos amado, de Cortés vencido,
     Le recordó en su pecho lo insolente,
     Y en contra de la nuestra, busca gente.
80. ¿Qué Esperamos (les dice) si el Imperio
     Nos ruega, con lo mismo que nosotros
     Debiéramos hacer? Pueda lo serio
     Volver a los ojos, a lo que hacen otros:
     La Patria, la razón, el Improperio,
     Excitan la venganza: si vosotros
     Me ayudáis, como es justo, a tal hazaña,
     Víctima del arrojo será España.
81. Crédito anhela su sofistería
     Ganar, de cierta, con razones tales,
     Porque el rumor pasando a alevosía,
     Hasta séquito crezca de Parciales:
     Pero el amor que a España se tenía
     Fue de tal suerte, que pudieron leales,
     Con trasladar su afecto a más sagrado,
     Participar las voces al Senado.
82. Pondera este con seso, y sutileza,
     Maldad de consecuencias tan enormes;
     Por la Patria unos piden la cabeza,
     Por su Padre otros no se ven conformes:
     Mas del Anciano noble, la entereza
     Vota, y los deja a todos uniformes;
     ¡Gran Padre del común será colijo,
     Juez que no cede, ni al amor de un hijo!
83. No juzgue que sólo es Manlio Torcuato,
     En el celo en que a todos se adelanta,
     Poniendo el propio por menor rebato,
     Contra su hijo, el Cuchillo a la garganta:
     Que si porque faltó desleal, ingrato
     Al Militar manejo, no le aguanta,
     ¿Cómo exceso mayor podía el Anciano
     Xicontencatl, sufrir de hijo tirano?
84. Fue en aquel imprudente, por sañudo
     El modo, que a otra luz fue conveniente;
     Que para que el ejemplo grite mudo,
     No ha de perder decoros de decente:
     Por esto el Senador, aquí sesudo,
     Le excede en todo, con valor prudente;
     Que era poco igualarle la arrogancia,
     Si no enmendará el modo, a la substancia.
85. Admira el Español tan grave atento
     Proceder, e interpone su Persona,
     Por cuyo obsequio quita de sangriento
     Cuanto el Senado su amistad blasona:
     Vida, y honor el Joven desatento
     Ve que le debe, y aunque leal se abona,
     Volverá de él a retoñar el vicio,
     Porque es infiel, y debe beneficio.
86. De esta suerte sereno el accidente,
     Que pudo en la ocasión causar cuidado,
     Y más en Países donde ser valiente,
     Bastaba por razón al Alentado:
     Por no tener ociosa tanta gente,
     Que es camino sagaz, disimulado,
     De que esté menos discursiva, elige
     Menor empresa, que la suma afije.
87. Setenta mil Aliados, que numera,
     Dan ayuda nerviosa al desempeño,
     En tanto que la Máquina velera
     A realidades pasa su diseño:
     Gran providencia; pero ¡qué pudiera
     Hacer, el que es de tantas Armas dueño,
     Sino esto, para el fin a que miraba,
     Y más siendo Cortés quien lo trazaba!
88. La capital Frontera Tescucana
     Asigna para Plaza, conociendo
     Que es ella de la Corte Mexicana
     Antemural, que el paso está impidiendo:
     Y que una vez tomada por cercana
     A la Laguna, pues la está lamiendo,
     Desde allí correrán nuevos confines,
     Con surtida mejor, sus Bergantines.
89. Previendo Quauhtemoth este accidente,
     Luego que ascendió al Solio, en recompensa
     Por enemigo nuestro, y por valiente,
     De Cacumatzin perdonó la ofensa:
     Restituyole el Cetro refulgente
     De Tezcuco, encargando su defensa,
     En cualquiera invasión, haciendo sabio
     Política del odio, y del agravio.
90. Éste, pues, vigilante al movimiento
     De los nuestros está, por si complace
     Con la venganza, tal remordimiento,
     Que al ofendido nunca satisface:
     Sabiéndolo (que es fácil un intento
     Que está entre muchos, penetrarse) ¿qué hace?
     En el juego de paz, con punto vano
     Envida a la primera, por ser mano.
91. Ya el Caudillo la grande Cordillera
     Alegre pisa, cuya verde falda
     Al volcán en su cima reverbera,
     Por diamante le engasta en esmeralda:
     A Tezmelocán (Villa de madera,
     Que da los buques al Indiano Escalda)
     Llegan a tiempo, que del Sol la lumbre
     Se apagó con la nieve de su cumbre.
92. Huyendo el rostro, sus enviados luego
     Manda a Cortés, que en tales ocasiones,
     Teme que pueda conocerle el juego,
     Que estriba en el desliz de las acciones:
     Obediencia, conducta, paz, sosiego,
     Ofrecen por aquel, cuyas razones
     Tanto hace que la Fe lo facilite,
     Que a la primera vez quiso el envite.
93. Marcha a Tezcuco, no porque presuma
     Verdad la oferta, sino porque puesto
     Que ha de tomarla, le es mejor en suma
     Para su introducción, aquel pretexto:
     Que después con la Espada, y con la pluma,
     Sacará verdadero lo propuesto,
     Que en la Milicia es máxima, la flema
     Su cólera dejar para la extrema.
94. Creyó el Bárbaro empleada en tanto trance
     Su fortuna, más del extraordinario
     Ejército, que advierte, huyó el alcance,
     Por ser punto mayor el del contrario:
     Discreto anduvo en excusar tal lance,
     Y haviendo de elegir involuntario,
     Buscó la Corte, conociendo presto,
     Que era aquel por sus Reyes, todo resto.
95. Sin que obsten falsedades, el pasaje
     Bueno, deja más quietos los Paisanos,
     Con tan feliz acierto, que de encaje
     Lo que faltaba descubrió en sus manos:
     A ofrecerle rendido vasallaje,
     De un joven guiados, llegan tres Ancianos,
     Y al informe que indaga afán prolijo,
     Uno entre voces, y sollozos dijo:
96. No del rústico traje aquí te espante
     Valeroso Español, disfraz inquieto,
     Cuando el Cielo a mi labio titubeante
     Romper quiere el candado del secreto:
     Que hay ocasiones, que en el ignorante
     Tiene algo que estudiar el más discreto,
     Y más, si acaso sabe penas muchas,
     Tú lo verás en breve, pues me escuchas.
97. A Tezcuco con blanda paz regía
     Su Príncipe Netzahual, en aquella
     Dulce prisión, que en suave simpatía,
     A la propia Corona da su Estrella:
     Cuando de Cacumatzin (esa harpía,
     Que el Mundo tala con su pico, o huella)
     La garra a su garganta echó furiosa,
     Para arrancarla de su Sien gloriosa.
98. No contento con esto el Fratricida,
     El fruto de su Tálamo esperaba,
     Para segar en la inocente vida
     El Pimpollo infeliz, que aún no brotaba:
     Yo, (noble soy) mirando prevenida
     Segur, que al tierno cuello amenazaba,
     Conseguí al ver la luz, con leal cuidado,
     No sólo de él, hurtárselo hasta al Hado.
99. No juzgó que hice bien, pues mejor fuera
     Al que nacía perdiendo tanta suerte,
     Dejarlo perecer, porque tuviera
     Menos dolor, con más temprana muerte:
     Pero vi al mismo tiempo, que aquello era
     Anticiparle tanto daño fuerte;
     Y ser Yo más que el Cielo inexorable,
     Haciendo el contingente, inevitable.
100. Registré su Natal, desde el retiro
     De una Gruta; ¡quién quiso los enojos
     No investigar de aquese azul zafiro,
     Poniendo en él con atención los ojos!
     Presago aspecto su voluble giro
     Mostró a la observación de mis arrojos,
     Y a su Horóscopo, triste luz escasa,
     Indicaba el Planeta de su casa.
101. Su infortunio observé por su ascendente,
     En el crítico punto, o breve instante,
     Que el influjo estrenó, tan claramente,
     Que nunca más se descubrió diamante:
     Pero advertí también distintamente,
     Que si negaba el Solio al tierno Infante,
     Era por otro Rey más Soberano,
     Y no lo fue quien supo ser tirano.
102. Para ver lo que el Hado, de él quería,
     Sepulté en el silencio mi querella;
     Fue lo que debí hacer, pues no entendía
     El equívoco idioma de su Estrella,
     Mientras el tiempo daba a la ansia mía,
     Más clara luz, con su violenta huella:
     Porque ¿qué por remoto, o imposible,
     No se hace con el tiempo inteligible?
103. Púselo en un Cortijo, desmintiendo
     Toscos humildes paños su grandeza,
     Y así vivió contento, careciendo
     Envidia, que no encuentra la pobreza:
     Feliz por olvidado, conociendo
     Que la comparación en la bajeza
     El mal hace; no hubiera, no, quejosos,
     Si del mundo quitaran los dichosos.
104. Príncipe en la Montaña obedecido
     De las Fieras, al pulso que lo abona
     Con nuevo vasallaje fue temido,
     Tejiéndole a su frente otra Corona:
     ¿Quién puede deslumbrar lo que ha nacido,
     Aunque quiera, si el pecho lo pregona?
     Entre guijas confuso está brillante
     Despidiendo destellos el diamante.
105. La fortuna siguiendo las Estrellas
     Hace la suerte, y suele no acabarla;
     Pues luz no dejan en el Cielo aquellas,
     A que pueda por sí ferficionarla:
     El hombre sólo independiente de ellas,
     Si conseguirla no, puede mostrarla;
     Éstas suspenderán el ejercicio,
     Pero éste de él, siempre ha de dar indicio.
106. Así ha sido, porque hoy viendo tu alarde,
     Su sangre le avisó no ser villano;
     Declareme con él, porque se guarde,
     Y no quiere más suerte que tu mano:
     Para el remedio nunca ha sido tarde,
     Póstumo es éste, de mi Soberano,
     Rama es del Tronco excelso venerable,
     Que aún cortado, se mira respetable.
107. De los desprecios sale de abatido,
     Buscando en tu Cuchilla su reparo;
     Nada, sino es la Fe, para él te pido,
     Tú sabrás lo que debes en su amparo:
     Con dominio los Dioses te han traído
     Sobre las sinrazones de un avaro;
     No la piedad, la fuerza de quien eres,
     Hará por ti, lo que por él hicieres.
108. Orden es suyo, que hoy a ti mi labio
     Rompe la decisión de su destino,
     Para que tu valor, Caudillo sabio,
     No interprete cautela afecto fino:
     Lo que en el Fratricida llora agravio,
     Sacrificio será a tu Rey Divino,
     A su pie rinde el Cetro, porque viva
     Con él, o de su mano le reciba.
109. Nada es para su empeño indecoroso
     Entre ser su Vasallo, o Feudatario,
     Que en él a ver llegó lo poderoso,
     Con que quedó a su planta tributario:
     Labrar su brazo quiere valeroso
     Su fortuna, con modo extraordinario,
     Y por si merecer cuanto a su vuelo
     Le hubiera dado más propicio el Cielo.
110. Quien dice sangre antigua, se condena
     Si en sí de aquella no hace nueva copia;
     Ser Noble, es presumir virtud ajena;
     Ser virtuoso, es tener nobleza propia:
     Más blasón es hacer su suerte buena,
     Que no ostentar la extraña, en uno impropia;
     Nadie llegó a valer porque ha nacido,
     Si por sí hacerse Grande no ha sabido.
111. Ni es laudable que en una lisonjera
     Fortuna, llena de prosperidades,
     Luzcan las prendas, porque en su manera
     Algunas penden de sus facultades:
     Pero que uno, arrojado a indigna Esfera,
     Y cercado de mil adversidades,
     Al esplendor atienda de su cuna,
     Es asombro del Mundo, y la fortuna.
112. Mas ¿qué cuesta esto? Todo un sufrimiento,
     Todo un estudio, que feliz lo advierte,
     Porque es preciso gran entendimiento,
     A poder forcejar contra cruel suerte:
     Éste es el toque del mayor talento,
     Que lidia de por vida con su muerte;
     Porque el saber hacer bienes de males,
     Pide el filis mayor de las modales.
113. Aquesto en fin le mueve denodado
     A seguir el rumor de tus Banderas,
     Haciendo a tu conducta, y a tu lado,
     Lo que asegura quien amó de veras:
     Muchos afectos tiene, y si Soldado
     Le miran, en la empresa que te esmeras,
     Te servirán; aquesta es gloria suya,
     Ahora tú harás alarde de la tuya.
114. Cesó el sabio caduco, y al instante
     Resolvió el Adalid lo conveniente,
     Empleando el beneficio más gigante
     En el Joven, que estaba allí presente:
     Por tenerlo obligado en adelante,
     Y que irreconciliable esté su gente,
     Con el Tirano, discurrió perfecto,
     Lo que sólo en su mano tuvo efecto.
115. Aquí tenéis (les habla) Tescucanos,
     El Príncipe heredero a esta Corona,
     Que hoy quiere el Cielo goce por mis manos
     El Solio, que le vuelve, o que le endona:
     Al lugar suba de sus Soberanos
     En vuestros hombros, dando a su persona
     La obediencia, que así le constituye,
     Cuando a su antiguo ser se restituye.
116. No siendo vuestro Rey, el caviloso
     Que la traición fraguaba, ni yo puedo
     Darme por ofendido, ni quejoso,
     Ni faltar a la Ley, que aquí concedo:
     Más vuestro aplauso quiero venturoso,
     Que vuestra sujeción; y pues yo cedo
     A la Justicia, pueda vuestro gusto
     Hacer cuanto es entre lealtades justo.
117. Común afecto de verdades Hijo,
     Tanto al fin hace con Nobleza, y Plebe,
     Que esta vez sola con presteza dijo,
     Que no violencia, sino amor, lo mueve:
     Llenase la Ciudad de regocijo,
     Y de más gente, con moción tan breve,
     Que si mucha cedió por seso experto,
     Más por la novedad, que es lo más cierto.
118. Quedan con tal acción más conquistados,
     Que pudieran por Armas, y aplaudido
     El Héroe, menos de los engañados,
     Que hacen estudio, lo que no han sabido:
     No es lo más esto, si entre sus Soldados
     Hay quien se atreva a darle presumido,
     Mediana aprobación que más moteja,
     Pues lo mejor en razonable deja.
119. ¡Hay cosa como que un Idiota, grave,
     Por persuadir que todo lo comprehende,
     Con flojedad al mismo Autor alabe,
     Dando voto en lo propio que no entiende!
     Tolerar tal simpleza, es cuanto cabe
     En la cordura del que así le atiende;
     Pues más que estudio le costó el hacerlo,
     Le cuesta de prudencia el padecerlo.
120. Sucede alguna vez en este estilo,
     Ser la materia de tan noble estima,
     Que por disimular, se hace otro asilo,
     Lástima dando, cuando no lastima:
     De esta suerte el Caudillo sigue el hilo
     Del nuevo laberinto a que se anima,
     Sin más resolución que su cordura,
     Que una dice opinión, y otra locura.
121. El caso lo publica, pues mirando
     El Joven real, de la verdad aquellos
     Rayos, que están a la razón brillando,
     Se dejó iluminar de sus destellos:
     Capaz en breve del Baptismo , dando
     Justa norma a los suyos, hizo en ellos
     Ya reducidos, que feliz blasone
     El ejemplo de un Rey, cuanto compone.
122. En Tlaxcala sus nobles Magistrados,
     En Tezcuco su Rey, y Consejeros,
     Y en Izucán sus Príncipes jurados,
     Dan a la Religión fieles luceros:
     Si así crece la mies entre cuidados
     Marciales, sin Católicos Obreros,
     ¿Cuál su colmo será, cuando se vea
     Dormida a Palas, vigilante a Astrea?
123. Aquestos sí, que triunfos son gloriosos
     De nuestra Santa Fe, cuyos blasones
     Nunca olvidados, siempre prodigiosos
     Coronarán de España los Pendones:
     Por una Alma no más eran dichosos
     Vuestros afanes, célebres Campeones,
     Pues por tantas que hurtáis a los Avernos,
     Inmortales serán, serán eternos.
124. Cuando en vuestra Conquista no se hallara
     Otro timbre, sino éste, se tuviera
     Por feliz, por heroica, pues gozara
     Alabanza, que Cielos mereciera:
     Rabie la envidia, cuya sombra avara
     Todo lo ofusca; pero no, no muera,
     Que le resta admirar lo más que sobra,
     Si aún el tiempo que falta, en ella es obra.
125. Ya en el Pimpollo Real, de Troya Infante,
     Garzón del Ida, de Hebe afrenta bella,
     Peregrino Copero del Tonante,
     Del Cielo Rosa, del Zodiaco Estrella:
     En Ganimedes digo, el Sol flamante,
     Su estación comenzaba, dando en ella
     Multiplicados a la Zona Soles,
     En Rayos mil de aceros Españoles.
126. Porque no caben en su Esfera breve,
     El más ardiente de ellos (su Caudillo)
     A Ixtacpalapa fuerte marcha mueve,
     Con ánimo de darles otro brillo:
     El nuevo Rey, crecido Trozo embebe
     A volver Foso, lo que fue Portillo,
     A fin del grande empeño extraordinario,
     Porque el Héroe también anda en Acuario.
127. Mientras la Zapa, y Pala, en los aproches
     De Tezcuco, abren vado a las veleras
     Popas, que esperan, van rompiendo broches,
     Que antes fueron defensa a sus Trincheras:
     Siete mil Gastadores, días, y noches,
     Abrevian los conductos tan de veras,
     Que antes que aquellas dejen verde grama,
     Le hacen en copos de cristales cama.
128. A este tiempo al encuentro valerosos
     Salen allá feroces Mexicanos,
     El tránsito impidiendo, pues ansiosos
     Los pies fatigan, por menear las manos:
     Miden las Armas, lo que basta briosos
     Para llamar así a los Castellanos
     Al nuevo estratagema, que construyen,
     Y más lo acercan, cuanto de ellos huyen.
129. Avanza a la Ciudad, mal defendida,
     Y luego, abandonada del Patricio,
     Queda hecho dueño de ella, no entendida
     Huida, que fue de su cautela indicio:
     Cierra a nocturno asalto la avenida,
     Que pudiera después causar perjuicio,
     Y más cuando de oscuros Horizontes,
     Va la noche saliendo por los Montes.
130. Tiempo era ya que el ocio difundido,
     Calmase tanto cuerpo fatigado,
     Al continuo ejercicio repetido,
     Del Pastor, del Gañán, y del Soldado:
     Entonces, pues, brotando entumecido
     El que fue a la Ciudad Catre nevado,
     Mostró a la furia con que se desata,
     Que hasta la humilde se hincha con la plata.
131. Tan aprisa se eleva, que violentos
     Huyendo inundación inevitable,
     Confirman, que el más pobre en valimientos,
     Se hace con el poder inexorable:
     A la Ribera salen descontentos,
     Casi nadando por el seno hondable,
     Y aún sin alteración a fuerza tanta,
     Se vieron con el agua a la garganta.
132. ¡Notable ardid, dejarlos que se empeñen,
     Hacer oposición para llamarles,
     Ponerles la Ciudad que la domeñen,
     Y sus diques romper para anegarles!
     Despiques buscan que los desempeñen,
     Corridos que intentaran sofocarles,
     Con tal arte, si al vado que los topa,
     Nadaron bien, aún sin guardar la ropa.
133. Brevemente a las manos la venganza
     Se viene, pues el Bárbaro sabiendo
     Del pensamiento su falaz confianza,
     Y que aquel a Tezcuco va saliendo,
     Con mejor grueso alienta su esperanza,
     Y alcanza al Español, quien embistiendo
     Le hizo saber con pechos alentados,
     Cuanto estaban de frescos sus Soldados.
134. Entretanto de Ossumba, y Tlammanalco,
     Amistad, y socorro dan, y piden,
     Contra las Tropas, que a ocupar a Chalco,
     Por orden de la Corte, allí residen:
     Con Lugo, y Sandoval, desde Ixtaccalco,
     Compañías manda, que las fuerzas miden
     Felizmente, pues quedan defendidas,
     Más pertrechadas, quietas, y rendidas.
135. Chalco también, mirando lo que gana
     De España el brazo, la cerviz altiva
     Rinde a su yugo, protestando ufana,
     Que ha de vivir así, mientras que viva:
     Aquí del Adalid, Milicia cana
     Contra el Monarca queda, porque estriba
     En la boca del agua que a ella toca,
     Quitar a aquel el agua de la boca.
136. Su grande oposición, dice el cuidado,
     Que contra el Héroe, por la Plaza siente,
     Pues ya de la Laguna señoreado
     Sacará de la mano su Tridente:
     Juzga que de una vez pierde su vado;
     Mas no es esto quitarla totalmente,
     Si acabado el apresto que se fragua,
     Antes quiere soltarle toda el agua.
137. Cinco veces el cóncavo diamante,
     Farol, o Globo de cristal rotundo,
     Vio en su Cenit, ardiendo la brillante
     Antorcha de oro, que ilumina al Mundo:
     Y otras tantas de México arrogante,
     Venció feliz el Macedón segundo,
     Trozos, pues cada cual por sí tenía
     Gentes, y triunfos para cada día.
138. De tanta rota, nobles prisioneros
     Libra, y con ellos luego al Mexicano
     Le hace saber su empeño, y los guerreros,
     Que militan debajo de su mano:
     Vengar su agravio quieren sus aceros,
     Y al grande Moctezuma Soberano,
     Convirtiendo en carbones su dureza,
     Su Imperio, Majestad, vida, Grandeza.
139. Pero que si excusar quiere advertido
     Tanta ruina, está pronto desde luego
     A concederle paces comedido,
     Haciendo suave la amenaza, ruego:
     Que entregará sus quejas al olvido,
     Sin pedir decisión de sangre, y fuego,
     Con tal que estén conformes calidades
     Al pundonor de entrambas Majestades.
140. Bien conoce, que con el poderoso
     Emperador tener no puede asiento
     Su propuesta, mas la hace de industrioso,
     Para justificar su heroico intento:
     Retirase a Tezcuco victorioso,
     Donde hierve en aplausos el contento,
     En tanto que al valor en que se explaya,
     Hacen sus Quillas en las aguas raya.

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