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Hernandia : triunfos de la fe, y gloria de las armas españolas ... / Francisco Ruiz de León

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Canto III

Marcha a Zocotlán, y por dirección de los Cempoales, determina ir a Tlaxcalán: toman éstos a su cuenta el negocio, ofreciéndose a conseguirlo: varias reyectas en el Senado sobre el punto, hasta que resuelven el rompimiento: quedan vencidos en diversas ocasiones: asaltan de noche al Cuartel, por consejo de sus Adivinos, y pierden totalmente las esperanzas. Con estas noticias pide la República la Paz, que después de algunas experiencias se le concede. Entran los nuestros en su Jurisdicción, y pasan a Cholula, donde se descubre, y castiga la Conjuración, que estaba dispuesta por orden de Moctezuma, para acabar con ellos. Hace que las dos Naciones opuestas queden unidas, para dejar paso seguro a las Tropas de Tlaxcala, y a su Gente, en caso de necesitarlo, si no correspondiese el suceso a sus designios.



Argumento

                                               De Tlaxcala el Senado a su embajada                      
     Arma sus Huestes, que en Campaña ufano
     Destroza el Adalid, y celebrada
     La Paz, aclama Dueño al Sol Hispano:
     Llega a Chololan, que de engaño armada,
     Emprende la facción del Mexicano;
     Venga el valor sus mudas prevenciones,
     Y quedan en Alianza ambas Naciones.
1. Entre los falsos Dioses, donde agrega
     Supersticiosa infiel Mitología,
     Yerros a yerros, fabricando a ciega
     Deidades de su propia fantasía:
     Une la disonancia, que no niega
     Obstinada rebelde hipocresía,
     De que puedan tener en tanto abismo,
     Divinidad, y Ser a un tiempo mismo.
2. Pues apenas la culpa, o la dolencia
     Adivinaba anuncios de su daño,
     Cuando al instante prodiga demencia,
     Le daba Tutelar a su tamaño:
     Así de unos en otros la imprudencia
     Pasó, creciendo a irremediable engaño,
     Hasta poner en Aras eminentes
     Abominables Monstruos delincuentes.
3. Uno fue de éstos la Deidad mudable
     De la ciega Fortuna, en cuya insana
     Elección, respetaban inviolable
     Fatal Decreto de la suerte humana:
     El largo mal, la dicha deleznable,
     Veía en su mano la esperanza vana,
     Y Jano de lo próspero, y adverso,
     El arbitrio mayor del Universo.
4. En pie sobre una Esfera la pintaban,
     En la diestra una fértil Cornucopia,
     Adelfas la siniestra acibaraban;
     ¡Rara contradicción, no en ella impropia!
     Felicidad las Rosas denotaban:
     La escasez triste en el Ajenjo apropia,
      Y el Globo en leve punto vacilante,
     De su inconstancia siempre lo constante.
5. No hubo Nación, que no le tributase
     Víctimas, Sacrificios, Cultos, Dones,
     Y con torpe locura no labrase
     Altares de sus mismos corazones:
     Del Trace al Griego la diversa clase;
     Y lo que es más, los altos Artesones
     Doblaron la rodilla a su importuna
     Ara, por ver en ella su fortuna.
6. Mas después que rayó luz peregrina
     A la razón, que en sombras naufragaba,
     Y corrió a las ficciones la cortina,
     A que viese con Fe lo que ignoraba:
     Detestando el error, que la alucina,
     Suma disposición por ella alaba;
     Cuya sacra equidad justa prefiere
     A quien elige, cómo, y cuando quiere.
7. Así confiesa celo reverente,
     Aquel gracioso Don, de inescrutable
     Divina Providencia, que fielmente
     Le hace feliz, o deja miserable:
     No mira otro destino, que la Mente
     Alta, de la primer Causa inmutable;
     Y de importuno ruego a beneficio,
     Siempre lo ve la posesión propicio.
8. Éste, pues, es el Eje, éste es el punto,
     Que observa fiel católico respeto,
     Por el que espera de un prudente asunto,
     Con equilibrio igual, próspero efecto:
     Puede sentir amargo su trasunto,
     Mas no será con queja del afecto,
     Que las Deidades siempre a los que ruegan
     Felicidades dan, aun cuando niegan.
9. En éstas vinculando su ardimiento,
     Como que causa suya amparar debe,
     Con la seguridad, que al movimiento
     Lo grave baja, por subir lo leve,
     Se arroja con extraño atrevimiento
     A ver el centro, que le impulso mueve;
     Porque parece que hasta el bien se obliga
     De enjugar el sudor a la fatiga.
10. A Zocotlán los pasos acelera,
     A tiempo que asombrada la Montaña
     Su verde greña riza de manera,
     Que Esmeraldas, y Perlas enmaraña:
     No por sus rigideces se exaspera;
     Que aunque a la marcha con Cristales baña,
     Están de más rigores del Agosto,
     Si hacerles quiere la paciencia el costo.
11. Aún más de los esfuerzos necesita
     En el poblado de sus quiebras rudas,
     Cuando el Cacique la atención limita,
     Y a las sospechas acrecienta dudas:
     El agrado violento le acredita
     Parcial de su Monarca en frases mudas,
     Que el espíritu tiene sus facciones,
     Que dicen lo anterior por las acciones.
12. Ni solamente su arrogancia sella
     A la lástima el paso, que descubre,
     Que en glorias de su Dueño enlaza aquella
     Grandeza, y más a sus crueldades cubre:
     Pero al estudio con que el Huésped huella
     Tanto orgullo, su vanidad encubre,
     Y con mejor concepto hace rendido
     Ya vigilancia, lo que fue descuido.
13. Leal a su Rey el tránsito señala,
     Por donde puede, con crecidas Levas,
     Disponer a su salvo, cuanto iguala
     Acecho, que hace del arrojo pruebas:
     Y sagaz con los nuestros acaudala
     Lo que basta a dorar traiciones nuevas,
     En el País enemigo de quien fía;
     Tal de Chololan es la alevosía.
14. Pero siendo a otro viso conveniente
     Nueva derrota de seguro Norte,
     Por Tlaxcala resuelve providente
     Encaminarla, por seguir la Corte:
     Al par, que valeroso hace prudente,
     Que la embajada, que es tanto importe,
     A cargo esté del Totonaque Aliado,
     En consejo, y unión interesado.
15. Así van los Cempoales, que advertidos,
     A pocos Soles sus Murallas besan,
     Y en el derecho de parciales oídos,
     Más que la Alianza, conveniencia expresan:
     Cuanto puede la industria en sus partidos,
     Por los nuestros activos se interesan,
     Haciendo alarde, que por ellos se haga,
     Punto en que a Moctezuma den su paga.
16. Ni para dar mejores expresiones
     Se pudieron hallar más eficaces,
     Porque en la sencillez de las razones,
     Sólo elocuentes son las más veraces:
     Con éstas, ajustando sus acciones,
     La unión persuaden; pero tan sagaces,
     Que aquí se vio patente, como al juicio
     Más mueve la verdad, que el artificio.
17. Ésta, pues, Tlaxcaltecas valerosos,
     (Su propuesta concluyen) es la suma
     De este Tratado, para que gloriosos
     El orgullo doméis de Moctezuma:
     Altéranse, y después a los celosos
     Ecos de Magiscatrín, grave Numa,
     Breve sosiegan, que a su acuerdo sabio
     Nació el silencio, y expiró en su labio.
18. Senado Ilustre, (dice) Magistrados
     Invencibles, Guerreros Tlaxcaltecas,
     Cuyo brazo, y conducta ve domados,
     Mexicas, Otomíes, Chinantecas:
     Deudos, y Amigos, de quienes fiados
     Xacatrincas están, y Chichimecas,
     Atended en mi voz los desengaños,
     Que docto el tiempo reservó a sus años.
19. Bien sabéis, sí, (¡con qué verdad lo digo!)
     Que fue a nuestros mayores revelado,
     Cuando al Hado tuvieron por amigo,
     El vaticinio ya verificado:
     Que desde Oriente el Sol traería consigo
     Extrañas gentes por el Mar Salado,
     Y en su cimiento labrarían inquieto
     Ciudades vagas de Betún, y Abeto.
20. Que domarían del Viento la inconstancia,
     Que enfrenarían del Fuego la violencia,
     Que rayos vibrarían con arrogancia,
     Sin encontrar osada resistencia:
     Y que dando a las Leyes observancia
     Con piedad, con justicia, con clemencia,
     Serían benignos, sabios, poderosos,
     Al odio crueles, al amor piadosos.
21. No puedo, no, negar cuanto conforman
     Con esos Extranjeros estas señas:
     En el Golfo nadantes casas forman,
     Desde el Oriente trasegando peñas:
     El Fuego mandan, el Cristal reforman,
     Y rompiendo a la tierra toscas breñas,
     De su valor, de su equidad la Fama,
     Desde Tabasco por los aires llama.
22. Bien imagino, que este pensamiento
     Apoyarán las canas respetables
     De este serio ajustado Parlamento,
     Por tantas profecías memorables:
     Mas cuando aquí no fuesen del intento,
     De Paz nos buscan, con los venerables
     Fueros a la atención de un Soberano,
     Para pasar a ver al Mexicano.
23. El tránsito pretenden por la Alianza
     De los Cempoales sus Confederados,
     Que por Parciales nuestros, la confianza
     De inmunidad los halla asegurados:
     ¿Qué injurias hoy irritan la venganza?
     ¿Qué agravios nos encuentran provocados?
     ¿Qué daño, qué rigor, o qué violencia,
     La urbanidad convierte en resistencia?
24. ¿La invencible Tlaxcala, que autoriza
     Su antigua libertad con sus victorias,
     Y en el derecho de su Fe eterniza
     La razón de sus timbres, y sus glorias,
     Hoy moverá una Guerra antojadiza,
     Que obscurezca el Blasón de sus memorias,
     Exponiéndolo a necias opiniones,
     Con qué mancha la saña las facciones?
25. ¿En qué está su delito, si no ofenden?
     ¿Qué es la provocación, si no nos llaman?
     ¿Dónde la madurez, si no se atienden?
     ¿Cuál es el odio, si la Paz aclaman?
     ¿Qué dirá el Mundo? ¿Qué los que dependen
     De este Congreso, si hoy así se infaman
     Tan nobles Extranjeros, que procuran
     La buena Ley, y en ella se aseguran?
26. Por ventura, ¿se ganará en domarlos
     Tanto, como se pierde con temerlos?
     Tlaxcala triunfará; pero es dejarlos.
     Felices con la dicha de vencerlos:
     Mi sentir es, que sólo en obsequiarlos
     Piense gustosa, cuando llegue a verlos;
     Ufana queda, si los halla amigos;
     Y airosa en el desprecio, si enemigos.
27. Así el Anciano oró, cuyo acertado
     Voto arrastró común consentimiento,
     Porque siempre el dictamen, regulado
     Con la experiencia, consiguió su intento:
     Cuando la venia suplicó al Senado,
     Xicotencatl el Mozo, que el asiento
     Gozaba por su Sangre, y su pericia,
     De General de toda la Milicia.
28. Joven marcial, que ufano, con tempranas
     Victorias, de ésta veía lauros ciertos,
     Y en el silencio derramando vanas
     Ficciones, lazos de los poco expertos:
     No siempre (dijo) deben a las canas
     Las mayores empresas sus aciertos;
     Que alguna vez vincula la cordura
     En edad verde, precaución madura.
29. De Magiscatzín el sentir venero,
     Que sagaz manda, lo que ve prudente;
     Pero en puntos de Guerra bien infiero,
     Que más que el cuerdo, los dirá el Valiente:
     ¿Quién asegura, que de tanto agüero
     Es la profetizada aquesta Gente?
     ¿Por venir de la Aurora sus Fanales,
     Se ha de juzgar que son los Orientales?
30. Esos raros embreados Paladiones,
     Que asustan nuestras Costas con espanto,
     Serán artificiosas ilusiones,
     Máquinas vagas de aparente encanto:
     Los rayos que fulminan sus Cañones,
     Que a los cobardes horrorizan tanto,
     Mágica Arte será de falaz ira,
     Que más por nueva, que por cierta, admira.
31. Lo que en Tabasco obró su mano fiera,
     ¿Qué fue, más que romper con osadía
     Ejército mayor, y ser pudiera,
     Que el asombro infundiese cobardía?
     Esto en Tlaxcala gloria se pondera,
     ¿Cuándo ve repetidas cada día,
     En las Armas que baten sus Campañas,
     Iguales, o mayores las hazañas?
32. Estos advenedizos Extranjeros
     (Si a la verdad no son monstruos Marinos,
     O Centauros de Tetis, que Guerreros
     Nuestros Mares infestan peregrinos)
     En sangre Patria tiñen los Aceros,
     Al robo, y a la muerte abren camino,
     Paliando con equívoco desdoro
     Sed de la vida, con la sed del Oro.
33. De los Dioses, sacrilegios feroces
     Blasfeman, impidiéndoles sus Cultos,
     Violan los Templos, y tienen por atroces
     Las Víctimas, las Leyes por insultos:
     Nueva Deidad intiman con las voces,
     Los Aliados alteran con tumultos:
     Otros Ritos publica su malicia,
     Honestando el engaño la injusticia.
34. Y siendo sus astucias, y violencia
     Ruina letal de Religión Sagrada,
     ¿Se duda aquí de nuestra resistencia?
     ¿Se escucha sin enojo su embajada?
     ¿La paz que ofrecen se hace conveniencia?
     ¿En sus Muros Tlaxcala les da entrada?
     ¿Se tienen por virtudes sus maldades,
     Y se adoran con nombre de Deidades?
35. ¿Quién dijo? ¿Quién? ¿A estos Exploradores,
     Que mendiga sus Fueros el Senado,
     Para que quieran ser Legisladores
     Del Derecho Civil, y del Sagrado?
     Prueben de nuestro Brazo los rigores;
     Yo dejaré su aliento castigado,
     Y vendrán, a pesar del vano fuego,
     Primero a la Cadena, a la Ara luego.
36. Tlaxcala, que a los Reyes Mexicanos,
     Disputándoles siempre la Potencia,
     Los tiene con las Armas en las manos,
     Exenta la cerviz de su violencia,
     ¿Hoy duda sojuzgar unos Tiranos,
     Que la pondrán mañana en obediencia,
     Pasando Aristocracia reverente
     A Cetro injusto, que jamás consiente?
37. ¿Qué, pues, hacemos, Nobles Tlaxcaltecas,
     Que al opósito suyo no salimos?
     Nosotros, que domamos los Tultecas,
     Que Huetzotzincas, Otomíes vencimos:
     Nosotros, que a los Chalcas, Cholultecas,
     Y Tecpanecas, siempre resistimos,
     Cano valor en ocio sepultamos,
     ¿Cuándo es fuerza vencerlos, si allá vamos?
38. Conozca el Mundo, vean los Celestiales
     Dioses, a nuestra Fe nunca falibles;
     Que si en Tabasco fueron inmortales,
     No han de ser en Tlaxcalán invencibles:
     Estén sus Armas a su dolo tales,
     Yo con las propias a Mavorte horribles
     Haré; ¿mas que no haré? ¿Si nadie iguala
     Los altos timbres de la Gran Tlaxcala?
39. Dijo: y los ojos a los circunstantes
     De ambos lados, siguieron las acciones,
     Como que iba leyendo en sus semblantes,
     Tácitas, el cuidado, aprobaciones:
     A exprimirles tiró los votos, antes
     Que declinase el acto en opiniones;
     Y como más conformes a su gusto,
     Vaciló la razón, por no ser susto.
40. Suspenden la embajada con prudencia,
     Para cualquier fortuna, y la arrogancia
     En el marcial apresto, y diligencia,
     Encomienda el suceso a la jactancia:
     Dudoso el Héroe, infiere en tal renuencia
     El rompimiento, y a su vigilancia
     Debe ocupar el tránsito, que ofusca
     Al enemigo, cuando en él le busca.
41. Tendiendo su madeja, alta Colina,
     Peinarse deja de Escuadrón dentado,
     Que al compás con que el parche lo examina,
     Más pulido de asiento su trenzado:
     Aquí los Batidores la Bocina
     Oyen del Tlaxcalteca, cuyo alado
     Ejército, vistoso y opulento,
     Con plumas rojas enmaraña el Viento.
42. A uno, y otros afrontados, hace seña
     De pulsante Baqueta, eco sonoro:
     El Español aguarda, aquél se empeña,
     Juzgando nuestra flema por desdoro:
     En su valor confiado (aunque desdeña
     Triunfo, que es más desprecio, que decoro)
     Sediento de su Fama va derecho,
     Abriendo Brechas a entregar el Pecho.
43. A la primera carga rechazado,
     Vacila al trueno, que metralla llueve;
     Aquí cae uno, y otro allí anegado
     Naufraga en sangre, que oprimido bebe:
     Entre Flechas, y Aceros barajado
     El coraje, rigor, y estragos mueve:
     Tal, que sobrando duros golpes vanos,
     Dan a los pies, lo que faltó a las manos.
44. Cual a violento negro torbellino,
     Que a polvo, y agua la Montaña azota,
     Envistiendo a truncar robusto pino,
     Del Gigante Collado Real Garzota:
     Rareciéndolo obscuro remolino,
     Lo eleva a soplos a Región remota,
     Sin dejar más señal, que en lo sediento,
     Mucho ruido, poca Agua, y todo Viento.
45. No su fuga a los nuestros satisface
     Para el recelo, que al descanso asoma;
     Con más reclutas en la noche rehace
     Su fuerza, y otra vez las Armas toma:
     En nuevo Mar de plumas el Sol nace,
     Cuarenta mil penachos éste doma,
     En Oro, y Joyas del Peruano afrenta,
     Y con ellos al Campo se presenta.
46. Despierta a Marte Militar estruendo
     De Timbales; Antaras, y Clarines;
     Ambos campos se avistan, pretendiendo
     Convertir en Claveles los Jazmines:
     En dos alas va el Indio desprendiendo
     Sus Tropas, anegando los Confines,
     Hasta quedar sus desfiladas puntas,
     Al Horizonte contrapuesto, juntas.
47. Cierra el cuerno derecho Pictle, armado
     De una Concha, a quien precio el oro aumenta;
     Cierra el suyo Capuli, que empuñado
     Un fresno vibra, que a Hércules afrenta:
     Consiguen ver al Español cerrado,
     Y tanta es la opresión que se acrecienta,
     Que en unos, y otros pudo ceño insano
     Matar con el aliento, sin la mano.
48. Los nuestros cuatro Frentes advertidos
     Forman, al flujo de avenidas raras,
     Para ofender, y no ser ofendidos;
     Todo en ellos es brazos, todo caras;
     Dan Espadas, y Lanzas estallidos;
     Gimen Macanas de Coral avaras,
     Y al romperse Cimeras; Paveses,
     Quedan pechos, y cascos por Arneses.
49. Caen del Bárbaro enteros Escuadrones
     Al vómito del Bronce; más ligeros
     A unirse vuelven otros Batallones,
     Acabando su huella a los primeros:
     Más que aprovechan, dañan los Cañones,
     Pues al retén, de nuevo da Guerreros;
     Que por sólo embestir llegan rabiando,
     Sin ver los muertos, en que van pisando.
50. Trúncanse las cabezas, y costillas;
     Córtanse piernas, púrpura vertiendo;
     Hiéndense espaldas, pártense en astillas,
     Para matar a precio de ir muriendo:
     Brotan Cráneos, Pulmones, y Ternillas,
     Al martillar de tanto golpe horrendo;
     Más pulsación en hados tan esquivos
     Hallaron entre muertos, que entre vivos.
51. No así queda destruida sementera,
     En quien descarga pernicioso enjambre
     De Langosta, que fue por si más fiera,
     Que por nuevos estímulos de la hambre:
     Y en un momento se halla de manera,
     Que en la caña, que fue de la hoz estambre,
     Ve el Gañán, lamentando sus fatigas,
     Varas, las que macolla eran de espigas.
52. Rebatiendo, asolando la Campaña,
     Arrasa España cuanto ciega, y mide,
     Tal, que al torrente de su dura saña,
     Marte la verde Grama le decide:
     Ni el Bárbaro, sino huir de su guadaña
     Puede, pues mira cuando lo despide,
     Perdido de los suyos, bien que en vano,
     Lo más florido, lo mejor, el grano.
53. Respira con su fuga la fatiga,
     Mientras consulta aquel, supersticioso
     Agorero, que siempre a ser se obliga,
     Por infiel Profesión, más engañoso:
     La causa (pues es fuerza que la diga,
     Responde el Adivino) es el fogoso
     Influjo, que en ocultas cualidades
     Los coloca en Esfera de Deidades.
54. Hijos de Apolo son, no os horrorice:
     Él los hace inmortales cuando nace,
     Si queréis vuestro nombre hacer felice,
     Embestidos cuando él dormido yace:
     Pues si invencibles son (¡y qué bien dice
     Xicotencatl!) agora (¡y qué mal hace!)
     Que están, difunto el Sol, agonizando;
     Y diciendo, y haciendo, va marchando.
55. Con tal sosiego miden la codicia,
     Que no viola el rumor del pie lo quedo,
     Y burlando a los oídos la noticia,
     Hace el valor cuanto pudiera el miedo:
     De nuestros Batidores la pericia
     Avisa con el paso a su remedo;
     Que nadie más dispierto se ha sentido,
     Que el que quiere fingir que está dormido.
56. Da principio al asalto su fiereza,
     Rompen la noche, y el ataque emprenden,
     Batiendo con el Roble, y la destreza
     El Cuartel, por adonde no le encienden:
     Corona el Español la Fortaleza,
     Hiriendo a cuantos arribar pretenden,
     Y como está alfombrado el Firmamento,
     Las veces de los ojos toma el tiento.
57. El General desmaya al ver el Muro
     Cubierto, y acusando su confianza,
     Hace el último esfuerzo mal seguro,
     Como dando despique a la venganza:
     Acomete resuelto al lienzo obscuro,
     Por adonde le engaña su esperanza,
     Hasta que de las Bridas los arrojos
     Le obligaron, para huir, abrir los ojos.
58. Manda el Senado suspender la Guerra,
     Noticioso del caso, e impaciente,
     Violando el Fuero, que la Patria encierra,
     Él se erige Senado con su Gente:
     Introduce Soldados en la Tierra
     Enemiga, y el Héroe diligente,
     Los vuelve heridos, para que el castigo
     Sea del desprecio, del horror, testigo.
59. Desalentado mira receloso
     Por descubierto su cuidado vano,
     Cuando sangriento labio lastimoso
     Habla por tanta destrozada mano:
     Contra Canoba pudo valeroso
     Usar del mismo medio Serviliano;
     Y no porque una vez la pena estrague,
     Tal delito ha de estar sin que se pague.
60. Valor, y honor a un tiempo combatidos
     Ve de Cortés, y de la Patria Amiga;
     Pues si aquel los Soldados vuelve heridos,
     Ésta, con deponerlo, le castiga:
     Por los puntos de Paz, que discurridos
     Ella a ofrecer, a conseguir se obliga,
     Su queja esconde; bien que nunca cupo
     Obedecer, en quien mandar no supo.
61. Admite por lisonja lo que fuera,
     Sin esta circunstancia, golpe fuerte;
     Que los acasos hacen de manera,
     Que se abrace por vida, hasta una muerte:
     ¡Pero qué hay que admirar, cuando se viera
     En los hombres cumplida tanta suerte,
     Si el tiempo que la ofrece, cada instante
     No estuviera mudando de semblante!
62. Por esto, pues, el Joven, practicando
     Política el suceso, se contiene,
     Y en obediencia su dolor paliando,
     Hace gala del aire, que no tiene:
     Al Senado se rinde, que marchando
     A la siguiente Aurora se previene;
     Pues si pudo al valor precipitarse,
     Con la Paz quiere cuerdo mejorarse.
63. Y con mayor empeño la repite,
     Previniendo, que intenta Moctezuma
     Impedirlo; pues si éste le compite
     Solo, ¿qué no podrán Espada, y Pluma?
     Una, y mil veces, porque al fin se evite
     Del Español, renuencia, muestra en suma
     Obsequios a la Fe, que perficiona,
     Cuando viene a rogar con su Persona.
64. Numerosa galana Comitiva,
     De plumas blancas adornada toda,
     Conduce los Magnates, que en festiva
     Ostentación, con ella se acomoda:
     Y sin embargo, que prudencia esquiva
     Facilita lo mismo, que incomoda,
     La alcanzan de ella, porque satisfecho,
     Dio testimonio del semblante el pecho.
65. Oficiosa inquietud de los rendidos,
     Del propio regocijo hace por porfía,
     Para dejar en marcha conducidos
     Bagaje, Gente, Tren, y Artillería:
     Más que aliviados, andan oprimidos
     De sencilla plausible vocería,
     De la que en lo veraz otra no iguala,
     Hasta que a vista llegan a Tlaxcala.
66. En una falda, que de la Montaña
     No ha perdido su bárbara maleza,
     Cuya frondosidad, cuya maraña,
     De sí misma le labra fortaleza:
     Quebrado sitio la ciudad no extraña,
     Que haciendo vanidad con la aspereza,
     Para más blasonar de su fortuna,
     Lo terrible buscó desde la Cuna.
67. Lame con lengua de cristal sediento
     Raudo el Sahuatl sus pedernales rudos;
     Sin que el caudal minore lo avariento,
     Con que quiere tragarse a los desnudos:
     Tenaces ellos, al mirarle hambriento,
     Con tantas avenidas, están mudos;
     Que en las escuelas, en que Marte fía,
     Pareciera la queja cobardía.
68. Cincuenta leguas en circunferencia
     Domina el País, de frutos tan copioso,
     Que al hombre siempre hicieron resistencia
     Las puertas del Granero codicioso:
     Tierra de Pan la llama su opulencia,
     Esto suena su nombre misterioso,
     En Pesca, en Frutas es al gusto grata,
     Y al par que en oro, se desangra en plata.
69. Del Múrice la concha soberana
     Ya no hace falta, cuando en su retiro,
     Tlaxcala engendra la Coccínea Grana,
     A ser afrenta del Carmín de Tiro:
     Ascua de oro, Coral de Filigrana,
     Exhalación de sangre, cuyo giro,
     Empapado al vellón, a quien halaga,
     La vista enciende con lo que la apaga.
70. Su Cumbre enseña, con tostadas ramas,
     Un volcán, cuyo nombre más le vino,
     Que a Eolia, Licia, y Sicilia por las llamas
     Del Lipara, Chimera, y del Pachino:
     Aquí, entre algosas sulfurantes Lamas,
     De Flegetonte descubrió el camino
     El atrevido Ordaz, cuando valiente
     Al Azufre le extrajo a su corriente.
71. Con fuegos, pues, con fiestas, con festines
     Se miran adorados, y creciendo
     El amor a los últimos Confines,
     Al Monarca Español van aplaudiendo:
     Las Sambucas, Chorhualas, y Naulines,
     Con dulces ecos el ambiente hiriendo,
     Hacen, en armoniosa concordancia,
     A la sinceridad más asonancia.
72. Consigue el Adalid, que sean testigos
     De su Triunfo los Nobles Mexicanos,
     Que admirados, no aciertan ver amigos
     Los Tlaxcaltecas, y los Castellanos:
     Éstos que ahora miráis como enemigos
     De vuestro Rey (les dice) haré que humanos
     Obedezcan su Ley, que hoy los espanta,
     Cuando mi labio se honre con su planta.
73. Así con ambos su prudente esmero,
     Accidente previene a más distancia;
     Pues sin marchar el Soberano Fuero,
     Atiende a su decoro la importancia:
     En los Parciales pone lo guerrero,
     En la razón política arrogancia;
     ¡Grande Artífice, en dar con bizarría
     Disfrazada en obsequios la osadía!
74. Olvida su Poder el Mexicano,
     Por dejar el Chololan asentada
     Facción oculta, con que de antemano,
     Porque a ella marchen, hace la llamada:
     Teme el cuidado proceder villano,
     Mas ya es fuerza ceder, por la ganada
     Opinión delicada, que importuna,
     A descubrir el velo a la fortuna.
75. Cuerda Tlaxcala, transitar desvela
     Por ella, pues la juzga cavilosa;
     Mas si prudente la traición recela,
     Resuelta ya, le sigue valerosa:
     Excusarse no puede a la cautela
     Del Monarca, el Caudillo, pues no hay cosa
     Más viva a un Español para llamarle,
     Que querer con peligros aterrarle.
76. Llega el tiempo, prosiguen su camino,
     Sin advertencia, que al cuidado clame,
     Pues grata aclamación simula fino
     Sentimiento, que oculta pecho infame:
     Con la asistencia, que a la marcha vino
     El Cholulteca, logra se derrame
     Tanta seguridad, que por ocioso,
     Pudo pasar desvelo escrupuloso.
77. En un llano, que culta Primavera
     Adornó con las Rosas, que corona
     La Cornucopia, que Amaltea venera,
     Excediendo los Cuadros de Pomona,
     La Ciudad de Cholula lisonjera
     Desmiente los bochornos de la Zona;
     Como dando a entender, que a sus verdores
     Debe Abril yemas, debe Mayo Flores.
78. En éste presuntuosa se levanta,
     Haciendo vanidad de sus Almenas,
     Cuyas puntas doradas adelanta
     Tanto, que vistas sólo son apenas:
     Los Templos, y Edificios de su planta,
     Hacen en tanto Teatro varias Escenas;
     A una parte suspenden los vergeles,
     A otra Muros, Cimborios, Capiteles.
79. Corre Atoyac veloz con pie de plata
     (Indiano Nilo) sus arenas rojas,
     Cobrando en Ametisto, y Escarlata,
     La pensión, que en Cristal beben sus hojas:
     Disuelto en breves hilos desbarata
     Del Labrador avaro las congojas,
     Haciendo, a falta de pluviales Fuentes,
     Substitutas del Cielo sus corrientes.
80. Si en sus Cultos se jacta religiosa,
     En sus comercios próvida se aumenta;
     Nada falta a su Fe supersticiosa,
     Ni a la riqueza, que la ve opulenta:
     Frontera es del Monarca belicosa,
     En ella deposita la sangrienta
     Recluta de las Huestes más extrañas,
     Para darles socorro a sus Campañas.
81. A vista suya, vuelve la apacible
     Armonía de torcidos Caracoles,
     Festejando a su usanza la plausible
     Entrada de los fuertes Españoles:
     Los efectos confirman de falible
     La sospecha, que dieron los Huantzoles;
     Adormécense al fin en la bonanza,
     Hasta ver donde llega la confianza.
82. Bien que los Nobles del recibimiento,
     De Tlaxcala las Tropas admirando,
     Indicios dan el justo sentimiento,
     Que a los semblantes se les va asomando:
     ¿Cómo queréis que pueda el sufrimiento,
     (Dicen) cuando la Paz venís buscando,
     Tolerar, que en sus Muros se dé entrada
     A Nación enemiga rebelada?
83. Media la discreción ambos Partidos,
     Dejándolos a todos satisfechos;
     Entran Patricios, y hacen divididos,
     Aquellos, Ranchos a seguros trechos:
     Unos, y otros presumen de temidos,
     Según a su pasión se van derechos:
     ¡Tanto el hombre al concepto se sujeta,
     Que lo cree solo, como lo interpreta!
84. Penetra España sus gigantes Muros,
     Danse al cortejo júbilos, y abrazos,
     Y en seis mañanas, que los ven seguros,
     En lo doble no más no hay embarazos:
     Mas como nunca quedan tan obscuros
     Los rastros del engaño, a pocos plazos
     Fue de sí misma la verdad creciendo,
     Como cuando la luz va amaneciendo.
85. Una Noble Matrona, apasionada
     De Marina, cortando las razones,
     Por librarle la vida, sufocada
     La deja en nuevo Mar de confusiones:
     A este tiempo, Patrulla disfrazada
     De Tlaxcala, noticia prevenciones,
     Con que sacan la Gente de la tierra,
     Para romper en su sazón la Guerra.
86. Ambos avisos llaman los cuidados,
     Y sin más detenerse, manda luego
     Sacerdotes llamar, y Magistrados,
     Que son el aire del temido fuego:
     Descúbreles el pecho, y admirados
     De encontrar la traición en su sosiego,
     Confiesan la verdad; pero con culpa
     Mayor, que hace delito la disculpa.
87. Sujetos al rigor de la cadena
     Quedan, sin que lo adviertan los Paisanos,
     Y otro primor su perspicacia ordena,
     De los que se le vienen a las manos:
     Con exterior quietud sagaz serena
     A los Embajadores Mexicanos,
     Que trae desde Tlaxcala, obliga, y llama
     A vengar de su Príncipe la fama.
88. Si en vulgar sedición no hay sombra leve,
     (Comienza) sin tener cuerpo gigante,
     Pues el débil impulso que la mueve,
     La hace en las densidades dominante:
     ¿Cuál será aquella, cuyo punto breve
     Trasciende la maldad tan adelante,
     Que al primero vapor, con que se cuaja,
     Con las satisfacciones más ultraja?
89. No dudo, no, que a excusas del engaño,
     Con que Cholula borra su Nobleza,
     Aplaudiréis mi celo en el tamaño,
     Que a vuestro Soberano se endereza:
     Notorio es ya el Crimen más extraño,
     Que pudo en sus delirios la torpeza
     Fabricar ignorante, disponiendo
     Lo que está la verdad contradiciendo.
90. De la conjuración, que a su odio obliga,
     Acusa Autor; (¡qué loco atrevimiento!)
     Acusa Autor (no sé como lo diga,
     Que en el respeto se ahoga el sentimiento)
     A vuestro alto Monarca, (¡qué fatiga!)
     Y pretende con este fingimiento,
     Cuando llora perdida su esperanza,
     Esconder la malicia a la venganza.
91. Moctezuma, que es Rey tan poderoso,
     Tan atento, tan Grande, tan Valiente,
     Que de Paz nos espera generoso,
     Como Vasallos del Señor de Oriente,
     ¿Había que permitir trato engañoso?
     ¿Había de obrar tan cautelosamente,
     Cuando afable, y benigno le esperamos?
     Vive. Pero sí vive: al caso vamos.
92. No sólo, no, a establecidos Fueros
     De Sacros Ritos, faltan inhumanos,
     Que a los Embajadores Extranjeros
     Amparan Privilegios Cortesanos:
     Más sacrílegamente comuneros
     Manchan los resplandores Soberanos
     De vuestro Rey: y él vive, que vengada
     Quedará su Grandeza por mi Espada.
93. Según los Estatutos reverentes
     De nuestras Leyes, aunque Aquilio falte,
     De Apuleyo los cortes inminentes
     Le han de obsequiar con más precioso esmalte;
     Verá el Mundo, verán los Continentes
     Del Septentrión, cómo hago que se exalte
     El decoro de un Rey, cuya Corona,
     Por Suma adora la tostada Zona.
94. El acabar, y levantarse juntos
     Con arrogancia, tan a un tiempo fueron,
     Que equivocar pudieron ambos puntos,
     De lengua, y manos, cuantos lo atendieron;
     Poco menos los Indios, que difuntos,
     Influjo, y sobresalto reprimieron,
     Procurando seguir con entereza
     El rumbo, en que los puso su destreza.
95. Publica el viaje para el día siguiente;
     Pide Gente, y Cholula sediciosa,
     Le da industriada tanta, que valiente
     No hará a su tiempo la facción dudosa:
     A los suyos dispone, y a la Gente
     De Tlaxcala, que avance rigurosa
     A la primera seña, atropellando
     Cuanto estorbo al entrar fuere encontrado.
96. Dispuesto así, con sólo el desagrado
     Reconvino a los Nobles Principales;
     Y esto bastó, pues en su rostro airado
     Leyeron de su yerro las señales:
     Ya descubiertos, buscan el sagrado
     En las armadas Tropas de Parciales,
     Que tratan con infame alevosía,
     Como justa defensa, la osadía.
97. Sus alaridos dan al rompimiento
     Principio, y las Armas apelando,
     En un instante de clamor el viento,
     Y de puntas la tierra va llenando:
     Desbarata los trozos, que a este intento
     Apartados estaban, y nadando
     En arroyos de sangre, las Cuchillas
     Españolas hallaron por orillas.
98. Enviste por la frente con el Grueso
     Principal, que le espera en su gran Plaza:
     Enciéndese el combate con exceso;
     Aquí se hiere, allí se despedaza:
     Los Bárbaros difícil el regreso
     Hallan, porque Tlaxcala lo embaraza,
     Y ocupan los Torreones, donde fuertes
     Se hacen, si pueden serlo, a tantas muertes.
99. Al aire de los nervios impelidas
     Silban las Flechas, crujen, desatadas
     De las hondas, las guijas, que partidas,
     Señales, y ecos dan en las celadas:
     Los Montantes, las Astas desprendidas,
     Impiden el manejo a las espadas;
     Bárbaro hubo, que al irla disparando,
     Para más acertar, bajó rodando.
100. Prenden fuego los nuestros, y creciendo
     El estrago, que está llamas bramando,
     Con la intención el puesto va cediendo
     De uno, y otro Baluarte ciego Bando:
     El perdón general fue Campo abriendo,
     Y las Tropas deshechas, admirando
     Su piedad, a la Paz se sacrifican,
     Y de escarmientos su quietud fabrican.
101. Con lo acaecido le hacen satisfecho,
     Y corriendo la voz, a pocas horas,
     Que raya la razón, no se halla pecho
     Donde el gusto no viva con mejoras:
     Reina el amor, olvídase el despecho,
     Puéblase la Ciudad, y a dos Auroras
     Profunda la mayor galantería,
     Con que Tlaxcala nueva gente envía.
102. Veinte mil escogidos en Campaña
     Le presenta, sabiendo el accidente,
     Y queda previniendo (¡noble hazaña!)
     Otras Reclutas para lo ocurrente:
     Estímale cortejo, que no extraña,
     El Caudillo, y de Paz, con el Presente
     De Cholula, lo vuelve, que engañada
     Ésta, pagó a Tlaxcala la Soldada.
103. Por la venganza los Embajadores
     Con él se congratulan, y envanecen;
     Que es propio a lisonjeros, y traidores,
     Aplaudir las acciones, que aborrecen
     Creerle engañado, tienen a favores
     De la dicha, y así los apetecen,
     Sin reflejar, que aquel con sus alientos,
     Leyéndoles está los pensamientos.
104. ¿Quién político más llegó a lo raro
     De tal Arte? ¿Volver al Reo testigo?
     ¿Dejarlo interesado en su reparo?
     ¿Y hacer que le agradezca su castigo?
     Es lo más alto donde afán preclaro
     Alcanza, y donde sólo está consigo,
     Quien pudo, cual Cortés de estudio lleno,
     Ver a su devoción el pecho ajeno.
105. Ni con esto sus máximas sosiega,
     Pues conociendo, cuando va pisando,
     Tantos estratagemas, que navega
     Golfo, que está traiciones vomitando:
     Aunque con sonda próvida trasiega
     Sus Arrecifes, quiere ir demarcando
     En los Bajos, el rumbo más experto,
     Para tener en todo viento Puerto.
106. El más proporcionado que apetece,
     Es dejar en unión las dos Naciones:
     Sabio las diferencias desvanece,
     Quitando la verdad de oposiciones:
     A Cholula, y Tlaxcala el bien ofrece
     Aumento, y Paz, a cuyas dos razones
     Reconocidas, de su juicio esperan
     El prudente dictamen, que veneran.
107. Celébrase solemne acto festivo,
     De confederación de ambas Ciudades,
     Según el Fuero, que por más activo,
     Indisoluble quede a las edades:
     Con vítores denotan lo expresivo
     De su afecto las dos Parcialidades,
     Y pues aclaman su prudencia suma,
     Porque se oigan mejor, pausa la pluma.

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