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ArribaAbajoCanto II

Habiendo salido de Cozumel, vuelve a él por un suceso extraño, y recoge a Jerónimo de Aguilar, que estaba cautivo en Yucatán, necesario instrumento a la empresa, por la práctica en los extranjeros idiomas de la América. Hácese al Mar, gana a Tabasco, surge al Puerto de San Juan de Ulúa, y desembarca en la Costa de la Vera-Cruz. El General, y el Gobernador de Moctezuma le visitan, por descubrir el fin de su arribo. Varias conferencias, que tuvieron sobre la Embajada, hasta llegar el Bárbaro a prorrumpir el rompimiento. Desabridos por esto algunos Soldados, claman por Cuba, y con la amistad, que ofrece el Señor de Zempoala, los sosiega. Hácese la Población, y en su Ayuntamiento, renuncia el Bastón de General, por la flaqueza de jurisdicción, y la Villa le elige por el Rey. Gana la Provincia de Quahuistla, y hace otro Templo en Zempoala. Con castigo de algunos sediciosos, que determinaban huirse en un Navío, resuelve dar al través con la Armada, para cerrar el paso a la fuga, y lo ejecuta con heroica resolución.




Argumento


En Cozumel encuentra al Prisionero,
Principal instrumento a su destino:
Llega a Tabasco, ríndele a su acero,
Y surge a Ulúa su nadante Pino:
El Monarca resístese severo
A su vista, abre el Cielo otro camino,
Y estando ya la Población fundada,
Por morir, o vencer, rompe la Armada.



1 La mentida Deidad, que a los humanos
Embelesados tiene los sentidos,
Cuyos anuncios dulcemente vanos,
O mal, o tarde, o nunca son cumplidos:
La que brindando bienes a dos manos,
Da al corazón mil sustos repetidos,
Y al descubrirse muestra su Figura,
Cerca fealdad, y lejos hermosura.

2 Aquella sombra, Imán de los empleos,
Que halaga con lo mismo con que hiere,
Por quien inquietan tanto los deseos,
Y ausente vive, si presente muere:
Nutriz de la pasión, que en devaneos
Da afanes tristes, si delicia infiere,
Cebo de las potencias, que enajena,
Fingida gloria, verdadera pena.

3 Pintora peregrina, que en bosquejos
Aumentando su falsa Miniatura,
Pone claros los gustos, que están lejos,
Y obscurece la cierta desventura:
Dos veces aparente en sus reflejos,
Al bien que falta, y al pesar que dura,
La que todo lo puede, y nada alcanza,
El engaño más dulce: La Esperanza.

4 Esta, pues, ilusión, que el Mundo afecta,
Como inviolable Ley supersticiosa,
Que siempre en posesión es imperfecta,
Cuanto esperada nunca defectuosa:
Emperatriz, que oprime con cruel Secta,
Del Palacio al Redil, sed ambiciosa,
Pues todos en el Alma la reciben,
Y en ella mueren, y por ella viven.

5 Como prisión del bárbaro apetito,
Ampliando los dominios al aprecio,
En el Discreto su poder finito
Hace muy poco menos, que en el necio:
Nadie se escapa de su injusto Rito,
Por más que el Seso vista en su desprecio,
Si el Prudente, que en ella menos fía,
Le rinde parte de su fantasía.

6 De esta suerte del Héroe valeroso,
Como del pecho de sus Castellanos,
Aprisionó Potencias al sabroso
Ápice, que pretenden los humanos:
Fiados en ella, sin que lo engañoso
De sus prometimientos fuesen vanos,
Ideados faustos veían en bosquejos;
Pero ¿qué habían de ver, si era de lejos?

7 Con ésta, en fin, de Tetis la Campaña
Cortaba quieto, si festivo labio,
De que el primer auspicio de su hazaña,
De la Fe fuese grato obsequio sabio:
Y también lastimado por la extraña
Vuelta de Ordaz, que no vengó el agravio
Del oprimido, pues caló confuso,
Sin conseguir lo que alcanzar propuso.

8 Los Tafetanes, devanando el Viento,
En sus tintes las Auras inundaban,
Mientras las Popas en hondable asiento,
Ballenatos de Roble se juzgaban:
Gallardetes, y Quillas a igual tiento,
Entre Conchas, Céfiros bogaban,
Equivocando en ráfagas, y espumas,
Del Mar Sirenas, y del Aire Plumas.

9 Así las Gavias en la faz salobre
Seguían su rumbo, cuando disparando
Escalante, les hace que recobre
La altura, que cada una va tomando:
El bruñido Cañón de embreado cobre,
Preñado de Agua, y Aguas vomitando,
Grita en la Bomba, que en el Golfo truena,
Y a voces de Cristal pide carena.

10 Izan a Cozumel, y los Isleños
El Carcax previnieran con el Arco,
Extrañando la vuelta, si sus dueños
No sujetasen uno, y otro Barco:
Mas sabida la causa, otros empeños
Toman para ayudar al desembarco,
Y en ellos firman con su diligencia,
Lo varia que es la humana permanencia.

11 Llegan los otros Buques, cuya Gente,
O ya el Bajel, o ya a la Playa salta,
Para hacer la maniobra diligente,
Que en los resquicios por las Cintas falta:
Al punto en Botadores prontamente
Le acuestan, y a la orilla la Borda alta
Descubren, para ver que se sujete
Todo un Mar, que bosteza el Guimbalete.

12 Aquí la estopa, con ardiente Tea,
Tenaz entre taladros se apresura,
Hasta que el Alquitrán, que ardiendo humea,
Ciega, y atraca Bromas, y Juntura:
Incorporada con la tosca Brea,
La Carena le emploma, y asegura
Con más ajustes, porque la examina
Agua fuerte, por mucha, y por vecina.

13 Mientras así el trabajo está empeñado,
Cortés cortés al Régulo visita,
Y al disimulo (que es mayor cuidado)
Da la atención al Templo que la excita:
Llegan juntos, y al verlo aderezado,
Justos recelos la prudencia quita;
Que aunque laudable fue lo prevenido,
Es mejor la advertencia en el descuido.

14 Al Cuarto Sol, hallándose dispuesto
Todo para el abordo, les avisa
Un Centinela, que en el Golfo opuesto
Armada de Piraguas se divisa:
Así llaman al Vaso, que compuesto
El costillar sin Vela, o Cortapisa,
Por ambos lados tiene Popa, o Proa;
Unos Lancha, o Falúa, otros Canoa.

15 Ordena a Tapia, que emboscado espere
Con pocos de los suyos, pues en tierra,
La prevención de flechas les infiere
A Cozumel socorro, y a ellos guerra:
Embístenles los nuestros, cuando quiere
Huir la Patrulla, que la Playa cierra;
Mas un Bárbaro de ellos no se espanta,
Y con valor a todos se adelanta.

16 Con los brazos abiertos, sin embozo,
Y con mal pronunciado Castellano,
Dando indicios alegres de su gozo,
Se jacta de Español, y de Cristiano:
En todos se renueva el alborozo;
Más que las voces, habla allí la mano,
Satisfechos de que es el Prisionero,
Por quien fue a Yucatán Ordaz Velero.

17 El adorno galante del Plumaje
Más airoso le pule lo desnudo,
Cuanto el bárbaro estilo de su traje
Le deja en sí, y en el Idioma rudo:
Tan bozal en el uso, que el lenguaje
Le acierta a pausas, o le corta mudo,
Cual suele tierno infante balbuciente
Decir en medias voces lo que siente.

18 Jerónimo Aguilar era su nombre,
Y el Sacro Diaconato le subía
Al supremo carácter, que hace al hombre
Mayor, que el Serafín en Jerarquía:
Ocho infelices años el renombre
De esclavo tuvo, con fortuna impía,
Cuando por el Darién, que al Golfo inquieta,
Le marcó en Alacranes la Goleta.

19 Éste, con otros veinte Compañeros,
Dieron en Yucatán entre los lazos
De Indios, que hicieron lágrimas más fieros,
Que Montaraces, fértiles Ribazos:
Procurando escapar golpes severos,
Con su industria Aguilar hizo pedazos
Una Jaula, en que preso padecía,
Hasta llegar su más temido día.

20 Prófugo, desarmado, peregrino,
Buscaba los Desiertos retirado,
Y halló sin elección aquel camino,
Que sigue huyendo, quien resiste a Hado:
Entre nuevos Caribes el destino
Le presentó, no en esto desdichado,
Pues por ser de los otros enemigos,
Fueron con él benignos, si no amigos,

21 Sirvió a su injusto Dueño, padeciendo
Diferentes fortunas su constancia;
Mucho al principio fue el sudor creciendo,
Mas siempre le excedió la tolerancia:
Pagado de sus partes, fue cediendo
El rigor, y él ganando vigilancia;
Ocupole mejor reconocido,
Y desde Esclavo, le subió a Valido.

22 Muerto el Régulo, a su Hijo lo encomienda;
Y éste al precepto paternal atento,
Con más amor le trata, pues la rienda
Del gobierno le dio su valimiento:
En este punto le llegó la ofrenda,
Que de su libertad fue el instrumento;
Consiguiola feliz, y en tiempo breve
Halla a Cortés, a quien la vida debe.

23 Así encamina Sacra Providencia
Grandes disposiciones, que casuales
Parecen a la humana diligencia,
Siendo de su poder empeños tales:
Mas de sus labios fines la congruencia
Correr los deja, como naturales,
Al modo que el Pintor, entre bosquejos,
Con sembrar manchas, va puliendo lejos.

24 Mirando al Adalid, mas no conoce
Lo que el Cielo su causa favorece;
La piedad hace al gusto, que reboce
Al bien, que entre celajes se aparece:
Publica la Jornada, y reconoce
En Yucatán el Cabo, que se ofrece
Del Cotoch, y proejando a la derecha,
A Champotón toda la Armada flecha.

25 Aquí arribara su gentil arrojo,
Por dar satisfacción a su venganza,
Si contra su violencia tanto enojo
No impidiera del viento la mudanza:
Hasta el Río Grijalba, Lino rojo
Adula al Aire, porque va en bonanza;
Y para que ésta corra sin tormento,
Sola una cosa pide, que es buen viento.

26 Aferrados los Buques de más porte,
En los Esquifes para el Río capaces,
Manda pasar la Gente, en cuyo importe
Libra de su valor pasos audaces:
Y unada Escuadra rompe undoso corte
De tal garganta, cuando los falaces
Indios, contra la Paz capitulada,
A aquel bosquejo dieron pincelada.

27 Poco a poco se vienen acercando,
Los unos con pericia prevenidos,
Y con rumor los otros, que atronando
Anegan el ambiente en alaridos:
Mas ningunos embisten, que acechando,
Se quieren mejorar en sus partidos,
Cual diestro Atleta, que en el Circo experto,
Cuanto se tarda, golpe da más cierto.

28 Interpreta Aguilar tanta amenaza,
Y el Caudillo el aviso con viveza,
De la Piedad del Cielo, cuya traza
Favorable, a mirar confiado empieza:
Obra la prevención, con que rechaza
Voces, que se perciben con braveza;
Porque para construir necios arrojos;
Sobra cualquier lección, bastan los ojos.

29 Claro están, que quisiera providente
No empezar en Tabasco su Conquista;
Pero el empeño manda fuertemente,
Que la insolencia al Bárbaro resista:
Y porque ya en la tumba de Occidente
Rayos, y sombras ciegan a la vista,
Quiere, antes que el furor se desabroche,
Consultarlo al acuerdo, y a la noche.

30 En ella pasan luego los Soldados,
Culebrinas, Terciados, y Fusiles,
Con los flexibles Petos apuntados,
Que en Arneses quedaron en Escaupiles:
Noble defensa, que dejó borrados
Del Pyracmón Cíclope los buriles,
Con que grabó en el Etna gentil Arte
Acicaladas Armas para Marte.

31 En el principio (dice) belicosos
Adalides, está el ardor que os llama;
Aquí reputación de valerosos
Se ha de ganar, que es la primera Fama:
Vuestra misma Nobleza haga, que briosos
La sangre que en Tabasco se derrama,
Difunda nuevas a los escondidos
Países, en que al temor estén vencidos.

32 No presumáis, que aquí ha de sepultarse
Lo que el valor hiciere, porque tiene
(A más de que en el Orbe ha de aclamarse)
Segundo influjo, que a su ser conviene:
Siempre el que vence llega a colocarse
En el grado mayor, que otro previene,
De tal manera, que le ve primero
Vencedor en su fama, que en su acero.

33 ¿Ni qué puede impedir, si aspecto muda
De la vaina en las manos la Cuchilla?
A vencer vamos, cuando el Cielo ayuda,
Y el Austriaco sus Tropas acaudilla:
En poder de Españoles ya desnuda,
El Mundo es poco, si su ceño humilla;
A ganar en las Proezas, y en las Almas,
Al Rey Coronas, y a la Iglesia Palmas.

34 Así infundía el Extremeño Alcides
En los suyos sus ímpetus marciales,
Porque mejor que en Menfis sus Bellides,
En América fuesen más letales:
Prudente en el ingreso de sus Lides,
Por lo que vale puso esfuerzos tales,
Conociendo que el crédito ganado
Tiene, para vencer, lo más andado.

35 Ya en Trasportines de Alabastro, y Grana,
La Esposa de Titón, en el Oriente
Se asomaba parlera, al Lecho ufana,
Corriendo su Cortina reluciente:
En el Balcón dorado, a la mañana,
Con bostezos de Aljófar transparente,
En labios, y ojos, barajada prisa,
Equivocaba lágrimas, y risa.

36 Del flamígero Carro el blanco Etonte
Uncido a la Coyunda reverbera,
La línea hollando, que midió Faetonte,
Cuando atrevido requirió la Esfera:
Con rubias hebras de uno, y otro Monte,
La verde greña borda, de manera,
Que cuanto al Mundo dora en breves giros,
Va trillando en la Zona de Céfiros.

37 Entonces, pues, rompiendo van el Agua,
Y a entrar comienzan, cuando a poco rato,
Ocultando las Ondas, se desagua
En los armados Indios el rebato:
La inundación de tanta infiel Piragua
Se sorbe al Río, cuyo curso grato,
Gime oprimido de una en otra Roca,
Porque otro Mar de Leños lo sufoca.

38 A la razón rendido, u obligado,
O para más tenerla de su parte,
Manda a Aguilar que vuelva, quien negado
Halló su acento, por el vivo Marte:
Seña hacen de envestir, y atropellado
Punto, y furor, tan presto se comparte,
Que disparadas al Cordón derechas,
Nuestros Vasos zozobran en sus Flechas.

39 Apresúrase breve la defensa
Al descuido, que causa su confianza,
Y librando en las Armas nueva ofensa,
Hacen del mismo golpe su venganza:
Entre el Fuego, y el Agua no dispensa
Medio la Parca, que a su cruel Balanza,
Al que el incendio sube sin herida,
El Cristal contrapesa de corrida,

40 En la invasión descubre un cañonazo
Vado, para salir a la Ribera;
Saltan a la tierra, donde el embarazo
Mayor en los Pantanos persevera:
Aquí los Tabasqueses, que al esguazo
Libres se acercan, con unión guerrera,
De las Tropas segundas en que asisten,
Con sólo detenerlos, los resisten.

41 Mas vencida la Playa cenagosa,
Fórmanse en Escuadrón nuestros Infantes,
Contra la inmensa fuerza numerosa,
Que en la Campaña crece por instantes:
A la Villa destina populosa
A Dávila, con cien de sus Volantes,
En tanto que a los otros lo sangriento
Por los ojos les mete el vencimiento.

42 Perdida la ventaja del Terreno,
En que con pertinaz furia confían,
Retirándose van, mirando ajeno
El Sitio, que por ella mantenían:
Dávila penetrando el verde Seno,
Se ve atajado de los que salían
Por las espesas ramas, que trasiega,
Y a ella, poco después que el Jefe, llega.

43 Mural Cadena de robustos Troncos,
Con engace tenaz fortificada,
La deja en tal postura, que en los broncos
Robles hace Troneras, y Estacada:
En los Baluartes de madera, roncos
Ecos da la Bocina acelerada
Del Centinela, y en la angosta brecha,
Sin que lleguen, el paso les estrecha.

44 Al mirarla el Caudillo, hizo la Antara
(Militar Caracol) sonora seña,
Y entre Macanas Flechas, y algazara,
Para la resistencia más empeña:
Afrontándose a todos con avara
Sed de sangre enemiga, que desdeña,
Destroza sus plumados Escuadrones,
Por tremolar en ella sus Pendones.

45 En aquel Pueblo, dijo, y con la Espada,
Como en acción de rebanar el Viento,
El rostro, y brazo vuelve a la asignada
Parte, y prosigue su razonamiento:
En aquel Pueblo, que es su retirada,
Será esta noche nuestro Alojamiento:
En él se esconden los que fugitivos,
De tantos muertos escaparon vivos.

46 Esa frágil Muralla, que a su miedo
Engaña más, que sirve a su defensa,
Sea (destrozado su frondoso ruedo)
Antes que nuestro Brazo, propia ofensa:
A seguir la Victoria, y el denuedo
Prosiguió lo demás, a cuya intensa
Fuerza, llevando el ejemplar delante,
Con la mano les dijo lo bastante.

47 Cual al Redil incauto desalados,
Afilando el Marfil de sus colmillos,
En las sombras devoran apiñados
Hambrientos Lobos, tiernos Corderillos:
O cual Tigre, que encuentra destrozados
Los miembros del Cachorro en los Tomillos,
Acomete sangrienta a los ventores
Canes, y aún a los mismos Cazadores.

48 Tal con Espada en mano les envisten,
Inflamando el valor, y en las Rodelas
Quiebran los Dardos, con que les resisten
El tránsito, celosas Centinelas:
Para el resguardo, y el asalto asisten,
Y rompiendo al Abeto verdes telas,
Ingieren el Pendón, que enarbolado,
Brotó Laureles, aún recién plantado,

49 A la Plaza interior la retirada
Última buscan los Paisanos luego,
Y a este destino forman Estacada,
Que a otra Fuerza menor diera sosiego;
Pone en tierra el Cañón su aparatada
Máquina, dando nutrimento al Fuego,
Y postrados Baluartes, y Peñoles,
Queda Tabasco por los Españoles.

50 Sin embargo, cuarenta mil plumadas
Frentes, al día siguiente erguido ostenta,
Tremolando en Penachos, y Celadas,
Cuantas sirvieron al Pavón de afrenta;
Al avistarse, con desentonadas
Voces, más que los oídos, amedrenta
La tolerancia, cuando repetidas,
Con ser bien dadas, son mal recibidas.

51 El fuego, el humo, el polvo, la algazara,
La Alma, la vista, el viento, la paciencia,
Rompen, talan, anegan a la rara
Furia de tanta Militar demencia:
Diestro Portocarrero, no repara
En tanta multitud, pues su violencia
Estrenó en Maila, (de ellos tan temido)
Y en dos mitades lo dejó partido.

52 A Tetonón intrépido Carrasco,
Haciendo vanidad de sus excesos,
Tan recio lo estrelló contra un Peñasco,
Que en él la Frente le estampó, y los Sesos:
Y como los Mostachos con el Casco
Allí quedaron, sin chorrear, impresos,
Lo sacó tan al vivo, que su Cara,
Con un pincel mejor no la pintara.

53 A lo más apretado del Combate,
La Espada llega, que Mavorte envidia,
Y en el puño de Hernando se rebate
A las Escuadras, con que diestro lidia:
Del furor, que en su pecho oculto late,
Testigo hace del Indio la perfidia,
Tan ágil al herir, que cercenando
Solamente Cabezas va segando.

54 ¡Cuántos Cuerpos sin ellas vacilantes,
Entre caer, y no caerse titubean,
Pues calientes, y acaso palpitantes,
Aún vitales Espíritus humean!
¡Cuántos imaginándose como antes,
Juegan los Chuzos hasta que flaquean,
Y ningunos con más segura suerte,
Pues ya no tienen que temer la muerte!

55 Al destrozo sangriento, que con lagos
La Grama anega, corren fugitivos
Hasta los Bosques, admirando estragos
Los pocos de ellos, que se cuentan vivos:
Síguense de Belona los amagos
Por la Victoria, fueros siempre esquivos,
Pues a la terquedad, que el bien no alcanza,
Le ha de entrar con acero la enseñanza.

56 Por ésta los Patricios sosegados,
Hallando vida, donde muerte aguardan,
La Paz aclaman, con interesados
Pasos, que en los rendidos nunca tardan:
Concédela benigno, y admirados,
Mirándole sereno, se acobardan;
Tal miedo tienen por su resistencia,
Y tal es del valor la Preeminencia.

57 El Príncipe vencido le tributa,
Entre Plumas, y Ropas, Oro, y Plata,
Que como su quietud compra, reputa
Por poco, cuanto le es aquella grata:
Entre veinte Doncellas le di astuta
Intérprete a Marina, quien desata
De dos Idiomas, que por suerte aprende,
Lo que Aguilar en el Tabasco entiende.

58 Cuatro veces Flegón el Carro ardiente
Había pasado al Golfo de Eritrea,
Desde la Cuna, donde transparente
Duerme entre granas la Deidad Febea:
Y otras tantas había su continente
De las Popas la Náutica tarea,
Feliz medido, con magnete Púa,
Hasta la Costa de San Juan de Ulúa.

59 Dos Lanchotes al sulco de la Armada
Averiguan con pausas el efecto;
Y si a la admiración dejan entrada,
Es por no distinguirla del respecto:
El Capitán recibe la Embajada
De los Enviados, que brindando afecto,
Sin extrañarles lo que allí se advierte,
Despejados comienzan de ésta fuerte.

60 Theuhtile General, a cuya fama
Temido se conserva Moctezuma,
Y Pilpatoc famoso, que derrama
En estos Puertos del valor la suma:
Salud te mandan, y que si en la Lama
Salobre, que tu Quilla vuelve Espuma,
Quieres socorro, te vendrá al instante,
Sin surgir, de las Costas adelante.

61 Satisfechos los deja el aparato,
Y asegurados, que de Paz pretende
A su Príncipe hablar, en breve rato
Surtas las Velas, a la Playa asciende:
Cauto temor ayuda con recato
Al desembarco, que avisado entiende,
Y en todos la extrañeza disfrazada,
Dijo tener, hasta en lo Grande, entrada.

62 Ambos Ministros luego, acompañados
Del séquito de Amigos, y Parientes,
Visítanle después, y más forzados
De preceptos, que cumplen obedientes:
Pero en el interior desazonados,
Quedan a sus protestas competentes,
Así por lo que en éstas más insiste,
Como porque al respeto les resiste.

63 Mudan ceño en cortejo, y cauto dice
Theuthtile, al nuevo Don, que sacrifica:
Recibid esta ofrenda, que felice
Está por vuestra, más que por lo rica:
Y otra mayor, que la Alma solemnice,
Más importante, cuanto muda explica,
Os he de dar, pues no es regalo extraño,
Sabiendo lo que vale un desengaño.

64 No presumáis encarecer factible
Merecer oídos de mi Soberano,
Pues más trasciende que lo inaccesible,
Tamaña audacia del Poder humano:
Nunca en el Mundo se creyó imposible,
(Replica el Adalid) ni empeño vano,
Según el Orbe recibidas Leyes,
Negar oídos los Reyes a otros Reyes.

65 Del Grande Carlos de Austria, a quien España
De Laureles corona Sacra Frente,
Cuyo dominio (que cansado baña
Febo) te adora nuevo Sol de Oriente:
El celo de la Fe, (ya en él no hazaña)
A vuestro Rey le induce suficiente,
Y estar no puede sin verdad frustrada
Empresa, que es del Cielo venerada.

66 Así capaz el General discreto,
A México consulta lo preciso,
Mientras mira el Idioma, que secreto
Habla el Pincel con elocuente aviso:
Grande Artificio, con que tu Alfabeto,
En carácter de Pluma más conciso,
Explica la Alma, que en su Miniatura
Pudo inventar sin puntos la Pintura.

67 No emprimados alisan los Bosquejos,
Que la Brocha después llena a colores,
De Pluma, con los claros, y los lejos,
Finge el Arte matices, y primores:
De unas, y otras, sin tinte, y con reflejos,
Aventajan a Apeles sus Pintores;
Pues cuanto aquel consigue con destreza,
Es en estos mayor Naturaleza.

68 Ni del Persa numéricos Tellices,
Que hacen a puntos en tirante tramo,
Con la Cárcola Pauta en los matices,
Pintando Muro, Fiera, Pez, o Rama:
Remedan tan al vivo en sus Tapices
Nueva naturaleza, cual derrama
Prolijidad al Mapa, en cuya copia
No se traslada, si se pasa propia.

69 Porque mejor expliquen sus arrojos,
Obséquianle con Salva simulados;
Que fue lo mismo que robar los ojos,
Para hacerles más ruido en los cuidados:
La Tropa floreando vierte enojos,
Crúzanse los Bridones enlazados,
Truenan las Piezas, el estruendo sube,
Y de humo, y fuego forman al Sol Nube.

70 Cual inocente femenil Caterva,
Que en el Prado, pueril afán divierte,
Azorada se rinde entre la Yerba,
Viendo aún fingida sombra de la Muerte:
Y cuando el susto nada allí reserva,
En asombro el donaire se convierte:
A la garganta pone el pasmo raya,
Y una cae, otra corre, otra desmaya.

71 Despavoridos del horror presente,
Hace en los Indios el pavor alarde:
En nadie hay excepción, el más valiente
Se iguala en el temor con el cobarde:
Sólo Theuhtile pudo diestramente
Hacer, que el disimulo le resguarde;
Que a excusas del aliento, y la entereza,
Tiene también su esfuerzo la flaqueza.

72 A la voz del asombro, que estremece,
Responde el eco de pintada Plana,
Y enmendando Ademanes, aparece
Con bríos mayores la Nobleza Hispana:
Cuanto refleja juzgan que merece
En la suma Prudencia Soberana,
Muestran al natural, y con la ofrenda
Va de Cortés, para que más se entienda.

73 Estudiándole la Alma a su Diseño,
Moctezuma responde nada escaso,
Porque suaviza con franqueza el ceño,
Cuando le hace imposible nuevo paso:
Político temor su desempeño
Dora con las riquezas como acaso,
Pues ya se sabe lo que siempre pudo,
Más que Labio elocuente, Metal mudo.

74 Este tributo, por lo que sublima
Mi Rey la alianza del Señor de Oriente,
Y porque en ambos Cetros más se imprima,
Recibid como obsequio de Occidente:
Y ya que el Hado la repulsa anima,
Pues no es pasar a verle conveniente,
Célebre el pecho viva con decoro
Cautiva la amistad con lazos de Oro.

75 Así el Bárbaro habló, y halla constante
En el Héroe el dictamen más entero:
Astuto disimula, que arrogante
De a Leyes de Oro, Corazón de Acero:
Cela sus movimientos vigilante,
Por esto sólo, porque no hay agüero
Peor, que al Curioso más enfervorice,
Que oponérsele a todo cuanto dice.

76 Entretanto, cumplidos pocos días,
Llega Montejo con noticia clara
Del Seno de Quahuistlán, que a porfías
Del Mar, al Buque, Cala le prepara:
Y el General, con más hipocresías,
Otra vez, o le intima, o le declara,
Con nuevo culto de cuidado vano,
La renuencia que ve en su Soberano.

77 Replica el Adalid, y el impaciente,
Entre sospechas, y furor inquieto,
Apartando el asiento briosamente,
Por las acciones derramó el secreto:
El Grande Moctezuma, hasta hoy prudente,
Si se contuvo en sí (dice) sujeto,
Al ver que abusa de su Fe el arrojo,
De la clemencia pasará al enojo.

78 ¡Qué cierto es, que el Poder, y Valimiento
Crían con sus humos tales facultades,
Que pasando la raya al engreimiento,
Las que eran Oblaciones, son Deidades!
¡Cuántas veces se ve en lo desatento
La verdad clara de estas necedades!
¡Y cuántas veces la razón repara
Ser más noble la Víctima, que la Ara!

79 Aquí el Hecho lo afianza, pues mirando
Mayor respeto, pudo presumido
Ponderar tanto su desdoro, dando
Otros colores a lo mal sentido:
Nadie presuma que se exime, cuando
Lidia con otro del Poder engreído,
Pues lo que alguna vez por celo empieza,
Se hace después en sí Naturaleza.

80 Fuese, y con él el Sol, y en las opacas
Nocturnas sombras arrancó su Gente,
La movible Ciudad de las Barracas,
Dejando eriazo todo el Continente:
Vuelve la Luz a ver de las Albahacas
El verdor, y alumbrando al insipiente,
Se atreve a interpretarle presumido,
Según de su pasión está vestido.

81 Así no falta quien rompiendo el Fuero
Inviolable a su Sangre esclarecida,
Y ciego al lustre, que debió a su Acero,
Clame a Cuba la vuelta pretendida:
Éste fue el crisol duro, que severo
Sacó de la cordura más subida,
En los fondos de tanto sentimiento,
El quilate mayor del sufrimiento.

82 Óyelos tan sereno, cual pudiera
Gigante Cedro despreciar la saña
Del Euro, que en batirle más se esmera,
Y cantado le cede la Campaña:
El estilo, la frase, y lengua altera,
Y vana necedad, que a sí se engaña,
Afectando sofisma a la insolencia,
Quiere sondar el Vado a la prudencia.

83 Esta (Áulicos) moral Filosofía
Estudiad, por curar vuestra arrogancia,
Aprendiendo la gran Sabiduría,
Con que debe sufrirse la ignorancia:
Mucho lastima, sí, loca osadía,
Advertida prudente tolerancia;
Mas se puede llevar el improperio,
Si cobra la razón su noble imperio.

84 Diestro así lo practica, pues teniendo
De su parte el mejor, y mayor Bando,
Sagaz adquiere, cuando va cediendo,
Lo mismo que consigue dominando:
Publicase la vuelta, cuyo estruendo,
A instancias de los suyos, va templando,
Y el vulgo de los necios persuadido,
Con lo que el propio quiere, hace partido.

85 A esta sazón, por sus Embajadores,
El Señor de Zempoala le presenta
Su amistad, pretendiendo los honores,
Que con la unión del Español se cuenta:
Retardó su atención, por los rigores
Del Mexicano, que su Fe atormenta,
Cuya disculpa la razón persuade,
Y del Rey quita, cuanto cruel añade.

86 El discurso respira, y se resuelve
La Población, que el gusto pronostica,
Y la que en Vera-Cruz después se vuelve,
Queda antes señalada Villarica:
El servicio de Dios, y el Rey, que envuelve
Su Noble Ayuntamiento, califica
De amor aciertos, con que el Mexicano
Primer Tributo rinde al Sol Hispano.

87 Aquí, pues, (¡qué avisado!) el Héroe llega,
Y renuncia el Bastón, porque le falta
Derecho justo, que la envidia niega
Al que por propio mérito se exalta:
Con rendimientos al Concejo entrega
La mejor Joya, que la Sangre esmalta;
Airoso queda, cuanto el Momo mudo,
Mirando, que cederla él sólo pudo.

88 Y no es (prosigue) porque el terso espejo
Del Honor tema aliento, que le empañe;
Que vapor no ha de haber, que a su reflejo,
Aunque resista, no se desengañe:
En vuestras manos el acierto dejo
De su elección, que hará que no se extrañe,
Cuando tanta Nobleza se interesa,
Y mejor puede conseguir la empresa.

89 Que yo, al amante fuego que aprisiona
Del Católico Marte mi osadía,
A conquistarle basto a su Corona
Esta adulta soberbia Monarquía:
Y si después hallase en otra Zona
El Orbe Austral, que oculta espuma fría,
Al impulso, que activo me adelanta,
Escabel fuera de su Augusta Planta.

90 Dijo: y con entereza reverente,
Que de sí sólo pudo haber copiado,
Mostrando superior serena frente,
Por la Pica cambió el Bastón dorado:
Aquí tu voz, tu Plectro aquí cadente,
Soberana Caliope, que gastado
Está en heroicidades de la España,
Elogiar sólo puede tanta hazaña.

91 Que ánimo generoso sufra sabio,
Por injusta calumnia avenenada,
Infausto golpe, sin recurso al labio,
Es acción aún de pocos celebrada:
Ya el Mundo ha visto fementido agravio
Sangre inocente perdonar realzada,
Sin dar en lo que siente, o lo que deja,
En lengua, y ojos, o ternura, o queja.

92 Más que a sí propio a despojarse atreva,
¿Cuándo está la impostura tan distante,
Dando de su constancia noble prueba,
Que iguale al corazón con el semblante?
¡Asombro es grande, que a lo sumo eleva
Del hombre la virtud, tan adelante,
Que es el mayor prodigio, es el portento,
Del Valor, de la Sangre, del Talento!

93 ¿Quién, sino tú, Heroico Hernando, pudo
Emprender proeza tal? ¿Conseguir tanto?
Bien te puedes gloriar, que diestro, agudo,
Triunfos lograste del Gentil, espanto:
Tu perspicacia fue el prudente Escudo,
Donde Minerva descifró su encanto:
Vive inmortal, como precioso ejemplo,
En las virtudes, que de ti hacen Templo.

94 Así la Villa por su Fe se esmera,
Pues a una voz le aclaman por acepto;
Y siendo tantos, es la vez primera,
Que un común exprimió grave concepto:
A tal cual Noble, que la paz altera,
Pone en prisiones, para que el inepto
La inobediencia gaste: y su cordura
Hizo lealtad la que nació locura.

95 Nuevos designios el desvelo traza:
Por Mar, y Tierra cortan Grama, y Sales,
Y al centro de Quahuistlán, fuerte Plaza,
Por varios puntos, líneas van iguales:
El Régulo Zempoala rendido abraza
Lo que inclinan los Hados Celestiales;
Sacude el yugo, que pesado llora,
Y con España su Cerviz mejora.

96 El mismo a nuestra marcha se hace Norte
Del nuevo País, que está con Arma en mano,
Influyendo al vecino grato porte,
Con que sujeto, quede más ufano:
Ambos a dos refieren de la Corte
Violentas opresiones del Tirano;
Y tal vez el dolor mal satisfecho
Pasa a los ojos, lo que sobra al pecho.

97 Mira aquellos (le dicen) que consigo
Tanto séquito traen, como impiedades,
Pues vienen por Apoyo, por Testigo,
De nuestra sujeción, y sus crueldades:
Del Rey Ministros, en el País ya amigo,
Aún quieren añadir atrocidades;
Que el malo con poder no se contenta,
Si a la parte no va mejor en cuenta.

98 Informado que son del Mexicano,
Que le sigue las huellas, y que pide
Indulto nuevo de holocausto humano,
Por haber hospedado a quien despide,
Prenderlos manda, que ejecuta vano
El Cempoala, que de España alientos mide;
Y vario en las Cabezas el Concejo,
Uno ve la Cadena, otro el Cortejo.

99 A la Corte los vuelve, prevenido
De lo que hacer con unos, y otros piensa,
Pues sin perder de vista al afligido,
Prefiere al Real decoro recompensa:
A la galante acción agradecido
El Soberano, perdonó su ofensa,
Y el punto de su queja desparece
El Marcial eco, que en la Corte crece.

100 A beneficios rinde la Comarca
De Zimpantzinco, donde vive osado
Totonaque feroz, que es de la Parca
Fiero Verdugo, de Carcax alado:
De todos oblación hace al Monarca,
Porque de sus rebeldes sea adorado,
Y conozca en lo mismo que violenta,
Lo que hacer puede, quien su Cetro aumenta.

101 Sazonando el calor las prevenciones,
A quienes la esperanza más entiende,
En aquellas dulcísimas ficciones,
Que el mismo que las goza, nunca entiende,
Con el Cordel regula dimensiones,
Cuando la Villa fabricar pretende;
Porque en el raro Mapa que montea,
Hace también papel aquesta idea.

102 Templo erige en Cempoala, y no le espanta,
Que por Luzbel fuese Ara delincuente,
A que huelle otra vez virgínea Planta,
Cerviz erguida de infernal Serpiente:
Con tal amparo timbres adelanta
Por los incendios de un amor ardiente,
Poniendo en las empresas que confía,
Él el acero, su poder María.

103 Al infortunio su valor no cede,
Bien que de nuevo pique la locura,
Ver quiere el margen, hasta donde puede
Tirar la facultad de la cordura:
Rabioso Cisma, que al Abismo excede,
Y en los violentos es de peor figura,
Busca en la fuga, que medroso piensa
Sacar aplauso, y vida de la ofensa.

104 De la Marina vulgo descontento,
Vasos previene, con que inquietos llama;
La noche espera, para dar al Viento
La Vela, a Cuba el Rumbo, a sí la Fama;
Mas uno arrepentido del intento,
Con el aviso la presteza inflama,
Y tan a tiempo acude, que la Leva,
Si más se tarda, da del hecho prueba.

105 A la justicia diestra tolerancia
Da lugar, a pesar de la Clemencia,
Que alguna vez se irrita la constancia,
Cansada ya de parecer paciencia:
De la Entena colgados, su arrogancia
Pagan algunos, por la reincidencia;
Y por echar a la esperanza nudo,
Llegó hasta donde sólo hacerlo él pudo.

106 Los graves Buques, en que se condujo,
Intenta destrozar (¡valor terrible!)
Y su conducta, con prudente influjo,
Necesario hace lo que fue imposible:
Empeño tal a operación redujo,
Llegando hasta aquel punto imperceptible,
En que lo heroico parte su grandeza,
Entre temeridad, y fortaleza.

107 Diga alguno (¿qué importa que lo diga?)
Que fue barbaridad tanta advertencia,
Si bien mirado lo que al Fuerte obliga,
El límite transciende a la paciencia:
La Fortaleza no es tan enemiga
De los extremos, como la prudencia;
Y en casos que están fuera del estilo,
Salir de lo común es el asilo.

108 Resolución tan alta es la que exprime
Lo sumo de un valor pundonoroso,
Y ésta sólo la alcanza, quien sublime
Lo magnánimo junta, y generoso:
Llegar no más adonde no comprime
El Estrecho, no es Campo peligroso;
Hallar en la otra banda sin preclaro,
Es de muy pocos, y aun en éstos raro.

109 No de Etolia, y Sicilia pretendidos
Lauros, gasten buriles, y pinceles,
Celebrando Caudillos atrevidos,
Que por vencer quemaron sus Bajeles:
Hechos para primeros, aplaudidos,
Mas sin duda a éste rendirán laureles;
Que en el cotejo de una, y otra proeza,
Fue aquella hazaña, y ésta fue grandeza.

110 Examínense entrambos Continentes,
Midiendo la distancia, y suficiencia,
La fiereza inaudita de sus Gentes,
De sus Emperadores la potencia:
Muestre el Seso los grados excelentes
De una, y otra arrogancia, y decadencia;
Y aún la envidia dará cuando la infama,
Orla allí de Oro, Cerco aquí de Grama.

111 Ni por segunda pierde el lustre claro;
Que proezas que de sí son ejemplares,
Se deben mensurar por aquel raro
Tamaño, que las hace singulares:
¡Oh! Honor de España, goza ya preclaro
A tus grandes Blasones Militares
El elevado Altar, donde te aclama,
Por Heroico, por Único, la Fama.