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Hernandia : triunfos de la fe, y gloria de las armas españolas ... / Francisco Ruiz de León

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Canto V

Descríbese la Gran Ciudad de México, su temple, ubicación, y Grandeza; y con la más prudente conjetura (sin embargo de lo discorde, que están todos los Autores en esta materia) se da razón de la más verosímil Genealogía de sus Reyes, desde los primeros Pobladores, hasta el príncipe Moctezuma, en cuyo tiempo entraron los Españoles: Tócanse los Ritos, Costumbres, y Ceremonias de su Gentilidad, y particulares Grandezas de su Monarca, en la amplitud de sus Dominios.



Argumento

                                               La Situación de México admirable,                      
     Su Grandeza, Edificios, el sangriento
     Templo del Dios Guerrero formidable,
     Su antiguo origen, Fundación, y aumento:
     De sus Reyes la serie respetable,
     Hasta el Gran Moctezuma, lo opulento
     Se refiere de aquel vasto Hemisferio,
     Ritos, Costumbres del Indiano Imperio.
1. En el Solar del Sol, en cuya altura
     Con cinta de Oro medio Globo enlaza
     Ardiente Equinoccial, que en fiel mensura
     Le parte igual, e igual también le abraza:
     Donde su llama reverbera pura,
     Y a incendios sus fulgores adelgaza,
     Dejando con perfectos paralelos
     Pesados, y medidos a los Cielos.
2. En donde retrocede el paso grave
     Del término que mide su carrera,
     Al rapto movimiento, cuya clave
     Cierra a sus luces, palpitante hoguera:
     Cuando el Cancro fogoso, estival llave,
     Colocada por Juno en la alta Esfera,
     Le hace volver atrás, y lo violento
     Perficiona su curso, y lucimiento.
3. En éste, pues, elemental adusto
     Cairel Celeste, que en el térreo Plano
     Tuesta la tez al Bárbaro robusto
     En los Trópicos dos, que curte cano,
     Amenos Valles al pesar injusto,
     Con que los tala su rigor villano,
     Savia produjo la Naturaleza
     Blandos en temple, ricos en belleza.
4. Callen confusos el Egipcio, y Griego,
     Que creyeron del hombre inhabitable
     La tórrida mansión, que envuelta en fuego,
     Fue a su Geógrafo estudio impenetrable;
     De la Aurora risueña el suave riego,
     Con ambiente sereno, por ella hable,
     Viendo cuanto convence la experiencia,
     Errados juicios de falible ciencia.
5. Aquí, pues, yace un espacioso Valle
     De nevadas Montañas coronado,
     Cuyas Fuentes pretenden inundalle,
     Por subir a sus Cumbres tanto Prado:
     Mar pequeño le forman, que a esguazalle
     La industria sola agota su cuidado,
     Y en medio de él, con especiosa planta,
     La Gran México al Cielo se levanta.
6. Cual soberbio de peñas majestuoso
     Dominando frondosa greña inculta,
     Encrespa su garganta en Bosque umbroso,
     Obelisco jayán, que al viento abulta:
     O cual Roca descuella en proceloso
     Golfo, y en él su magnitud consulta,
     Imperando entre Cimas, y Corales,
     Gigantes de Acebuches, y Cristales.
7. Del Ecuador esquivo retirada
     Entre el flamante Can, y Ursa de hielo,
     En diez y nueve grados colocada
     La mira ambiguo, su apacible suelo:
    Suave Fabonio, con marea templada,
     Mitiga los bochornos de su vuelo,
     Tal, que del Clima puede, a beneficios,
     Cambiar en Equinoccio los Solsticios.
8. Nutriz de Jobe, o fuese transformado
     Por Tifón al Zodiaco luciente,
     Caudato Capricornio, iluminado
     El influjo le deja a lo ascendente:
     El que de Chipre fue Copo nevado,
     La predomina con benigna frente;
     Tauro, y León, en el aspecto iguales,
     En graduación están de Verticales.
9. A la Tórrida Zona el Mexicano
     Septentrional Imperio, tanto ocupa,
     Con sus dominios, que circunda vano,
     Cuanto el Sol lame, cuanto el Ostro chupa;
     O que de puntos, que numera ufano
     En las líneas, que aquel le desocupa;
     Y equivocó en los dos noble desvelo,
     Busca una tierra, y otro quiere Cielo.
10. Por Levante al Atlántico se extiende,
     De Annian las ondas a Occidente mira,
     A la Virgínea con el Sur comprehende,
     Y a Panuco antes por el Norte gira:
     ¡Cuánto de Norumbega el vuelo tiende
     Hasta Groenlandia! ¡Cuánto de éste tira
     Hacia el Árctico ignoto! ¡O que de tierra
     El centro de tres mil leguas encierra!
11. ¡Qué Provincias, qué Reinos, qué Grandeza,
     Producen ricas sus Fecundidades!
     Nada le regateó Naturaleza;
     Blanco la vio de sus prolijidades:
     Higa del Orbe, Erario de riqueza,
     Ciudad sin semejante a otras Ciudades,
     Necesitando para su fortuna
     A México ellas, México a ninguna.
12. Aquesta ya; más tímida la mano
     Al bosquejarla, con razón desmaya,
     Que es querer encerrar Piélago cano
     En Hoyo breve de pequeña Playa:
     A aquesta, en fin, undoso cristal vano
     Besa sus muros, sus cimientos raya;
     Y trasuntando el Zenit los celos,
     Colocada la deja entre dos Cielos.
13. No se jacte Venecia decantada,
     Que a Neptuno su histriada Cuna debe,
     Que México Imperial, más celebrada,
     En mejor Golfo de cristal se mueve:
     Galana en él se mira retratada
     Con el Pórfido, y Jaspe, que le bebe,
     Y por la Óptica, a esmeros del reflejo,
     Vive mayor a vista de su Espejo,
14. Innumerables Poblaciones bellas
     Bordando la Ribera a su Laguna,
     De su diáfano manto, como Estrellas
     Fijas, predicen su gentil fortuna:
     En los Diques de Mármol, las armellas
     De entrambos Lagos, hacen oportuna
     Unión a ciertos tiempos, cuando el agua,
     Del dulce, en el salobre se desagua.
15. Aquí la Gula de apetito ingrato
     Brinda delicias de Ovas, y de Lamas,
     En delicada pesca, que hace plato,
     Como tributo fiel de sus escamas:
     Y era debido, que asistiese grato
     Tanto obsequio, si en Ráfagas, y Gramas,
     Vientos, y Montes sirven, pues atentos
     A enriquecerla están los Elementos.
16. El discurso en sus partos peregrino
     Deja espaciosas calles, y en su medio,
     Van las Piraguas por el cristalino
     Corte, rompiendo todo su intermedio:
     Más de quinientas mil de grueso Pino,
     La Ciudad en sí abarca, y en su asedio
     Fue esto lo menos, porque en su Conquista,
     La muchedumbre se perdió de vista.
17. Desmedidos sus grandes Edificios,
     Con Cornisas, y Estelas emplomados,
     Son Gigantes del aire, en cuyos quicios
     Suben hasta su Esfera coronados:
     Graves columnas son, por los indicios,
     De relieves, tarjones, y cortados,
     Padrones de Alabastro, que autorizan
     Cuánto la fama, y tiempo se eternizan.
18. En competencias la Artesón reparte
     Cuantas junturas al primor le debe,
     Cuando en cúpulas breves hace el Arte,
     Orlas del Sol, las que su llama bebe:
     Corintia Estofa de una, y otra parte,
     Con Bichas pule su moldura leve;
     Y en Almenas, Medallas, y Perfiles,
     Su heroicidad recuerdan los Buriles.
19. Con proporción los altos Pavimentos
     Parten las Nubes, y en los rayos rojos
     Mojan doradas puntas, si violentos
     Sus Agujas ensartan por sus ojos:
     A su aliento dan alas los cimientos,
     Que de dura argamasa hacen despojos
     De las aguas la hidrópica porfía,
     Que al robar gastan uno, y otro día.
20. A varias Plazas da el cordón tirante,
     Capaz ensanche, si su línea quiebra;
     Pero entre todas luce la abundante,
     Que el Mundo en Tlatelolco más celebra:
     Del Mercado mayor jacta arrogante,
     No hay Pluma, Molde, Fruta, Pesca, o hebra,
     Que tan perfecto está, cuando se vende,
     Que es el Oro lo menos que se atiende.
21. Joyas, y Petos de Coral, y Plata;
     Fieras, y Peces de Oro, y Pedrería;
     Telas, y Plumas, donde se retrata
     Naturaleza, cuando se desvía:
     Armas, y Conchas, es en lo que trata
     El poder con el gusto granjería,
     Tan a esmeros del Arte, que la estruja,
     Que a la materia, la obra sobrepuja.
22. Cuanto en sus senos concibió la idea,
     Visible hace, patente su Mercado,
     Y más pulido, cuanto más emplea
     Los aciertos pacientes del cuidado;
     Extraño Aparador, cuya montea
     Vuelve con opulencia confirmado
     En el modo, y gobierno de su porte,
     La grandeza mayor de tanta Corte.
23. Entre los Templos, que a dos mil exceden
     Los que encierran sus Muros belicosos,
     Que al Viento, que a las Nubes retroceden,
     O los sufocan dóricos colosos,
     Se levanta el Supremo, a quien le ceden
     Primicias del valor supersticiosos;
     Pues del Dios de la guerra al vano Bulto,
     Equivocan el genio con el culto.
24. Nembrot de piedra la Ciudad domina
     El Soberbio Panteón, en cuya Valla,
     De sillería labrada, y concha fina
     Tiende a los cuatro Lienzos su Muralla:
     Trilingües Sierpes, de cantera mina,
     Encadenadas por el Foro entalla,
     Con Dragones, que abortos de los Riscos,
     Les sobró lo vital a Basiliscos.
25. De Mármol cuatro Efigies singulares,
     En los Pórticos cuatro, jactanciosas,
     Los gajes tiran como liminares
     Dioses, que fueron Aras mentirosas:
     Por la parte de adentro, familiares
     Quedan las Oficinas Religiosas,
     A sagrada morada de los rudos
     Ministros, sólo de piedad desnudos.
26. Tan capaz en el Circo, que le queda
     Ámbito a su Planicie suficiente,
     Donde número grande adorar pueda
     Inmolación, de voto delincuente:
     Diez mil Danzantes, en confusa rueda,
     Girando están el Foso reverente,
     Cuando el Ídolo torpe de sus vicios,
     En sangre, y humo ve los sacrificios.
27. En el céntrico punto desta Plaza,
     Sube ocupando claro descubierto
     Machina tan gigante, a quien engaza
     Al pie el Escollo de sus aguas yerto:
     Las dimensiones, que el cimiento traza,
     Pirámide le crecen al acierto,
     A reserva del lado, en que hace entera
     De ciento y veinte gradas su Escalera.
28. Termina arriba su anchuroso plano
     En un Cuadro perfecto, que en cuarenta
     Pies, hacia cada viento, tiende vano
     El recinto almenado, que sustenta:
     Marfil, Naranjo, y Azabache Indiano,
     Dan la materia sobre que se asienta;
     Y en triglifos, metopas, y follaje,
     Lisipo halló de su Sincel ultraje.
29. Verde Penacho, de bruñida Losa,
     Que a la Esmeralda sus colores quita,
     Minaz ángulo da con pavorosa
     Punta, que al ceño su furor limita:
     En esta afirman la supersticiosa
     Víctima, cuya Púrpura marchita,
     Tiñe su tez, y entre corales pierde
     El claro esmalte de su fondo verde.
30. Horrible execración, que por trofeo
     Del común Enemigo revoltoso,
     Sus Ritos guardan, como torpe aseo
     De cadáveres secos misterioso:
     Primero a la Ara van, luego al empleo
     De la gula, dos veces asqueroso;
     Y ensayando su suerte por momentos,
     En la muerte no aprenden escarmientos.
31. Huitzilopochstli, que lo mismo suena,
     Que el gran Mavorte, que al Impíreo ampara,
     Es a quien más el culto fiel se ordena,
     Del Bastón, de la Toga, y la Tiara:
     Espíritu marcial, con que encadena
     La Ley su inclinación, y se repara
     En lo que observan Religión tan necia,
     Cuanto las armas la Nación aprecia.
32. Humano en la figura, mas tan fiero,
     (Retrato al fin del Ángel castigado)
     Que parece que halló modo el esmero
     De exceder la fealdad en el traslado:
     El Plumaje encrespado a lo severo
     Añade gesto, y a lo mal fajado
     Del Rostro, más horror, con negras cintas,
     Que por Frente, y Nariz cruzan distintas.
33. Azor de Oro bruñido la Cimera,
     Con majestad, con impiedad corona;
     Vibra en la mano Sierpe bandolera,
    Que en otro tiempo persiguió a Latona:
     Cuatro Saetas en la otra reverbera,
     Y en el brillante Escudo forman Zona
     Cándidas Plumas de la Garza adorno,
     Que desde el centro salen al contorno.
34. Este Vestigio, pues, en lo eminente
     Del Altar le coloca lo avariento,
     Que en Joyas, y Grandeza, no consiente
     Igualdad, ni del alto Pavimento:
     Otro como él, en el Altar patente
     (Tláloc su hermano) tiene grave asiento,
     Y los juzgan en todo tan parciales,
     Que de ambos quieren bienes, temen males.
35. No hay en el Seno de Naturaleza
     Afán, que propio Tutelar no goce,
     Extendiéndose a tanto su rudeza,
     Que adora la Deidad, que no conoce:
     En miles de Aras su maldad tropieza,
     Sin que en este Penate, aquel se roce,
     Creciendo su ignorancia (al fin con humo
     Doctrinada) a llegar hasta lo sumo.
36. No en Religión, y Templos su opulencia
     Engrandece, que en Rosas, y Jazmines
     Prenden Vergeles con benigna influencia,
     Alegre Primavera en sus Jardines:
     De Flora, y Amaltea la permanencia,
     Hace que Invierno no hallen sus Confines:
     ¡Mas cual había de haber, si sabe el tierno
     Clima dar Primaveras en Invierno!
37. Marchitos queden cuantos de Pomona,
     Cultivados Pensiles el Pangeo,
     Florido ostenta, cuando los corona
     La Cipria Diosa, del feliz Hibleo:
     Calle el Ámbar fragante, que blasona
     Pancaya, fértil del sudor sabeo,
     Que más que en ellos el primor reparte,
     Naturaleza aquí pule sin arte.
38. Cual de cristales vago se rodea,
     Y mira el Foso donde se retrata
     Galán Narciso, que en su propia idea,
     Es su misma hermosura quien le mata:
     Cual de verde boscaje taracea
     Copadas Calles de cultura grata;
     Y entre labrada alfombra donde pisa,
     Sin que pie pierda, tierra no divisa.
39. No hay Rosa, Planta, Flor, Botón, Pimpollo,
     De cuantos en el Orbe se conocen,
     Que rompiendo la Yema en el cogollo,
     Sazón madura con verdor no gocen:
     Sutiles Fibras toman desde el meollo
     Vegetativo, jugo en que rebosen,
     Tan frondosas, que a vista de su Nilo,
     Pueden sus hebras no cortar el hilo.
40. Porque en la vista sola no se quede
     El deleite, fabrica su Terreno
     Opimas Huertas, donde nadie puede
     A la Gula por sobrio poner freno:
     Aún más que en Flores, pródigo se excede
     Con dulces Frutas, siempre tan ameno,
     Que llenó del antojo la porfía,
     Criando una nueva para cada día.
41. Espiando el Hortelano la creciente,
     Corta la Púa, si el ingerto traza;
     Escóndela al Solano, y diligente,
     Trepantes, Hoces, Mimbres, Saúco engaza:
     A la fresca incisión la une igualmente,
     Aflojando la Escarpa que la enlaza;
     Junta la Saba, y hace en las cortezas
     Una especie de dos naturalezas.
42. ¡Con qué verdad Cosmógrafo acertado,
     Al Atlántico Mar descubrió cierto
     El hiperbóreo sitio, que templado
     Paraíso fue de Americano Puerto!
     En esta amenidad, en este Prado,
     Mora de las Hespérides el Huerto;
     Creíble es de sus Manzanas el tesoro,
     En tierra, que produce Montes de Oro.
43. De las Montañas ásperas del Norte,
     Exploradores bárbaros robustos
     Salieron a fundar tan grande Corte,
     Primero humildes, si después injustos:
     Subió a suprema de mediano porte,
     Olvidando principios antes justos;
     Pero ¿qué hay que admirar? ¿Quién con fortuna
     Volvió la cara, para ver su Cuna?
44. En Chicomoztotl, que a mejor Idioma
     Traducido, equivale a siete Cuevas,
     La Nación Chichimeca, de quien toma
     Su origen, hizo de su brazo pruebas:
     Cinco siglos el Polo Árctico doma,
     Sin que su Fama lleve al Mundo nuevas,
     Y al Grande Xololcohuatl, la Campaña
     Cedió en su Zona, cuanto ardiente baña,
45. De Istacmiscuatl, Caudillo valeroso,
     Prole fecunda Quauhtomitl, y Umecatl,
     A crecerle llegaron numeroso,
     Con Xicancatl, Thenuch, Xelhua, y Mistecatl:
     De estas Familias fue lo poderoso,
     Que en ramos siete de su Chichimecatl,
     Tal se fertilizó con sus cristales,
     Que átomos la inundaron racionales.
46. Desde Atztlán (tierra inculta) peregrinos
     Por la Reina Ave, que los conducía,
     En quince lustros de ásperos caminos,
     Fue nutriz de su aliento la osadía:
     Hasta que instruidos por los Adivinos,
     En la Laguna que faltó la guía,
     Mansión hicieron, para darle asiento
     De Diamante, al que fue Padrón del Viento.
47. De Thenuch (el sesudo interpretado)
     Tomó para memoria su renombre,
     Que a la posteridad vuela el cuidado
     A eternizar el nombre por el hombre:
     Thenuchtitlán la antigüedad la ha hallado
     En sus siglos infantes, sin que asombre,
     Que olvide el Apellido que ha tenido,
     Poderoso que calla lo que ha sido.
48. Tlatecatzín, que suena fuerte Escollo,
     El segundo mandó Choza pajiza;
     Siguiole Thechotlalán, o Cogollo,
     Que en alegres Vergeles se eterniza:
     Más la extendió Ixtlixochitl, el Pimpollo
     De hilos que peina, y en la muerte eriza,
     Que a su interpretación severo el Hado,
     Su Horóscopo confirma desdichado.
49. Thetzotzomoc, Señor de Atzcapotzalco,
     A cruel acecho le mató dormido,
     Y por opuesto como Malinalco,
     Sacudió el yugo, que temió sentido:
     El estoque, y los labios (al fin Chalco)
     Tiñó en Púrpura Regia del perdido
     Joven, y por dorar lo que abandona,
     Efugió la traición a la Corona.
50. Maxtla hijo suyo, que es el que se baña,
     Heredó a sus presagios lo ominoso,
     Pues apagó su orgullo a justa saña
     Del hijo de Ixtlixochitl valeroso:
     Ixcohuatl, o Dragón, su aliento empaña
     Al intruso tirano cauteloso,
     Y recobrando Reino, y albedrío,
     Partió con la venganza el Señorío.
51. Domadas las vecinas invasiones,
     Con las siete cabezas, que poblaron
     Tan dilatado Cetro, sus Pendones
     De los Cielos los Polos asustaron:
     Inmoderadas gobernó Legiones,
     Que por Emperador le tributaron
     Adoración, en todo su Hemisferio,
      Encumbrando el Yopali para Imperio.
52. Acamapich, o Caña, que se oculta,
     Ascendió al Solio más favorecido;
     Pero a la saña, que el Poder insulta,
     Si empezó amado, feneció temido:
     Bien que de la ambición siempre resulta
     Vivo desprecio, que lamenta herido
     El inquieto Dosel, a cuyo embargo,
     En culto dulce bebe susto amargo.
53. Huitzilihuitl, Jilguero de pintadas
     Plumas, así llamado, porque quiso
     Por divisa poner a sus doradas
     Armas, Escudo de trenzado viso:
     Ocupó el Trono, viendo sojuzgadas
     Las Milicianas Chalcas a su aviso,
     Las Xochimelcas, Culhuas, Tecpanecas,
     Maltlaltzincas, Culhuacas, Chinantecas.
54. De inmediato Elector después jurado,
     La Diadema ciñó Chimalpopoca,
     El que puso a los Lagos arrestado
     Mordaza, en Diques de robusta Roca:
     Mil Concubinas su desenfrenado
     Deseo, con sus Esposas equivoca,
     Haciendo el apetito, y la locura,
     Tributaria del fuego la hermosura.
55. Ixcohuatl, el segundo deste nombre,
     Y nono en el Imperio Americano,
     En sus Estatuas puso su renombre
     Por Columnas del Reino Mexicano:
     Suyo fue el desatino, que siendo hombre,
     Se creyese Penate Soberano,
     Por la abundancia con que abastecida
     Su Corte, a hambre le quitó la vida.
56. Por su muerte tomó el Cetro radiante
     Moctezuma el primero, cuyo empeño
     Fue confirmar su nombre de arrogante,
     Pues es lo mismo, que el que ve con ceño:
     Emprendió su Soberbia, del Tonante,
     Como del Mundo coronarse Dueño;
     Pero de la crueldad mano tirana
     Creció con gotas de carmín su grana.
57. Entró Axayacatl, equivale, o suena
     Al que anda en Aguas, o al que trae cubierto
     El rostro siempre, cuya gloria llena
     En Fábricas crecidas sumo acierto:
     Sucediole Tizoc, el que de pena
     De mirarse vencido, quedó muerto;
     Imitando con esto furibundo
     Al Otomano Solimán segundo.
58. Ocupó luego Ahuitzol la Corona,
     Que es lo mismo decir, que Árbol frondoso,
     O Vaticinio, que infeliz pregona
     De futuros sucesos lo ominoso:
     En su tiempo la suerte se eslabona
     A uno, y otro Cometa pavoroso,
     Casi anunciando como el descendiente
     Sol de Xololt, rayaba en el Oriente.
59. Con su muerte los Reyes Electores
     Del Imperio, suspensos vacilaron,
     Hasta que dio fortuna a los mayores
     Votos, el complemento que buscaron:
     Del Grande Moctezuma los honores,
     A la elección las dudas apartaron,
     Cuando a más de sus prendas personales,
     Impulsos heredó su sangre Reales.
60. Fue el catorce Monarca de Occidente,
     Y del nombre en la serie fue el segundo;
     Monstruo soberbio, que juzgó a su frente
     Corto Laurel, el círculo del Mundo:
     Domó de su extendido Continente,
     Cuanto le descubrió Globo rotundo,
     Y consiguió exaltarse Soberano
     En lo sumo del Reino Americano.
61. Política, que el Arte llama Estado,
     Le influyó con pretexto de decencia,
     Introducir los Nobles, al no usado
     Hasta entonces Tributo de asistencia:
     En el retiro vinculó el sagrado,
     Para hacer más preciosa su presencia;
     Crecieron las Gabelas, y el ultraje,
     Y el Septentrión gimió a su vasallaje.
62. Sujetó las Provincias rebeladas,
     Y de sus Huestes, Militar arrojo,
     Sembró terrores a las dilatadas
     Partes, que sólo despreció su enojo:
     Sólo Tlaxcalán no miró postradas
     Las Orlas senatorias al despojo;
     Pero de sus plumados Escuadrones
     Daba a la Ara, a la Mesa corazones.
63. Tembló el Orbe; los Ejes vacilaron
     A la amenaza de su cruel Cuchilla;
     Los Países más remotos le doblaron
     Primero la cerviz, que la rodilla:
     En qué sangre los hombres no nadaron,
     A la fiereza con que los humilla;
     Pues no sólo a la frente, aún quiso impío,
     Imponerle coyunda al albedrío.
64. Este Tirano gobernaba, cuando
     Los Españoles, con destreza suma,
     A la Tumba de Apolo registrando,
     Cortaron del Atlántico le espuma:
     Asombros a la tierra estaba dando
     La opulencia del alto Moctezuma,
     Pues fue lo menos, para su decoro,
     Domar Cerros de Plata, Montes de Oro.
65. Seis suntuosos Palacios su Grandeza
     Labró en su Corte, como seis Babeles,
     En cuyas dimensiones la destreza
     Proporcionó Buriles, y Sinceles:
     Con Pilastras, y Tarjas, en que empieza
     A registrar la Simetría niveles,
     Adelantó su machina oportuna
     Al cóncavo Palacio de la Luna.
66. Era el uno tan raro Mausoleo,
     Que el tamaño, y soberbia que lo traza,
     Asombro fuera del galán Teseo,
     Y en él por su hilo no saliera a plaza:
     A ésta, y a esotras Calles del rodeo,
     Con las fornidas Puertas embaraza,
     Tan elevadas, sólidas, y bellas,
     Que toda la ambición cupo por ellas.
67. Ciprés, Nogal, y Cedro, en Pavimentos,
     Arcos, y Claraboyas hermosean,
     Cuando el Ébano, y Boj en ligamentos,
     Lo propio que unen, dividir desean:
     Las Agujas doradas a los vientos,
     Cuantas veces por ellos se voltean,
     Les punzan, si los rayos enmarañan,
     Y ellos su oprobio con el oro engañan.
68. Borda la vanidad a los Salones
     Peregrinos Doseles, cuya plana
     De Armiño con plumados mascarones
     Emula la destreza a la Persiana:
     Colores vivos chupan los cartones,
     Si del Múrice no, de fina grana,
     Dándoles movimiento su tintura
     Con galante ademán a la figura.
69. Al Chopo hilado pule con gracejo
     El injerto boreal, que desmenuza
     Diestro el Telar con pelo de Conejo,
     Cuando en su peine por ovillos cruza:
     Raros primores muestran del cadejo
     Algo de tanto, que el ingenio aguza,
     Y todo lo demás libra al cuidado,
     Si éste no quiebra por lo más delgado.
70. No ya blasone vano en sus tendidos
     El Turca codicioso; no el esmero
     Alabe en sus bordados, y tejidos,
     Para venderlos bien, el Extranjero:
     Vengan ambos a ver en los descuidos,
     Remedos del fingir más verdadero,
     Pues aquí la refleja esperar sabe
     Al Prado risa, movimiento a la Ave.
71. Por dos veces la Plata ya fundida,
     Como el Oro dos veces derramado,
     En materia, y figura dan crecida
     Señal, que en muchas formas han rodado,
     En sus metales mira rebatida,
     Madre Naturaleza fiel traslado,
     Aunque mengua el valor lo numeroso,
     Porque abundante nada fue precioso.
72. El mismo adorno los restantes miran,
     Bien que con varios fines, su destino;
     Unos para Aves, que los aires giran,
     Viendo desde la Alcándara el camino:
     Otros de fieras, que la Jaula admiran
     Prisión robusta de empalmado pino;
     Otros de Eunucos, Truhanes, y de Enanos,
     Alarde necio de los Soberanos.
73. Marcial en todo su gentil decoro
     Ostenta, con nativa bizarría,
     Otro Palacio, que el Clarín sonoro
     De la Fama, le llama su Armería:
     Tales piezas se ven de bruñido oro,
     Engastadas con tanta pedrería,
     Que no tuviera, sin brotar asombros,
     La vanidad, para cargarlas, hombros.
74. Sobre su Escudo, que era un Grifo fuerte,
     Como abrazando Globo azul rotundo,
     Las Armas Reales parecían de suerte,
     Que su valor no tuvo otro segundo:
     Si esta Casa han logrado, bien se advierte
     Cuanta riqueza se ha franqueado al Mundo;
     Más en alhajas la llenó su esmero,
     Que todo lo que vale un Reino entero.
75. Extraño, formidable, pavoroso,
     El retiro del luto, viste el Muro,
     De obscuras telas, donde lo horroroso
     Del pesar mora sólo en sí seguro:
     Aquí por el suceso lastimoso
     En sombras le visita genio impuro,
     Deteniéndose en ellas, hasta tanto
     Que los Cielos minoran su quebranto.
76. Fuera de la Ciudad en deliciosas
     Quintas, la gala que al poder inclina,
     Pinta Selvas de Flores olorosas,
     Yerbas notables a la Medicina:
     Adelante en Aljibes con lamosas
     Ovas, ofrece Pesca la Marina,
     Y de Huertas, y Estanques el desvelo
     Hace Almocafre, lo que busca Anzuelo.
77. Con los Sabuesos en la Montería
     Ejercita Batidas, cuando reta
     El mudo Can del Oso la osadía,
     A la primera voz de la Corneta:
     Al más leve rumor la puntería
     De sus diestros Monteros, lo sujeta
     Con voladoras puntas, en que parte
     El acierto, deleites con el Arte.
78. De la Alcándara toman los Azores,
     A la lucha boreal que lo desvela,
     Los Halconeros, y los Cazadores,
     Para imponerlos a mejor escuela:
     Depuesto el Capirote, sus primores
     Arrebatan, pues ya sin la Pihuela,
     Tras la Presa se parten, cuyo gusto,
     Por temor que no vuelvan, se hace susto.
79. Sólo en la Casa de las Aves tiene
     Mil hombres ocupados, asistiendo
     Al corte de la pluma, que previene
     Al vestuario, y al gusto, afán horrendo:
     ¡Cuánta Gente, de más de ésta, mantiene
     En cuidar de las Fieras! Aún creciendo
     Irá la admiración, que se mantuvo
     Sólo en sí, cuando menos en sí estuvo.
80. Mil Soldados se mudan cada día
     De guardia en su Palacio, repartidos
     Según la más, o menos jerarquía,
     A que son destinados, o elegidos:
     De otros doscientos Nobles más confía
     En los altos Salones divididos,
     Y a la asistencia Real se alternan vanos,
     Sin omitir el turno, los lejanos.
81. Cuatro mil, entre Maestros, Oficiales,
     Y Superintendentes, se sustentan
     En fabricar las Armas, donde iguales,
     Porque ellas maten, ellos se revientan:
     Desde aquí van a las Fronteras Reales
     Las muchas Provisiones, que acrecientan;
     Diaria pensión, y a su valor no extraña,
     Pues siempre tiene Ejército en Campaña.
82. Para tres mil mujeres, de que ansioso,
     Fuera de sus Esposas, se servía,
     ¿Qué tesoro bastaba? El más curioso
     Forme la cuenta de lo que sería:
     Si con una no puede el Poderoso,
     Él para tantas ¿qué poder tendría?
     Pues de su vanidad, porque concluya,
     Esto era la menor profusión suya.
83. Más de ciento y diez mil (y no parezca
     Ponderación, pues tímida la pluma,
     Busca lo menos, porque no padezca
     Tormenta la verdad, con mayor suma)
     Más de ciento y diez mil, sin que se crezca,
     En Soldadesca, en Gentes, Moctezuma
     A su costa mantiene en gasto diario,
     Y queda mucho más para su Erario.
84. Ni increíbles pueden ser, por singulares,
     Estos excesos, que es tan opulento,
     Que gobierna millares de millares
     De varias Frentes, desde el Real asiento:
     Treinta Reyes Vasallos Auxiliares
     Tiene, y cada uno de estos puede atento,
     Al punto que él lo mande, (¡cosa extraña!)
     Ponerle cien mil hombres en Campaña.
85. Toda esta desmedida muchedumbre,
     Uno de cada tres paga en tributo,
     Irremediable Ley en la costumbre,
     De Herencia, Pesca, Minas, Granja, y Fruto:
     Hasta el sudor del rostro, servidumbre
     Reconoce a Señor tan absoluto:
     Este monto perpetuo sin engaño,
     ¿Qué al mes sería? ¿Cuánto sería al año?
86. ¡Qué Grandeza en sus Casas! ¡Qué opulencia
     En sus mesas! ¡Qué fausto en su persona!
     Siempre llegó a tener en su asistencia
     Para darle la vianda una Corona:
     Jamás hubo en el Mundo otra Potencia
     Más Soberana; de ella tal blasona:
     A la fortuna holló con planta grave:
     Ya no hay más que decir: ¡Es cuánto cabe!
87. ¿Diga el Nación, mirando este diseño
     Cierto, aunque inculto, si eran miserables
     Humildes y desnudos? Desempeño
     Fue el Mexicano de hechos memorables:
     ¿Cuál gobierno miró con tanto empeño
     Entre Gentiles, Leyes tan notables,
     Fueros tan justos, tan puntuales penas?
     No hicieron más infantes, Roma, Atenas.
88. Faltoles luz, más pudo su viveza,
     En lo moral, que a nadie se ha negado,
     Hallar las Leyes, que Naturaleza
     Coligó a las cadenas del cuidado:
     Ésta hicieron guardar con entereza;
     Ni la industria, ni el cohecho halló sagrado,
     Al fiel de Astrea, dieron con pericia,
     Celo, equidad, prudencia, honor, justicia.
89. ¡Cuántas veces el real desvelo sabio,
     (Moctezuma lo hacía) con diligencia
     Indagando la Fe de veraz labio,
     Probaba al Juez del oro a la experiencia!
     El que hacía por soborno algún agravio,
     Con la vida pagaba su insolencia:
     ¡Rara entereza! Si hoy resucitara,
     Y hubiera malos Jueces, ¡cual quedara!
90. No sólo en general, que repartido
     Económico estudio, descendiendo
     A varias clases, alcanzó pulido
     Hasta donde lo fueron extendiendo:
     El Tribunal de Hacienda fue erigido
     Al Patrimonio Real, donde creciendo,
     (Sin embargo de tantas profusiones)
     Los Tributos entraban a millones.
91. De Jueces inferiores apelando,
     Pasaban otras Causas al Severo
     Tribunal de Justicia, sentenciando
     Sabia Némesis invariable Fuero:
     El Consejo de Guerra tenía el mando
     En dar las providencias al acero,
     Enviar Reclutas, ver las Municiones,
     Prevenir Pasaportes, y Facciones.
92. Los negocios más graves autoriza
     Noble junta de Ancianos Venerables
     Del Consejo de Estado, y solemniza
     La Majestad Decretos respetables:
     Su Real presencia en éstos se entroniza;
     Sus decisiones son inevitables;
     Tanto veneran de esta Sala el celo,
     Que lo juzgan Oráculo del Cielo.
93. Subalternos Ministros, con destinos
     Diferentes, gobiernan tantas Gentes;
     Unos rondan Entradas, y Caminos;
     Otros persiguen a los delincuentes;
     Otros cuidan Semillas, Ropas, Vinos;
     Otros Rentas Cobranzas; otros Fuentes:
     Cada uno en su incumbencia, en su ejercicio,
     Tiene en Veedores quien corrija el vicio.
94. Hay Garitas, Aduanas, Almacenes,
     Paseo común, Estancos, Astilleros,
     Alhóndiga, Almonedas para bienes,
     Vínculos, y Cruzados Caballeros:
     Títulos grandes de Señores, quienes
     Gozan en sus Estados altos fueros;
     Embajadores, cuyas preeminencias
     Indelebles observan sus Potencias.
95. En algunas costumbres semejaban
     A otros Antiguos; pues sus matrimonios
     Eran como los Ritos, que guardaban
     Los Atenienses, y los Macedonios:
     El Fuego, el Velo con que allá invocaban
     La Paz del Amaranto, testimonios
     Claros son, que conformes al deseo,
     Era en todos igual suave Himeneo.
96. Para la educación, a que endereza
     La juventud su logro, en fines varios,
     El Real Erario puso a la Nobleza,
     Academias, Colegios, Seminarios:
     En unos de las Armas la destreza;
     En otros los de genio a ello contrarios:
     Cada cual, por el rumbo que le llama,
     Sigue su inclinación, labra su fama
97. Adiéstranse en la lucha, y la carrera;
     Prueban Arcos, Espadas, y Montante;
     La Historia aprenden, porque verdadera
     Da Elogios a Nación tan dominante:
     En finas Pieles, o Membrana entera
     De Magueyes, dibujan lo constante
     De los sucesos, con el expresivo
     Carácter, que de Fe guarda el Archivo.
98. En sus Mitotes (danzas apacibles)
     Al compás de la Flautas, sus canciones
     Entonan, de hechos al valor terribles,
     Para resucitar tantos blasones:
     Las Conquistas, que fueron asequibles
     Por sus mayores, son en sus funciones
     Las que dan pasto al gusto, y la memoria,
     A pechos, que hacen dominar su gloria.
99. A las Doncellas nobles, mientras llega
     Para su estado tiempo competente,
     En reclusión paterno amor entrega,
     Llevando del estilo la corriente:
     Con la Rueca, y el Uso no sosiega,
     Aunque sea su caudal sobresaliente:
     Gran Dote tienen, si aún la poco hermosa,
     Sabe encerrada estar, y nunca ociosa.
100. A natural Cronografía ajustando
     Del Sol los movimientos, y midiendo
     Declinación, y altura, concordando
     Al tiempo, fueron su Estación ciñendo:
     Perfecto quedó el año, regulando
     Su curso como labios, conociendo
     Para volver sus pasos regulares,
     Como al Bisexto, sus intercalares.
101. A cada año le dan diez y ocho Lunas;
     A cada Luna, solas veinte Auroras;
     A la semana trece días, y a algunas
     Más, si los Fatuos acrecientan horas:
     En éstas del Zenit siempre oportunas
     Creces, preparan al sudor mejoras;
     Y el descanso que en ellos les obliga,
     Infunde alientos a mayor fatiga.
102. Cuatro semanas de años dan cabales
     Al siglo, cuyo Mapa artificioso
     Es ajustada norma a sus Anales,
     Cuanto es aquel por estos misterioso:
     Cuatro fajas a un Sol parten iguales,
     Del círculo hasta el centro luminoso;
     Y a cada parte dando trece grados,
     Dejan Signos aspectos regulados.
103. Por su gran superficie, con extrañas
     Figuras, a ellos claras, y con mudos
     Caracteres, escriben las hazañas,
     Que dignas son de Laminas, y Escudos;
     En éste de sus Reyes, y Campañas
     Se hacen capaces aún los niños rudos;
     Tal viveza es la suya, con que diestros
     Para los otros son, después Maestros.
104. Siempre el Emperador que se elegía,
     Era el más valeroso, el más Guerrero;
     Aunque en proezas iguales, prefería
     Sangre elevada por antiguo Fuero:
     Obligada de hallaba su Hidalguía
     Para ascender al Trono, a dar primero
     A la Patria, y al Cielo una Victoria,
     Como en albricias de tan alta gloria.
105. Cuatro Reyes gozaban de Electores
     El privilegio: bien que el Tezcuano,
     Por excepción, orlaba otros honores,
     Poniendo la Diadema al Mexicano:
     Juraba mantener de sus mayores
     La Religión, que el Cielo Soberano
     Continuaría sus lluvias, y no habría
     Entre uno, y otro nueva antipatía.
106. Creían la alma inmortal, y que pasaba
     De ésta, a vida más larga, a cuyo asunto
     Criados, Joyas, Amigos preparaba
     La amistad al Sepulcro del difunto:
     La mujer propia siempre se enterraba
     Con el Esposo yerto: el Padre junto
     Con el marchito Joven: el Monarca
     Con mil Privados, que seguían la Parca.
107. Chapoltepec, Montaña deliciosa,
     Elevaba el Panteón, que la ceniza
     De sus Coronas guarda majestuosa,
     En Vasos de oro, donde se eterniza:
     Troya discreta, Roma Religiosa
     Lo mismo hicieron; con que no horroriza,
     Que en aquesto soberbios se despeñen,
     Si tienen tales sabios, que lo enseñen.
108. En sus Cultos Luzbel no escarmentado
     Llegó a tanto, que quiso con desvelo
     Remedar aquel Rito antes Sagrado,
     Que al Israelita le previno el Cielo:
     En la Circuncisión se vio probado,
     Y aun aquí no paró su osado vuelo,
     La confesión impuso, y blanca pasta,
     Al mayor, al más alto. Pero basta.
109. ¿En Política tanta (¡qué Portento!)
     Ley tan inmunda? ¿Ritos tan atroces?
     Quédese en el silencio lo sangriento,
     Con que intenta teñir hasta las voces:
     A formarlas no acierta el desaliento,
     Que las más tardas huyen más veloces,
     Y como agravio al terso papel cano,
     Por no mancharlo, se encogió la mano.

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