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Hernandia : triunfos de la fe, y gloria de las armas españolas ... / Francisco Ruiz de León

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Canto VI

Dispone Moctezuma otra celada, para romper al Español sobre seguro, pues ya caminaba con su salvo conducto a la Corte: Armase ésta en la Montaña de Chalco; y habiéndola descubierto el Héroe, la desvanece con aire, y felicidad: Salen sus Nigrománticos al camino, donde queriendo usar de sus Conjuros, los horroriza el Demonio con nuevas aparentes fantasías. Sabido por el Rey, manda al Señor de Tezcuco, su sobrino, le visite, como lo ejecuta, hospedándole en su Reino, y Capital, cuya descripción se hace, como de la de Ixtacpalapan, a donde pasa, y hace alto para esperar el recibimiento. Grandeza con que se dispuso esta función, dignándose el Emperador de salir a recibirlo largo trecho de la Ciudad: visítale después, y da el Caudillo su embajada. Dase noticia de lo que pasó en estas Concurrencias, y en otras siguientes, sobre puntos de Estado, y Religión.



Argumento

                                               La lisonja otros medios aconseja,                      
     Y de la marcha sus temores tapa,
     El Caudillo, en el modo que los deja,
     No sólo de ellos, del Infierno escapa:
     El Señor de Tezcuco le corteja,
     Entra en sus Muros, pasa a Ixtacpalapa;
     Recíbelo el Monarca con gran porte,
     Hasta alojarlo dentro de su Corte.
1. En los hombres de espíritu elevado,
     Que a pasos tardos da naturaleza,
     Como parto precioso, que ha costeado
     Con el valor su próvida pereza:
     Nacen conformes en tal igual grado,
     De la heroica virtud, la fortaleza,
     Y el amor a la fama, que parecen
     Que unidos viven, y que juntos crecen.
2. Mellizos son del corazón gigante,
     Estos nobles afectos generosos:
     En él agitan siempre la incesante
     Hoguera, de sus ímpetus fogosos:
     Un punto no sosiegan, un instante,
     En tanto movimiento, hasta que ansiosos
     Descansan en el centro que los llama,
     A uno la heroicidad, a otro la Fama.
3. Aquel puro embeleso, con que alienta
     El deseo de la gloria; aquella suave
     Dulcísima inquietud, con que atormenta
     A coronar el fin, la empresa grave:
     Fomentan interior lucha violenta,
     Que sólo en su extensión oculta cabe;
     Y en mutua oposición desconocida,
     Lo mismo que le mata, le da vida.
4. Noble ambición, la que gentil atiende
     Sólo a adquirir de la virtud la gloria,
     Abandonando, cuando la pretende,
     Preciosa vida, por mejor memoria:
     Dentro de la razón no más se extiende
     A hacer el cambio de la transitoria,
     Y sin temeridades profetiza
     El Laurel, con que el tiempo le eterniza.
5. Anfibios raros, Monstruos peregrinos
     De alta naturaleza, que ya bogan
     De adversidades Piélagos Marinos,
     Cuando en tormentas de peligros se ahogan:
     Ya pisan Montes de elevados Pinos,
     En cuyas Cumbres su valor prorrogan,
     Consiguiendo en disímiles eventos
     Dominio en sí, y en todos Elementos.
6. No por otra razón siempre Blasones
     Roma ganó, sino porque advertida,
     Conoció en los humanos corazones
     Esta oculta Política escondida:
     En Medallas, y Estatuas sus Campeones,
     Aún en vida gozaban mayor vida,
     Y alternaban recíprocas las glorias,
     Ella los Lauros, ellos las Victorias.
7. Fácil moneda al Cetro, y admirable
     A su aumento; por ella el Varón fuerte
     Deja vana amenaza formidable,
     Y en las Campañas labra propia suerte:
     Al sumo Ápice, honesto Venerable,
     Por su Rey, por su Ley, la sangre vierte,
     Conociendo que es nada lo vivido
     Del que al Cielo, y al suelo no ha servido.
8. Este altísimo objeto, de quien mana
     Felice nombre siempre permanente,
     Era el Norte, era el Blanco, que con cana
     Madurez, veía el Adalid prudente:
     Sus fuerzas mide con la altura vana
     Del asunto al que van hombros, y frente,
     Y menor la halla, porque sin engaño
     Tiene en su corazón otro tamaño.
9. Y era justo que así lo ejecutara,
     Que ánimos de tan alta jerarquía,
     Regulan sus empresas, con la Vara
     Que eleva a la virtud su simetría:
     La Cabeza de Fidias, no fue rara
     En sí, y en el Coloso parecía
     Excelente, porque era su escultura
     Para la elevación sólo hermosura.
10. Así de ambos destellos impelido,
     Vuelve a lo que antes uno, y otro mira,
     Pues en el Cholulteca reducido,
     La obediencia del odio le retira:
     Esto es vencer, esto es formar partido,
     Convertir la falacia que conspira,
     Dejar interesado al caviloso,
     Y hacerse con sus Armas poderoso.
11. El rumor de la marcha a los Soldados
     Convoca tanto, cuanto va creciendo
     El plazo a comenzarla, y alentados
     El golpe esperan a irse componiendo:
     Llegase al fin, y brevemente armados,
     Equivoca entre el orden, y el estruendo,
     Su obediencia enseño, que a la armonía,
     Muestra pasa también la lozanía.
12. Huetzotzinco es el punto de empleo,
     Y su Régulo grato se dispone
     A recibirlos, porque su deseo
     Es, que en él sólo la verdad blasone:
     Cuando en ella la Gente hace careo,
     Éste consigue, por lo que supone,
     Que el obsequio que ofrece sea preciso
     Mayor regalo, cuanto es más aviso.
13. Yace a breve distancia Indiano Atlante,
     Cuya bárbara Cima, cuya Cumbre,
     A abollar llegan la Artesón radiante,
     Codiciosas, o amantes de su lumbre:
     Y engreído aquel por verse tan Gigante,
     Oprime con bastarda pesadumbre,
     En cuantos Prados ha pintado Flora,
     Todo el Imperio donde Ceres mora.
14. Robustísimo Muelle, que engarzado
     De tenaces Peñoles, y Obeliscos,
     El copete sacude levantado,
     Ondeando por garzotas los Lentiscos:
     De alas, y garras con temor hollado
     El aliento enmaraña entre sus Riscos,
     Y nunca ver permite al que se pierde
     El Seno vasto de su Nido verde.
15. No de Sicilia tosco Lilibeo;
     No de la Macedonia Olimpo grave;
     No de la Tracia célebre Pangeo;
     No de Fenicia el Líbano se alabe,
     Que más que estos, que el Arcado Liceo,
     Que el Rifeo Escita, sólo en éste cabe,
     Fuego, Verdor, Maleza, Horror, Frescura,
     Porque hasta su Fiereza es Hermosura.
16. Águila Real, que en una, y otra Roca
     Al Cielo encumbra bi-partida frente,
     En dos altos Collados, que hacen boca,
     A Nieva la una, la otra a llama ardiente:
     Septentrional Parnaso, donde toca
     Músico Apolo, Cítara cadente,
     Y hasta el renombre le hizo conocido
     En su Idioma, de Monte bipartido.
17. En este centro del Diciembre cano,
     Erizada mansión de blanca nieve,
     Donde agitado Cierzo peina vano
     La riza greña, que en los Robles llueve,
     Cuya madeja lo hace más anciano,
     Pues con la escarcha, que en las ramas mueve,
     A los hombres predica desengaños,
     Aprendidos en la Aula de los años.
18. Segundo ardid el Mexicano ostenta
     En la frondosidad de su maraña,
     Donde Armiños a Armiños acrecienta
     En blandos copos, con que al Pirois baña:
     Cubierto el paso, sobre broza asienta
     Poroso Césped, con que en la Montaña
     Parece que se ataja, y el indicio
     Para lo llano lleva el precipicio.
19. A poco espacio mal tajada Loma,
     Hace en canal torcido como estrecho
     Profunda senda, que si el pie la doma,
     Es mirando al de atrás en alto techo:
     Escogida emboscada puestos toma
     Con treinta mil Flecheros, que en acecho,
     Embista, cuando en ella el más valiente,
     Con no matarse, muera solamente.
20. Mansamente indignado se reprime,
     Aunque ya hace inspección de la cautela,
     Pues no le deja duda lo que exprime
     La experiencia, que en ella se desvela:
     Con su nueva embajada el Rey no exime
     Indignidad, que imputa quien lo cela,
     Por más que ponga con favor doblado,
     Yerro, que fue de Majestad dorado.
21. Gracias le da, pues por su mano pudo
     Castigar culpa, que a la envidia espanta,
     Y el Cholulteca se contiene mudo,
     Porque así la Corona lo adelanta:
     Disimula el Caudillo más agudo
     Proceder falso con prudencia tanta,
     Que a los mismos que escucha, dificulta
     Con el semblante, lo que el pecho oculta.
22. Comiénzase la marcha, previniendo
     Disposiciones, que al cuidado invocan,
     Y al estrecho se acercan, descubriendo
     Los ojos el engaño, que ya tocan:
     Oficiosos los Nobles escondiendo
     La intención, a que pasen los provocan;
     Como si fuera dable trato vano,
     A quien lleva las luces en la mano.
23. Bien se ve que hasta aquí no habéis sabido
     Quienes son mis Parciales animosos,
     (Cortés les dice) su Señuelo ha sido
     Lo más arduo en los casos horrorosos:
     Éste se ha de seguir, porque ha tenido
     Más que el otro los pasos peligrosos;
     Que en punto de elección, siempre cogemos
     El más difícil de los dos extremos.
24. Manda apartar los Trozos, y endereza
     La Vanguardia por él, de que admirados,
     Sin penetrar airosa sutileza,
     Quedan corridos, cuando más parados:
     Frustrase a Moctezuma su destreza,
     De que avisos le llegan duplicados;
     Sesenta millas de distancia había,
     Y en poco más de una hora lo sabía.
25. Con el primer calor de su Coraje,
     Iba a dar a las Armas nuevo adorno,
     Juzgando que es de su poder ultraje,
     El desprecio que encuentra por retorno:
     De sus Sabios la Junta hace que baje
     Los puntos del enojo su bochorno,
     Mientras que se cotejan a un careo
     Las fuerzas de la mano, y del deseo.
26. En ningún caso, más que en el presente,
     Ha de quedar (dice Teonalco) ciega
     La cólera, pues debe cautamente
     Ver los Escollos sobre que navega:
     Que acometa el valiente al que es valiente,
     Vaya; más al que es más, si a sí no agrega
     Lo que al otro le sobra, está constante,
     Que será siempre aquel el dominante.
27. No presumas que aquesos Castellanos
     A la espada se atienen, que imposible
     Era haber escapado de tus manos,
     En la emboscada que se halló posible:
     Sus Adivinos son los que hacen llanos
     Tantos impedimentos; infalible
     Es esto para mí, pues que se iguale
     Con el conjuro, lo que el Arte vale.
28. Agrada el parecer, y en su presencia,
     Los Tlahuipochis (Magos, y Agoreros)
     Aseguran efecto, y obediencia,
     De círculos, y Pactos embusteros:
     Parten a Chalco, donde negra ciencia,
     Cuando del Español vea los aceros,
     Puede operar no más; quizá constante
     Corre en su Magia lo que en el Diamante.
29. A pocas horas su eminencia pisan,
     Creyendo que ha de ser sepulcro verde
     De los nuestros, a quienes no divisan,
     Y ya el estudio cree que tiempo pierde:
     Súbitamente con la muerte frisan,
     Al terremoto que hace que recuerde,
     Con el susto que mira indefectible,
     Que es capaz de congoja lo insensible.
30. Con movimiento los peñascos broncos,
     Olvidando la sólida firmeza,
     Con que en ellos ató raíces, y troncos,
     Como a más no poder naturaleza,
     Van desprendiendo con gemidos roncos
     Antigua unión de cantos, y corteza;
     Y entumecidos muestran que hay oculta
     Fuerza interior, que el centro les abulta.
31. Rompiéronse, y allí se fue elevando,
     Como ensanchando la Caverna helada,
     El Mundo todo, la Región llenando,
     Montaña racional organizada:
     La tierra con sus pies se fue ocupando,
     La Luna entre se Crin quedó eclipsada,
     Y sin más que extender los brazos solos,
     A un mismo tiempo abraza entrambos Polos.
32. Ni de Tinacria, Promontorio altivo,
     Ni de Quito, Peruano Mongivelo,
     Gargantas por adonde Lete esquivo,
     Con avenidas de humo empaña al Cielo,
     Compiten al membrudo Jayán vivo,
     Monte animado, pues de Cielo, y suelo,
     No sólo iguales las distancias toca,
     Todo lo ahúma el aliento de su boca.
33. Por ojos dos volcanes encendidos;
     Por nariz un Peñón, que azufre exhala;
     Una Sima por boca, en que buidos
     Dientes asila, con que al Orbe tala:
     Barba cana, cabellos retorcidos
     Tiene, y de Sierpes un collar por gala;
     Cada cerda de la áspera melena,
     La más delgada, puede ser Entena.
34. Para hablarles, a sí llamó el aliento,
     Y de un sorbo agotó todo el ambiente:
     En nueva Esfera vago corrió el viento
     De espalda, y pecho vasto Continente:
     Y no fue mucho, pues al dejamiento
     Congojoso, que oculto la alma siente,
     Antes de hacerlo, de íntimo retiro
     El Aquilón lanzó para un suspiro.
35. ¡Ay de mí! Dijo; y cual al estallido
     Del rayo, un Monte queda retumbando,
     Tal al eco primero fue el bramido
     De estruendos roncos el Zenit llenando;
     Fallecieran al golpe del zumbido,
     Si fuera realidad; pero dejando
     Lo que basta al engaño, interiormente
     Se percibe su acento, y aún se siente.
36. Ya no es tiempo, infelices Mexicanos,
     De estas imprecaciones, y conjuros;
     Mudos están los Vates Soberanos,
     Y disueltos los Pactos más seguros:
     Ya se acabó (prosigue) poder vanos
     Con círculos violar Tartáreos Muros;
     Un Leño (¡qué crueldad!) en esta Zona,
     Los esfuerzos, las manos aprisiona.
37. Nada difícil a mi brazo fuera,
     Si excusarle pudiera tal quebranto;
     ¿Qué hiciera yo?: mal digo: ¿qué no hiciera,
     Si tuviera remedio vuestro llanto?
     El inviolable curso de la Esfera
     Así lo determina, y hasta tanto
     Que otra cosa disponga, es imposible,
     Porque es en sus Decretos infalible.
38. A vuestro Rey (si lo es el desposeído)
     Decidle si; más no le digáis nada:
     A México mirad, donde encendido
     El Fuego, cunde su Laguna helada:
     Volvieron las cabezas al traquido,
     Y la Ciudad deploran abrasada,
     En cuyo breve imperceptible espacio,
     Cuando en sí vuelven, se hallan en Palacio.
39. Cual la vista se engaña al aparente
     Suave Pensil, que dibujó Medoro,
     En agradable Escena, diestramente
     De Español Teatro con profano Foro:
     Y se admira, si encuentra de repente
     De la náutica faena al ronco coro,
     Naval Armada, que a estudioso esmero,
     Cómico Ariosto navegó primero.
40. Queda más asombrada que dudosa,
     De que en los cortos Signos de un instante,
     Corra con mutaciones deliciosa
     La perspectiva, Golfos de Diamante:
     Tal de los Adivinos Fe medrosa,
     Del portento que veía vacilante,
     No perdiendo la duda, se retira,
     Y ni cree lo que vio, ni lo que mira.
41. Pasma el caso al Monarca, y temeroso
     Haciendo voluntad lo que es destino,
     A Cacumatzín manda, que obsequioso
     Corteje al Español en el camino:
     Por primer Elector, Rey Poderoso
     De Tezcuco, por Yerno, por Sobrino,
     Debe ser preferido, y porque vea
     El Adalid que grato lo desea.
42. En tanto allá la marcha en la espesura,
     Vencida la eminencia que le resta,
     De Nepantla a la falda se apresura,
     En donde Amecameca se recuesta:
     Ciudad, si no feliz por su hermosura,
     Arabia es ya de la feliz opuesta,
     Gozando lo que más la ha ennoblecido,
     Que es ser del Fénix oloroso nido.
43. Concha de Telesilla Americana,
     De Nicóstrata Cuna peregrina,
     Seno de Clío Métrica Cristiana,
     Catre de noble sabia Cleobulina:
     Liceo justo de la Safo Indiana,
     Teatro de Areta, Trono de Corina,
     Aula de Aspacia, centro a Eustoquio casta,
     Patria de Juana Inés: esto le basta.
44. Agora sí, que puede con certeza
     Gloriarse del Parnaso, si en su Coro
     Trina con asonancia, y agudeza
     Desta décima Musa el Plectro de Oro:
     ¡Cómo hizo tan de atrás naturaleza,
     Que nada le faltase a su decoro,
     Pues entre sus vertientes le destina
     La Yolcaaltzintle, Fuente cabalina!
45. Nepantla (esto es entre los dos Collados
     De Fuego, y Nieve) noble Cuna le hace,
     Porque tenga en Padrones elevados
     Espíritus, y dulzura que la engace:
     Fénix con Cinamomos abrasados
     En la Cima del uno muere, y nace,
     Por vivir en las llamas de su lumbre;
     Mas ¡cuándo habrá otro para la otra Cumbre!
46. Como si fuera aquí de mi argumento,
     La pluma en sus encomios remontara
     Vuelo mayor; mas ¿qué podría al intento
     Decir, que más bien dicho no encontrara?
     Dulces Liras (¡qué suaves!) el concento
     Sonoro aplauden desta Heroína rara,
     Sonando sin temer propios engaños,
     Porque alaban más justos los extraños.
47. Gózate, pues, América dichosa,
     De haber sido Joyel de este Diamante,
     Pues más que tus tesoros poderosa,
     Esta venas te dejan más brillante:
     ¡Oh amor! ¡Oh Patria! ¡Cómo bulliciosa
     La sangre con afecto dominante,
     Para cumplir con ambos, sin sosiego
     Da calor a la voz, al pulso fuego!
48. Y si hiciera, si ya no lo impidiera
     El estruendo marcial, pues atronando
     De Baquetas el ruido, con espera
     Va a Amecameca el Español pisando:
     Aquí veloz la fama vocinglera,
     Lugares, y atenciones ocupando,
     Hace que en sombras de mayor tributo,
     De lo que ella ha sembrado, coja el fruto.
49. Los Pueblos comarcanos obsequiosos
     Visítanle después, y lastimados
     Si esconden su pasión como quejosos,
     Exprimen su dolor como agraviados:
     A la opresión del Rey piden celosos
     Respiración, quedándose arrestados
     A que corra a su cuenta en tanta saña,
     Lo que es, perdido afrenta, si no, hazaña.
50. No le pesa al Caudillo, que tan cerca
     La destemplanza del humor pecante
     Se halle del corazón, que la haga terca
     A ceder de la cura a lo purgante:
     Tanto Síntoma indica, que se acerca
     A ser letal la repleción pujante;
     Pues cuando sobre sí saca la cara,
     O mal, o tarde, o nunca, se repara.
51. En estas concurrencias acalora
     El Tescucano, noble Parentela,
     A ver al Adalid, en que atesora
     Propia jactancia de marcial Escuela:
     Llega a sus plantas, y aunque se ignora
     De la Sesión que aplaza la cautela,
     Se disimula; porque el cuerdo modo
     Es, no hablar mucho, y entenderlo todo.
52. Aprestase después con bizarría
     Gallardo Cacumatzín, e impaciente
     Va al Cuartel tan puntual, que a la porfía,
     Él, y la luz le besan igualmente:
     Eco fue del amor la cortesía;
     Entre sus brazos prende suavemente
     Al Capitán, quien en la acción apura,
     O gran sagacidad, o gran ventura.
53. En dar la bienvenida, y ofrecerle
     Por sí, y por el Monarca, cuanto sea
     Conducente a la dicha de ponerle
     Donde tan presto sus favores vea:
     Gasta mucho, y lo más en merecerle
     Huésped, quien tanto su amistad desea:
     Insta, y estima, viéndolo aceptado,
     El precio grande, que costó un cuidado.
54. Salen de Amecameca, y los amigos
     Caciques van su lado autorizando;
     Estos, y aquellos son nuevos testigos
     De irse con su Partido mejorando:
     Parciales quiere hallar los Enemigos,
     Y los hará, si en ello está cavando;
     Pues a unos asegura su confianza,
     Y a otros les deja en rehenes la esperanza.
55. Mudose el Valle en Torres, y Vergeles,
     Y ofrecieron pintados Bastidores,
     Un Pénsil de dorados Capiteles,
     Una Ciudad de matizadas flores:
     Dudan vista, y olfato, siempre fieles
     De Tezcuco a los Jaspes, y primores,
     Si las piedras de Rosas dan indicios,
     O si de Flores son los Edificios.
56. Frondosa la Ribera, da su Planta
     Entre el Lago, y el Monte, a la Floresta,
     Donde al Cielo en Agujas se levanta,
     Donde al Suelo en Jardines se recuesta:
     Populosa Ciudad, que se adelanta
     A las demás, y a México le apuesta,
     Sin embargo de verse tan lozana,
     En el origen, Cuna más anciana.
57. El hacerse feliz con lo que goza,
     Aparata con suave melodía,
     Que para la cautela que reboza,
     Sólo endulzarla más así podía:
     A su regalo cómodo alboroza
     Cacumatzín su doble fantasía,
     Y la excede gentil, porque en su porte,
     Son las modales las que allí hacen Corte.
58. ¿Qué no hace ya por desmentir sospechas
     Estadista sutil al Castellano?
     ¿Qué razones, qué puntas tan derechas,
     Dice, y rebate, por su soberano?
     Las más ligeras quejas satisfechas
     Deja con elocuencia, bien que en vano;
     Pues para el oído que le escucha, sobra
     Lo más del artificio de tal obra.
59. Bien, como sabia Abeja argumentosa,
     Que al Amaranto liba delicada,
     Sacando de él aquella Sal preciosa,
     Sin tocar en la Fibra avenenada:
     Su perspicacia en éstas laboriosa,
     ¿Qué puede hacer? Lo mismo; porque nada
     Se ve más fácil en el pecho ajeno,
     Que es donde el dulce está, donde el veneno.
60. Déjase, pues, prendar del lucimiento
     Exterior, engañando al aparato,
     Y en esto sobresale su talento,
     Pues viste de descuidos al conato:
     Nadie, sino él, chupó a la Flor sediento
     Lo que hubo menester, para hacer grato
     El Panal, que labró su fortaleza,
     En tan indócil, en tan cruel corteza.
61. Tiene la heroicidad cierta medida,
     Que no penetra humana diligencia,
     Ni en su docta política escondida
     Se encuentra vado, ni se ve congruencia:
     Sólo al feliz, que fue ella concedida,
     Se le demuestra su uso, y excelencia;
     Y como reservada se suspende
     Su práctica, no más al que la entiende.
62. Como estudioso en ella, manejando
     Los sucesos, que el tiempo va ofreciendo,
     Se porta con el Rey, quien vacilando
     Está, y le están el interior leyendo:
     Con los suyos alegre disipando
     Cuanto la admiración creció corriendo:
     Porque no queden con la Paz ociosos,
     Ni estén de su fortuna recelosos.
63. Así les llega la hora señalada,
     Y los Tamenes (Indios, que bagaje
     Llevan al hombro) con acelerada
     Inquietud se preparan al carruaje:
     Entrase desde luego en la Calzada,
     Cuya anchura capaz para el pasaje,
     Doma la espalda de la gran Laguna,
     Del Sol espejo, marco de la Luna.
64. Hacen alto en la Villa populosa
     De Ixtlahuacán, que al plano fortalece,
     Como Baluarte, que hizo poderosa
     Mano de Chichimecatl, quien la acrece:
     No políticos tanto a la obsequiosa
     Atención del Señor, que tal ofrece,
     Cuanto por ver dificultad, que terca,
     Más imposible pareció de cerca.
65. Dura aquí al disimulo lo quejoso,
     Que con recato asoma a labio anciano:
     A los suyos alienta cuidadoso
     Contra el poder, que admiran soberano:
     No puede ser (exclama) Poderoso
     Quien tiene tantas señas de Tirano;
     Que a un Monarca le aumentan los Pendones;
     No las Espadas, sí los corazones.
66. A los Reyes de España entre las gentes,
     Los suyos han subido dominantes,
     No sólo porque son los más valientes,
     Sino porque a su Rey son más amantes:
     El amor hace cosas excelentes,
     Con él son, y serán, siempre triunfantes;
     Que para ser del Orbe venerados,
     Tienen lo más amar, y ser amados.
67. Y pues esto le falta al Mexicano,
     ¿Qué hay que dudar? Nada es su Señorío,
     Si se mensura sólo por lo vano,
     Y presidiar no puede al albedrío:
     El amor, y el acero en pecho, y mano
     Aquí han de hacer; mas viendo vuestro brío,
     ¿Qué tendré agora que deciros? Nada,
     Si ya dije Español, Amor, y Espada.
68. Así el Cid Extremeño, enardecido
     Con el Vesubio de su ardiente pecho,
     En afluencias difunde lo entendido,
     Quedando el valor más satisfecho:
     Prosíguese el camino interrumpido,
     Y como en sombras vese a largo trecho
     En mitad del cristal, erguida Loma,
     Que al Cielo sube, que a las Aguas doma.
69. Obeliscos de Jaspes, y Edificios
     En el diáfano Lago toma asiento,
     Con aprehensiones confundiendo juicios,
     Al copiar otro bajo del cimiento:
     El discurso se ofusca a sus indicios,
     Y como en ambos mira movimiento,
     A discernir no acierta si es en suma
     Golfo de Mármol, o Babel de espuma.
70. No de otra suerte transparente Foso,
     Que Mural Cerco engasta en Plata fina,
     Calmando siempre con sosiego undoso,
     Retrata el propio lienzo, que trasmina:
     Así; pero es lo mismo, pues vidrioso
     Copia este Golfo, el Templo que examina:
     De esta similitud él es el Mapa:
     ¿Muro en cristal? Eso es Ixtacpalapa.
71. Su Príncipe, y los dos acompañados,
     Tocal de Cuyoacán, y Tzincuanata,
     Rey de Mexicaltzinco, que adornados
     Relucen Plumas, entre Concha, y Plata:
     A recibirle salen industriados;
     Del Rey aquí con más amor se trata;
     Milagro es de un Tirano Fama pía;
     Pero esto puede, y más la cercanía.
72. Circunspección prudente bien sosiega
     Admiraciones, que importunas brota,
     En Países, donde pródiga despliega
     Pasmos, naturaleza manirrota:
     Aquí de Flores un Jardín navega;
     Allí una Población al viento azota;
     Nada allá una Ciudad, y a poco espacio,
     Entre Nieve, y Coral, nace un Palacio.
73. Todo es menos, al ver la majestuosa
     Soberbia Corte, que es del Mundo marca,
     Y hasta en sus Piedras quiso presuntuosa
     Jurarse Emperatriz, verse Monarca:
     Maravillas ostenta deliciosa,
     Cuales serán, si siendo lo que abarca
     El pensamiento tanto, fue su aumento,
     A los ojos mayor, que al pensamiento.
74. Tal, que si hubiese sido la osadía
     Otra, que no del Español, volviera
     Atrás, y reducida a cobardía,
     Ni pudiera pasar, ni aún lo emprendiera:
     Anfiteatro tan grande no podía
     Causar menos espanto en quien lo viera;
     Más su desgracia, no: su dicha quiso,
     Que la graduase aquel con otro viso.
75. Como prenda posible para España,
     Mira la Joya, que Faetonte dora;
     Su corazón lo dice, y no le engaña,
     Aunque oye el eco, y el comento ignora:
     Tiempo vendrá, que de tu brazo, hazaña
     Será (o Alcides) lo que se enamora,
     Y otro imposible te será sucinto,
     Dar otro Mundo a Atlante, a Carlos Quinto.
76. Tal vaticina Judiciario el pecho;
     Más lo que pasma, no es que lo enunciado,
     Siendo timbre glorioso, llegue al hecho,
     Sí, que Astrólogo siendo, sea acertado:
     Sus doradas Almenas satisfecho
     Registra, y sufre lo que retardado
     El plazo, las tardanzas asegura,
     Siendo el tiempo quien todo lo apresura.
77. La amante de Memnón arrebujada
     Con Púrpuras, y Armiños, melindrosa
     En el Plaustro de Nácar recostada,
     Corona ya sus blancas Pías de rosa:
     Soñolienta bosteza derramada
     De Margaritas copia tan preciosa,
     Que dando al Prado tanto con verterlas,
     Sólo al Ostro, y Botón les fue de Perlas.
78. Con su menudo Aljófar transparente
     Matizados Pensiles de Escarlata,
     También adorna México luciente,
     A la Función, que prevenido trata:
     Salta el Pastor de Admeto, y en la Gente,
     Éste dando Oro, como aquella Plata,
     Y colores la Luz, en breves horas
     Amanecer se vio con dos Auroras.
79. Arden festivas otras prevenciones
     Para la entrada de los Extranjeros;
     Y apartando vulgares Batallones,
     Hace elección de solos Caballeros:
     En mil Filas de a cuatro, los Airones
     Numeran de Penachos, y Plumeros;
     Y estos nuevos Cambiantes tremolando,
     Con otros Soles van el Plan formando.
80. Las Flautas, y Bocinas en cuarenta
     Tercios de a cien Soldados repartidas,
     Forman otra asonancia, que se aumenta
     Del bajo Teponaztle a las heridas:
     Corren dos millas, hasta donde asienta
     El Arte dos Torreones, y tañidas
     Por el respeto, que templarlas sabe,
     En lo sumiso resonó lo grave.
81. Ábrense en dos Hileras, porque pueda
     Pasar la Marcha, que su Puente toca,
     Cuyo adorno Marcial no hay quien exceda,
     Si ella gallarda a sí no se provoca:
     La Armella levadiza sufre queda
     Extraña planta, que selló su boca;
     Y el Foso dijo de su plata fría,
     Ya esta boca desde hoy no será mía.
82. Va con la pausa, que anda el que se mueve
     En un Teatro, Galán; y era forzoso
     Que fuese así, pues un descuido leve
     Quita de un lucimiento lo precioso:
     A lo lejos la vista rayos bebe
     De otro Escuadrón, si menos numeroso,
     Más alto que el primero, y su ardimiento
     En lo sumo probó que cabe aumento.
83. Doscientos Grandes de la Comitiva
     Del Rey, vestidos con igual Librea,
     Son los que le acompañan la festiva
     Demostración, que en el Caudillo emplea:
     Sobre unas Andas, donde claro aviva
     El Tíbar brillos de la luz Febea,
     Iluminados de Coral, y Pluma,
     El Sol venía sentado. Moctezuma.
84. Como Titán reluce, colocado
     En su Trono, menguando refulgente
     Ajeno resplandor, que sufocado
     En abismo de luz, sombras desmiente:
     La Diadema, la Manta, y el Calzado
     Fuegos despiden de color luciente,
     Prestándole con finos Carmesíes
     Plumas el Fénix, y Ceilán Rubíes.
85. Palio donde el Pavón dejó sus ojos,
     El Cisne su candor, el Sol sus rayos,
     Reverbera gentil destellos rojos,
     Que al Olímpico Dios dieran desmayos:
     De su grandeza pródigos arrojos
     Hizo al Campeón, quien pudo sin ensayos
     Cortés gozarlos, cuando se le humilla
     Quien jamás señas dio de su rodilla.
86. De un Bruto, que en el Betis cristalino
     Debió al Fabonio ser, y lozanía,
     Salta airoso, saliéndole al camino,
     Por quedar superior en cortesía:
     Brindando la ocasión, un collar fino
     Al cuello le echa, cuya bizarría
     Persuadió con la acción a los humanos,
     Que hasta el Cielo tocar pueden sus manos.
87. Tanta benignidad México extraña
     En su Rey, que del hecho se complace,
     Crece la admiración por tal hazaña,
     Pues es más que sus Dioses quien tal hace:
     Theotl llama al Español, y aunque se engaña,
     Si es respecto a los suyos, satisface:
     Nadie sino él llegó a tocar osado
     Lo que aún a sus Deidades fue sagrado.
88. A más sube el aplauso: al abrazarle,
     El mismo con la más preciosa Joya
     Del Indiano Toisón, llega a adornarle,
     Que sólo el que es Monarca en sí la apoya;
     Toma las Andas, porque restaurarle
     Pueda la Pompa, que gentil convoya
     A su Palacio, bien que atento queda
     El Príncipe Elector, que guiarle pueda.
89. ¡Qué estruendo, qué concurso, el dilatado
     Espacio, que hay hasta el Alojamiento,
     No ocupa novelero, y admirado,
     A gente de otro talle, y lucimiento!
     Al Alcázar se acerca destinado,
     Edificio soberbio, que en el viento
     Hace a las Nubes que le asustan, guerra,
     Cansado ya de domellar la tierra.
90. Cuartel se ve de Ejército pequeño
     En el bulto, y cuantioso en la substancia,
     Y a Campaña pudiera ser diseño,
     Según le hizo opulento la jactancia:
     Al Español asiste como a dueño,
     Al Tlaxcalteca con exorbitancia;
     ¿Qué tan grande querrá que aquí lo alaben,
     Pues seis mil de éstos, y los nuestros caben?
91. Militar lo especula su cuidado
     En precauciones siempre circunspecto;
     ¿Cómo no había de ser desconfiado,
     Habiéndolo hecho el Cielo tan perfecto?
     Vese el Panteón mejor asegurado
     Con nueva disciplina, y el efecto
     Verificó después, cuanto asegura
     A un mal de ser mortal, temprana cura.
92. El Monarca (¡qué asombro!) a verle vuelve,
     Antes que hacerlo pueda el Castellano,
     Y su gran dignación es la que absuelve
     Atención, que aunque presta, fuera en vano:
     Máxima oculta, que advertida envuelve
     Otros designios, con que de ante mano
     Calmar presume con benevolencia,
     Las tormentas precisas de la ausencia.
93. Si alguna vez (empieza) fue debido,
     Ilustre Capitán, al Varón sabio,
     Formar juicio distinto al que ha podido
     Idear, a quejas de atrevido labio,
     Hoy solamente la ocasión ha sido;
     Que sin hacer a la cordura agravio,
     Puede con luz mayor cauta advertencia
     Mejorarlo al crisol de la experiencia.
94. Ambos debemos dar agradecidos,
     Del desengaño, gracias a los ojos;
     Pues siempre los informes de los oídos
     Se visten del capricho a los antojos:
     Jamás pudieron dar sus coloridos
     Otro tinte, pues hacen sus arrojos,
     No que cual es la cosa así se vea,
     Sino como ellos quieren que tal sea.
95. Yo estimo complacer a mi deseo,
     De que como él pintó, me hayáis salido,
     Pues claramente ya en vosotros veo,
     El que sois, como quise, hubierais sido:
     Que así en vuestro concepto pase, creo,
     Que si por más que hubieseis presumido,
     Más hallaréis, será en aquel tamaño
     Hecho de la verdad, no del engaño.
96. Grande soy, no lo niego; pero suelen
     Odio, y amor, el justo, el verdadero
     Límite trascender, porque desvelen,
     O disminuyan lo que fue primero:
     Cuando unos mi poder, mi Cetro celen,
     Otros habrá, que a excusas del sincero
     Sentir, ponderen como suerte impía,
     Lo que piedad es, más que tiranía.
97. Pero como hijos son de sus pasiones,
     Llegan a arrebatarse con violencia
     Hacia la parte, que en sus corazones
     Hace más peso, o menos resistencia:
     Exageran, o acortan las acciones,
     Según les predomina la dolencia;
     Pensión inexcusable a una Corona,
     ¡Pues siempre el malo con el bien se encona!
98. Discreto sois, juzgolo así, pues fuera
     Agraviaros el Cielo, si os negara
     Prenda tan alta, cuando en vos se esmera,
     Haciendo alarde de la que es más rara:
     De nuestra observación, ¿qué no dijera?
     Pero leí la verdad en vuestra cara;
     Que los Reyes tenemos por comento
     Al semblante del leve pensamiento.
99. Con que los dos desde hoy a otros reflejos
     Hemos de examinarnos; y asentado
     Esto, que fue limpiar de los Espejos
     Vapor, que pudo haberlos empañado,
     Quiero que conozcáis, que de muy lejos,
     Antes que aquí hubieseis arribado,
     Os tuvo el Vaticinio, que lo afianza
     En Posesión, después que en Esperanza.
100. Xololcohuatl, Monarca Soberano
     De aquellas siete bélicas Naciones,
     Que a fundar el Imperio Mexicano,
     Del Norte abandonaron las Regiones,
     Cuando partió para el Oriente vano,
     A tremolar sus ínclitos Pendones,
     Les prometió, que desde allá enviaría
     Sucesor a su vasta Monarquía.
101. Predicción, si a la Fe nunca dudosa,
     Al Amor impaciente siempre tarda,
     Que la inquietud regula congojosa
     Siglos las horas en que al bien aguarda;
     La suerte sólo para mi dichosa
     Abrió al arcano, que en los años guarda,
     Pues en mi tiempo nace del Oriente
     Su legítimo heroico descendiente.
102. Que aqueste es vuestro Rey, está constante,
     Pues también el destino me agraviara,
     Si siendo yo quien mira más triunfante,
     Éste realce a mis sienes usurpara:
     Tanta advertencia es fuerza que adelante,
     Porque a ella atribuyáis la causa clara
     De mi benignidad, cuando hago justo
     La memoria cortejo, Ley el gusto.
103. Acabó previniendo rostro atento
     A la respuesta, que al instante empieza;
     Sin olvidar el principal intento,
     Siguiendo el Artificio con viveza:
     Ya (gran Señor) que debe mi ardimiento
     La dignación a vuestra Real Grandeza,
     Tan de Rey, como lo es, en que piadoso
     Creáis, más que lo vil, lo generoso.
104. Por ella os vive el pecho agradecido,
     Bien que al esmero con que quiso hallaros
     Era así consecuente, y que lucido
     Estuviese antes, el que había de hablaros:
     Nada de Vos el alma ha percibido,
     Que ajeno esté de vuestros timbres raros,
     Pues siempre está en el que el mal pregona
     Del Rey, el daño en él, no en la Corona.
105. Por grande, por felice, por glorioso,
     Llega a vos rendimiento Castellano,
     Y haciendoos esta salva (o venturoso
     Monarca Sumo del Imperio Indiano)
     Saber os hago, como el Poderoso
     César Augusto, que en el Orbe Hispano
     Goza el Cetro mayor, que lo es en suma,
     Si al Zafir corta, y al Nadir espuma.
106. Su gran Poder los términos abarca,
     Desde donde el Piloto del Oriente
     Leva las Anclas, hasta que su Barca
     Toma en Ocaso Puerto transparente:
     Sus Dominios extraños sabio marca,
     Ya vea la Altura, ya halle el Continente,
     Y siempre hinchada su radiante Lona,
     Midiendo Golfos va de su Corona.
107. Éste, pues, cuya gloria apenas cabe
     En el Clarín sonoro de la Fama,
     Ser vuestro amigo quiere, porque sabe,
     Que hay en vos precisión, que a tanto llama:
     Prescindiendo ahora del derecho grave,
     Con que este Reino, cual decís le aclama,
     Sin otro fin para su amor extraño,
     Que veros libre del mayor engaño.
108. Para que vos, (o Rey esclarecido)
     Y vosotros (o nobles Mexicanos)
     Salgáis del torpe yerro fementido,
     Que en vuestra Religión padecéis vanos:
     ¿Qué Deidad puede hallarse en el fingido
     Bulto, que tuvo ser en vuestras manos?
     El Demonio es a quien adoráis ciegos,
     Y el que odio había de ser, volvéis en ruegos.
109. Suyas son las impuras ilusiones
     Con que os viste tal vez la fantasía;
     Suya es la voz, que en vuestros corazones
     Persuade culto ser la tiranía;
     Suya es la sombra, suyas las ficciones,
     Que vuelven la ignorancia rebeldía,
     Por conservar gobierno, donde alcanza
     Primero adoración, luego venganza.
110. Sólo hay un Dios Supremo, Omnipotente,
     Sin principio, ni fin, en cuyo abismo
     Inmensa perfección está igualmente,
     Y todo pende de él, y él de sí mismo.
     Él fue quien creo el Globo reluciente;
     Él es a quien en vuestro Gentilismo
     Con la luz que tenéis, como inmutable,
     Le dais el Atributo de inefable.
111. Bien conozco que punto tan sagrado
     Pide más tiempo, pero no es ocioso,
     Que como principal quede asentado,
     Porque pierda de extraño lo ruidoso:
     Esto es a lo que aspira interesado
     Hoy el Rey mi Señor, como forzoso
     Vínculo, a establecer con más firmeza,
     Paz, Religión, Comercio, Fe, Grandeza.
112. Esto os hace patente su desvelo
     Por mi embajada, pretendiendo amante,
     Que vuestra Majestad oiga mi celo
     Con juicio sano, y atención constante:
     Así, Señor, conseguirá mi anhelo
     A vos rendido, si, de vos triunfante,
     En el efecto que asegura ansioso,
     Siendo tan grande, haceros más glorioso.
113. Grave si serio, Sabio si conciso,
     Cierra el labio a política advertencia,
     Que sin faltar del Arte a lo preciso,
     Se sirvió del delirio por congruencia.
     Indiferente el Rey a tanto aviso,
     Siente la luz, y niega la evidencia;
     Que hay mal que irremediable queda al tedio,
     Por sí, no por la falta de remedio.
114. De vuestro Rey con gratitud recibo
     (Dice al partirse) la suprema alianza,
     Sin que en la Religión en que aquí vivo,
     Introduzca nueva Ara su mudanza:
     Descansad ahora, porque lo expresivo
     De mis afectos, haga cuanto alcanza
     En obsequio de aquel que tanto vuela,
     Que mi Fe busca, mi amistad anhela.
115. Desde este día en cuantas familiares
     Sesiones, el estudio, o el acaso
     Encontraron, uso de singulares
     Medios, a rebatir punto tan craso,
     Ya cuando recibió particulares
     Honras, o ya de su embajada al paso;
     Pues al siguiente, su benevolencia
     Le mereció, con más estrecha audiencia.
116. ¡Con cuanta suavidad en aquel duro
     Ánimo, va noticias derramando
     Más eficaces, cuanto lo es el Muro
     Tenaz, con que conoce estar lidiando!
     Píntale el bien, creyendo que seguro
     Puede tanta altivez ir preocupando,
     Y le encarece de la Fe el empleo,
     Por ver si se hace la atención deseo,
117. Calla a veces discreto, si ferviente
     El Padre Olmedo, grave, y religioso,
     En materias tan altas elocuente,
     Lo docto enseña, cumple lo celoso:
     Aún al más nimio celo providente
     No le quedó camino de quejoso,
     Porque pesó en el fiel de la Prudencia,
     Menos que la piedad, la conveniencia.
118. Qué importa ya que emulación villana,
     Huyendo el resplandor, que está a la vista,
     Quiera con sombras ofuscarlo vana,
     Por deslucir en todo la Conquista:
     Ponderando que en ella la tirana
     Codicia, y ambición junta se alista,
     Si el mismo brillo, que su mancha aumenta,
     Luce, cual Sol, pasada la tormenta.
119. Jamás podrá borrar la heroica Fama
     De tan grande Varón, cuyo ardimiento
     Vive inmortal a la felice llama,
     Con que hizo en las memorias monumento:
     Sólo él se vio en el Mundo (tal se aclama)
     Que hermanando la mano, y el talento,
     Cabal lograse para ejecutallo,
     Lo que nunca hizo con su Rey, Vasallo.

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