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Hernandia : triunfos de la fe, y gloria de las armas españolas ... / Francisco Ruiz de León

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Canto VII

Hallándose los Españoles en la Corte, previene el Monarca, para obsequiarlos, unas Fiestas, al uso de su Nación: Dispónense unas justas solemnes, en que imitando los antiguos Juegos, Pitios y Nemeos, igualmente ostentan los Mexicanos la grandeza, y el ingenio, así en el vistoso aparato de sus arreos, jeroglíficos, y caracteres amatorios, como la destreza, y osadía, en lidiar las varias fieras, que hicieron grande el espectáculo, y el Circo. Descríbese el Anfiteatro, en que después los Mexicanos Gladiadores, no sin vanidad, oscurecieron los seculares juegos de la antigua Roma. En medio de estos regocijos, el General Qualpopoc con Ejército considerable, avanza a los Pueblos sujetos a Vera-Cruz, por orden de su Rey, para reducirlos a su obediencia: trata de sosegarlo Juan de Escalante, y el Bárbaro le desafía; junta sus Españoles, y Confederados, y presentale Batalla, en que lo destroza; pero a costa de su vida, y de otros Compañeros, que murieron después en Vera-Cruz. Recibe la noticia Hernán Cortés, y con otros indicios, que dicen lo que basta para poner en operación al cuidado, trata de prender a Moctezuma, cuyo inaudito atrevimiento ejecuta con bizarría. Envía el Rey por Qualpopoc, y se lo entrega, para que lo castigue; lo que se ejecuta con pena de muerte, para cuya consecución se le echan al Monarca unos grillos, y acabada aquella, se los quita personalmente, para dar mayor recomendación al desenojo.



Argumento

                                          Ostenta el Mexicano su grandeza                     
En el Circo, con Juegos y Torneos;
Donde iguales compiten la agudeza,
Y aparato de bélicos arreos:
Guerra hace en Vera-Cruz, cuya braveza
Venga Cortés, ataja otros empleos,
Prende al Emperador, y en su Persona;
Con grillos de oro ciñe la Corona.






                                          1. Después que Moctezuma con el trato                     
     Del Español, perdió su antiguo ceño,
     Que al semblante del nombre hizo retrato,
     Queriendo ser aún de lo esquivo dueño:
     Cuando menos severo, por más grato,
     Derramaba caricias halagüeño,
     Imaginó cobrar en la grandeza
     Cuanto cedió forzada su entereza.
2. Tiene también hipócritas el vicio,
     Que el centro miran de caducas glorias
     Como los que hacen la virtud oficio,
     Robando el esplendor de sus memorias;
     Unos, y otros pretenden sacrificio
     De humanas alabanzas transitorias,
     Pues la Fama en los bienes, o en los males
     Es la dicha mayor de los mortales.
3. A ésta aspiraba su genial murmullo,
     Que para ser sobradamente vano,
     Era fuerza ostentar con libre orgullo
     El poder que jactaba Soberano;
     Ya que Marte sosiega al blando arrullo
     De Venus (entre sí discurre ufano)
     No ha de gozar Adonis del reposo,
     Sin ser, si es para mí, más poderoso.
4. Deja el Real lecho desasosegado,
     Y falta, cual si fuera a grave susto,
     Pues no sólo inquietud causa un cuidado;
     Basta también a desvelar un susto:
     La Nobleza convoca, y al llamado
     Viene afectando su respeto justo,
     Y hasta saber el fin a que la invoca,
     Está, no en sí, pendiente de su boca.
5. Ninguno debe ser más conocido
     Por sus obras (comienza) que un Monarca;
     Pues éstas son el Fuego, que lucido,
     No sólo al Mundo, pero al Cielo abarca:
     Ser grande, el que es tan grande, poco ha sido
     Con ser máximo, sumo, llena marca
     El ámbito, que quiere siempre extraño,
     Porque con él se mide a su tamaño.
6. Viendo estáis como el regio descendiente
     Del sacro Xolocohuatl, solicita
     Nuestra amistad, con atención prudente;
     Vadeando golfos, cuando amor le excita
     Majestuoso aparato de su gente
     Trae la embajada, que al poder incita;
     Pues para hacer recuerdos de preclaro,
     Aún a vista de solo, se hizo raro.
7. El que es tanto, al mayor de los mortales
     (Cual soy) corteja: luego ya precisa,
     Que responda el laurel; que en casos tales;
     La celsitud no más quien es avisa:
     Yo he de obrar como yo, para que iguales
     Ambos, el paralelo que nos frisa
     Quedemos hoy; y en una, y otra alteza,
     Si es allá vanidad, sea aquí grandeza.
8. Valor e ingenio, nobles Mexicanos,
     Tenéis, a más del oro, en abundancia;
     Den fe lealtades, y poder las manos
     En empeños de afecto, y arrogancia:
     Festivos juegos a los Castellanos
     En Palestra apacible consonancia
     Han de hacer a mi gusto: Ya no tengo
     Más que decir, si mi querer prevengo.
9. Acabó, y aplaudiendo su discurso,
     Desempeñarle ofrecen, derramando
     De la potencia al acto sin recurso,
     Cuanto va dentro la Montea formando;
     Huyendo la tardanza aquel concurso
     Le besa el pie, lisonjas insinuando;
     Y por la prontitud de obedecerle,
     Va a ganar tiempo, para más perderle.
10. Al modo que en las vísperas nupciales
     Gallardo joven, anhelando al día,
     No dificulta pasos desiguales,
     Que son más que razón, galantería:
     Pues juzga que aventura en lances tales
     Con la reputación la bizarría;
     Y queriendo mostrar que no se excede,
     Siempre, no a veces, hace más que puede.
11. Entre otros Reyes da la suerte a cuatro,
     El favor de servir al desempeño;
     Chiltecpi elige fabricar el Teatro,
     Que ha de ocupar su coronado dueño;
     Quauhtenehua levanta el Anfiteatro,
     Copiando a líneas su mental diseño;
     Tecuarnochitli las fieras solicita,
     Y Acaltetepo el Circo facilita.
12. Ni las Naumaquias con que Agripa, y Neró;
     Con Góndolas de nácar algún día,
     En el Albula undoso placentero
     Fueron Nereidas de su plata fría:
     Ni los Escénicos Juegos, que primero
     Corrió el Etrusco por Floresta umbría,
     Pudieron por remotos, por extraños,
     Hurtarle al pensamiento sus tamaños.
13. Lugar da para todo la opulencia,
     Grande Oficina de un voraz deseo,
     A aparecerse muchos en presencia
     Del Castellano, ya Hércules Alceo:
     Cuanto puede arbitrar la diligencia,
     Emprende activa, para que el Torneo;
     Lid venatoria, rigurosa lucha,
     Aún al concepto le parezca mucha.
14. Púsole el Sol en este medio espacio,
     Y apenas pudo dar al día siguiente,
     Con cifras de carmines, y topacio,
     Noticia al Mundo, que salía al Oriente:
     Cuando fijo en las Puertas del Palacio,
     Un vistoso Cartel, hizo igualmente,
     Con misterioso Emblema, y valentía,
     Visible en el pincel la fantasía.
15. Cual suele hacer favorecido amante,
     A quien de Anteros une la cadena,
     Excesos que demandan lo galante,
     Que son más siempre, que la Dama ordena:
     Tal aquí competencia semejante
     Pasa la raya, fin temer la pena,
     Pues a aquel, y a éstos, una culpa abona,
     Que fácil se comete, y se perdona.
16. Un Sol entre su Ocaso transparente
     Finge la Tarja, y otro luminoso,
     Que en rosados celajes de su Oriente
     Compite a aquel, con resplandor fogoso:
     Por Zona al Globo abraza una Serpiente,
     Cuyos Polos del lustre más precioso
     Son dos Cetros, en quienes alusiva
     Su Machina celeste fija estriba.
17. De breves Pegmas el carácter puro,
     Que Ataugia en oro dio Mosaica mano,
     Expresa abajo laberinto obscuro,
     Que no leyera Artífice Toscano:
     Con tales ejes viviré seguro,
     (El Orbe dice) si saluda humano
     Con tan feliz alianza eternamente,
     Al Sol de Ocaso, el nuevo Sol de Oriente.
18. De Caracoles, Flautas, y Timbales,
     Militar asonancia inunda al viento,
     Y a herir llega los dóricos umbrales,
     Donde la Majestad vive de asiento:
     Abrense al punto los balcones reales,
     Y el Monarca les crece lucimiento,
     Autorizando con los Españoles
     La armonía, con que aplauden tantos Soles.
19. Cincuenta Caballeros, que al aliño
     De pluma, y bandas para su vestuario,
     Agotaron los copos al armiño,
     Siendo lo más galán lo menos vario:
     Con aire siguen un alado Niño,
     Retrato del que en Chipre fue incendiario,
     El que a vista del Rey hace la salva,
     Adorando tres Soles en el Alba.
20. Con cortas voces, (porque es estatuto
     Del Lacon aprendido) al Soberano
     Saluda, y da tres veces el tributo
     Natural, en el Pie, Cabeza, y Mano;
     Discretamente solicita astuto
     A las Justas le venía cortesano,
     Y obtenida repite reverencias,
     Cambiando los preceptos a obediencias.
21. Imitando los Pitios seculares,
     Que de Apolo en honor pregón sonoro
     Prevenía al mundo, y puso singulares,
     Filipo, por capricho, o por decoro:
     Al son de las Paranoias liminares
     Llaman a voces las Sambucas de oro,
     La puerta abriendo a Máscaras, y holgura;
     Que es dar salvo conducto a la locura.
22. De cada Rey electo los Vasallos
     Al instante deseando complacerlo,
     En tal número acuden, que echapellas
     No puede, cuando más quisiera hacerlo:
     Menester fue el amor sosegallos,
     Vulgo, por fin, que nadie con tenerlo
     Configure, cuando a vueltas de obediencia,
     En las Fiestas aspira a más licencia.
23. Nada en México se oye, que no sea
     Eco festivo del futuro día
     El que es más circunspecto ya desea
     Que llegue la sazón a la alegría:
     El gusto, el regocijo travesea
     La edad pueril, y la provecta fría;
     Todo es disposición con que los llama,
     Deseado un bien, para extender su fama.
24. Ya en la Plaza mayor los Oficiales,
     De ciento en ciento, van con los cuartones
     Empalmando las Basas principales,
     Para fijar al Circo los Bastiones:
     En Corredores Lienzos, y Tendales,
     Cruzan los Antepechos, y Tablones
     A la Estacada, la que igual divide
     Los Estadios olímpicos, que mide.
25. Crece también el exterior recinto
     Con las Tozas de Abeto desbastadas,
     En cuyos tramos forma el laberinto
     Tránsitos, Miradores, y Portadas:
     Empina el plomo el Artesón Corinto
     Las Pilastras, que suben recortadas,
     De la Cúpula al Zoclo, los Niveles,
     Donde estriban brillantes Capiteles.
26. Con maromas los Pinos corpulentos
     Jalan; otros, siguiendo las medidas,
     Con que abriendo el Escoplo ligamentos;
     Las vuelve enteras, cuando más partidas;
     Aquí Entrecalles, más allá Aposentos,
     Las cuatro Frentes quedan reducidas
     A la altura que manda, y que reparte,
     Según su elevación, prolijo el Arte.
27. Los Cilindros, que el ámbito rodean,
     La Talla pule a Bichas, y Festones,
     Y con cartelas breves taracean
     Las Gurbias, Pedestales, y Cañones;
     Recortados Triglifos hermosean
     Del Estofo grotesco, Mascarones,
     Que a fuer de Frisos, hacen su figura
     En la Ostentosa diestra Arquitectura.
28. El adorno de Paños, y tendidos
     Entra vistiendo galas, y primores,
     Dando al Césped asientos repartidos,
     A fin que esté desparramando Flores:
     De Murta, y Arrayán penden tejidos,
     A espacios cortos, verdes Cenadores;
     Y la Fábrica mira lisonjera,
     En cuanto es Obelisco, Primavera.
29. En la mitad el Lienzo Real sostiene
     Erguido Trono para Moctezuma,
     Y en ambos lados amplitud previene
     A extraña Espada, y a patricia Pluma:
     El diestro, a España sola le conviene;
     Bien que excediendo del favor la suma,
     Mandó poner asiento soberano
     Junto a sí, para el Marte Castellano.
30. Planchas de plata, que a la pez obscura
     Debieron en su embrión rasgo grosero,
     Y al golpe del martillo la Figura,
     Que en Ramos, y Hojas, parto fue de acero:
     Cubren el maderamen la Estructura,
     Y entre pimpollos, que grabó el esmero,
     Lugar preparan a mayor decoro,
     Pomas de Tiro, Clavellinas de Oro.
31. No vio otra vez Tarpeyo en sus verdores,
     No vio otra vez Simoente en sus Riberas,
     Palestra tan soberbia a sus Cursores,
     Circo tan opulento a sus Panteras:
     Para los Mexicanos Gladiatores,
     Donde el Apio, y el Pino dan las Fieras,
     Mostró México al Mundo venerable
     Su poder, aún en Juegos formidable.
32. Pudo el Gordiano, consiguió el Tarquino,
     Arrebatar el nombre de gloriosos,
     Con las machinas grandes, que previno
     Su soberbia, a espectáculos famosos:
     Llegó de Domiciano, el peregrino
     Anfiteatro, a exceder los suntuosos;
     Más ninguno tocar a la grandeza,
     Que en lo sumo que acaban, ella empieza.
33. Nada falta, sino es el señalado
     Tiempo, que ya la juventud ansiosa
     Espera inquieta; vive sin cuidado;
     No es mucho que no piense en otra cosa:
     Entretiénelo empero alborozado
     De Máscaras con bulla licenciosa,
     Por quien genio político a tal culto,
     Le da a su idea, en los colores bulto.
34. Sólo en aquella pretendida holgura
     Se descubren del Alma las facciones;
     Pues en el cuerpo deja la locura
     Fielmente impresas sus operaciones:
     Visible le hace el pecho en su figura,
     Como se ve la crianza en las acciones;
     Pues no hay del corazón otro lenguaje,
     Que más publique el juicio, sino el traje.
35. De menudas Filásticas torcida
     Embreada Mena, la tijera doma,
     En donde aplausos compra con la vida,
     El funámbulo suelto, que a ella asoma:
     Siendo por el va y ven de su partida,
     Piloto, y Buque, Golfo la Maroma,
     El Plomo Lastre, Velas los extremos,
     Quilla las Plantas, y los Brazos Remos.
36. De Aya gruesa, que en palmos cien se eleva,
     Sobre sesenta grave rueda pende,
     Volátil en su punta, donde prueba
     El Danzarín, que a la Región asciende:
     Los que le cercan van (sin que se mueva
     Aquel, fino es al giro que la tiende)
     Desprendiendo la soga al manso vuelo,
     Con que en círculos miden Tierra, y Cielo.
37. Igualando el tesón con más presteza
     Joven cuadrilla, por los aires falta,
     Tan ágil, que confuta por pereza
     Aquel vapor, que hasta la nube exalta:
     No de Fileto fue la sutileza
     Mayor, (si al cuanto es creíble tanta falta)
     A quien el Fierro le calzó el asiento,
     Porque lo tenue no volase al viento.
38. Con mejor orden, y lucido ornato
     Compañía noble crece lucimientos
     Al Compás de las Flautas, cuyo boato
     Alterna el paso con los instrumentos;
     Galana danza, donde aún el recato
     En los lazos no arriesga atrevimientos;
     Tal sus Mitotes son, y es la grandeza,
     Que sólo en ellos entre su Nobleza.
39. Rompió el nombre sonora Filomena,
     Tocó el arma con luces la mañana,
     Y los rayos la obscura sombra obscena,
     Fueron batiendo con armiño, y grana;
     Salió marchando, de carmines llena,
     Tirando perlas la Alba soberana,
     Y su labio en al noche que agoniza,
     En el primer Abordo hizo la riza.
40. Celebran la Victoria con Clarines
     De oro las Aves, cuyo dulce coro
     Despierta a las Mosquetas, y jazmines;
     Que en catres duermen de esmeraldas, y oro:
     El Zefiro pulsado a los Violines
     Plumados, se halla Faciltol canoro;
     Vuelve a nacer al Mundo la alegría,
     La Luz, el Cielo, la Hermosura, el Día.
41. Ve México, brotando regocijos,
     El festivo que espera; van creciendo
     Barajados, contentos, y cojijos,
     Según en la pasión que están latiendo:
     Teme el Padre en el Circo, caros hijos,
     El Atleta con oleo se va ungiendo,
     Adornase el Galán, que amor le llama;
     Qué hará, por fin, siendo mujer, la Dama?
42. No siempre en Azucenas, en Claveles,
     En Perlas, en Rubíes, Naturaleza
     Ha de mojar prolija sus Pinceles,
     Para sacar en limpio la belleza:
     Hasta hoy fueron del Mundo los Vergeles,
     Preciso material a su destreza,
     Resacando de todo lo precioso
     La mejor quinta esencia, que es lo hermoso.
43. En Asia dibujó Amazonas vanas,
     En África Sultanas ya divinas,
     En Europa hermosuras cortesanas,
     Y en todo el Orbe caras peregrinas;
     Más cansada de armiños, y de granas,
     De Alabastro, Coral, y Piedras finas,
     En América puso otra tintura,
     Dando en medios colores la hermosura.
44. Para ser en sus obras prodigiosa,
     Debió tener la calidad de varia;
     Que aunque fuese otro el tinte, para hermosa
     Basta la proporción que no es contraria;
     De Adelfa triste, Murta melindrosa,
     Berillo mustio, Mármol de la Paria,
     Opaco Lirio, Crisopacio puro,
     Sacó un color, como Topacio obscuro.
45. Cual crepúsculo rompe a noche fría
     La negra tez, con que al Oriente alfombra,
     Que es mucha sombra, para creerlo día,
     Y es mucho Rayo, para creerlo sombra:
     Tal de rojo Rubí, y Andrina umbría,
     Mixto que no deleita, ni que asombra,
     Es muy rosado, para lo atezado,
     Y muy obscuro, para ser rosado.
46. Con esta extraña, pues, rara pintura,
     En tu Zona ostentó cultos primores,
     Casi advirtiendo cuanto la luz pura
     Del Sol, quemar pudiera sus colores:
     Más guardándole fuero a la hermosura,
     Como sabia, con tantos borradores,
     Corrió otro Mate su Pincel profundo,
     Saliendo nuevo, para nuevo Mundo.
47. Ni el adorno, que tanto el sexo excita,
     Hubo de mendigar vano follaje,
     Que al esmero galante de exquisita
     Precisaba a otro estilo, extraño traje,
     Con tejidos de pluma facilita
     La grandeza, que es ya del Turco ultraje,
     Pues el precio, sobrándole lo avaro,
     Escogió del valor lo que fue raro.
48. Así en el blanco Cueitl, airosa mueve
     La bella Niahuaxochitl peregrina,
     Envidias tersas en hiberna nieve,
     Pues mejor en sus copos se examina:
     Sobre el verde tabí del Manto, embebe
     Calcedonia, de Sardio, y Cornerina
     Ta copia, que hace, cuando no lo pierde,
     Que ni esperanza quede de lo verde.
49. En brazos, y garganta el transparente
     Embrión, que el Otro concibió a la Aurora,
     Luce a la oposición más refulgente,
     Que en sus mejillas, cuando el Alba llora:
     Garzota azul tremola la alta frente,
     Donde un Carbunclo su color mejora,
     Engastado en gracioso cairel de oro,
     Que de Corona sirve, y de decoro.
50. Cubre el cendal del Ampo, melindrosa
     Piltrinahua, de azul turquí, bordado
     De tantas Perlas, que Paulina no osa
     Jactar el suyo, de este mejorado:
     Sardonios, y Topacios la preciosa
     Diadema cercan, cuyo Airón plumado
     Engreído con la luz que reverbera,
     Volante Sol presume de otra Esfera.
51. Entre ambas Reinas, toma grave asiento
     Moctezuma, infundiendo bizarría,
     Y el Armiño que viste, lucimiento
     Le crece en matizada pedrería:
     De la Manta el carmín chupa sediento
     Al diamante los rayos que le envía;
     Del hombro pende hasta borrar las huellas,
     Y en reflejos compite a las Estrellas.
52. Guarnece al Cactle de oro la Esmeralda,
     Le corona el Acates, y Zafiro,
     En donde el Ametisto hace guirnalda
     Breve, en obtuso majestuoso giro:
     Del Tlaquen (ropa suya) por la falda
     Ondea el Jacinto, y el Granate tiro;
     ¡Oh, cuanto de valor, y reverencia,
     A la grandeza añade su presencia!
53. Cortés, y qué gallardo que ha salido
     Sobre ante fino viste acicalado
     Peto de acero, que gentil ha unido
     Aire galán, a traje de Soldado:
     Del Morrión a la Bota, le han pulido
     Marte, y Adonis: el Tahalí bordado
     De puntas de oro, ciñe blanca espada,
     Que en el precio de un Mundo esta valuada.
54. Así España, y las Indias con grandeza
     Igual, ocupan uno, y otro asiento:
     Siga ese luego las demás Nobleza,
     Con numeroso grave movimiento:
     Brota México al Circo con presteza
     Tal multitud, que pudo en un momento
     Reventar en sus cauces el ambiente,
     Oprimido al aliento de la gente.
55. Guardia horrible de Erizos disfrazados,
     La Plaza escombra; cuatro Batallones
     Entran por las esquinas ordenados,
     De aguilas, Grullas, Garzas, y Pavones:
     Unos huyen, los otros desalados
     Hacia la presa baten los Cañones;
     Líbranse a otra Emboscada, y al momento;
     Como son Aves, se volvieron viento.
56. Occelotl, y Tlalistic, del combate
     Padrinos, a la Valla se presentan,
     Dando al aire, con Plumas, y Granate
     Envidia al Iris, cuando en sí la ostentan:
     Uno, y otro penacho al Rey se abate
     Por la aplazada lid que representan,
     A cuya breve seña en armonía
     Bélica, engolfa su sosiego el día.
57. Entra el primero, lleno de cambiantes,
     Chiltecpi, cuyo juvenil desvelo
     Tendido arrastra al suelo, de Diamantes
     Por Manto azul, Girón turquí del Cielo:
     De un Corazón las Alas palpitantes
     Finge el Escudo, como huyendo al vuelo,
     En cuyos mal limados eslabones
     Parte del Alma queda en las prisiones.
58. Rodeando llega al sitio que no tarda,
     Frente del Trono Real, y como avisa
     El corazón del susto que le aguarda,
     Cuando menos la vista le divisa,
     Tal al ver a su Dama se acobarda:
     Quedarle quiere y retirarle aprisa;
     Hace al Rey reverencia atropellado,
    Que un cuidado le quita otro cuidado.
59. No sé (dice) si vivo, pues si fuera
     Vida la mía, la pena la acabara:
     Luego muero; más no, que no sintiera
     Tanta rabia, si muerto me mirara:
     Entre sentir, y no sentir, hubiera,
     Si no soy Yo, ¿quién medio nuevo hallara
     A otra muerte, que lo es no padecella?
     ¡O cuánto puede mi feliz Estrella!
60. Por cuanto (¡qué dolor!) Sitlatl esquiva;
     Estrella para mi la más ingrata,
     A atormentar aquesta muerte viva,
     Tú, y tu Nombre, ¿no fueras quién la mata?
     Pues padezco la saña vengativa,
     Acabe tu rigor, que así me trata;
     Olvídame del todo, que sería
     Menos crueldad para la muerte mía.
61. ¡O nunca yo te hubiera conocido,
     Y perdiera con gusto despreciado;
     Lo que de ti me vi favorecido,
     Por no haber tu mudanza reparado!
     A qué extremo llegue, pues no haber sido,
     Tuviera a más fortuna mi cuidado,
     Que ser para no ser, es más desdicha,
     Que nunca haber tenido una triste dicha.
62. Hubiérate perdido mi fineza,
     De cruel, y no de falsa; tolerara
     El castigo no más de tu belleza,
     Y no la causa, que costó tan cara:
     No esperar, fuera muerte, no vileza;
     Más verte divertida, es furia rara,
     Que es mayor mal, más duro, más penoso,
     Que estar sin esperanza, estar celoso.
63. Celoso, en fin, ¿qué puede mi locura,
     Cuando el respeto pierde a sus desvelos,
     Decir, o no decir, si la cordura
     Olvidó, al acordarse de sus celos?
     Con seso desmentí mi desventura;
     Mas ya por el furor de mis anhelos
     No he de poder, que esta pasión ingrata,
     El juicio es lo primero que arrebata.
64. Mal haya (amén) quien esperó, engañado,
     En la Mujer mudable leal aprecio;
     Si la inconstancia quiso confiado,
     No de infeliz padece, sí de necio:
     Dígalo yo, que gimo desdichado,
     Sin aguardar alivio en mi desprecio;
     Pues siendo a todos cura el desengaño,
     Más que provecho, sirve aquí de daño.
65. Así callando, sólo se quejaba
     Chiltecpi, puestos los preñados ojos
     En su tirana Sitlatl, quien le daba
     Tanto amor con su vista, como enojos:
     Nuevo tormento nace del que acaba,
     Pues ve en la Plaza con cendales rojos
     A su Competidor, que el paso cierra,
     Y dos veces en ella le hace la guerra.
66. Thecuamochstli, vestido de encarnado,
     Airoso se presenta, al par que engreído;
     Y no es mucho, si para lo adornado
     Tiene lo más, que es ser favorecido:
     Nunca se vio galán un desdichado,
     Ni sin aliños el que está querido;
     Porque a más no poder, hacen que sea,
     De las telas del pecho, la librea.
67. Almalafa tendida Americana,
     Que los Bellones agotó de Tiro,
     Suelta pende del hombro, dando en grana,
     Campo, al bordado de Rubí, y Zafiro:
     Roja Garzota con el Ciano vana,
     Mece al Penacho con templado giro,
     En cuyo centro trae por más hermosa,
     Guarnecida de Perlas una Rosa.
68. En la Rodela, sobre Cielo obscuro,
     Por Estrella un Diamante resplandece,
     Y el carácter siguiente expresa puro
     El concepto, que agudo le ennoblece:
     Claro dice de Amor frase seguro,
     Por esta Luz mi vida no anochece:
     Velo su Dama; pero su contento
     Fue, que el Común leyese el pensamiento.
69. No es feliz cabalmente el que empleo
     Goza más a su gusto en lo amoroso,
     Mientras no satisface su deseo,
     En que otros le celebren lo dichoso:
     Al par que de la envidia el diente feo
     Teme, lo busca, para estar glorioso;
     Pues los Amantes el aprecio han dado,
     Mejor que a lo mejor, a lo arriesgado.
70. Si cuando se divisa a un Enemigo,
     Todo el hombre se inmuta interiormente;
     ¿Cuál quedaría el Contrario, al ser testigo
     De lo que mira ya, y de lo que siente?
     Examine cada uno si consigo
     Ha pasado lo mismo, cuan vehemente
     Sería tanto dolor, cuando a él solloza,
     Lo que en sí pierde, lo que el otro goza.
71. Brama, y el disimulo que le obliga
     Entre sus penas, es quien más le oprime,
     Pues le fuerza a sufrir sin que lo diga,
     Y ni aún tenga el consuelo de quien gime:
     El castigo que intenta, le mitiga
     Un tanto la ira, no se la redime,
     Y se relame solo en la esperanza
     Con que está saboreando su venganza.
72. Bien quisiera el Estadio, que en Campaña
     Se mudase, y en veras el Torneo,
     Porque no hubiese paso sin hazaña,
     Que sirviese de falla a su deseo:
     Mientras el tiempo llega, a sí se engaña,
     Muriendo lo que tarda su floreo,
     Que es el despique, que medita ansioso,
     El Sainete mayor para un celoso.
73. Ya asoma en la otra frente, de leonado,
     Acaltetepo, Príncipe infelice;
     No lo dice su Espada, ni su Estado,
     Su escudo sólo, su color lo dice:
     Sobre traje amarillo salpicado,
     Hace que el Azabache solemnice
     Su angustia, dando claro indicio cierto,
     Que despreciado está, que es peor que muerto.
74. Al dar vuelta demuestra lo violento,
     Con que un triste se mueve a alegre asunto:
     Y con razón, pues nunca está contento,
     Quien tiene dentro el corazón difunto:
     A buscar el Autor de su tormento
     Le arrastra la pasión, le lleva el punto:
     Velo, y no mudo su valor lo deja,
     Pues dice mucho, quien así se queja.
75. ¡Ay adorada Quaubtli, tu belleza,
     (Prosigue) como por mi desvarío,
     Añade a la hermosura fiereza,
     Con que me trata su desdén impío!
     Bástame de tu ceño la extrañeza,
     Vuelve siquiera a ver el dolor mío;
     ¿Cómo si de tus ojos los enojos
     Matan, me matas sin volver los ojos?
76. No fueras tan esquiva como bella,
     Si hubiera sido Yo menos osado,
     Que sobraba el influjo de tu Estrella,
     Siendo para mí mal tan desgraciado:
     ¿Pero de qué se queja mi querella?
     Si a morir, del destino iba arrastrado,
     Fue de más el rigor de mi fortuna,
     Habiendo eclipses en tu ingrata Luna.
77. En dos pedazos está dividida
     Pinta la Adarga, que es su cotejo
     Símbolo del desprecio, pues partida
     Jamás, su Luna, se soldó el Espejo:
     La muda voz expresa más su herida,
     Y ni el remedio quiere del consejo,
     Que imposible lo juzga a lo que alcanza:
     El carácter lo dice: Ni esperanza.
78. De alivio no le sirve en la Estacada,
     Que estar ausente Quaubtenebus, acuerde;
     Por su lugar entró con esmaltada
     Gala del Tíbar, sobre fondo verde:
     En blanco el Mote, poco dice, o nada;
     Mas no, que cuerdo llora lo que pierdes;
     Pues de Amor, que se pone en contingencia,
     Sólo encuentra mudanzas una ausencia.
79. De los cuatro, galanas las Cuadrillas
     La Escaramuza empiezan; allá parten
     Con las Cañas enteras, y de astillas
     Llenan el viento, cuando las reparten:
     Cruzan aquí lazadas sus manillas,
     Adelante se juntan, y comparten
     Con tal acierto, que se ve que engañan,
     Y en sus vueltas los ojos enmarañan.
80. A los Aventureros un ligero
     Nebli les sueltan, de quien pende leve
     Argolla de Oro, por donde certero
     Pulso, corriendo rojo Arpón embebe:
     Éste, y aquel aciertan; más primero
     En Thecuamochstli, que la Rosa mueve,
     Mostró de la Fortuna la querella,
     Que nadie apropie lo que sólo es de ella.
81. Desprendiósele estando descuidado,
     Y alzola Acaltetepo prevenido,
     Paisó la fuerte al que era desdichado,
     Más por cercano, que por elegido:
     Nunca menos espere el que engolfado,
     Desde su altura juzga al abatido;
     Que en amor, y fortuna ( o bien se acuerde)
     Quien tiene que perder, es el que pierde.
82. Con los suyos cada uno por su frente
     Sale, cuando a la Arena con viveza
     Sueltan un Corzo, que al partir desmiente;
     Como tarda, del viento la presteza:
     De un salto Matinchuan impaciente
     Le aventaja, con tanta ligereza,
     Que hasta el término fue, y volvió la cara
     A aguardar al Venado, que llegara.
83. A otro Ciervo Chintepetl con fogosa
     Prontitud le dispara; más mirando
     Que a tal celeridad, como aquel osa,
     Se van pulso, y destreza minorando,
     Pensando que es la Flecha perezosa,
     Partió a alcanzarla, y la cogió volando;
     Y sin que ella perdiese el menor giro,
     Entre los dedos la llevó hasta el tiro.
84. Otros ciento se corren desta fuerte,
     Causando a un tiempo susto, y alegrías
     Pues el que yerra por hallar la muerte,
     Corre para enmendar la puntería:
     Calle ligero Heraldo, si aquí advierte,
     Que el Cursor Mexicano desafía
     En la velocidad, y en la arrogancia,
     A Troya el modo, a Roma la substancia.
85. No se contenta con lo ejecutado,
     Pues sólo ha sido de destreza oficio;
     Al riesgo se acelera duplicado,
     Que es del valor, y de ella desperdicio:
     Onza rapante, que en la sed ha hallado
     Mayor fiereza, da en el Circo indicio
     De ella, con tal rigor, que sus arrojos
     El concurso se tragan por los ojos.
86. Airoso Sayolistli frente a frente
     Se le pone, y aquella desalada
     Tan presta parte, que ni el Aire siente
     El camino, por donde va vibrada:
     ¿Cómo una bala? Es poco. ¿Cómo ardiente
     Relámpago? No alcanza. ¿Rayo? Es nada:
     pues siendo tanto, de ella queda ajeno,
     Y es más que Plomo, Exhalación, y Trueno.
87. Al dar el bote, disparó lunada
     Saeta, y la mano le segó derecha;
     Asegundó tan breve, que cortada
     La otra, cayo primero que la Flecha;
     Ciega la Fiera rabia envenenada;
     Y manqueando al contrario tanto estrecha,
     Que se obligó, por verla ya sin brazos,
     A sacarle los dientes a flechazos.
88. Rindió la vida, cuando ya sañuda
     Hircana Tigre, que al Cachorro clama,
     Entre Oro, y Azabache dice ruda,
     Que es en ella el carbón obscura llama:
     Gritale Tequisquipa, el paso muda,
     Y al dar el brinco, su venganza infama
     Volante Pedernal, que diestramente
     Clavado, fue Garzota de su frente.
89. Pártesele bramando tan violenta,
     Que apenas consiguió, por prevenido,
     Asirla entre sus brazos, donde intenta
     Que dé en ellos el último gemido:
     Mas como tiene libre la sangrienta
     Boca, le asió de un muslo, y advertido
     Abrirla quiso con furor tan vano,
     Que sacó una quijada en una mano.
90. Desde la jaula, que caliente deja,
     Con tardos pasos para el señalado
     Sitio, sin la cuartana que le aqueja,
     Sale el León de Libia coronado:
     Mira a Tolquilitl, peina la guedeja,
     Y en dientes, y uñas fuertemente armado,
     A un lado, y otro vuelve las pestañas,
     A ver si hay teatro para sus hazañas.
91. Con la lengua después la Piel dorada
     Pule galante, junta al corro brazo
     Los pies nerviosos, baja la erizada
     Cerviz, y encoge arriba el espinazo:
     Extiéndase en acción descompasada,
     Y hará; como quien dice: Este pedazo,
     Si te vi, escarbaré de tierra dura,
     Para hacerte primero Sepultura.
92. Midiendo el campo, que gentil trasiega,
     Se va para él, que una Macana grave
     Vibra en el puño; míralo, y se ciega
     De ver valor, que aún esperarle sabe:
     El tiro afecta, cuando no se llega;
     Y a la pujanza que en el otro cabe,
     Al envestirle, le tiró tal tajo,
     Que lo partió de la cabeza abajo.
93. ¡Cuántas muertes el Brazo no termina
     En Fieras mil, hasta que altivo reta
     Ya en al Palestra, donde se encamina
     Éste al otro sañudo fuerte Atleta!
     Al violento clangor de la Bocina,
     Cada uno a su Contrario tanto aprieta,
     Que el espíritu opreso (¡raro caso!)
     Para salir no halló en el pecho paso.
94. No de Licaón en bárbaro Liceo,
     Instruídos, más hicieran, cuando rudos
     De aquella escuela que cursó Broteo,
     Salen de aquí sin ella más agudos:
     A Nicedoro exceden, y a Hipeneo,
     De polvo armados, si de Ley desnudos;
     Ganando el Acebuche que enredado,
     Más floreció en sus sienes, que en el Prado.
95. Ni el Trace cruel podrá desde hoy ufano
     Jactar, pues quiso por Lanista fiero
     Vestir el Mirmillonio, que a la mano
     Llegó a embotar ofensas al acero:
     Más Noble Gladiador el Mexicano,
     Saca el pecho desnudo, que guerrero;
     Si lidia él, y lo mira Moctezuma,
     No ha de tener más Peto, que de Pluma.
26. Qué valor, qué destreza, qué no harían
     Por orlar Apio, que Corebo alaba,
     Los que estaban lidiando, y que sabían
     Que el Retrato de Marte los miraba:
     Si la suerte, notando que lucían,
     No hiciera lo que sabe cuando acaba,
     Que es echar el Azar, pues siempre al gusto
     Sigue el pesar, más que el placer al susto.
97. Nuncio veloz, enviado de la Costa,
     Ve cauto el español; luego hizo pruebas
     De ser infaustas, porque por la porta,
     Qué venir pueden, sino malas nuevas?
     Cartas le da de Pérez, y de Acosta;
     Al Rey otro le avisa de sus Levas,
     A tiempo que Faetón con breve paso,
     El Erídano puso en el Ocaso.
98. Retírase cada uno con sereno
     Semblante, y corazón alborotado,
     Ocasión, que uno al otro esté encontrado:
     Rompe la Nema; y bebese el veneno,
     Que si huir de ver las penas, se ha juzgado
     Por esfuerzo, no lo es, que el no entenderlas,
     Dice no haber valor para saberlas.
99. Cae la noche, poniendo a la alegría
     Fin, y en el sueño lánguido descansan,
     Aún los que más deseaban largo el día:
     ¡Que harán cuidados, si delicias cansan!
     Espera que hagan en la fantasía
     Bulto las sombras, que su imperio amansan,
     Pues sepultado el Orbe en mortal lucha,
     El silencio se siente, no se escucha.
100. Entonces, a uno, y otro Confidente,
     De quienes sabio no recata el daño,
     Les significa lo que el pecho siente,
     Para que den remedio a su tamaño:
     Juicio elevado, pues buscar prudente
     Para el acierto parecer extraño,
     Y sujetar el propio entendimiento,
     Es la prueba mayor de un gran talento.
101. Qualpopoc, General del Mexicano
     (Empieza) castigar las Serranías
     De Vera-Cruz resuelve con la mano,
     Que apadrina del Rey sus osadías:
     Quéjase el Totonaque Cortesano
     A Escalante, quien llega en breves días
     Con sus Enviados a enseñarle medio
     Con que alce a los Aliados el asedio.
102. Pero no sólo despreció atrevido
     Política atención, sino insolente
     Quiso desbaratar aquel partido,
     Y acabar de una vez con nuestra gente:
     A Campaña le llama; él advertido
     Con los Indios Amigos le hace frente,
     Que en su propia defensa interesados,
     Más que inducidos, vienen irritados.
103. Miden las Armas, puesta la confianza
     El Bárbaro en el grueso que le asiste,
     Mayor que el nuestro, sin saber que afianza
     Glorioso fin, quien de razón se viste:
     El efecto lo dice, pues avanza
     De tal manera, que aunque más resiste
     El Mexicano, llega a tal aprieto,
     Que antes se ve perdido, que sujeto.
104. Castigo junto, si fortuna avara
     No lo hiciera costoso, pues permite,
     Mudando aspecto su inconstancia rara,
     Que en la Victoria más que dio, nos quite;
     De Escalante la vida la hizo cara
     Después con otros; y porque se evite
     Lo que pueda ocurrir, la diligencia
     Se ha de medir conforme a tal dolencia.
105. Que lo hace Moctezuma, está constante,
     Por más que lo disuada su viveza,
     Pues con recato al orden semejante
     Le trajeron de Arguello la cabeza:
     Si nuestro disimulo va adelante,
     Crecerá el mal; a más de que es vileza
     Indigna de Españoles, al cordura,
     Que pone la opinión de peor figura.
106. Nunca menos lugar la tolerancia
     Tiene, porque hoy usarla no podemos,
     Ni suponer para ellos ignorancia,
     Cuando juzgan que todos lo sabemos:
     Pronto remedio pide esta arrogancia,
     De vosotros lo aguardo, pues nos vemos
     A romper igualmente aventurados,
     O a estar en el peligro desairados.
107. Varios caminos el discurso ofrece,
     Mas ninguno al empeño satisface;
     El mantenerse es fuerza, y no parece
     Modo que al aire, y al resguardo enlace:
     Crecen las dudas, y el cuidado crece,
     Por hallar uno que a los dos abrace,
     Hasta que con destreza acierta franco,
     Tiro difícil, pero da en el blanco.
108. Prender a Moctezuma (¡qué osadía
     Tan hija de Español!) quiere valiente,
     Por resarcir con ella lo que habría
     Perdido la opinión al accidente:
     Baja tan elevada puntería
     Caudillo heroico; no hagas tal, detente,
     Que en tus manos está lo que es factible,
     No lo que aún ideado es imposible.
109. Tú dices: ¿esto, que de valeroso,
     Y de prudente gozas hoy la suma?
     ¿A un soberbio tan alto? ¿A un Rey tan brioso?
     ¿A un Monarca tan grande? ¿A un Moctezuma?
     ¿Dónde tu seso está, que siempre airoso
     Se midió, por quedar sobre la espuma?
     ¿Dónde? ¡Pero qué digo! ¿En tal estrecho,
     Tú lo pensaste? Pues está bien hecho.
110. ¡Oh, quién feliz del Helicón sagrado
     Mereciese el raudal! Apolo pío,
     Numen, Lira, Furor, porque inflamado
     Puede sonar cadente el labio mío:
     Cantaré con tu ayuda el elevado
     Héroe, pero aún con ella desconfío;
     Que si bien el aliento me concedes,
     Mas cantar a Cortés, tú sólo puedes.
111. No tanto te pidiera, dulce afluencia,
     (Del oído halago) como la substancia,
     Que aquella es cuerpo sólo de apariencia,
     Y ésta es el alma de la consonancia:
     Tu espíritu, tu armónica cadencia
     Hoy había menester tanta arrogancia,
     Para elevar el plectro más galante;
     Y quien sabe si en mí fuera bastante.
112. No apunte el Estadista la severa
     Crisi, que en todo, bien, o mal repara,
     Mirando al Adalid: Si esto no hiciera,
     Diga, ¿qué hiciera? ¡Pero cuál quedara!
     Antes de la ocasión que se le espera,
     Todos los lances que hay que andar, prepara;
     Quien siempre en ellos fue tan advertido,
     ¿Qué tal iría para este prevenido?
113. Llega, por fin, y partese a Palacio,
     Con los que elige para tanto empeño,
     Donde vive entre Granas, y Topacio,
     Quien es de la India, de la Zona dueño:
     En el común estilo va despacio
     Entrando, hasta que airado brota el ceño;
     Hácele cargo, que la Fe quebranta,
     Si en su obsequio a no creerlo se adelanta.
114. Y pues por vos debéis a esta querella
     Darle satisfacción (concluye) al Orbe,
     os habéis de servir dorar aquella
     Casa, en que estamos, sin que más le estorbe;
     Así en vuestro decoro no hará mella
     Duda atrevida, que aún al Sol se sorbe,
     Hasta que a todos conste que no sube
     A empañarle, la más obscura nube.
115. Calló Cortés calló también dudoso
     El grande Moctezuma, en cuya siente,
     Al escuchar denuedo tan furioso,
     La Imperial Orla titubeó impaciente:
     El interior Vesubio congojoso,
     Brotando incendios repentinamente,
     Se asomó por los ojos, cuyos rojos
     Rayos, volvieron llamas a los ojos.
116. Con la mano en el pecho, al levantarse,
     Vivo yo, dijo, y proseguir no pudo,
     Que a ímpetu ardiente consiguió exhalarse
     La voz, echando la garganta el nudo:
     Con el silencio allí llegó a explicarse
     A un lado, y otro su mirar sañudo,
     Siendo más elocuente en su ardimiento,
     Que la lengua, la voz del movimiento.
117. ¡Cuanto la discreción, valor, y celo,
     Obraron en empeño tan gigante,
     Para asir la ocasión, que en sólo un pelo,
     Pudo dejar un Mundo vacilante!
     Con estudio, con arte, con desvelo,
     Se hizo posible, lo que fue distante;
     Pues por su libertad los caros bienes
     De sus dos hijos, les ofrece en rehenes.
118. A nada sale el Héroe, ni rendido
     Se da el Rey, aunque mira que irritado
     Firma que en Velázquez, lo descomedido
     Del rostro, cuanto allí queda arriesgado:
     Cerrado, pues, aquel, y éste partido,
     A sí se entrega menos ultrajado;
     Y porque otro, que no él, tenga la gloria;
     El de sí mismo, triunfo es, y victoria.
119. Vamos (dice) si el Cielo así lo ordena,
     Y yo lo determino: ¡Qué algazara
     En México se escucha! ¡Qué de pena!
     ¡Qué distinto de ayer, hoy se repara!
     ¡Oh gustos vanos! Con la faz serena,
     Los sosiega el Monarca, y les declara,
     Que por razón de Estado, es conveniente
     Vivir así con la extranjera Gente.
120. Recíbenle con salva, cual si fuera
     Voluntad el destino, y tan constante
     Queda, (era Rey) que la atención severa
     No encontró novedad en su semblante:
     Antes por disuadir lo que le altera,
     Con dadivas se ostenta más galante,
     Haciendo de ellas, de su ardor despojo,
     Como en albricias de su desenojo.
121. A pocos días a Qualpopoc preso
     Traen, que al Real Sello dio su resistencia;
     Entrégalo a Cortés, porque su exceso
     Pague: ¿Qué culpa tiene la obediencia?
     A su delito Militar Proceso
     Sigue breve el castigo, sin violencia;
     Que éste, con tal impulso, al Reo se viene,
     Que sólo ley viciada le detiene.
122. Al Cadahalso le arrastra el rompimiento
     De la Paz, y la muerte, a sangre fría,
     De un Español, que acaso su ardimiento
     Le arrojó, donde el lazo puesto había:
     Más temeroso con el fin sangriento,
     Hace incurso a su Rey, cuya osadía,
     Con la misma disculpa en que tropieza,
     Es lo que más le quita la Cabeza.
123. De lesa Majestad Crimen infame
     Es quien vibra el Cuchillo, atiza el fuego,
     Para que si uno queme, otro derrame
     Pábulo, y sangre de atentado ciego;
     Aunque dice verdad, no hay quien exclame,
     Que para el aherrojado no habla el ruego;
     Tanta memoria goza el abatido,
     Cuanta merece lo que nunca ha sido.
124. Antes de ejecutar muerte severa,
     Que ya México espera, y teme mudo,
     Usa de otra arrogancia, que pudiera
     Honrar Cuarteles de Romano Escudo:
     Con instrumento, que la Ley severa
     Discurrió para echar a los pies nudo,
     Se presenta al Monarca Soberano,
     Dándoles más horror, cuando más mano.
125. Qué importa que, ocultando su desdoro,
     Batiese el Sol la pasta de sus brillos,
     Si para profanar el Real decoro,
     Basta que fuesen, aunque de Oro, Grillos!
     Mal haya, sí, fecundidad del Oro,
     Que ingrata fue a su dueño, si en anillos
     Torpes se enrosca Sierpe cruel traidora,
     Y más le ultraja, cuanto más le dora.
126. Mientras de aquel se cumple la sentencia,
     (Le dice el Español) tan grave indicio
     Purgue Laurel, que no perdió decencia,
     Porque haga a Ley mayor el Sacrificio:
     Poned, y al punto lo hace la obediencia:
     El ápice (otra vez) cela el resquicio,
     Quien da a los Reyes Púrpura, y Guirnalda:
     Dijo. Acabó, y le volvió la espalda.
127. No así asombra a Zagal oculto nido,
     Al encontrar el Áspid macilento;
     No así nocturno Rayo al estallido
     Pasma a Pastor, que va en el Monte a tiento:
     Mudo al dolor, sin fuerzas al sentido,
     Torpe a la acción, y la Alma hacía el tormento,
     Yerto, confuso, helado, a sí se ofusca,
     Y a sí no se halla, porque no se busca.
128. Aquí es, aquí, el despecho, cuando ciego
     En sí vuelve; mal digo, pues le atiza,
     Antes de estar en sí, tanto su fuego,
     Que a su aliento, y a sí volvió ceniza:
     De los Criados al llanto, al susto, al ruego,
     A ser templanza la ira se desliza,
     Que sólo pudo ser en sus prisiones
     Alivio, mantener adoraciones.
129. Concluido el Acto, vuelve cuidadoso
     El Adalid a verle circunspecto,
     Y arrodillado, culto da obsequioso
     Al que antes asombró con el aspecto:
     Con ambas manos quita presuroso
     El Oro, y más le añade de respeto;
     Hoy sí que Soberano se ha exaltado,
     ¡Cortés, cortés delante de él hincado!
130. Pasma la admiración; más que podía
     Discurrir, que imperfecto le saliese,
     ¿Quién estudiaba en Arte, que tenía,
     Para cuánto Fortuna le ofreciese?
     Tome otro ya su Lira, que la mía
     Al pulso torpe ronca, es bien que cese;
     Que si acaso templada tuvo alientos,
     Fue para hazañas, no para portentos.

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