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Análisis unitario de variantes sufijales: el caso de -ico, -ático y -aico

Rafael A. Núñez Cedeño


University of Illinois at Chicago


Introducción

En la teoría generativa, la morfología ha pasado a definirse como un componente totalmente autónomo de la gramática, dotada de un lexicón, reglas formales y principios generales que rigen el funcionamiento de tales reglas (para una amplia introducción a este tema véase la edición castellana de Scalise [1987]). Dentro de este marco teórico nos proponemos reducir la multiplicidad de los sufijos -ico, -ático, y -aico abogando por la existencia de uno solo, el básico -ico.

Antes de entrar en detalles, conviene ubicar de modo general el basamento teórico en que implícitamente se encuadra este estudio. Aquí seguiremos los postulados de la teoría de la estructura lexical que desarrolló Lieber (1980) y que ha elaborado Núñez Cedeño (de próxima aparición) para el español. Según esta teoría, el mecanismo básico para derivar palabras99 funciona de la siguiente manera. Los morfemas y afijos están listados en el lexicón con sus categorías y subcategorías impredecibles que señalan el tipo de piezas léxicas en donde se deben enganchar. Hay además informaciones impredecibles que todo ítem léxico debe poseer intrínsecamente, entre los cuales se cuentan: 1) categoría, y clase conjugacional, 2) representación fonológica, 3) representación semántica, 4) especificación de diacríticos y 5) marco de inserción. Así, por ejemplo, -ez es un sufijo de categoría nominal que se anexa únicamente a bases adjetivas; su representación fonológica para el español hispanoamericano es /-es/, y para el castellano -/-eØ/ posee la interpretación abstracta de «calidad de», y generalmente aparece en bases polisilábicas (Núñez Cedeño). Teniéndose presente sus restricciones de subcategorización, los morfemas se insertan en árboles con ramificaciones binarias no etiquetadas, las que eventualmente se nombran mediante una serie de convenciones de filtrado de rasgos. Para más detalles de exposición de la teoría y funcionamiento de las convenciones, invitamos al lector a consultar los trabajos ya citados. Pasemos ahora al estudio que nos ocupa.




1. Los sufijos -ik, -atik

Solé (1968:49-76) presenta un análisis descriptivo de estos alomorfos, sugiriendo que como sus informantes le atribuyen el mismo valor semántico (presumimos que Solé quiere decir que la derivada adquiere las cualidades de la base) los tres hay que considerar 0los alomorfos que se derivarán de un morfema único, que, según él, debe ser {-ik}. El estudio, rico en datos, no obstante se queda corto para la meta que deseamos lograr, puesto que su análisis se enmarca en lo distribucional y no en una teoría unitaria que los explique. Para Solé, por ejemplo, el morfema {-ik} produce tres morfemas diferentes que surgen en uno de los casos según la configuración fonológica de la base. Si ésta termina con los segmentos /Vgm/, /m/ y /Vm/, aparece el morfema /-atik-/; en los demás casos se produce el morfema /-ik/, salvo en aquéllos en donde se da el morfema /-aik/. Las derivadas flem+ático < flema, tem+ático, < tema ilustran el primer grupo; y bíbl+ico < biblia, genét+ico < génesis, pros+aico < prosa, son ejemplos del segundo.

La solución de Solé es únicamente correcta en lo que se refiere a la existencia de las variantes. Además de no ofrecer explicación para las distintas configuraciones (lo que le está vedado por la «separación de niveles» que le impone el marco estructuralista), los principios de distribución que da tropiezan con una serie de excepciones. Por una parte dichos principios predicen *catédrico en vez de catedrático y por otra predicen *anatomático, *cismático, *taxonomático en vez de anatómico, atómico, sísmico y taxonómico.

Lo que aceptamos de Solé es que los sufijos en cuestión sean efectivamente variantes de un único morfema /-ik/ de donde predeciblemente se derivan mediante reglas morfológicas los tres alomorfos. Pero además proporcionaremos una solución explicativa a las diferentes configuraciones morfológicas.



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2. Distribución

Veamos en primer término la distribución de los alomorfos. Los tres sufijos por lo general se agregan a bases nominales para derivar adjetivos, hecho que podemos constatar con unos cuantos ejemplos (1) (debajo de cada entrada léxica, vista a grosso modo, aparece su glosa correspondiente).

Estos sufijos, con el significado que se anota más arriba, generalmente no aparecen anclados a bases adjetivas; de suerte que sería imposible encontrar *[[loqu]Aico]A, de loco, *[[pacient]Aico]A de paciente, *[[brut]Aico]A, de bruto y así por el estilo100. Tampoco se combinan con bases verbales; no existen, por ejemplo, * [[bail]Vico]A, de baila, *[[mat]Vico]A, de mata. Por lo tanto, los tres alomorfos solo aparecen en bases nominales.

De los tres, -ico es el que deriva más formas, que, según Solé (1966:49) pasan de las 600; a éstas le sigue las derivadas con -ático, que son un poco más de cuarenta formas, habiendo unas pocas con -aico. En primer lugar centremos nuestra atención en los más productivos, y luego trataremos el menos productivo.




3. Reglas morfofonológicas

Si nos remitimos a las formas léxicas en (1) habremos de concordar con Solé en que el sufijo -ico debe ser básico, pues en cada uno de los sufijos aparece como una constante: (at)ico, -ico, (a)ico. Lo que nos resta es justificar y motivarlas diferentes formas fonéticas que surgen. Para ella vamos a proponer que la secuencia segmental -at es producto de una regla de infijación que opera específicamente al borde de las bases. Pero antes de enfrascarnos con esta hipótesis, conviene hacer una breve digresión y fijarnos en las formas en (lb). Según Solé, son éstas las que precisamente justifican su hipótesis de que -ático se añade a bases que contienen la nasal bilabial /m/. Semejante propuesta debe estar mal encaminada porque

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numerosas formas la invalidan (véase la figura 2). Lo característico de estas formas es que las bases terminan en nasal y sencillamente no derivan adjetivos con -ático. Se les escapan, por tanto, a cualquier propuesta que sugiera la presencia de /m/ en las bases. Y las últimas cinco son mortíferas para la hipótesis de Solé, puesto que especifica que la vocal que precede a la nasal debe estar inacentuada. Si seguimos su análisis al pie de la letra notaremos que la penúltima vocal de estas aparecen subyacentemente con su carga acentual. A las formas en (2) también habría que agregar las que siguen (véase la figura 3 ).

Estas formas muestran que el -ático puede aparecer en bases que no terminan en nasal bilabial. Hay que descartar, entonces, que ésta sea el contexto condicionante.

Entonces, si existen tres alomorfos, ¿qué condiciones o propiedades fonológicas tendrán las palabras que las identifican como posibles receptoras de uno u otro de éstos? En principio no parece haber indicio alguno que nos asegure con certeza cuál debe aparecer en una base dada. Parece ser que el enganche es arbitrario, pero limitado a un número específico de formas. Nosotros teorizamos que -at es infijal. Como en principio no se puede predecir en qué piezas léxicas habrá de surgir, parece ser que existen formas diacríticamente marcadas sobre las que habrá de operar tal proceso. Dicho de otro modo, el lexicón tendría formas anotadas con el diacrítico [&Infijal]. Las que serían susceptibles a la infijación estarían anotadas positivamente con el diacrítico [+Infij]; son las que presentamos en (lb-c) y (2). Las demás son automáticamente [-Infijal].

Siguiéndole el hilo a nuestro tema, ¿es en realidad -at un infijo o sólo parte de éste, digamos que la t? Es también lo que se puede colegir de las formas en (lb) y que muy bien pudiera hacer pensarse que lo que se infija es t y no la secuencia -at, ya que si cada base termina en la vocal a, no parece existir señas independientes que nos cuestionen semejante presunción. No obstante esta atenuante, se puede desechar por dos motivos fundamentales. El primero tiene que ver con la consistencia y coherencia mismas de la derivación sufijal de la lengua. Ya se ha demostrado (Harris 1985, Núñez Cedeño, de próxima aparición) que la derivación en piezas no-verbales tiende a hacerse sobre la base desprovista de su marcador de palabra. De modo que cuando a queja y sensato se les añade los sufijos -oso y -ez, el resultado será los respectivos quejoso y sensatez, sin sus vocales finales, y jamás *quejaoso ni *sensatoez. Resultaría extraño que un par de sufijos de igual valor semántico produzca resultados tan paradójicos en contextos idénticos, desechándose, por un lado, la vocal final y, por el otro, dejándola intacta. Esto produciría

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inconsistencia con las predicciones de la regla de inserción de rasgos en la que efectivamente se estipula que el marcador de palabra habrá de surgir en el extremo derecho de la palabra. En segundo lugar, las piezas léxicas bobo, rumbo, vino, en (2), y sus respectivas derivadas bobático, rumbático y vinático, no dejan duda alguna de que la a no forma parte de la base y de que debe pertenecer al sufijo.

Vadeando, entonces, estos escollos proponemos la siguiente regla que inserta el infijo -at:


(4) Regla de infijación

La regla (4) derivaría correctamente todas las formas en (lb), y excluiría las de (la) por no ceñirse éstas a su descripción estructural. Una derivación ejemplar nos sirve de modelo.

Las pruebas que aducimos para justificar la regla de inserción de -at en el contexto señalado no son lo suficientemente exhaustivas para dar esta regla por comprobada en la lengua española. Sin embargo, hay motivos adicionales que nos demuestran que -at es una especie de infijo que funciona independientemente del sufijo -ico. Las pruebas adicionales las encontramos en derivadas con el sufijo -ismo. Considérese el siguiente grupo de palabras. (Véase la figura 6).

Las formasen (6a) muestran que el sufijo -ismo, que denota sistema, secta o doctrina, puede aparecer en bases nominales o adjetivales. En (6b) aparece anexado a bases adjetivales de formas ya derivadas. Las de (6c) resultan de sumo interés. Esto es así porque si es cierto que -ismo se añade a bases no derivadas y derivadas como en (6a-b) tendríamos que concluir que la derivación correcta de las de (6c) se debe cumplir sobre las derivadas de los adjetivos de la izquierda, lo cual no sucede. En otras palabras, no hay *reumaticismo, *linfaticismo, *astigmaticismo, *traumaticismo que es lo de esperarse si es que seguimos la derivación normal (aplicada, en este caso, a las glosas); o tal vez la derivación se debería efectuar directamente sobre las bases no derivadas para producir *reumismo, *linfismo, por *astigmismo, *traumismo, lo cual tampoco sucede. Lo más importante de (6c) radica en el hecho de que cada una de estas formas contiene la secuencia -at, que es exactamente la misma secuencia segmental que aparece ante -ico. En efecto, las derivadas nominales en (6c) nos muestran que la regla de infijación (4) se aplica igual ante el sufijo -ismo, en el mismo ámbito descrito, lo que entonces nos llevará a incluir a éste en una nueva descripción estructural:


(7) Regla de infijación, versión final




4. El sufijo -aico

Como presumimos que las formas de (lc) vienen marcadas con el rasgo [+Infijal], la regla de infijación (7) se aplicará a estas formas por igual, produciendo formas intermedias con -at, cuyo producto neto aparece sin /t/. Decíamos que este sufijo no es de mucha productividad. Son escasísimas las que aparecen con -aico, si se



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comparan con las demás derivadas, y por consiguiente quizás precisan de maquinaria singular que dé cuenta de las formas patentes. En efecto, el alomorfo -aico surge generalmente sufijado a bases patronímicas. De 20 formas documentadas en Stahl y Scanvnicky,16 provienen de nombres propios o gentilicios, hecho que constatamos en (8a); las demás aparecen en (8b).

Una regla en extremo menor se encargaría de elidir la /t/, en nombres propios que poseen el diacrítico [+Infijal] y que bosquejamos a continuación101:


(9) Elisión de /t/ infijal

Las cuatro formas en (8b) sencillamente se ciñen de manera positiva a los efectos de la regla (9). Esto daría razón de todas las formas anotadas en (7)102.




7. Conclusión

Otro análisis que se nos pudiera ofrecer sería proponer que realmente hay un sufijo básico, el -ático, del cual se derivan los demás. Para tal efecto, la pieza léxica biblia, después de la concatenación, devendría en la supuesta bibliático. Habría entonces una regla de elisión que eliminaría el -at de -ático, lo cual nos daría a la postre la gran mayoría de palabras que terminan en -ico. Por supuesto habría que pensarse que el léxico viene diferenciado con marcas

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diacríticas, de suerte que las palabras que aparecen con -ático a nivel patente estarían exentas de los efectos de tal regla. Estas son las que menos cuentan, por su reducido número en el léxico español.

Ahora bien, de aceptarse esta propuesta encararíamos serios problemas al intentar derivar las palabras en (6c), pues es evidente que en tal caso se necesitaría una regla que eliminara una secuencia de dos segmentos diferentes, el /ik/, ante el sufijo -ismo. Lo terriblemente indeseable de la regla de elisión es justamente el tener que despacharse de un tiro dos segmentos fonológicamente distintos, que no se sienten como una entidad morfemática, y que aparentemente funcionan de manera independiente; obsérvese, por ejemplo, que la /k/ de clásico cambia a [s] ante el sufijo -ismo, dando [klasisísmo]. Lo elemental de esta jugada es que se estaría ejecutando una operación simultánea sobre dos segmentos diferentes a fin de terminar con una única salida, el cero fonético, y ya se sabe que las operaciones fonológicas se realizan ora sobre un rasgo particular, ora sobre un conjunto de rasgos de un mismo fonema. La lengua española sencillamente no posee un fonema complejo /ik/. Suponiendo aún que en efecto se eliminara tanto la /i/ como la /k/ mediante regla y en cualquier orden, no habría modo alguno ni motivación que las justificaran. Todo lo contrario, su aplicación produciría resultados nefastos.

Nótese, por ejemplo, que si la condición para la aplicabilidad de la elisión de ic es que se halle ante el sufijo -ismo, ¿qué le pasaría entonces a la gran cantidad de derivadas en que aparece -ismo engarzado a bases que terminan subyacentemente en la secuencia /ik/? Nos referimos a las piezas léxicas en (6b,c), de suerte que toda vez que se aplique la presunta regla de elisión, digamos, a católico, mecánico y gálico, terminaríamos con las incorrectas *catolismo, *mecanismo, y *galismo. Son, pues las palabras en (6) que socavan la hipótesis de un -ático subyacente y que además hacen que no se pueda sostener firmemente a su favor los supradichos contraargumentos. Es por ello que el morfema básico es /-ik / al cual se le infija -at.




Obras citadas

Harris, James W. 1985. «Spanish Word Markers». En Current Issues in Phonology and Morphology. ed. Frank H. Nuessell, Jr. Bloomington: Indiana University Linguistics Club. 35-53.

Lieber, Rochelle. 1981. On the Organization of the Lexicon. Bloomington: Indiana University Linguistics Club.

Núñez Cedeño, Rafael A. (de próxima aparición). Morfología derivacional de la sufijación española. A publicarse con el Instituto de Filología Caro y Cuervo.

Pilleux-Hernán Urrutia, Mauricio. 1983. Formación de palabras en español. Chile: Editorial Alborada.

Scalise, Sergio. 1984. Morfología generativa. Madrid: Alianza Editorial.

Solé, Carlos A. 1966. Morfología del adjetivo con -al, -ero, -ico, -oso. Washington: Georgetown University Press.

Stahl, Fred y Gary E. A. Scavnicky. 1973. A Reverse Dictionary of the Spanish Language. Urbana: University of Illinois Press.







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