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En busca de la verdad: Algunas mujeres excepcionales de la Conquista

Juan Francisco Maura


The University of Vermont


Abstract: El prestigio de la palabra escrita da apariencia de verdad a los textos escritos, especialmente los históricos. El estudiante en busca de la verdad se encuentra a veces con versiones contradictorias. Así sucede en el tratamiento de cuatro mujeres excepcionales que participaron en la colonización del Nuevo Mundo. Se presenta a continuación una selección de textos que datan desde la Conquista hasta la época actual, que hacen mención de Beatriz de Bobadilla, Isabel de Bobadilla, la hija de ésta, del mismo nombre, que fue la primera gobernadora de Cuba; y Beatriz de la Cueva, primera gobernadora del Nuevo Mundo. Se proponen lecturas y ejercicios que dan a los alumnos de la escuela secundaria la oportunidad de conocer a estas cuatro mujeres y la experiencia de investigar algunas de las arbitrarias tergiversaciones que se han llevado a cabo de sus hechos en vida.

Key Words: mujeres en la Conquista, Nuevo Mundo, Leyenda Negra, siglo XVI, literatura colonial, historia de América, Colón (Cristóbal), Bobadilla (Beatriz de), Bobadilla (Isabel de), Cueva (Beatriz de la)


El estudio de textos en español y en inglés que están al alcance de estudiantes de la escuela secundaria ofrece a los estudiantes de español la oportunidad de examinar el problema de las imágenes contradictorias en tomo a algunas mujeres excepcionales de la época de la Conquista. A través de los testimonios expuestos y de otros que irán apareciendo en forma de comentarios de clase o de investigaciones hechas por los propios estudiantes, éstos realizan un ejercicio en el cual se establecerán las opiniones sobre los personajes analizados. La intención no es llegar a una solución definitiva o a un punto de vista maniqueo y rígido sino examinar testimonios a veces opuestos, y considerar, con una actitud siempre tolerante, el valor de los argumentos presentados.

Para llevar a cabo este ejercicio, los profesores o maestros organizan una unidad de estudios sobre el tema de destacadas mujeres de la conquista. Por la lectura de textos en español y en inglés, acumulan información para ir filtrándola y analizándola escrupulosamente, hasta llegar a conclusiones más firmes y sólidas que las existentes en un principio. Se darán cuenta de la desinformación consciente realizada sobre algunos personajes femeninos relevantes y extraordinarios del mundo hispano en torno a los hechos ocurridos en las Indias durante la segunda mitad del siglo XV y la primera mitad del siglo XVI, a la vez que van adquiriendo conocimientos históricos de la época.


Las mujeres de la Conquista: Breves datos biográficos

Beatriz de Bobadilla (1458?-1504): Contemporánea de Cristóbal Colón, señora de la Gomera (Canarias), hija de Juan Fernández de Bobadilla y de doña Leonor Osorio de Vera. Se casó con Hernán Peraza (1481), de quien quedó viuda. Mujer de reconocida belleza a la que se atribuye supuestos amores con Cristóbal Colón.

Isabel de Bobadilla (1470-1536?): Sobrina de Beatriz de Bobadilla, casada con Pedro Arias Dávila, capitán general del Darién, fundador de Panamá y su gobernador. Intentó salvar la vida del descubridor del Pacífico Vasco Núñez de Balboa casándole con su hija María. Madre de ocho hijos, prefirió seguir a su marido hasta los

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últimos rincones del Nuevo Mundo, aun a sabiendas de las penalidades que esto le suponía.

Isabel de Bobadilla, hija (1505?-1546): Esta Isabel, del mismo nombre de su madre, fue la primera gobernadora de la isla de Cuba. En 1537 se casó con Hernando de Soto, gobernador de Santiago de Cuba. Cuando Soto abandonó Santiago de Cuba para dirigirse a la Florida, dejó encargada interinamente del gobierno a su esposa, quien tuvo que enfrentarse con grandes dificultades. Esta dama pasó a ser gobernadora de Cuba en 1543.

Beatriz de la Cueva (1498?-1541): Gobernadora de Guatemala y primera gobernadora del Nuevo Mundo, se casó con Pedro de Alvarado, capitán de Hernán Cortés, después de que éste quedase viudo de su hermana Francisca. Beatriz de la Cueva, al enterarse de la muerte de su marido, profirió palabras de desesperación, por lo que ha sido durísimamente criticada. Murió en la riada que azotó Guatemala en 1541, junto con otras seiscientas personas.




Textos y lecturas

Sobre la distorsión de la historia

*Powell, Phillip Wayne. Tree of Hate. New York: Basics Books, 1971.

El historiador Powell destaca la «epidemia cultural» que ha perjudicado la imagen histórica de la cultura española:

But the new, quickly solidified tradition of hate toward the inferior Spaniard distorted history and confused historians; grossly unfair to Spain and Spaniards since the British «tree of hate» bore so much evil fruit in the Western world; and very deceptive to many generations of English-speaking school children whose education has inherited the nearly unbridgeable gap of misunderstanding between Anglo and Hispanic cultures and peoples (79).


En el mundo actual, y de una manera sistemática, sobre todo a través de los medios de información, se puede observar aún como la retórica o la demagogia de los que venden sus ideas utilizan los cánones de la distorsión, como los que describe Powel en su libro.

Sobre varias mujeres de la Conquista

*Varner, John Grier and Jeannette Johnson Varner. Dogs of the Conquest. Norman: University of Oklahoma Press, 1983.

El dar por hecho todos los estereotipos y falsas creencias de las acciones de un pueblo sin tener prueba fehaciente de éstas nos separa de una seria aproximación histórica. Para hacer un discurso deformador «válido», es necesario apoyarlo con una serie de elementos semánticos capaces de penetrar las barreras conscientes del sentido común. Por ejemplo, los Varner ofrecen la siguiente observación: «Modern scholars have concluded that the Spaniards who came to impose their civilization on the Americas were men whose traditional heritage of cruelty had been given new impetus by quickly changing historical circumstances» (xiii).

En la cita anterior una serie de palabras como «modern», «have concluded», «impose», «traditional heritage» y «cruelty», van configurando, a favor o en contra, un mosaico ideológico en la mente del lector a medida que éste avanza en la lectura. Es un juego peligroso, pero sumamente eficaz. La razón es que una generalización como la anterior no deja lugar a especulación de ningún tipo. No se sabe ni la categoría intelectual, ni el número, la nacionalidad, o los planteamientos ideológicos que han hecho llegar a esos «modern scholars» a esa conclusión. Es más fácil utilizar un discurso pseudo-informativo que opere con la misma eficacia. No obstante, no se pueden ni deben suponer figuraciones hipotéticas con la historia, ni tomar conclusiones «a priori», sin haber antes agotado todas las fuentes a nuestro alcance para verificar los argumentos expuestos.

A título de mera especulación, basándose únicamente en un breve comentario de Michele de Cuneo, autor contemporáneo de Colón, que según otro autor tenía «una particular propensión a lo anecdótico y a las hablillas» (Cioranescu 148), los autores Varner dejan entrever su «sospecha» ante una posible aventura amorosa entre el famoso navegante y Beatriz de Bobadilla, supuestamente

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ocurrida en el primer viaje de Colón a las Islas Canarias, en la parada que hizo en la isla de la Gomera:

Doña Beatriz naturally would have found the blue-eyed and fair-haired Genoese attractive, though he as yet was not a man of proven significance. But suspicion of a brief affair between the two rests on the known moral laxity of the lady and on the casual statement of Columbus’s boyhood friend, Michele de Cuneo, that the admiral was «tinto d’amore» with her.


(Varner 3)                


Las proyecciones hipotéticas de este tipo no hacen más que distorsionar la realidad, creando información que encajaría mejor en una película de Hollywood o en una novela de supermercado más que en un libro de historia. Es, por lo tanto, un juicio incompleto que los estudiantes tendrán que subsanar con información adicional.

Los autores Varner acusan a otra de las grandes mujeres de la conquista, Beatriz de la Cueva, de «blasfema», dando a entender, indirectamente, que su muerte en una riada fue provocada por la ira de Dios por su mal proceder. Si bien en este caso, Beatriz de la Cueva, mujer del ya difunto gobernador de Guatemala y capitán de Cortés, don Pedro de Alvarado, tuvo algunos detractores que no podían ver a una mujer como encargada de la gobernación de Guatemala, dio pruebas suficientes de coraje y nobleza a lo largo de su vida para ser recordada con respeto y veneración. Sin embargo, los mencionados autores se refieren a ella en estos términos:

This grief-stricken woman, approached by a priest with words of consolation, broke into blasphemy against God. When on the following night a great flood swept her and six hundred others to their death, many blamed the catastrophe on her profanation. Through some thought her cadaver should have been cast to the many hungry dogs roaming the city, she was spared the ignominy.


(Varner 78)                


Gran injusticia la de pasar por la vida de una mujer de este carácter, mencionando únicamente algunas palabras de desesperación por la muerte de su marido, condenándola para siempre como «blasfema» y causante de la tormenta de agua que arrebató la vida a un gran número de personas de la región. Afortunadamente, historiadores con mayor claridad mental y menor dependencia de su fanático maniqueísmo religioso dan otra perspectiva de la que fuera primera gobernadora del Nuevo Mundo.

Sobre Beatriz de Bobadilla

*Cioranescu, Alejandro. Colón y Canarias. La Laguna: Goya Artes Gráficas, 1959.

Alejandro Cioranescu dedica todo un capítulo de su libro a Beatriz de Bobadilla. Después de haber estudiado en detalle esta figura y todas las posibilidades de un supuesto romance entre ella y Colón, concluye: «La leyenda de los amores canarios del Almirante puede ser bella, pero pertenece ala literatura» (151).

Cioranescu recoge la carta de Michele de Cuneo que se conserva en la Universidad de Bolonia y «cuya autenticidad no es del todo segura» (147), de la obra de éste, Racolta colombiana, vol. III, 2, pág. 96: «E questo fu facto per cagione de la Signora de dicto logo, de la quale fu alias il nostro signor Amirante tincto d’amore». (Todo ello se hizo por causa de la señora del dicho lugar, de la cual nuestro señor Almirante estuvo prendado en otros tiempos [Cioranescu 120].) Varios autores han tejido todo un romance teniendo como única base estas líneas escritas por Cuneo y conservadas en un documento cuya autenticidad se pone en duda, lo cual es estirar la evidencia hasta límites insospechados.

Comenta Cioranescu con respecto a Bobadilla:

Es sabido cuán fácil es fundar la mala reputación de una mujer... En cambio, conviene recordar qué es lo que se le pone en cargo, para dejarla por lo menos con los pecados que tiene, sin abrumarla con el peso de otros que no tuvo, o de los que nada sabemos.


(137)                


*Granzotto, Gianni. Christopher Columbus. Trans. by Stephen Sartarelli. New York Doubleday & Co., 1985.

El autor italiano Gianni Granzotto recoge las palabras del ya aludido Cuneo donde dice que el almirante «estuvo prendado» de Beatriz de Bobadilla, y además añade algo de su cosecha: «With all his sailing, they saw each other no more than a few

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days out of the year. A few days and a few nights, and no doubt Columbus spent a few more this time around with the lady of Gomera» (201). Las palabras «and no doubt...» dan la impresión de asentar una verdad incontrovertible.

*Obregón, Mauricio. Colón en el mar de los caribes. Bogotá: Tercer Mundo, 1990.

El autor colombiano Mauricio Obregón vuelve a recoger la información de Cuneo, refiriéndose a Beatriz en particular y a la familia Bobadilla en general, a los que califica como una «mafia». En referencia nuevamente a la parada que Colón hizo en la Gomera dice Obregón: «Cuneo nos cuenta que ahí queda tincto d’amore por su segunda Beatriz...» (66).

No se trata de exculpar los «pecados» que pudiera tener esta dama en su vida privada sino de no atribuirle hechos en los que no tuvo parte, infundados por la ya referida carta de Michele de Cuneo.

Afortunadamente, existe información suplementaria sobre Beatriz de Bobadilla «the lady of known moral laxity», y su familia. Fue la primera de la «dinastía» de las Bobadilla, toda una serie de mujeres que tuvieron una importancia vital desde los primeros momentos de la colonización.

Sobre Isabel de Bobadilla

*Casas, Bartolomé de las. Historia de las Indias. 3 vols. México: Fondo de Cultura Económica. 1965. (Esta obra fue comenzada en 1527 y terminada en 1559; su autor no quiso que se publicase hasta después de su muerte. Fue finalmente publicada por primera vez en Madrid en 1875.

Pariente de Beatriz de Bobadilla, Isabel de Bobadilla fue la mujer del fundador de Panamá y poblador de Nicaragua, D. Pedro Arias Dávila o «Pedrarias». Las Casas califica a esta última de «notable dueña»: «La mujer de Pedrarias era notable dueña, llamada doña Isabel de Bobadilla y también de Peñalosa, sobrina de la marquesa de la Moya... muy servidora de los Católicos Reyes» (Las Casas 3:32). Doña Isabel, madre de ocho hijos, siguió a su esposo hasta los últimos rincones del Nuevo Mundo, aun a sabiendas de las penalidades de todos conocidas en estos viajes.

Las Casas, en su Historia de las indias, deja testimonio de Isabel de Bobadilla, calificándola como «matrona varonil»: «Así que la dicha Isabel de Bobadilla, determinado Pedrarias de ir aquel viaje sin ella, ella, como matrona varonil, no quiso por ninguna manera quedar, sino seguir por mar y por tierra a su marido» (3:32). Las Casas se refiere a Isabel de Bobadilla como la «sobrina» y no la «hermana» de la marquesa de la Moya, amiga de Isabel la Católica.

*Ortega Martínez, Ana María. Mujeres españolas en la Conquista de México. México: Vargas Rea, 1945.

Este libro reproduce una valiosísima carta que escribió Isabel de Bobadilla a su marido Pedro Arias Dávila. El historiador italiano afincado en España, Pedro Mártir de Anglería (1457-1526), deja testimonio de dicha carta en su obra Décadas del Nuevo Mundo, escrita en el año 1511.

La carta dice así:

Amado esposo, me parece que nos unimos desde jóvenes con el yugo marital para vivir juntos, no separados. Adonde quiera que te lleve la suerte, ya entre las furiosas ondas del océano, ya en horribles peligros de tierra, sábete que te he de acompañar yo. Ningún peligro puede amenazarme tan atroz, ningún género de muerte puede sobrevenirme que no sea para mí mucho más llevadero que el vivir separada de ti por tan inmensa distancia. Es preferible morir una vez y que me echen al mar para que me coman los peces o a la tierra de los caníbales para que me devoren que no consumirme en luto continuo y perpetua tristeza, esperando, no al marido, sino a sus cartas. Esta es mi resolución, no tomada temerariamente, ni por el momento, ni por arrebato mujeril, sino maduradamente pensada. Escoge una de las dos cosas: o me cortas el cuello con la espada, o consientes en lo que te pido. (20)


*Acosta de Samper, Soledad. «Las esposas de los conquistadores». Boletín de la Academia de la Historia del Valle de Cauca, 25. 108 (1957): 140-54.

Acosta de Samper presenta una imagen positiva de Isabel de Bobadilla:

Ninguna penalidad la arredraba y su grande espíritu

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supo amoldarse a todas las circunstancias. Aquella dama criada en la corte de los Reyes de España, supo sufrir sin quejarse un clima mortal, y grandes escaseces; más aún, daba ejemplo a las demás mujeres y aun a los soldados, que a veces desesperaban, aguardando hambres, sustos, epidemias -durante las cuales morían centenares de españoles- peligros en mar y tierra y sobre todo las plagas características de aquellos países en que el hombre blanco no puede vivir con tranquilidad. Con razón el historiador Herrera dice que la llamaban la Excelente.


(150)                


Quizá el suceso más notorio de la vida de esta dama fuese el de querer salvar la difícil situación en que se encontraban su marido Pedrarias y el que fuera descubridor del mar del Sur o Océano Pacífico, Vasco Núñez de Balboa: «Doña Isabel quiso aplacar los odios de su marido con respecto de Vasco Núñez de Balboa y convino mandar llevar de España a su hija mayor, doña María, para casarla con el Descubridor del mar del Sur...» (150).

Isabel de Bobadilla, hija

* Garcilaso de la Vega, El Inca. La historia de la Florida. En Obras del Inca Garcilaso de la Vega. 4 vols. Biblioteca de Autores Españoles 132-35. Madrid: Atlas, 1960. (La historia de la Florida fue publicada por primera vez en Lisboa en 1605).

El Inca Garcilaso de la Vega, en el capítulo XIII del libro I de su Historia de la Florida, describe a Isabel de Bobadilla, poco antes de que el Adelantado Hernando de Soto partiese para la Florida, como una mujer «cuya hermosura era extrema» (261). Elogia también sus cualidades morales: «...y que el tiempo de poder navegar se iba acercando, nombró a doña Isabel de Bobadilla su mujer y hija del gobernador Pedro Arias de Ávila, mujer de toda bondad y discreción, por gobernadora de aquella gran isla...» (268; lb. 1, cap. XII). Isabel de Bobadilla nunca volvería a ver a su esposo tras su salida. Cuando por fin se enteró de la muerte de su marido, parece que su vida se apagó para siempre.

La bella hermana de doña Isabel, Leonor de Bobadilla, según cuenta Garcilaso, se casó con el «segundo» de Hernando de Soto, el capitán Núño de Tovar (267; lb. 1, cap. 8).

*Torre Revelló, José. «Esclavas blancas en las Indias Occidentales». Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas 6. 34 (1.927): 263-71.

Según Torre Revelló, Isabel de Bobadilla volvió finalmente a España con una esclava blanca de nombre «Isabel» a la que dio la libertad nada más morirse su marido, Hernando de Soto (269).

*Majó Framís, Ricardo. Vidas de los navegantes conquistadores y colonizadores españoles. 3 vols. Madrid: Aguilar, 1963.

En su estudio, Majó hace mención también de la familia Bobadilla, y da algunas descripciones pormenorizadas de algunas de estas mujeres. Refiriéndose al gobernador y capitán general del Darién, Pedrarias, el citado autor indica que una de las razones por las cuales Pedrarias recibió este puesto fue por estar casado con Isabel de Bobadilla: «Pedrarias logró ir allá por capitán y gobernador gracias a sus viejas amistades en la Corte; a ser conocido en la Corte de muy antiguo con el mote de Justador, y a estar casado con la Bobadilla...» (2: 188).

Refiriéndose a Isabel de Bobadilla, mujer de Pedrarias, Majó menciona el origen de ésta: «De familia de hebreos, o de afines de hebreos, es también su mujer, la Bobadilla, sobrina o prima de aquella marquesa de la Moya, que fue el hada madrina de Colón y estuvo casada con Andrés Cabrera...» (2: 130). También hace mención de Isabel de Bobadilla, hija de la otra Isabel del mismo nombre y mujer del gobernador de la Florida Hernando de Soto: «Contrajo matrimonio con una hija de Pedrarias, de nombre Elvira, o Isabel, pues otra no podía ser, ya que las hijas de Pedrarias citadas en el testamento que el viejo capitán, de estirpe de judíos hecha cristiana, otorgó, antes de partir para Castilla del Oro...» (2: 929). Majó sigue describiendo a las hijas de Pedrarias con calificativos poco halagüeños: «doña Elvira y doña Isabel, niñas cuando Pedrarias marchó a Indias, y que en 1536 -veintidós años después- serían unas lentas solteras de embrumada soltería» (2: 929). Más adelante, cuando el mismo

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autor describe el matrimonio entre Hernando de Soto e Isabel de Bobadilla, vuelve a presentar sus claros prejuicios:

Se trataba de un matrimonio artificioso, bien pensado de gente vieja, y que entraba tanto el cálculo como un reflejo del poniente de esta pasión que se llama amor. La fama tiene dibujadas a las hijas de Pedrarias como a largas estantiguas, de velo negro, pertinaces en el rezo y en la vida célibe.


(2: 930)                


Con la construcción «La fama tiene dibujadas...», se da, paradójicamente, el ejemplo opuesto de la Beatriz de Bobadilla de los autores Varner, «the lady of moral laxity». No hay salida posible para estas mujeres; o son muy beatas o muy frívolas. Majó, más adelante, vuelve a calificar a la Isabel de Bobadilla, antes citada, con los calificativos de «adusta solterona», «altiva», «obstinada soltera...» Triste destino el de estas mujeres que son pre-juzgadas por su credo religioso o las acciones de sus antepasados.

Sobre Beatriz de la Cueva

*López de Gómara, Francisco. Historia de las Indias. Biblioteca de Autores Españoles 22. Madrid: Atlas, 1946. (Fue publicada por primera vez en 1552 en Zaragoza.)

Si nos remontamos a las fuentes de información de la época, se observará que ni siquiera Gómara (1511-1559), hace casi 500 años, se atreverá a emitir un juicio condenatorio de esta mujer cuando explica los hechos ocurridos; más bien al contrario, la disculpará de sus acciones y palabras diciendo que fueron dichas «sin corazón ni sentido»:

Hizo doña Beatriz de la Cueva grandes extremos, y aun dijo cosas de loca, cuando supo la muerte de su marido. Tiñó de negro su casa por dentro y fuera. Lloraba mucho; no comía, no dormía, no quería consuelo ninguno; y así, diz que respondía á quien la consolaba, que ya Dios no tenía más mal que hacerle; palabra de blasfemia, y creo que dicha sin corazón ni sentido...


(286)                


Más adelante, durante la espantosa tormenta que azotó Guatemala en 1541, donde murieron 600 personas, entre ellas Beatriz de la Cueva, Gómara se lamenta de la muerte de esta mujer, que tuvo la oportunidad de haberse salvado si no hubiera salido de su habitación para refugiarse en una capilla: «Por devoción y miedo entróse á un oratorio suyo con once criadas. Subióse encima del altar, abrazóse con una imagen, encomendándose á Dios. Cargó la fuerza del agua, y derrocó aquella cámara y capilla, como á otras muchas de la casa, y ahogólas...» (286).

Durante esa tormenta, cuenta Gómara que se escucharon todo tipo de historias (286). Gómara a todo esto dice con una mentalidad mucho más moderna que la de algunos de los ejemplos vistos anteriormente: «También cuentan que vieron por el aire y oyeron cosas de gran espanto. Pudo ser; empero con el miedo, todo se mira y piensa al revés» (286). La superstición fue un factor digno de tener en cuenta durante estos acontecimientos; sin embargo, hubo otros dignos de consideración como el de la envidia que muchos tenían a Beatriz de la Cueva por pasar a ser gobernadora, la primera en el Nuevo Mundo.

* Fuentes y Guzmán, Francisco Antonio de. Historia de Guatemala o Recordación Florida. Madrid: Luis Navarro, editor, 1883.

Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, en el Libro IV, Capítulo VII, defendiendo a Beatriz de la Cueva de las críticas de muchos que no quedan ver a una mujer en un puesto de tanta autoridad, compara la gobernación de Guatemala a algunas de las nacientes monarquías europeas. Tanto la una como las otras estuvieron en algún tiempo gobernadas por mujeres.

Y sin en tan antiguos reinos, a donde sobran hombres, y hombres que llaman grandes, gobernaron mujeres tan altas, ¿Qué mucho que en Goathemala, Reino recién fundado, gobernara una mujer que no era de la menor esfera? Y más que México y Lima tendrá Goathemala que contar, entre sus blasones, lo que las monarquías de Francia, Inglaterra, España y Flandes, a quienes gobernó y mantuvo gobierno de mujeres; siendo ejemplar en nuestras Indias occidentales este accidente glorioso de Goathemala que, desde el principio de su infancia, empezó a correr parejas de grandeza con las mayores monarquías de Europa. Y, en fin, a veces es mejor ser gobernado de una mujer heroica, que de un hombre cobarde y flaco.


(163-64)                





Ejercicios de clase



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Los textos de la conquista, como se ha podido apreciar, corren el riesgo de ser enjuiciados y moldeados de un modo diferente, muchas veces, del que los sucesos indican. Los casos de estas grandes y desconocidas mujeres son solo un lamentable ejemplo de la injusticia y deformación que se puede hacer a personajes tan relevantes de nuestra historia. A través de las siguientes actividades, los estudiantes podrán apreciar cómo las observaciones iniciales de Michele de Cuneo han dado lugar a tergiversaciones notorias.

    I. Preguntas.

    Los estudiantes deben utilizar selecciones de la bibliografía para responder lo más acertadamente posible a las siguientes preguntas.


    1. ¿Quién era Michele de Cuneo y cuántos autores modernos le citan?
    2. ¿Qué evidencia existe sobre los supuestos amores entre Colón y Beatriz de Bobadilla?
    3. ¿Se puede juzgar la maldad o la bondad de un pueblo?
    4. ¿Es más fácil crear una leyenda que buscar evidencia histórica? Ponga algunos ejemplos.
    5. ¿Qué pruebas serían necesarias para verificar el testimonio expuesto por varios «historiadores»?
    6. ¿Cuál es la relación entre las mujeres Bobadilla?
    7. ¿Qué testimonio han dejado los historiadores antiguos acerca de estas mujeres?
    8. ¿Fue Beatriz de la Cueva responsable de las tragedias ocurridas en Guatemala?
    9. ¿Qué relación existe entre los fenómenos meteorológicos y la actitud moral de las personas?
    10. ¿Cómo han estado considerados los españoles que no eran cristianos? ¿Existe algún prejuicio en el mundo cristiano contra el mundo semítico hoy en día? ¿Existe algún prejuicio en el mundo protestante contra el mundo católico? Ponga ejemplos.

    II. Identificaciones

    1. Beatriz de Bobadilla.
    2. Isabel de Bobadilla (casada con Pedrarias).
    3. Isabel de Bobadilla (casada con Hernando de Soto)
    4. López de Gómara.
    5. Garcilaso de la Vega, el Inca.

    III. Temas para debate.

    1. ¿Quién crea la verdadera historia?
    2. ¿Quiénes deciden si los personajes históricos son «buenos» o «malos»?
    3. ¿Qué sabemos con certeza acerca de las mujeres que participaron en la conquista?
    4. ¿Qué importancia tuvo la religión en la época de estos acontecimientos?
    5. ¿Existen grandes diferencias entre los juicios de los escritores antiguos y los contemporáneos en lo que respecta a las mujeres de la Conquista?




Conclusiones

Hemos visto algunos ejemplos de mujeres pertenecientes a la historia del mundo hispano que han sido distorsionados por diferentes razones -históricas, religiosas, cronológicas, o de sexo. El poder tener acceso a distintas fuentes de información amplía enormemente nuestro punto de mira. No existe una «verdad» categórica, sino muchas perspectivas, y cada una reclama su validez. Sin embargo, merece la pena prestar más atención a los documentos auténticos y originales producidos por las circunstancias del momento, en donde la parcialidad suele ser menor que en los testimonios escritos siglos más tarde.





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