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151

Véase la real cédula de merced, que lleva fecha de 30 de noviembre de 1681, en López de Avilés, obra citada, pp. 118-119. (N. del A.)

 

152

Arrángoiz, México desde 1808, etc., t. I, p. 43, apéndice.

Los literatos mexicanos tuvieron también entonces motivos para recordar al difunto arzobispo-virrey. López de Avilés escribió en verso su Debido recuerdo de agradecimiento, que imprimió en 1684, y que hasta hoy constituye, aunque en forma difusa, por la multitud de notas con que ha pretendido exornar el texto, la biografía más noticiosa de fray Payo de Ribera; el padre Gaspar de los Reyes predicó un Sermón a sus honras en Antequera de Oaxaca; y Diego de Ribera sus Fúnebres métricos lamentos.

Fuera de las otras citadas en el curso de las páginas precedentes, debemos recordar otras en que se contienen rasgos biográficos del antiguo obispo de Guatemala. Hállanse, en efecto, en la Gaceta de México, número 100, de Marzo de 1736; en los Concilios de México, del arzobispo Lorenzana; en el Diccionario, de Alcedo; en los Tres siglos de México, de Cavo; en México a través de los siglos, todos muy breves. La más extensa de las modernas es la que se registra en El episcopado mexicano, de Sosa, pp.. 142-149. (N. del A.)

 

153

Así lo declara en su testamento, que insertamos más adelante, y repite en su fe de defunción que acompañamos a la nota 6 de esta biografía. (N. del A.)

 

154

Como de cincuenta años, se dice en su fe de defunción, extendida en 2 de octubre de 1680. (N. del A.)

 

155

Este privilegio nos es hoy desconocido, por cuanto se le extravió al hijo de Pineda Ibarra y no quedó copia de él, según parece, en los archivos; pero su existencia consta del expediente que publicamos al final de la biografía de Antonio de Pineda Ibarra. En cuanto a su fecha, debe fluctuar entre 1660 y 1667, último año del gobierno de Mencos. (N. del A.)

 

156

La anotación de su fe de defunción, que publicamos aquí, contiene algunos particulares de su entierro y de las circunstancias en que murió:

«En el año del Señor de mil seiscientos y ochenta, en dos de octubre de dicho año, Joseph de Pineda Ibarra, vecino que fue de esta ciudad y natural de la de México, en la Nueva España, hijo de D. Diego de Ibarra y de Joana Muñiz de Pineda, difuntos, de edad como de cincuenta años, habiendo antes recebido el Santo Sacramento de la Eucaristía, volvió su alma a Dios, cuyo cuerpo fue sepultado en la capilla de la Tercera orden del Señor San Francisco, donde era hermano profeso, que así fue su voluntad, por cláusula de testamento que otorgó ante Pedro de Contreras, escribano real, y en él dispuso que a su cuerpo acompañasen la cruz y cura y sacristán de esa Santa Iglesia Catedral, en la forma que acostumbraba la Hermandad de la Caridad de la plaza mayor, de que era hermano. Mandó también se diese un real de limosna a cada una de las mandas forzosas, y no dejó otra cosa, por haber fallecido muy pobre; y para que conste, yo el bachiller Nicolás Dávila, teniente de cura en esta Santa Iglesia, lo firmé.- Bachiller Nicolás Dávila.



Hoja 109 vuelta, Libro 1.º de Defunciones. (N. del A.)

 

157

En la fe de defunción de Antonio de Pineda (la publicamos más adelante), que es de 21 de septiembre de 1721, se le asigna la edad de 56 años, y según eso, habría nacido en el año 1665. Indicamos en el texto el de 1661, porque en el testamento de José de Pineda Ibarra dice que tenía su hijo 18 años cumplidos, y por consiguiente, no enteraba todavía 20 en 1680. (N. del A.)

 

158

Debemos advertir que el único impreso guatemalteco que podemos citar con esta fecha, no lo hemos visto, pero, caso de existir, debe llevar el nombre de Antonio. (N. del A.)

 

159

Véase el número 64159.1. Cuando se trataba de alguna obra en latín, traducía ese título o grado militar por da palabra vexilliferum. (N. del A.)

 

159.1

(Medina, La Imprenta en Guatemala. Santiago, 1910.) (N. del E.)

 

160

He aquí su fe de defunción:

«En el año del Señor de mil setecientos y veinte y uno, en veinte y un días del mes de septiembre, D. Antonio de Pineda Ibarra, impresor que fue de esta ciudad, casado que fue con doña Manuela Caraballo, de edad de cincuenta y seis años, habiendo recebido todos los Sacramentos que nuestra Santa Madre Iglesia acostumbra dar a los enfermos, volvió su alma a Dios y su cuerpo fue sepultado en esta Santa Iglesia Catedral por cláusula de testamento que otorgó ante D. Mateo Hurtado, escribano público, en el cual deja por albacea a la dicha su mujer Manuela Caraballo del Zaz, y a D. Luis Muñoz, y por herederos, a dicha su mujer e hijos legítimos; y para que conste, yo el bachiller D. Lorenzo Ramírez de Arellano, cura rector interinario de esta Santa Iglesia Catedral, lo firmé. -Bachiller don Lorenzo Ramírez de Arellano».



(Hoja 163, Libro de defunciones de 1689-1739). (N. del A.)