Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.

1800.        Historia de la Compañía de Jesús de la provincia de Andalucía (manuscrito en la Universidad de Sevilla). Otro incompleto en un tomo de Misceláneas de Colombina. Esta obra debía imprimirse íntegra como modelo de lengua. Las copias antiguas son [71] muy raras. Trata principalmente de Constantino en tres capítulos, titulados: Lo que los herejes intentaban por este tiempo en Sevilla, y la resistencia que les hicieron los nuestros.-Cómo Constantino pretendió entrar en la Compañía, y Nuestro Señor la libró de esta peste e infamia.-Cómo libró Nuestro Señor la Compañía de este peligro, y el fin que tuvo Constantino.

Anterior


1801.        Toda esta relación va fundada en Reinaldo González de Montes, p.275 a 297 de la edición latina y 303 a 330 de la castellana.

Anterior


1802.        Archivo Municipal de Sevilla.-Papeles de D. Félix González de León.-Apuntes curiosos: «Hoy (no se ha podido averiguar el día) se ha suicidado el Dr. Constantino en la cárcel de la Inquisición, rompiendo el vaso en que le entraban el vino.»

     Lo confirma CABRERA en la Historia de Felipe II (p.235 y 236 de la edición de 1619): «Quemaron los huesos del Dr. Constantino, porque se mató en la cárcel con un cuchillo. Era luterano, casado con dos mujeres, viviendo ambas, y tomó el Orden Sacerdotal también.»

     Reinaldo González de Montes escribe: «Decreverunt (Inquisitores) frequentibus sparsis rumoribus, vitreis fragmentis scissa vena, ut dolorem atque ignominiam supplicii effugeret, mortem sibi conscivisse» (p.292).

     Cf. además VALERA, Tratado del papa y de la missa (p.251 de la reimpresión de Usoz).

Anterior


1803.        Era hijo natural de D. Pedro Afán de Ribera, duque de Alcalá, marqués de Tarifa, adelantado mayor de Andalucía, virrey que fue de Cataluña y de Nápoles.

Anterior


1804.        Me comunicó este peregrino documento mi amigo D. Manuel Goicoechea. Está trasladado de una copia de letra del tiempo: cuatro hojas en folio, numeradas 463, 465, 467 y 469. Las intermedias están en blanco (Biblioteca de Salazar, manuscrito 82, Escrituras t.67; Corona de Aragón, Biblioteca de la Real Academia de la Historia, estante 6.º, grada 1.ª).

     Como las noticias del Dr. Constantino son tan escasas, no quiero omitir ninguna de las que han llegado a mis manos. Tengo a la vista el facsímile de una carta de pago de Constantino, conservada en el Archivo Municipal de Sevilla. Se refiere a la exención del pago de la blanca sobre la carne y a la indemnización de 560 maravedises, que por ende recibió del receptor Juan Coronado en 12 de mayo de 1558. Es quizá el único autógrafo del doctor que se conserva.

     En la Relación de las pruebas de Diego Zapata del Mármol para la capilla de los Reyes Nuevos, dice uno de los testigos que «Gaspar Tristán o Gaspar Zapata casó en Sevilla... y a éste quemaron en estatua por errores de Constantino y averse impreso en su casa los libros de sus errores; huyó también su mujer y prendiéronla en Barcelona; trayda a Sevilla, la dieron por libre...». Para comprobar esta declaración buscóse el sambenito en la catedral de Sevilla y no se halló; y respondió un inquisidor que no todos los sambenitos estaban en las iglesias (Miscelánea, en folio, del marqués de Montealegre, conde de Villaumbrosa, n.5 t.5 fol.243; Biblioteca de la Academia de la Historia estante 6.º, grada 6.ª Otra copia de las mismas pruebas en la colección de SALAZAR, Escrituras t.19 fol.292v.º; Biblioteca de la Academia de la Historia, estante 8.º, grada 5.ª).

Anterior


1805.        «Era español de nación, mas criado en Alemania entre herejes, donde bebió la ponzoña de las herejías, de manera que los principales heresiarcas lo habían elegido, a imitación de lo que se cuenta en los Actos de los Apóstoles, por uno de los siete diáconos de su Iglesia, o por mejor decir, sinagoga de Satanás. Salió de Alemania con designio de infernar toda España y corrió gran parte de ella, repartiendo muchos libros de perversa doctrina por varias partes... y especialmente en Sevilla... Era sobremanera astuto y mañoso; condición propia de herejes. Entraba y salía por todas partes con mucha seguridad en sus trazas y embustes, pegando fuego en donde ponía los pies» (Historia de la Compañía de Jesús en Andalucía).

Anterior


1806.        «In tantulo corpore atque eo ipso adeo strigoso ut ex ossibus et pelle tum videretur constare...» (p.217 de la edición latina y 257 de la castellana).

Anterior


1807.        «El Dr. Juan Pérez, de pía memoria, año de 1556, imprimió el Testamento Nuevo, y un Julián Hernández, movido con el zelo de hazer bien a su nación, llevó muy muchos destos Testamentos y los distribuyó en Sevilla, año de 1557», dice Cipriano de Valera en la Exhortación que precede a su Biblia.

     En el Tratado del papa y de la missa (p.249) viene a decir lo mismo: «Uno llamado Julián Hernández (al cual los franceses, por ser muy pequeño de cuerpo, llamaban Julián le Petit), con gran deseo y zelo que tenía de hazer algún servicio a Dios y a su patria, sacó de Geneva (sic por Ginebra) dos grandes toneles llenos de libros españoles, de aquellos que dijimos el doctor Juan Pérez haber imprimido en Geneva... Y los metió dentro de Sevilla y los repartió.»

     Reinaldo González de Montes dice que los libros fueron escondidos en casa de Ponce de León: el P. Roa, que en San Isidro.

Anterior


1808.        Tratado del papa p.251 de la reimpresión de Usoz.

Anterior


1809.        Cf. su biografía en MONTES, p.237 a 255 de la edición latina y 258 a 281 de la castellana.

Anterior


1810.        El mismo de quien habla el Testamento del patriarca Ribera.

Anterior


1811.        «Testatum (inquit) tibi per Deum facio, nequaquam te, ut cogitas, e sublimi tum spectaturum ludos, quin potius in ipsa arena futurum» (página 252 de la edición latina).

Anterior


1812.        El P. Roa pondera también su inaudita hipocresía: «Comía en el refectorio con extremada abstinencia, y después se regalaba en secreto espléndidamente; fingía penitencias de ermitaño, y usaba tablas por cama en la antecelda, y en el retrete interior colchones mullidos».

Anterior


1813.        Cf. MONTES, p.234 a 236.

Anterior


1814.        MONTES, p.200 a 205 de la edición latina y 219 a 225 de la castellana.

Anterior


1815.        Cf. MONTES, p.206 a 209, y ADOLFO DE CASTRO, p.283.

Anterior


1816.        MONTES, p.231 a 233 de la edición latina y 252 a 255 de la castellana.

Anterior


1817.        MONTES, p.214 a 216 de la edición latina y 234 a 237 de la castellana.

Anterior


1818.        MONTES, p.210 a 213 de la edición latina y 229 a 234 de la castellana.

Anterior


1819.        Todas las señas convienen: «Al principio traía estampado el Papa arrodillado a los pies del demonio, y decía ser impreso con licencia de los señores inquisidores... Sintió luego mal del negocio y luego dio dello aviso a los señores inquisidores: olió el Julián lo que pasaba, y huyó. Los señores inquisidores se dieron tan buena maña y pusieron tal diligencia por todos los pueblos y caminos, que vinieron a prenderle en la sierra de Córdoba, junto a Adamuz.»

Anterior


1820.        Como muestra de las sentencias del Santo Oficio, insertamos la de Ponce de León, tomada del traslado que existe en la Colombina (t. 118 de Manuscritos varios):

     «Fallamos, atentos los autos y méritos de este proceso, que el dicho fiscal probó y pronunciamos su bien y cumplidamente su acusación y querella. Damos y pronunciamos su intención por bien probada, y que el dicho D. Juan P. de León no probó cosa que le pudiese relevar: por ende debemos declarar y declaramos al dicho D. Juan P. haber sido y ser hereje apóstata lutherano, dogmatizador y enseñador de la dicha seta de Luthero y sus secuaces, hallándose en algunos ayuntamientos y conventículos con otras personas secretamente, adonde se trataba de la dicha maldita seta y sus errores, en grandísima ofensa de Dios N. Sr. y de su sancta fée cathólica y ley evangélica, y haber sido ficto y simulado confitente, y que las confesiones fueron más por conservar la vida que por salvar el alma, y por ello haber caído e incurrido en sentencia de excomunión mayor y estar ligado della, y en todas las otras penas y censuras en que caen e incurren los tales herejes lutheranos, dogmatizadores y enseñadores de nueva seta y errores que debajo del título y nombre de Christiano hacen y cometen semejantes delitos, y en confiscación y perdimiento de todos sus bienes, en los quales le condenamos, y aplicamos a la cámara y fisco de Su Md., del tiempo que cometió los dichos delitos a esta parte, cuya declaración en nos reservarnos.-Otrosí relaxamos la persona del dicho D. Juan Ponce de León a la justicia y brazo seglar, especialmente al muy magnífico Sr. Licenciado Lope de León, asistente por Su Md. de esta ciudad, y a sus lugares thenientes, a los cuales muy afectuosamente rogamos que se hayan benigna y piadosamente con el dicho D. Juan P.; y porque el delito de la herejía es tan gravísimo que no se puede buenamente punir ni castigar en las personas que le cometen, y las penas se extienden a sus descendientes, por ende declaramos; sus hijos y nietos del dicho D. Juan P. por línea masculina ser inhábiles para poder tener cualquier oficio público, o de honra o beneficio eclesiástico, y que no puedan usar de las otras cosas prohibidas a los hijos y nietos de los semejantes condenados, así por derecho común, leyes y premáticas destos reynos como por constituciones del Santo Oficio, las quales habemos aquí por expresadas; y por esta nuestra sentencia, juzgando así, lo pronunciamos y mandamos en estos escritos, y por ellos.-El Obispo de Tarazona.-El Licenciado Andrés Gasco.-El Licenciado Juan de Ovando».

     En el mismo códice está la retractación de Gregorio Ruiz, natural de Valdeiglesias, en el arzobispado de Toledo.

Anterior


1821.        Es el que Montes llama Juan Fernández. Véase para toda esta narración, y excusamos más referencias, las páginas 198 a 297 de su libro en la edición latina, y el Tratado del papa, de CIPRIANO DE VALERA, páginas 242 a 252 de la reimpresión de Usoz, de donde tomaron sus noticias Llorente y Adolfo de Castro. Tengo, además, a la vista una relación manuscrita del auto, que este último me comunicó, y otra que se lee en el tomo 118 de Misceláneas de la Colombina.

Anterior


1822.        REINALDO GONZÁLEZ DE MONTES, p.50 de la edición latina: Publicatio testium.

Anterior


1823.        Cf. LLORENTE, t.4 p.239.

Anterior


1824.        Cf. el capítulo que sigue.

Anterior


1825.        Reinaldo González de Montes (p.87 a 91) afirma que los ministros de la Inquisición les arrancaron las confesiones con indignas artimañas. Como es autoridad solitaria y tan sospechosa, déjolo en duda y me limito a consignarlo.

Anterior


1826.        Llamábase el primero Guillermo Franck; el segundo Bernardo Franchi.

Anterior


1827.        La historia de Burton puede leerse en Montes (p.190 a 195), que cuenta otra historia semejante de un alemán llamado Rehukin.

Anterior


1828.        MONTES, p.197 a 201.

Anterior


1829.        Así lo refiere el P. Roa en la Historia (manuscrita) tantas veces citada.

Anterior


1830.        T.5 p.52.

Anterior


1831.        Poseo una relación manuscrita, copiada en la Biblioteca de la Universidad de Alcalá por D. Tomás Muñoz Romero. Para los demás autos cf. LLORENTE, t.5 p.109 a 120.

Anterior


1832.        Historia de las alteraciones de Aragón, por el marqués de PIDAL (Madrid, imprenta de Alegría, 1863) t.3 l.10.

Anterior


1833.        Añádase la siguiente noticia, comunicada por el Ilmo. Sr. Obispo de Pamplona: «Hacia el año de 1572 se verificó la unión que se hizo al obispado de Pamplona de los arciprestazgos y valles de Baztán, Sant. Esteban de Lerín, y cinco villas de la Montaña, que pertenecían a la diócesis de Bayona, y fue, según parece, de esta manera. El Rey D. Felipe II representó al Papa San Pío V, que la referida ciudad y diócesis de Bayona se hallaban infectas de la herejía de Calvino, y que aun el mismo Obispo estaba tachado; y que si sus súbditos los habitantes de los citados tres valles se veían precisados a pasar a Francia para obtener justicia, corrían riesgo de infectarse ellos, y de traer la herejía a España; por lo que suplicó a su Santidad que dispensando a dichos habitantes de la necesidad de comunicar a Francia, mandase al Obispo de Bayona que, dentro de seis meses, nombrase y cometiese un vicario general, que fuese natural español por el tiempo que durase la herejía, para que administrase justicia a sus súbditos españoles. Su Santidad lo mandó, según pedía el Rey católico; mas como el Obispo de Bayona no cumpliese lo mandado, expidió el Papa su segunda bula, por la que apartó de la jurisdicción espiritual del Obispo de Bayona los citados valles con sus pueblos, que estaban dentro de la dominación del Rey de España, y concedió sus derechos al Obispo de Pamplona; y para denotar, sin duda, que esta jurisdicción era delegada, y unión interina y provisional, mientras subsistiese la herejía, ordenó y declaró el Papa que las apelaciones de los lugares así apartados fuesen y quedasen para el auditorio del Obispo de Calahorra, no obstante que las causas del ordinario de Pamplona iban en apelación al metropolitano de Zaragoza.»

Anterior


1834.        Me comunicó estos preciosos datos, tomados del Archivo de la ciudad de Cádiz, mi amigo D. Adolfo de Castro. De sus extractos resulta que sólo 180 vecinos de Cádiz fueron procesados por el Santo Oficio desde su creación; de ellos sólo 11 relajados en persona, 21 en estatua, 146 reconciliados, y se condenó la memoria de dos. No cito los nombres porque son todos oscurísimos.

Anterior


1835.        Pueden verse en el apéndice los documentos relativos a este negocio, copiados para mí por el diligente catedrático de la Universidad de Oviedo D. Fermín Canella de los originales que, procedentes de una antigua escribanía, llegaron a manos de un amigo suyo.

Anterior


1836.        Se estableció aquel tribunal en 18 de agosto de 1570. Cf. Crónica de la Provincia de San Diego de Méjico, por FR. BALTASAR DE MEDINA (Madrid 1682), y LLORENTE, t.6 p.158 y 159.

Anterior


1837.        Cf. LEÓN PINELO, Anales de Madrid (Biblioteca Nacional, G-55, Manuscritos), y PELLICER, Origen de la comedia y del histrionismo (Madrid 1804) t.1 p.104 y 105.

Anterior


1838.        Documentos inéditos p.528 del t.5.

Anterior


1839.        Documento de Simancas, que me comunicó en copia D. Adolfo de Castro. Hállase la primera noticia de él en los Apuntamientos para la historia del Rey Don Felipe II de España por lo tocante a sus relaciones con la reina Isabel de Inglaterra desde el año 1558 hasta el de 1576 (p.53), trabajo del archivero D. Tomás González, inserto en el t.7 de Memorias de la Academia de la Historia.

Anterior


1840.        Documento de Simancas, copiado por D. Adolfo de Castro, que me comunicó generosamente los materiales que reunía para la segunda edición de su Historia de los protestantes españoles. También puede verse en los Documentos inéditos t.13.

Anterior


1841.        Debe de ser el mismo Gaspar Tristán, impresor de los libros del Dr. Constantino, a quien se ha dicho algo en el capítulo anterior.

Anterior


1842.        P.93 de los Apuntamientos ya citados.

Anterior


1843.        C.21 a.2 t.4 p.265.

Anterior


1844.        Cf. la biografía de Juan Pérez, escrita por WIFFEN, que precede a la Epístola consolatoria.

Anterior


1845.        «Vino a mis manos (dice en una Alocución al lector que precede al libro) tan [91] estragado el original, y tan viejo, por causa del mucho tiempo que hacía que estaba escrito por las manos del mismo autor, que ha costado gran trabajo sacarlo a la luz.» Indudablemente le comunicaron el manuscrito los discípulos italianos de Valdés.

Anterior


1846.        El Testamen- to Nuevo de nues- tro Señor (sic) y Salva- dor Jesu-Christo. Nueva y fielmente traduzido del original Grie- go en romance Castellano. (Enseña del impresor: una Y griega, con un hombre que tiene el brazo derecho levantado y otro que va a caer en una hoguera. El lema es: Estrecho el camino de la vida y ancho el de la perdición.)-En Venecia, en casa de Iuan Philadelpho. M.D.LVI. (En 8.º; 12 hojas preliminares, 746 páginas dobles y una hoja de Aviso al lector. Biblioteca Nacional de Madrid.) Otro ejemplar existe entre los libros de Usoz; ídem en la Biblioteca de Salvá; íd. en la Biblioteca Nacional de París. Es obra rarísima, pero no tanto como la de Francisco de Enzinas. Cf. PELLICER (Ensayo de una Biblioteca de traductores españoles p.120, 121 y 122) y los catálogos de La Serna Santander, Salvá, etc.

     Los Psalmos de David con sus Su marios, en que se de- clara con brevedad la contenido en cada Psalmo, agora nueva y fielmente traducidos en romance Castellano por el doctor Juan Pé rez, conforme a la verdad de la lengua Sancta. Salmo LXXXV. Muéstranos, Señor, tu misericordia, y danos tu salud. En Venecia, en casa de Pedro Daniel. M.D.LVII. (Todavía más raro que el Nuevo Testamento. Me he valido del ejemplar de la Biblioteca Nacional de París.) En 8.º; 14 hojas sin foliar de preliminares, 118 folios y dos hojas sin foliar de Tabla, y otra con la significación de la palabra Sela.

     En la dedicatoria escribe: «Y pues la Divina bondad ha hecho a Vuestra Alteza tan singular merced que tenga por principal intento conocerse assí y conocer a Dios, y seguir la verdad que enseña nuestro Redemptor, y siendo el Sancto Propheta David tan bueno y acertado maestro de estos dos conocimientos, por aver sido enseñado de el Espíritu Santo, y teniendo yo mucho ha deseado servir a Vuestra Alteza, no hallé otra cosa más propia para dar verdadero testimonio de mi deseo que traducir su Psalterio en romance castellano, y dedicarlo a Vuestra Alteza, para que sea la primera que saque y goce de los frutos que en él se hallan... De leer en nuestra propia lengua en que nacimos las cosas que nos son necesarias a salud, venimos a tomar gusto y afficionarnos a ellas.»

     De la Declaración son notables estos lugares: «Todas las palabras de Dios fueron scriptas con un espíritu, y son todas de gran virtud, más los Psalmos tienen una energía de tanta fuerza, que penetran el corazón, y descubren aún hasta los más ocultos y más delicados affectos que en él están, y por una maravillosa manera los sacan a luz, y se los descubren al hombre, poniéndoselos tales quales son, delante de los ojos... Las escripturas humanas pueden consolar en los trabajos y dar alivio tal cual en las necesidades. Mas el consuelo y alivio que dellas se recibe es de poca dura, no passa de las orejas adentro: luego se desvanece, y se queda el hombre en las mismas tristezas y miserias que antes, o por ventura en mayores. Privilegio de sola la palabra divina es penetrar hasta lo más íntimo y secreto del corazón: curar y medicinar allí dentro las llagas que en él están... Toda la Escriptura divina hace tales effectos, más los Psalmos singularmente son aventajados en esto. Por ellos se minan todas las cuevas y profundidades del corazón, se desenvuelven los affectos y pasiones que fatigan y afligen al ánima, y se reciben otros nuevos affectos venidos del cielo, con que el Christiano revive y despierta de la tristeza del sueño que le acarrea la tribulación... Los Psalmos nos son como una áncora firmíssima para tenernos siempre en la unidad de la fe y del Espíritu de Dios, y no ser apartados de la unión de su Iglesia de la unión de su Iglesia, con las muchas sectas y errores que hay por el mundo... De los Psalmos unos son como guiones para encaminarnos a Dios: otros muchos como espuelas para hacernos aguijar a demandarle socorro en la aflicción: otros como freno con que refrenar nuestras concupiscencias y todo lo que en nosotros contradice a la ley divina... Son como poemas de suavísimo olor», etc.

     El prólogo del Nuevo Testamento se parece mucho. En uno y otro quiere el autor pasar por católico: «La otra de las causas que me movieron a este trabajo, fue por servir a la gloria de mi nación... que se gloria de estar la más limpia y la más pura de todas las otras naciones, quanto a los errores que se han levantado en el Mundo contra la Religión Christiana... Cada qual de la nación debe trabaxar quanto pudiere en que tal gloria no se pierda. Yo por mi parte he procurado de dar los defensivos, con que esté siempre guardada de mal, y que los errores no hallen lugar ni entrada en ella...»

Anterior


1847.        Breve Tractado de la doctrina An- tigua de Dios i de la nue- va de los hombres, útil y necessario para todo fiel Christiano. Jeremías, cap. 6. Esto dize el Señor: Estad en los cami- nos, y mirad, i preguntad por los ca- minos antiguos, i sabed cuál es el buen camino, i andad por él; i hallaréis refrigerio para vuestras ánimas. S. Juan, cap. 14. Yo soi el camino, la verdad i la vida. Nin- guno viene al Padre sino por mí, dize el Señor Todopoderoso. Fue impreso Año de 1560.

     El único ejemplar conocido es el que adquirió en Londres Wiffen, y sirvió para la reimpresión de Usoz (t. 7 de los Reformistas Antiguos Españoles):

     Breve Tratado de Doctrina útil para todo cristiano (Dispuesto al parezer por el Dr. Juan Pérez. Año de 1560.) Ahora fielmente reimpreso. Año de 1852 (En 8.º, 20 hojas preliminares, con una carta de Usoz a Wiffen; 354 páginas y 14 hojas más con las notas de Usoz. En un apéndice se da noticia del libro de Urbano Regio que sirvió de original.)

     Breve Tratado de doctrina, útil para todo cristiano, por el doctor Juan Pérez. Año de 1560. Ahora fielmente reimpreso. Madrid. Librería de A. Durán 1871. Imp. De la Viuda e hijos de Galiano. (VIII + 240 páginas y dos hojas más con un glosario de voces anticuadas.) Edición de propaganda, hecha (según tengo entendido) por el anabaptista norteamericano Mr. W. Knapp.

Anterior


1848.        Lleva por epígrafe este texto de San Marcos (c.13: «Seréis aborrecidos por mi [95] nombre (dice Jesuchristo); mas el que perseverare hasta el fin, será salvo.» No tiene lugar de impresión; dice sólo De M.D.LX años (Bibliotecas de Wiffen y de Usoz).

     Uno de los dos ejemplares conocidos de este rarísimo libro perteneció al canónigo D. Miguel del Riego, hermano del patriota D. Rafael, y emigrado en Londres desde la caída del sistema constitucional. Era hombre extravagantísimo, pero de conocimientos bibliográficos no vulgares. Llegó a poseer libros de primera rareza, con los cuales hacía comercio; publicó una edición de Los doce triunfos, del cartujano Padilla, y fue íntimo amigo y casi protector de Hugo Fóscolo, que murió en su casa y le dejó todos sus manuscritos.

     Volviendo al asunto, diré que el canónigo Riego vendió algunos libros heterodoxos a Wiffen y a Usoz; pero se resistió largo tiempo a deshacerse de la Epístola consolatoria, cuyo valor excepcional conocía. Además de esta consideración mercantil, le detuvo otro escrúpulo: gustaba de la Epístola, y no tenía al autor por luterano ni calvinista; pero le desagradaban ciertos paisajes contra las reliquias y la invocación de los santos. Por eso no dio al principio a Wiffen más que una copia manuscrita, en que estos pasajes faltaban. Tuvieron con este motivo agrias contestaciones. (Biblioteca Wiffeniana p.31). Al cabo, Wiffen se quedó con el libro y lo reimprimió, página por página y línea por línea, en Londres el año 1848, en no pequeño volumen, que se considera como segundo de la colección de los Reformistas Españoles. Tiene al principio una noticia de la vida del autor, en inglés y en castellano, y una lista de los principales reformadores españoles. Varios cuáqueros costearon la edición, que ya escasea.

     Se ha vuelto a reimprimir en 1874 (Madrid, Librería Nacional y Extranjera, Jacometrezo, 59; imprenta de G. Estrada; 177 páginas en 16.º) por diligencia del bibliófilo y propagandista yankee William Knapp, a lo que entiendo. Los protestantes expenden esta edición a bajo precio, lo mismo que la del Breve tractado.

     Hay una antigua traducción inglesa, casi tan rara como la obra original. Usoz la poseía: An excellent confort to all Christians against all kind of calamities, translated from the Spanish, by John Daniel. (En 8.º, Londres 1576.)

     Véase algún pasaje de la Epístola como muestra de la gallardía del estilo:

     «Hace Dios con nosotros, y con todos sus fieles, como un padre que tiene muchos hijos, y entre ellos uno más querido que los otros, al cual quiere dejar por heredero. A éste, cuanto más lo ama, tanto anda más vigilante sobre él, y más lo castiga, para que no haya en él ningún vicio por el cual pueda ser privado de la herencia. Aunque el hijo, con el dolor y sentimiento del castigo, juzga que procede de ira, y por no entender lo que por tal vía hace y pretende el padre, acontece hacerse mal sufrido, rehuir y tener por señal de odio lo que es testimonio de amor: así acontece a nosotros, que por no entender el intento de Dios en las reprensiones que nos hace (que es porque nos ama singularmente como a hijos, disponernos por ellas para la herencia, y destruir los vicios que nos la podrían impedir), somos mal sufridos, y no las tenemos en la estima que deberíamos, como a instrumentos de tan gran bien.»

Anterior


1849.        Cf. para todo la noticia de Wiffen, que es harto breve y descarnada. Mayores aclaraciones nos prometemos del vol.2 de la Biblioteca Wiffeniana.

Anterior