Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.


ArribaAbajoCapítulo XV

La educación pública y la iglesia


El Liceo.- Algunas noticias sobre su marcha hasta nuestros días.- Nómina de los rectores.- Homenajes rendidos en diversas épocas a su fundador Abate Molina.- La primera biblioteca de la ciudad.- El Seminario de Talca.- Sus rectores.- Obispos Talquinos.- El Museo de Talca.- La Liga de estudiantes de Talca.

Ya hemos hablado anteriormente del Liceo o Instituto Literario y lo habíamos dejado en funciones en los años de 1843. Orgullo de la ciudad y elemento de cultura, atrajo la atención de sus vecinos como de las autoridades de la República. La Municipalidad, por su parte, no se olvidó en esos años de la memoria de su iniciador, el abate don Juan Ignacio Molina. En sesión de 10 de septiembre de 1846 acordó contribuir con una onza de oro para un retrato del Abate Molina, a fin de colocarlo al lado del de el Obispo Cienfuegos. Ocho años después, en 1854, se nombraba una comisión, compuesta de don José Ignacio Opazo y don Bernardino Opazo para que hicieran una colecta para traer los restos del Abate a Talca, como asimismo levantarle un monumento en la ciudad.

Don Benjamín Vicuña Mackenna había traído de Bolonia algunos objetos personales del Abate, su devocionario, instrumentos de física y parte de sus restos mortales. Los remitió a Talca por medio de don Francisco Solano Astaburuaga y fueron recibidos por la Municipalidad el 2 de febrero de 1857. Se les colocó en una urna para su veneración en el Liceo.

Los deseos de los talquinos de tener un monumento de su ilustre hijo se realizaron con el traslado del que tenía en la ciudad de Santiago, y que fue colocado en el parque frente al Liceo, el 5 de abril de 1929.

El Liceo de Talca llenó una de las principales aspiraciones de sus habitantes, cual era la de proporcionar educación a su juventud. Hasta 1845 sólo funcionaba como establecimiento de externos, pero ese año se creó el internado, que vino a llenar una sentida necesidad de los vecinos, no sólo de Talca sino de toda la provincia.

Innegable es el importante papel que ha representado para la ciudad de Talca este plantel de enseñanza.

El alumnado deseoso de contribuir al fomento de la cultura local, publicó en 1866 el periódico Juventud, de carácter literario, que salió al público el 14 de junio de ese año. A esta publicación han seguido otras: El Ruiseñor, en 1874, El Porvenir, en 1876, El Iris, en 1878, El Liceo en 1915, Ideales en 1918.

Los rectores que le han dirigido en sus cien años de existencia han sido los siguientes:

José A. Valenzuela1843-54
Pedro Vásquez1854
Gaspar del Río1854-56
Rolando Durán1856
Manuel Chaparro1857
Rafael de la Cruz1866-73
José A. Silva V.1873-86
Adolfo Armanet1886-90
Ricardo Ahumada1891-93
Adolfo Tapia1893-96
Gonzalo Cruz1896-1905
Enrique Sepúlveda1905-12
Enrique Molina1912-17
Ruperto Banderas1917-19
Salustino Calderón1919-27
Manuel Manríquez1927-28
Carlos Soto Ayala1928-42

El viejo edificio de 1843 vino sólo a ser abandonado en 1926, para trasladarse al local de la Alameda, obra que se llevó a efecto no sin vencer reiteradas dificultades, gracias a la incansable actividad que desplegó su rector don Enrique Molina.

* * *

La idea de fundar una biblioteca en Talca fue inspirada por el Abate Molina en las instrucciones que diera desde Bolonia a su amigo Cienfuegos, cuando le confiara la inversión de sus bienes en beneficio de la ciudad.

Cienfuegos comunicó estas ideas a los vecinos y en 1845 la Municipalidad nombró una comisión para establecerla. Por su parte la Biblioteca Nacional donaba en octubre de 1847 nueve cajones de libros para dar principio a ella.

En 1847, don José A. Valenzuela, Rector del Liceo, presentó un proyecto para el funcionamiento de la Biblioteca, que fue sancionado por decreto supremo de 24 de julio de 1849. Se habilitó para el objeto una sala del Liceo. Su personal lo integraban un director y un bibliotecario. Las horas de atención al público eran de 10 a 1, y los Jueves de 3 a 5, a fin de que concurrieran los alumnos del Liceo.

Fue su primer Director el propio señor Valenzuela, que desempeñó este cargo hasta 1845, fecha en que fue nombrado don Adrián Araya, en 1856 don Francisco Antonio Vergara, en 1859 don Diego Wittaker, y en 1862 don José Eusebio Barros.

El Museo de Bellas Artes de Talca, fue fundado por decreto de 31 de diciembre de 1928. Principió con 88 cuadros y algunas estatuas. Actualmente dispone de trescientas obras de pintura y de una sección histórica y arqueológica.

* * *

El Seminario de Talca ha desempeñado por espacio de más de sesenta años un papel muy importante entre los establecimientos de Educación secundaria de la ciudad. Data su fundación del año 1868, fecha de la adquisición del predio que serviría para levantar los cimientos del edificio que en la actualidad ocupa el colegio.

El Arzobispo de Santiago, don Rafael Valentín Valdivieso, acogió con gran entusiasmo la iniciativa del entonces Cura y Vicario de Talca, señor Miguel Rafael Prado, para fundar en esa ciudad un Seminario Conciliar, teniendo en vista el gran número de jóvenes católicos que seguramente ingresarían en el nuevo establecimiento.

El 17 de julio de 1863, salía a remate un fundo de veintidós cuadras llamado «Guapi», situado al poniente de la ciudad, y que pertenecía a don Teodoro Castro, quien lo había adquirido de los Padres Agustinos. A este remate se presentó como único subastador don Salustino Vergara, en representación del Seminario que debía fundarse, y lo obtuvo en la suma de $6.300. La parte del predio que había ocupado el antiguo Cementerio de Talca se destinó para levantar el edificio del Colegio.

Acta de Fundación.- El 10 de mayo de 1868, gobernando la República el Excmo. señor don Joaquín Pérez, siendo Intendente de esta provincia de San Agustín de Talca, don Pedro José Barros, gobernando la Arquidiócesis el Iltmo. y Rvdmo. Dr. don Rafael Valentín Valdivieso, se procedió a dar cumplimiento al edicto del Iltmo. y Rvdmo. señor Arzobispo de fecha 12 de julio de 1861, por el que mandó erigir un Seminario sucursal del que existe en Santiago, bajo la protección de San Pelayo. En consecuencia se hizo la bendición de la primera piedra por el señor Cura y Vicario Foráneo, don Miguel Rafael Prado, haciendo la colocación de ella en presencia de los padrinos y madrinas que firman la presente acta para eterna memoria. Pedro José Barros, Cayetano Astaburuaga, Valeriano San Cristóbal, Juan Antonio de Armas, Matilde Cruz de Letelier, Sinforosa Vargas de Lois, Eloísa Novoa de Cisternas, Carmen Cruzat de Parot, Antonio Silva, Luisa Urzúa de Castro, Miguel Rafael Prado.

Esta acta, junto con el edicto del Iltmo. y Rvdmo. señor Arzobispo arriba mencionado, así como cuatro monedas de cinco centavos y otra de diez fueron colocadas en una botella, la que lacrada se depositó en un hueco abierto al efecto en el corazón de la piedra.

Fueron numerosos los donantes que contribuyeron con su generoso óbolo para la construcción del Seminario Conciliar, que pudo abrir sus puertas el día 1.º de abril de 1870, con una matrícula inicial de veintinueve alumnos. Este mismo año, y por decreto supremo de 17 de marzo, se conceda al Seminario la «validez de exámenes» ante comisiones del establecimiento, para poder optar a grados universitarios.

En el año 1875 la dirección del colegio acordó ceder a la I. Municipalidad una parte de los terrenos que le pertenecían, para que esta corporación pudiera prolongar el paseo de la Alameda hasta el río Claro. Los sitios apotrerados ubicados entre la Alameda y la actual calle dos Norte, se fueron subdividiendo con el trascurso de los años en pequeños lotes, para poder atender el Seminario a sus necesitados.

La falta de una subvención fiscal permanente y la exigua pensión que pagaban los alumnos internos, hizo que el colegio pasara años tan difíciles que se pensó en cerrarlo el establecimiento, resolución que sólo se pudo evitar por los sacrificios pecuniarios del profesorado y por la oportuna y providencial ayuda de los ex-alumnos y amigos del colegio.

Con motivo de la celebración del cincuenta aniversario de su fundación celebrado con grandes fiestas en 1921, se pudo constatar las centenas de ex-educandos que habían pasado por sus aulas y cuya actuación en las diversas esferas de las actividades nacionales constituían un motivo de orgullo para el viejo colegio. Larga y fatigosa sería la enumeración de los ex-alumnos que han conquistado un puesto destacado en la vida nacional. Basta citar entre los que hicieron sus estudios en él a los Obispos, Iltmos. señores Gilberto Fuenzalida G. y Eduardo Gimpert P. y a los poetas Miguel Rafael Urzúa, Abel González y Luis Felipe Contardo.

En el espacio de setenta y un años el Seminario de San Pelayo ha contado con 14 rectores, cuya lista damos a continuación:

P. D. Miguel Rafael Prado (fundador)1870
P. D. Emilio Rolando Durán1871-1874
P. D. José Fortunato Berríos1875-1877
P. D. Manuel Tomás Meza1888-1890
P. D. Manuel Larraín A.1891-1892
P. D. Gilberto Fuenzalida 1893
P. D. Felipe Salas E.1894
P. D. José María Castillo1895-1911
P. D. José Aníbal Carvajal1912-1918
P. D. Pío Alberto Fariña1919-1924
P. D. Miguel León Prado1924-1925
P. D. Jorge Larraín C.1926-1931
P. D. Ricardo Castro A.1932-1938
P. D. Enrique Cornejo G.1938-1942

Entre los Obispos talquinos debemos mencionar en primer término a: don Carlos Silva Cotapos (1868-1941). Este ilustre prelado de la Iglesia chilena nació en Talca el 10 de mayo de 1868, siendo sus padres don José María Silva Vergara y doña Lucinda Pérez Cotapos. Recibió en Santiago los hábitos sacerdotales en el Seminario de Santiago, en 1891, un año después de haber obtenido su título de abogado en la Universidad de Chile. Por espacio de diecisiete años desempeñó las cátedras de filosofía, derecho canónico, historia eclesiástica y sagradas escrituras en el Seminario de Santiago, desempeñando durante un quinquenio las clases de derecho canónico e historia general del derecho en la Universidad Católica.

Inició sus actividades en el sacerdocio como promotor fiscal del Arzobispado desde 1896 hasta 1902, y más tarde ocupó los siguientes cargos: secretario del Arzobispo desde 1902 hasta 1914; provisor y vicario general desde 1915 hasta 1918; y canónigo lectoral del cabildo metropolitano desde 1907 hasta 1918. Este año fue consagrado Obispo de la Serena, como un reconocimiento a sus grandes valores morales e intelectuales. Meses después hizo la visita «Ad limina apostolarum».

Visitó los principales países de Europa en viaje de estudio, regresando a Chile en noviembre de 1919. El terremoto del año 1922, que asoló las provincias de Atacama y Coquimbo, sede jurisdiccional del señor Silva Cotapos, fue un acicate que estimuló su celo apostólico en socorro de los damnificados.

En el año 1926 fue trasladado a Talca con motivo de haberse creado un Obispado en esta ciudad79.

La obra del señor Silva Cotapos no se limitó únicamente a la atención de su importante feligresía, sino que continuó en el campo de las letras su tesonera labor de investigador y de erudito. Habiendo recibido en 1923 la honrosa misión de describir una obra de conjunto sobre el clero chileno, ésta fue dada a la estampa dos años después con el título de Historia Eclesiástica de Chile, cumpliendo en esta forma con la comisión que le confiara la Universidad de Chile a raíz del acuerdo tomado en el Congreso Panamericano de Río de Janeiro.

Publicó además las siguientes obras, que revelan el talento y la erudición del ilustre prelado: Algunas erratas de la Evolución de la Historia de D. Valentín Letelier, en 1901; Nociones de Historia de Derecho Civil, 1904; Don Rodrigo González, primer Obispo de Santiago de Chile, 1913; Fray Antonio de San Miguel, primer Obispo de la Imperial, 1914; El clero chileno durante la guerra de la Independencia.

En 1922 publicó el Diccionario biográfico del clero secular de Chile, obra póstuma del presbítero D. Luis Francisco Prieto del Río y que alcanza hasta 1918. Tanto el autor como el compilador han prestado con ella un valioso servicio a la investigación biográfica y al sacerdocio nacional. Agotada su salud por una constante y activa labor intelectual, se vio obligado en sus últimos años, a dejar la dirección de la diócesis para descansar en un apacible retiro de la capital, donde lo sorprendió la muerte el 29 de septiembre de 1941.

Entre los sacerdotes de mayor figuración oriundos de Talca, debemos mencionar también a don Gilberto Fuenzalida Guzmán, hijo de don Bernardo Fuenzalida y de doña Mercedes Guzmán, nacido en Talca el 15 de febrero de 1886.

Sus primeros estudios los hizo en el Liceo y Seminario de su ciudad natal, pasando más tarde a matricularse en el Seminario de Santiago. Recibidas las órdenes sacerdotales, se le destinó a la Universidad Gregoriana de Roma, donde cursó teología, graduándose de doctor en esta asignatura en 1890.

En 1891 fue profesor de filosofía y Vice-Rector del Seminario de Santiago, siendo nombrado Rector del Seminario de Talca en 1898, cargo que desempeñó con gran eficiencia, y que sólo dejó para trasladarse de nuevo a la capital, para ejercer el mismo cargo en el Seminario Mayor.

El gobierno lo distinguió designándolo consejero de Instrucción pública y decano de la Facultad de Teología, funciones que desempeñó por espacio de trece años. En el año 1918 ejerció accidentalmente, en reemplazo del señor Amunátegui Solar, la Rectoría de la Universidad de Chile, en su carácter de decano más antiguo.

Sirvió el cargo de canónigo de la Catedral desde 1906 a 1918, año en que fue consagrado Obispo de Concepción, en cuya diócesis se dio a conocer como un ardiente defensor de la fe. Orador elegante y discreto polemista, difundió la doctrina en numerosas obras de carácter canónico como ser Pedagogía catequista, Catecismo Mayor, La Inquisición en España y América y La Iglesia ante las actividades políticas.

El Obispo don Arturo Jara Márquez nació en el departamento de Lontué, el 26 de julio de 1880, siendo sus padres don José de los Santos Jara y doña María Luisa Márquez. Hizo sus primeros estudios en el Patrocinio de San José, vistiendo los hábitos de la orden en el año 1895 y dedicándose a la enseñanza en el mismo establecimiento. Quebrantada su salud por el estudio, se vio obligado a trasladarse a Bolivia, a la ciudad de Sucre, donde terminó sus estudios teológicos, ordenándose de sacerdote en 1908. A su regreso a Chile ingresó al Seminario salesiano de Macul, siendo trasladado dos años más tarde al Colegio Comercial Don Bosco en Iquique, establecimiento que logró hacer prosperar rápidamente, aumentando su alumnado a 600 educandos. La eficacia de su acción pedagógica se hizo extensiva a la pampa salitrera y la fama de su apostolado llegó a las esferas eclesiásticas siendo consagrado Obispo en el año 1919.

En 1920, hizo una interesante gira por los países de la América del Sur. Visitó Cuba y Estados Unidos y se embarcó para Europa, donde visitó las principales ciudades españolas. Recorrió Francia e Inglaterra y las hermosas ciudades italianas. A su regreso a Chile recibió el nombramiento de Vicario Apostólico de Magallanes y el título de Obispo de Arqueláis. Su vasta cultura le conquistó durante su largo apostolado en Punta Arenas el aprecio y respeto de sus feligreses.

* * *

Entre las organizaciones de beneficencia de Talca se ha destacado la Liga de Estudiantes, por la labor fructífera que ha venido desarrollando desde la fecha de su fundación, el día 29 de abril de 1888. Aprobados los estatutos, se procedió al nombramiento de su primer directorio que lo integraron los señores:

Presidente, don José Manuel Fernández Carvallo.

Vice-Presidente, don Víctor Silva Cienfuegos.

Secretario, don Vicente Ignacio Rojas.

Directores: los señores Crisóstomo Molina, Saladino Rodríguez, Tobías Azócar, Carlos Icaza, Genaro Contardo, Clodomiro Gutiérrez, Rafael Jordán, Adolfo Armanet, Guillermo Feliú, Ruperto Eleodoro Vergara, Carlos A. Prieto y Juan Manuel Salamanca.

Uno de los primeros acuerdos de la institución fue nombrar una Junta de Vigilancia, para la atención de los jóvenes protegidos por la Liga que estudiaban en Santiago. Formaban esta junta los señores Luis Antonio Vergara, Francisco Hederra Concha y Miguel Rafael Donoso.

El 21 de abril de 1889, con motivo de la reunión general de socios, se dio cuenta que el gobierno había aprobado los estatutos de la sociedad, concediéndole la personería jurídica.

Es interesante dejar constancia que en los primeros años los socios contribuyentes alcanzaban a más de doscientos y las erogaciones anuales ascendían a $1.127. Las cuotas eran voluntarias y numerosas contribuyentes se inscribían con la suma de $0.40.

En el espacio de cincuenta y cuatro años la Liga de Estudiantes ha tenido como presidentes a los señores José Manuel Fernández Carvallo, 1888; Adolfo Armanet, 1890; Carlos Icaza, 1894; Juan Manuel Salamanca, 1907; Genaro Contardo, 1928; Enrique Cruz Guzmán, 1929; y César Caravagno Burotto, 1934-1942.

Durante la revolución de 1891, la Liga se vio obligada a suspender sus actividades, reanudando sus sesiones en el mes de abril de 1892.

A medida que trascurría el tiempo, y el número de jóvenes que solicitaban ayuda de la Liga iba en aumento, la sociedad procuraba incrementar sus entradas por medio de colectas, bailes, kermeses y funciones teatrales. Hubo años en que la situación fue realmente aflictiva, pero la institución nunca se vio en la dolorosa necesidad de suspender las cuotas mensuales a sus protegidos.

Esta noble asociación no habría podido continuar por muchos años su obra filantrópica, si no hubiera contado con el generoso óbolo de sus benefactores. Entre ellos figuran don Santiago Donoso Cruz, don Francisco Caba, que la instituyó heredera universal de sus bienes, dejándole dos propiedades urbanas, dos rurales y su relojería; la señora Liduvina Cademártori v. de Salamanca; doña Petronila Rojas; doña Dalinda Morales v. de Daziano; don Agustín Urzúa Azócar; doña Rosa Salamanca v. de Rojas y don César Garavagno Burotto.

Al morir hace algunos años el caballero don Carlos Concha Muñoz, sus amigos, que habían colectado una apreciable cantidad de dinero, resolvieron donarlo a la Liga, con la expresa condición de que los intereses que de ella se devengaran fueran destinados para conceder anualmente un premio que se llamaría CARLOS CONCHA MUÑOZ, conferido al mejor alumno protegido por la institución.

La obra realizada por la Liga ha sido tesonera y fecunda, alcanzando en el presente año su ayuda a más de sesenta jóvenes estudiantes repartidos en los colegios de la ciudad y en los cursos de diversas facultades universitarias de la capital.

En la actualidad rige los destinos de la Liga el siguiente directorio:

Presidente, señor César Garavagno Burotto.

Vice-Presidente, señor José Dionisio Astaburuaga C.

Secretario, señor Polidoro Icaza Barros, caballero que ha desempeñado este cargo por espacio de veintisiete años.

Tesorero y depositario, el señor Marcos A. Villarroel.

Directores: señora María Rosario Godoy de Godoy, señor Carlos Soto Ayala, señor Vicente del Solar P., señor Horacio Rodríguez, señor Eduardo Jordán S., señor Horacio Pinochet, señor Aurelio Fernández, Guillermo Donoso Grez y Gilberto Fuenzalida Feliú.