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141

Algunos cronistas e historiadores posteriores han atribuido en esta ocasión a los indios un vasto plan de operaciones, suponiendo una combinación entre Lautaro y Caupolicán para destruir a los españoles. Según ese plan, mientras el primero marchaba sobre Santiago, el segundo se dirigiría con un ejército formidable a atacar la Imperial y Valdivia. Aunque esta doble operación no supone verdaderamente una gran inteligencia, no era propia del estado social ni de la falta de cohesión que tenían las tribus indígenas. Por otra parte, en los cronistas contemporáneos no se encuentra el menor vestigio de esta combinación. Góngora Marmolejo ni siquiera nombra a Caupolicán hasta bajo el gobierno de Hurtado de Mendoza; y Ercilla, aunque ha realzado en su poema la figura opaca de ese indio para constituirlo en héroe épico, no lo hace intervenir en estos sucesos. Además, nada indica en los hechos subsiguientes que se ejecutara ese plan. Lautaro, es verdad, marchó al norte; pero nadie atacó la Imperial ni Valdivia. El padre Miguel de Olivares, cronista del siglo pasado, en el cap. 23 del lib. II de su Historia de Chile, para hacer adaptar los hechos a aquella pretendida combinación, transporta a 1556 los sucesos ocurridos en 1554, esto es, el ataque dirigido contra la Imperial y desbaratado por una tempestad, que nosotros hemos referido con su fecha precisa (23 de abril de 1554) en el cap. 14, § I.

 

142

Hemos dicho en una nota anterior que Ercilla, La Araucana, canto XI, estrofa 46, tratando de explicarse la ausencia del corregidor Villagrán en los primeros sucesos de esta campaña, refiere que estaba enfermo, aserción que han copiado muchos cronistas posteriores. Góngora Marmolejo, que refiere en el cap. 12 que el corregidor estaba en La Serena en la primavera de 1556, cuenta en el mismo capítulo, sin duda por descuido, que él mismo dispuso la partida de las tropas que marcharon contra Lautaro. La ausencia de Villagrán en esa época está comprobada por los libros de acuerdos del cabildo de Santiago, como ya dijimos. Sin embargo, la redacción de sus actas es tan vaga e incompleta que ellas constituyen un documento histórico útil, pero deficiente.

 

143

El código de las Siete partidas, tít. 23, part. II, contiene varias leyes concernientes a los caudillos designados para el mando de tropas.

 

144

Cabildo del 5 de noviembre de 1556. El acta de esta sesión señala el nombre del caudillo designado por el Cabildo, pero está escrito con caracteres tan ininteligibles que no es posible descifrarlo con completa certidumbre. Fray Gregorio Farías, que en 1731-33 interpretó y copió el primer libro del Cabildo, según ya dijimos en una nota anterior, ha traducido ese nombre por Diego García Altamirano; y, en efecto, la forma de la escritura no choca precisamente con esta interpretación. Pero ni en las antiguas crónicas ni en los documentos he hallado la menor indicación acerca de este capitán.

Por mi parte, en el libro original del Cabildo yo he leído Diego Cano y una palabra más que me ha sido imposible descifrar. Como, en efecto, había un valiente capitán de este nombre y como, además, en las crónicas primitivas aparece que éste salió de Santiago mandando las tropas que marcharon al encuentro de Lautaro, me persuado de que mi interpretación es exacta.

 

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      ...A la corva ribera del río claro
Que vuelve atrás en círculo gran trecho,
Después hasta la mar corre derecho.



La Araucana, canto XI, estrofa 47. El calificativo de claro que el poeta da al río Mataquito, ha sido causa de que algunos cronistas posteriores lo hayan confundido con otro río, afluente del Maule, que corre más al sur, y al cual se dio más tarde el nombre de río Claro.

 

146

Góngora Marmolejo, cap. 22; Mariño de Lobera, cap. 54; Ercilla, canto XI, estrofa 43.

 

147

Góngora Marmolejo, cap. 22. Ercilla, que ha contado extensamente este combate en los cantos XI y XII, refiere que Villagrán, cuyos soldados habían sufrido mucho en la pelea, emprendió en la noche la retirada a Santiago en derrota casi completa, después de haber intentado ganarse a Lautaro por medio de un mensajero español que lo había conocido al servicio de Valdivia. Añade el poeta que Lautaro había preparado contra los españoles una hábil maniobra, que consistía en inundar su campamento por medio de un canal o brazo del río. Los indios no habrían abandonado sus posiciones para replegarse al sur sino cuando vieron que los españoles se habían retirado. Hay, pues, gran divergencia entre Góngora Marmolejo y Ercilla sobre el desenlace de este combate, pero nos parece más aceptable la versión del primero, por cuanto la que da el cantor de La Araucana no explica por qué los indios vencedores y desembarazados de enemigos que huían delante de ellos, habrían desistido de su empresa.

 

148

Cabildos del 21 y 27 de enero de 1557. Este último contiene íntegro el segundo nombramiento de Juan Jufré. Los tres letrados que informaron en favor de las pretensiones de éste, fueron el licenciado Ortiz, Antonio de las Peñas, que entonces estaba de vuelta del Perú, y Juan de Escobedo que, sin duda, había vuelto de La Serena con Villagrán.

 

149

Ercilla, canto XII, estrofas 42, 43 y 44.

 

150

Ercilla, canto XII, estrofas 59 y 60. El libro del cabildo de Santiago no da noticia alguna acerca de estos aprestos. Este silencio explica indirectamente la época en que se tuvo noticia en la ciudad de la segunda invasión de Lautaro. Después de la sesión celebrada el 9 de abril, el Cabildo no vuelve a reunirse en todo ese mes. Seguramente, desde ese día y sin consultar el acuerdo de los capitulares, el teniente de corregidor Juan Jufré organizó la columna que salió de Santiago bajo las órdenes del capitán Godínez.