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José Durand, bibliófilo: su colección de libros y papeles en la Universidad de Notre Dame / Teodoro Hampe Martínez

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José Durand, bibliófilo: su colección de libros y papeles en la Universidad de Notre Dame

Teodoro Hampe Martínez





La Universidad de Notre Dame, en Indiana, posee desde agosto de 1995 uno de los más importantes conjuntos de libros raros y manuscritos que estuvieron en manos individuales durante el presente siglo: la colección del eminente garcilasista José Durand, limeño, quien fuera al morir catedrático de literatura hispanoamericana en Berkeley. El interés primordial de la colección Durand atañe a las vinculaciones del Renacimiento y Barroco europeos con la cultura de Hispanoamérica colonial, y uno de sus aspectos más singulares es el esfuerzo que desarrolló su propietario por reconstruir físicamente la biblioteca que perteneciera al Inca Garcilaso de la Vega. En general, se calcula que la colección particular del investigador peruano estaba compuesta de unos tres mil libros y varias centenas de folletos y piezas manuscritas. Pero su interés primordial radicaba en el mundo intelectual circundante al Inca Garcilaso y sus obras -especialmente representativas de los nexos entre Europa y América en la época del Renacimiento-, conforme tendremos ocasión de apreciar en este trabajo, que pretende hacer una exposición sumaria de dichos fondos.


1. La tarea intelectual y coleccionadora de José Durand

José Durand Flórez, de rancia estirpe huanuqueña y limeña, descendiente de uno de los caudillos principales del Partido Demócrata, nació en la capital peruana el 22 de diciembre de 1925. Realizó su instrucción escolar en el colegio jesuita de La Inmaculada y cursó el grueso de su formación profesional en la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, obteniendo aquí el grado de doctor en filosofía, en 1949, con una tesis sobre La idea de la honra en el Inca Garcilaso. También siguió cursos de filología y literatura hispánicas en la Universidad de Buenos Aires y en el Colegio de México, donde tuvo como maestros a Alfonso Reyes, Amado Alonso y Raimundo Lida, entre otros. Así fue como quedó tempranamente vinculado a la aventura editorial de la Nueva Revista de Filología Hispánica, en México; en esta tribuna dio a publicidad, con sólo 23 años de edad (en 1948), su recordado trabajo sobre la biblioteca del Inca, en lo que sería el inicio de una relación erudita y afectiva de más de cuatro décadas con el cronista mestizo1.

Conforme ha señalado Luis Monguió, fue Durand quien, con profundo conocimiento de los humanistas italianos y españoles del siglo XVI, reconstruyó el ambiente cultural en el que Garcilaso se movía; fue él quien, con su investigación de los informantes y amigos del personaje, completó el conocimiento sobre las fuentes del Inca y el proceso de redacción de sus obras; fue él quien profundizó como nadie en el espíritu del autor, «basándose no en fantasiosas elucubraciones, sino en los textos y los documentos, la literatura y la historia»2. José Durand publicó en Lima sendas ediciones anotadas de los Comentarios reales de los incas (1959) y de la Historia general del Perú (1962), y lanzó en México una recopilación de sus ensayos sobre la biografía y el contorno intelectual del gran escritor titulada El Inca Garcilaso, clásico de América (1976). Años después, la Biblioteca Nacional del Perú editó un volumen de recopilación semejante: El Inca Garcilaso de América (1988).

El profesor Durand llevó a cabo una carrera académica bastante extensa y agitada. Después de recibir el doctorado en San Marcos, dictó clases en la Universidad Nacional Autónoma de México por tres años (1949-1952). Luego regresó a Lima para impartir docencia en su alma mater sanmarquina y en la Escuela Normal Central, hasta que en 1961 se trasladó a Francia. Se desempeñó allí como profesor asociado en las universidades de Aix-en-Provence y Toulouse; y en el turbulento año de 1968 efectuó su mudanza definitiva a los Estados Unidos, al conseguir una plaza de profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad de Michigan. Acabó su carrera con una posición similar en Berkeley, la sede más prestigiosa del sistema universitario de California, donde estuvo en actividad durante el período 1975-1990. Junto con ello, fue delegado oficial del Perú ante la UNESCO, becario de la Fundación Guggenheim, profesor visitante en la Ohio State University y en la Universidad de Carolina del Norte; por designación del presidente Belaunde Terry (1981), fue coordinador de la comisión organizadora del Instituto Nacional de Altos Estudios del Perú3.

Escritor de prosa castiza, ágil y elegante, destacó en el campo de las investigaciones filológicas e históricas con sus aportes sobre la transformación social del conquistador, sobre Gómara, Ercilla y Oña, sobre Sor Juana Inés de la Cruz y la evolución de las ideas y de la cultura en el Siglo de Oro hispánico. Al final de su vida, publicó en tres volúmenes (a partir de 1982) los números de la Gaceta de Lima correspondientes a los años 1756-1762, 1762-1765 y 1793-1794. Al momento de fallecer, se ocupaba en preparar un detallado estudio en torno a dicho periódico. Además, escribió sobre la novelística contemporánea de América Latina y colaboró en La Prensa, de Lima, y otros diversos periódicos peruanos y mexicanos. No fue menos notable como creador literario: desde su primer libro, Ocaso de sirenas, esplendor de manatíes (1950), hasta su última recolección de cuentos, Desvariante (1987), se combinan deliciosamente la erudición, el humorismo y la fantasía, junto con un esmerado pulimento en el estilo.

Otras facetas más incluye la extraordinaria actividad cultural de José Durand, o Pepe, como se le conocía familiarmente. Era un gran conocedor de música clásica y de poesía y canciones populares del Perú, en especial de los ritmos criollos y negroides; promovió intensamente la música afro-peruana, materia sobre la cual produjo y dirigió inclusive algunas películas. Como buen limeño, era aficionado a las «jaranas» o veladas musicales y cultivador de la chismografía, con una dosis infaltable de malicia. Llevado por su amor a los libros antiguos, recorrió intensamente las provincias del Perú y los países vecinos, en busca de rarezas bibliográficas. Alguien ha dicho que Durand mantenía con los libros una suerte de «relación incestuosa»; los trataba, discutía y hablaba de ellos con verdadera pasión. Fue, en suma, un hombre múltiple, lleno de vida, casi obsesivo con los temas que cautivaban su atención -como la música, la literatura, la historia y los libros4.

Pese a su ubicación profesional en Europa y América del Norte, el crítico limeño nunca perdió la vinculación afectiva con el Perú. Venía frecuentemente a su ciudad natal a la caza de nuevas piezas para su biblioteca, y en una de esas visitas a Lima sufrió un derrame cerebral que lo llevó a la muerte, el 1 de julio de 1990, a los 64 años de edad. Respecto al tema de la bibliofilia que nos interesa, es digno citar el modo en que el profesor Monguió recuerda la pasión de José Durand por los libros:

La colección de obras de los siglos XVI y XVII, sobre todo españolas e italianas, en su biblioteca particular, acompañadas de numerosas rarezas de los siglos XVIII y XIX, son las delicias (y la envidia) de cualquier estudioso. Visitar con Pepe una librería anticuaria o una buena biblioteca en venta era una lección en bibliofilia. Curiosear junto a él en una tienda de libros viejos era observar el arte de descubrir, entre montañas de morralla, el peculiar legajo, el pliego de cordel, el folleto o el libro raro5.



Hallándose fuera del Perú en los años de 1960, Durand había comenzado realmente a formar su espléndida biblioteca. Su interés esencial fue reconstruir la colección de libros que pertenecieron al Inca Garcilaso de la Vega y su entorno. Consiguió esas valiosas ediciones de los siglos XVI y XVII, de factura española, italiana, francesa, flamenca o alemana, en ciudades como Madrid y París. Más que amparado en un rico patrimonio -que en verdad no tenía-, el bibliófilo fue haciendo crecer su colección a través de un profundo conocimiento del mercado libresco y de una serie de canjes inteligentes. Durand no llevaba un registro detallado de las piezas que ingresaban en su hogar, ni poseía siquiera un ex libris personal; lo que el profesor universitario compuso fue una biblioteca de trabajo, no de ornamento.

No debe olvidarse, al fin y al cabo, la formación original de José Durand como filósofo. En toda su obra y su actitud frente a la vida, primó siempre una búsqueda de lo estético, de las formas bellas, de los sentidos puros e inteligentes. Fue un crítico de arte -en el sentido más amplio de la palabra- guiado por una profunda disciplina espiritual.




2. La biblioteca del Inca Garcilaso reconstruida

Se conoce el inventario de la biblioteca de Garcilaso de la Vega, formalizado poco después de la muerte del Inca en su casa de Córdoba, en abril de 1616, gracias a la diligente labor investigadora que desarrolló el erudito andaluz José de la Torre y del Cerro (quien publicó el respectivo documento más de sesenta años atrás)6. Pero la colección bibliográfica, compuesta de 200 volúmenes y unos quinientos ejemplares sueltos de los Comentarios reales en su primera edición (1609), representa desde el punto de vista cuantitativo una aportación sólo mediocre. Si comparamos este conjunto de libros con otras colecciones inventariadas en España a principios del siglo XVII, puede decirse -de acuerdo con Maxime Chevalier- que la biblioteca del Inca entra en el grupo de colecciones de «razonable importancia», compuestas por algunos centenares de volúmenes, que poseían gentes de mediana categoría social, como teólogos, letrados, médicos o artistas7.

En un artículo publicado en 1948 en la Nueva Revista de Filología Hispánica, José Durand transcribió el inventario de la biblioteca privada del Inca y expuso, además, una relación complementaria de autores citados en las obras garcilasianas que no aparecían en ese documento. Algunos de los libros ausentes quizá fueron regalados, o se extraviaron, o quedaron destruidos por el continuo uso de su dueño. Extraña sobre todo la falta de los grandes exponentes de la literatura española del Siglo de Oro, como si el narrador cuzqueño hubiese querido ignorar totalmente el nuevo arte barroco, conceptista y culterano, por lealtad al renacentismo aprendido durante sus años de formación en Montilla. A grandes rasgos, se pueden reconocer cuatro categorías de textos en la biblioteca garcilasiana: (1) clásicos de la Antigüedad y del Renacimiento; (2) obras religiosas y morales; (3) obras históricas; (4) obras científicas.

Todavía antes de que se diera a publicidad el catálogo de dicha biblioteca, José de la Riva-Agüero formó una útil lista de los autores citados por Garcilaso en sus obras, y dedujo que la formación humanística del personaje era tan sólida como amplia; fueron objeto de su predilección los clásicos greco-latinos y los humanistas italianos8. En cambio, escasean en el repertorio de citas y en la propia biblioteca las obras de recreación y buena poesía en lengua castellana, producidas por los célebres «ingenios» contemporáneos de Garcilaso y aun por amigos personales de él. Según ha esbozado Durand, esto tendría su explicación en que el Inca era un hombre vuelto sobre sí mismo y su pasado cuzqueño, a quien no le interesaban mayormente las modas del ambiente literario de su alrededor9.

Por su parte, Aurelio Miró Quesada -uno de los más ilustres garcilasistas de nuestro tiempo- destaca la importancia de aquel catálogo de libros, «porque refrenda y esclarece la limpia cultura humanista del Inca», no obstante la negligencia con que figuran allí registrados la mayoría de los ejemplares. Individualiza a su vez las obras de autores clásicos y de escritores renacentistas, los libros de religión, de entretenimiento y de milicia, junto con las crónicas de Indias y el extenso conjunto de producciones del humanismo italiano. Según el mismo crítico, la lista bibliográfica es de indudable calidad y tan extensa, que revela la profunda cultura, la formación mental armoniosa y severa, y la ceñida y segura disciplina a que se había sometido deliberadamente Garcilaso, las cuales hacen que «su obra se levante desde una sólida base intelectual y sea, no una floración espontánea y amable, sino producto de una intensa y organizada concepción»10.

Somos conscientes de que la composición de las bibliotecas particulares suele variar conforme evolucionan los gustos intelectuales de sus dueños, y es normal que los lectores abandonen las piezas que dejan de interesarles, vendiéndolas, canjeándolas o regalándolas a otras personas. Aun bajo esta prevención, nosotros hemos dedicado un ensayo a analizar la relación de Garcilaso con la cultura grecorromana, desde la doble perspectiva de sus escritos y de sus lecturas11. El inventario de su biblioteca revela, por cierto, que el personaje tenía en su poder gran parte de las obras literarias e históricas de los clásicos, así como piezas notables del Renacimiento italiano y español, que debieron moldear también su devoción hacia el mundo de la Antigüedad. Pero está claro que esa lista de materiales guardados en su casa a la hora de morir no agota el conjunto de lecturas que el escritor mestizo debió manejar y asimilar a lo largo de su vida; en complemento de los impresos, además, el Inca Garcilaso se nutrió gracias a discusiones e intercambios de manuscritos con un grupo de activos teólogos, catedráticos y eruditos andaluces, con los que sostuvo contacto tanto en Montilla como en Córdoba. Entre estas amistades literarias destacan los nombres de Ambrosio de Morales, Bernardo Aldrete, Francisco Fernández de Córdoba, Francisco de Castro y Juan de Pineda, principalmente (cuyas obras pueden encontrarse dentro de la colección Durand en Notre Dame). Los contertulios debieron servir para ampliar -a través de su charla y de préstamos de textos- el marco de lecturas a disposición de Garcilaso, sin olvidar que éste debió igualmente utilizar los materiales de conventos y de casas de estudios, por ejemplo de la Compañía de Jesús, con la cual mantuvo una buena vinculación.

En el catálogo notarial post mortem se advierte la ausencia de muchas obras extractadas y mencionadas en los escritos del Inca, como por ejemplo la crónica «perulera» de Agustín de Zárate, las Repúblicas del mundo del agustino Jerónimo Román y Zamora, las Relaciones universales de Giovanni Botero, los Seis libros de la república de Jean Bodin, la Historia pontifical y católica de Gonzalo de Illescas y la curiosa Historia medicinal de Nicolás Monardes. Todas estas piezas se hallan, en cambio, dentro de la colección formada cuatro siglos después por el garcilasista Durand, como testimonio privilegiado de su afán por recomponer el espíritu y las fuentes del narrador cuzqueño. El hecho es que el Inca Garcilaso debió haber ido descartando buena parte de los materiales impresos en el curso de su vida, ya sea por obsequios, por extravíos o porque «el mucho uso las hubiese destruido»12. Muy probable es que la biblioteca del Inca en Córdoba, en 1616, no fuese la misma que poseyó en Montilla, antes de su mudanza en 1591.

Sabemos con detalle, justamente, que el personaje fue en su juventud muy aficionado a las novelas de caballerías, pero las empezó a tener en desestima desde que leyó las censuras de Pedro Mexía, en la Historia imperial y cesárea, contra esta literatura fantástica. En el inventario póstumo de sus bienes no figura ninguna de tales novelas, ni tampoco otras piezas recreativas (el Quijote, por ejemplo), que debieron repugnar el espíritu austero del intelectual en los últimos años de su vida13. «Pero tengamos en cuenta que es ésta la biblioteca de un hombre de edad avanzada, de un anciano solitario y desengañado, que muere dejando terminada su obra, ya sin lazo alguno capaz de retenerlo en este mundo», según escribe José Durand14.

Una de las maneras privilegiadas en que el Inca Garcilaso asimiló la cultura renacentista -y por esto le consideramos un exponente notorio del Renacimiento español- fue mediante la apropiación del lenguaje, vale decir, la adopción del pulimento retórico característico de aquella época. De tal modo, puede decirse que el narrador cuzqueño realizó una suerte de «conquista historiográfica» del Viejo Mundo, aprovechando su dominio de la lengua y el estilo de los humanistas. Según ha postulado Juan Marichal, nuestro autor se yergue como el primer individuo genuinamente «latino-americano» de la historia, por su afán deliberado de conectar el Renacimiento europeo con el recién descubierto continente de las Indias y dotar al pasado incaico con las virtudes del mundo clásico grecorromano15.

En su labor de bibliofilia, el profesor Durand tuvo mucho cuidado en reunir materiales impresos que correspondieran a la etapa vital del Inca Garcilaso y que fueran, por lo tanto, coincidentes con las piezas referidas en su inventario de bienes de 1616. En muchas ocasiones, por cierto, compró dos o más ediciones de una misma obra, ya fuere por la eventualidad de cotejar el texto en diferentes idiomas o traducciones, o bien por el gusto -propio de bibliófilo consumado- de comparar tal y cual impresión. A veces, sin embargo, no le fue posible obtener ediciones de la época apropiada y tuvo que contentarse con algunos ejemplares más tardíos de las mismas obras que habían interesado al Inca. La serie de libros que figuran en ediciones que podemos llamar «doblemente póstumas» es la siguiente:

  • - Alemán (Mateo), Vida y hechos del pícaro Guzmán de Alfarache [83]
  • - Cortés (Jerónimo), Fisonomía y varios secretos de naturaleza [165]
  • - Curcio Rufo (Quinto), De rebus gestis Alexandri Magni [22; 148]
  • - Fuenmayor (Antonio), Vida y hechos de Pío V, pontífice romano [61]
  • - Huarte de San Juan (Juan), Examen de ingenios para las sciencias [91]
  • - Kempis (Thomas a), De imitatione Christi [138]
  • - Rodríguez de Almela (Diego), Colección de los hechos más notables de la Sagrada Escritura [68]
  • - Séneca (Lucio Anneo), Tragoediae [126].

Para apreciar en su justa dimensión la tarea coleccionadora de José Durand, hemos formado en el apéndice de este trabajo un nuevo inventario de la biblioteca particular de Garcilaso de la Vega, indicando las referencias editoriales correspondientes a los ejemplares que reunió el catedrático de Berkeley. Nuestro inventario está organizado en seis secciones temáticas: (1) Ciencia y tecnología; (2) Filosofía; (3) Historia; (4) Lingüística y literatura; (5) Política; (6) Religión. Nos ha servido de instrumento básico al respecto el catálogo preliminar elaborado en la Hesburgh Library de la Universidad de Notre Dame, a cargo de Aaron Strati, con fecha de mayo de 1996. Este listado es meramente provisional y no responde a las exigencias técnicas de colación o descripción bibliográfica, por lo cual hemos tenido que aplicar varias enmiendas y añadidos en la referencia de las obras16.




3. La colección de José Durand en Notre Dame

Cinco años después de la muerte del eminente garcilasista, su único hijo, Carlos Durand, decidió entrar en negociaciones directas con la Universidad de Notre Dame para ofrecer en venta esa fabulosa colección de libros. Le interesaba al heredero que la biblioteca no fuese dispersada, y quería evitar vicisitudes tal vez desagradables -nos ha contado- en caso de que los materiales fueran cedidos al Perú. La transacción respectiva fue arreglada en el verano de 1995 (y hecha posible gracias a una donación de los esposos Tom y Dottie Corson), tras lo cual dichos libros pasaron a integrar el Departamento de Fondos Especiales de la Hesburgh Library, bajo la responsabilidad del doctor Louis Jordan.

La colección privada de José Durand contenía un buen grupo de «incunables» europeos y 515 libros editados durante el siglo XVI. Allí estaban ediciones humanísticas de Aristóteles, Platón, Cicerón, Ovidio, junto con textos de Boccaccio, Petrarca, Piccolomini, Tasso y otros autores itálicos (entre los más usuales). Además de los materiales pertenecientes al ambiente cultural del Inca Garcilaso -incluyendo tratados de arquitectura y espiritualidad, primeros ejemplares de las crónicas de Indias y gramáticas y vocabularios de lenguas americanas-, el repertorio bibliográfico de Durand demuestra el amplio cuerpo de intereses que animaba a este investigador. Así están en la Hesburgh Library de Notre Dame, accesibles al público estudioso, otros 222 volúmenes del siglo XVII, 240 del siglo XVIII y 182 del siglo XIX; cifras que remiten por cierto sólo a los libros encuadernados.

En términos de estadística, los escritores cuyas obras aparecen más frecuentemente en la colección del profesor Durand son los siguientes: Aristóteles y Cicerón, con diversas piezas filosóficas y literarias, como representantes de la tradición clásica grecorromana; Heliodoro, con su novela «bizantina» de los amores de Teágenes y Cariclea; Francesco Petrarca y Alessandro Piccolomini, italianos, formadores del Inca Garcilaso en su espíritu humanista y neoplatónico; Pedro Mexía, Ambrosio de Morales, el jesuita Martín Roa y el agustino Jerónimo Román y Zamora, españoles de los siglos XVI y XVII, consagrados en su respectiva dedicación a la historia, la teología y la literatura moralizante. Todos estos autores cuentan con más de seis ejemplares cada uno.

No son abundantes los impresos limeños del Virreinato, pues apenas se encuentra una decena de libros publicados en el siglo XVII. Tal vez podamos explicar este fenómeno porque tales obras no guardaban vinculación directa con el Inca Garcilaso, en tanto que su fecha de redacción se cruzaba con la propia salida de los Comentarios reales en la Península Ibérica, o porque sus autores no parecían haberse enterado de la producción del compatriota «exiliado». De todas formas, el profesor Durand poseía ejemplares de obras tan valiosas como la Gramática y arte nueva de la lengua general de todo el Perú, llamada quichua, del jesuita Diego González Holguín (1607); el Vocabulario de la lengua aymara, del también jesuita Ludovico Bertonio (1612); la Carta pastoral de exhortación e instrucción contra las idolatrías de los indios, del arzobispo limeño Pedro de Villagómez (1649); la Crónica de la provincia peruana del orden de los ermitaños de San Agustín, de fray Bernardo de Torres (1657); la Vida de Jesucristo, Nuestro Señor, Dios, hombre, maestro y redentor del mundo, por el fraile agustino Fernando de Valverde (1657); y el Apologético en favor de don Luis de Góngora, del mestizo cuzqueño Juan de Espinosa Medrano, el Lunarejo (1662)17.

Además, no hay que pasar por alto la serie extraordinaria de números que Durand reunió de la Gaceta de Lima (años 1744 a 1793), ni tampoco sus buenas existencias de periódicos y alegatos criollos del tiempo de la Ilustración, así como de revistas históricas y literarias más modernas. También contiene este fondo la copia de un borrador primigenio de la Historia de la Florida del Inca Garcilaso, una serie de poesías y canciones populares del Perú e innumerables libros con dedicatorias de autores latinoamericanos del siglo XX, que guardaron amistad con el erudito investigador y crítico limeño. La colección Durand abre de hecho un rico campo a los estudios multidisciplinarios: aquí se encuentran piezas de materia religiosa, filosófica, histórica, literaria, lingüística y aun científica, aptas para enfocar los más diversos problemas del pasado y del presente de nuestro subcontinente.

Expuesta provisoriamente en un catálogo aparte, la serie de libros pertenecientes al siglo XIX es algo menos valiosa y no parece responder a una línea temática determinada, aunque está centrada más netamente en el Perú. Comprende un lote importante de ediciones primigenias de las obras de Ricardo Palma, junto con los tomos de la colección Torres de Mendoza (sobre la colonización española de América y Oceanía) y otras conocidas recopilaciones documentales de la época, como las de Manuel Atanasio Fuentes o Manuel de Odriozola. No faltan desde luego ediciones ochocentistas de los Comentarios reales y de las diversas crónicas de Indias, ni tampoco las obras históricas de Sebastián Lorente, Manuel de Mendiburu y Mariano Felipe Paz Soldán; las poesías de Juan de Arona, Mariano Melgar, Felipe Pardo y Manuel Ascensio Segura; y los escritos polémicos de González Vigil.

Consultando la opinión de un especialista en el mercado de libros contemporáneo, David Colmenares Samyui, hemos obtenido una imagen más clara del valor y de las fuentes nutricias de la colección Durand18. En primer término, por su afán de recopilar libros con una temática bien definida y por la importancia de las piezas rarísimas contenidas en este repertorio, se puede afirmar que José Durand significa el bibliófilo peruano más distinguido de nuestro siglo. Compró con atinado criterio tanto en América Latina como en España, durante los años posteriores a la segunda Guerra Mundial, cuando los precios de los libros se hallaban deprimidos en esos mercados; al mismo tiempo fue capaz de recolectar en Francia y los Estados Unidos gran cantidad de obras italianas del Renacimiento, que prácticamente abundaban en todas partes y se podían conseguir a precios bastante razonables. Es indudable que el sustento mayor de la presente colección radica en los libros de los siglos XVI y XVII, aquellos con los cuales pretendió Durand (logradamente) reconstruir el ambiente en que vivió, pensó y escribió el Inca Garcilaso de la Vega.

Si bien apreciamos una relativa falta de los primeros impresos del Perú, salidos del taller limeño de Antonio Ricardo y de su sucesor Francisco del Canto, esto se puede explicar porque Durand estuvo desde 1961 geográficamente alejado del mercado local, y no tuvo facilidades para aproximarse a los valiosísimos «incunables» de la tipografía peruana. En cambio, prefirió abastecerse de materiales con un precio intermedio en el mercado internacional (según Colmenares Samyui, la media de los libros de la época renacentista podría ser de 1000 a 1500 dólares), y sólo en contadas ocasiones realizó desembolsos notables para adquirir tal o cual rareza. De todos modos, habría que revisar con detenimiento las encuadernaciones de los volúmenes a fin de precisar detalles de su proveniencia, ya que faltan aparentemente las facturas o registros de las compras que efectuaba el investigador limeño19.

*  *  *

A fin de celebrar la adquisición de la biblioteca de José Durand y honrar a este maestro, la Universidad de Notre Dame acogió del 31 de marzo al 2 de abril de 1996 un coloquio internacional titulado Garcilaso Inca de la Vega between the Americas and the European Renaissance: Cultural Union of Two Worlds. El coloquio fue organizado por el profesor José Anadón, del Departamento de Lenguas Románicas de la universidad anfitriona, y contó con la participación de los especialistas peruanos Miguel Maticorena Estrada, Franklin Pease G. Y., Carmela Zanelli, Efraín Kristal, José Antonio Mazzotti y José A. Rodríguez Garrido. También intervinieron como expositores Sabine MacCormack (Michigan), Juan Bautista Avalle-Arce (Santa Barbara, California) y Pierre Duviols (Aix-en-Provence). Para la sesión inaugural, el ilustre garcilasista Aurelio Miró Quesada hizo llegar una ponencia sobre la permanente actualidad del Inca y su obra.

Durante una visita al campus de Notre Dame en octubre de 1996, tuvimos oportunidad de apreciar la exhibición denominada A Humanist Library: The European Renaissance/Baroque and the New World, que muestra un grupo selecto de más o menos 75 piezas de la colección Durand, relativas al ambiente cultural de Garcilaso. Esta muestra fue concebida y organizada por el profesor José Anadón, con la asistencia del investigador peruano Paul Firbas, quienes han elaborado un catálogo minucioso de dichas piezas. Más allá de los textos impresos, también podemos referir algunas líneas sobre los especímenes manuscritos que integran ese valioso legado. En la Hesburgh Library se encuentran ahora, por ejemplo:

  1. El libro del contador Luis Dávila con el cargo y descargo de la plata registrada en la caja real de Arica, de los años 1651-1652, en 134 hojas;
  2. La relación de la vida, virtudes y milagros de don García de Toledo Bracamonte, natural de Trujillo, escrita por el maestro Luis Joseph de Castro Domonte, del año 1708, en 70 hojas;
  3. El legajo nombrado «Títulos de la hacienda San Juan Capristano, en el valle de Cañete», con extensa documentación de un pleito promovido por D.ª Leonor y D.ª Josefa Salazar en la primera mitad del siglo XVIII, en 776 hojas;
  4. El libro de exámenes, posesiones de cátedras y títulos de regentes de la Universidad de San Marcos de Lima, con diversos nombramientos y mandamientos hechos por la rectoría durante los años 1818-1847, en 148 hojas20.

En fin, abundan las «joyas» y las virtualidades de investigación peruanista entre los fondos de la biblioteca de José Durand que ahora se han puesto a la disposición general. Por ello se entiende que las autoridades y profesores de la Universidad de Notre Dame hayan expresado el deseo de utilizar dicha colección como el fundamento de un nuevo centro de estudios dedicado al Renacimiento y Barroco europeos y sus proyecciones en el Nuevo Mundo. Dar concretización a este proyecto sería la mejor manera de enaltecer el recuerdo de dos humanistas sin par, el Inca Garcilaso de la Vega y el profesor José Durand.








Apéndice21

La biblioteca del Inca Garcilaso reconstruida por José Durand22


  • 1. Ciencia y Tecnología
    • ALBERTI (Leon Battista), L'architettura, tr. de Cosimo Bartoli. Venecia: Francesco dei Franceschi, 1565. [57; 109]
    • FERNÁNDEZ DE ANDRADA (Pedro), De la naturaleza del cavallo. Sevilla: Hernando Díaz, 1580. [73]
    • GRISONE (Frederico), Ordini de cavalcare et modo di conoscere le nature dei cavalli. Venecia: Hros. de Luigi Valvassori, 1584. [142]
    • HERRERA (Gabriel Alonso de), Libro de agricultura, que es de labranza y crianza y de muchas otras particularidades y provechos de las cosas del campo. Alcalá de Henares: Juan de Brocar, 1539. [64]
    • NÚÑEZ DE CORIA (Francisco), Aviso de sanidad. Madrid: Alonso Gómez, 1569. (Hay otra ed. de Madrid: Pierres Cosin, 1572). [90]
    • PALLADIO (Andrea), I quattro libri dell'architettura. Venecia: Bartolomeo Carampello, 1601. [57; 109]
    • PICCOLOMINI (Alessandro), Della sfera del mondo. Venecia: Nicolò Bevilacqua, 1561. [139]
    • SACRO BOSCO (Joannes de), Sphaera. Venecia: Girolamo Scotto, 1562. [74]
    • VITRUVIO POLIÓN (Marco), De architectura libri decem. Lyon: Joannes Tornaesium, 1552. [57; 109]
  • 2. Filosofía
    • ABARBANEL (León), Hebreo, Dialoghi di amore. Venecia: Figlivoli di Aldo, 1552. (Hay otras eds. en castellano, con tr. de Juan Guedella, Venecia: s. p. d. i., 1568, y con tr. del Inca Garcilaso de la Vega, Madrid: Pedro Madrigal, 1590). [58; 161; 170]
    • ——, Philosophie d'amour, tr. de Seigneur du Parc Champenois. Lyon: Guillaume Rouille, 1551. [188]
    • ALBERTO EL MAGNO (santo), Opera ad logicam pertinentia. Sin lugar: s. p. d. i., 1532. [185]
    • ARISTÓTELES, Problematum, tr. de Theodoro Gaza. Valencia: Joannes Mey, 1554. (Hay otra ed. de Lyon: Theobaldus Paganus, 1561). [12]
    • BOCCACCIO (Giovanni), Il Filocopo. Venecia: Lucio Spineda, 1612. [121]
    • ——, Laberinto d'amore. Venecia: Giacomo Vidali, 1575. [162; 166]
    • CICERÓN (Marco Tulio), Sententiae insigniores. Lyon: Guillaume Rouille, 1550. (Hay una reimp. de 1555). [33]
    • FICINO (Marsilio), Summi ex philosophi et theologi. París: Guillaume Guillard, 1559. [39]
    • FRANCO (Nicolò), Dialoghi piacevolissimi. Venecia: Altobello Salicato, 1590. [145]
    • GARIMBERTO (Girolamo), Della fortuna. Venecia: Michele Tramezzino, 1550. [63]
    • GIRALDO CINTHIO (Giovanni Battista), De gli hecatommithi. Venecia: Girolamo Scotto, 1566. 2 vols. [113]
    • MANUZIO (Paolo), In epistolas Ciceronis ad Atticum commentarius. Venecia: Figlivoli di Aldo, 1547. [151]
    • OVIDIO NASÓN (Publio), Le metamorfosi. Venecia: Francesco dei Franceschi, 1575. [36]
    • PETRARCA (Francesco), De remedi dell'una et l'altra fortuna, tr. de Remigio Fiorentino. Venecia: Domenico Farri, 1584. (Hay otra ed. de Venecia: Giacomo Cornetti, 1589). [120; 127; 136]
    • PICCOLOMINI (Alessandro), Institución de toda la vida del ombre noble, tr. de Juan de Barahona. Sevilla: Alonso Escribano, 1577. [128]
    • ——, Della institutione morale. Venecia: Giordano Ziletti, 1575. [132]
    • ——, Della filosofia naturale. Venecia: Francesco dei Franceschi, 1585. [137]
    • TORQUEMADA (Antonio de), Jardín de flores curiosas. Lérida: Pedro de Robles & Juan de Villanueva, 1573. [84]
    • VIVES (Juan Luis), Introductión a la sabiduría. Amberes: Johann Steelsius, 1551. [94]
  • 3. Historia
    • ACOSTA (José de), Historia natural y moral de las Indias. Sevilla: Juan de León, 1590. [100]
    • ALDRETE (Bernardo), Varias antigüedades de España, Africa y otras provincias. Amberes: Juan Hasrey, 1614. [59]
    • BEMBO (Pietro), Della historia vinitiana. Venecia: Gualtero Scotto, 1552. [181; 184]
    • BOAISTAU (Pierre), El teatro del mundo. Valladolid: Diego Fernández de Córdoba, 1585. [187]
    • CÉSAR (Cayo Julio), Commentarii de bello Gallico. Lyon: Sebastian Gryphius, 1534. (Hay otra ed. de Venecia: Figlivoli di Aldo, 1571). [25; 171]
    • CHAVES (Jerónimo de), Chronographía o repertorio de los tiempos. Sevilla: Alonso Escribano, 1572. [75]
    • CIEZA DE LEÓN (Pedro de), Cronica del regno del Peru, tr. de Agostino di Cravaliz. Venecia: Francesco Lorenzini da Turino, 1560. [102]
    • COLLENUCIO (Pandolfo), Compendio delle historie del regno di Napoli. Venecia: Michele Tramezzino, 1543. [119]
    • FERNÁNDEZ (Diego), el Palentino, Primera y segunda parte de la historia del Perú. Sevilla: Hernando Díaz, 1571. [99]
    • FULVIO (Andrea), Dell'antichità della città di Roma. Venecia: Michele Tramezzino, 1543. [122]
    • GALLUCCI (Giovanni Paolo), Theatro del mundo y del tiempo, tr. de Miguel Pérez. Granada: Sebastián Muñoz, 1606. [187]
    • GARCILASO DE LA VEGA (Inca), Primera parte de los commentarios reales, que tratan de los incas. Lisboa: Pedro Crasbeeck, 1609. [1]
    • ——, La Florida del Inca; historia del adelantado Hernando de Soto. Lisboa: Pedro Crasbeeck, 1605. [104]
    • GUICCIARDINI (Francesco), Epitome dell'historia d'Italia. Venecia: Giacomo Sansovino, 1580. [118]
    • ——, Dell'historia d'Italia. Venecia: Gabriel Giolito de Ferrari, 1564. [130; 133]
    • HERODIANO, Historiarum libri octo Graecae pariter et Latinae, ed. de Angelo Politiano. París: Henri Estienne, 1581. [157]
    • ——, ¿Isidoro de Sevilla (santo)?, Gothorum Sveonumque historia ex probatis antiquorum monumentis. Basilea: Officina Isingriniana, 1558. [9]
    • JOSEFO (Flavio), Antiquitatum Judaicarum. Lyon: Sebastian Gryphius, 1546. (Hay otra ed. de Basilea: Officina Frobeniana, 1584). [6]
    • LÓPEZ DE GÓMARA (Francisco), Historia delle nuove Indie occidentali, tr. de Agostino di Cravaliz. Venecia: Giovanni Bonadio, 1564. [101]
    • LUCANO (Marco Anneo), La Pharsalia, tr. de Martín Lasso de Oropesa. Burgos: ¿Felipe de Giunta?, 1558. [67]
    • MANUZIO (Paolo), Antiquitatum Romanarum liber. Sin lugar: Joannes Le Preux, 1595. [180]
    • MEXÍA (Pedro), Historia imperial y cesárea. Amberes: Peter Beller, 1578. [82]
    • PLUTARCO, Las vidas de illustres y excellentes varones griegos y romanos pareadas. Estrasburgo: Augustin Frisio, 1551. [111; 134; 141]
    • POLIBIO, Historiarum libri quinque. Sin lugar: Jacobus Stoer, 1608. [168]
    • RADES Y ANDRADA (Francisco de), Chrónica de las tres órdenes y cavallerías de Santiago, Calatrava y Alcántara. Toledo: Juan de Ayala, 1572. [71]
    • SABELLICO (Marco Antonio), Le historie vinitiane, tr. de Lodovico Dolce. Venecia: Curtio Troiano di Nano, 1544. [106]
    • SALUSTIO (Cayo Crispo), Conjuratio Catilinae et bellum Jugurthinum. Roma: Paolo Manuzio, 1563. [29]
    • SIGONIO (Carlo), Republicae Hebraeorum libri septem. Espira: Nemetum, 1584. [42]
    • SUETONIO TRANQUILO (Cayo), Las vidas de los doze Césares, tr. de Jaime Bartholomé. Tarragona: Felipe Roberto, 1596. [37; 45]
    • TÁCITO (Cayo Cornelio), Annales, ed. de Justo Lipsio. Amberes: Christopher Plantin, 1581. (Hay una ed. castellana, con tr. de Baltasar Alamos de Barrientos, de Madrid: Luis Sánchez, 1614). [129]
    • YEPES (Rodrigo de), Tractado y descripción breve y compendiosa de la Tierra Sancta de Palestina. Madrid: Juan Iñiguez de Lequerica, 1583. [81]
  • 4. Lingüística y Literatura
    • ARIOSTO (Lodovico), Orlando furioso. Venecia: Figlivoli di Aldo, 1545. (Hay otra ed. italiana de Venecia: Vincenzo Valgrisi, 1556, y una castellana, con tr. de Jerónimo de Urrrea, de Lyon: Mathias Bonhomme, 1556). [114; 131]
    • ARISTÓTELES, I tre libri della retorica a Theodetto, tr. de Alessandro Piccolomini. Venecia: Francesco dei Franceschi, 1571. (Hay otra ed. de Venecia: Giacomo Leoncini, 1574). [41]
    • BEMBO (Pietro), Le prose. Venecia: Giovanni Tacuino, 1525. (Hay otra ed. de Venecia: Comin da Trino, 1554). [181; 184]
    • BOCCACCIO (Giovanni), Il Decameron. Venecia: Stamperia dei Giunti, 1573. [117]
    • BOIARDO (Matteo Maria), Orlando innamorato. Venecia: Lucantonio Giunta, 1545. (Hay otra ed. de Venecia: Domenico Imberti, 1602). [116]
    • CARO (Aníbal), Delle lettere familiari. Venecia: Bernardo Giunta, 1587. [147]
    • CASAS (Cristóbal de las), Vocabulario de las dos lenguas toscana y castellana. Venecia: Egidio Regazola, 1576. [86]
    • CLAUDIANO (Cayo Lucio), Opera. Brescia: Baptista y Anton Bozzolas, 1610. [153]
    • DANTE ALIGHIERI, Opere del divino... Venecia: Bernardino Stagnino, 1520. [107]
    • DOMENICHI (Lodovico), Delle rime scelte da diversi autori. Venecia: Gabriel Giolito de Ferrari, 1545. 2 vols. [177]
    • GELIO (Aulo), Noctium Atticarum commentarii. Venecia: Aldo Manuzio, 1515. [140]
    • GUEVARA (Antonio de), ob. de Mondoñedo, Epístolas familiares. Salamanca: Pedro Lasso, 1578. [85; 87]
    • HELIODORO, Historia de los dos leales amantes Theágenes y Chariclea, tr. de Fernando de Mena. Alcalá de Henares: Juan Gracián, 1587. (Hay otra ed. de Barcelona: Gerónimo Margarit, 1614). [92; 124]
    • JUVENAL (Decio Junio), Aquinatis satyrographi opus. Venecia: Franciscus Bindonus & Maffeo Pasino, 1548. [173]
    • MANUZIO (Aldo), Eleganze, insieme con la copia della lingua toscana e latina. Venecia: Hros. de Alessandro Griffo, 1585. [30]
    • MANUZIO (Paolo), Lettere volgari de diversi nobilissimi huomini et eccellentissimi ingegni, scritte in diverse materie. Venecia: Figlivoli di Aldo, 1551. [174]
    • MENA (Juan de), Las trezientas del famosísimo poeta... Alcalá de Henares: Juan de Villanueva, 1566. [66]
    • MEXÍA (Pedro), Silva de varia lección. Amberes: Guslenio Jansens, 1603. (Hay una ed. en italiano de Venecia: Iseppo Prodocimo, 1582). [79; 155]
    • PETRARCA (Francesco), Los sonetos y canciones del poeta..., tr. de Enrique Garcés. Madrid: Guillermo Droy, 1591. (Hay eds. en italiano de Venecia: Alessandro Griffo, 1581 y Venecia: Giovanni Antonio Bertano, 1584). [167]
    • PICCOLOMINI (Alessandro), Comedie. Venecia: Francesco Rampazetto, 1564. [182]
    • ROJAS (Fernando de), La Celestina; tragicomedia de Calisto y Melibea. Amberes: Officina Plantiniana, 1599. [95]
    • TASSO (Torquato), Le lettere familiari. Bérgamo: Comino Ventura, 1588. [183]
    • TERENCIO AFRICANO (Publio), Comoediae. Venecia: Figlivoli di Aldo, 1555. (Hay otra ed. de Lyon: Joannes Frellonius, 1555). [24]
    • VIRGILIO MARÓN (Publio), La Eneida, tr. de Gregorio Hernández de Velasco. Zaragoza: Lorenzo y Diego de Robles, 1586. [186]
  • 5. Política
    • CASTIGLIONE (Baldassare), El cortesano, tr. de Juan Boscán. Amberes: Vda. de Martín Nucio, 1561. [164; 176]
    • CICERÓN (Marco Tulio), De officiis libri tres, ed. de Paolo Manuzio. Venezia: Figlivoli di Aldo, 1555. (Hay otra ed. de Frankfurt: Georg Corvinus, 1566). [179]
    • GUAZZO (Stefano), La civil conversatione. Venecia: Altobello Salicato, 1576. [158]
    • GUICCIARDINI (Francesco), Avvertimenti civili et concetti politici. Venecia: Altobello Salicato, 1588. [135]
    • MARIANA (Juan de), De rege et regis institutione. Toledo: Pedro Rodrigo, 1599. [43]
    • MUZIO (Girolamo), Il duello. Venecia: Gabriel Giolito de Ferrari, 1550. [146; 178]
    • OSORIO DA FONSECA (Jerónimo), De nobilitate civili et christiana. Basilea: Petrus Perna, 1571. [11]
  • 6. Religión
    • Biblia sacra. Lyon: Joannes Tornaesium, 1556. (Hay otra ed. de Lyon: Hros. de Guillaume Rouille, 1593). [2; 3]
    • Breviarium Romanum. Venecia: Stamperia dei Giunti, 1563. (Hay una reimp. de 1578). [4]
    • Catalogus haereticorum. Colonia: Godofredus Hittorpius, 1529. [18]
    • CIRUELO (Pedro), Reprovación de supersticiones. Salamanca: Pedro de Castro, 1539. [97]
    • COSTERO (Francisco) Cincuenta meditaciones sobre toda la Pasión de Christo, tr. del P. Diego Miravete. Zaragoza: Juan de Bonilla, 1601. [89]
    • Evangelium secundum Matthaeum, Marcum, Lucam, Johannem. París: Robert Estienne, 1545. [51]
    • FERNÁNDEZ DE SANTAELLA (Rodrigo), Vocabulario eclesiástico. Zaragoza: Bartolomé de Nájera, 1530. (Hay otra ed. de Salamanca: Joannes Maria de Terranova, 1556). [14]
    • Flores Bibliorum, Amberes: Vda. y hros. de Johann Steelsius, 1567. (Hay otra ed. de Lyon: Guillaume Rouille, 1572). [28; 40]
    • GUTIÉRREZ (Juan), Calendario perpetuo. Sevilla: Juan de León, 1598. [49]
    • HIBERNICUS (Thomas), Flores omnium pene. Lyon: Guillaume Rouille, 1555. [35]
    • JIMÉNEZ ARIAS (Diego), Lexicon ecclesiasticum Latino-Hispanicum. Lisboa: Antonio Ribeiro, 1588. [14]
    • LUIS DE GRANADA, Memorial de la vida christiana. Salamanca: Andreas de Portonariis, 1566. (Hay otra ed. de Barcelona: Francisco Trinch, 1588). [60]
    • ——, Primera parte de la introductión del símbolo de la fe. Barcelona: Hubert Gotard, 1589. (Hay otra ed. de Barcelona: Sebastián Cormellas, 1603). [60]
    • Missale Romanum. Venecia: Lucantonio Giunta, 1541. (Hay otras eds., con el nuevo rito tridentino, de Venecia: Joannes Variscus, 1575, y Venecia: Stamperia dei Giunti, 1583). [7]
    • MUSSO (Cornelio), Delle prediche quadragesimali. Venecia: Stamperia dei Giunti, 1587. 2 vols. [112]
    • ORTIZ (Francisco), Franciscano, Epístolas familiares del muy reverendo padre... Zaragoza: Bartolomé de Nájera, 1552. [163]
    • ORTIZ LUCIO (Francisco), Lugares comunes, con una nueva tabla y compendio de todas las doctrinas, lugares y escripturas. Alcalá de Henares: Juan Iñiguez de Lequerica, 1592. [52]
    • PÉREZ DE VALENCIA (Jaime), Divinae planae expositiones in cento e quinquaginta psalmos Davidicos. Lyon: Jacobus y Franciscus de Giunta, 1541. [10]
    • RUIZ ALCOHOLADO (Pedro), Calendarium perpetuum breviarii Romani. Toledo: Joannes de Plaza, 1577. [49]
    • ——, Tractado muy útil y curioso para saber bien rezar el officio romano. Toledo: Pedro López de Haro, 1584. [48]
    • SAVONAROLA (Girolamo), Prediche. Venecia: Brandino y Ottaviano Scoto, 1539. [156]
    • SOLÍS (Rodrigo), Segunda parte del arte de servir a Dios. Alcalá de Henares: Juan Gracián, 1594. [88]
    • SOTO (Domingo de), Summulae. Burgos: Joannes de Giunta, 1529. [17]
    • VITORIA (Francisco de), Summa sacramentorum ecclesiae. Salamanca: Andreas de Portonariis, 1565. [23]


 
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