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1351

Es muy curioso observar la amalgama que Santistevan ha hecho de estas dos palabras, que, como se sabe, la una significa indio principal y la segunda indio de servicio. Nuestro autor, que no debía andar muy al cabo de los nombres indígenas, bautizó a su héroe del extraño modo que vemos.

 

1352

Es cierto que el bibliógrafo continuador de León Pinelo (Epítome de la Biblioteca Oriental y Occidental, t. II, col. 659) e historiadores, como Córdoba y Figueroa y don José Pérez García, -y este último daba remate a su obra en 1810-, citan el poema de Álvarez de Toledo, pero en tales términos, que dejan en duda si le tuvieron a la vista o si le mencionan por los fragmentos conservados en el libro del P. Ovalle.

 

1353

En el canto XIX, al hablar de ciertos refuerzos que el Virrey del Perú envió a Chile y después de contar cómo llegaron a Valdivia y se encaminaron de allí a Osorno, añade:


Su fin diré, los triunfos y victoria
en la Segunda Parte de esta historia:



hechos que no se hallan referidos en las estrofas del Purén indómito.

 

1354

Que Xufré del Águila tuvo a la vista y disfrutó de la obra de Ercilla, resulta manifiesto de las dos veces en que a ella se refiere, y las dos, sea dicho de paso, ya para criticarla de diminuta en algún punto, ya para advertir que el poeta no fue imparcial al historiar las hazañas de Hurtado de Mendoza. No estará de más que las veamos. Es la primera, relativa a la muerte de Pedro de Valdivia:


Matáronle, cual cuenta en su Araucana
el famoso de Arcila, aunque con muchas
diferencias, que yo enmendar pudiera
si llevara esta historia por extenso...



Y es lástima que no lo hiciera, porque ya le habríamos visto en aprieto para contar el incidente más oscuro de cuantos puedan ofrecerse en nuestra historia, imposible como es de acreditar con testimonio alguno.

La acusación de falta de imparcialidad respecto de don García la estampa en la forma siguiente:


    Sabiendo que su padre era ya muerto,
y que venía ya a el Reino otro gobierno,
por no obligarse a algún castigo justo,
como estuvo muy cerca de hacerse
en el ya referido coronista,
que después fue, y mostró pasión callando
de don García muy lucidas cosas,
que pudiera decir con verdad mucha
(como yo lo hiciera, a tener tiempo)...



Sería ocioso insistir en manifestar aquí, después de lo que hemos dicho en otro lugar, que Xufré del Águila habría quedado en esta parte también en descubierto en sus afirmaciones.

 

1355

Página 4 del prólogo del editor de La conquista de la Bética de Juan de la Cueva, Madrid, en la Imprenta Real, 1795, 8.º

Con juicio ya del todo desatinado, ese anónimo completaba ese aserto, diciendo que semejante fenómeno se había producido respecto de una obra que, «mirada sin prevención, no es la más a propósito para dar una idea de la elevación y grandeza de nuestra poesía!»

 

1356

Así, para concretarnos a lo que a este respecto se observa en Francia, no hemos de mencionar las estrofas que se hallan en la Génie du Christianisme (parte II, lib. I, cap. IV) de Chateaubriand; en la Littérature du Midi de l'Europe, de Sismondi, ed. de 1829, t. III, p. 456; en la Histoire comparée des littératures espagnole et française (t. I, p. 276) de Puibuisque; y, como éstas, en no pocas a que hemos hecho referencia en nuestro juicio de La Araucana.

 

1357

El primero que anunció la existencia de semejante traducción fue Gilibert de Merlhiac en su discurso preliminar a la suya, donde (pág. 14) se expresa así: «...Ercilla n'a point eu de commentateurs que je connaise, et je n'ai jamais pu me procurer la seule traducition italienne qui a été faite, m'at-on dit, de ce poème». Casi de seguro, sobre tan deleznable fundamento repitió Raynouard esa especie en el artículo suyo a que hemos hecho referencia, dándole los caracteres de netamente afirmativa: «ce poème (La Araucana) a été traduit en italien».

Hemos registrado los libros de literatura o de bibliografía italianos que han estado a nuestro alcance y aun hemos solicitado informaciones de las bibliotecas de ese país, pero sin resultado afirmativo. Con vista de esto, sospechamos que el origen de la noticia de semejante traducción proceda de las páginas que el abate don Carlos Andrés dedicó a Ercilla y a su obra en su Curso de literatura, que hemos recordado en otro lugar valiéndonos de la versión castellana. Y contribuye a hacer verosímil esta hipótesis el hecho de que la obra italiana a que aludimos salió a luz mucho antes de 1824, fecha la más antigua de semejante noticia.

En realidad, todo lo que hay de La Araucana en italiano son los fragmentos traducidos en monótonos endecasílabos por el clérigo Pietro Monti, poeta mediocre, aunque conocedor de la literatura española, que insertó en sus Romance storiche e moresche scelte spaganuole tradolte in versi italiani, pp. 250-253, Milano, 1855, seconda edizione.

 

1358

Somos deudores, y nos complace el recordarlo aquí; a don Fernando Montessus de Ballore, sismólogo de reputación universal, hoy al servicio de Chile, de la traducción de los párrafos que quedan insertos (habiéndolos nosotros vertido del francés), quien, con tal motivo, nos escribía: «Ha resultado [el libro de Byl] un texto muy anticuado, del dialecto flamenco-holandés, redactado en el estilo oscuro y enfático de la época: en fin, un verdadero galimatías, con una ortografía extraordinaria. En mi diccionario holandés (moderno), 80 por ciento de los vocablos no se encuentran; aun restableciendo su ortografía probable. He tenido que adivinar por medio de las raíces de los idiomas germánicos... Sin embargo, estoy cierto de la exactitud de lo traducido...»

 

1359

An essay on epic poetry, p. 210.

 

1360

Viardot, Estudios, etc., traducción de Varela, p. 125: «Voltaire, en medio de sus conocimientos universales, carecía del de el idioma castellano».