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31

Ya en esta vez no hay necesidad de deducir el hecho de sus palabras, pues él así lo declaró expresamente (581-3-1, 2)


Yo, que fui siempre amigo e inclinado
A inquirir y saber lo no sabido...



 

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«Estando el Príncipe y las Infantas en Valladolid; se atendía a aparejar grandes regocijos y fiestas; pero entretanto no dexaba Su Alteza de entender en dar orden en la forma y estado de su casa, conforme a lo que el Duque de Alba había traído del Emperador, recibiendo a muchos caballeros en los estados y asientos, así de la Cámara como de la boca y de la casa y de los oficios della. Acabado de dar orden en esto y estando ya la casa formada, se comenzó a servir al uso de Borgoña a los quince de agosto, día de Nuestra Señora, del año de mil y quinientos y cuarenta y ocho». Oviedo, Libro de la Cámara, hoja 2 frente.

 

33

El casamiento de doña María y el arreglo de la casa del Príncipe en aquel año, hacen sospechar que probablemente entonces fue cuando doña Leonor de Zúñiga entró a servir de guardadamas de la futura emperatriz Y cuando logró colocar a su hijo en la casa del príncipe don Felipe. Garibay no expresa con claridad la fecha en que se verificaran ambos hechos, que, en aquel supuesto, debieron de ser así simultáneos. He aquí sus palabras: «Ya que supo leer y escribir [Ercilla] y la lengua latina, su madre, serviendo a la dicha Infanta, después emperatriz, de guarda mayor de sus damas, le metió en la Casa Real por paje del serenísimo y muy alto príncipe don Felipe, nuestro señor, su hermanó, en cuyo servicio, a los 15 años de edad, salió de estos reinos en el de 1548...» Página 523, de los Documentos.

 

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Cristóbal Calvete de la Estrella, que acompañó en esa ocasión a don Felipe y cuyas relaciones de amistad con Ercilla debieron datar desde entonces, celebrándole después con elogio en su Araucana, en su hermoso libro de El felicísimo viaje del Príncipe, al verso del folio 8, en el título de La Embarcación, dice: «Señalóse una galera en que se embarcaron con Hernando de Migolla, su ayo, los pajes del Príncipe siguientes: don Antonio de Portugal, don Rodrigo Pimentel, don Alonso de Çuñiga, don Íñigo López de Mendoza. Diego López de Medrano, don Pedro de Silva, don Gabriel de Castilla, don Martín de Goñy, Francisco Marlés de Malla, don Pedro de Padilla, don Benito de Cisneros, don Fadrique Manrique de Lara, don Benito Zapata, don Felipe Pacheco, don Fedro de Velasco, don Miguel de Valtena, don Luis de Sotomayor, don Nuño del Águila, Galcerán Durall, don Gonzalo de Avalos».

Como se ve, habla de un Alonso de Zúñiga; pero no puede caber duda de que se quiso referir a Ercilla, como lo advirtió ya el propio Garibay.

Hemos querido transcribir íntegro el párrafo de Calvete para que se vea también cuales fueron los compañeros del poeta en aquella parte del viaje.

Volviendo a la alusión de Calvete, añadamos al mismo intento de que se trata de Ercilla, tener presente, -cosa no dicha hasta ahora,- que él mismo se lo recordaba a Felipe II en la dedicatoria de la Primera Parte de La Araucana, por estas palabras: «Como en los primeros años de mi niñez yo comenzase a servir a Vuestra Majestad, que fue cuando pasó la primera vez a Flandes...»

 

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Hacemos notar esta circunstancia porque, acaso, sería Ercilla emparentado con él, lo que no podríamos asegurar.

 

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Para no fatigar, ahorraremos al lector el resto del itinerario de aquel célebre viaje emprendido por el Príncipe para que recibiese de manos de su padre la investidura de la sucesión en el trono y para que sus futuros súbditos de aquellos países pudieran conocerle, y él, que había de gobernarles, tratarlos de cerca. Difícilmente podría encontrarse en la historia alguno más famoso, ofreciéndose así a Ercilla la ocasión de presenciar hechos y escenas de alcance imponderable y que no era posible que el tiempo borrara de su memoria. Para el curioso y como detalle de las peregrinaciones de nuestro poeta, hemos de poner aquí, sin embargo, el, resto de aquel itinerario.

El príncipe permaneció en Bruselas hasta el 4 de julio, día en que partió para Lovaina, para volver nuevamente a Bruselas y partir de allí otra vez a fin de visitar a Flandes, Artois y Henao (sic) (Henault?) y de regreso, emprendió viaje a Gante el 12 de julio; el 19, de allí para Brujas, a Lila el 26; de aquí para Arras, el 7 de agosto; de Arrás para Bins, el 2; de Bins a Bruselas, el 31. El 6 de septiembre se ponía otra vez en camino a visitar los estados de Brabante, Holanda, Zelanda, Utrecht, Fransilana y Gheldres; siguió a Amberes; el 19 de septiembre a Boisleduc, y a Utrecht el 24; a Rucamond el 5 de octubre; a Bruselas el 22 y a Maestrich el último día de mayo.

Aquí termina el itinerario del viaje que da Calvete de la Estrella, cuya ortografía en los nombres de pueblos la damos como él la trae. Sobre ese mismo viaje, publicó Vicente Álvarez una Relación que se imprimió en Medina del Campo en 1551, descrita por Gallardo, bajo el n.º 176, pero tan rara hoy, que el propio Pérez Pastor hubo de limitarse a citarla en su Imprenta en aquella ciudad por no haber logrado ver ejemplar alguno.

 

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Declaración suya en la información para armarse caballero de Santiago de don García de Arce y Villerías, Documentos, p. 177.

De Augusta, como se llamaba entonces esa ciudad, habla también el poeta en su poema (603-1-3:)


¿Qué jornadas también por mar y tierra
Habéis hecho que deje de seguiros?
A Italia, Augusta, a Flandes, a Inglaterra...



 

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Alguna discrepancia se nota en cuanto a la fecha de su arribo a Barcelona en lo que dice Cabrera de Córdoba: «Partió el Emperador de Bruselas en los últimos días de mayo con las reinas sus hermanas y el príncipe... Disponiendo la partida de su hijo le dio facultad nueva para gobernar España y las Indias a 21 de junio... Desembarcó en Barcelona, a los primeros de agosto, y en Valladolid trató de aviar al Príncipe de Ungría y a su mujer...» Relaciones, p. 13.

Prescott (I, p. 73) dice sobre el particular: «Desde Trento tomó Felipe a toda prisa la vuelta de Génova, donde se embarcó en la escuadra del veterano Doria, como al salir de España. Arribó a Barcelona en 12 de julio de 1551, siguiendo en derechura a Valladolid...»

Y en cuanto a la partida de Maximiliano, don Evaristo de San Miguel y Valledor refiere que tomó a la llegada del príncipe «la vuelta de Alemania, adonde su padre le llamaba, mas no pudo llevar consigo a la princesa María, por hallarse muy adelantada en su embarazo. Dio a luz esta señora poco después en Cigales, pueblo inmediato a Valladolid, a doña Ana, que llegó a ser la cuarta y última mujer de don Felipe». Historia de Felipe II, I, p. 177.

 

39

Garibay, (en nuestros Documentos, p. 523) de quien proceden estas noticias, únicas que poseemos del segundo viaje de Ercilla.

 

40

El cronista de ese viaje, de quien tomamos las apuntaciones anteriores, refiere, a este respecto: «La vida que allí pasan los españoles no es muy aventajada, ni se hallan tan bien como se hallarían en Castilla: a esto algunos dicen que querrían más estar en los rastrojos del reino de Toledo, que en las florestas de Amadis...» página 77.