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461

En el soneto suyo impreso al frente de la edición príncipe de la Segunda Parte de La Araucana


Pintaste la verdad (que siempre amaste)...



 

462

En el Viaje al Parnaso, capítulo II:



Era cosa de ver maravillosa
de los poetas la apretada enjambre,
en recitar sus versos muy melosa.

Este muerto de sed, aquél de hambre...



Corriente era, por lo demás, el dicho: «dámele poeta; dártelo he pobre».

 

463

Escritura de 2 de enero de 1574. página l41 de los Documentos.

 

464

Lo estaba ya en 10 de octubre de 1569, fecha en que en ese carácter otorga una escritura de censo. Archivo Notarial de Madrid (al cual nos hemos de referir toda vez que tratemos de estas materias), protocolo de Pedro de Torres, año indicado.

 

465

Escritura de 12 de noviembre de 1573, página 140.

 

466

Poder de 28 de julio, página 151.

 

467

Documentos, página 426.

 

468

Véase nuestra Ilustración dedicada a Ercilla y sus héroes en la literatura, en la cual le veremos figurar en colaboración con algunos de los poetas que hilaron la comedia Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza.

Cervantes en su Viaje al Parnaso, capítulo IV, recuerda a don Hernando de Lodeña, que así se llamaba el hijo, en los términos siguientes:


Otros, de quien tomó luego reseña
Apolo, y era dellos el primero
el joven don Fernando de Lodeña:
poeta primerizo, insigne empero,
en cuyo ingenio Apolo deposita
sus glorias para el tiempo venidero.



Debían de ser padre e hijo muy conocidos del gran ingenio; pues según asegura en su testamento doña Magdalena de Cervantes, hermana de Miguel, le prestó 300 ducados, y después de casado, le negó la deuda. «Ludeña luego le hizo firmar con amenazas una cédula, librándole de responsabilidad, y después de prometerle a solas darle, mientras él viviese, sus alimentos y dejarla, si moría, con qué vivir, nada hubo de cumplirle. En 1613, Ludeña pagó... pero con un soneto y bastante malo, en elogio de las Novelas ejemplares». José de Armas, El Quijote y su época, p. 60, nota. Tal habría sido la conducta de Ludeña el viejo.

Este fue casado con doña María de Urbina y Alderete y murió en Madrid, muy anciano, en 25 de agosto de 1626. En sus últimos años había obtenido, cuando contaba ya 90, real licencia para andar en silla de manos, «por algunos achaques que no le dejan andar a pie ni a caballo». Todavía se vio amargado por los disgustos que le dio su hijo de su mismo nombre, que se había apoderado de toda su hacienda y le escatimaba los alimentos, sobre lo cual celebraron un arreglo en marzo de 1625. Véase éste y otros documentos recogidos por Pérez Pastor, publicados en las pp. 231-232 del tomo X de las Memorias de la Real Academia.

El joven don Hernando, además del soneto a Cervantes, que podrá verse en la página 11 del tomo I la Colección Rivadeneyra, hizo poco después otro en elogio de don Diego de Agreda y Vargas, que va entre los preliminares de su novela. Los más felices amantes Leucipe y Clilofonte, impresa en Madrid en 1617. También contribuyó con ocho estancias de las 73 de que consta el canto épico que Ruiz de Alarcón se encargó de hilvanar para celebrar las fiestas que se hicieron al Príncipe de Gales en la Corte de España y se dio a luz en Madrid en 1623. Sobre este curioso parto, consúltese el Don Juan Ruiz de Alarcón de Fernández Guerra, pp. 392 y siguientes. Acerca de otros trabajos de Lodeña y las piezas dramáticas que escribió, véase el Catálogo de Barrera y Leirado. Algún dato biográfico suyo se halla también en el Catálogo de los autores citados en el Laurel de Apolo de Lope de Vega, Colec. de Aut. Esp., t. XXXVIII, p. 534, con motivo del elogio que éste le dedica allí:


Y para que despoje
cuanto verde laurel al sol desdeña
mira de don Fernando de Lodeña
el cuerdo ingenio y el decir süave,
lo apacible y lo grave
en los versos y el trato,
y verás con las gracias el retrato
la honestidad con el donaire iguales,
y con la autoridad musas marciales.



Por último, advertiremos que también le recuerda Flores de Ocariz en sus Genealogías del Nuevo Reino de Granada, t. I, p. 413.

Ludeña falleció en Madrid el 15 de julio de 1634.

 

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Escritura de 3 de agosto de 1577. Documentos, pp. 165-166.

El precio se estimaba, sin duda, muy alto, cuando en ese contrato el Conde se vio obligado a declarar que la carroza y los caballos lo valían, «porque yo he hecho ver la dicha carroza y caballos a personas que lo saben y entienden», y le fue pagado a Ercilla por el Conde y su mujer doña Estefanía de Mendoza el 28 de marzo de 1579. Documentos, p. 194. No se habla en esa escritura de cuanto recibiera Ercilla por intereses devengados, pero sí se dejaba entender que tal fue lo que sucedió, al expresar que «se da por contento y pagado de los dichos señores Condes de todos los maravedís y otras cosas que fasta el día de hoy le han debido, de dineros prestados como en otra cualquier forma, en virtud de escritura de obligaciones como de otros recaudos e sin ellos»:

 

470

Documentos, p. 426.