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541

Fue don Fadrique caballero de Santiago, descendiente de la Casa de Palma, corregidor de Toledo en 1582, año en que, a los 25 de mayo, había salido del cautiverio de los moros. Garibay, Memorias, p. 396.

 

542

Hablando sobre el origen de esta deuda, en tono si es no es de broma, en carta escrita a don Diego Sarmiento de Acuña, le decía: «...pues tiene Vmd. de su mano al Marqués de Astorga de hacer que me pague quinientos reales que presté para comer a su tío, suplico a Vmd. se lo escriba, y si fuere menester enviar la confesión del Marqués, a quien se los presté, lo, haré...» Carta de 8 de marzo de 1593, página 394.

 

543

Véase en nuestra Ilustración de los aprobantes de La Araucana lo que decimos de esta señora.

 

544

Tales consultas se prolongaron aún por muchos años más. Entre las personas cuya opinión se tuvo presente debemos contar a Juan de Ibarra y a don García Hurtado de Mendoza, quienes dieron su opinión, el primero, en 5 de noviembre de 1602, y el segundo el 10 de julio del año inmediato siguiente. Decía Ibarra: «Ha más de setenta años que se trata si convenía que se perpetuasen los repartimientos de indios..., y sobre ello se han tomado en este tiempo diversos pareceres de muchas y graves personas y habiendo parecido que convenía hacer la perpetuidad de la tierra del Perú y que se podría sacar gran suma de dinero, se enviaron comisarios el año de 60 al Perú, con facultad muy cumplida, y queriendo usar de su comisión, hallaron tantas dificultades en los presupuestos que se hicieron, que habiendo avisado a S. M., tuvo por bien mandarles que se volviesen (como lo hicieron) sin ejecutar cosa alguna...»

El Marqués de Cañete, a su turno, expresaba: «Habiendo visto mucha parte de las consultas que se han hecho de 70 años a esta parte y las que ahora se me han enviado, y habiéndome hallado presente el año de 60 en el Perú cuando fueron con el Conde de Nieva los comisarios Licenciado Muñatones, Diego de Vargas y Ortega de Melgosa a tratar si convendría la perpetuidad y avisasen el modo con que se hubiese de asentar, siempre se ha hallado mucha dificultad en ello...» Archivo de Indias, 146-3-29.

 

545

Este informe de Ercilla, que publicamos en las páginas 318-319 de los Documentos, carece de fecha, que hemos fijado en 1591 porque el expediente en que se halla incorporado así lo demuestra y, a mayor abundamiento, la tiene puesta en el dorso, de letra de la época. Es todo de puño y letra del poeta, con excepción de la nota marginal que tiene al pie, esto es, al revés de lo que Ferrer del Río dijo en la edición de La Araucana, t. II, p. 451.

Este documento lleva al dorso la siguiente dirección: «Al Rey nuestro señor, en Madrid. Alonso de Arcila a Su Majestad». -Don Alonso de Arcilla: Los inconvenientes que se le ofrecen en el arbitrio de la perpetuidad y prorrogación de vidas en los repartimientos de Indias.

Lo publicó don Francisco Rodríguez Marín en la Unión Ibero-americana del 29 de febrero de 1912. La copia que nos sirvió para insertarlo en nuestro tomo de Documentos la sacamos en 1884.

 

546

Hojas 174 vuelta-175, pasaje que se reprodujo en El Conde Trivulcio, opúsculo sin lugar de impresión, ni fecha, pero de Madrid y de 1596. Advertiremos que aunque el Comentario salió a luz en ese último año, fecha que lleva también la dedicatoria, había sido escrito cinco años antes, porque registrase en él la aprobación datada en 1591, y de ahí por qué referimos a esa época el trabajo de nuestro poeta.

 

547

Ha andado hasta ahora en mucha confusión lo relativo a este trabajo de Ercilla, y no menos revuelto el anuncio que de él consignó Mosquera de Figueroa. Cerda y Rico en el prólogo de la edición de La Araucana hecha por Sancha, al hablar de la muerte de Ercilla, dice: «el año de 1596 le supone vivo el Licenciado Mosquera, pues entonces decía que estaba ocupado en escribir con felicidad las victorias de don Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, cuyo poema no sabemos si la muerte le dio lugar de finalizar». Doble error, pues ni Mosquera escribió eso en el año que se supone, por la razón que apuntamos en el texto, ni puede dudarse de que el poema, -de proyecciones mucho más vastas de las que le atribuye el docto prologuista,- lograse finalizarlo Ercilla, pues acabamos de ver hasta donde llegó en su composición.

Menos informado se muestra aún Álvarez y Baena, y no puede disculpársele que, escribiendo después de Mosquera y aún de Cerdá, estampase en sus Hijos Ilustres de Madrid, t. I, p. 35: «También se dice que empezó a escribir otro, poema de las victorias y hazañas de don Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz; mas, no sólo no se sabe que lo acabase, pero ni aun se ha visto fragmento alguno».

Don Martín Fernández de Navarrete, aunque más instruido y concienzudo, incurre también en confusiones que es necesario deshacer. Así, en el siguiente párrafo (Biblioteca Marítima, t. I, p. 22:)

«Escribió también un poema sobre la batalla naval y victoria que ganó el Marqués de Santa Cruz contra la armada francesa de Felipe Strozzi el año 1582, a la vista de las Azores. Y lo insertó el lic. Cristóbal Mosquera de Figueroa al principio del Elogio del mismo Marqués, que publicó el año 1596, unido a su Comentario de disciplina militar:» hay que advertir que lo que Ercilla escribió sobre el combate naval de las Azores no fue un poema sino un romance, que Mosquera insertó entre los Elogios de Marqués de Santa Cruz, impresos en 1586, pero que excluyó expresamente de la reproducción que de ellos hizo en el Comentario, precisamente porque afirmaba hallarse entonces Ercilla atareado en escribir su poema; y luego sigue reflexionando así: «por eso diría este letrado en la primera edición de aquel Elogio, año 1586, que Ercilla había comenzado a escribir las Jornadas del Marqués de Santa Cruz a las Azores en verso numeroso, en esta última parte de La Araucana, y se esperaba de su feliz, ingenio que oscureciese lo que otros escribieran de las victorias del Marqués. Pero Ercilla mudaría acaso su propósito, antes de dar a luz su «última parte de La Araucana», descartando de ella lo que sólo podía intercalar como un episodio más o menos bien traído. Todavía en 1596, y segunda edición del Elogio, insistía Mosquera en esperar la continuación de lo comenzado por Ercilla, aunque ya sin fijarla para la indicada «última parte de La Araucana», como que había salido la Tercera en 1589 y las tres juntas en 1590. Mas no es conciliable esta insistencia del licenciado Mosquera en 1596, siendo así que Ercilla había muerto en 1594; y lo cierto es, que en ninguna manera que sepamos escribió más de aquella acción naval; correspondiente a la primera de las dos jornadas a las Azores, ni nada relativo a la segunda, ni hay en La Araucana más que los precedentes para la conquista de Portugal, de que fue consecuencia la de aquellas islas por el Marqués de Santa Cruz: precedentes que Ercilla acomodó en su canto 37 y último; con el cual, cansado de desengaños, y recapitulando rápidamente sus propios hechos, escritos en La Araucana, se despidió para no cantar más, desentendiéndose de lo mucho que aún ofrecía en el final del 36».

La base de que parte el sabio marino es falsa cuando asevera que Mosquera refirió la publicación del poema de cuya composición trataba Ercilla a la última Parte de La Araucana, y de ahí sus vacilaciones y tropiezos al pretender conciliar las aseveraciones de aquel escritor con las fechas de las ediciones de La Araucana a que alude, ya que se limitó a decir, como se recordará, «en tanto que se publica esta obra», refiriéndose al nuevo poema de Ercilla, pero de ningún modo al de las guerras de Arauco; quedando, por consiguiente, a firme sólo que lo que Ercilla escribió no pasó del romance sobre el combate naval de las Azores, y del poema mismo de la campaña entera los fragmentos que se hallan incorporados en La Araucana y cuyo agregado allí, si lo hizo Ercilla, solamente salieron a luz tres años después de su muerte.

Vargas Ponce se expresaba sobre el punto de que se trata, de esta manera:

«Entre el juicio de estas obras ajenas se ocupaba Ercilla en dos obras propias de que nos quedan fragmentos o noticias. Fue la una la conquista del reino de Portugal, la gran empresa de Felipe II, y cuyo éxito feliz y permanente debiera poner a cubierto toda su conducta política, y la otra las insignes y señaladas victorias del Marqués de Santa Cruz.

»De la primera sólo permanece el primer canto, que la ignorancia más supina ha ingerido como último de La Araucana. De la segunda no queda más que la noticia que da su contemporáneo Mosquera de Figueroa. Si no es que ambas obras sean una misma composición, pues aquel reino se adquirió principalmente por el servicio de la armada que gobernó D. Álvaro de Bazán, y sus islas en nuestro continente por sólo su valor y pericia náutica.

»No desempeñó tan dignos argumentos, ora por la muerte de su connotado el Marqués, acaecida en 1588, y con ella el eclipse de la gloria marítima de España, ora porque no creyese que convenía cantar pasados triunfos marinos después del completo desastre de la Invencible...»



Memorias de la Real Academia, t. VIII, p. 48.

Ya se ve por esto cómo se confunde el romance con un poema, romance del cual parece no haber tenido noticia el biógrafo de nuestro poeta.

Ferrer del Río, que tan ampliamente se aprovechó del manuscrito de Vargas Ponce, se limita a decir al respecto, que Ercilla «se había propuesto cantar el furor de Castilla, el derecho al reino de Portugal... de súbito varió de tono dejando la tarea a más felices escritores...» Alguna mayor atención merecía, nos parece, punto tan capital en la carrera literaria de su biografiado.

Lo que Ercilla no logró terminar reservando la tarea a más felices escritores, según sus palabras, se realizó efectivamente, pues otro poeta, cuyo nombre permanece ignorado, así como su obra yace aún en manuscrito en una biblioteca de provincia en España, escribió en catorce cantos un poema, que en la primera hoja lleva el siguiente título:

-Canto primero/Que trata de la Iustificación q/su Mag.d tubo con el reyno de Por-/tugal: y de los embaxadores q/enbio: antes que contra el/viniese: y otras cosas/que sobrello pasaron.

«Este Ms. es en 4.º, consta de 86 hojas, sign. A-V, y a la cabeza de cada uno de los nueve cantos de que se compone, lleva un dibujo iluminado.

Empieza:


La guerra esclarecida y civil canto
de la Española gente no vencida...



Acaba el canto IX:


Con todo quanto vi, yo lo remito
al segundo lugar que daré escripto.



»No sabemos si el autor llegó a escribir esta segunda parte».

Hállase en la Biblioteca de la Universidad de Oviedo.

Habríamos querido completar tan interesante noticia literaria, dando aquí algún extracto de ese poema, pero ahora resulta que no ha sido posible encontrarlo en la biblioteca en que Pérez Pastor aseguró hallarse. Bibliografía Madrileña, p. 395.

Respecto a los hechos históricos que abraza el canto de Ercilla incorporado en La Araucana, y cuya verdad puede comprobarse por ellas, fuera de las obras generales, tenemos la «Conquista del Reyno de Portugal por el mejor derecho que tenía a su corona... el señor Felipe II», trabajo anónimo, que se insertó en las páginas 145-190 del tomo XII del Semanario erudito, y los Cinco libros de Antonio de Herrera de la historia de Portugal, que ya tuvimos ocasión de citar con motivo del romance de Ercilla.

 

548

Obligación de Ercilla de reparar a su costa una pared medianera de su casa, que lindaba con la de doña Mayor de Vivar, fechada el 24 de octubre de 1593, pp. 391-395.

 

549

Carta suya a don Diego Sarmiento de Acuña, fecha 31 de octubre de 1593, p. 396.

 

550

Carta al mismo, 8 de marzo de 1593, p. 394.