Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.



ArribaAbajo

ACTO V





En el templo

 

Entra LYCORMAS

 
LYC.                                     ¡Oh espanto!¿Qué han contemplado mis ojos?
¡Eurydamas me ha mentido y Murro es un villano!
Desgarro mis carnes y maldigo mi locura:
he sido traicionado por un lascivo jovenzuelo. 1490
Irónico es el fin de toda nuestra conspiración,
Cuando el alto edificio sabia y sólidamente
trabado en la razón, se ha alzado ya meticulosamente
un accidente inesperado, un mero imprevisto
ha echado por tierra la recia fábrica erigida. 1495
¿Qué he de hacer?¿Adular de nuevo al tirio
y esperar su favor raptando a esa mujer?
No habrá de compensarme algo no prometido.
 

(Entra EURYDAMAS sin ser visto.)

 
¿Me servirá de algo declarar la verdad?
¿No hará eso inflamar contra mí aún más su cólera? 1500
He sido desleal con ambos, y con los dos traidor.
[158]
[159]

LA CAÍDA DE SAGUNTO

 
EUR. Su rostro demudado y atormentado gesto
revelan claramente una secreta angustia
y las dudas que ahora corroen su corazón.
LYC. Cuanto más pienso en ello, más cerca veo mi perdición. ¡Eurydamas, 1505
qué caras nos van a ser tus en exceso pérfidas estratagemas!
EUR. Espero que lo sean para ti, necio sacerdote, no para mí.
Mas asumamos de nuevo la máscara
y aparentemos estupor por las travesuras cometidas.
 

(Se deja ver por LYCORMAS.)

 
No vengo, Lycormas, a relatarte ahora 1510
las acciones sangrientas que han sucedido ha poco;
baste decir que ambos bandos se retiran con pérdidas;
pero quiero advertirse, ahora que está anocheciendo,
que apresures tu marcha hacia su campamento.
LYC. Pero dime primero ¿qué tal el nuevo socio, 1515
último admitido pero digno de toda confianza, Murro?
EUR. ¡Qué estupidez! ¡Digno él de confianza! (Aparte.)
El joven ha muerto. Mas ¿a qué viene tal título?
LYC. Dime algo más... ¿cómo murió?
EUR.                                               A manos del tirio.
LYC. ¡Oh cielos, justos y prudentes son tus designios! 1520
EUR. ¿Qué pretendes decir? ¿En qué son justos los cielos?
LYC. Ay Eurydamas, estamos perdidos.
Nuestra esperanza ha sido aniquilada a manos de Murro.
Le vi cuando brusca y rabiosamente abandonaba
el templo y parecía iracundo y colérico en extremo, 1525
lo que atribuí, dada su bien conocida fogosidad,
al súbito despecho por un frío desengaño.
¿Mas cómo pude engañarme? Pues cuando entré
ensayando mis mejores modales para pedir a ella excusas
por burla tan inocente que no buscaba sino salvar 1530
a un hombre galante y convertirle en aliado
de Cartago y en un héroe para sus futura victorias,
[160]
[161]

LA CAÍDA DE SAGUNTO

 
a través de un espeso silencio llegó hasta mi oído
un débil murmullo, un rumor imperceptible
que, al acercarme, reconocí como gemidos 1535
que, mezclados con quejas, provenían de la celda
que yo había dispuesto para el encuentro fatídico.
EUR. El comienzo de tu relato hace presentir un final desgraciado.
LYC. Entré despacio; entonces ¡oh mísero espectáculo!
con el cabello en desorden y postrada en el suelo 1540
ya la reina desdichada; la iba a levantar con cuidado
cuando ella, con gesto que revelaba a un tiempo desdén,
rabia y desesperación, indignación, vergüenza
y lucidez me dijo: «¡Pérfido, tú aquí! ¿Vienes a burlarte?
¿Ocultas con tus hábitos sagrados a un vil alcahuete? 1545
Artero mediador de una violación, ¡una violación horrible!
Eres afortunado de hallarme desarmada
como fue el violador por encontrarme inerme;
mas huye, vete y déjame sola con mi desgracia.
Mudo de horror, obedecí y allí la abandoné.» 1550
EUR. Terrible parece, en verdad, el trágico final
de esta historia que bien claro veo
ha causado tan profunda impresión en tu alma;
mas no es tan desesperada nuestra situación como juzgas.
LYC. Explícate, aclárame enigma tan oscuro. 1555
EUR. No hay tiempo para la piedad o el remordimiento;
para salvarlo todo, habrá que acometer más riesgos;
ahora escúchame; has de saber que yo fui
quien persuadió a Murro al hecho que consideras nuestra ruina.
LYC. ¡No es posible! Mis oídos ciertamente me engañan. 1560
EUR. Te lo digo otra vez: fui yo; y estas son mis razones.
Cuando me propuse persuadir al arisco joven al principio
lo encontré reacio y contrario a nuestros planes;
pero vencido al final con sutiles argumentos
lo convencí y sin reparo ahora puedo darte cuenta 1565
bajo que sola condición comprometió su alianza
y ¿cuál era en verdad sino tener todo el poder
el entero gobierno sin más rival alguno?
Esto habría de ser también jurado por el tirio;
pues, en caso contrario, nos delataría a su padre. 1570
[162]
[163]

LA CAÍDA DE SAGUNTO

 
ante tal decisión aparenté ceder; entonces lo enredé
con fábulas repletas de celos infundados
a cometer el crimen que habría de ser su perdición.
LYC. ¡Frágiles son las alianzas que se pactan en el pecado!
Cada cual maquina en su interior sólo en propio interés; 1575
y si esto es así, todavía puedo ser el Sumo Sacerdote. (Aparte.)
Pero ¿cómo es que regresó al combate? Y, una vez allí,
¿por qué no se evitó, como tú, los peligros?
EUR. La pregunta me compromete... Mas... ya lo tengo... (Aparte.)
Lo primero fue inevitable; lo segundo 1580
fue a causa de las mofas sarcásticas de Fabio
quien, gritándole que rehicieran su amistad
empujó inconscientemente al joven a su destino.
Pero ello nos beneficia; de los labios de un muerto
no puede salir revelación alguna; y sería conveniente 1585
para tu seguridad, que tampoco su lengua contara tal historia.
LYC. ¿Cómo ha de ocultar ella al cómplice de su violación?
Pues es seguro que por tal me tiene.
EUR.                                                         ¿Ves esto? (Le ofrece una daga.)
LYC. Es la daga de Theron...
EUR.                                     La perdió en el combate;
húndela en su corazón y luego déjala junto a ella; 1590
con tal fin hizo llevar la Reina al templo;
probaré que ambos hechos están relacionados
para que él aparezca culpable: una venganza doméstica;
hecho esto, seguro podrás congraciarte con el tirio
a quien, siempre que yo quiera, tendré advertido... (Aparte.) 1595
LYC. ¡Pérfido y monstruoso villano! Mi alma
retrocede ante el horror de participar en tal crimen
¿de verdad crees que puedo prestarme a ese asesinato?
EUR. Lo dejo a tu elección, no me concierne
este asunto; de nada puede ella acusarme a mí. 1600
LYC. Por Hércules que podrá ¿es que he de convertirme
en tu esclavo, en un mero instrumento de tu ambición?
Remordimiento y vergüenza hacen presa en mi alma:
acudiré enseguida ante el gobernador
para darle cumplida cuenta de todo lo que sé 1605
[164]
[165]

LA CAÍDA DE SAGUNTO

 
y merecer con ello su piadosa indulgencia.
EUR. ¿Hablas en serio?
LYC.                             Presto has de comprobarlo.
EUR. ¡Maldito pusilánime, vil, traidor, malnacido! (Aparte.)
¿Quieres con tu imprudencia destruir al instante
lo que con esfuerzo y no poca suerte hemos conseguido 1610
justo en el momento que empieza a madurar el fruto?
LYC. Hablas a una piedra; comprueba que estoy decidido. (Hace como que se va.)
EUR. Déjame que te insista... (Asiéndolo.)
LYC.                                        Será en vano, ¿qué haces? ¡Oh!
¡A mí, hermanos, hermanos! ¡Asesino!
EUR.                                                             No haces bien,
esto te enseñará; toma... (Le apuñala.)
                                  Te está bien empleado... (Cuando se dispone a apuñalarse entran los sacerdotes impidiéndoselo.)
LYC.                                                                      Sujetad a ese miserable; 1615
salvadle de sí mismo; tal muerte es demasiado leve
para crímenes como el suyo; conducidme a mi celda
y que alguien, tan presto como pueda, vaya a buscar a Theron;
a él, con mi último suspiro, quiero revelar
una historia que, a la vez, helará y hará hervir su sangre. 1620
 

(Sale, conducido por los sacerdotes.)

 

(La escena se traslada al palacio del gobernador.)

 

(Entran SÍCORIS y TIMANDRA.)

 
SIC. Vanos han sido nuestros esfuerzos e inútil la resistencia;
nos oponemos a la voluntad de los cielos;
los parciales hados han condenado los muros de Sagunto
y ni el propio Hércules puede ya proteger
su ciudad; echémosla entonces abajo, 1625
hundíos, augustos palacios, y volved a alzaros en la fama
más grandes aún en vuestra caída, ennoblecidos en la destrucción;
sin embargo, hija mía, cuando miro tus lágrimas
[166]
[167]

LA CAÍDA DE SAGUNTO

 
signo natural de la delicadeza de tu sexo
mi espíritu también se estremece y mis ojos se humedecen. 1630
TIM. No, padre, que no sea por mí únicamente
por quien corran tus lágrimas ni hagas después helarse
mi corazón; mientras te veo a salvo temo,
tiemblo por mi hermano; y, más aún,
pues he de serte franca, por mi amado Fabio. 1635
Si Murro muere, lamentarla su destino fatal
mas si cae Fabio, yo misma lo habré asesinado.
SIC. Puede que el destino así lo determine; mas serían sus heridas
nobles; y su muerte gloriosa si es por nuestra causa;
de tener yo sus años, gozoso habría caído 1640
y no, como ese viejo roble cuyas desnudas ramas
se exponen al viento, haber de esperar al golpe del hacha.
Así pues, seca tus lágrimas e imita, fiel, a tu propia madre
que con heroicidad hasta me armaba para la batalla.
TIM. ¿Te hubiera mi madre con las poderosas ataduras del amor 1645
seducido al combate y arrastrado al mismo campo de batalla?
¿No hubiera sentido, de presenciar lo que yo veo ahora,
terror en su ánimo, y el miedo y la angustia?
Ahora reposa en la paz y yo, más desdichada, la he sobrevivido
para contemplar el fin de mi amado, de mi padre y mi patria. 1650
SIC. Fortalece tu corazón para soportar más desgracias
porque mira, aquí llega el mensajero de nuestro destino.
 

(Entra THERON.)

 
Tu adusto semblante es bien elocuente: ha muerto mi hijo.
¡Ay fuerza natural, da libre vado a mi frágil humanidad
y, a su amparo, déjame rendir este terrible sacrificio! (Sollozando.) 1655
THER. Ya han llevado a cabo sus enemigos ese tributo,
sus mutilados miembros destilaron lágrimas de sangre
y los enviaron a los oscuros campos de Júpiter Estigio
donde sonrieron con tristeza para pasar veloces su temida penumbra.
TIM. ¿Y tú has muerto, amado adolescente, mientras aquí me dejas 1660
como párvulo consuelo de la vejez de nuestro padre?
¡Pobre y mísero anciano! ¿Cómo tus piadosos desvelos
[168]
[169]

LA CAÍDA DE SAGUNTO

 
para formar en escuela de virtud a dos nobles hijos
dotándoles en su madurez de coraje y valor
son así devastados por la guerra cruel? 1665
¿Quién tomará su lugar en deber tan sagrado?
¿Quién te defenderá del enemigo en tus últimos años?
Sólo uno podría hacerlo; mas quizá ya no existe;
lo temo, pero debo saberlo: Theron, quítame de esta duda,
habla, porque tú ya bien sabes lo que no oso preguntar. 1670
THER. Adivino lo que quieres saber: Fabio vive.
TIM. Bendita sea tu lengua. Mas dime ¿dónde está?
¿Por qué no ha venido?
THER.                                     Muy pronto estará aquí,
cegadora tragedia para tus ojos doloridos,
pues tal fue su deseo: en tu regazo 1675
entregar su último suspiro y alcanzar el reposo.
TIM. ¡Que la tierra me cubra! ¡Y que las montañas con sus espesos bosques
vengan piadosas a envolverme en noche repentina!
¡Oh! Negadme tal visión; enredadme con vuestras raíces
y junto a su oscura lobreguez sepultad a Timandra. 1680
Quiero gritar mis desdichas en vuestras tenebrosas cavernas
pues no quiero que mis lamentos perturben su agonía.
SIC. Nueva desgracia he de lamentar, pues en verdad he perdido otro hijo.
THER. Por tal debes llorarlo, pues sin duda combatió
como si para Murro fuera más que un hermano; 1685
no le fue a la zaga al joven en bravura,
no existe un ser de raza más valiente y noble.
TIM. ¡Oh, qué fatal coincidencia en sin igual desgracia!
SIC. ¡Oh, venturosos jóvenes caídos gloriosamente!
THER. Como cuando dos hábiles segadores se aprestan 1680
en el extremo del surco a cada uno asignado,
y, espoleados por la rivalidad, cual dos ávidos zagales
avanzan en sus pasos; y en montones el maíz
va cayendo de las hoces generosas cubriéndose la tierra,
así caían los tirios, así con gesto semejante 1695
avanzaban ambos acosando al enemigo;
mas entonces, con terrible zancada, el marmárico Othrys
[170]
[171]

LA CAÍDA DE SAGUNTO

 
de grandiosa estatura y miembros gigantescos,
salió de entre sus filas y con brazo atronante
a tu hijo obligó a caer de rodillas; el monstruo abalanzose 1700
en ademán de atravesar su pecho cuando, con raudo golpe,
el romano segó su cabeza del tronco.
SIC. Digna hazaña de un dios; hubiera merecido
ser también descendiente de nuestro bravo Hércules.
THER. Fue el turno entonces de Murro; y cuando el fiero Acerras, 1705
avanzó al frente de la indómita caballería
rodeándole con la velocidad del rayo, de súbito
cerró el paso al romano con su brioso corcel.
Murro lanzó de lleno entre las sienes del caballo
una lanza que, de oreja a oreja, consiguió traspasarlo; 1710
loco de dolor, agitando el aire con sus cabriolas,
se desplomó aplastando al jinete.
SIC. Mi alma exalta de gozo al saber que reparó mi hijo
la deuda de su honor.
TIM.                                   Mas lo hizo en vano.
THER. Escrito estaba así por los dioses: les unió su destino; 1715
porque Aníbal, loco de rabia, se precipitó
sobre Murro a quien con su ágil jabalina
derribó en tierra de donde ya no pudo levantarse.
Cuando Fabio lo vio, con coraje indomable,
gritó: «¡Esta es tu recompensa, cartaginés maldito!» 1720
Entonces, con poderoso ademán, recogió su lanza
y la arrojó volando, se la clavó en el muslo yen estertores
brotó de lo hondo la sangre; sus escuadrones acudieron presto,
siendo Fabio atacado y malherido por todos;
Curcio y yo mismo acudimos a rescatarle 1725
intentándolo, dispuestos a ganar o morir, por todos los medios;
entonces, tras forzar una breve retirada,
los nuestros recogieron del campo al héroe moribundo.
[172]
[173]

LA CAÍDA DE SAGUNTO

 
 

(Entra un SACERDOTE y habla en voz baja con THERON.)

 
¿Cómo? ¿Apuñalado en el templo? Te sigo... (Vase el SACERDOTE.)
 

(Entran CURCIO y FABIO llevado por los soldados.)

 
Pero he aquí lo también me empuja a no dejar este lugar. (Sale.) 1730
 

(TIMANDRA corre hacia FABIO, mas se detiene de repente.)

 
TIM. ¡Oh, Fabio, mi amor! ¡Horror! ¡Qué espanto!
Como si la mirada de Gorgona me hubiera transformado en piedra
se hiela mi sangre y mis huesos ya petrificados
se olvidan del calor y el aliento de vida;
y quedo, como Niobe, en pie, aferrada a la tierra, 1735
monumento de dolor, estatua que apenas respira.
FAB. Una vez más, Timandra, soy bendecido con el don de tu presencia
para musitar mi triste adiós y entregarte mi postrer suspiro.
TIM. ¡Oh! ¿Cómo acercarme a ti, Fabio? ¿Cómo ver impasible
tus ojos fugitivos que ya galopan hacia la muerte? 1740
¿No me maldecirán esas heridas lacerantes
y te mantendrás a desdeñosa distancia de la cruel Timandra?
Sangrando como estás, bien quisiera abrazarte,
dando suelta a mi amor y a mi dolor salvaje.
FAB. No pienses eso. No fuiste sino la gentil mediadora del destino 1745
que me hizo recobrar la honra y espoleó mi virtud vacilante;
los cielos son testigos que sólo lamento de la muerte
el no poder tenerte más bajo mi amparo.
TIM. Deja ya tal ternura... ¡Oh, cesa de mostrarte
dulcemente gentil, bondadoso en extremo! 1750
Tal generosidad me aturde y me confunde
enterrándome bajo un manto de tristeza.
¿Ha de ser protegerme tu último desvelo?
¡Oh, olvida tal deseo! Pues ya todo es en vano.
Cuando te hayas ido, la desesperación mostrará 1755
un camino de salvación o un lugar de descanso.
FAB. Aguarda, te lo ordeno; los cielos señalarán la hora;
[174]
[175]

LA CAÍDA DE SAGUNTO

 
y con certeza creo que no ha de ser larga la espera;
entonces tu purísimo espíritu llegará hasta los Campos
donde los bienaventurados gozan de bien ganada dicha; 1760
allí, en la misma orilla, aguardaré tu llegada
para abrazarte tras arribar la perezosa barca de Caronte;
allí te conduciré a recónditas grutas, donde los fieles amantes
hallan su recompensa en gozos infinitos.
Acércate, anciano, al que hubiera querido llamar padre; 1765
recíbeme, mientras muero, como hijo tuyo. (Dirigiéndose a SÍCORIS.)
Curcio, me voy, dame ahora tus brazos
porque los míos, amigo, ya no pueden asirte;
recuerda tu promesa: tú tienes que vivir
para, mientras los hados lo permitan, proteger a Timandra. 1770
Y a vosotros, oh dioses, suplico que el nombre de mi patria
sea redimido al fin de esta espantosa infamia.
Tal es de Fabio la última plegaria. (Muere.)
TIM.                                                      ¡Ha muerto!
Ha olvidado su corazón de latir, sus ojos dónde dirigir la mirada;
los míos están secos ante tanto dolor y terrible desgracia. 1775
¡Sólo estallando en pedazos podría mi corazón sentir algún alivio! (Se desmaya y es conducida fuera.)
SIC. Llevad a su aposento a la afligida joven.
CUR. Le hice una promesa, Sícoris, y debo cumplirla.
Curcio ya sólo ha de vivir para defender a tu hija.
SIC. Breve será entonces el trabajo de cumplir con tu voto, 1780
pues sabe que esta noche, todo el pueblo ha querido
incendiar la ciudad y ellos mismos reducirse a cenizas;
cuando el sol se levante mañana, contemplará las torres
que antes convertía en oro, abatidas ya y en el suelo humeantes.
CUR. ¡Trágica decisión aunque digna de gloria! 1785
SIC. Acompaña hasta el templo el cuerpo de tu amigo;
allí Theron y yo, junto a lo más ilustre del pueblo saguntino
bajo el sagrado techo queremos sucumbir.
CUR. Llevaos al héroe desdichado; gloriosamente ahora
descenderá al averno su alma inmortal; la Fama hará correr 1790
el canto de sus bellas acciones y marciales hazañas.
[176]
[177]

LA CAÍDA DE SAGUNTO

 
Una ciudad entera será su pira fúnebre. (Salen con el cuerpo.)
SIC. En cuanto a ti, hija mía... Mas, ¡ay! ¿cómo decir
a corazón tan tierno nuestro deseo funesto?
Confío en que los hados la fortalezcan en la adversidad. 1795
 

(Cuando se dispone a salir sale a su encuentro un SACERDOTE.)

 
S[ACERDOTE] Theron requiere tu presencia en el templo
y me ordena decirte que un traidor espera tu sentencia.
SIC. ¡Un traidor dices! Tal vez él llega demasiado tarde,
mas debo ocultar en público mi propio sentimiento. (Sale el SACERDOTE.)
 

(La escena se traslada al foro de la ciudad.)

 

(Entran un SACERDOTE y varios SAGUNTINOS.)

 
S. Os hemos convocado para que contempléis cómo se hace justicia; 1800
aquel que envenenó vuestros oídos crédulos
os llevará esta noche a vuestra destrucción.
1.º SAG. ¡Oh crimen execrable!
2.º SAG.                                    ¡Oh monstruo terrible!
3.º SAG. Le haremos pagar ojo por ojo, y cada saguntino
en los despojos de su cadáver saciará su venganza. 1805
 

(Entra CURCIO con el cuerpo de FABIO.)

 
CUR. ¡Vedlo aquí saguntinos! Ved al traidor Fabio
al que vuestras sospechas deshonraron vilmente:
contemplad sus heridas pues a su vista es fuerza
que proclaméis que hubo al menos un romano valiente.
1.º SAG. Reconocemos llenos de vergüenza su valor y el tuyo. 1810
2.º SAG. ¡Ojalá tu país nos hubiera prestado su ayuda!
3.º SAG. Bien hicimos en suplicar acogernos a su protección.
[178]
[179]

LA CAÍDA DE SAGUNTO

 
CUR. Tan cínicos lamentos repugnan a mi alma. (Aparte.)
 

(Sale, del interior del templo, SÍCORIS con EURYDAMAS, atado.)

 
SIC. ¡Oh tú, para el que no encuentra nombre mi lengua!
Di ¿qué pudo impulsarte a crimen tan horrendo, 1815
a villanías sin freno y acciones lujuriosas?
¿No era desgracia bastante la ruina de tu patria?
Pero que con perversas argucias hayas forzado
a tu amigo más fiel, en la virtud educado,
a perpetrar fechoría semejante espanta a la propia naturaleza. 1820
EUR. Tenía para ello secretas y poderosas razones;
pero no me perturbes con preguntas molestas,
estoy en tu poder y aguardo mi destino;
aunque al menos en algo han triunfado mis planes. (Señalando el cuerpo de FABIO.)
CUR. ¡Oh maldito villano! ¿También te enorgulleces 1825
de haber sido la causa de su muerte? ¡Desatadlo
saguntinos! ¡Sícoris, entrégalo a mi espada!
SIC. Reprime tu cólera; pues ella haría su muerte
un hecho noble y no, como merece, un acto ignominioso.
Arrastradlo a la torre que domina las puertas 1830
que su pérfida mano habría sin duda franqueado;
que se dé allí la señal convenida; y cuando el enemigo
exulte en regocijo de ambición y esperanza
de un bien fraguado engaño, y los taimados tirios
lleguen a las murallas pensando ya en una ciudad suya 1835
arrojadle sin piedad sobre sus cabezas;
mostrémosles la sólida justicia de Sagunto,
su paciencia, su fuerza y arrogancia sin par,
su más que humana fidelidad al amigo.
Nosotros ciudadanos, reventemos de orgullo: 1840
su cómplice en el crimen, bien que tarde, se ha arrepentido
de que estos muros hayan albergado un infame traidor
al que ha alcanzado nuestra justa venganza; y no
[180]
[181]

LA CAÍDA DE SAGUNTO

 
redimirá su bajeza en la postrer escena gloriosa
que, en un ingente horror, abre el destino ante nosotros 1845
sin permitir que ensucie nuestra limpia unidad.
EUR. ¡Bien poco me perturba la muerte a la que voy!
¡Tu exquisita retórica y tu fogosa arenga!
¡Un solo traidor dices! ¡Pues solo ese patriota
hubiera preservado Sagunto de su segura destrucción! 1850
¡Adiós virtuosos necios! Como gran recompensa
de vuestros sufrimientos que digan los romanos
qué destino merecen tan leales espíritus. (Es llevado fuera.)
SIC. Que cada uno retorne ahora a sus hogares,
y a su familia ofrezca los últimos abrazos; 1855
que, invocando a los dioses, se dirija a la hoguera.
1.º SAG. ¡Estamos dispuestos!
TODOS                                  ¡Adiós, Gobernador! (Salen los SAGUNTINOS.)
SIC. Contempla y reconoce, Hércules, a tu pueblo
que te sigue invocando hasta la misma muerte.
 

(Entra THERON conduciendo a CANDACE.)

 
Procuremos olvidar, ofendida Reina, 1860
pues el linaje de los dos ha recibido un castigo cruel;
apiádate de un padre obligado a lamentar
más la acción nefanda de un hijo que su misma muerte;
la única reparación que ofrecerte puedo
es la libertad; libre eres desde este momento; 1865
serás conducida a salvo fuera de nuestros muros.
CAN. Mi alma desdeña tal cosa: ¿descubrir la infamada Candace
su afrenta al aliado y, sobre
sus doncellas guerreras reinar con su deshonra?
¡Me lo impide el honor y lo proscribe Júpiter, 1870
mi glorioso ascendiente! Y también esto me lo prohíbe... (Señalando el cuerpo de FABIO.)
este triste espectáculo. ¡Oh joven cruel,
cuán pálido y yerto! Con la misma frialdad siempre te me mostraste:
ésta será quizá más amable conmigo que su dueño
[182]
[183]

LA CAÍDA DE SAGUNTO

 
y me dará la paz. Ahora, caritativo Ammón, acoge 1875
a tu hija desdichada y perdona sus errores. (Empuñando la espada de FABIO se la clava y muere.)
CUR. Acaba así su espíritu indomable.
THER.                                                 Bien asestó la espada
en medio del corazón; certero y raudo golpe.
SIC. Alzad esos cuerpos y llevadlos al templo. (Los llevan fuera.)
 

(Entra un CRIADO de TIMANDRA.)

 
CRIADO ¡Señor! Tu hija, presa de repentina locura 1880
se deshizo de los brazos de sus doncellas
y precipitándose fuera del palacio, mientras corría,
de la mano de un saguntino que se disponía a morir
arrebató una flamante antorcha y hacia aquí se dirige.
 

(Entra TIMANDRA, aturdida, con una antorcha en la mano.)

 
TIM. ¿Dónde, dónde está mi prometido? ¿Dónde está el ser que amo? 1885
Decídmelo vosotros, sus amigos, pues vengo a reclamarlo.
¡Mi padre aquí! ¡Oh sagrado señor, dame tu bendición!
Este es mi desposorio y esta la antorcha del himeneo.
¡Está abierto el templo! Luego me espera dentro...
CUR. En efecto, te espera... mas cadáver... 1890
TIM. Pues entonces yo misma encenderé
la ingente pira para convertirlo en gloriosa urna;
me arrebata a su lado, me arrastra dulcemente:
juntos penetraremos en las heroicas llamas (Se precipita corriendo en el templo.)
SIC. ¡Pobre muchacha! Los dioses mismos le habrán concedido 1895
compadecidos tiernamente de ella, este frenesí.
Abracémonos, Theron; dame también tus brazos, romano, (A CURCIO.)
una vez más: está bien, entremos en el templo.
[184]
[185]

LA CAÍDA DE SAGUNTO

 
THER. Mas deteneos... ¿qué sobresalta y perturba mi espíritu?
¿Por qué estas lágrimas y los sollozos que dilatan mi pecho? 1900
¡Es la inspiración! ¡Es nuestro dios glorioso
que depara este honor a su siervo antes de morir!
Abre de par en par mi corazón y con ello mi mente
y me concede ahora contemplar el futuro
alzando el telón de toda la esperanza: ¡Mirad! ¡Fijaos! 1905
Desde estas tristes ruinas cuyas llamas se elevan hasta el cielo
resurgirá, cual Ave Fénix, un nuevo Sagunto;
sus hijos, como nosotros, sabrán defender la libertad
y permanecer fieles a sus pactos.
Cuando la rueda de los años haya dado la vuelta 1910
quizá otros reinos pretendan tiranizarla;
mas entonces los cielos dispondrán que una nación poderosa
humille al opresor y quebrante sus cadenas.
Un pueblo generoso que se complazca en redimirnos,
en derrocar al tirano y liberar al esclavo, 1915
culto como los romanos y, como los romanos, valiente.
¡Salve, gloriosos soldados! Bienvenidos seáis a nuestras orillas,
gozoso oigo crujir vuestras máquinas de guerra
que sabrán acometer prodigiosas hazañas.
Veo el imperio de Iberia ya pronto vencido 1920
¡Ah qué fatídica estrella le ha mostrado su faz!
¿Aguarda a nuestra raza idéntico destino?
Todo ha pasado: una sombría nube nos invita al olvido
y ya el piadoso dios abandona mi pecho torturado.
SIC. Lo que quiera que signifiquen tus palabras proféticas, 1925
si, sometidos al destino, soportamos estos tristes extremos
y perecemos, constantes en los pactos y en nuestra libertad
las generosas llamas de Sagunto refulgirán con gloria
y el tiempo en la memoria esculpirá su nombre.
 
[CAE EL TELÓN.
 
FIN



Arriba